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Full text of "Boletín - Real Academia de la Historia"

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n 


boletín 


REAL    ACADEMIA    DE    LA     HISTORIA 


BOLETÍN 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA 


TOMO     III      iVL 


MADRID 

IMPRENTA    DE    FORTANET 

CALLE  DE  LA  LIBERTAD,  XÚM.  2Í' 

-1883    -S"^ 


''  En  las  obras  que  la  Academia  adopte  y  publique,  cada  autor  será  responsable  de 
sus  asertos  y  opiniones:  el  Cuerpo  lo  será  solamente  de  que  las  obras  sean  acreedoras 
K  la  luz  pública.» 

Estatuto  XXV. 


t>P 


A-. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO   III.  Julio,    1883.  CUADERNO   I. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

La  Academia  acordó  insertar  en  el  tomo  x  de  sus  Memorias  la  que 
ha  escrito  el  Sr.  D.  Cesáreo  Fernández  Duro,,  acerca  de  los  viajes 
de  Cristóbal  Colón,  después  de  haber  compulsado  las  piezas  autén- 
ticas del  pleito  seguido  entre  la  casa  de  Colón  y  el  fiscal  de  S.  M. 
Estos  documentos,  á  petición  de  la  Academia,  vinieron  del  Ar- 
chivo general  de  Indias,  y  fueron  estudiados  por  una  comisión 
que  la  Academia  nombró  con  este  motivo. 


Han  sido  delegados  por  la  Academia  los  Sres.  D.  Juan  de  la 
Rada-y  D.  Antonio  María  Fabié,  para  que  la  representen  en  el 
Congreso  de  Americanistas  que  ha  de  celebrarse  en  Copenhague 
durante  la  última  quincena  de  Agosto  próximo. 


El  académico  correspondiente,  D.  Pedro  Novo  y  Colson,  lia 
ofrecido  á  la  Academia  un  ejemplar  de  su  obra  Historia  de  la  úl- 
tima guerra  del  Pacífico^  donativo  que  la  Corporación  ha  recibi- 
do con  singular  aprecio. 


I)  UOLETi.N    DL'    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    UISTORLA. 

El  Sr.  Fernández  Duro  ha  ofrecido  á  la  Academia  un  ejemplar 
del  tomo  III  de  su  Historia  de  Zamora,  donde,  por  primera  vez, 
han  visto  la  luz  [jiiblifa  los  fueros  de  aquella  nobilísima  ciudad. 


El  Sr.  JL).  Vicenle  Lafuente  ha  hecho  asimismo  un  donativo  de 
un  ejemplar  para  la  biblioteca  de  la  Academia  y  otro  á  cada  uno 
de  sus  individuos  de  su  folleto  en  contestación  al  publicado  por  el 
I'.  Minguella  sobre  la  patria  y  vida  de  San  Millán  de  la  Gogolla. 
El  ilustre  académico  toma  en  consideración  y  mantiene  los  pun- 
ios esenciales  que  había  sentado  al  escribir  sobre  esta  materia 
en  el  tomo  l  de  la  España  Sagrada. 


VA  Sr.  Fita  leyó  en  la  íiltima  sesión  celebrada  por  la  Academia 
una  comunicación  del  príncipe  Luis  Luciano  Bonaparte,  relativa 
al  famoso  himno  de  los  peregrinos,  registrado  por  el  códice  de 
Calixto,  que  se  conserva  en  el  archivo  de  la  catedral  de  Gompos- 
tela.  El  príncipe,  cuya  competencia  en  todos  los  ramos  de  la 
liencia  lingüística  es  notoria,  da  la  razón  á  dicho  señor  académi- 
co en  lo  tocante  á  los  vocablos  ilamencos  que  ¿iquel  himno  en- 
cierra; y  consigna  de  paso  un  rasgo  muy  característico  del  idio- 
ma anglosajón,  que  ilustra  las  pinturas  <)  imágenes  del  Apóstol 
en  los  si^-'los  medios. 


La  .\cademia  en  su  iiltima  sesión  ordinaria  celebrada  el  mar- 
tes ;'  del  actual,  acordó  reanudarlas  el  28  de  Setiembre  próximo. 


INFORMES. 


ESCRITURA  HIERÁTICA  DE  LA  AMÉRICA  CENTRAL. 

Excmo.  Si'.:  El  siglo,  que  ha  visto  descifradas  las  inscripciones 
del  Oriente  antiguo,  mudas  esfinges  que  por  tantas  y  tan  varia- 
das épocas  de  progreso  intelectual  desafiaron  la  sagacidad  y  la 
perseverancia  de  los  sabios,  no  podía  contemplar  con  indiferen- 
cia los  monumentos  de  arcana  literatura,  preciosísimos,  que  bro- 
taron al  calor  de  la  civilización  reinante  en  el  centro  de  América, 
mucho  antes  de  que  las  naves  de  Pinzón  revelasen  al  antiguo  el 
nuevo  mundo.  Aun  cuando  el  P.  Diego  de  Landa  en  su  Relación 
de  las  cosas  de  Yucatán  había  dado  ya  los  rudimentos  de  una  cla- 
ve para  la  explicación  de  la  escritura  maya,  es  lo  cierto  que  hasta 
ahora  han  sido  inútiles  todas  las  tentativas  enderezadas  á  expli- 
car los  pocos  manuscritos  que  se  conservan  de  ese  género,  sin 
que  puedan  exceptuarse  de  esta  afirmación  los  estudios,  dignos 
por  otra  parte  de  gran  respeto,  del  célebre  abate  francés  Brasseur 
de  Bourbourg,  altamente  protegidos  por  el  gobierno  de  Francia. 
M.  de  Rosny,  correspondiente  de  nuestra  Real  Academia,  bien 
conocido  por  sus  estudios  acerca  de  las  lenguas  y  antigüedades 
del  extremo  Oriente,  ha  emprendido  con  decisión  valerosa,  pero 
con  ánimo  prudente,  un  nuevo  análisis  de  la  escritura  hierática 
de  la  América  Central;  y  adoptando  nuevos  caminos  de  severa  crí- 


S  UOLETÍN    DE    LA    REAI.    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

tica,  ha  intentado,  no  la  traducción  completa  y  absoluta  de  los 
códices  que  ha  visto,  sino  un  avance  hipotético  sobre  el  valor  y 
significación  posibles  de  gran  número  de  los  signos  allí  estampa- 
dos. Tal  método,  si  bien  hace  concebir  menos  esperanzas  á  los 
partidarios  do  soluciones  deíinitivas  y  sorprendentes,  satisfará 
mucho  mejor,  á  quienes,  avezados  á  las  dificultades  de  asuntos 
parecidos,  juzgan  atinadamente  que  no  es  firme  el  paso  que  no  se 
da  sobre  terreno  bien  sondado  y  conocido. 

El  Sr.  Rada  y  Delgado,  individuo  de  número  de  nuestra  Real 
Academia  y  de  la  de  Bellas  Artes  de  San  Fernando,  después  de 
haber  prestado  al  autor  no  pequeña  ayuda  en  nuestros  archivos  y 
museos,  ha  emprendido,  de  acuerdo  con  él,  una  traducción  de  la 
obra  que  nos  ocupa,  con  el  título  de  Ensayo  sobre  la  interpre- 
tación de  la  escritura  hierática  de  la  América  Central,  no  sin 
hacerla  preceder  de  un  prólogo  ó  introducción  suya  propia,  y  so- 
licita del  Gobierno  la  protección  que  los  derechos  vigentes  conce- 
den para  las  versiones  de  obras  importantes  ó  de  inteligencia  di- 
fícil. En  tal  concepto  viene  á  informe  de  esta  Corporación;  y  aun- 
que el  original  esté  redactado  en  francés,  lengua  hoy  al  alcance 
de  la  mayoría  de  los  lectores  españoles,  la  importancia  suma  del 
trabajo,  enlazado  con  nuestra  gloriosa  historia  colonial,  le  hace 
merecedor  de  especial  distinción  y  colmados  plácemes.  Por  lo  que 
toca  al  desempeño  del  traslado  á  nuestro  idioma,  no  sólo  hay  que 
decir  que  está  hecho  con  el  acierto  propio  de  un  literato  de 
fama  tan  conocida,  sino  que  la  importancia  del  original  ha  sido 
acrecentada  por  el  traductor  con  importantes  notas  é  ilustracio- 
nes, debidas  ;il  conocimiento  de  piezas  exactísimas,  que  el  autor, 
ó  bien  no  lia  llegado  á  ver,  ó  bien  ha  poseído  en  malas  copias. 

Todas  las  circunstancias  referidas,  unidas  al  gran  dispendio 
<iue  han  de  ocasionar  así  las  numerosas  láminas  coloridas,  hechas 
con  todo  primor  y  exactitud,  ,y  necesarias  para  ilustrar  debida- 
mente el  texto,  como  Umibién  los  numerosos  y  complicados  sig- 
nos hioráticos  que  esmaltan  en  grabado  correcto  gran  parte  del 
volumen,  inclinan  á  los  que  suscriben  á  proponer  á  la  Academia, 
soliriiuila  por  el  (lobierno  en  consulta,  responda  que  la  obra,  cu- 
yos primeros  pliegos  y  láminas  ha  examinado,  es  ciertamente 
merercdorn  de  la  protección  oficial  con  arreglo  ala  Real  orden 


ESCRITURA    HIERÁ.TICA   DE    LA   AMÉRICA    CENTRAL.  í) 

del  23  de  Junio  de  1876.  La  Academia,  como  siempre,  resolverá  lo 
más  acertado. 

Madrid  15  de  Junio  de  188:i. 


Eduardo  Saavedra.  Antonio  María  Fabié. 

Fidel  Fita. 


II. 


biografías  de  tres  ilustres  misioneros  en  AMERICA  Y  ÁFRICA 
POR  EL  P.  FR.  SERVÁIS  DIRKS. 


Los  opúsculos  enviados  por  su  autor  el  P.  Dirks,  á  nuestra  Aca- 
demia, son  de  verdadero  interés,  porque  contienen  las  biografías 
de  tres  sujetos  pertenecientes  á  la  orden  seráfica,  cuyos  hechos 
tuvieron  lugar  en  países  y  en  épocas  en  que  España  tenía,  y  aún 
tiene,  una  iuüuencia  que  no  ha  podido  destruir  nuestra  dolorosa 
decadencia:  todos  tres  son  naturales  de  los  Países  Bajos  que  for- 
maron en  tiempos,  para  nosotros  más  felices,  parte  de  nuestra 
gran  monarquía,  y  dos  de  ellos  ejercitaron  sus  virtudes  en  el  con- 
tinente americano  á  poco  de  ser  descubierto  y  conquistado  por 
nuestros  heroicos  predecesores,  de  tal  manera,  que  así  el  inolvi- 
dable Fr.  Pedro  de  Gante  como  el  activo  Fr.  Josse  de  Rycke,  pue- 
den considerarse  como  españoles. 

Aunque  no  ruidosa,  porque  no  se  mezcló  en  los  sucesos  que 
por  aquel  tiempo  acaecieron  en  Europa,  la  vida  de  estos  varones 
apostólicos  es  digna  de  estudio,  sin  que  basten  á  satisfacer  nues- 
tra justa  curiosidad  las  noticias  que  de  ellos  tenemos;  ambos  na- 
cieron con  corta  diferencia  en  una  misma  época,  en  el  mismo  país, 
y  hay  muchos  motivos  para  sospechar  que  corría  por  las  venas 
de  uno  y  otro  la  ilustre  sangre  de  los  Haspsburgos,  siendo  harto 


10       HUI-I.TIN  ÜE  I.A  nCAL  ACADEMIA  DE  LA  HlSTOKlA. 

probable  que  ambos  fuesen  hijos  bastardos  de  Felipe  I  el  Hermo- 
so, (¡ue  tantos  motivos  dio  á  los  celos  que  perturbaron  la  razón  de 
sil  esposa  Doña  Juana.  Estos  indicios  producen  casi  completa  evi- 
dencia por  lo  que  se  refiere  á  Fr.  Pedro  de.  Gante,  reuniendo  los 
que  ya  descubrió  el  Si-.  D.  Francisco  González  Vera,  con  los  que 
resultan  de  las  dos  cartas  de  aquel  venerable  publicadas  en  la  lu- 
josa colección  de  las  de  Indias,  hechas  á  expensas  del  Ministerio 
de  Fomento  eii  1878.  Ya  es  de  notar  la  circunstancia  de  que 
Fr.  Pedro  acompañase  á  Carlos  I  cuando  vino  á  España,  como 
rlarameute  se  infiere  de  la  carta  que  escribió  á  Felipe  II,  fechada 
fAi  San  Francisco  de  Méjico  el  13  de  Junio  de  1558;  en  la  cual  se 
lee  lo  siguiente:  «Y  es  el  caso  que  yo  vine  con  S.  M.  el  Empera- 
ndor  nuestro  señor,  cuando  vino  á  España  y  desembarcó  en  San- 
..lander  con  otros  dos  religiosos  en  compañía  de  Glapión,  su  con- 
r-fesor;  el  uno  se  llamaba  Fray  Juan  de  Tecto,  Guardián  de  Gan- 
óte, y  el  segundo  se  llamaba  Fray  Juan  también.»  Sabido  es  que 
aunque  el  entonces  rey  Garlos  arribó  á  Villaviciosa  de  Asturias 
el  17  de  Setiembre  de  1517  por  la  escasez  de  la  tierra,  siguió  por 
mar  á  Santander,  donde  desembarcó  yendo  después  por  tierra  á 
San  Vicente  de  la  Barquera.  Cinco  años  hubo  de,estar  Fr.  Pedro 
de  (iante  en  España,  sin  que  sepamos  nada  de  este  periodo  de  su 
vida;  pues,  según  consta,  no  llegó  á  Nueva  España  hasta  15-23; 
de  donde  se  infiere  claramente  contra  lo  que  dicen  sus  biógrafos 
que  no  salió  de  Gante  para  ir  al  Nuevo  Mundo,  sino  que  así  él 
como  los  dos  religiosos  flamencos  que  en  su  compañía  fueron  á 
Méjico,  vinieron  primero  á  España  con  la  corte  del  Rey,  y  al 
•■abo  de  algunos  años  emprendieron  su  apostólico  viaje. 

Por  lo  que  se  refiere  al  parentesco  de  Fr.  Pedro  con  el  Rey, 
resulta  claro  que  no  podía  ser  hijo  de  éste,  como  algún  historia- 
dor ha  dicho;  [luos  habiendo  venido  en  calidad  de  religioso  el  año 
1517  ;í  p].sptiMa,  debía  ser  do  mayor  edad  que  Garlos  I,  que  como 
so  sabe,  nació  el  primer  año  del  siglo  décimo  sexto.  Confírmase 
•'sto  adefnás,  teniendo  en  cuenta  que  todos  los  biógrafos  de  Fray 
I'edro  de  Gante  dicen. que  al  morir  en  1572  era  octogenario,  y 
siendo  así,  hubo  de  nacer  en  los  últimos  años  del  siglo  xv,  en 
los  cuales  residía  de  ordinario  en  Flandes,  llevando  vida  alegre 
y  p(KO  edificanlí;  I).  Felipe  el  Hermoso.. 


biografías  D1-:  Tr.iis  ilustres  misioneros.  11 

Sabía  de  cierlo  Fr.  Pedro  su  origen,  y  por  eso  en  la  carta  que 
escribió  al  Emperador  el  15  de  Febrero  de  1552  pidiendo,  no  me- 
nos calurosamente  y  en  el  mismo  sentido  que  lo  había  hecho  an- 
tes y  lo  seguía  haciendo  por  entonces  el  P.  Las  Gasas,  que  se  ali- 
viaran los  tributos  y  servicio  personal  de  los  indios,  y  se  les 
librara  de  la  insoportable  tiranía  de  que  eran  víctimas,  alegaba 
por  título  y  razón  de  su  demanda  lo  siguiente:  «Justa  cosa  es  que 
»se  me  conceda,  atento  lo  mucho  ijue  he  trabajado  con  ellos  y  que 
«tengo  intención  de  acabar  mi  vida  en  su  doctrina.  Y  dame  atre- 
«vimiento  el  ser  tan  allegado  á  V.  M.  y  ser  de  su  tierra.»  Mas  ex- 
plícito todavía  en  una  breve  relación  de  varios  sucesos,  dirigida 
al  Emperador,  le  dice:  «Pues  que  V.  M.  é  yo  sabemos  lo  cercanos 
»é  propinquos  (jue  somos  é  tanto  que  nos  corre  lamesma  sangre, 
))le  diré  la  verdad  en  todo  para  descargo  de  mi  conciencia  y 
«que  V.  M.  pueda  descargar  la  suya.» 

No  era  ignorado  de  los  demás  este  parentesco,  y  por  eso  los 
frailes  franciscanos  le  exigían  que  escribiera  al  Emperador  y  ú 
su  hijo  D.  Felipe  síibiendo  lo  que  su  intercesión  con  ellos  valía;  y 
al  dar  cuenta  á  este  íiltimo  de  la  muerte  de  Fr.  Pedro,  el  célebre 
Fr.  Alonso  de  Escalona,  provincial  de  la  orden  en  Nueva  España 
dice  de  él:  «Mucho  agradecimiento  le  deben  estos  indios  y  nos- 
«otros  los  religiosos,  pues  que  le  daba  brios  el  ser  deudo  tan  alle- 
«í/ado  del  cristianísimo  Padre  de  V.  M.,  que  por  su  medio  nos 
«era  gran  favorecedor  y  nos  otorgaba  muchas  de  las  mercedes 
«que  todos  habíamos  menester.»  Tan  ilustre  y  elevado  origen,  á 
que  no  era  por  entonces  grave  inconveniente  la  bastardía  ni  aun 
el  sacrilegio,  como  lo  demuestran  D.  Juan  de  Austria  y  el  Conde 
de  Tendilla,  para  llegar  á  ocupar  las  más  altas  categorías  socia- 
les, no  fué  parte  á  que  Fr,  Pedro  dejase  de  ser  un  verdadero  hijo 
do  San  Francisco,  que  practicó  la  humildad  de  tal  modo,  que  vi- 
vió- y  murió  siendo  lego  en  su  orden,  negándose  á  recibir  las  ór- 
denes sagradas,  y  oponiéndose  resueltamente  á  aceptar  el  arzo- 
bispado de  México  que  el  Emperador  le  ofreció  con  vivas  instan- 
cias, después  de  la  muerte  del  insigne  Fr.  Juan  de  Zumárraga. 
Su  celo  apostólico  empleado  principalmente  en  la  educación  de 
los  niños  indios  era  infatigable,  y  dio  los  más  copiosos  frutos, 
siendo  uno  de  los  primeros  españoles  que  aprendieron  la  lengua 


\:  HOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

mexicana  durante  su  residencia  en  Tezcoco  y  Tlascala ,  algunos 
años  antes  de  establecer  en  México  el  famoso  colegio  de  San  Fran- 
cisco, donde  se  enseñaba  y  doctrinaba  de  continuo  más  de  seiscien- 
tos nuichadios,  hijos  de  los  principales  de  la  tierra,  que  esparcian 
luego  por  ella  los  principios  de  la  civilización  cristiana.  Entre  otros 
leslimonios  de  tan  señalados  servicios,  es  do  notar  el  que  dio  el 
obispo  Zumárraga  en  carta  dirigida  al  capítulo  general  de  la  orden 
de  San  Francisco,  celebrado  en  Tolosa  de  Francia  el  año  1532,  en 
la  cual  dice:  «Entre  los  frailes  que  están  bien  enseñados  en  la  len- 
>.-iia  índica  es  uno  que  se  llama  Fr.  Pedro  de  Gante,  y  es  lego;  el 
>'Cual  habla  aquella  lengua  facundísima  y  copiosamente,  y  tiene 
«solícito  y  diligentísimo  cuidado  de  seiscientos  mozos,  ó  más,  etc.» 
Y  el  maestro  Gil  González  Dávila,  que  inserta  esta  carta  en  su 
Teatro  eclesiástico  de  las  Indias,  afirma  que  Fr.  Pedro  de  Gante 
fué  el  mayor  ministro  que  en  aquella  edad  y  tiempo  tuvo  la  Nue- 
va España.  Como  ya  he  dicho,  tan  insigne  varón  falleció  en  Mé- 
xico el  año  de  1572,  y  se  le  dio  sepultura  en  la  capilla  de  San 
José  construida  i)or  su  celo  para  servicio  del  colegio  de  indios.  El 
cual  colegio  se  estableció  en  el  patio  del  convento  de  San  Fran- 
cisco, y  fué  fundado  y  dirigido  hasta  su  muerte  por  el  ilustre  y 
bienaventurado  lego. 

Habiéndome  extendido  más  de  lo  ordinario  en  estas  noticias, 
soré  muy  breve  en  las  que  se  refieren  al  P.  Rycke,  narradas  ex- 
tensamente en  el  opúsculo  del  P.  Dirks.  Fué  natural  de  Malinas; 
y  debió  nacer,  como  Fr.  Pedro,  hacia  1495  de  ilustre  familia,  es- 
perialmcntc  por  su  madre  Juana  de  Marselaer,  cuyo  padre  llegó 
á  srr  señor  de  Pare,  Eleuyt,  Borre  y  otros  lugares,  y  desempeñó 
siete  veces  el  cargo  de  Burgomaestre  de  Bruselas.  Por  esto,  sin 
'huía,  debió  la  nol)le  Marselaer  asistir  á  la  corte  de  D.  Felipe  el 
Hermoso  con  frecuencia  y  ser  una  de  las  que  inspiraron  los  jus- 
tos celos  de  Doña  Juana;  tal  debió  ser  el  fundamento  que  tuvo 
el  V.  Córdoba  para  decir  en  su  Crónica  de  la  religiosísima  pro- 
vincia d^'los  doce  apóstoles  del  Perú  (libro  rarísimo,  aunque  im- 
preso, que  .se  custodia  en  nuestra  biblioteca):  «Hay  quienes  pien- 
.san  que  era  deudo  muy  cercano  del  Emperador  Carlos  V.»  El  Pa- 
dre Ryrko,  que  murió  como  Gante  octogenario,  fundó  varios  con- 
venlfts  (Ir  l:i  or.bn  ,1.'  <^.n  Francisco,  y  fué  el  primer  custodio  de 


ItlOGRAFÍAS    DE    TRES    ILUSTRES    MISIONEROS.  13 

ella,  cuando  aiur  no  se  había  elevado  á  provincia  con  el  título  de 
los  doce  Apóstoles  en  el  vireinato  del  Perú.  Durante  las  gueri-as, 
á  que  puso  término  con  su  prudencia  y  energía  el  Licenciado  La 
Gasea,  hizo  el  P.  Rycke  gran  papel,  no  siempre  favorable  á  los 
representantes  de  la  autoridad  del  Emperador,  pues  como  la  ma- 
yor parte  del  clero  secular  y  regular  siguió  á  los  principios  y  fa- 
voreció la  causa  de  Gonzalo  Pizarro.  El  autor  de  esta  biografía, 
bajo  muchos  conceptos  interesante,  se  ha  servido  para  escribirla 
de  los  curiosísimos  documentos  que  le  ha  facilitado  nuestro  Aca- 
démico electo  el  Sr.  Jiménez  de  la  Espada,  tan  versado  en  las  co- 
sas de  América  y  singularmente  en  las  del  Perú. 

No  menos  interesantes,  aunque  para  nosotros  de  menos  impor- 
tancia y  curiosidad,  son  los  viajes  y  aventuras  de  Fr.  Pedro  Far- 
dé, que  recorrió  el  interior  de  África  en  el  siglo  xvii.  Así  éste, 
como  los  otros  dos  opúsculos,  escritos  gallardamente  en  lengua 
francesa,  demuestran  el  amor  del  P.  Dirks  á  los  estudios  his- 
tóricos; por  lo  cual,  y  porque  al  consagrarse  á  los  de  la  orden 
seráfica  en  que  tantas  glorias  españolas  brillan,  lo  mismo  en  el 
antiguo  que  en  el  nuevo  mundo,  trabaja  en  beneficio  de  nuestra 
historia  nacional,  me  atrevo  á  proponer  á  la  Academia  premie  y 
estimule  al  autor  nombrándole  su  correspondiente  extranjero. 

Madrid  22  de  Junio  de  1883. 

Antonio  María  Fabié. 


IlL 


RUDIMENTOS  DE  ÁRABE  VULGAR.  POR  EL  PADRE  LERCHUNDL 


La  Academia  se  sirvió  encomendar  al  individuo  que  suscribe 
el  examen  de  un  libro  titulado  Rudimentos  de  árabe  vulgar, 
escrito  por  el  P.  Fr.  José  Lerchundi,  misionero  franciscano  oh- 


14  boli;tín  de  la  uv.m.  academia  de  (a  hístoria. 

servaule  en  África,  el  cual  había  tenido  á  bien  presentarlo  á  este 
cuerpo  cionlífico  por  mediación  de  D.  Juan  Antonio  Disdier, 
vicecónsul  de  España  en  Tetuan,  correspondiente  nuestro,  y 
aíirionadísimo  ('  eslos  ])uenos  estudios  de  las  lenguas  orientales. 

Pocos  meses  li;í,  sj  daba  cuenta  en  estas  sesiones  del  contenido  de 
otra  obra,  que  con  el  título  de  Gramática  árabe  había  visto  la  luz 
pública  en  Madrid,  durante  el  pasado  año  de  1871.  Era  un  libro 
pequeño  como  de  13G  páginas  no  cabales  en  octavo  menor,  con 
honores  y  mucha  apariencia  de  dozavo,  y  á  juzgar  por  sus  condi- 
ciones extrínsecas  más  se  le  hubiera  creido  opúsculo  ó  programa 
compendiado  de  curso  elemental,  que  libro  formal  de  enseñanza. 
En  la  portada,  sin  embargo,  leíanse  en  grandes  letras  en  son  de 
reclamo  para  mover  voluntades,  tan  significativas  palabras.  «Esta 
excelente  gramática  árabe  la  primera  publicada  en  España  en  lo 
que  va  de  siglo,  .so  vende  á  pesetas.»  Publicada  la  de  Ya- 
cas Merino  en  el  año  18U7,  el  llamamiento  mercantil  contenía  un 
error  de  á  folio  que  descubría  la  redacción  del  librero,  á  mí  me 
cumple  decir  tan  solo  que  la  obra  dejaba  que  desear  algo,  en 
lo  locante  á  la  exactitud  de  la  doctrina,  y  mucho  por  el  método 
que  recomendaba,  ó  inoportunamente  seguía. 

Proponíase  el  autor  de  aquel  trabajo  gramatical  aplicar  de  plano 
el  método  práctico,  llamado  de  Ollendorf,  al  estudio  del  árabe 
lilerario  ó  erudito,  procedimiento  que  si  no  debiera  diputarse  por 
absolutamente  absurdo,  ha  sido  desechado  con  no  escasa  copia  gle 
razones,  por  maestros  muy  insignes  y  verdaderamente  doctos. 
Porque  dejadas  aparte  razones  de  mucho  peso  que  tienen  aplica- 
ción j)rivativa  al  estudio  del  arábigo,  ello  es,  que  si,  merced  al 
método  Ollcndoríiano,  pudiera  lograrse  respecto  de  los  idiomas 
vulgares,  la  facilidad  de  elocución  necesaria  para  los  usos  más 
indispensables  de  la  vida,  en  el  trato  común  y  en  la  correspon- 
dencia comercial,  el  pretender,  que  por^us  mecánicas  repeticio- 
nes so  aprenda  á  practicar  y  á  entender  el  lenguaje  de  los  Ilero- 
dolos.  Cicerones,  Virgilios,  Antares,  Hariris  y  Den  Al-jatibes, 
cuyo  verso  y  pro.sa  en  ellos  eran  igualmente  fruto  de  detenidos  y 
concienzudos  estudios;  cosa  es  que  no  cabe  se  reciba,  con  arreglo 
á  discurso  natural,  por  razonable  entendimiento.  Pero  el  autor,  que 
por  lo  visto  no  lo  apreciaba  así  á  vuelta  de  varias  consideracio- 


RUDIMENTOS    UE    ÁRAHIi    Vt  LGAIl.  15 

nes  en  la  prefación  puesta  al  frente  del  texto  confesaba  candida- 
mente que,  al  abandonar  la  Universidad  alemana,  donde  había 
pasado  varios  semestres  al  objeto  de  estudiar  el  sánscrito,  el  zen- 
do,  el  asirlo  de  las  inscripciones  cuneiformes  y  el  árabe  por  in- 
cidencia, pensó  en  publicar  un  estudio  sobre  la  filología,  en  sus 
relaciones  con  la  lengua  de  Pánini;  aunque,  vista  la  falta  abso- 
luta que  tenía  el  público  español  de  gramáticas  arábigas,  se  ha- 
bía anticipado  á  satisfacer  necesidad  tan  perentoria.  El  resultado 
de  aquel  trabajo  prematuro  fué  un  texto  afeado  con  erratas  en  su 
redacción  más  sencilla,  con  algún  error  en  sus  prescripciones  y  ad- 
vertencias y  tan  poco  adecuado  á  satisfacer  las  necesidades  cuya 
urgencia  encarecía,  que  estimando  la  pronunciación  castellana 
poco  á  propósito  para  imitar,  y  reproducir  los  sonidos  líquidos  y 
guturales  de  la  lengua  arábiga ,  propinaba  al  maestro  y  al  auto- 
didacto que  se  aparejase  con  el  pertrecho  de  los  sonidos  france- 
ses, acompañados  de  larga  secuela  de  zetas  y  haches. 

Ahora,  si  hubiera  de  resumir  el  juicio  que  me  sugiere  la  lectura 
del  libfo,  cuyo  examen  me  ha  encomendado  novísimamente  la 
Academia, 'entiendo  que  podría  formularlo  con  precisión  y  exac- 
titud, señalando  que  sus  calidades,  si  no  tan  aventajadas  y  exce- 
lentes como  las  que  es  de  justicia  reconocer  en  la  obra  magistral 
de  nuestro  cempañero  don  José  Moreno  Nieto,  son  verdadera- 
mente opuestas  á  las  que  se  advierten  en  el  brevísimo  opúsculo 
tenido  presente  en  las  precedentes  observaciones. 

Sólo  en  una  cosa  convienen  el  libro  del  modesto  franciscano  y 
la  primera  edición  de  la  obra  gramatical  del  estudiante  de  zendo 
y  de  asirlo  (1),  por  cuanto  en  ambos  trabajos,  aunque  con  dis- 
tinta razón  y  eficacia,  se  procura  aplicar  el  método  ollendor- 
ñano.  Porque  prescindiendo  de  la  materia  tratada  por  el  P.  Ler- 
chundi,  circunscrita  á  la  conversación  en  el  idioma  árabe  vulgar, 
se  a\^ntaja  sin  duda,  en  la  relación  del  método  que  sigue,  por  la 
abundancia  de  ejercicios  que  avaloran  su  obra,  en  las  426  páginas 
de  su  texto,  no  contadas  las  70  empleadas  en  sabrosísimo  apéndice. 


(1)  En  el  tiempo  trascurrido,  desde  que  se  leyó  el  informe  en  la  Academia,  ha  apa- 
recido una  segunda  edición  de  esta  obra,  mejorada  en  su  conjunto,  y  el  estudiante  de 
otro  tiempo  ha  granjeado  reputación  de  profesor  distinguido. 


l(j  IJOLKTIN    di:    la    real    aCADKMIA    nií    LA    HISTORL\. 

Pero  lo  <jue  más  la  recomienda  y  encarece,  á  mi  juicio,  es  el 
estudio  del  valor  en  sonido  de  cada  cual  de  las  letras  árabes,  com- 
parado directamente  con  las  del  abecedario  castellano  y  comproba- 
do con  originalidad,  sin  el  recurso  ni  mediación  de  otros  idiomas 
.'Xtranjeros,  como  se  ha  practicado  con  frecuencia  casi  increible 
por  los  autores  de  obras  españolas,  en  otro  concepto  muy  aprecia- 
das. La  porvorsirjn  ha  llegado  al  punto  de  que,  desatendiendo  nues- 
tros escritores  las  gcnuinas  tradiciones  del  árabe  literal,  según 
se  conservaban  en  nombres  de  objetos  particulares,  de  pueblos  y 
de  hombres  á  que  se  referían  nuestras  crónicas  y  libros  latinos, 
i"oetáneos  de  las  épocas  en  que  alcanzó  su  apogeo  la  cultura  ará- 
biga, han  aceptado  de  buen  grado  transcripciones  extranjeras 
plagadas  de  incorrección  y  de  barbarismos.  Provinieron  de  aquí 
hómonimias  y  degeneraciones  donosísimas  sobremanera  curiosas. 
Con  recordar  que  la  representación  del  j  arábigo  por  la  doble  W 
de  los  ingleses,  ha  convertido  la  palabrp,  alguacir  ó  alguacil  caste- 
llana y  árabe  en  el  Wisir  de  novelas  y  periódicos,  y  que  por  el 
pedantismo  en  distinguir  la  :>  fdh)  de  la  d  han  convertido  los 
hispano-franccses  en  muezzin  lo  que  en  castellano  se  llamó  al- 
muédano, y  pronuncian  Ahiiondzir  con  z,  donde  los  nuestros  di- 
jeron Almondir;  no  es  menester  insistir  sobre  el  provecho  de 
leer  en  una  gramática  como  la  del  P.  Lerchundi  domiciliado  en 
Tcluán  desde  hace  doce  años,  aquella  purísima  reproducción  cas- 
tellana, que  se  muestra  en  los  libros  españoles  de  la  Edad  Me- 
dia íl).  Por  todas  estas  razones,  el  que  suscribe  estima  como 
digno  de  encomio  el  esfuerzo  del  sabio  franciscano,  por  dotar  la 
literatura  y  patria  de  una  obra  digna  de  estima,  y  propone  que  se 
lo  galardone,  en  algiíii  modo,  nombrándole  nuestro  correspon- 
dieuto.  I.a  Academia  resolverá  como  siempre  lo  más  oportuno. 

M8(1ri>l  2í  .lo  Muyo  fl.>  |K7V». 

Francisco  Fernández  v  González. 


1)    No  pronuncia  el  P.  Lcrchumli  A**js-1  alrJtama  sesrún  el  vulgo  délos  arabistas 
Bino  aliama,  romo  lo  usa  nerceo.  El  ^  árabe,  como  la  g  castellana  en  la  Edad  Media, 

i|pn«  Mir^in  iHcbo  autor  nn  Marruecos  doble  sonido,  ora  pronunciándose  como  ¿latina, 
orw  romo  /;  Mtinvc 


EL    RIO    SAI.OM    DK    I.A    CRÓNICA    DEL    MOR'»    flASIS.  17 


IV. 


EL  RIO  XALOM  DE  LA  CRÓNICA" DEL  MORO  RASIS. 
APUNTE  PARA  UN  ESTUDIO  SOBRE  LA  TOPOGRAFÍA  DE   GRANADA. 


Desde  que  nuestro  erudito  compañero  D.  Pascual  de  Gayangos 
probó  con  datos  irrecusables  (1)  la  genuina  fuente  de  que  pro- 
cede el  texto  hoy  corrupto  de  una  traducción  castellana,  que  los 
nuestros  llamaron  Crónica  del  Moro  Rasis,  deber  parecía  de  los 
orientalistas  españoles,  el  quilatar  y  poner  en  su  punto  la  exac- 
titud de  las  noticias  contenidas  en  ella,  con  el  buen  propósito  de 
restaurar  en  lo  posible  el  fondo  histórico  de  uno  de  los  monumen- 
tos más  interesantes  de  la  historiografía  arábiga.  Estimándolo  de 
tal  suerte,  tiempo  há  que  consagra  el  académico  que  suscribe 
algunas  investigaciones  á  dicho  asunto,  no  extraño  por  cierto  á  la 
materia  de  otros  doctísimos  estudios  que  han  ocupado  ya  las  se- 
siones de  esta  Corporación ,  y  de  que  ha  dado  más  de  una  mues- 
tra notabilísima  su  inteligente  y  activo  anticuario. 

Al  ordenar  algunas  noticias  sacadas  á  este  fin  de  los  historia- 
dores árabes,  ha  creído  que  la  Academia  vería  sifl  disgusto  las 
referentes  á  un  pasaje  de  la  topografía  de  Granada,  por  el  men- 
cionado Rasis,  cuyo  texto  (2)  es  como  sigue:  «Et  en  su  término 
ha  villas  que  le  obedescen ,  de  las  quales  es  una  Cazalla,  que  en 
el  mundo  non  ha  quien  la  semeje  si  non  Damasco,  no  es  tan 
buena  como  ella,  et  en  su  término  ha  pedreras  de  marmoles 
mui  buenas  et  mui  blancas,  et  non  mui  fuertes;  e  facen  ende 
muchas  ollas,  et  alúdanse  del  en  muchas  cosas,  et  de  muchas 
guisas,  et  facen  del  mui  fermosas  imágenes.  Et  el  otro  es  el 
castillo  de  Granada,  al  que  llaman  villa  de  los  judíos,  et  esta 


(1)  Memorias  de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  t.  vin,  ^lailrid,  1852. 

(2)  Página  37  en  la  Memoria  del  Sr.  Gayang-os. 


jy  boletín  de  la  keal  academia  de  la  historia. 

es  la  mas  antigua  villa  que  eu  término  de  Elvira  ha,  et  poblá- 
ronla los  judios.  Et  por  medio  de  la  villa  de  Granada,  va  un 
rio  que  avia  nombre  Salom  et  agora  es  llamado  Guada-Xenil, 
et  uasce  de  un  monte  que  ha  en  termino  de  Elvira,  que  ha 
nombre  Dayna.  Et  en  este  rio  cojen  las  alimadui-as  del  oro 
uno,  et  entra  en  el  rio  que  sale  del  monte  de  la  Elada.»  De- 
jada á  los  arqueólogos  la  interpretación  de  las  frases,  que  ofrecen 
caltal  sentido,  ora  puntualicen  si  el  Gazalla  eu  árabe  ¿JlLj  (cas- 
tela  ó  castellaj  es  la  alcazaba  Cádima,  conservada  en  el  Albaicin 
con  sus  fábricas  de  alfarería,  sucesoras  quizá  de  los  talleres  de 
escultores  que  en  la  época  romana  labraron  algunas  de  las  esta- 
tuas descubiertas  en  su  recinto,  durando  tal  vez  en  los  períodos 
visigodo  y  mozárabe,  ora  deba  tenerse  ó  reputarse  cual  población 
enteramente  distinta;  ya  concierten  aquella  opinión  con  el  nom- 
bre de  la  puerta  Bib-Gastro  que  menciona  la  Grónica  arábiga 
de  la  caida  de  los  Nazaríes,  ya  pretendan  robustecer  ésta  con 
la  descripción  de  la  mezquita  Iliberitana  dada  por  Ben-Aljatib, 
ó  con  la  dirección  de  Gastaras  á  que  podía  encaminar  Bib-Gas- 
tro; cumple  cuando  menos  al  arabista  el  reconocer  con  cuidado 
las  lagunas  observadas  en  el  contexto  del  discurso.  Anotando  el 
último  i)asaje  (1)  nuestro  insigne  compañero  se  expresaba  de  esta 
manera:  «Aquí  debe  faltar  algo,  ó  los  traductores  confundieron 
el  Genil  con  el  Darro.  Este  ultimo  río,  y  no  el  Genil,  es  el  que 
tiene  su  nacimiento  en  la  sierra  de  Elbira,  próxima  á  Granada.» 
No  erró  en  afirmarlo  así  el  Señor  de  Gayaugos ,  antes  bien  me 
atrevo  á  añadir  por  mi  cuenta,  que  lo  que  falta  y  se  ha  alterado 
es  tan  importante,  cuanto  de  las  reliquias  parece  que  con  ello  se 
eiduzau  cuestiones  capitalísimas  de  la  topografía  de  Granada.  En 
primer  término  se  habla  de  un  río  que  se  dice  haberse  llamado 
tan)l)ién  Guada-Xenil,  el  cual  naciendo  de  un  monte  en  tierra  de 
Elbira  entra  eu  el  río  que  sale  del  monte  de  la  «Elada  ó  Sierra 
Nevada»  esto  es,  en  el  verdadero  Genil.  Se  expresa  asimismo  que 


(1)  "Kl  por  medio  de  la  viUa  de  Granada  va  un  rio  que  avia  nombre  Sáloin,  et  agora 
••s  UaniRdo  Ouada-Xenil,  el  nasre  de  un  monte  que  ha  en  término  de  Elbira,  que  ha 
nombre  de  Doyna.  E  en  este  rio  cojen  las  altmaduras  de  oro  fiao,  et  entra  en  el  rio  que 
sale  del  mi)ute  de  la  EÍada.» 


EL    RÍO    SALOM    UE    LA    CRÓNICA    DEL    íMORO    RASIS.  19 

se  llama  Salom,  en  algunos  manuscritos  Calom,  nombre  que 
dista  bastante  de  la  combinación  fonética  Daharro  ó  Eladarro,  y 
que  (á  la  manera  del  Darro  en  Granada  la  moderna),  pasaba  por 
la  antigua.  ¿Entiéndese  que  dicha  ciudad  ocupaba  en  el  siglo  x, 
en  que  la  crónica  se  escribe,  el  mismo  emplazamiento  que  en 
la  época  de  la  reconquista?  Pues  no'ha  lugar  á  duda  de  nin- 
guna especie.  El  Calom  ó  Calom  de  Rasis  es  el  río  llamado  pos- 
teriormente por  los  árabes  el  torrente  SjJ^  (Hadarro).  Mas  si 
atendidas  no  despreciables  tradiciones,  se  coloca  la  antigua  ciu- 
dad de  los  judíos  á  los  pies  de  las  Torres  Bermejas,  extendién- 
dose desde  el  campo  llamado  hoy  del  Príncipe  á  la  otra  parte 
del  Xenil  (1),  no  faltaría  quien  creyese  que  dada  la  ordinaria 
disposición  de  los  edificios  en  las  antiguas  poblaciones  agrícolas 
llegasen  algunas  de  sus  alquerías  hasta  más  allá  del  río  Falom  ó 
Calom,  que  pasa  por  Armilla,  no  de  otra  suerte  que  las  alquerías 
y  suburbios  de  Castella,  la  capital  y  fortaleza  de  Iliberis,  empla- 
zados en  ambas  márgenes  del  Beiro  pudieran  llegar  hasta  el 
Atarfe.  Ha  sugerido  tan  infundada  hipótesi  un  lugar  de  la  citada 
crónica  arábiga  publicada  por  MüUer  (Munich  1803)  donde  se  lla- 
man A  falom  pJit  al  río  de  Armilla,  transcripción  arábiga  de  Flum, 
nombre  con  que  designaron,  según  Marmol,  el  río  de  la  Mona- 
chil  los  antiguos,  coadyuvando  no  poco  á  presentarla  como  pro- 
bable la  forma  árabe  del  nombre  de  Monachil  Jlir.--  montecil, 
ó  montecillo ,  la  cual  conviene  con  el  nacimiento  que  asigna  á 
su  río  la  descripción  del  Moro  Rasis,  sin  contar  con  que  no  se- 
ría imposible  se  hubiese  confundido  el  Guada-Xenil  con  uno  de 
sus  afluentes.  De  cualquier  modo  que  sea,  y  aunque  esta  hipótesi 
se  muestre  equivocada,  lo  que  parece  definitivamente  averiguado 


(1)  Esta  opinión,  que  es  de  Mármol,  no  se  compadece  ciertamente  con  la  afirmación 
expuesta  por  dicho  historiador  ilustre,  acerca  de  la  situación  de  i'-jJ)  j-msss. 
Hizn-arromman  ó  Castillo  de  la  Granada,  que  dio  el  nombre  á  Granada  en  la  llamada 
Alcazaba  Cádima,  la  cual  llegaba  hasta  cerca  de  la  parroquia  de  San  Miguel,  en  cuyas 
inmediaciones  se  labró  la  Alcazaba  Qidida  ó  nueva,  continuada  hasta  el  rio.  Tam- 
poco concierta  con  la  designación  usada  desde  antiguo  por  los  judíos  españoles,  quie- 
nes llamaban  á  Granada  JJa-rimmon ,  esto  es  la  Granada,  según  la  significación  hebrea 
de  dicho  nombre,  que  aparece  va  en  Palestina,  como  propio  de  dos  ciudades  del  reino 
de  Israel. 


•JU  ItOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA.    DE    LA    HISTORIA. 

es  que  el  nombre  de  Flum  corrompido  en  Galom,  Galom  ó  Sa- 
lom,  dado  como  propio  al  río  Darro,  y  que  en  la  España  árabe 
debió  servir  para  designar  varios  ríos,  proviene  del  latín  flumen, 
el  cual  por  la  confusión  de  la  /"  (^)  con  la  c  (^J)  frecuentísima 
en  el  arábigo,  donde  sólo  se  distinguen,  ha  dado  origen  á  las 
formas  ^J^  Falom  ^Jó  Calom  y  ^j^  Colzom  con  que  según  Dozy 
fRecherches,  t.  I,  pág.  338)  aparece  aquel  alterado  en  los  histo- 
riadores árabes.  ' 

Madrid  31  de  Mayo  de  1872. 

Francl«co  Fernández  y  (tOnzález. 


V. 


OBJETOS  ROMANOS  Y  ÁRABES  HALLADOS  CERCA   DE  LA   CIUDAD 
DE  MURCIA. 


Excnio.  Sr. :  Don  Javier  Fuentes  y  Ponte,  correspondiente 
nuestro  en  Murcia,  da  noticia  de  un  descubrimiento  de  objetos 
romanos  y  árabes,  hecho  en  16  de  Mayo  último,  en  la  falda  bo- 
real de  la  sierra  de  la  Fuensanta,  que  dista  casi  una  legua  de  la 
ciudad  de  Murcia.  El  sitio  y  hacienda  donde  han  parecido,  se 
llama  Heredad  de  Tinosa  ;  y  allí  cerca  se  encuentra  una  boquera 
para  aguas  torrenciales  que  se  llama  Partidor  y  Riego  de  Gañida. 
En  alguna  parle  de  la  ladera,  que  hoy  está  plantada  de  viñas,  há- 
llansc  vcsiigios  de  edificios  antiguos  y  pequeñas  balsas  construi- 
das con  hormigón.  Es  fama  que,  en  el  año  de  1857,  dieron  allí 
unos  cavadores  con  riquísimos  objetos  de  oro  y  plata  esmaltados 
que  hicieron  ricos  á  los  descubridores,  despertándose  con  ello  la 
codicia  dolos  vccinos.y  colonos  y  despertándose  las  artes  y  su- 
percherías do  estafadores  y  adivinos. 

El  objeto  do  la  excavación  de  ahora  ha  sido  labrar  un  aljibe. 
Como  á  profundidad  de  poco  más  de  una  vara,  entre  cenizas  y 


ÜHJKTOS    HUMANOS    V    ÁllAUES.  21 

tierra  movida  y  bajo  una  losa  ruda,  se  encontró  el  esqueleto  de 
un  niño,  trozos  de  vasijas  de  varias  clases  y  formas  y  cuatro  pie- 
dras antiguas  de  molino,  que  se  han  depositado  en  el  Museo  pro- 
vincial de  Murcia,  reservando  nuestro  correspondiente  para  la 
Academia  y  remitiéndole,  un  peso  de  barro,  dos  vasijas  (una  de 
ellas  mutilada),  un  estilo  de  hueso,  un  fragmento  como  de  mango 
de  un  puñal  y  varios  restos  de  vasijas  pintadas,  algunas  con  la- 
bores árabes. 

De  aquí  .el  Sr.  Fuentes  pasa  á  inferir  haber  estado  en  aquel  si- 
tio una  villa  romana  llamada  Nossia,  conservada  en  tiempo  de  los 
árabes  con  el  nombre  de  Gomila. 

En  honor  de  la  verdad,  prueba  el  descubrimiento  haber  existido 
algún  género  de  población  en  aquel  paraje,  porque  efectivamente, 
en  la  edad  romana,  las  ciudades  grandes  eran  muy  contadas,  y 
aun  en  estas,  la  parte  cercada  y  murada  harto  pequeña. 

En  cambio,  infinitas  alquerías,  pagos,  castillos  y  pequeños  gru- 
pos de  cortijadas,  daban  animación  á  todo  el  territorio :  á  la  ma- 
nera que  en  nuestras  provincias  del  Norte,  con  especialidad  las 
Vascongadas.  Las  familias  ricas  tenían  suntuosas  casas  de  campo, 
con  toda  clase  de  comodidades  y  oficinas:  y,  por  lo  tanto,  á  cada 
paso  tropieza  hoy  el  arado  ola  azada  con  vestigios  ibero-romanos. 
Las  ruinas  de  ciudades  ofrecen  aspecto  distinto,  como  que  esta- 
ban colocadas  en  alto,  con  su  acrópolis  ó  fortaleza,  estrechas  calles 
y  escalonadas  las  casas  en  la  ladera  y  uniendo  edificios  públicos, 
ya  religiosos,  ya  civiles,  de  los  cuales  rara  vez  dejan  de  parecer 
señales. 

Ninguna  de  estas  vemos  en  la  Heredad  de  Tinosa  por  el  relato 
de  nuestro  correspondiente  de  Murcia;  ni  tampoco  bastante  fun- 
damento para  suponer  allí  una  granja  llamada  Nossia  ó  una  ciu- 
dad con  este  nombre,  como  soñó  el  buen  canónigo  de  Cartagena 
D.  Juan  Lozano,  en  su  Bastitania  y  Contestania,  libro  más  con- 
fuso y  caprichoso  que  el  laberinto  de  Greta  y  de  estilo  más  enre- 
vesado que  el  de  Feliciano  de  Silva.  ¡Lástima  que  su  sistema  de 
dar  por  cierto,  firme  y  seguro,  así  la  verdad  demostrada,  como  lo 
dudoso,  lo  probable,  lo  verosímil,  lo  posible  y  lo  conjetural,  venga 
á  descaminar  á  nuestro  celoso  y  digno  correspondiente,  que  ya  ve 
en  aquel  sitio  una  Nossia  romana  y  una  Gomila  árabe.  No  acá- 


22  boletín  de  la  real  academla.  de  la  historla. 

bamos  los  hombres  de  aprender  el  arte  de  saber  ignorar,  que  es 
de  suyo  bienhechor  y  fecundo. 

Nada  de  esto  quita  para  que  la  Academia  dé  las  más  expresivas 
"racias  por  su  regalo  al  Sr.  Fuentes  y  Ponte,  supuesto  que  toda 
antigüedad  es  digna  de  estimación  y  estudio  y  contribuye  para  el 
conocimiento  exacto  de  los  tiempos  pasados,  y  es  de  gran  auxilio 
el  exacto  conocimiento  de  los  parajes  con  antigüedades,  para  el 
progreso  de  la  geografía  que  es  uno  de  los  dos  ojos  de  la  Historia. 
Los  objetos  ahora  remitidos,  deben  guardarse  oportunamente  cla- 
áiíicados  en  nuestro  pequeño  Museo.  E  importa,  en  fin,  estimular 
á  nuestro  correspondiente  murciano  para  que  continúe  remitien- 
do á  la  Academia,  oportunas  y  exactas  noticias,  así  de  todo  hallaz- 
go de  antigüedades,  como  de  las  circunstancias  de  las  ruinas  y 
despoblados  que  por  razón  de  su  empleo  en  el  Cuerpo  de  Caminos 
pueda  hallar  recorriendo  la  provincia  de  Murcia.  Breves  descrip- 
ciones de  estos  sitios,  expresión  de  los  nombres  que  entre  el  vulgo 
conservan;  y  por  último,  calcos  en  papel,  de  toda  inscripción 
romana  ó  árabe  que  se  descubra,  sería  un  buen  servicio  que  per. 
sona  tan  estudiosa  y  activa  como  ésta,  podrá  prestar  al  instituto 
de  nuestra  Corporación. 

Madrid  <j  de  Junio  de  18^3. 

El  Anticuario, 

Aureliano  Fernández  Guerra. 


VI. 

GEOGRAFÍA  ROMANA  DE  LA  PROVINCIA  DE  ÁLAVA. 

Exorno.  Sr.;  Al  lomar  posesión  de  su  plaza  de  número  nuestra 
compañero  el  Sr.  Cocllo  y  Quesada  en  27  de  Diciembre  de  1874, 
eligió  por  materia  de  su  discurso  las  antiguas  vías  de  comunica- 
ción en  nuestra  Península,  especialmente  de  la  época  romana, 


geografía  komana  de  la  provincia  de  Álava.  23 

como  sinopsis  de  un  trabajo  importante  en  que  hace  largo  tiem- 
po se  ocupa.  Rechícese  á  ofrecer  por  provincias  é  ilustrar  por  ma- 
pas exactos  las  noticias  de  vías,  poblaciones  y  ruinas  antiguas  de 
cada  territorio.  Y  ligera  pero  excelente  muestra  de  su  laudable 
y  útilísima  tarea,  dio  uniendo  á  los  discursos  de  recepción  algo 
de  la  parte  relativa  á  la  provincia  de  Álava. 

Meses  después  se  animó  á  publicar  entera  esta  misnja  parte, 
acompañada  de  un  mapa  lindísimo;  ofreció  el  primer  ejemplar  á 
la  Academia;  y  su  digno  Director  me  honró  sobre  todo  encareci- 
miento pidiéndome  informe  acerca  de  su  estudio. 

Reconcentrada  mi  pobre  imaginación  en  otro  perentorio,  obe- 
dezco tarde  el  mandato;  pero  la  obra  del  Sr.  Goello,  es  tal,  que 
siempre  se  llega  á  tiempo  de  hablar  de  ella,  de  examinarla,  de  es- 
tudiarla y  de  aplaudirla. 

El  folleto  se  intitula:  Noticia  sphre  las  vias,  poblaciones  y  rui- 
nas antiguas,  especialmente  de  la  época  romana^  en  la  provincia 
de  Álava;  y  su  mapa  viene  á  compendiar  el  discurso  literario, 
ofreciéndolo  todo  á  un  solo  punto  de  vista,  Señálanse  allí  con  la 
distinción  debida  los  caminos  romanos  indudables,  los  probables 
y  los  conjeturables;  y  se  traza  con  peculiar  atención  el  de  Anto- 
nino  Pío  Garacalla,  como  que  es  la  clave  segura  de  muy  difíciles 
problemas  geográficos. 

Bien  observa  el  Sr.  Goello  que  las  poblaciones  ibéricas  más  fa- 
mosas, y  las  colonias  romanas  y  las  sillas  episcopales,  no  habían 
de  estar  incomunicadas  entre  sí  ni  con  las  de  su  dependencia  y 
sujeción;  y  sienta  discretamente  el  principio  de  que  estudiados 
y  conocidos  los  antiguos  caminos  españoles  hemos  de  tropezar 
con  ciudades  sobre  cuya  situación  se  disputa  acaloradamente. 

Indicando,  pues,  en  sus  excelentes  mapas  los  vestigios  indubi- 
tables de  antiguos  caminos,  los  villares  y  poblaciones  desiertas  y 
despedazadas,  los  castillos  y  torreones,  los  campamentos  roma- 
nos, los  sitios  donde  hay  epígrafes,  y  sobre  todo  piedras  milia- 
rias (según  lo  hace  ya  en  el  mapa  de  Álava),  el  Sr.  Goello  ha  co- 
menzado á  prestar  servicio  inmenso  á  nuestra  historia  y  geogra- 
fía, y  por  ello  al  instituto  de  la  Academia.  Bastaba  por  sí  solo  esta 
fiel  y  exacta  investigación,  este  inventario  precioso,  esta  puntua- 
lidad gráfica,  para  conquistar  envidiable  renombre. 


'24  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl^. 

Con  razón  da  preferencia  al  itinerario  de  Antonino,  siguiendo 
su  dirección  y  los  vestigios  de  ella  paso  á  paso,  y  confirmando  y 
sacando  verdadero  lo  que  dijo  nuestra  Academia  en  su  intere- 
santísimo Diccionario  de  Navarra  y  Provincias  Vascongadas,  y 
la  mayor  parte  de  lo  que  sostuvo  el  Sr.  Saavedra  en  su  inapre- 
ciable discurso  de  recepción. 

Al  lijar  cada  una  de  las  mansiones  itinerarias,  no  olvida  el  se- 
ñor Coello  los  recuerdos  históricos  del  paraje,  los  nombres  de  lu- 
gares que  los  comprueban,  las  antiguallas  y  curiosidades  que 
existen  por  allí.  Cuando  hay  varios  sitios  del  mismo  nombre,  y 
reduce  determinada  población  á  uno  de  ellos,  lo  advierte  al  lec- 
tor, dando  prueba  de  buena  fe  como  sucede  respecto  de  la  man- 
sión de  SuESSATiuM,  que  identifica  nuestro  amigo  con  el  Zuazo  de 
entre  Iruña  y  Vitoria,  pues  suben  á  siete  ü  ocho  los  Zuazo,  Zua- 
za  y  Zuazu  en  Álava  y  Navarra.  Hé  aquí  donde  coloca  las  man- 
siones que  tuvo  la  Viapopuli  romani  de  Astorga  al  atravesar  por 
el  territorio  Alavés: 


VlBOVESCA 

» 

Briviesca. 

Deobrioa 

26  millas . 

Pueatelarrá. 

Beleia 

lo 

Estavillo. 

SUESSATIO 

\:í 

Zuazo. 

TüLLONIO 

7 

Al  E.  y  cerca  de  Ascarza. 

Alba 

\2 

Salvatierra. 

Araceli 

21 

Arbizu. 

PaM PELÓN E 

24 

Pamplona. 

I*oco,  muy  poco  difieren  de  estas  las  reducciones  del  Sr.  Saave» 
dra  en  su  discurso  de  recepción,  fundadas  en  los  planos  del  mis- 
mo Sr.  Coello  y  de  varios  ingenieros,  y  en  los  datos  de  nuestro 
Diccionario  y  del  de  Madoz;  pero  el  Sr.  Coello  circunscribe  y 
piuitualiza  más  algunas  de  ellas. 

El  nuevo  mapa  que  avalora  el  folleto,  señala  hasta  trece  cami- 
nos y  cuatro  ramales  más,  romanos  quizá  todos  ellos  ó  la  mayor 
parte,  en  ia  provincia  de  Álava  y  extremo  boreal  de  la  de  Burgos; 
prueba  insigne  de  la  gran  red  de  bien  trazadas  carreteras  que  en 
remotos  siglos  envolvíala  Península.  A  la  comarca  Alavesa  única- 
mente corresponden  387  kilómetros,  ó  si  quier  70  leguas,  de  an- 
tignns  vías,  socún  publicnn  elocuentes  vestigios. 


geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava.  2í) 

Desde  luego  llama  la  atención  en  el  mapa  (fuera  de  la  exactitud 
en  la  determinación  de  cada  lugar),  la  claridad  y  belleza  con  que 
ha  sido  trazado.  Los  ríos  y  arroyos,  las  cordilleras  y  montañas, 
los  límites  de  estados,  provincias  y  partidos  judiciales,  el  ferro- 
carril, las  carreteras,  los  canales  de  navegación;  y  las  marcas  y 
letreros  de  las  capitales,  cabezas  de  partido  judicial,  ciudades,  vi- 
llas y  aldeas,  todo  aparece  agradablemente  armonioso,  claro  y 
distinto,  sin  confusión  ni  embrollo,  sin  causar  la  menor  fatiga  á 
quien  pretende  hacer  valer  su  tiempo,  y  que  no  se  le  malogre  el 
calor  natural. 

Una  suave  línea  azulada  indica  la  frontera  Alavesa  y  el  Conda- 
do de  Treviño,  incrustado  en  la  provincia.  Líneas  de  media  tinta 
encarnada  figuran  los  caminos  romanos,  bien  diferenciados  los 
ciertos  de  los  probables;  y  del  propio  color  son  los  letreros  de  las 
mansiones  itinerarias,  y  las  señales  de  lápidas  miliarias,  ruinas, 
castros  y  torres. 

Y  acerca  de  los  nombres  de  las  mansiones  y  ciudades  antiguas, 
como  también  de  pueblos  actuales  que  significan  límite,  permíta- 
me la  Academia  que  emita  una  opinión  y  manifieste  un  deseo. 

Las  mansiones  itinerarias  se  nombran  en  el  registro  de  Anto- 
nino  Pío  Garacalla  (216),  y  en  los  cuatro  Vasos  Apolinarios  ó  de 
Vicarello  (30-300),  indistintamente  y  sin  sujeción  á  regla  fija,  ya 
en  ablativo,  por  lo  general  como  Barcinone,  Tarracone,  Bessippo- 
ne,  Portu  Gaditano^  Viniolis,  Aquis  Voconis,  Aquis  Querquernis: 
ya  en  acusativo,  ahora  con  la  preposición  ad,  v.  g.  ad  Adrum. 
flumen^ad  Aquas,  ad  Dúos  pontes,  ad  Turres,  ad  Statuas,  ad  Her- 
culem;  ahora  sin  preposición,  como  Titulciam,  Raudam,  Cluniam^ 
Ang ellas ^  Secerras,  Turmulos;  y  por  último,  las  menos  veces  eu 
nominativo,  como  Aquae  Bühilitanorum,  Caputfluminis  Anae, 
y  los  nombres  ibéricos  de  índole  diversa  de  la  latina  Acci,  Basti, 
lliturgis^  Stiel,  etc. 

Voces  geográficas  ibéricas  terminadas  en  ns,  confieso  que  nc» 
recuerdo  sino  tres,  á  saber  la  de  Ibiza,  Ebusus;  y  las  no  muy  se- 
guras de  Tolous  y  Manzellus  (Monzón  y  Medinaceli),  conocida 
aquella  "únicamente  por  el  Itinerario  Antoniniano,  y  ésta  por  el 
Ravenate.  Añádanse  los  pueblos  que  se  apellidaban  de  un  bosque 
sagrado ,  que  en  latín  se  dice  Lucxis,  tales  como  Lucus  Augustí 


l?t)  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

(Lugo),  Luctis  AsUinim  (Santa  María  de  Lugo),  Liicus  Eporae  (á 
1.000  metros  hacia  el  oriente  de  Montoro);  y  finalmente  los  sitios 
en  que  había  el  simulacro  de  una  deidad,  v.  g.  Janus  Augustas 
ad  Baetem,  el  arco  de  Jano  cuadrifronte  en  la  orilla  derecha  del 
Guadalquivir,  más  de  dos  leguas  antes  de  llegar  á  Andújar. 

Fuera  ile  estos  casos,  que  marco  taxativamente,  parece  no  po- 
der finalizar  en  iis  pueblos  ibéricos  tales  como  Suessatium  y  Tul- 
LONiUM,  peculiares  de  la  primitiva  lengua  española,  y  cuya  sig- 
nificación es  desconocida  ó  dudosa. 

Respecto  de  la  del  último,  convengamos  en  que  era  nombre  de 
una  deidad  ibérica,  de  un  semidiós,  de  un  monte,  de  una  fueute 
salutífera,  y  que  tuvo  quizá  su  principal  santuario  en  la  sierra  de 
Toleño,  entre  el  condado  de  Treviño  y  el  Ebro;  y  digamos  que  le 
rindió  preferentemente  culto  la  ciudad  de  Álava,  que  al  oriente 
de  Vitoria  se  nos  sale  al  encuentro  en  la  romana  vía.  Si  quiso 
mostrarse  devotísima  de  aquel  numen,  y  de  él  tomar  su  nombre, 
entonces  la  voz  Tullon'ms  deus  vino  ideológicamente  como  á  adje- 
tivarse y  concertar  con  la  de  oppidum,  alcázar,  cindadela,  fortale- 
za; y  el  ópido  se  denominó  Tullonium. — Que  hubo  deidad  llama- 
da Tnlonio,  consta  de  una  lápida  descubierta  en  Alegría  el  año 
1799,  y  publicada  por  nuestro  Diccionario  (I,  61).  Tenía  esta  ins- 
cripción: 

S  •  S  E  \'  E  R 

tvllonio 

V  •  S  •  L  •  AY 

•iSrm/n'onio  Severo  cumplió  gustosísimo  el  voto  que  fundada- 
mente hahia  Iteclio  ñ  Tnlonio.» 

La  deidad  ilecíase  Tnlíonius;  el  ópido  Tidlonium.  Esto  no  se  de- 
muestra por  el  Itinerario  de  Antonino,  el  cual,  de  las  veinte  man- 
siones del  trigésimo  cuarto  camino  español,  sólo  trae  una  en  acu- 
sativo, y  en  ablativo  las  demás,  siendo  de  estas  la  de  Tullonio; 
pero  sí  se  evidencia  por  Tolomeo,  cuyas  tablas  nos  la  ofrecen  en 
nominativo,  cual  vocablo  neutro:  Toi/X^vcy.  En  Plinio,  en  Tolomeo 
y  en  las  inscripciones  son  neutros  los  más  de  nuestros  nombres 
}:POpTáílrns. 


geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava.  27 

En  resolución,  al  estamparlos  sobre  los  mapas  se  puede  seguir 
uno  de  dos  sistemas:  ó  tratándose  de  cualquier  estudio  especial, 
V.  gr.,  de  los  vasos  apolinarios,  ó  del  Ravenate,  ó  de  Tolomeo, 
Plinio,  Mela  ó  Es  trabón,  etc.,  se  escriben  tales  cuales  aparecen 
en  el  autor  ó  documento  que  se  ilustra,  y  así  lo  hizo  sabiamente 
en  su  mapa  el  Sr,  Saavedra;  ó  cuando  no  está  ceñida  la  materia  á 
determinado  autor  ó  monumento  antiguo,  se  toman  en  absoluto 
los  nombres,  expresándose  estos  en  nominativo,  cual  atinada- 
mente lo  hacen  los  Sres.  Ilübner,  Kieppert  y  Goello.  Este  último 
sistema  exige,  para  fijar  en  casos  dudosos  el  nominativo,  que  se 
atiendan  y  combinen  cuantos  elementos  de  diversa  índole  nos 
pueden  conducir  al  acierto. 

Cúmpleme  ahora  explicar  el  deseo  que  indiqué,  dirigiendo  so- 
bre este  punto  súplica  á  nuestro  sabio  compañero  y  mi  cariñoso 
amigo.  Si  aún  no  tiene  grabados  sus  preciosos  mapas,  había  de 
ser  muy  útil  procurara  presentar  á  la  vista  los  nombres  de  pue- 
blos y  sitios  que  á  través  de  los  siglos  nos  recuerdan  haber  sido 
término  ó  principio  de  región,  ó  límite  ó  frontera  de  una  ciudad 
con  otra,  en  lejanas  edades.  La  voz  Torre,  por  ejemplo,  es  de  ellas 
no  pocas  veces;  y  creo  ser  el  primero  en  notar  que  el  Turres  Sae- 
TABiTANAE  del  cuarto  de  los  vasos  Apolinarios,  indicaba  el  límite 
de  Saétahis  (Játiva)  con  Ello  (Monte  Arabí);  de  igual  suerte  que 
el  Turres  del  Itinerario  de  Antonino  dividía  de  los  Mentesanos  á 
los  Oretanos;  así  como  las  dos  mansiones  llamadas  Fines  en  el 
propio  Itinerario  publicaban  la  frontera  de  los  Ilergetes  y  Laceta- 
710S,  y  la  de  los  Turdetanos  y  Celtas,  mientras  que  la  villa  que 
aún  se  llama  Fines,  en  la  provincia  de  Almería,  separaba  el  te- 
rritorio de  la  ciudad  de  Vrci  (El  Chuche)  del  de  la  de  Basti 
(Baeza) . 

La  actual  guipuzcoana  Villafranca  (esto  es,  población  donde 
no  se.  cobraba  portazgo),  Segura,  Arrondoa,  Araya,  Aranache, 
Arenaza,  Arraya,  Torralba,  Aguilar,  Aras,  Armañanzas,  Torres 
y  La  Guardia,  bastarían  con  sólo  su  nombre,  si  no  hubiera  mu- 
cho más  en  su  apoyo,  á  conjeturar  que  por  estos  pueblos  iba 
la  linde  de  Vascones  y  Várdulos.  Mondragón,  Arechavaleta, 
Arsarasú,  Arlaban,  Arroyabe,  Arzubiaga,  Arlante,  Ariaya, 
Armientia,   Ariñez,   Subiyana,  Arrieta,   Armiento,    Pedruzco, 


28  boletín  de  la  real  academía  de  la  historl\. 

Arana  y  Portillo,  dicen  haber  sido  frontera  de  Várdulos  y  Ca~ 
vistos.  Y  por  último,  van  marcando  la  de  los  Caristos  y  Au- 
trigones  los  pueblos  de  Arrigorriaga,  Arilsa,  Areta,  Aracaldo,  Ar- 
cinicga,  Artieta,  Peña  de  Haro,  Artomaña,  Arrastaria,  Arriauo, 
Sierra  de  Ariamo,  Artaza,  Morillas,  Subijana,  Arbígemo,  Arreo 
y  Molenilla. 

Si  la  colina  que  ocupo  el  Príncipe  Negro  en  la  guerra  del  Rey 
D.  Pedro  y  D.  Enrique  el  Bastardo,  se  llama  todavía  Inglesmen- 
di^  monte  del  inglés,  ¿cómo  no  han  de  retener  su  antiquísima  de- 
nominación lugares  que  por  siglos  y  siglos  representaron  los  más 
gi'andes  intereses  de  los  pueblos  ? 

Ara,  vocablo  antiquísimo,  que  en  lenguas  semíticas  y  aun  ja- 
féticas  valía  u  monte,  cumbre,  peñasco,  y>  y  que  para  los  italianos 
significaba  escollo,  según  Alrgilio  (Aen.  I,  109). 

Saxavocant  ItuU,  mediisque  in  fluctibus,  ARAS, 

fué  escogido  por  los  primitivos  españoles  para  denominar  la  cum- 
bre sagrada  que  dividía  una  región  ó  una  ciudad  de  otra.  Dígalo 
si  no  Lara,  en  Burgos,  distinguiendo  Turmódigos  y  Berones;  Pe- 
ñalara,  sobre  el  famoso  Paular  de  Segovia,  separando  á  Carpe- 
tunos  y  Arévacos.  Pero  de  voces  terminales  harto  discurrí  cuando 
ocupó  su  bien  ganada  silla  nuestro  docto  compañero  el  Sr.  Saa- 
vedra. 

Tomando  ese  mapa  de  voces  terminales  (uno  tengo,  imperfec- 
tísirno,  bosíjuejado  por  mí,  como  de  quien  no  posee  los  apetecibles 
y  necesarios  elementos)  y  trazado  con  el  esmero,  claridad  y  exac- 
titud reservadas  al  Sr.  D.  Francisco,  vendría  á  suceder  que  nos 
encontrásemos  con  infinitas  circunscripciones,  y  dudaríamos,  y 
no  supiéramos  á  (]ué  región  ó  ciudad  atribuirlas.  ¿Y  qué  impor- 
ta? ¿Lo  hemos  de  hacer  nosotros  todo?  ¿No  servirán  para  estudio 
provechoso  de  quien  nos  suceda?  Facilitemos  datos  á  la  bien  in- 
Icncionaia  investigación,  averigüe  la  verdad  el  afortunado,  y 
contribuyamos  lodos  nosotros  á  ello.  Esto  cumplo  á  los  que  aman 
la  ciencia  por  la  ciencia  misma  y  no  por  estéril  vanidad. 

Hágase  on  punto  á  fronteras  y  límites  lo  mismo  que  acaba  de 
hacer  con  los  caniiuos  el  Sr.  Goello,  y  el  fruto  colmará  nuestras 


geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava.  19 

esperanzas.  De  17  caminos  antiguos  alaveses  somos  deudores  al 
ilustre  autor  del  ^<¿as  de  EspaPia,  cuando  hasta  aquí  sólo  uno 
habíamos  estudiado.  Pues  ellos,  como  era  de  esperar,  nos  han 
patentizado  que  la  Uxama  Barga  de  los  Autrígones  (Osma  de  Val- 
degovia)  se  alzaba  en  la  calzada  romana  de  Pancorvo  á  Bilbao, 
cruzada  por  muchos  caminos  trasversales;  que  en  otra,  desde  Ci- 
llaperlata  tí  la  capital  de  Vizcaya,  fué  Vallispósita  (Valpuesta), 
silla  episcopal  de  los  mismos  Autrígones  en  el  siglo  viii,  y  que 
en  la  vía  romana  de  Salvatierra  á  Gastro-Urdiales  estuvo  Sanda- 
QUiTUM,  de  quien  sólo  se  acuerda  el  anónimo  de  Ravenna,  y  que 
por  un  mármol  digno  de  atento  examen  supongo  en  Arciniega. 

Debemos,  pues,  al  Sr.  Coello,  además  del  nuevo  estudio  y  com- 
probación sobre  esta  parte  del  Itinerario,  haber  descubierto  la  red 
de  antiguas  comunicaciones  regionales  y  municipales  en  la  pro- 
vincia de  Álava. 

Debemos  también  á  nuestro  compañero  los  datos  que  son  me- 
nester para  formar  la  red  de  límites  y  fronteras;  y  con  tan  buena 
cuadrícula  deslindaremos  fácilmente  la  circunscripción  de  las  an- 
tiguas ciudades,  regiones,  obispados  y  provincias,  disipando  las 
tinieblas  que  oscurecen  nuestra  geografía,  sin  la  cual,  sin  la  cro- 
nología, no  puede  haber  historia. 

Tales  circunstancias  son  guía  no  menos  segura  que  la  de  los 
caminos  para  rastrear  el  sitio  de  olvidadas  ciudades.  Quede  al 
vulgo  de  los  escritores  dejarse  alucinar  por  las  identidades  ó  pa- 
rentesco de  voces  antiguas  y  modernas,  y  sin  más  apoyo  decidir 
sobre  un  problema  geográfico.  La  crítica  sabia  echa  mano  de  se- 
mejante auxilio  cuando  no  existe  otro  ü  otros  más  eficaces.  Harto 
escarmentada  ha  de  mostrarse  recordando,  v.  gr,,  que  la  Junga- 
ría de  los  Indígetes  no  es  la  actual  Junquera,  sino  Figueras;  ni 
Asso,  en  los  Deitanos,  es  Isso,  á  la  izquierda  del  río  Mundo,  sino 
Las  Cuevas,  al  Sur  de  Caravaca;  ni  la  episcopal  Conímbriga  es  la 
célebre  Coimhra,  sino  Condeixa  a  Velha. 

Con  razón  se  ostenta  sabiamente  receloso  y  comedido  nuestro 
colega  al  llevar  nombres  tolemaicos  ó  plinianos  á  su  mapa,  que 
no  se  afianzan  en  pruebas  decisivas.  Hace  muy  bien  en  poner  in- 
terrogante á  las  voces  Gebala  y  Gebalaega,  aplicados  por  la  sino- 
nimia á  Guevara  y  Galarreta.  La  primera  reducción  es,  á  mi  en- 


30       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

tender,  felicísima;  la  segunda  se  apoya  en  la  congruencia  del  si- 
tio, ya  que  no  en  la  del  nombre.  Pero  Guevara  y  Galarreta  salen 
al  encuentro  en  el  camino  tolemaico  donde  debían  estar  Gebala 
y  Gehalaeca,  reconocido  é  inventariado  hasta  la  Sierra  de  San 
Adrián  por  el  Sr,  Coello.  Este  camino  arrancaba  de  Tüllonium, 
buscaba  primero  la  cuenca  del  Oria  y  en  seguida  la  del  Urola, 
V  terminaba  en  Zumaya,  población  adonde  yo  reduzco  la  Mexos- 
CA  de  Tolomeo. 

Permítame  con  este  motivo  mi  afectuoso  compañero  que  le  ad- 
vierla  un  olvido  del  grabador  en  el  mapa.  Fáltale  interrogante  al 
nombre  Yennia,  escrito  sobre  el  despoblado  de  I  ruña,  cuando  el 
Sr.  Coello,  en  la  página  111  de  su  discurso,  califica  de  muy  du- 
dosa semejante  reducción  en  que  formó  empeño  D.  Miguel  Cor- 
tés y  López.  Ningún  autor,  fuera  de  Plinio,  cita  á  los  Yennenses 
ó  Venüesi,  como  hallo  en  un  antiguo  códice  no  explorado  toda- 
vía. Pero  veamos  qué  dice  Plinio.  Dice:  «Al  convento  de  Clunia 
(Córuna  del  Conde)  los  Várdulos  envían  á  litigar  catorce  pue- 
blos, de  los  que  no  quiero  nombrar  sino  el  de  Álava  (Salvatie- 
rra); y  los  TuRMÓDiGOS  (Burgaleses)  mandan  cuatro,  siendo  de 
ellos  Segisamox  y  Segisama-iulia.  Al  mismo  convento  van  los 
Carietes  y  Yennenses  con  cinco  ciudades,  entre  los  cuales  se 
cuenta  Yelia  (EstavilloJ.  Los  Pelendones,  gente  celtíbera,  acu- 
den con  cuatro  pueblos. >^ 

Entiendo  ser  la  mente  de  Plinio  citar  á  los  Yennenses  como 
región,  puesto  que  enviaban  ciudades  á  la  Ghancillería  de  Gllnia. 
Y  es  indudable  para  mí  que  así  como  en  los  Carieles  alude  á  los 
Caristos,  en  los  Yennenses  se  refiere  Plinio  á  los  Yerones;  los 
rúales  jnnlamcnle  con  los  Caristos  y  Yárdulos  formaban  en  el 
siglo  VI I  i  ol  obispado  de  Alisanco,  hoy  Alesanco  en  la  Rioja. 
Estoy,  pues,  muy  lejos  de  fantasear  con  el  nombre  pliniano  una 
región  Yennira,  aunque  sí  pudo  existir  una  gente  en  aquella  co- 
marca donde  están  enclavados  Rioberca,  Santovenia,  Montes  de 
Oca  (Ai:cÁ)  y  Tampuerca;  ó  sea  desde  la  margen  izquierda  del 
río  Oca  y  los  pueblos  terminales  de  Piedrahita,  Villaescusa,  la 
Solana  y  Villaescusa  la  Soinl»ría,  hasta  el  río  Yona,  al  Nordeste 
do  Htirgos.  Ya  ve  la  Academia  que  hasta  en  el  olvido  de  un  in- 
forrng;mio  paro  l;i  .itención  para  demostrar  con  cuánta  he  exa- 


geografía  romana  de  la  províncía  be  Álava  31. 

minado  el  trabajo  de  nuestro  dignísimo  compañero;  y  que  á 
falta  de  otra  cosa  reparo  en  los  tildes  más  insiguiñcautes. 

Procediendo  con  el  pulso  que  le  distingue,  se  abstiene  de  lle- 
var al  plano  topográfico  la  oportuna  y  en  mi  juicio  feliz  reduc- 
ción de  la  tolemaica  Thábuga  ó  la  moderna  Avalos;  y  estampa 
con  interrogante  el  nombre  de  Túlliga  sobre  el  moderno  lugar 
de  Tuyo,  frente  á  la  Puebla  de  Arganzón,  á  pesar  de  no  ser  con- 
jetura infundada.  Tanto  cuidado  pone,  á  ley  de  excelente  crítico, 
en  deslindar  bien  lo  escrito,  lo  dudoso,  lo  conjetural  y  vero- 
símil. 

Voy  á  concluir,  no  sin  pediros  antes  indulgencia  por  lo  difuso 
y  desaliñado  de  este  informe,  haciéndome  cargo  de  tres  puntos 
en  que  descubre  cierta  vacilación  nuestro  colega,  no  omite  opi- 
nión decisiva,  aplazándola  para  la  provincia  que  les  corresponde; 
pero  sobre  los  cuales  hace  tiempo  que  tengo  escrito  y  publicado 
algo. 

Primero;  ¿Dónde  estuvo  la  ciudad  Várdula  Tritium  Tobolicum? 
Veíase  enclavada  en  la  provincia  de  Guipúzcoa.  Mela,  que  reco- 
rre los  lugares  próximos  á  las  costas,  da  seguras  señas  de  esta 
población,  diciendo  que  el  río  Deva  la  ciñe.  <íDeva  Tritium  To- 
BOLicuM  attingit.y>  Con  efecto,  el  Deva,  una  legua  antes  de  per- 
derse en  el  mar,  ciñe  á  Mendaro,  cuyo  elevado  monte  de  Santa 
Cruz  y  Santa  Ana,  con  Mendaro  el  viejo  ó  su  falda,  viene  á  for- 
mar una  península;  y  une  allí  ambas  orillas  un  puente  levantado 
sobre  los  muros  de  otro  romano  tendido  en  mitad  del  cauce. 
Vestigios  patentes  de.romana  vía  siguen  por  la  falda  de  la  mon- 
taña sobre  el  arroyo  de  Quilimón,  famoso  por  su  fuente  interca- 
dente; y  no  se  interrumpen  en  dirección  de  Cestona.  Yo  los  he 
recorrido  también  por  cima  de  los  baños  de  esta  villa,  de  la  cual 
se  acuerda  el  Ravenate,  en  un  camino  costeño,  nombrándola 
Cestonia. 

Tricio  Tubórigo  estuvo  en  Mendaro  el  viejo;  su  puerto  quizá 
en  la  actualidad  villa  de  Deva;  y  Motrico,  al  Noroeste  (Menstri' 
tius)  debió  ser  su  límite  en  los  Caristos,  como  lo  es  hoy  de  Gui- 
púzcoa con  Vizcaya. 

Segundo  punto.  En  mi  Libro  de  Sardoña  fijo  en  Castro  Morca 
la  Móreca  de  los  Cántabros  que  los.  vascongados  han  querido 


:i-J  HOI.ETIN    DE    LA    REAL    ACADE.NHA    DE    LA    HIST0RL4, 

traer  al  confiado  de  Treviño,  identificándole  con  Moraza.  Castro- 
Morca  retiene  casi  intacto  el  nombre  de  Móreca;  allí  existen  ro^ 
manas  antigüedades,  y  el  sitio  es  el  mismo  que  determina  Tolo- 
meo,  en  lo  más  meridional  de  la  Cantabria,  vecino  á  los  Turmó- 
digos  de  Sasamon.  La  hispana  Segisamon  partía  lindes  con  la 
Legión  Cuarta  Macedónica,  como  expresa  una  piedra  terminal 
¡nt''dila.  hallada  al  Noroeste  y  no  lejos  de  aquel  pueblo.  Legio  iiii 
se  lia  reducido  al  sitio  de  las  Finestrosas,  sin  otro  motivo  que  el 
de  haber  por  su  término  diez  ó  doce  piedras  divisorias  del  prado 
de  la  Legión  cuarta  y  del  campo  Julio  hrigense.  Para  mí,  después 
de  nuevo  y  detenido  estudio,  es  casi  indudable  que  un  golpe  de 
soldados  de  esta  Legión  {la  cual  permaneció  en  España  desde 
Octaviano,  hasta  que  el  Emperador  Claudio  César  la  hizo  trasla- 
dar á  las  márgenes  del  Rhin),  estuvieron  acuartelados  en  Vellica 
lElecha)  y  en  Amaga,  dándole  su  nombre  de  Legio  Quarta  y  te- 
niendo por  suyos  como  jurisdicción  propia  desde  las  Finestrosas 
hasta  Santamaría  de  Aranuñez,  desde  Aguilar  de  Gampoó  á  Pie- 
dra, y  Villanueva  de  Puerta,  y  desde  Sobrepenilla  á  la  Dehesa  de 
Romanos.  Aparece  en  seguida  perfectamente  circunscrito  el  terri- 
torio de  Morca,  desde  Villadiego  al  confín  occidental  de  los  Au- 

TR  ICONES. 

Ultimo  punto:  ¿Dónde  fué  Secontia  Parámica?  Dice  Plinio 
III-3-27),  que  los  nombres  de  Sigi'ienza  y  de  Osma  se  hallaban 
repelidos  en  diversas  regiones:  aSecontia  et  IJxama,  quae  nomina 
rrebro  aliis  in  locis  usurpantur.o  Con  esto  no  extrañaríamos  ha- 
llar varias  Sigüenzas  en  Tolomeo,  si  dos  de  ellas  no  llevasen  la 
misma  calificación  de  Parámicas  ó  del  Páramo,  colocando  la  una 
••n  los  VÁnnuLOs  y  la  otra  cu  los  Vacgéos,  sin  que  cite  la  que  debió 
o.x¡stir  seguramente  en  los  Autrigones,  supifesto  que  allí  tenemos 
hoy  ol  lugar  de  Sigfienza  del  Páramo  cerca  de  Villarcayo.  ¿Pu- 
dieron coexistir  nada  menos  que  tres  con  el  mismo  apodo?  En  lo 
posible  cabe;  pero  yo  lo  dudo.  No  sería  este  el  caso  único  de  sa- 
••ar  Tolonieo  do  su  propia  región  una  ciudad,  y  llevarla  á  territo- 
rio diferente.  Dien  recordáis  que  de  ello  ofrece  repetidos  ejem- 
plares. Si  en  .Vlava  y  Guipúzcoa  hubo  una  Secontia  Parámica, 
biisijueítc  en  un  páramo,  esto  es,  en  un  campo  desierto,  desnudo, 
riho  y  frió.  Mionlras  parece,  satisfagamos  la  identidad  de  los  dos 


GEOíVRAFÍA   llOMANA    DE    LA    PROVINCIA   DE   ÁLAVA.  33 

nombres  iguales  citados  por  Tolomeo,  y  la  del  pueblecillo  húr- 
gales; y  téngase  presente  que  Sigüenza  del  Páramo  está  en  el 
confín  de  los  Autrigones  con  los  Cántabros  en  dirección  de  Ju- 

LIOBRIGA. 

He  concluido.  El  Sr.  Goello  insta  ú  sus  compañeros  porque  le 
dirijan  observaciones  sobre  un  nuevo  estudio;  y  asi  se  me  ad- 
vierte en  la  comunicación  de  Secretaria.  Yo,  el  menos  compe- 
tente, el  último  de  todos,  hago  lo  poquísimo  que  en  mí  es.  Su- 
plan mis  excelentes  colegas  lo  que  me  falta;  y  todos  á  una  esti- 
mulen al  Sr.  D.  Francisco  á  dar  cima  á  esta  empresa  que  ha  de 
realzar  tanto  el  buen  nombre  de  España. 

Madrid  16  de  Febrero  de  1876. 

AuRELiANO  Fernandez  Guerra  y  Orbe. 


Vil. 


CORRESPONDENCIA  AUTÓGRAFA  DE  CARLOS  VI  DE  AUSTRIA. 

El  que  suscribe  ha  examinado  la  obra  que  con  el  título  de 
Eigenhandige  Correspondenz  des  Konigs  Karl  III  von  Spanien, 
ha  publicado  en  Viena,  y  presenta  hoy  á  nuestra  Academia  el 
consejero  áulico,  caballero  Alfredo  Von  Arneh,  Director  de  los 
Archivos  Imperiales  de  aquella  capital. 

Comprende  dicha  obra,  según  lo  declara  su  título,  la  corres- 
pondencia original  y  autógrafa  del  archiduque  Carlos,  hijo  se- 
gundo del  Emperador  Leopoldo  I,  con  el  gran  canciller  del  rei- 
no de  Bohemia  el  conde  .fiian  Wenzel  Wratislaw,  abrazando  un 
período  de  dos  años  y  siete  meses,  desde  el  17  de  Enero  de  1705 
hasta  el  8  de  Octubre  de  1711  en  que  murió  el  citado  canciller. 
Y  como  quiera  que  este  archiduque  Carlos  es  el  mismo  que 
habiéndose  dos  años  antes  hecho  proclamar  en  Viena  «Rey  de 


34  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

España  y  de  las  Indias,»  desembarcó  primeramente  en  Lisboa  y 
más  tarde  en  Barcelona,  y  sostuvo  con  las  armas  sus  pretendidos 
derechos  al  trono  español,  es  evidente  que  su  correspondencia 
epistolar,  nunca  antes  impresa,  había  de  arrojar  nueva  luz,  no 
sólo  sobre  la  historia  de  la  casa  de  Austria,  sino  también  sobre 
la  de  nuestra  Península,  donde  aclamado  j  reconocido  por  las 
provincias  del  antiguo  reino  de  Aragón,  hubo  de  encenderse  la 
civil  contienda  conocida  bajo  el  nombre  de  «Guerra  de  sucesión.» 

Da  principio  á  la  correspondencia  una  carta  autógrafa  del  Ar- 
chiduque para  el  citado  canciller,  en  que  se  da  cuenta  de  los 
preparativos  que  en  Inglaterra  y  Holanda  se  estaban  haciendo, 
así  como  del  apresto  de  una  gruesa  armada  que  debía  traerle  á  la 
costa  de  la  Península;  y  concluye  con  otra,  fecha  á  bordo  del  na- 
vio Blenhesin  el  8  de  Octubre  de  1711,  cuando  desesperado  el  Ar- 
chiduque de  afianzar  en  sus  sienes  la  corona  de  España  se  dispo- 
nía ya  á  darse  á  la  vela,  de  vuelta  á  sus  dominios,  habiendo  poco 
antes  heredado  el  Imperio  por  muerte  de  su  hermano  mayor,  el 
Emperador  de  Alemania,  José  I. 

Son  todas  ellas  de  carácter  privado  y  confidencial  y  están  en 
su  mayor  parte  dirigidas  al  conde  Wratislaw,  según  arriba  que- 
da dicho;  pero,  aunque  escritas  desde  Valencia,  Barcelona,  el 
campo  de  Villa  verde,  Daroca,  etc.,  son  escasas  las  noticias  que 
contienen  de  la  guerra  entre  imperiales  y  ñlipistas,  limitándose 
el  archiduque  á  recomendar  el  pronto  despacho  de  sus  negocios 
particulares  en  Alemania  y  procurar  por  todos  los  medios  posi- 
bles el  triunfo  de  sus  armas,  gobernadas  á  la  sazón  por  el  prín- 
cipe Eugenio  de  Saboya  y  el  inglés  Marlborough;  como  si  las 
bi-illantes  campañas  de  estos  ilustres  generales  hubieran  de  influir 
en  el  éxito  de  su  propia  causa  y  sentarle  en  el  trono  español. 

Era  el  conde  de  Wratislaw  uno  de  los  principales  ministros 
de  Leopoldo  I.  Nacido  en  1670  de  una  familia  ilustre,  fué  nom- 
brado asesor  de  la  Cancillería  Bohemia,  cuando  contaba  apenas 
25  años,  y  do  tal  manera  supo  granjearse  el  aprecio  y  confianza 
de  aquel  monarca,  padre  del  archiduque,  que  después  de  la  ab- 
dicación (le  Jacobo  II  de  Inglaterra,  y  advenimiento  al  trono  de 
<luill(^rmodeOrange,  se  le  confió  la  difícil  misión  de  procurar 
una  liga  ofensiva  y  defensiva  entre  Inglaterra,  Holanda,  Austria 


CORRESPONDENCIA   AUTÓGRAFA    DE    CARLOS    VI    DE    AUSTRIA.        35 

y  Saboya  contra  Luis  XIY  de  Francia,  liga  cimentada  con  15 
años  de  guerra  y  que  termino  con  la  paz  de  Utrecht  en  1713. 
Nombrado  sucesivamente  para  los  más  altos  cargos  del  imperio, 
y  últimamente  gran  canciller  de  Bohemia  en  1705  el  conde 
hubo  de  acompañar  al  archiduque  en  su  navegación  desde  uno 
de  los  puertos  de  Holanda  hasta  Lisboa,  formando  parte  de  su 
consejo  privado  durante  su  permanencia  en  aquella  capital,  si 
bien  no  pudo  por  su  falta  de  salud  seguirle  hasta  Barcelona. 

Este  es  el  personaje  á  quien  el  Archiduque  dirige  sus  cartas, 
en  las  cuales,  según  arriba  queda  enunciado,  hay  pocos  detalles 
de  la  guerra  llamada  «de  sucesión,»  si  bien  los  hay,  y  muy  inte- 
resantes, de  las  negociaciones  secretas  entre  Austria  y  Holanda, 
juntamente  con  Inglaterra,  interesadas  como  lo  estaban  en  arran- 
car á  la  Francia  el  País  Bajo  y  el  ducado  de  Milán,  de  que 
Luis  XIV  se  había  apoderado. 

La  publicación  de  esta  correspondencia  está  hecha  con  el  es- 
mero que  debía  esperarse  del  caballero  Von  Arneh,  autor  de  otras 
varias  obras  históricas,  vicepresidente  de  la  Academia  Imperial  de 
Ciencias  de  Viena,  y  Director  del  Archivo  Cesáreo;  archivo,  en  que 
sea  dicho  de  paso,  se  custodia  aparte  de  muchos  papeles  originales 
del  reinado  de  Carlos  V,  toda  la  correspondencia  de  Luis  Praet, 
D.  íñigo  de  Mendoza,  Eustaquio  Chappuys,  E.  Vandervyst  y  otros 
embajadores  de  aquel  monarca  en  Inglaterra,  Francia  y  Saboya. 

Ofrece  el  autor  dar  á  luz  en  breve  plazo  otra  correspondencia 
del  mismo  Archiduque,  con  su  padre  y  hermano,  en  que  más  de 
lleno  se  tratan  los  asuntos  de  la  Península,  y  el  que  suscribe  tie- 
ne la  seguridad  de  que  siempre  que  nuestra  Academia  necesite 
noticias  del  Archivo  Imperial,  le  hallará  dispuesto  á  comunicar- 
las. Por  cuya  razón,  y  la  de  no  haber  en  él  día  ningún  corres- 
pondiente en  la  capital  del  imperio  austríaco,  el  informante  se 
atreve  á  proponer  que  se  le  nombre,  confiriéndole  así  el  honor  de 
pertenecer  á  nuestra  Academia,  como  en  carta  particular  lo  soli- 
cita. La  Academia  en  su  mejor  acuerdo  decidirá  lo  que  sea  más 
conveniente. 

Madrid  15  de  Junio  de  1871. 

Pascual  de  Gayangos. 


3ü  holetín  de  la  rkal  academia  de  la  historia. 

VTII. 

CARTAS  DE  CARLOS  VI  DE  AUSTRIA  AL  BARÓN  DE  FREISHEIM. 


Excrao.  Sr.:  He  examinado  detenidamente  las  copias  de  las 
doce  cartas  relativas  á  la  guerra  de  sucesión  que  remitió  á  la  Aca- 
demia el  Sr.  Pietter  Arend  Seuppe,  correspondiente  en  Utrecht; 
y  al  devolvérselas  tengo  el  honor  de  exponer  mi  parecer  sobre  di- 
chos documentos. 

Aunque  las  copias  que  los  reproducen  no  vengan  debidamente 
certificadas  con  la  firma  del  señor  remitente,  como  la  Academia 
tendrá  la  debida  confianza  en  su  veracidad,  bastará  para  probar 
que  son  auténticas  la  misma  comunicación  firmada  con  que  las 
ha  remitido,  procediendo  indudablemente  los  originales  de  la  fa- 
milia ó  herederos  del  teniente  general  barón  de  Freisheim,  jefe 
superior  que  fué  en  España  del  cuerpo  de  tropas  holandesas  que 
auxilió  al  archiduque  Garlos  en  sus  campañas  contra  Felipe  V  en 
170G  y  1707. 

De  las  doce  copias  de  cartas  antedichas,  nueve  lo  son  de  las  que 
escribió  el  Archiduque  á  aquel  personaje  cuando  era  gobernador 
en  Lérida  y  comandante  general  de  toda  la  ribera  catalana  del 
Ebro.  Están  fechadas  en  Barcelona  entre  el  19  de  Mayo  y  el  l4  de 
Noviembre  de  1707.  Aunque  se  refieren  á  disposiciones  del  Archi- 
duque para  la  defensa  de  aquel  principado  cuando  después  de  per- 
dida por  sus  tropas  la  batalla  de  Almansa  le  invadieron  las  de  su 
contrario,  sitiando  ytomando  á  Lérida  y  á  Tortosa  luego,  no  ex- 
plican ningún  hecho  de  la  campaña  de  aquel  año,  y  así  resulta 
mucho  menor  el  interés  que  inspiran  estos  documentos,  en  uno 
de  los  cuales  anuncia  el  príncipe  austríaco  al  general  holandés, 
su  enlace  con  Isabel  Cristina  Brawuswick  VolíTens-buttel.  Son, 
sin  embargo,  de  importancia  como  precedentes  de  un  pretendiente 
á  la  corona,  que  dejó  muy  pocas  huellas  en  España,  y  de  una 
épora  en  que,  más  que  ninguna  otra  de  las  modernas,  escasean 
originales  en  nuestros  archivos  hasta  el  punto  de  no  haber  en- 


CARTAS  DE  CARLOS  VI  DE  AUSTRIA  AL  BARÜX  DE  FREISHEIM.        ^37 

centrado  el  que  suscribe  en  el  de  Simancas,  las  relaciones  oficia- 
les de  las  batallas  de  la  Gudiña,  Almausa,  Almenara,  Zaragoza  y 
Villa  viciosa,  las  de  mayores  resultados  en  la  larga  guerra  de  su- 
cesión. Las  nueve  cartas  del  Archiduque  á  que  me  refiero,  como 
redactadas  por  un  secretario  español,  lo  están  en  bastante  buen 
castellano,  aunque  con  el  modismo  austríaco  reemplaza  algunas 
veces  el  sentimiento  á  la  persona,  como  por  ejemplo:  mi  amor  os 
recomienda:  mi  confianza  en  vos  espera,  etc. 

Las  otras  tres  cartas  no  son  del  Archiduque  pretendiente,  sino 
escritas  de  orden  suya  al  mismo  Freisheim  por  sus  ministros  ó 
secretarios  D.  Antonio  Borneo  Anderas,  y  D.  Ramón  del  Llano 
Perlas,  en  Setiembre  del  mismo  año  de  1707,  y  sólo  comunican 
avisos  y  ligeras  instrucciones. 

La  remisión  de  las  doce  copias  de  todos  modos  es  muy  de  agra- 
decer al  señor  correspondiente  Leuppe,  y  sometiendo  mi  juicio 
al  superior  de  la  Academia,  opino  que  se  le  conteste  por  la  secre- 
taría, agradeciéndole  la  prueba  que  con  ella  ha  dado  de  su  inte- 
rés por  nuestras  averiguaciones  históricas. 

Madrid  10  de  Mayo  de  1872. 

Jacobo  de  LA  Pezuela. 


IX. 


TRATADO  ELEMENTAL  JE  DESECHO  INTERNACIONAL  MARÍTIMO, 
POR  D.  IGNACIO  DE  NEGRÍN. 


En  desempeño  de  la  comisión  de  examinar  la  obra  intitulada 
Tratado  elemental  de  derecho  internacional  marítimo,  por  D.  Ig- 
nacio de  Negrín,  y  de  informar  á  la  Academia  lo  que  se  ofreciese 
y  me  pareciese  acerca  de  ella,  cumplo  el  grato  deber  de  emitir  mi 
dictamen  favorable  á  su  autor,  con  tanta  más  seguridad  cuanto 
mi  juicio  viene  después  del  formado  en  igual  sentido  por  una 
Corporación  docta  y  conipetente. 


38  boletín  de  la  real  academlv  de  la  historia. 

Es  tan  manifiesta  la  necesidad  de  que  los  oficiales  de  nuestra 
Marina  militar  posean  cierta  suma  de  conocimientos  relativos  al 
derecho  internacional,  así  en  tiempo  de  paz  como  de  guerra, 
cuanto  que  allí  está  la  patria  donde  está  el  pabellón  que  acredita 
la  existencia  de  un  Estado  soberano,  ya  se  arbole  en  las  inmen- 
sas soledades  del  Océano,  ya  en  las  playas  más  remotas  del  globo. 
El  oficial  de  la  Armada  á  quien  se  confía  el  mando  de  un  buque, 
es  á  veces  el  único  representante  del  Gobierno  supremo  de  la  na- 
ción cerca  do  una  potencia  situada  á  millares  de  leguas  de  su  pa- 
tria, y  á  veces  el  centinela  avanzado  que  protege  la  persona  y  la 
propiedad  de  sus  conciudadanos  en  momentos  de  conflicto,  de  que 
sólo  puede  salvarlas  la  firme  resolución  de  exigir  el  respeto  de- 
bido á  la  bandera. 

Así,  pues,  el  oficial  de  marina,  llegado  el  caso,  negocia  y  com- 
bate, invoca  el  derecho  ó  usa  de  la  fuerza.  Si  para  bien  emplear 
las  armas  recibe  una  educación  militar,  para  Lien  conducirse  en 
sus  relaciones  de  un  Estado  con  otro  necesita  conocer  los  princi- 
pios y  reglas  del  derecho  internacional  marítimo,  y  muy  particu- 
larmente los  tratados  y  convenios  ajustados  entre  el  Gobierno  de 
su  nación  y  las  potencias  extranjeras  en  cuanto  al  derecho  inter- 
nacional marítimo  se  refiera. 

No  acertamos  á  explicar  cómo  no  se  comprendió  así  desde  hace 
mucho  tiempo,  y  por  qué  en  nuestras  escuelas  navales  no  fué 
hasta  poco  há  semejante  estudio  obligatorio.  Debemos  aplaudir 
esta  reforma  sobre  seguro,  considerando  que  son  pocos  los  libros 
(le  derecho  internacional  que  poseemos  en  España,  habiéndonos 
quedado  muy  rezagados  do  Europa,  donde  abundan.  En  el  siglo  xvi 
florecieron  Vitoria,  Soto  y  el  famoso  jesuíta  Suarez,  bien  cono- 
cido do  los  filósofos,  teólogos  y  jurisconsultos  por  su  tratado  De 
legibui  ac  Deo  legislatore.  En  nuestros  días,  sin  negar  el  mérito 
de  algunos  libros  elementales,  como  los  que  publicaron  Pando, 
Ui(iuelme  y  otros  varios  autores  que,  si  no  de  propósito,  por  in- 
«•idencia  discurrieron  sobre  varias  materias  relativas  al  derecho 
inleniarional,  ó  siguiendo  como  Castillo  las  huellas  de  Abreu  y 
Mcrtodano,  formaron  colecciones  de  tratados  y  convenios  celebra- 
dos por  los  monarcas  españoles  con  diversas  potencias,  es  lo  cierto 
(|U(>  su<  iionilires,  no  sólo  no  pueden  ponerse  en  parangón  con  los 


TRATADO  DE  DERECHO  INTERNACIONAL  MARÍTIMO.       39 

ilustres  que  hemos  citado,  pero  ni  tampoco  llegan  al  nivel  de 
Gauchy,  Wlieaton,  Klüber,  Heífter  y  otros  que  honran  á  Fran- 
cia, Alemania  y  los  Estados-Unidos,  y  gozan  hoy  de  grande  auto- 
ridad en  el  mundo. 

Persuadido  el  Sr,  Negrín  de  que  podía  prestar  un  importante 
servicio  al  Cuerpo  de  la  Armada,  acaba  de  publicar  el  libro  de  que 
damos  cuenta,  el  cual  en  corto  volumen  encierra  excelente  doc- 
trina tocante  al  derecho  internacional  marítimo,  que  nos  ofrece 
una  agradable  ocasión  de  examinarlo  y  juzgarlo  iitil  á  la  ense- 
ñanza. 

Empieza  el  autor  con  un  bosquejo  histórico  del  derech'o  inter- 
nacional en  los  tiempos  antiguos,  en  la  Edad  Media  y  en  la  mo- 
derna. En  breves  páginas  condensa  lo  sustancial  del  asunto,  sin 
detenerse  en  ninguno  para  ilustrarlo,  como  seguramente  lo  hu- 
biera hecho  si  al  descender  á  pormenores  no  estuviese  reñido  con 
el  plan  de  su  obra.  Entonces  se  le  hubiera  ocurrido  probar  loque 
presume,  esto  es,  que  los  pueblos  de  la  antigüedad  celebraron 
pactos  ó  tratados  internacionales,  dando  origen  al  derecho  de  las 
gentes  secundario  ó  positivo.  Sin  referir  los  diversos  tratados  de 
alianza  y  navegación  que,  según  el  testimonio  de  Tucídides,  ajus- 
taron las  ciudades  de  la  Grecia  con  motivo  de  la  guerra  del  Pelo- 
poneso,  en  las  cuales  no  se  olvidaban  los  intereses  del  comercio 
ni  los  de  la  política,  tan  enlazados  con  la  dominación  de  los  ma- 
res, consta  por  el  texto  de  Polibio  que  los  hubo  de  comercio  y  na- 
vegación entre  Roma  y  Gartago  desde  una  época  no  muy  poste- 
rior á  la  expulsión  de  los  Tarquines. 

Estipularon  estas  dos  repúblicas  rivales  que  los  romanos  nave- 
garían dentro  de  ciertos  límites;  que  sólo  en  caso  de  peligro  to- 
marían puerto  fuera  de  ellos  por  cinco  días;  que  los  mercaderes 
que  fuesen  á  Gartago  no  pagarían  ningún  tributo;  que  la  fe  pú- 
blica.protegería  al  vendedor,  y  que  todos  serían  juzgados  con  equi- 
dad en  sus  causas  y  negocios.  En  otro  se  obligaron  los  romanos  á 
no  trancar,  piratear  y  formar  colonias  más  allá  de  tales  cabos  ó 
promontorios;  á  no  entrar  en  ningún  puerto  del  África  ó  la  Ger- 
deña,  sino  el  tiempo  necesario  á  reparar  sus  naves  ó  proveerse  de 
víveres;  y  convinieron  que  en  la  Sicilia  Cartaginesa,  lo  mismo 
que  en  Gartago,  gozasen  los  romanos  de  la  libertad  de  negociar  y 


40  boletín   t)E    LA   REAL   ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

disfrutasen  de  iguales  beneficios  que  los  cartagineses,  á  cambio 
de  que  estos  fuesen  considerados  en  Roma  como  romanos.  Véa- 
se (1),  pues,  cómo  no  es  del  todo  exacto  decir  con  el  Sr.  Negrín 
que  el  derecho  internacional  en  la  primera  época  de  su  historia 
se  resume  en  la  legislación  interior  de  cada  país. 

Tampoco  hay  completa  exactitud  en  afirmar  que  el  pueblo  ro- 
mano hubiese  continuado  siempre  despreciando  el  comercio  ma- 
rítimo, aunque  tal  sea  la  opinión  generalmente  recibida.  Estima- 
ba en  poco  la  profesión  de  los  vendedores  á  la  menuda,  regatones 
y  mercaderes  de  drogas,  perfumes,  artículos  de  primera  necesi- 
dad y  bagatelas  para  el  uso  del  sexo  femenino,  pero  no  tenía  por 
deshonrosas  las  grandes  especulaciones  mercantiles  por  mar  y 
tierra.  Cicerón,  en  su  libro  De  officiis^  dice:  Mercatura...  magna 
et  copiosa...  non  est  admodum  vitupera^ida.  Ciertos  Emperadores 
mostraron  empeño  en  favorecer  el  comercio  y  la  navegación.  De 
Alejandro  Severo  cuenta  Elio  Lampridio  que  negotiatoríbus^  ut 
Romam  volentes  concurrerent^  maximam  immunitatern  dedit.  La 
incorporación  de  las  leyes  rodias  al  derecho  común,  las  estaciones 
navales  en  diversos  mares,  la  guerra  continua  á  los  piratas  que 
los  infestaban,  la  construcción  de  puertos  y  las  obras  que  acome- 
tían para  facilitar  la  navegación  de  los  ríos,  muestran  que  los  ro- 
manos, si  no  estuvieron  poseídos  del  espíritu  mercantil  de  los  ti- 
rios, los  rodios  y  los  cartagineses,  tuvieron  al  fin  una  política  co- 
mercial (¡ue  Constantino  llevó  á  Bizaucio,  ala  entrada  del  Ponto, 
cuya  admirable  situación  la  hizo  emporio  de  todas  las  riquezas' de 
Europa  y  del  Asia. 

Son  estos  toques  dedicados  al  cuadro  de  la  historia  delineado 
por  el  Sr.  Negrín,  que  no  afectan  á  la  ciencia;  y  volviendo  á  su 
libro,  entra  el  autor  en  materia  exponiendo  los  principios  del  de- 
recho internacional,  preliminares  necesarios  á  la  inteligencia  del 
marítimo,  objeto  de  la  obra. 

Divide  el  asunto  en  dos  partes  principales,  á  saber:  derecho in- 
tcrnacioiUi-1  marítimo  en  tiempo  de  paz  y  en  estado  de  guerra; 
consagra  un  título  especial  A  las  presas  marítimas  y  concluye 


(1)    Tliucydides,  De  Mío  Pelop.,  lib.  i;  Polyb.,  fíist.,  lib.  iii,  22,  23,  24;  Hist.  de  la 
tconomia  potitica  en  España,  cap.  a,  1. 1,  pág.  12. 


TRATADO  DE  DERECHO  INTERNACIONAL  MARÍTIMO.       41 

con  un  apéndice  en  el  cual  extracta  los  tratados,  ordenanzas  y 
disposiciones  dictadas  por  el  Gobierno  de  España  de  más  frecuen- 
te uso  y  aplicación  á  las  cuestiones  que  se  ventilan  en  el  texto. 

Recomiendan  el  libro  del  Sr.  Negrín  el  método  verdaderamente 
didáctico  que  observa  el  autor  al  desarrollar  el  plan  de  la  obra, 
la  claridad  en  la  exposición  de  la  doctrina  y  el  buen  criterio  en 
los  casos  dudosos,  y  como  tales  sujetos  á  controversia. 

En  resolución,  es  el  libro  que  analizamos  un  excelente  Tratado 
elemental  de  derecho  internacional  marítimo,  que  si  no  satisface 
por  su  brevedad  á  quien  desea  profundizar  la  materia,  puede  y 
debe  contentar  al  lector  más  modesto  que  sólo  aspira  á  conocer 
los  principios  en  que  descansa. 

No  pretende  el  Sr.  Negrín  el  mérito  de  la  originalidad  ó  de  la 
profundidad,  como  autor  de  una  obra  de  derecho  internacional. 
Su  ambición  se  limita  á  ser  ütil  á  la  juventud  que  aspira  á  servir 
al  Estado  en  la  marina  de  guerra;  y  en  efecto,  el  Gobierno  le  hizo 
justicia  al  escogerla  para  texto  délas  escuelas  naval  y  flotante  y 
las  Academias  del  cuerpo  administrativo  de  la  Armada. 

Madrid  16  de  Mayo  de  1873. 

Manuel  Colmeiro. 


HISTORIA  ECLESIÁSTICA  Y  CIVIL  BE  NUEVA-GRANADA, 
POR  D.  JOSÉ  MANUEL  GROOT. 


Con  el  título  de  Historia  eclesiástica  y  civil  de  Nueva- Granada 
ha  escrito  el  Sr.  D.  José  Manuel  Groot,  ciudadano  de  aquella  Re- 
pública, una  preciosa  obra,  digna  de  atención  y  estudio,  y  que  ha 
publicado  en  los  tiempos  que  median  del  69  al  71.  Consta  la  His- 
toria  de  Nueva- Granada,  de  tres  tomos  gruesos  en  4.°,  de  impre- 
sión compacta  y  de  unas  600  páginas  cada  uno,  que  dan  de  sí  una 


42  BOLETÍN   DE   LA   REAL   AGADEMLA    DE    LA    HISTORL\. 

cantidad  enorme  de  lectura,  y  desde  luego  acredita  eii  esta  condi- 
ción extensa  de  su  entidad,  como  decimos  eii  la  moderna  jerga 
escolástica,  que  es  un  trabajo  prolijo  y  concienzudamente  elabo- 
rado. 

Principia  la  Historia  de  la  Nueva-Granada  desde  el  año  de  1514, 
en  que  el  activo  y  valiente  descubridor  Vasco  Nuñez  de  Balboa, 
envió  ;í  pedir  se  le  nombrase  Gobernador  del  país  que  dominaba 
Castillo  del  Oro,  y  se  vio  malamente  suplantado  por  Pedrarias 
Dávila,  de  funesto  recuerdo.  Avanza  el  tomo  i  hasta  el  año  1780, 
siendo  todo  el  libro  parte  de  nuestra  historia  nacional,  pues  vi- 
vían aquellos  países  con  la  vida  de  la  Madre  patria. 

La  rapacidad  é  inicuas  exacciones  de  las  autoridades,  dieron 
motivo  en  aquel  país  á  la  sublevación  de  los  Comuneros  del  So- 
corro que  secundaron  los  movimientos  insurreccionales  de  los 
indios  del  Perú,  acaudillados  por  Tupac- Amaro.  Así  que  el  tomo  ii 
principia  en  el  capítulo  73  (pues  el  autor  no  divide  en  épocas  ni 
en  libros)  el  movimiento  insurreccional  de  aquellos  países,  que 
coincidió  con  la  revolución  francesa  y  la  independencia  norte- 
americana; y  avanza  hasta  fines  de  1819  en  que  la  torpeza  de  las 
autoridades  españolas  por  una  parte,  la  destreza  de  Bolívar  por 
otra  y  la  sublevación  de  Riego  sobre  todo,  concluyeron  con  la 
dominación  española  en  aquel  país.  Así  que  el  tomo  iir  contiene 
ya  solamente  la  historia  del  establecimiento  de  la  República  por 
Bolívar,  después  de  la  derrota  de  Boyacá  y  entrada  de  éste  en 
Santa  Fe. 

El  tomo  III  de  cerca  de  700  páginas,  contiene  en  los  capítulos  68 
á  lOG  la  iiistoria  délos  diez  años  de  Ja  República  Colombiana, 
que  puede  decirse  murió  con  Bolívar  al  espirar  éste  en  1830. 

Tal  es  el  conjunto  y  la  parte  externa  de  la  Historia  de  Nueva- 
(iranada,  por  elSr.  Groot:  Tomo  i. — Los  tres  siglos  de  la  domina- 
c'u'm  española  (1514-1780);  Tomo  ii. — Período  insurreccional  ó  de 
transición  (1780-1820);  Tomo  iii.— República  Colombiana  en  los 
diez  años  Áltimos  do  la  vida  de  Bolívar  (1820-1830).  Resulta,  pues, 
que  lo  más  interesante  para  nosotros  es  el  tomo  i,  algo  el  ii  y  poco 
el  III.  En  esta  suposición,  el  juicio  crítico  debe  recaer  principal- 
mente sobre  el  primero.  El  Sr.  Groot,  Tjue  en  el  tomo  iii  se  mues- 
tra onlusiaslay  admirmlor  rio  Bolívar,  y  en  el  ii  aparece  partida- 


HISTORIA    ECLESIÁSTICA    Y    CIVIL    DE   NLEVA-GRANADA.  43 

rio  enérgico  de  la  independencia;  con  todo,  en  el  i  no  se  muestra 
hostil  á  España  ni  á  la  dominación  española;  y  si  nada  calla 
acerca  de  las  extorsiones,  ruindades,  atropellos  y  delitos  de  los 
conquistadores,  tampoco  deja  de  referir,  y  con  cierta  fruición,  lo 
que  halla  digno  de  elogio  y  de  alabar  los  nombres  y  los  hechos 
que  lo  merecen;  que  no  es  poco,  ni  se  encuentra  siempre  en  los 
historiadores  de  aquel  país,  instintivamente  dispuestos  siempre  á 
zaherir  á  España,  puesto  que  desde  niños  han  aprendido  á  mal- 
decir y  mirar  á  los  antiguos  españoles  como  unos  monstruos,  ó 
como  ellos  dicen  Godos. 

De  las  opiniones  del  autor  en  estaparte,  se  puede  juzgar  por 
el  siguiente  edificante  párrafo  que  por  sí  sólo  se  recomienda  al  cu- 
rioso lector.  Pregunta  el  autor  al  fin  del  capítulo  17,  ¿si  han  me- 
jorado los  indios  de  condición  en  la  República?  y  responde  así 
(pág.  228  del  tomo  i): 

«Al  proclamar  la  Soberanía  nacional  americana,  los  naturales 
de  América  debían  haber  mejorado  de  condición  bajo  un  gobier- 
no propio  y  liberal;  pero  ha  sido  todo  al  revés.  Aquí  no  abogamos 
por  la  causa  de  los  españoles,  sino  de  los  genuinos  americanos. 

»E1  gobierno  del  Rey  al  hacer  á  los  naturales  subditos  suyos, 
trató  de  conservarles  hasta  donde  era  posible  su  carácter  de  dig- 
nidad nacional,  y  por  eso  trató  de  mantener  los  caciques  y  la 
aristocracia  indígena  con  preeminencias  de  autoridad  entre  los 
naturales,  y  para  dar  más  lustre  á  esa  nacionalidad,  proveyó  á  la 
educación  de  los  hijos  de  sus  grandes,  á  fin  de  que  estos,  bien 
formados,  difundiesen  entre  sus  subditos  con  más  ventajas  que 
los  españoles  las  luces  del  Evangelio  y  las  costumbres  sociales. 
Con  tal  fin  se  dictó  la  Real  cédula  de  27  de  Abril  de  1554,  por  la 
cual  se  mandaba  establecer,  como  en  Méjico,  un  colegio  para 
educar  en  las  letras  y  costumbres  cristianas  á  los  hijos  de  los  in- 
dios.principales. 

» Hoy  los  indios  son  los  seres  más  miserables  y  desgraciados 
del  país,  con  la  notable  circunstancia  de  que  los  más  abyectos  y 
pobres,  son  los  moradores  de  los  pueblos  inmediatos  á  la  capital 
de  la  República. 

»Se  ha  hablado  mucho  sobre  que  los  indios  pagaban  un  tributo 
en  plata  al  Rey:  sí,  pero  ahora  lo  pagan  en  sangre... 


44  bolltín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

))E1  repartimiento  que  en  nuestros  tiempos  se  ha  hecho  á  estos 
infelices,  dignos  de  mejor  suerte  en  la  República,  ha  sido  el  de 
lo?  resguardos  con  libertad  para  poderlos  vender.  Los  españoles 
fueron  los  primeros  que  les  repartieron  resguardos,  pero  sin  li- 
bertad para  venderlos.  Se  les  repartieron  de  los  mejores  terrenos 
y  más  bien  situados.  La  prohibición  de  enajenarlos  correspondía 
con  el  nombre  puesto  á  la  cosa,  porque  conociendo  la  imbecilidad 
de  los  indios,  susceptibles  de  ser  engañados,  su  inclinación  á  la 
holganza  y  á  la  chicha,  se  vio  que  necesitaban  de  un  resguardo 
para  que  sus  familias  tuvieran  resguardada  la  subsistencia.  Guan- 
do les  ha  faltado  este  resguardo  con  la  libertad  de  contratar,  aún 
ha  quedado  á  las  tierras  el  nombre  de  resguardo,  con  la  misma 
impropiedad  con  que  ha  quedado  á  la  República  el  nombre  de 
federación,  después  de  haber  desligado  sus  provincias.  ¡Todo  se 
entiende  al  revés  entre  nosotros ! » 

En  otro  pasaje  del  mismo  tomo  (pág.  373),  vindica  al  Gobierno 
español  por  haber  reincorporado  á  la  Gorona  el  derecho  de  acu- 
ñar moneda,  que  había  enajenado  Felipe  Y,  ó  mejor  dicho  el  far- 
sante Alberoni,  gran  explotador  de  los  filones  argentíferos  de 
América.  Garlos  III  señalo  ¿í  la  familia  de  Prieto,,  que  había  ex- 
plotado ya  el  privilegio  por  espacio  de  medio  siglo  una  indemni- 
zación de  8.000  pesos  de  renta  perpetua,  por  los  85.000  pesos  en- 
i regados  á  Felipe  V.  Con  este  motivo,  comparando  el  Sr.  Groot 
tiempos  con  tiempos,  y  los  de  la  monarquía  que  indemnizaba  con 
los  de  la  República  que  se  incauta  á  su  antojo  y  sin  indemnizar, 
dice  en  una  nota: 

«El  mismo  que  esto  escribe  fué  víctima  de  esa  medida  por  ha- 
l)érsele  despojado  sin  indemnización  alguna,  aunque  reclamada, 
del  empleo  de  Regidor  fiel  ejecutor  del  cabildo  de  Santa  Fe,  oficio 
que  su  abuelo  D.  José  Groot  había  comprado  al  Rey.» 

Y  es  lo  bueno  que  el  gobierno  republicano  echó  á  pique  las  in- 
demnizaciones de  la  familia  Prieto,  que  de  seguro  tampoco  le 
luil)iera  dejado  el  derecho  de  batir  moneda.  Gon  este  motivo  el 
Sr.  Groot  censura  al  Doctor  Plaza,  que  al  hablar  de  este  asunto 
considera  la  expropiación  ó  reivindicación  hecha  por  Garlos  III 
romo  una  villanía  y  exclama  dolorido:  o  ¡  Ojalá  que  el  Gongreso 
de  Colombia  so  hubiera  portado  como  el  Rey  de  España  al  in- 


HISTORIA    ECLESIÁSTICA    Y    CIVIL    DE    NUEVA-GRANADA.  45 

corporareii  el  Cabildo  ciertos  empleos,  que  por  compra  hecha  al 
Rey  poseían  algunos  individuos!» 

No  siempre  suele  ser  este  el  tono  del  Sr.  Groot  en  el  resto  de  su 
obra.  Si  en  el  tomo  i  se  ve  al  descendiente  de  España,  católico 
fervoroso,  tradicionalista,  amante  de  las  antigüedades  de  su  país, 
que  defiende  á  España  en  gracia  de  lo  que  allí  hizo  por  la  Reli- 
gión y  la  colonización  intelectual  y  moral  de  su  país,  en  el  tomo  ii 
al  describir  el  período  de  transición  y  levantamiento  de  1780 
á  1820,  se  pone  al  lado  de  los  insurgentes  y  combate  á  los  espa- 
ñoles con  la  pluma,  como  sus  padres  los  combatieron,  que  tal  es 
la  triste  ley  de  las  colonias.  El  Sr.  Groot  podría  decir  á  esto  en- 
tre otras  muchas  cosas  que  los  españoles  de  aquel  período  no  eran 
lo  que  habían  sido  los  de  los  tres  siglos  anteriores,  que  no  es  ex- 
traño que  los  americanos  no  quisieran  al  Rey  de  España,  cuando 
los  españoles  en  la  Península  no  dejaban  títere  con  cabeza,  como 
el  retablo  de  D.  Gaiferos  y  Melisendra,  y  que  detestasen  cordial- 
mente  á  los  españoles,  cuando  nosotros  les  damos  el  espectáculo 
de  odiarnos  de  muerte  convirtiendo  la  Península  en  un  extrapa- 
raíso  de  Caínes,  los  unos  por  amor  de  Dios  y  los  otros  por  amor 
de  libertad. 

El  Sr.  Groot  desengañado  á  vista  de  las  chanzas  pesadas  que 
los  amigos  de  esta  señora  han  jugado  al  país  y  que  refiere  en  el 
tomo  III,  concluye  su  obra  con  estas  sentidas  frases.  « ¡Qué  faces 
(fases  debía  decir)  tan  tristes  presenta  la  historia  de  Colombia!... 
La  República  de  Colombia,  creación  de  Bolívar,  que  por  esfuerzos 
de  tantos  patriotas  se  alzó  con  tanto  brío,  cayó  muy  pronto  pu- 
diendo  haber  sido  una  gran  nación !» 

Cabalmente  es  lo  mismo  que  decimos  por  aquí. 

El  mismo  Sr.  Groot  describe  las  horribles  escenas  del  28  de  Se- 
tiembre de  1828  cuando  los  individuos  de  una  sociedad  secreta 
estuvieron  para  asesinar  á  Bolívar,  que  hubo  de  tirarse  por  un 
balcón. 

¡Qué  escenas  tan  edificantes  presenta  en  sus  últimos  capítulos 
la  historia  escrita  j)or  el  Sr.  Groot!  Una  mayoría  parlamentaria 
pretende  lanzar  al  país  á  una  serie  de  aventuras  por  medio  de  una 
Constitución  disparatada.  Bolívar  acude  al  remedio  heroico  de 
hacerse  dictador,  y  los  convencionales  al  de  asesinarle.  Formóse 


4G  boletín  de  la  real  academia  de  la   HíSTOHIA. 

para  ello  una  sociedad  secreta  con  los  elementos  integrantes  de 
todas  ellas,  abogados  sin  pleitos,  oficiales  expulsados  del  ejército, 
generales  ambiciosos,  frailes  apóstatas  y  estudiantes  que  habla- 
ban mucho  y  estudiaban  poco.  Es  notable  esta  cláusula  á  la  pá- 
gina 502  del  tomo  ni.  «Esta  sociedad  secreta,  dice  Groot,  dirigía 
otra  que  se  formó  denominada  Filológica,  compuesta  de  jóvenes 
bajo  pretexto  de  perfeccionarse  en  el  estudio  de  las  ciencias,  y  al 
efecto  asistían  á  ella  algunos  catedráticos.» 

Es  lo  bueno,  según  nota  el  historiador,  que  estos  catedráticos 
eran  partidarios  de  Bsntham  y  explicaban  las  teorías  de  éste  en 
sentido  liberal,  y  eso  que  ya  hoy  día  se  las  considera  como  de 
puro  absolutismo,  y  de  sensualismo  con  sus  puntas  de  egoísmo. 

Librado  Bolívar  casi  milagrosamente  del  puñal  de  los  Scévolas 
americanos,  ninguno  de  los  cuales  puso  la  mano  en  el  fuego,  se 
dedicó  en  los  dos  últimos  años  de  su  vida  á  destejer  lo  hecho  tra- 
bajando algo  por  el  orden,  y  diciendo  de  su  tierra  lo  que  de  la 
nuestra  dicen  los  arrepentidos. — El  país  no  está  todavía  bien  pre- 
parado. 

Tal  es  á  grandes  rasgos  el  carácter  ó  parte-  interna  de  esa  his- 
toria de  Nueva  Granada.  El  autor  en  el  tomo  i  narra  mucho  y 
aprecia  poco  el  estilo  antiguo:  en  la  parte  moderna  sigue  el  gusto 
moderno,  dando  dos  historias,  la  de  los  sucesos  y  la  de  sus  apre- 
ciaciones. Indudablemente  es  más  animada  y  entretenida  la  pri- 
mera á  pesar  de  esa  circunstancia.  El  historiador  ameniza  la  na- 
rración descendiendo  á  pormenores  literarios,  jurídicos,  anecdó- 
ticos, arqueológicos  y  etnográficos  que  hacenla  lectura  interesante. 
La  historia  dr  aquel  país  sin  historia  como  todas  nuestras  colo- 
nias, está  reducida  en  su  parte  antigua  á  describir  el  valor  y  la 
crueldad  de  los  conquistadores  con  ciertos  rasgos  de  caballerosi- 
dad, las  virtudes  apostólicas  de  sus  primeros  misioneros,  las  ri- 
ñas de  los  encomenderos  y  sus  nuevas  empresas  y  rebeliones. 

Viene  luego  la  fundación  de  chancillerías  y  obispados,  y  en  pos 
de  estos,  coiíventos,  universidades  y  colegios.  Hechas  estas,  prin- 
cipian las  sempiternas  luchas  de  los  virreyes  con  las  audiencias, 
de  estas  con  los  obispos,  de  los  obispos  ton  los  cabildos,  de  los  ca- 
bildos con  los  frailes,  de  los  frailes  con  otros  frailes,  con  los  cu- 
ras y  <oti  los  jesuítas ,  vejaciones  á  los  jndios,  órdenes  para  no 


HISTORIA    ECLESIÁSTICA    V    CIVIL    DE    NUEVA-GRANADA.  47 

vejarlos,  expediciones  piráticas  val  fin  creación  de  establecimien- 
tos industriales  y  científicos.  Por  este  patrón  están  corladas  todas 
las  historias  de  Indias,  y  no  desmiente  el  corte  la  de  Nueva-Gra- 
nada. 

En  esta  abundan  las  biografías  de  personajes  de  alto  renombre 
como  fray  Bartolomé  de  las  Gasas  y  San  Luis  Beltrán  que  por  ' 
allí  estuvieron;  las  anécdotas  chispeantes  de  interés  de  escritores 
de  cosas  del  país  apenas  conocidos  por  acá,  poetas  y  guerreros. 

Tampoco  fallan  etopeyas  curiosas  de  personajes  modernos  ó  de 
la  época  revolucionaria.  Si  es  que  allí  la  época  revolucionaria  no 
cuenta  ya  cerca  de  un  siglo,  y  todavía  no  ha  terminado,  como  tam- 
poco por  acá. 

Es  delicioso  el  retrato  del  P.  Manuel,  6  sea  D.  Manuel  Benito 
de  Castro,  que  en  1812  compartía  el  poder  ejecutivo  con  D.  Luís 
de  Ayala  en  los  azarosos  momentos  en  que  se  disputaban  el  poder 
los  pateadores  y  carracos,  ó  sean  centralistas  j  federalistas,  y  ¡coin- 
cidencia notable !  también  allí  los  carracos  contaban  con  Carta- 
gena. 

Había  sido  el  Sr.  Gastro  novicio  de  los  jesuítas  por  lo  que  le 
llamaban  el  P.  Manuel.  Parece  que  está  uno  viendo  un  personaje 
de  los  que  pintaba  en  sus  sainetes  D.  Ramón  déla  Gruz.  Todavía 
en  1812  el  poder  ejecutivo  gastaba  en  Nueva-Granada  capa  en- 
carnada con  galón  de  plata.  Tenía  el  vicio  de  la  puntualidad, 
siendo  eso  que  llamamos  un  reló  de  carne ,  uno  de  esos  hombres 
automáticos  que  tienen  señalados  los  minutos  para  cada  cosa  y 
no  salen  de  su  hora  aunque  se  hunda  el  mundo.  Tenía  horas  fijas 
hasta  para  la  asistencia  de  los  animales  domésticos.  «Se  dijo,  ha- 
bla el  historiador ,  que  en  un  día  de  aquellos  de  borrasca  fueron 
á  llamarlo  del  Consejo  y  que  mandó  á  decir  que  en  acabando  de 
espulgar  á  la  perrita  iría.»  «Bastó  esto,  añade,  para  dar  á  cono- 
cer el  genio  del  poder  ejecutivo  que  dejó  Nariño  en  Santafé  en  el 
año  12  para  lidiar  con  los  chisperos,  carracos  y  pateadores.» 

Resultó  lo  que  era  de  esperar:  los  pateadores  fueron  pateados 
por  los  carracos  ó  federales,  y  entre  los  pateados  lo  fué  D.  Pedro 
Groot,  tío  de  nuestro  historiador,  que  al  decir  de  su  sobrino,  al- 
guna vez  acaudilló  á  los  pateadores. 

Digamos  ya  algo  acerca  del  historiador  antes  de  concluir  este 


48  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

prolijo  informe.  Por  lo  que  se  acaba  de  decir,  y  por  lo  que  antes 
se  manifestó  acerca  del  abolengo  de  nuestro  D.  José  Manuel  se 
echa  de  ver  que  es  de  pura  raza  española ,  que  su  familia  tenía 
cargos  honoríficos  hace  más  de  un  siglo  en  aquel  país  y  compra- 
dos á  la  corona,  aunque  el  apellido  á  primera  vista  pudiera  creerse 
extranjero. 

De  sus  opiniones  se  puede  formar  concepto  por  lo  que  ya  queda 
dicho.  Pecadores  arrepentidos  quiere  Dios.  Sus  ideas  son  de  fer- 
voroso y  puro  católico:  las  caricaturas  que  traza  de  los  jansenis- 
tas y  de  los  frailes  mal  hallados  con  su  hábito  lo  indican  bien 
claramente,  y  también  sus  clamores  contra  las  medidas  cismáti- 
cas de  los  revolucionarios.  Su  estilo  es  sencillo  y  sin  pretensio- 
nes. El  lenguaje  llano  y  IMido,  pero  poco  correcto,  mezclado  con 
algunos  americanismos,  lo  cual  no  es  de  extrañar.  Para  la  Aca- 
demia de  la  Lengua  quizá  no  valiera  gran  cosa :  para  la  nuestra 
puede  ser  mucho.  En  este  concepto,  y  pidiendo  antes  perdón  á  la 
Academia  por  la  tardanza  del  informe  y  por  pesadez  y  desaliño 
hijos  de  la  premura  con  que  está  redactado ,  me  tomo  la  libertad 
de  indicar  que  creo  convendría  nombrarle  académico  honorario 
de  la  Historia  en  la  república  de  Nueva-Granada,  donde  no  tiene 
ninguna  persona  con  quien  entenderse. 

La  Academia,  sin  embargo,  acordará  como  siempre  lo  más  con- 
veniente. 

Madrid  30  de  Enero  de  1874. 

Vicente  de  la  Fuente. 


XI. 

INSCRIPCIÓN  ARÁBIGA  DE  CASTELLÓN  DE  LA  PLANA. 

Esta  inscripción  cuyo  vaciado  en  yeso  nos  ha  regalado  D.  An- 
tonio Francisco  Ruiz  y  presentado  el  Sr.  Codera,  está  grabada 


50  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

con  trazos  muy  fiaos  en  una  piedra  de  29  por  15  centímetros  alto, 
algo  desportillada  en  el  ángulo  inferior  de  la  izquierda.  Su  lectura 
es  como  sigue: 


En  el  nombre  de  A.lláh,  clemente,  misericordioso.  O  gentes,  sabed  que  las  promesas 
de  AUáh  son  ciertas;  no  os  dejéis  seducir  por  los  halagos  del  mundo  y  no  os  aparten  de 
Allih  loa  eneraúos  (del  Demonio).  Aquí  yace  Aafrá,  hija  de  Farach,  la  cual  murió  miér- 
coles, á  seis  diaa  andados  de  la  luna  de  Xauel  del  año  tres  }'  cincuenta  j'  cuatrocientos. 
AUáh  se  eompadt^zca  de  los  que  oraren  pflr  ella  implorando  su  misericordia.  Amen. 
¡Alláh.  señor  de  las  criaturas  su  bendición  sea  sobre  Mohámmad! 

La  [echa  citada  en  la  inscripción,  cayó  en  9  de  Noviembre  de 
lOGl.  Las  líneas  2.%  3.'.  y  4.*,  con  la  primera  letra  déla  5.»,  con- 
tienen el  versículo  5."  de  la  sura  35  del  alcorán,  titulada  Los 
Ángeles;  y  en  ellas  se  encuentran  las  .variantes  1§j'j  por  'w^t  b,  y 
í'.-jw  por  s-^i-a»,  cosa  que  no  es  nueva  en  esta  clase  de  ins- 
cripciones . 

Pascual  -de  Gayangos. 


ANTÍGÜBDADES   RdMANAS    DE   VALENCIA. 


XIÍ. 


ANTIGÜEDADES  ROMANAS  DE  VALENCIA. 

En  1766,  salió  á  luz  en  Valencia  del  Cid  y  en  la  imprenta  de 
Benito  Monfort,  un  folleto  en  8.°,  cuya  pérdida  ó  extravío  lamen- 
ta el  sabio  epigrafista  D.  Emilio  Hübner  (1),  como  de  inaprecia- 
ble valor  para  la  colección  de  inscripciones  romanas  propias  de 
aquella  ciudad.  Y  en  efecto,  encierra  tres  epígrafes  itinerarios  y 
uno  sepulcral,  de  los  cuales,  uno  tan  solamente  (4949)  se  halla 
incluido  en  la  obra  monumental  del  Corpus  inscriptionum  lati- 
narum ,  sin  que  los  demás  hayan  comparecido  todavía  en  la 
Ephemeris  epigraphica.  Por  esta  razón,  creo  que  nuestra  Acade- 
mia verá  con  agrado  un  ejemplar  del  folleto.  Me  lo  ha  prestado 
D.  José  María  Settier,  director  de  la  Ilustración  popular  econó- 
mica de  Valencia;  y  estimo  que  tan  interesante  opúsculo,  raro 
ya  y  casi  perdido,  merece  reproducirse  en  las  páginas  de  nuestro 
Boletín. 

Dice  así : 

«DECLARACIÓN  ||  DE  UNA  ||  COLUNA  |!  DEL  EMPERA- 
DOR II  HADRIANO;  ||  DESCUBIERTA  EN  LA  VEGA  ||  DE 
VALENCIA.  II  SU  AUTOR,  ||  AGUSTÍN  SALES  ||  PRESBÍTE- 
RO DE  LAIGLESIA  DE  SAN  ||  Bartolomé  del  Sepulcro;  Dotor 
Theologo  por  la  Universidad  de  Valencia;  Real  administrador  de 
lo  destinado  por  Su  Magestad  para  los  pobres  de  Cárceles  de  Corte; 
i  Chronista  de  la  misma  Ciudad  y  Reino. — En  Valencia:  Por  Be- 
nito Montfort,  año  1766. 

Cliristianorum  Doctrina,  vel  Romanorum  Senattis,  Imperaíorumq'U'e,  ut  quisque  succes- 
serat,  &  PoptdisticcnOnisset  insidiis,  ni  Divina  virtute  emergens,  superior  adeo  evasisset, 
nt  terrarum  Orbem  etsi  insidias  moUentem  pervicerit.  (Origrenes.  Hadriano  coevus, 
lib.  t.  coatra  Celsum  Epicuraeum.¡ 


(1)    InscriptionesJUsponiae  lnUnae,  pág.  5ül  y  655. 


52  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

(iuid  ingrati  sumusf  si  veritat  Dicinitatis  ^uam  nos  eonsteutos ffloriamw,  nostri  ttmpo- 
ris  attatt  tnaturttt?  Pruamur  bono  nostro,  cohibeatur  superstitie,  impietas  txpittur,  vera 
Stliffif)  rtservetur.  (Mimitius  Félix,  in  Ortavio  circa  finem,) 


DECLARACIÓN  II  DE  LA   COLUNA    DE  ||  HADRIANO 
EN  ESTA  II  CARTA. 


Muí  Sr.  mió:  Deviendo  á  Vm.  la  noticia  de  la  Coluna  millar 
descubierta  en  10.  del  presente  á  un  lado  del  Camino  Real  que 
guia  de  Valencia  por  la  Puerta  de  San  Vicente  Mártir,  á  San  Fe- 
lipe &c.  es  mui  puesto  en  razón,  que  en  prueva  de  mi  agradeci- 
miento, diga  á  Vm.  con  certidumbre,  lo  que  ella  significó  en 
tiempo  de  los  Romanos.  Esta  pues,  Coluna,  ó  Piedra  redon- 
da tiene  gravada  la  Inscripción  siguiente  que  copié  dia  12.  ape- 
nas Vm.  me  dio  la  noticia: 

IMP'CAESAR 
DI- VL'TRAIANI 
PARTHICI    FIL' 
DlVl  •  NERVAE  • 
NEPO'TRAIANVS 
HADRIANVS'AVG- 
POSSSiS    E  «MAXIM  • 
TRSSS=IC«POTESTATE 


Esto  es:  hnperator  Caesar^  Divi  Vlpii  Trajani  Parthici  filhis,  Divi 
Nervae  Nepos;  Trajanus  Hadrianus  Augustus,  Póntifex  Matimus, 
Tribunicia  potestate,  ¿ce.  &c.  En  efecto  no  fué  Hijo,  sino  reputado 
por  tal;  pro  Filio  hahitus,  como  notó  Sparciano.  Los  Rústicos 
Peones  lapicidas,  al  sacarla,  rompieron  con  el  pedestral,  parte  de 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS    DE   VALENCIA.  53 

la  Inscripción,  en  que  en  semejantes  monumentos  ponian  el  vía 
AUGVSTA,  ó  hasta  donde  Uegava  la  calzada,  i  á  costas  de  quien  se 
hacia,  si  impensa  sva,  ó  por  mandato;  i  nos  han  privado  de  la  luz 
Topográfica,  ó  noticia  de  los  Lugares.  Las  Caízadas  que  llamavan 
Strata,  i  eran  Vias  Militares,  ó  Consulares,  ó  Pretorias  á  que  el 
Emperador  Justiniano  llamó  Caminos  públicos,  eran  Caminos 
empedrados,  ó  arenados,  llenando  las  cavidades  hasta  hacerlos 
llanos  para  mayor  comodidad  de  los  Egercitos  Romanos.  Las  in- 
ventó C.  Graco,  como  escrive  Plutarco  en  su  vida:  In  Viarum  re- 
fectione  praecipuam  adhihuit  solertiam,  cum  utilitatis,  tum  pul' 
cliritudinis  rationem  habens.  Ducebantur  eae  rectae  per  Regio- 
?ie§,  &  partim  lapide  ad  hoc  caeso,  &  dolato,  partim  congestis 
arenarum  cumulis  ::  cavitates  implebantur  :::  Porro  singula  Mi- 
lliaria,  dimensa  diligenter  lapidéis  Columnis  distinxit.  S.  Isidoro, 
señaló  el  motivo  de  hacerse  estas  Calzadas:  Strata  Romani  per 
omnem  pené   Orbern   disposuerunt,  propter  rectitiidinem  Itine- 
rum,  &ne  Plebs  esset  otiosa.  (Originum,  1.  15.  o.  16.)  Desde  Bra- 
ga, á  Orense,  aun  se  ve  la  Calzada  de  quince  leguas.  En  Merida 
ai  grandes  rastros  de  las  suyas;  i  se  observan  assi  mismo  en  mu- 
chas partes  de  España.  Sobresale  á  todos  el  famoso  Camino  de  la 
Plata.  De  casi  todas  ellas,  se  compuso  el  Rinerario  de  Antonino, 
que  yo  tengo  de  la  mejor  edición.  Después  de  los  Emperadores 
Augusto,  Vespasiano,  Domiciano,  i  Trajano,  que  procuraron  re- 
parar los  Caminos  en  varias  Provincias  de  España,  como  mani- 
fiestan sus  Marmoles,  el  Emperador  Hadriano,  hizo  el  favor  á 
nuestra  Valencia,  Población  mui  distinguida  por  ser  Colonia  ju* 
ris  Ralici,  de  aderezar  este  Camino,  que  guiava  á  las  principales 
Ciudades  de  la  Contestania:  I  después  el  Emperador  Decio  hizo 
lo  mismo  con  el  que  encaminava  de  Valencia  por  Sagunto,  á  las 
■de  la  lUercaonia,  i  mas  allá,  como  diré..  Por  estas  Calzadas,  cami- 
navan.los  Legados,  i  Pretores,  que  visitábanlas  Provincias,  i 
también  los  Egercitos  conducidos  á  varios  parages.  Esta  Coluna 
que  ponian  á  cada  milla,  ó  á  mil  passos  de  la  Puerta,  ó. Muro  de 
la  Ciudad  álos  lados  déla  Via  Pretoria,  sellamava  Coluna  millar^ 
como  vemos  en  Suetonio,  (in  Othone,  cap.  VI.)  También  la  ila- 
mavan  Lapide,  contando  las  distancias  por  millas,  como  Cice- 
rón, 6.  Att.  I.  Accepi  tuas  litteras  ad  quintum  milliare  Laodiceae; 


54  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

ó  Lapides;  I  assi  dijo  Marcial,  que  Torquato  tenia  su  Casa  de  cam- 
po distante  de  Roma  quatro  Lapides : 

Ad  Lapidem  Torquatus  hahet  Praetoria  quartum.  (Epigr.  lib.  X. 
cap  79.)  Cada  tres  millas  forraavan  una  legua  Española:  bien  que 
por  Provisión  de  la  Ciudad  de  Valencia,  hecha  en  19.  de  Junio  1556. 
quedó  resuelto,  consultado  primero  Pedro  Juan  Nuñez,  Varón  el 
mas  juicioso  de  la  Nación,  que  cada  legua  tuviera  quatro  millas, 
i  cada  milla,  mil  passos  geométricos. 

A  las  Puertas  de  la  Ciudad  que  era  Colonia,  tenian  los  Roma- 
nos gravado  el  Itinerario,  que  guiava  al  Egercito  por  el  Camina 
Pretorio  á  las  Ciudades  de  la  mansión.  Un  Itinerario  de  estos  se 
encontró  por  Junio  de  1727.  en  una  Puerta  de  Valencia  antigua, 
donde  ahora  la  Iglesia  nueva  de  la  Congregación  del  Oratorio, 
que  guiava  al  Egercito  por  Sagunto,  á  la  Illercaonia,  i  mas  allá. 
Antes  que  mandara  quitar  las  letras  un  Anciano  imperitissimo, 
las  copió  el  erudito  Padre  Felipe  Seguér,  quien  andando  los  tiem- 
pos, me  permitió  copia,  i  decian: 

AB    valentía    SAGVNT 

AB    SAGVNTO    DERTOS 

AB    DERTOSA    TARRAGONA 

AB     TARRACONASSSSSSSS 

AB=SS====2S=S====SSSS 
AB5==S==SSSS====2SSS= 

Hizo  perpetuo  el  sentimiento  de  la  perdida  de  este  Itinerario,  el 
que  es  Maestro  de  la  Nación,  i  mi  singular  amigo,  el  Cl.  Don 
Gregorio  Mayáns,  i  Sisear,  en  sus  Epistolas.  (lib.  IIL  Epist.  XXVII. 
ad  Baronem  Schomhergium)  El  Camino  militar  que  guiava  á 
estas  Poblaciones,  todavia  está  mui  patente,  i  es  el  Camino  de 
Barcelona.  Quedan  rastros  de  averio  mandado  reparar  el  Empe- 
rador Decio,  en  una  Coluna  millar,  consagrada  á  este  Cesar,  i  á 
Q.  llcrenio  Mesio  su  Hijo  por  los  que  procuraron  la  obra;  i  está 
hechada  en  cl  suelo  delante  la  Hermita  de  S.  Vicente  de  Borriol, 
á  once  leguas  de  Valencia,  que  yo  descubri,  i  copié  en  25.  de  Sep- 
tiembre 1753.  i  bolvi  á  registrar  en  7  de  Junio  1756.  i  tiene  gra- 
vada e.«5ta  ine;cripcion: 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  55 

IMP-CAES'C-MESIO 
CL'TRAIANO-DECIO 
INVICTO  •  Pío  •  FELICI  •  AVG  • 
DACICO  •  MÁXIMO  •  PONTIFIC  • 
MÁXIMO  •  TRIBVNICIA 
POTESTATE'ñ'COS' 
fl  .  p  .  p  .  PROCOS  •  ET  •  Q_-  HERENNIO 
ETRVSCIO  •  MESIO-NNOBILIS  • 
CAES-  VIA*  AVG* 

CXIX. 

Esto  es:  Imperaiori,  Caesari  Caio  Mesio  Quinto  Trajano  Decio^  In- 
victo, Pío,  Felici,  Augusto,  Dacico,  Máximo ¡  Pontifici  Máximo, 
Trihunicia  potestate  secundum:  Co7isuli  secundum.  Patriae  Patri, 
Proconsuli;  &  Quinto  Herennio  Etrusco  Mesio,  Nohilissim,is  Caesa- 
rihus.  Via  Augusta.  Centum  novemdecim  milliaria.  Manifiesta  la 
Jnscripcion,  que  este  Camino  Pretorio,  mandaron  aderezar  Caio 
Mesio  DECIO,  i  su  Hijo  Quinto  Herenio  Etrusco  Mesio,  ambos 
Emperadores  á  un  tiempo,  á  quienes  los  Questores  consagraron 
la  Coluna.  Fue  DEGIO,  el  que  poco  después  de  lograr  el  Imperio, 
en  que  entró  con  benignidad,  movió  la  séptima  persecución  de  la 
Iglesia.  De  él  no  hai  otra  memoria  en  Valencia:  pero  la  de  su  mu- 
ger,  Gnea,  Seta,  Herenia,  Salustia,  Barhia,  Orbiana,  permanece 
aun,  en  la  Basa  de  Estatua  (que  le  dedicaron  los  Valencianos  ju- 
bilados de  la  milicia,  i  los  Viejos  descendientes  de  los  que  vinie- 
ron aqui  á  formar  la  Colonia)  que  está  en  la  esquina  de  la  Casa 
de  la  Ciudad,  á  vista  de  todos.  De  este  cruel  Emperador,  escrivie- 
ron  Trebelio  Polion,  Eusebio  Cesariense,  i  otros.  Su  primer  Hijo 
Q.  Herenio  Etrusco  Mesio  Decio  corregnante,  que  insinúa  la  Co- 
luna, fué  marido  de  Santa  Trifonía  Romana,  de  que  hace  memo- 
ria el  Martirologio  Romano  en  18.  de  Octubre.  Juicios  de  Dios 
adorables,  mantener  en  el  mismo  Palacio  esta  Santa,  la  luz  de  la 
Fe,  para  crédito  de  su  poder,  i  misericordia,  i  que  no  tuvieran  es- 
cusa los  que  la  perseguían.  Fué  también  Hijo  de  Decio,  Cayo  Va-, 
lente  Hostiliano  Mesio,  Quinto:  i  á  cada  uno  de  estos  Hermanos, 


.".tí 


HOLETIN    DE    LA.    REAI.    A.(;A0EMIA    DE    LA    HiaTuiUA. 


los  mismos  Soldados  Valencianos  consagraron  Estatua,  cuyas  Ins- 
cripciones, se  pusieron  en  la  Gapillita  de  S.  Benito  en  la  Seo,  las 
quales  no  copio,  porgúelas  trae  Gaspar  Escolano,  (tom.  i.  col.  115. 
118.  i  787.  á-c.l  i  otros  antes  de  el.  Pero  mandando  justissima- 
niente  el  Concilio  Provincial  Valentino  del  año  1565.  Nein  Chris- 
tianorinn  Templis  aliquid  Spectari  possit,  quod  Gentililios  ritus 
sapere  videatur,  (Sess.  4,  cap.  IX.)  el  Ilustrissimo  Señor  Don  Fr. 
Isidoro  Aliaga,  honor  de  la  Religión  de  Predicadores,  i  Arzobispo 
de  Valencia,  á  quien  no  puedo  nombrar  sin  veneración,  i  ternura, 
mandó  picar  estas  dos  Piedras;  (Olmo,  Litholog.  pag.  63.)  porque 
en  la  Gasa  de  Dios,  solo  puede  caber  la  Santidad,  i  la  verdadera 
victima  del  Cielo,  que  con  su  Cruz  triunfó  de  la  superstición,  i  su- 
getó  á  sus  pies  todo  el  poder  de  las  tinieblas.  Pero  bolvamos  yá  á 
la  Coluna  millar  de  Decio.  Denotan  los  últimos  números,  que 
desde  Tarragona  Cabeza  de  la  Provincia,  hasta  aqui,  avia  119. 
millas.  No  se  ha  descubierto  aun,  el  Itinerario  Romano,  que  por 
este  Camino  Pretorio  que  aderezó  nuestro  Hadriano  Augusto,  i 
aora  va  reparando  nuestro  Monarca,  i  Señor  Don  Carlos  III.  guia- 
va  á  la  Contestania,  i  mas  allá.  Pero  están  bien  patentes  las  Po- 
blaciones, i  distancias  desde  Valencia,  en  el  Itinerario  de  Antoni- 
no,  que  las  pone  assi,  notando  las  millas,  ó  quantas  veces  mil 
passos. 


valentía, 
svcronem. 
ad  statvas. 
ad  tvrres. 

ADELLO. 

ASPIS, 

ILICI. 

THIAR. 

CARTriAG.   SPARTARIA. 

ELIOCROCA. 


M.   P.   XVI. 
M.   P.   XX. 
M.   P.   XXII. 
M.   P.  VIIII. 
M.   P.  XXIIII. 
M.   P.   XXIIII. 
M.   P.   XXIIII. 
M..   P.   XXVII. 
M.   P.   XXV. 
M.   P.  XLIIII. 


^•011  »ist;is  Poblaciones  desde  Valencia,  Cullera,  Oliva,  Alcacer, 
(se  ignora  Adello)  Aspe,  Elche,  (no  se  sabe  la  de  Thiar)  Gariage- 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS   DE    VALENCIA.  57 

na,  Lorca.  Por  la  misma  Via,  se  salla  á  las  Vecinales,  para  eatrar 
en  Saetabi,  (Jativa)  en  Laurona,  ^Llauri  *)  enl.ucentum  (es  Ali- 
cante) &c.  (5cc.  Hizo  el  Emperador  Hadriano  este  Camino  á  los  Va- 
lencianos, para  manifestarles  su  afecto  visitándoles  desde  Tarra- 
gona, en  donde  passó  el  Invierno  quando  vino  de  Francia,  como 
escrive  Sparciano;  i  rodeó  á  pie  todas  las  Provincias,  para  mejo- 
rar las  Ciudades,  i  aumentar  las  Tropas,  como  dice  Aurelio  Vic- 
tor:  Provincias  otnnes  pedibus  circiímivit ::  cum  Oppida  universa 
restitueret,  augeret  ordinibus.  Hizo  siempre  gran  aprecio  de  las 
Ciudades,  i  de  los  Vassallos,  como  notó  Dion  Cassio;  en  especial 
amó  mucho  á  la  Plebe,  dice  Sparciano.  I  siendo  propenso  á  assis- 
tir  á  los  misterios  de  la  Diosa  Ceres,  que  es  ISIS,  para  los  quales 
se  habilitó  en  la  Grecia,  como  se  explicó  Dion :  Sacris  initiatus 
mysteria  Cereris  specta7^e  voluit,  puede  inferirse  el  placer  que  ten- 
dria  en  nuestra  Valencia,  en  que  estos  misterios  se  celebravan 
con  la  mayor  solemnidad,  como  lo  convenci  plenamente  en  mi 
Dissertacion  latina,  de  Valentmo  Sodalicio  Vernarum  colentium 
ISIDEM,  que  publiqué  por  Febrero  de  1760,  comentando  una 
bella  Inscripción  de  dentro  el  Turia,  que  el  año  antes  se  des- 
cubrió. 

La  quarta  parte  de  esta  Via  Pretoria,  (hasta  el  millar  descubier- 
to, que  empieza  en  la  Puerta  Sucronense,  que  los  Moros  llamaron 
Boatella,  i  eslava  á  las  quatro  esquinas  de  la  Calle  de  Cerrajeros 
donde  ai  un  Horno,  derribada  año  1383.)  se  incluye  dentro  de 
Valencia  Moderna,  i  llamamos  Calle  de  San  Vicente  Mártir. 

Entre  otras  medallas  que  se  hallaron  al  desenterrar  este  Millar 
Romano,  fué  una  grande  de  metal  Corintio,  que  me  permitió  con 
su  acostumbrada  humanidad,  i  confianza  Don  Simón  Desnaux, 
Ingeniero  peretissimo,  i  mui  instruida  en  todas  Artes  liberales, 
que  cuida  va  por  orden  superior  de  la  reparación  de  este  Camino. 


*    Quedavaa  ea  este  Pueblo  las  ruinas  de  Laurona  en  1543.  como  asseguró  el  V.  P. 
Juao  Bautista  Agnesio  en  su  Apolog.pro  Avibns,  pues  dice  hablando  de  Cvllera: 

Cid  denvm  ad  stadium  dinita  Lavron  abest. 
Qriondam  ubi  Pompeius  Sertoria  castra  svbegit. 

Conque  Laurona  junto  al  Jucar,  no  puede  ser  Liria. 


58  BOLETÍN    DE    LA    IlEAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Es  del  Emperador  Domiciano;  al  rededor  de  su  Efigie  se  lee:  Imp. 
CAES.  DOMiT.  AVG.  GERM.  p.  M.  ======  Su  rcverso,  contiene  un 

Templo  sobre  quatro  Colunas,  i  una  figura  en  pie  estendiendo  la 
mano;  i  enfrente  de  ella,  tres  figurillas  arrodilladas,  que  la  ado- 
ran con  gran  reverencia:  las  letras  de  la  circumferencia  no  se  per- 
ciben; pero  en  otra  que  he  visto  del  mismo  cuño,  son:  eos.  xiv. 
LVD.  SAEC.  FEC.  S.  C.  esto  es :  Cónsul  quartum  decimum^  Ludos 
Saeculares  fecit^  Senatus  Consulto.  Celebró  Domiciano  estos  jue- 
gos, quando  distribuyó  entre  el  Pueblo  Romano,  en  una  gran 
necessidad,  i  carestía,  pan,  i  trigo  en  abundancia,  como  lo  expre- 
ssa  otra  medalla  del  mismo  Emperador,  i  Consulado,  que  tengo. 
Esta  medalla  es  por  las  circunstancias  apreciable;  pero  es  mas  aun 
el  Millar,  por  ser  la  única  memoria  que  logra  Valencia  del  Empe- 
rador Hadriano;  i  por  ser  Inscripción  erudita,  que  nos  enseña  la 
verdadera  Ortografía  en  diftongar  sin  enlaces,  i  en  escrivir  con 
acierto  el  nombre  de  Hadriano.  Huviera  sido  cabal  este  Principe, 
si  por  continuar  con  furia  contra  los  Ghristianos  la  persecución 
que  movió  Trajano,  no  huviera  sido  Autor  de  la  gwaría,  que  des- 
pués mandó  suprimir,  como  escrive  Sulpicio  Severo  en  su  Histo- 
lia:  Quarta  suh  Hadriano  persecutionumeratur,  quam  tamen  post 
exerceri  prohihuit,  iniustum  esse  pronuncians^  ut  quisquam  sine 
crimine  reus  constitueretur.  (lib.  2.  c.  31.)  I  reconocido  por  las 
Apologías  de  Quadrato,  i  Aristides,  i  informes  de  Sereno  Grato 
su  Legado,  favoreció  ocultamente  á  los  Christianos;  i  aun  quiso 
levantar  Templo  á  JESU-CHRISTO,  imitando  á  Alejandro  Se- 
vero, como  escrivió  Elio  Lampridio:  Christo  Templum  faceré  vo- 
/uíí,  eumque  inter  Déos  recipere;  quod  &  Hadrianus  cogitasse  fer- 
tur::  sed  prohihitus  est  áb  his,  qui  consulentes  sacra,  repererant 
ornnes  Christianos  futuros  si  id optato  evetiisset ,  ¿c  Templa  reliqua 
deferenda.  Infeliz  Principe,  que  huviera  sido  perfecto,  sino  se  hu» 
viera  dejado  dominar! 

Publiqué  Yo  primero  el  Itinerario  encontrado  en  el  sitio  de  la 
Congregación,  en- mi  Historia  de  la  Aparición  de  S.  Pablo  Após- 
tol, en  Albocacer,  Villa  del  Reino,  Patria  de  mi  Padre,  impressa 
eu  1752.  La  Inscripción  áe  Decio,  de  tanto  honor  para  este  Reino, 
aun  eslava  sin  imprimir.  Soi  siempre  de  Vm.  cuya  vida  guarde 
Dios  muchos  años.  Valencia  i  Abril,  14.  de  17GG.  B.  L.  M.  de  Vm. 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS   DE   VALENCIA.  59 

SU  afecto  Servidor. =Dr.  Agustín  Sales  Presbítero,  Chronista  de 
Valencia. =Sr.  Dr.  Joaquín  Gibertó,  Retor  de  S.  Bartholomé. 


NUEVO  DESCUBRIMIENTO. 

Después  que  esta  Carta  se  leyó  día  16  de  Abril,  en  una  ilustre, 
í  autorizada  Tertulia,  al  hacerse  las  diligencias  para  imprimirla, 
se  descubrió  cerca  del  sitio  de  la  Goluna,  (todo  en  Heredad,  i  Vín- 
culo del  celebre  Jurisconsulto  Don  Salvador  Martin  Lop,  i  Bor- 
rúl,  á  quien  mi  gratitud  nombrará  siempre  con  veneración)  lo 
que  yo  me  prometí.  Sabia,  que  los  antiguos,  junto  á  esas  Calza- 
das á  la  entrada  de  las  Ciudades  ponían  los  Cippos,  que  eran  Se- 
pulturas, ó  piedras  quadradas  de  los  Entierros,  con  Letras  en  la 
Via  Publica.  I  aunque  no  se  han  encontrado  tales  Inscripciones 
Sepulcrales,  porque  se  devieron  sacar  en  otros  tiempos,  ó  no  se 
han  descubierto  aun,  pero  si,  indicios  de  ellas.  Pues  continuando 
en  cavar,  se  halló  otro  Medalla  de  Domíciano,  i  una  de  nuestra 
Hadriano;  i  también  un  jarro  de  barro  con  cenizas,  que  rompie- 
ron los  Peones  al  sacarlo,  i  dentro  de  el,  dos  Redomitas  pirami- 
dales mui  angostas  de  vidrio,  la  una  de  cerca  de  un  palmo  de  ele- 
vación, la  otra  de  medio,  que  eran  Lacrimatorios;  i  asimismo 
otra  pieza  de  vidrio,  como  frasquitó,  que  por  su  forma  irregular, 
i  el  barniz  de  su  interior,  no  me  pareció  Lacrimatorio,  sino  Lam- 
para que  llaman  inextinguible.  Lo  vi,  i  observé  todo,  dia  24.  en 
Casa  de  Don  Vicente  Sassús,  Arcediano  de  Alzira,  Dignidad  de 
esta  Santa  Metropolitana,  que  por  su  liberalidad,  i  afición  á  las 
antigüedades,  logró  estos  monumentos  apenas  se  descubrieron.- 

Que  los  Cippos  fueran  Sepulcros,  consta  de  Persio.  Sat.  r. 

Assensere  viri,  nunc  non  cinis  Ule  Poetae 

Félix?  non  levior  Cippus  nunc  imprimit  ossa. 

Los  Gentiles  quemavan  los  cuerpos:  entretanto  lloravan  al  di- 
funto los  Parientes  mas  cercanos,  como  escrivió  Ovidio.  Pont.  i.  9. 

Illíim  ego  non  aliter  flentem  mea  fuñera  vidi, 

Ponendus  quam  si  frater  in  igne  foret. 

Los  ungian  antes  de  quemar.  Apagadas  por  si  las  llamas,  re- 
cogían los  fragmentos  de  Huessos,  i  las  Cenizas,  i.  lo  encerravan 
todo  en  una  Urna,  Olla,  ó  Jarro  de  barro,  en  que  ponían  rosas, 


GO  BOLETÍN    UE    LA   REAL    AGADEMLA    DE    LA    HISTORLA. 

ungüentos,  varios  aromas,  Lacrimatorios  de  vidrio,  en  que  esta- 
van  recogidas  las  lagrimas  de  los  Parientes,  i  amigos  mas  Ínti- 
mos; i  esto  para  manifestar  la  estimación  al  difunto;  i  ponian  tam- 
bién su  Lampara  inextingible  en  obsequio  de  Pluton;  todo  esto, 
imediato  al  Cippo  de  piedra,  en  que  gravavan  el  nombre  del  di-" 
funto.  I  tal  significan  las  Inscripciones  en  que  leemos:  Cum  la- 
crymis  posuere.  Estos  Gippos  se  hallan  con  frecuencia.  En  el  cau- 
ce del  Turia,  mui  cerca  de  la.  ISIS,  que  yo  comenté,  se  encontró 
en  20.  de  Mayo  1760.  la  Inscripción  siguiente,  quebrada: 

AlARlTvMO 
LAE • VXOrI 
ARlTvMA 
A'VATRI 


Expressa,  que  una  Hija,  puso  esta  memoria  á  su  Madre,  rauger 
de  Maritumo.  Tiene  de  raro,  la  noticia  de  la  Gente  Marituma  esta- 
blecida en  Valencia;  i  que  se  puso  quando  era  vía  Publica,  parte 
de  lo  que  aora  es  Rio;  cuya  corriente  passava  entonces  por  en 
frente  de  la  Puerta  Sucronense,  dejando  los  muros  de  la  ciudad 
á  mano  izquierda,  como  dijo  Salustio.  (in  Fragment.  lib.  2".)  Des- 
pués de  este  Historiador,  los  Valencianos  comprando  el  sitio,  i 
trayendo  el  agua  desde  la  Puerta  del  Suero,  encaminaron  el  Rio, 
dejando  los  muros  á  mano  derecha  como  le  vemos.  De  esta  mu- 
danza, nos  queda  una  Inscripción  en  la  Puerta  de  la  Trinidad, 
assi  llamada  por  el  Monasterio  de  en  frente,  cuya  Historia  publi- 
qué en  1761.  De  algunos  puntos,  se  acaba  de  resintir  un  Regular, 
á  quien  espero,  para  confirmarme  en  las  verdades  que  expressé  en 
ella.  Cornelio  Sila,  fué  el  primero  que  mandó  ser  quemado  des- 
pués de  su  muerte:  de  el  tuvo  principio  el  quemar  los  cuerpos  di- 
funtos antes  de  ponerlos  en  el  Sepulcro,  como  notó  Cicerón,  lib.  2. 
de  legib.  I  esta  costumbre  duró  hasta  la  edad  de  los  Emperadores 
Antoniuos.  Por  especial  virtud  tuvo  en  algunos  excepción,  como 
alli  expressó  el  mismo  Cicerón:  i  el  sin  duda  la  logró  para  su  tan 
querida  hija  Tuliola,  cuyo  Cuerpo,  en  el  Pontificado  de  Alejan- 
<lro  VI.  (no  en  el  de  Sixto  IV.  ni  Paulo  ílLl  se  halló  en  la  famo- 


ANTIGÜEDADES    KOMANAS    DE    VALENCIA.  61 

sa  Via  Apia,  cerca  de  la  sepultura  de  su  Padre,  entero,  siu  lesión, 
con  sus  cabellos  embueltos  en  red  de  oro,  todo  el  lleno  de  licores, 
dentro  de  una  Arca  de  Marmol,  con  la  Inscripción:  Tulliolae  fi- 
liae  meae;  i  á  cuyos  pies  ardia  una  Lampara  inextinguible,  que 
se  apagó  al  abrir  el  Sepulcro.  (Rhodigin.  Lect.  antiq.  lib.  3.  c.  24. 
Casal,  de  Vrhis  splendor.  part.  ii.  pag.  352.)  Aunqne  en  nuestros 
tiempos  ai  tanto  descubierto,  aun  no  han  encontrado  los  moder- 
nos aquellos  aromas  conque  los  antiguos  preservavan  los  cuerpos 
tantos  años.  La  lei  de  las  XII.  Tablas  disponía  assi:  Hominem 
mortuum,  in  Vrbe  ne  sepelito,  nevé  vrito :  no  obstante  á  veces 
prevaleció  la  costumbre  de  enterrarse  en  la  Ciudad,  i  aun  en 
Casa,  de  que  habló  Virgilio:  Sedihus  hunc  refer  ante  suis,  <fc 
conde  Sepulcro.  I  en  prueva,  en  la  Ciudad  de  Padua,  en  un 
ángulo  exterior  del  Monasterio  de  Santa  Justina ,  se  encontra- 
ron los  Huessos  de  Tito  Livio,  con  su  Inscripción,  dentro  de  un 
Arca  de  plomo,  en  Tiempo  de  Andrés  Dándolo,  Gran  Dux  de 
Venecia,  por  los  años  1350.  Después  Don  Alonso  V.  Rei  de 
Aragón,  i  Conquistador  de  Ñapóles,  pidió  á  Padua  un  Brazo, 
para  memoria  de  tan  gran  Historiador  de  la  edad  de  Augusto, 
que  la  Ciudad  entregó  á  su  Legado  Antonio  Panormitano,  Poeta 
insigne.  (Thess.  Bollaiid.  in  Cletn.  X.  tom.  2.  Dissert.  49.  de 
Epikia,  seu  discretione,  pag.  521.)  Avia  sido  grande  la  inclina- 
ción de  este  Principe  á  la  Historia  de  Livio:  tanto  que  Lorenzo 
Vala,  no  la  dissimuló  al  dirigirle  la  Carta  que  empieza:  Cum 
Titum  Livium,  quotidie  Romanoruní  Historicorum  eloquentissi- 
rmim,  aut  audias,  aut  legas  &.  Plinio  el  Menor,  assegura,  que  un 
Español  de  Cádiz,  llevado  de  la  gran  fama  de  Livio,  se  encaminó 
á  Roina  por  solo  verle,  i  apenas  lo  consiguió,  se  bolvió  á  su  tier- 
ra: (Epistol.  lib.  2,  Epist.  3.)  lo  que  repitió  San  Gerónimo,  Epist. 
103.  á  Paulino.  San  Basilio  el  Grande,  San  Gregorio  Nazianceno, 
i  San  Agustín,  no  condenaron  la  inclinación  á  estas  antigüeda- 
des, antes,  la  dieron  por  mui  útil,  i  inocente.  I  en  efeto,  Jesu- 
Christo,  no  se  desdeñó  de  mirar  el  Denario  Romano,  en  que  esla- 
va la  Efigie  del  Cesar,  Idolatra:  ni  San  Pablo,  de  ver  las  E'síaíMas, 
i  Aras  Gentilicias  de  los  Athenienses,  para  demostrarles  su  enga- 
ño, que  llanamente  confessamos,  diciendo  con  el  Salmista:  Con- 
fundantur  omnes,  qui  adorant  Sculptilia;  &  qui  gloriantur  in  Si- 


í)2  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACaDE.VÍL\    DE    LA    HISTORIA. 

mulacris  suis.  De  mi  Librería,  Valencia -26  de  Abril  1766.  ídem 
qui  superius,  Aiigustinus  Salesius. 

Jhs.  Imprimatur:  Imprimase: 

Mayoral,  Vic.  Gen.  Caro.y> 

Tal  es  la  mejor  Monografía  del  Sr.  Sales ,  escritor  fecundísi- 
mo y  honra  de  su  patria  Yaljunquera  de  Aragón,  villa  poco 
distante  de  Alcañíz  en  la  provincia  de  Teruel.  Allí  nació  en  21 
de  Diciembre  de  1707.  Ocho  años  después  pasó  á  Valencia,  ea 
cuya  Universidad  perfeccionó  sus  estudios,  con  tanta  maestría, 
como  lo  dan  á  entender  los  trabajos  eruditos  que  publicó  en  1734-, 
y  singularmente  el  que  intituló:  Scekel  et  Middak  Israelis;  seu  de 
Veterum  Hebraeorwn  ponderihrts  et  mensuris,  cum  nostris  His- 
pajiicis  collatis  comparatisque.  Sacó  á  luz  en  174G  las  Memorias 
históricas  del  antiguo  santuario  del  Santo  Sepulcro  de  Valencia, 
donde  (1)  estampa  el  dibujo  de  una  inscripción  arábiga,  grabada 
en  el  frontispicio  de  aquel  Monumento  insigne.  Para  mejor  des- 
cifrarla se  puso  en  correspondencia  con  el  célebre  benedictino 
Montfaucon,  cuya  carta  escrita  desdé  Orleans  en  12  de  Julio 
de  1739,  y  la  que  obtuvo  del  P.  Alejandro  Brehón,  fechada  en 
San  Sebastián,  á  20  de  Agosto  de  1736,  diéroule  ocasión  ó  pre- 
texto de  imaginar  que  la  inscripción,  para  ellos  indescifrable^  se 
remontaba  á  la  época  de  Constantino. 

Lo  cual  aviso  con  el  objeto  de  asegurar  la  validez  de  su  testi- 
monio acerca  de  la  tabla  marmórea  (laterculum),  que  llama  iti- 
nerario, y  dice  haberse  mostrado  por  Junio  de  1727  en  la  puerta 
de  la  Xerca;  donde  asimismo  apareció  la  inscripción  (3732)  dedi- 
cada á  Tito  Vespasiano,  y  alusiva  al  culto  ferviente  y  pecu- 
liar ({ue  tributaba  el  Emperador  á  la  Paz  Augusta. 

En  25  de  Setiembre  de  1753  encontró  y  copió  el  Dr.  Sales  la 
preciosa  inscripción  miliaria  de  San  Vicente  de  Borriol,  ratifi- 
cándose de  nuevo  V  sin  vacilación,  tres  años  después,  en  el  nú- 
mero do  ciento  diez  y  mijeve  millas  que  la  piedra  marcaba,  segu- 


(IJ     l'áKia:.  I 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS    DE    VALENCIA.  63 

raméate  en  armonía  ó  de  acuerdo  con  la  distancia  contada  desde 
Tarragona.  Este  punto  es  capital,  ya  se  considere  como  atendible 
para  fijar  la  copia  del  epígrafe,  sacada  por  Laborde,  que  aceptó 
Hübner  (4949),  ya  para  restaurar  los  números  de  las  millas,  ó 
descabalados  ó  erróneos  en  los  miliarios  de  Gabanes  (4951),  Al- 
dea cerca  de  Tortosa  (4952),  Cambrils  (4954)  y  Vilaseca  (4953). 

Á  20  de  Mayo  de  1760  se  descubrió  en  el  moderno  cauce  del 
Turia  la  piedra  funeral,  que  tampoco  ha  sido  registrada  por 
Hübner.  Esta  piedra  era  quebrada.  El  Dr.  Sales  interpretó  mal 
la  inscripción,  no  advirtiendo  que  le  falta  el  nombre  del  dedi- 
cante. Suplo  y  traduzco : 


MARlTvMO 

LAE  •  VXORI 

mAKlTvMAe 

MATR! 


Á  3u  esposa  Maritúmola  y  á  su  madre  Marituma 


En  Baeza  (3311)  ocurre  otra  Marituma  y  en  Itálica  (1133,  5039) 
dos  Marítimas.  Reservado  estaba  á  Valencia  el  ofrecernos  un 
ejemplar  del  gracioso  diminutivo  Maritúmola. 

Finalmente,  el  miliario  Hadrianéo  se  descubrió  á  10  de  Abril 
de  1766,  cerca  de  Valencia,  en  la  heredad  de  D.  Salvador  Martin 
Lop  y  Borrull,  á  un  lado  del  camino  real,  que  guia  desde  la  ciu- 
dad del  Cid  hasta  Játiva.  Tiene  su  complemento  este  epígrafe  en 
otro  de  Agreda  (4892) ;  y  ojalá  no  sea  el  último  que  se  encuentre 
en  el  corto  trecho  de  la  vía  Augusta  que  iba  desde  Valencia  hasta 
el  remate  occidental  del  convento  jurídico  Tarraconense.  El  cual 
espiraba  en  Alcira  (Sucronem);  variándose  allí,  simétrica,  por  el 
lado  opuesto  la  numeración  de  los  miliarios,  que  venían  alinea- 
dos desde  Cartagena. 

El  Dr.  Sales  murió  en  Valencia  el  día  4  de  Enero  de  1774.  Han 
dado  noticia  de  sus  obras,  aunque  no   de   todas,  el  laborioso 


f»4  boletín  de  la  keal  acaeemia  de  la  historia. 

D.  Vicente  Ximeno  ( 1 )  y  el  no  menos  diligente  D.  Justo  Pastor 
Fuster  (2).  «Son  muchísimas,  dice  Fuster,  las  obras  que  este  in- 
cAnsable  escritor  tiene  trabajadas;  porque  solo  un  índice  de  letra 
suya,  que  he  visto,  ocupa  seis  hojas,  que  no  copio  por  no  ser  di- 
fuso.» No  le  agradecerán  por  de  contado  la  omisión  los  biblió- 
filos, ni  los  verdaderos  amigos  de  nuestra  Historia  y  Literatura. 
Lamenta  Hübner  (3730)  el  extravio  de  otra  Monografía  que 
cita  Sales  en  la  que  acabáis  deoir:  «.Turiae  marrnor  nuper  effos- 
9um,  sive  Dissertatio  critica  de  Valentino  sodalitio  vernarum  co- 
lentinm  Isidem;  Valentiae,  apud  Jos.  Thom.  Lucam;  1760.»  Es- 
pero que  no  podrá  ese  folleto,  por  más  que  se  esconda,  ocultarse 
á  la  sagacidad  é  inteligencia  del  Sr.  Settier,  quien  acaba  de  favo- 
recernos tan  oportuna  como  útilmente  con  el  ejemplar  del  relati- 
vo á  la  coluna  Hadrianéa,  sacándolo  del  polvo  del  olvido. 

Madrid  3  de  Julio  de  1883, 

Fidel  Fita. 


(1)  Escritores  del  Reyno  de  Valencta;  t.  i:,  pág.  ;}04  y  305;  "Valencia,  l'J'iS. 

(2)  Biblioteca  valenciana  con  adiciones  y  enmiendas  a  ia  de  Z>.  Vicente  limeño:  t.  lu 
pip.  72  y  :.3;  Valencia,  1830. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  III.  Agosto,  1883.  cuaderno  li. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA, 


NOTICIAS. 

Nuestro  sabio  socio  correspondiente  D.  Pablo  Ewaid,  en  unión 
con  D.  Gustavo  Loewe,  ha  publicado  en  Heidelberg  la  preciosa 
monografía  en  folio  «  Exempla  scripturce  visigoticx  xl  tábulis  ex- 
pressa^n  la  cual  ofrece  cuarenta  láminas  fotográficas  sacadas  de 
nuestros  mejores  códices,  y  dispuestas  por  orden  cronológico  para 
dar  idea  exacta  de  la  variación  sucesiva  que  tuvo  nuestra  paleo- 
grafía latina  desde  el  siglo  vi  hasta  el  año  1171.  Entre  estos  ejem- 
plares figura  la  noticia  délas  sedes  episcopales  de  España,  tomada 
de  un  códice  escurialense  del  siglo  viii,  y  la  vida  de  San  Ildefonso, 
arzobispo  de  Toledo,  conservada  por  otro  códice  de  nuestra  Aca- 
demia, procedente  del  Monasterio  de  San  Millán.  También  es  por 
todo  extremo  notable  la  lámina  musical  que  lleva  el  núm.  xxx  y 
procede  del  Breviario  gótico  toledano  que  se  conserva  en  la  Bi- 
blioteca Nacional,  y  fué  escrito  en  el  año  1006;  y  no  lo  es  menos 
el  ejemplar  de  la  versión  árabe  de  la  colección  de  cánones  de  la 
Iglesia  española,  que  fué  copiada  en  el  año  1049,  y  enriquece  la 
Biblioteca  del  Escorial.  Para  dar  á  luz  una  obra  de  tanto  valor  á 
,  precio  baratísimo,  los  Sres.  Ewald  y  Loewe  han  obtenido  sub- 
vención del  Gobierno  de  Prusia.  Las  fotografías  han  sido  confia- 
das al  distinguido  artista  Sr.  Selfa,  ya  conocido  en  el  mundo  li- 

•TOMO  III.  5 


66  boletín  de  la  real  academia  de  la  historlv. 

terario  por  las  que  sacó  del  Lapidario  de  D.  Alfonso  X ,  y  de  las 
obras  autógrafas  de  Santa  Teresa. 

Los  editores  reconocen,  como  es  justo ,  el  generoso  apoyo  que 
les  han  prestado  los  jefes  y  principales  empleados  de  los  archivos 
V  bibliotecas  de  donde  han  reunido  la  colección  de  los  cuarenta 
ejemplares;  como  son  el  difunto  D.  Cayetano  Rosell,  D.  Octavio 
Toledo,  D.  Antonio  Paz  y  Mella,  D.  Manuel  R.  Zarco  del  Valle, 
D.  Manuel  de  Goicoechea,  D.  Félix  Rozanski  y  D.  Francisco  Bux 
y  Loras.  También  hacen  singular  elogio  del  profesor  de  la  Escuela 
de  Diplomática  D.  Eduardo  de  Hinojosa  y  del  fotógrafo  toledano 
D.  Casiano  Alguacil.  Finalmente  mencionan  la  Paleografía  visi- 
goda de  D.  Jesús  Muñoz  y  Rivero,  comprensiva  de  los  siglos  v  al  xii. 

La  colección  fotográfica  va  precedida  de  una  introducción  donde , 
además  del  texto  de  cada  lámina,  cuidadosamente  expuesto  y  ano- 
tado, se  da  por  los  editores  un  trasunto  crítico  del  códice  respec- 
tivo que  ha  servido  de  original. 

Trabajos  de  esta  índole  se  recomiendan  por  su  importancia  ma- 
nifiesta; y  es  de  creer  que  después  de  tan  feliz  comienzo,  no  tar- 
dará en  llegar  el  turno  á  los  códices  tan  ricos  y  variados  de  nues- 
tras primeras  catedrales  de  la  Reconquista,  como  las  de  Lugo, 
Astorga,  Oviedo,  León,  Pamplona,  Gerona,  Yich,  Urgel,  Barce- 
lona, etc. 

La  Revue  des  Études  juives,  en  su  último  número  (Abril-Junio 
1883),  página  278,  ha  publicado  un  excelente  artículo  de  nuestro 
socio  correspondiente  en  Paris,  Mr.  Isidore  Loeb,  quien  ha  fijado 
definitivamente  la  forma  y  color  de  las  famosas  ruedas  ó  marcas 
que  estaban  obligados  los  hebreos  de  la  Edad  Media  á  llevar, 
como  insignia  distintiva  de  su  religión  y  prosapia.  Tomándola 
de  un  códice  de  Manresa,  escrito  en  1347,  este  artículo  estampa 
la  figura  ó  retrato  del  judío  manresano  Rovén  Salamó,  del  cual 
hace  mención  el  códice;  y  asimismo  lá  figura  de  otro  hebreo  que 
se  halla  en  el  Livrc  vcrt  del  municipio  de  Barcelona,  comenzado 
á  escribir  en  1335.  Mr.  Loeb  elogia  dignamente  á  nuestros  socios 
correspondientes  D.  José  Puggarí  y  D.  Andrés  Balaguer  Merino, 
que  han  contribuido  á  facilitarle  dibujos  y  noticias  de  tanto  precio. 


INFORMES. 


MONEDAS  INÉDITAS  DE  TIPO  IBÉRICO. 


No  se  os  oculta,  Señores,  el  interés  científico  que  encierra  la 
■publicación  de  cuantas  especies  inéditas  se  vayan  descubriendo  de 
monedas  autónomas  con  tipo  ibérico.  Nuevo  campo  abren  á  estu- 
dios filológicos,  étnicos  y  geográficos;  sirven  con  su  copioso  nú- 
mero, jamás  agotado,  para  concertar,  sin  soluciones  de  continui- 
dad, en  rigorosa  escala  cronológica,  los  ya  conocidos;  identifican 
las  más  de  las  veces  con  la  repetición  de  los  hallazgos,  nuestros 
antiguos  despoblados,  cuyos  despojos  yacen  sin  nombre;  y  de- 
rraman en  fin  copiosa  luz  sobre  los  arcanos  de  nuestra  Historia 
antigua.  Las  monedas  ibéricas  constituirán  siempre  un  raudal  se- 
guro y  purísimo,  de  fuentes  no  adulteradas  por  copistas,  que  no 
entienden  lo  que  transcriben,  ó  por  geógrafos  é  historiadores  mal 
informados:  sus  caracteres  gráficos  no  serán  nunca  desatendidos 
,por  quien  ambicione  el  lauro  de  hallar  ó  difundir  lo  que  hay  de 
cierto  sobre  las  variedades  de  escritura  y  de  lenguaje  que  usaron 
nuestros  mayores.  No  es  tiempo  aún  de  labrar,  sino  de  allegar 
materiales. 

Concretando  mi  estudio  á  las  leyendas  numismáticas  de  la  Es- 
paña Citerior,  no  acierto  á  decir  si  unas  mismas  letras  tuvieron 
igual  valor  fonético  en  los  distintos  períodos  históricos  en  que  las 
vemos  usadas,  y  hasta  me  asalta  la  sospecha  de  que  no  guardan 
identidad  de  lenguaje  entre  las  apartadas  regiones  del  Este  y  del 


(j8  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

centro  de  Iberia.  La  unidad  política  no  mancomunaba  tan  múlti- 
ple enjambre  de  tribus,  y  la  de  la  sangre  mucho  menos:  nómadas 
unos,  como  los  Berybraces  que  describe  Avieno,  sedentarios  otros 
como  los  Vacceos,  solían  vivir  aislados  casi  todos,  encastillándose 
en  sus  breñas,  tan  ásperas  como  su  trato,  y  ajenos  de  consiguiente 
á  la  civilizadora  influencia  de  fenicios,  cartagineses  y  griegos  que 
modiücaran  sus  hábitos,  sus  costumbres,  y  pulieran  sus  briosos 
idiomas,  oscuros  por  una  parte  como  el  céltico,  y  por  otra  como 
el  vascuence  muy  claros. 

Pero  los  fundamentos  en  que  pudiera  hacer  estribar  mis  pre- 
sunciones no  son  de  este  lugar:  voy  á  cumplir  la  obligación  que 
contraje  con  esta  Real  Academia  y  que  os  dignasteis  aceptar,  li- 
mitándome hoy  á  presentaros  las  variedades  de  monedas  ibéricas 
que  he  logrado  reunir  de  algunos  años  acá  en  mis  viajes  de  ex- 
ploración y  que  no  veo  grabadas  en  la  obra  de  Medallas  autóno- 
mas de  mi  eminente  maestro  D.  Antonio  Delgado,  de  grata  memo- 
i'ia,  ni  tampoco  en  las  láminas  del  Estudio  histórico  de  la  moneda 
antigua  española  de  mi  querido  amigo  el  concienzudo  numismá- 
tico Sr.  Zobcl  de  Zangroniz.  Estos  dos  libros  serán  el  punto  de 
partida  de  mi  trabajo. 

lie  aquí  las  monedas: 

LÁMINA     1.» 

Guissona,  Delgado  (lám.  145) .  — lessonenses,  Zobel 
(pág.  39,  tom.  ii). 

1.      Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  con  torques  en  el  cuello,  mi- 
rando hacia  la  derecha;  detrás  espiga  ó  palma. 
Rev.  Jinete  en  el  aire,  con  palma  al  hombro,  corriendo  á  la 
derecha;  debajo  f*}^lA\r\- 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 

Curiosa  es  esta* variedad  por  la  disposición  en  forma  de  arca 
de  su  leyenda,  sin  línea  sobre  la  que  descanse,  careciendo 
al  propio  tiempo  su  anverso  de  indicaciones  omonóicas. 


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MONEDAS   INÉDITAS    DE   TIPO    IBÉRICO.  69 

Ildera,    Delgado  (h'im.  148) .  —  Ilduroneuses,   Zol)cl 
(pág.  55,  tom.  ii). 

Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  con  torques  en  el  cuello  mi- 

raiido  hacia  la  derecha. 
Rev.  Caballo  suelto  galopando  á  la  derecha  sobre  una  linea; 

encima  de  ella  r^hA^H. 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 


La  bella  fábrica  helénica  y  el  gran  diií  metro  de  este  semis, 
son  los  que  nos  han  aconsejado  publicarlo. 


Masenesa,  Delgado  (lám.  155).— Masonenses,  Zobel 
(pág.  39,  tom.  II ). 

:3.      Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha; 
detrás  símbolo  de  dudosa  clasificación;  á  nosotros  nos 
parece  un  strigUiim. 
Rev.  Jinete  con  palma  al  hombro  corriendo  hacia  la  dere- 
cha y  apoyado  sobre  una  línea;   debajo  de  ella 

D.  Mariano  la  Hoz,  Calatayud. 

Gomo  quiera  que  nuestra  misión  en  este  trabajo  se  con- 
trae simplemente  á  dar  á  conocer  variedades  de  monedas, 
nos  abstenemos  de  discurrir  acerca  la  región  donde  existió 
la  Masenesa  de  Delgado,  ó  sea,  los  Masonenses  de  Zobel; 
guardando  en  este  punto  igual  silencio  que  el  que  man- 
tendremos al  describir  las  monedas  de  Segisa.  Más  adelante, 
nos  cabrá  la  honra  de  ofrecer  á  la  consideración  de  la  Aca- 
demia las  apuntaciones  que  tenemos  hechas  acerca  del 
.particular,  no  aceptando  los  pareceres  de  los  Sres.  Delgado 
y  Zobel, . 


70  boletín   de   la   real   ACADENHA   de   la   HlSTOrJA. 

oíais,  Delgado  (lám.  155).  — Galsesenses,  Zobel  (pá- 
gina 83,  tom.  ii). 

4.      Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  con  torques  en  el  cuello,  mi- 
rando á  la  derecha;  delante  aspergilo,  detrás  ^. 
Rev.  Jinete  en  el  aire  y  lanza  en  ristre  corriendo  hacia  la 
derecha;  debajo  y  en  dos  líneas  ^h^l^ — f^XT. 

Gato  de  Lema,  Madrid. 

En  monedas  de  esta  leyenda  no  era  conocido  el  símbolo 
que  campea  en  el  anverso  de  este  precioso  ejemplar. 


Iloqith,  Delgado   (lám.   153).  —  Ildugoitanos,   Zobel, 
(pág.  45,  tom.  II ). 

5.      Aiiv.  Basto  varonil  imberbe,  con  peinado  do  bucles  y  tor- 
ques en  el  cuello;  mirando  hacia  la  derecha  y  ro- 
deada de  tres  delfines. 
Rev.  Caballo  corriendo  sobre  una  línea  y  con  brida  volante; 
encima  medialuna;  debajo  f^A  AXr^0- 

DoMiNfrO  Bazáx,  Barcelona. 

Delgado  no  conoció  el  semis  de  las  monedas  en  que  lee 
ILOQVITh ,  publicado  solamente  el  as ,  y  copiándolo 
de  un  ejemplar  con  reverso  tan  borroso,  que  nos  obligará 
más  adelante  á  grabar  el  que  figura  en  nuestro  monetario, 
el  cual  es  excelente  muestra  de  dibujo  helénico,  coetánea 
de  las  más  bellas  acufiaciones  ilerdenses.  El  semis  inédita 
(jue  acabamos  de  describir,  puede  relacionarse  con  otro  no 
menos  curioso  que  dio  á  conocer  nuestro  amigo  Sr.  Zobel 
(lám.  iii-l?,  lom.  II.) 

Saetabi,  Delgado  (lám.   162).  — Saetabitanos,   Zobel 
(pág.  55,  tom.  II ). 


MONEDAS   INÉDITAS   DE   TIPO   inÉRICO.  71 

6.  Anv.  Pectén  presentado  por  su  cara  convexa. 

Rev.  Delfín;  encima  media  luna  con  un  punto  en  su  centro; 
debajo  y  sobre  una  linea  M^r^H'. 

Vidal  Ramón,  Barcelona. 

Inédita  por  completo  es  esta  interesante  moneda:  en  ella 
se  nos  presenta  el  pectén  y  delfín  saguntinos,  combinados 
con  la  leyenda  ibérica  de  Játiva. 

Ildera,  Delgado  (lám.   148) .  —  Ilduronenses,   Zobel 
(pág.  55,  tom.  II ). 

7.  Ativ.  Cabeza   varonil  imberbe  á  la  derecha;   detríís  de 

ella  •  •  • 
Rev.  Caballo  suelto;  encima  y  escrita  de  dentro  á  fuera  la 
leyenda  I^AA- 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 

.  Aumenta  este  quadrante  en  una  variedad  los  heterogéneos 
tipos  que  presentan  las  monedas  de  Ildera,  ofreciendo  el  que 
acabamos  de  describir,  por  la  situación  y  desusadp  trazado  de 
su  leyenda,  alguna  semejanza  con  los  pequeños  bronces  con 
epígrafe  I^'l^rAAA- 

Segea,  Delgado  (lám.   167).— Segienses,  Zobel  (pá- 
gina 61,  tom.  II ). 

8.  Ánv.  Cabeza  varonil  imberbe;  detrás  delfín. 

Rev.  Caballo  suelto,  corriendo  hacia  la  derecha  sobre  una  lí- 
nea; encima  media  luna;  debajo  h}^'XP''. 

Vidal  Ramón,  Barcelona. 

9.  Anv.  Cabeza  barbuda  con  íorgues  en  el  cuello,  mirando  hacia 

la  derecha;  detrás  Hl*** 
Rev.  Como  el  de  la  moneda  anterior. 

Constantino  Bazán,  Barcelona. 


72  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Inéditos  eran  los  divisores  de  los  ases  cou  leyenda  ^^h^ 
y  Zobel,  tom.  ii,  lám.  v,  nüm.  3  y  4  fué  el  primero  que  los 
publicó  grabando  un  semis  y  un  triens,  siendo  común  el  pri- 
mero y  tomando  el  segundo  de  la  colección  Rais,  de  Zara- 
goza, en  cuya  capital  existe  otro  ejemplar  que  pertenece  al 
Sr.  Gil.  Con  dos  divisores  más  aumentamos  la  serie,  siendo 
semises  lo  que  acabamos  de  describir,  variante  el  de  nues- 
tro núm.  8.°  por  el  delfín  de  su  anverso  y  constituyendo 
el  9.°  una  importante  especie,  ya  que  en  la  moneda  aparece 
la  leyenda  Hr*  propia  de  los  ases  y  denaríos. 

40  y  11.  As  bilingüe  de  Saetahis  y  mediano  bronce  de  Julia 
Traducía  contrasellados  con  el  monograma  S^E  de  la 
primera  de  dichas  poblaciones. 

Museo  Arqueológico  Nacional. 

No  me  ha  parecido  inoportuno  dar  d  conocer  desde  luego 
estas  dos  monedas  de  necesidad.  Sus  resellos  acusan  al- 
guna perturbación  económica  que  obligase  á  estampar  en 
ellas  la  marca  setabense,  á  fin  de  asegurar  áu  circulación, 
dándolps  valor  legal. 

No  es  este  un  caso  nuevo  en  la  numismática  autónoma 
española.  Ya  lo  demostré  en  la  obra  del  Sr.  Delgado,  expo- 
niendo la  contramarca  DD  (decreto  decurionum)  de  los  me- 
dianos bronces  latinos  emporitanos.  En  dicha  obra  de  Me- 
dallas autónomas  aparece  un  Segobriga  con  el  sello  SE.  y 
un  as  de  Ileresi  marcado  con  una  H;  y  no  es  menos  no- 
table el  resello  de  Gili  puesto  en  un  as  de  Bilbilis  que  pu- 
bliqué en  la  Revista  de  Ciencias  Históricas,  tom.  iii,  pág.  1 69. 

LÁMIXA     2.». 

Segisa-Sethisa,  Delgado  (lám.  168).— Sethianos,  Zo- 
bel tpág.  101 ,  tom.  II ). 

i 2.    Ánv.  Gai)cza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha;  do- 
lante, lobo  I?)  corriendo. 


MONEDAS    INÉDITAS    DE    TIPO    IBÉRICO.  73 

Rev.  Jinete  con  enseña  militar  al  hombro,  galopando  ha- 
cia la  derecha;  un  ave  posada  sobre  las  manos 
del  caballo,  que  asienta  sus  pies,  sobre  la  línea 
superior  del  marco,  dentro  del  cual  campea  la  le- 
yenda /^lüfir^i^. 

La  Hoz,  Calatayud. 

Entre  los  ases  y  semises  que  llevan  la  leyenda  transcrita 
anteriormente,  conocida  era  la  emisión  que  se  diferencia 
de  sus  congéneres,  por  el  cuadrúpedo  que  se  distingue  en 
el  anverso  y  el  ave  que  en  el  reverso  dé  los  ases  remata  la 
enseña  militar  que  al  hombro  lleva  el  jinete.  El  sitio  en 
que  figura  el  ave  en  las  monedas,  aconsejó  á  los  autores  que 
me  han  precedido,  á  clasificarla  de  águila  legionaria;  así 
como  el  Sr.  Delgado  llama  león,  y  leona  el  Sr.  Zobel,  al  cua- 
drúpedo de  que  acabamos  de  hacer  mención.  En  el  rarísimo 
ejemplar  que  publicamos,  los  dos  indicados  símbolos  no  apa- 
recen en  su  sitio  normal;  el  ave  no  es  complemento  de  la  en- 
seña militar,  ya  que  está  sobre  las  manos  del  caballo,  y  en 
cuanto  al  cuadrúpedo  que  vemos  campear  delante  de  la  efi- 
gie del  anverso,  por  su  cabeza  prolongada  y  puntiagudo  ho- 
cico, más  que  leona  debe  parecemos  lobo. 

13.    Anv.  Cabeza  varonil,  imberbe,  con  cabello  crespo  entre  dos 
delfines  y  mirando  hacia  la  derecha. 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  apoyado  sobre  una  línea  corta; 
debajo  y  en  arco,  la  leyenda  MI^Rr^T^* 

Vidal  Ramón,  Barcelona. 

La  fábrica  tosca  de  esta  moneda,  nos  ha  aconsejado  repro- 
-ducirla,  para  auxiliar  los  estudios  comparativos  con  las 
acuñaciones  de  otros  pueblos. 

44.    Anv.  Cabeza  varonil  imberbe;  delante  M- 

Rev.     Caballo  suelto,  en  el  aire,  y  con  brida  volante;  debajo 

y  en  arco  MlS^ñ^^F^. 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 


74  boletín  de  la  real  academla  de  la  historia. 

Este  hermoso  semis  que  se  encuentra  á  llor  de  cuño,  justi- 
fica el  as  núm.  9  publicado  por  Delgado,  del  cual  es  divisor, 
y  cuya  moneda  debió  considerar  el  Sr.  Zobei  que  había  sido 
copiada  de  un  ejemplar  incompleto,  cuando  no  la  incluye 
en  su  concienzudo  cuadro  de  la  pág.  291,  tom.  ii  de  su  obra. 

15.  Anv.  Cabeza  varonil  mirando  hacia  la  derecha. 

Rev.  Caballo  suelto,  con  brida  volante,  corriendo  á  la  dere- 
cha sobre  una  línea;  debajo  ÍA^  encima  •••• 
Domingo  Bazán,  Barcelona. 

Titia,   Delgado    (lám.    179).  —  Titios,   Zobcl   (pág.   79, 
tom.  ii). 

16,  Anv.   Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha: 

detrás  y  escrita  de  fuera  adentro,  la  letra  "+*. 
Rev.  Parte  anterior  de  un  Pegaso;  debajo  •••• 

La  Hoz,  Calatayud. 

En  una  excursión  por  la  comarca  bilbilitana,  pudimos 
estudiar  con  todo  detenimiento  la  estimable  colección  nu- 
mismática, extraordinaria  en  especies  de  Bilbilis,  que  posee 
Uuistro  buen  amigo  D.  Mariano  La  Hoz.  En  ella  vimos  el 
ejemplar  que  acabamos  de  describir,  único  en  nuestra  noti- 
cia y  cuyo  anepígrafo  reverso,  haría  difícil  su  clasilicación 
á  pueblo  determinado,  á  no  contar  con  la  letra  (jue  rotula  el 
anverso,  y  que  nos  lleva  á  considerar  tan  precioso  qua- 
drantc  como  divisor  de  los  ases  con  leyenda  TH^^X/^. 
La  clasiílcaci(')n  nos  parece  indicada,  desde  el  momento  que 
lio  sólo  en  las  monedas  de  dicha  leyenda  aparece  la  4^  en 
los  anve.'sos,  sino  (juc,  aun  cuando  así  no  aconteciera,  es 
bien  sabido  que  buen  número  de  acuñaciones  ibéricas,  figu- 
ran cu  sus  anversos  la  letra  inicial  de  su  epígrafe  étnico, 
como  se  observa  por  ejemplo  en  las  leyendas  que  el  Sr.  Del- 
gado interpreta  Orsao,  Oláis,  Nertóbriga,  Gonlrebia,  Vire- 
bia,  Oligam,  Segobriga,  etc.,  etc.  . 


MONEDAS    INÉDITAS    DE    TIPO    IBÉRICO.  75 

Setisacum,  Delgado  (l;ím.  171)  .—Sethit anos,  Zobel 
(pág.  45,  tom.  II ). 

17.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  á  la  derecha. 

Rev.  Caballo  suelto  corriendo  sobre  una  línea;  encima  tres 

glóbulos;  debajo  ^1^0l^t*<^- 

Gato  de  Lema,  Madrid. 

El  Sr.  Zobel  conoció  esta  moneda  pues  dice  de  ella:  «De 
estequadrante  publicó  Heiss  en  su  lám.  12,5,  sólo  el  reverso, 
porque  el  modelo  que  estaba  en  su  propia  colección,  carecía 
de  auverso.  El  Sr.  Gato  de  Lema,  vecino  de  Madrid,  posee  en 
su  monetario  otro  ejemplar  á  flor  de  cuño,  que  senl  publi- 
cado en  nuestras  láminas.  (Estudio  histórico,  tom.  ii,  página 
247-275).  Interrumpida  la  continuación  déla  obra  del  se- 
ñor Zobel,  damos  á  conocer  la  moneda,  advirtiendo,  que  ade- 
más del  hermoso  ejemplar  del  Sr.  Gato  de  Lema  que  figura 
en  nuestra  lámina,  conocemos  otro  en  la  colección  zarago- 
zana de  D.  Pablo  Gil. 

18.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha. 
Rev.  Caballo  suelto  corriendo  á  la  derecha  sobre  una  línea; 

encima  •••;  debajo  ^l^0r^^<--- 

D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

El  quadrante  de  Sethísacmn,  no  figura  en  las  láminas  de 
la  obra  Delgado,  pues  sin  duda  no  creyó  conveniente  repro- 
ducir el  ejemplar  incompleto  grabado  por  Heiss,  cuya  moneda 
había  perdido  el  anverso.  (Heiss  mon.  auton. ,\íim.  12-5).  Zo- 
■  bel,  ofrece  corregir  esta  laguna  y  tomándolo  de  la  colección 
Gato  de  Lema,  cita  (pág.  244,  núm.  275,  tom.  ii  de  su  Es- 
tudio) un  quadrante  completo  de  Sethisacum,  con  cabeza 
imberbe  y  rodeada  de  tres  delfines.  (Ibid.  pág.  447.) — Po- 
demos, pues,  ofrecer  al  estudio  de  la  Academia,  una  varie- 
dad inédita  de  la  dicha  especie,  cuyo  anverso  carece  de 
delfines. 


7G  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

19.  Anv.  Cabeza  varonil  é  imberbe  mirando  hacia  la  derecha; 

detrás  media  luna. 
Rev.  Jinete  corriendo  á  la  derecha  y  en  el  aire;  con  enseña 
mihtar  ?  al  hombro;  debajo  frl^OTfr<r'- 
D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

Gomo  esta  hermosa  moneda  está  perfectamente  conservada, 
se  observa  en  ella  á  la  par  que  la  carencia  de  línea  sobre  que 
se  apoye  el  caballo,  la  forma  de  la  llamada  enseña  militar, 
que  soliendo  ser  un  tridente  en  ases  de  este  género,  en  el 
ejemplar  que  describimos,  dudo  mucho  que  pueda  verse  en 
ella  un  emblema  marcial.  Simplemente  es  un  caduceo  lo 
que  lleva  el  jinete. 

Orsao,  Delgado  (lám.  156) .  — Bursavonenses,  Zobel 
(pág.  79,  tom.  ii). 

20.  Anv.  Cabeza  barbuda  mirando  á  la  derecha;  detrás  D- 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  corriendo  en  el  aire  hacia  la  de- 
recha; debajo  y  sobre  una  línea  n^'t^'^* 

D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

No  puede  justificarse  si  existió  el  delfín  delante  de  la  ca- 
ra del  anverso .  La  efigie  se  nos  presenta  con  barbas  y  di- 
bujo bárbaro  y  el  jinete  sin  línea,  constituyendo  una  varie- 
dad apreciable  en  las  monedas  que  el  Sr.  Delgado  llama  de 
Orsao. 

21.  A)iv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha; 

detrás  D- 
Rev.  Caballo  suelto  con  brida  volante,  corriendo  sobre  una 

línea  Hacia  la  derecha;  encima  de  ella  DO^^"^- 
D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

Delgado  no  conoció  este  semis  que  no  ha  sido  grabado 
aiíii.  Además  del  que  describimos,  conocemos  dosejempla- 


MONEDAS    INÉDITAS    DE   TIPO    IBÉRICO.  77 

* 

res  más  en  las  colecciones  de  los  Sres.  Sisear  de  Barcelona 
y  Gato  de  Lema  en  Madrid.  Zobel  cita  otro  desconocido  para 
nosotros,  que  se  encuentra  en  el  monetario  del  Sr.  Marques 
de  Molins,  que  en  breve  podremos  estudiar,  merced  ú  la  ga- 
lantería de  su  ilustre  propietario. 

22.    Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha;  de- 
lante, delfín;  detrás  □• 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  corriendo  hacia  la  derecha  sobre 

una  línea;  detrás  media  luna;  debajo  OO^^^* 
Museo  Arqueológico,  Madrid. 

Delgado  no  conoció,  entre  los  ases  en  que  lee  Orsao,  la 
variante  con  la  media  luna  en  el  reverso,  la  cual  cita  Zobel 
en  la  especie  nüm.  498,  pág.  277,  del  tomo  ii  de  su  Estudio, 
tomándolo  de  una  moneda  con  la  cabeza  barbuda,  que  en- 
contró en  el  monetario  de  esta  Academia;  mas  no  publicó  el 
ejemplar  que  apunto,  y  que  posee  el  Museo  arqueológico 
nacional. 

Madrid,  3  de  Julio,  1883. 

Celestino  Pujol  y  Camps. 


II. 


HISTORIA  DE  VALLADOLID,  POR  D.  JUAN  ORTEGA. 

El  que  suscribe,  designado  por  acuerdo  de  la  Academia  para 
informar  sobre  el  libro  titulado  Historia  de  Valladolid,  por  don 
Juan  Ortega  y  Rubio,  obra  remitida  á  este  cuerpo  literario  por  el 
Excmo.  señor  ministro  de  Ultramar  á  los  efectos  de  la  Real  or- 
den de  19  de  Abril  de  1881,  habiendo  leido  con  atención  el  texto 


78  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

<lc  la  historia  expresada,  expone  su  dictamen  en  los  términos  si- 
j.'^uientes. 

Defecto  es  que  deslustra  los  merecimientos  granjeados  por  no 
l)0C0s  historiadores  el  frecuente  prurito  de  anteponerlas  glorias  y 
excelencias  peculiares,  ora  del  suelo  natal,  ora  de  aquel  que  apa- 
rece como  teatro  de  los  sucesos  que  refieren  á  las  más  calificadas 
de  otras  comarcas  ilustres;  inconveniente  de  importancia  para  la 
averiguación  de  la  verdad,  si  no  hallase  remedio  en  el  concurso 
apetecible  de  escritores  de  diferentes  lugares,  cuyas  relaciones, 
atentas  á  encarecer  y  recordar  hechos  olvidados  fuera  desús  res- 
pectivas patrias,  muestran  el  interés  de  recíprocos  correctivos,  al 
propio  tiempo  que  acaudalan  la  masa  general  de  acontecimientos 
narrados,  que  influyen  en  el  carácter  de  la  historia  general  de  los 
pueblos.  Con  razón  dirigen  sus  aficiones  varones  muy  doctos  de 
nuestra  edad  al  cultivo  de  la  monografía  histórica,  en  cuyo  campo 
han  granjeado  laureles  inmarcesibles  algunos  de  nuestros  antece- 
sores en  esta  Academia.  Extreman  su  fuerza  tales  consideraciones, 
si  la  monografía  se  aplica  á  una  localidad  tan  interesante  como 
Valladolid,  preferida  para  corte  por  muchos  antiguos  monarcas 
de  Castilla  y  por  algunos  de  la  casa  de  Austria;  cuna  y  morada 
de  varones  sobremanera  ilustres  en  la  época  en  que  España  los 
tuvo  muy  señalados,  y  teatro  de  acontecimientos  memorables  en 
las  edades  Media  y  Moderna.  Pues  con  todo  esto,  es  notorio  que 
el  olvido  lamentado  en  este  punto  un  siglo  há,  por  el  benemérito 
académico  don  Rafael  de  Floranes,  ha  tardado  mucho  tiempo  en 
subsanarse,  ofreciéndose  manifiesto  y  muy  de  resalto  hasta  nues- 
tros días.  Cierto  es  que  el  interés  del  asunto  ha  puesto  deseos  en 
más  de  un  curioso  para  llenar  este  vacío,  y  que  los  que  lo  son 
pueden  encontrar  en  nuestras  bibliotecas  documentos  y  antece- 
dentes estimables,  ya  en  la  Historia  ilustrada  de  Valladolid,  es- 
crita por  Martín  Anlolinez  de  Burgos,  continuada  por  don  Gaspar 
Uriarte  y  conservada  manuscrita  en  las  bibliotecas  de  Osuna  y 
de  la  Real  Academia,  ya  en  los  seis  volúmenes  consagrados  á  la 
historia  de  Valladolid  por  don  Manuel  Conesi,  escritor  del  pasado 
siglo,  y  cuya  obra,  probablemente  autógrafa,  disfrutó  Floranes, 
así  en  los  tratados  impresos  y  manuscritos  de  este  académico  in- 
signe, como  en  his  historias  manuscritas  de  los  monasterios  de 


HISTORIA    DE    VALLADOLID.  79 

San  Francisco  y  Real  de  San  Benito  de  Valladolid,  sin  contar  las 
noticias  que  avaloran  algunas  obras  impresas,  como  la.?,  Excelen- 
cias de  la  ciudad  de  Valladolid,  por  Antonio  Daca  (Valladolid, 
1617),  la  Relación  de  lo  sucedido  en  Valladolid,  desde  el  punto  del 
nacimiento  del  principe  Don  Felipe,  por  Domingo  Víctor  (1G07), 
libro  que  Pellicer  atribuye  sin  suficiente  fandamenio  á  Cervan- 
tes; la  parte  relativa  á  Valladolid  en  el  tomo  i  del  Teatro  de  las 
iglesias  de  España,  por  Gil  González  Dávila;  el  Viaje  de  España, 
por  don  Antonio  Ponz;  las  Memorias  políticas  y  económicas  de 
Larruga,  Madrid,  1792  y  1793;  los  Recuerdos  de  España,  por  Cua- 
drado; el  Compendio  Jiistórico  y  descriptivo,  de  Valladolid,  im- 
preso en  1849;  la  Historia  de  la  M.  N.  ij  M.  L.  ciudad  de  Valla- 
dolid, por  don  Matías  Sangrador  y  Vítores,  y  hasta  en  el  Manual 
histórico  y  descriptivo  de  la  misma  ciudad,  impreso  por  los  seño- 
res Rodríguez.  La  falta  de  una  buena  historia  de  Valladolid  se 
dejaba  sentir,  sin  embargo,  antes  de  que  con  buen  acuerdo  y  re- 
sultado muy  apreciable,  se  consagrara  á  escribirla  don  Juan 
Ortega  y  Rubio.  No  es  el  nombre  de  este  escritor  desconocido 
para  la  Academia,  ni  peregrino  en  la  república  literaria.  Anti- 
guo correspondiente  de  este  cuerpo  literario,  catedrático  de  His- 
toria por  oposición  en  la  Universidad  de  Valladolid  y  autor 
de  obras  históricas  muy  reputadas,  ha  sido  laureado  varias  ve- 
ces en  concursos  literarios  y  científicos  por  trabajos  históricos  de 
Valladolid  y  su  provincia.  Recientemente  ha  consagrado  su  ac- 
tividad á  allegar  datos  y  noticias  sobre  escritores  vallisoletanos 
ilustres,  luciendo  sus  condiciones  de  escritor  galano  en  una 
concienzuda  biografía  que  acaba  de  ver  la  luz,  acerca  del  in- 
signe jurisconsulto  don  Manuel  Silvela  y  Aragón,  abuelo  de  los 
distinguidos  hombres  de  Estado  que  llevan  este  apellido,  y  el 
cual,  á  principios  de  este  siglo,  acertó  á  ilustrar  con  su  ingenio  y 
sus  fructuosos  estudios,  hechos  en  la  Universidad  vallisoletana, 
el  foro,  el  Parnaso  y  la  cátedra. 

No  es  en  verdad  el  trabajo  histórico  que  examinamos  indigno 
de  la  reputación  del  autor,  ni  del  asunto  importante  en  que  ha 
empleado  sus  fuerzas,  según  demostrará  un  breve  análisis  del 
libro. 

Después  de  algunas  páginas  consagradas  á  las  antigüedades  ro- 


80  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

manas  de  Valladolid,  reducida?  hasta  lo  presente  á  cierto  número 
de  sepulcros  descubiertos  en  el  siglo  pasado,  tanto  al  construir  el 
nuevo  claustro  de  la  Universidad  literaria  como  al  ahondar  unas 
lioyas  para  la  formación  de  un  laberinto  en  el  paseo  del  Campo 
(jrande;  á  cierta  arqueta  con  monedas  de  los  emperadores  romanos 
ijue  se  hallaron  bajo  tierra  en  la  calle  de  la  Parra;  á  una  urna 
con  inscripción  latina  que  apareció  al  cavar  en  un  cimiento  de  la 
iglesia  de  San  Esteban,  y,  en  fin,  á  dos  restos  de  edificios  anti- 
guos descubiertos,  uno  al  derribar  el  trozo  de  muralla  inmediata 
á  la  puerta  del  Campo,  hoy  calle  de  Doña  María  de  Molina,  y  otro 
al  abrir  los  cimientos  de  la  catedral,  se  discuten  los  orígenes  de 
la  población  antigua  asentada  en  las  inmediaciones  de  la  moderna 
'Mudad,  con  grande  copia  de  estudios  y  autoridades,  atentas  las 
luces  que  han  arrojado  sobre  materia  tan  difícil  las  concienzudas 
investigaciones  de  Hernán  Nuñez  de  Toledo,  apellidado  el  Pin- 
<-iano,  las  de  nuestros  doctos  compañeros  los  Sres.  Fernández- 
(luerra  y  Saavedra,  y  la  del  sabio  profesor  berlinés  y  distinguido 
epigrafista  Dr.  Emilio  Hübner. 

Al  llegar  á  la  Edad  Media  controvierte  el  autor  doctamente  la 
opinión  expuesta  por  Ponz  que  sobre  el  nombre  de  Vallisoletum, 
con  que  se  ofrece  en  antiguos  documentos,  sea  una  contracción  de 
Vallis  olivetum  «valle  de  olivos, «  así  como  la  de  Floranes  en  lo 
tocante  á  que  valga  y  signifique  tanto  como  «valle  para  oler;w  y 
aunque  no  acoge  la  especie  divulgada  por  Antolinez  do  que  pro- 
reda  de  un  moro  llamado  Ulid,  ü  Olid,  que  vino  con  Abdalaziz  á 
la  conquista  de  España,  ni  la  de  Masdcu,  respecto  de  que  su  ori- 
gen sea  Medina-Guali,  ciudad  del  guali  ó  asiento  del  guaaliato, 
expone,  cómo  varios  geógrafos  árabes,  entre  ellos  Abulfeda,  de- 
signan esta  ciudad  con  el  nombre  de  Medina- Gualid,  ciudad  de 
(lualid  ú  Olid,  y  Bilad-Gualid,  tierras  ó  comarcas  de  Gualid,  no 
sin  recordar  ;í  este  propósito  que  Gualid  era  el  califa  de  Damasco 
en  el  momento  de  la  conquista  de  España.  Agrega  á  esta  especie 
las  do  que  los  visigodos,  al  decir  de  Dahn,  conforme  en  esto  con 
Morales  y  otros  historiadores,  hicieron  las  primeras  conquistas 
jior  su  niciita  on  territorio  español  sin  tenencia  de  los  emperado- 
res romanos  on  las  tierras  que  se  extienden  á  la  derecha  del 
Duoro,  ontre  el  Pisucrga  y  el  Órbigo,  ganadas  por  Toodorico  á 


HISTORIA    DE    VALLADOLID.  81 

]o5  suevos,  y  que  en  ellas  debieron  heredarse  pingüemente  el 
monarca  y  sus  capitanes,  según  parecen  acreditar  las  memorias 
góticas  de  aquel  territorio  en  San  Juan  de  Baños,  obra  de  Re- 
cesvinto  en  San  Román  de  Hormigausgo,  donde  fué  sepultado 
este  Rey,  en  Gcrticos  ó  Yamba,  etc.,  conjeturando  con  buen 
indicio  de  que  mucha  parte  del  Patrimonio  Real  se  hallaba 
en  tierra  de  Campos;  que  Cabezón,  nombrado  en  muy  antiguos 
documentos  de  la  Reconquista,  y  que  por  algún  tiempo  parece 
como  cabeza  de  Valladolid,  era  verosímilmente  el  centro  de  ex- 
plotaciones agrícolas  que  se  extendían  hasta  la  confluencia  del 
Esgucva  con  el  Pisuerga,  y  que  en  las  tierras  y  términos  de 
la  hermosa  ciudad  de  Doña  María  de  Molina  sólo  había  al  veri- 
ficarse la  invasión  de  los  muslimes  villas  y  tierras  del  Patrimo- 
nio Re¿il  visigodo,  las  cuales,  al  pasar  al  patrimonio  de  los  cali- 
fas, señalaban  el  principio  por  aquella  parte  de  las  posesiones  y 
territorio  realengo  de  Gualid  ú  Olid.  Eran  sus  vastas  llanu- 
ras y  risueños  campos,  en  concepto  del  moderno  historiador, 
luíís  á  propósito  para  el  culto  pacífico  de  Ceres  y  para  el  recreo 
y  comodidad  de  sus  moradores,  que  para  su  defensa  y  reparo  en 
época  de  guerra,  con  lo  cual  se  entiende  bien  que  no  debió  exis- 
tir allí  población  murada  importante,  mientras  el  teatro  de  la 
guerra  entre  cristianos  y  muslimes  permaneció  en  las  márgenes 
del  Duero,  sino  que  sus  moradores  pasarían  alternativamente 
de  la  dominación  sarracena  á  la  de  los  monarcas  cristianos,  limi- 
tándose estos  á  procurar  la  dependencia  de  ellos  respecto  de  los 
magistrados  y  de  la  iglesia  de  León  á  principios  del  siglo  xi  (se- 
gún indica  el  testamento  de  Don  Ordoño  II),  y  á  establecer  al- 
guna defensa  en  Simancas,  que  llegó  á  tener  también  su  obispo 
con  granada  importancia  en  959  ó  9G0;  pero  que  hubo  de  decaer 
algunos  años  adelante,  expugnada  su  fortaleza  y  entregados  sus 
baluartes,  como  todos  los  de  aquel  territorio,  á  un  Sahih  Axxorta 
ó  gobernador  militar  y  político  de  los  que  acostumbraban  á  po- 
ner los  muslimes.  La  conquista  de  Toledo,  que  trasladó  definiti- 
vamente el  teatro  de  la  guerra  á  la  margen  izquierda  del  Tajo, 
brindando  seguridad  á  los  trabajadores,  industriales  y  traficantes 
que  se  estableciesen  en  aquellas  llanuras  libres  ya  de  las  inva- 
siones, es  el  principio  de  generosa  grandeza  para  Valladolid,  se- 

TOMO  ni.  6 


82  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

giíii  se  muestra  en  la  creciente  extensión  de  sus  alfozes  declara- 
dos en  la  carta  de  donación  otorgada  por  don  Pedro  Ansurez  y 
su  mujer  á  la  iglesia  de  Valladolid  en  1098,  y  en  el  considerable 
número  de  Concilios,  Cortes,  bodas  reales  y  solemnidades  cele- 
bradas en  su  recinto  durante  el  siglo  xii.  Sería  prolijo  el  enume- 
rar las  investigaciones  nuevas  debidas  al  autor,  así  sobre  los  orí- 
genes del  escudo  de  Valladolid,  como  relativas  á  los  orígenes 
de  su  Estudio  general  que  aparece  con  importancia  antes  del  si- 
glo XIII,  y  en  particular  sobre  la  habilidad  política  mostrada  por 
la  insigne  Reina  madre  doña  María  de  Molina,  no  siendo  para 
olvidados  tampoco  los  estudios  sobre  los  privilegios  concedidos  á 
la  ciudad  por  don  Alfonso  XI,  don  Pedro  I  y  don  Enrique  II,  ni 
los  concernientes  al  establecimiento  de  la  corte  en  Valladolid  du- 
rante el  reinado  de  don  .fuan  II  y  al  casamiento  de  los  Reyes 
Católicos,  puesto  que  ofrezca  aún  más  granado  y  privatísimo  in- 
terés el  cuadro  del  movimiento  industrial,  comercial,  científico, 
religioso  y  literario  en  Valladolid  durante  los  siglos  xvi  y  xvii. 
Al  tratar  de  esta  materia,  como  asimismo  de  los  acontecimientos 
que  se  desarrollan  en  los  siglos  xviii  y  xix,  el  Sr.  Ortega  escribe 
guiado  casi  siempre  por  indagaciones  propias. 

Considerado  el  vasto  conjunto  de  hechos  que  comprende  la 
Historia  de  Valladolid,  el  largo  período  de  años  á  que  se  ex- 
tiende, y  los  múltiples  y  varios  elementos  sociales  con  que  se 
muestra  su  relación,  no  sería  de  extrañar  por  ventura  que  una 
crítica  muy  minuciosa  pudiera  encontrar  en  ella  noticias  que 
añadir  ó  alguna  opinión  motivada  á  controversia;  pero  en  rigor 
de  verdad  nadie  podrá  negar,  sin  evidente  injusticia,  el  mereci- 
miento contraído  por  el  autor,  quien  ha  prestado  con  su  obra 
un  servicio  de  importancia  para  el  cultivo  de  los  estudios  his- 
tóricos. 

En  atención  á  las  consideraciones  precedentes ,  el  académico 
que  firma  este  dictamen  opina  que  la  obra  examinada  es  de  mé- 
rito relevante  y  de  utilidad  para  las  bibliotecas,  hallándose  com- 
prendida, á  su  juicio,  en  la  prescripción  tercera  que  establece  la 
Real  orden  de  19  de  Abril  de  1881.  Propone,  por  tanto,  que  se 
informe  al  Excmo'.  señor  ministro  de  Ultramar  en  el  sentido  de 
que  otorgue  al  autor  la  protección  justa  á  que  se  ha  hecho  aeree- 


HISTORIA    DE    VALLADOLID.  83 

dor  por  su  recomendable  trabajo.  La  Academia  acordará,  como 
siempre,  lo  más  oportuno. 

Madrid  22  de  Junio  de  1883. 

Francisco  «Fernández  y  Go.nzález. 


III. 


INFORME  ACERCA  DEL  LIBRO  TITULADO  RELACIÓN  HISTÓRICA  DE  LA 
ÚLTIMA  CAMPAÑA  DEL  MAR(iUÉS  DEL  DUERO.  ESCRITA  POR  LOS  SEÑO- 
RES DON  MIGUEL  DE  LA  VEGA  INCLÁN,  DON  JOSÉ  DE  CASTRO  Y  LÓPEZ 
Y  DON  MANUEL  DE  ASTORGA,  CON  UNA  INTRODUCCIÓN  ESCRITA  POR 
DON  JOSÉ  GÓMEZ  DE  ARTECHE. 


En  cumplimiento  de  la  orden  que  en  sesión  del  viernes  19  del 
mes  último  se  sirvió  dictar  el  Sr.  Presidente,  Director  accidental 
de  esta  Real  Academia,  voy  á  presentar  un  ligero  extracto  del  li- 
bro que,  con  el  título  de  Relación  histórica  de  la  última  campaña 
del  Marqués  del  Duero,  tuve  el  honor  de  ofrecerla  en  nombre  del 
Fixcmo.  Sr.  D.  Juan  Gutiérrez  de  la  Concha,  hermano  de  aquel 
general  insigne. 

Forma  un  volumen  de  225  páginas  en  cuarto,  délas  que  30  sir- 
ven para  la  introducción,  dirigida,  como  en  ella  misma  aparece, 
á  presentar  á  grandes  rasgos  la  personalidad  militar  del  general 
Coucha;  150,  que  constituyen  el  cuerpo  de  la  obra,  con  la  descrip- 
ción de  la  campaña  que  comenzó  por  el  levantamiento  del  sitio 
de  Bilbao  y  terminó  al  frente  de  Estella,  y  45  más  de  apéndice 
que  los  autores  han  creido  deber  estampar  como  pruebas  de  sus 
asertos  y  observaciones.  Para  mayor  ilustración  de  su  trabajo 
han  añadido  hasta  diez  láminas  con  el  retrato  del  Manjués  del 
Duero,  vistas  de  los  teatros  principales  de  su  acción  militar,  y  los 
planos  de  los  combates  principales  reñidos  por  las  tropas  de  su 
mando,  láminas  ejecutadas  por  los  mejores  artistas  ó  por  la  sec- 
ción geográfica  del  Depósito  de  la  Guerra,  único  establecimiento 


84  BOLETÍN   DE    LA   BEAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

en  Madrid  donde  puedan  darse  á  luz  con  la  inteligencia,  la  exac- 
titud y  el  esmero  con  que  están  dibujadas  y  grabadas. 

Aun  cuando  no  lo  dijese  la  portada,  con  solo  hojear  el  libro,  se 
comprende  qnc  sus  autores, ^1  general  D.  Miguel  de  la  Vega  In- 
clán,  jefe  de  E.  M.  G.  que  fué  del  Ejército  del  Norte,  D.  José  de 
Castro  y  López,  coronel  encargado  de  la  sección  topográfica  del 
mismo,  y  D.  Manuel  Astorga,  ayudante  de  campo  del  general 
Concha,  han  tenido  por  principal  objeto,  al  escribirlo,  el  de  ofre- 
cer á  la  memoria  de  su  malogrado  jefe  el  homenaje  de  honor  mi- 
litar que  les  merecía  y  merecerá  seguramente  á  todo  imparcial 
conocedor  de  las  cosas  de  la  guerra.  La  época  en  que  se  escribió 
y  comenzó  á  escribirse,  muy  próxima,  de  un  lado,  á  los  sucesos 
que  relata  el  libro,  y  en  que,  de  otro,  ni  era  permitido  dar  á  la 
estampa  noticia  alguna  de  la  guerra  que  revelara  operaciones  ó 
proyectos  todavía  utilizables,  ni  había  de  consentirse  el  examen 
de  los  que  se  habían  llevado  á  práctica  por  quienes  ocupaban  una 
posición  eminente  en  la  dictadura  á  que  se  hallaba  sometida  la 
nación,  impedia  la  empresa  de  escribir  la  relación  íntegra  de  la 
primera  parte,  la  más  interesante  quizá,  de  la  campaña,  la  que- 
dio  por  resultado,  después  de  los  todavía  no  juzgados  combates^ 
de  SomoiTOStro,  el  levantamiento  del  sitio  de  Bilbao,  exclusiva- 
mente debido,  sin  duda  alguna,  á  la  pericia  y  al  valor  y  la  ener- 
gía del  Marqués  del  Duero.  De  ahí  el  que,  como  relación  histó- 
rica, aparezca  la  de  la  última  campaña  del  general  Concha  sin  la; 
conexión  ó  enlace  que  en  un  trabajo  general  hubiera  exigido  la 
circunstancia  de  operar  las  tropas  del  tercer  cuerpo  de  ejército  á" 
la  inmediación  y  combinando  sus  movimientos  con  los  dos  pri- 
meros en  el  del  Norte. 

Los  autores,  sin  embargo,  y  comprendiendo  seguramente  que 
podría  hacérseles  esa  objeción,  principian  por  manifestar  que 
saben  la  dificultad  de  escribir  su  libro  en  tales  momentos,  «que 
«no  se  nos  esconde,  dicen,  que  en  historia  como  en  perspectiva- 
«convienen  las  distancias;  pero  como  en  nuestro  propósito  no  en- 
ntra  sino  el  de  reseñar  los  acontecimientos  en  que  personalmente 
«influyera  el  general  Concha,  esperamos  realizarlo  sin  tropezar 
■ncn  los  obstáculos  que  se  nos  presentarían  en  camino  tan  áspero,. 
»dc  otro  uso  y  escabroso.» 


RELACIÓN  DE  LA  ÚLTLMA  CAMPANA  DEL  MARQUÉS  DEL  DUERO.   «3 

No  puede,  pues,  acusárseles  de  falta  de  unidad  ui  de  extensióu 
^n  su  trabajo. 

De  la  introducción  no  toca  hablar  al  que  en  estos  momentos 
está  ocupando  la  atención  de  los  señores  académicos,  que  es  obra, 
y  bien  iniperfecta,  suya,  en  la  que  sólo  se  propuso  dar  idea  á  sus 
-lectores  de  las  prendas  de  carácter  y  de  talento  que  atesoraba  eu 
su  persona  el  soldado  valeroso  ó  insigne  capitán  que  llora  y  cada 
di:i  llorará  más  la  patria.  Y  no  teme  haber  pecado  de  exageración, 
aún  habiéndole  consagrado  en  vida  la  amistad  más  tierna  y  la 
adhesión  más  calurosa,  que  las  .hazañas  que  ejecutara  el  general 
JGoncha,  los  conocimientos  militares  que  en  ella  reveló,  su  apli- 
cación constante  para  extenderlos  más  y  más,  y  aquel  patriotis- 
mo que  en  su  alma  sofocaba  todo  otro  sentimiento,  por  elevado 
que  fuera,  hacían  de  él  un  personaje  verdaderamente  excepcional 
que  ha  de  hacer  resaltar  el  tiempo  en  el  espacioso  campo  de  nues- 
Ira  hisioria  contemporánea. 

Cual  cumplimiento  de  ese  ligerísimo  trabajo  y  escrito  por  la 
misma  inexperta  y  torpe  mano,  se  presenta  en  el  libro  á  que  se 
va  refiriendo  este  resumen  el  epílogo,  dirigido,'  cuando  ya  las  cir- 
cunstancias habían  tan  venturosamente  cambiado  en  nuestro 
país,  á  poner  de  manifiesto  los  pensamientos  políticos  que  abri- 
gaba el  Marqués  del  Duero  al  emprender  su  última  campaña. 
Ellos  eran  nobles  y  generosos,  'dignos  de  su  posición  y  su  carácter; 
pero  su  examen  y  su  juicio  ni  son  de  este  lugar  ni  estarían  bien 
en  quien  esto  escribe  que  los  ha  revelado,  aunque  someramente 
en  la  relación  histórica. 

Con  leer  el  índice  se  comprende  al  momento  la  extensión  dada 
ipor  los  autores  á  su  importante  trabajo.  El  capítulo  I  contiene 
la  reseña,  de  todo  punto  necesaria,  del  estado  de  la  guerra  ea 
el  país  vasco-navarro  al  ser  llamado  el  Marqués  del  Duero  al 
mando  del  tercer  cuerpo  en  el  ejército  del  Norte.  En  esa  reseña 
se  apuntan  las  causas  del  incremento  que  desgraciadamente  ha 
tomado  la  guerra  y  la  marcha  de  las  operaciones  ejecutadas  por 
los  diferentes  generales  que  tomaron  á  su  cargo  el  de  sofocarla  en 
un  principio,  ó  el  de  contener,  después,  sus  progresos. 

El  capítulo  II  describe  la  organización  de  ese  tercer  cuerpo, 
para  en  el  siguiente  presentarlo  combatiendo  bizarramente  en 


86  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA   HIST0RL4. 

las  Muñecas  y  Galdámes,  las  dos  posiciones  más  importantes  áe 
la  línea  carlista  en  su  extrema  izquierda;  la  primera,  amenazan- 
do la  comunicación  del  ejércitoliberal  en  Somorrostro con  Castro 
Urdiales,  su  plaza  de  depósito  y  puerto  de  embarque,  y  la  segun- 
da, cubriendo  por  aquel  lado  el  campamento  carlista  de  Abanto 
y  asegurando  la  retirada  de  su  ejército,  si  era  en  él  vencido  y 
arrollado.  Tomadas  aquellas  posiciones,  el  levantamiento  del  si- 
lio  de  Bilbao  era  inmediato;  y  así  se  vio  cómo  á  los  dos  días  pe- 
netraba el  ejército  en  la  invicta  villa,  librándola  de  la  presión,  ya 
inmediata,  de  sus  implacables  enemigos. 

Ejecutada  tan  feliz  como  rápidamente  una  operación  de  que  no 
sólo  pendía  la  salvación  de  Bilbao  sino  la  suerte  de  las  armas  li- 
berales en  la  izquierda  del  Ebro  que  se  hubieran  visto  obligadas 
á  evacuar  desde  Santander  hasta  el  Aragón,  el  general  Concha 
obtuvo  el  mando  en  jefe  del  ejército  del  Norte,  de  cuya  organi- 
zación trata  el  capítulo  IV,  así  como  de  la  entrada  en  Orduña  du- 
rante la  marcha  que  hubo  de  emprender  á  Vitoria  para  cambiar 
la  base  de  operaciones.  La  expedición  á  Villareal,  así  como  la  de 
Salvatierra,  ejecutadas,  más  que  con  un  objeto  ofensivo,  con  el 
de  probar  al  país  que  ninguna  de  sus  poblaciones  debía  conside- 
rarse como  exenta  de  una  invasión  del  ejército,  el  establecimien- 
to de  telégrafos  en  la  línea  de  comunicación  de  Vitoria  con  Mi- 
randa, cortada  hasta  entonces,  y  en  la  general  de  ocupación  por 
todo  el  curso  superior  del  Ebro,  y  la  marcha,  por  fin,  á  Logroño 
por  Peñacerrada  y  la  Guardia,  son  objeto  del  capítulo  V  en  el  que 
se  revelan  ideas  y  proyectos  militares  que  hacen  grande  honor  al 
Marqués  del  Duero  como  general  entendido  y  previsor. 

Los  dos  capítulos  siguientes  se  refieren  ya  á  las  operaciones 
sobre  Estella;  el  VI  abrazando  los  preparativos  indispensables 
para  la  reunión  de  cuantos  elementos  habían  de  ser  necesarios 
para  obtener  un  éxito  completo;  el  VII  y  iiltimo  dedicado  á  la 
descripción  de  los  movimientos  y  los  combates  que  tuvieran  lu- 
gar al  frente  de  aquella  población  donde  terminó  la  campaña  con 
la  muerte  del  general  Concha,  causa,  después,  de  la  retirada  del 
ejercito  á  la  izquierda  del  Arga. 

Tal  es  la  que  bien  puede  llamarse  trama  del  trabajo  que  á  los 
poros  días  de  tan  sentida  é  irreparable  pérdida  se  impusieron  los 


RELACIÓN  DE  LA  ÚLTIMA  CAMPANA  DEL  MAnQUÉS  DEL  DUERO.   87 

autores  de  la  Relación  histórica,  ejecutándolo  inmediatamente  con 
todos  los  datos  que  nadie  como  ellos  podía  reunir  y  ornándolo 
con  una  serie  de  observaciones,  cuya  oportunidad  y  exactitud  re- 
salta al  primer  golpe  de  vista  que  se  arroje  sobre  sus  páginas  y 
especialmente  sobre  los  excelentes  planos  que  las  acompañan  é 
ilustran. 

Que  ese  trabajo  es  apreciable  lo  dice,  mejor  que  estos  renglo- 
nes, la  aceptación  qne  ha  tenido  de  parte  de  la  prensa  periódica  á 
que  ha  podido  llegar;  y  es  de  presumir  que  servirá  más  adelante 
como  dato  de  gran  interés  para  la  redacción  de  la  historia  de  la 
guerra  civil  actual,  más  fecunda  acaso,  que  la  de  siete  años  en 
acontecimientos  de  importancia  por  la  distinta  índole  de  las  cau- 
sas que  la  han  promovido,  la  diferencia  de  los  elementos  milita- 
res con  que  ahora  se  cuenta  y  la  diversidad  de  los  procedimien- 
tos políticos  que  han  debido  emplearse  en  su  remedio. 

El  que  suscribe  cree,  de  consiguiente,  que  podría  acusarse  el 
recibo  del  libro  al  Excmo.  Sr.  D.  Juan  Gutiérrez  de  I9,  Concha,  y 
darle  las  gracias  por  su  atención  al  enviarlo,  con  algunas  frases 
que  demuestren,  á  la  vez,  la  parte  que  esta  Real  Academia  ha 
tomado  en  el  duelo  general  causado  en  la  nación  por  la  muerte 
de  su  ilustre  y  malogrado  hermano,  el  capitán  general  Marqués 
del  Duero. 

La  Academia,  sin  embargo,  resolverá  lo  que  considere  como 
más  conveniente  que,  de  seguro,  será  lo  mejor. 

Madrid  9  de  Abril  de  1875. 

José  Gómez  de  Arteche. 


IV. 

LA  CATEDRAL  DEL  PUY  Y  LA  DE  GERONA. 

La  Academia  de  la  Historia  ha  recibido  de  su  amable  y  la- 
borioso correspondiente  el  P.  Fidel  Fita,  y   por  conducto  del 


88  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Sr.  D.  Eduardo  Saavedra,  un  ejemplar  de  la  obra  escrita  por  ei 
abogado  M.  Garlos  Rocher,  titulada  Les  rapports  de  VEglüe  du 
Pwj  avec  la  Villede  Girone  enEspagneetle  Comté  deBigorre.  Es 
un  tomo  en  4."  de  286  páginas  y  contiene  una  serie  de  observacio- 
nes y  artículos  publicados  en  la  Revista  titulada  TahleUes  histori- 
ques  du  Velay  de  1873.  En  las  notas  y  apéndices  se  ve  citado  con 
frecuencia  el  nombre  de  nuestro  correspondiente  el  P.  Fita,  y  desde 
luego  se  podría  conjeturar  que  á  él  le  corresponde  en  gran  parte 
el  origen  del  libro,  si  el  autor  mismo  no  nos  absolviese  de  este 
juicio  en  el  párrafo  último  y  adicional  diciendo  en  sustancia  que 
si  el  libro  vale  algo  es  por  el  P.  Fita.  Si  le  petit  essai  qu'on  vient 
de  lire  en  valait  la  peine  nous  en  ferions  la  dédicace  au  P,  Fita. 
Cette  ceuvre  modeste  n'est  pas  nutre;  elle  est  sienne,  elle  lui  appar- 
tient  toui  entiere. 

Tiene  el  libro  como  de  su  mismo  título  se  colige,  dos  partes,  la 
primera  de  relaciones  de  la  iglesia  de  Puy  con  la  de  Gerona,  la 
segunda  de  relaciones  entre  aquella  misma  iglesia  y  el  condado 
de  Bigorra.  La  primera  es  la  que  hace  más  al  caso  á  la  institu- 
ción de  la  Academia,  pues  la  segunda  tiene  menos  conexión  con 
nuestra  historia  patria,  si  bien  sería  muy  aventurado  el  suponer 
que  no  tiene  alguna. 

Redúcese  la  primera  parte  en  sus  62  páginas  á  probar  que  ha- 
bía hermandad  inmemorial  entre  las  iglesias  de  Puy  y  de  Ge- 
rona, pues  aunque  el  autor  dice  la  Ville  de  Girone  las  investiga- 
ciones acreditan  que  las  relaciones  eran  eclesiásticas  y  no  civiles, 
ni  municipales. 

El  asunto  como  se  ve  no  es  de  primera  magnitud,  y  con  todo 
no  deja  de  ofrecer  interés.  Ojalá  que  todas  la  revistas  provinciales 
y  locales  comprendieran  de  ese  modo  su  misión,  y  dirigieran  sus 
conatos  á  la  publicación  de  documentos  inéditos,  ó  poco  conoci- 
dos, procedentes  de  sus  olvidados  é  inexplorados  archivos,  á  in- 
vestigaciones científicas  sobre  su  terreno,  y  á  la  discusión  de  in- 
tereses locales. 

El  asunto  pues  do  nuestro  libro  es  de  un  interés  local  y  parti- 
cular, sobre  un  asunto  diminuto;  y  con  todo  ofrece  tal  interés. 
tal  cúmulo  de  datos,  que  se  lee  con  gusto  y  ofrece  no  poca  uti- 
lidad. 


{.A  CATEDRAL  DEL  PUY  Y  LA  DIC  GERONA.  89 

Algo  se  exalta  el  autor  al  principio  hablando  de  la  epopeya 
francesa  y  de  la  poesía  Garlovingiana,  ó  Carolina ,  sintetizada  en 
el  canto  de  Roldan  (La  Chanson  de  Roland),  la  cual  es  el  resul- 
tado de  una  vasta  superposici(3n  de  edades,  como  la  Iliada  y  el 
Niebelungen.  ¡La  poesía  francesa,  exclama  el  autor,  es  la.  jwesia 
de  la  humanidad!  ¡Raro  privilegio  del  genio  francés  (¡ue  sola- 
mente Grecia  nos  disputa!  Esta  noticia  de  seguro  que  no  es  del 
P.  Fita.  Además  que  la.  poesía  de  la  liumanidad  sería  en  tal  caso 
bastante  pesada. 

Viene  esto  á  propósito  de  que  Garlo  Magno  conquistó  á  Gerona 
y  que  allí  tuvo  culto  como  santo  (1).  No  es  el  tal  culto  lo  que  más 
honra  á  nuestra  catedral.  Precisamente  es  uno  de  los  ejemplos 
que  tenemos  á  mano,  en  las  cátedras  de  derecho  canónico ,"  para 
probar  la  necesidad  de  que  la  Santa  Sede  se  reservara  el  derecho 
do  beatificar  á  los  santos  por  los  abusos  que  los  obispos  y  los 
concilios  particulares  cometían  con  este  motivo.  Porque  el  bueno 
de  Garlo  Magno,  aunque  gran  defensor  de  la  Iglesia  y  del  Pontifi- 
cado, dejó  bastante  que  desear  en  materia  de  moralidad,  y  su  fa- 
milia todavía  más.  Y  por  lo  que  hace  á  España  nunca  fué  popu- 
lar el  buen  señor,  y  antes  bien  los  vascos  fueron  muy  ingratos 
con  él,  pues  le  dieron  un  mal  rato,  á  él  y  á  Roldan,  el  de  la  can- 
ción, allá  en  Roncesvalles,  nada  más  que  por  la  pequenez  de  ha- 
berles derribado  los  muros  de  Pamplona. 

En  vano  quisieron  los  galicanos  en  el  siglo  xii  rehabilitar  la 
memoria  de  Garlo  Magno.  Las  tradiciones  Garlovingias  no  lo- 
graron aclimatarse  del  Ebro  aquende.  Las  fábulas  de  D.  Pelayo 
fueron  conocidas;  los  palacios  de  Galiana  en  Toledo  y  sus*  amo- 
res carlovingianos  no  prosperaron  tampoco;  quedaron  por  casti- 
llos en  España  fcháteaux  en  Espagne)  que  dicen  nuestros  ve- 
cinos. 

En  Gerona  mismo  hubieron  de  tomar  por  armas  para  el  sello 
diocesano  las  célebres  moscas  de  San  Narciso  ,  verdadero  santo 
español  que  en  aquella  iglesia  no  estaba  de  acuerdo  con  San  Garlo 
Magno  en  materia  de  invasiones. 

Las  e.xageraciones  del  escritor  francés  acerca  de  la  epopeya 


(1 '    Véase  el  t.  43  de  la  España  Sagrada. 


90  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

francesa,  á  propósito  del  culto  de  Cario  Magno  en  Gerona  y  de 
las  relaciones  entre  esta  iglesia  y  la  de  Puy  me  han  hecho  divagar 
fuera  del  tema.  Mas  no  se  pierde  el  tiempo  en  ver  cómo  escriben 
nuestros  vecinos  aun  á  propósito  de  pequeños  asuntos.  Además 
que  unas  divagaciones  traen  otras. 

En  el  §  3."  y  á  la  página  17,  entra  ya  el  autor  en  historia  y  crí- 
tica, dejando  á  un  lado  la  lira;  y  pregunta: — ¿Es  cierta  la  famosa 
carta  de  los  canónigos  pobres  de  Puy,  ó  es  una  de  esas  superche- 
rías tan  comunes  en  la  Edad  Media? 

Volvamos  aquí  la  hoja  antes  de  entrar  en  esta  materia,  dema- 
siado ocasionada  para  mí,  y  en  la  cual  es  uno  dueño  de  su  pluma 
mientras  no  se  la  deja  entrar  en  materia,  pues  en  acometiéndola, 
tan  fácil  es  detenerse,  como  contener  el  torrente  que  principia  á 
despeñarse  por  la  montaña. 

Prueba  el  autor  que  Garlo  Magno  tuvo  gran  afecto  á  la  iglesia 
de  Puy,  pues  según  consta  de  una  carta  de  San  Gregorio  VII,  era 
una  de  las  tres  iglesias  que  señaló  aquél  para  recoger  el  denario 
anual,  que  hacía  pagar  á  todas  las  iglesias  para  San  Pedro,  y  que 
se  llamó  el  dinero  de  San  Pedro;  debiéndose  llamar  el  denario 
de  San  Pedro.  Es  verdad  que  en  Aragón  todavía  llaman  dinero  al 
ochavo. 

A  la  página  20  entra  en  materia  más  de  lleno  hablando  de  las 
cartas  de  hermandad  que  había  entonces  en  los  monasterios  y 
que  todavía  duran.  El  autor  las  hace  derivar  del  siglo  viii  y  trae 
una  carta  curiosa  de  confraternidad  monástica  en  el  siglo  xi.  Pero 
los  antecedentes  canónicos  son  mucho  más  antiguos,  y  se  remon- 
tan al  siglo  v,  y  aun  á  épocas  anteriores,  pues  se  relacionan  con 
las  cartas  formadas  ó  pasaportes  cristianos,  con  la  comimión  pe- 
regrina, como  honor  prestado  á  los  forasteros,  y  la  incomunión  ó 
incomunicación  con  los  díscolos  y  malos,  confundida  con  la  ex- 
comunión y  no  siempre  bien  comprendida  por  los  comentaristas 
del  derecho  canónico. 

Que  los  canónigos  de  Gerona  tenían  hermandad  con  los  de 
Puy  aparece  probado,  gracias  á  las  diligencias  del  P.  Fita  y  del 
secretario  del  Cabildo  de  Gerona  D.  Francisco  Aznar  y  Pueyo(l); 

(1)    Obispo  (le  Tortosa,  desde  ^1  dia  28  de  Febrero  de  1879. 


LA  CATEDRAL  DEL  TUY  Y  LA  DE  OEnONA.  9| 

que  trascribe  un  suceso  de  1470,  con  motivo  de  li.ilicr  ido  á  Ge- 
rona Pedro  Rouvier,  canónigo  de  Nuestra  Señora  de  Puy;  con 
cuyo  motivo  se  describen  todos  los  obsequios  que  al  canónigo 
francés  dispensaron  los  de  Gerona. 

Mas  estas  hermandades  no  eran  solamente  entre  cabildos,  cole- 
giatas, monasterios  y  conventos.  Las  había  entre  ayuntamientos 
y  cabildos,  entre  cabildos  y  universidades,  y  entre  universidades 
y  universidades.  La  Universidad  de  Salamanca  tiene  todavía  her- 
mandad con  el  cabildo.  Los  prebendados  se  sientan  entre  los  doc- 
tores y  los  canónigos  do  oficio  y  dignidades  entre  los  caled  raucos 
y  viceversa,  cuando  estos  van  al  cabildo  si  van  de  toga  ó  manteo. 

Cuando  hay  oposiciones  se  da  propina  á  los  catedráticos  que 
asisten  como  si  fueran  canónigos.  La  Universidad  de  Huesca  te- 
uía  hermandad  con  el  cabildo  y  el  ayuntamiento.  Los  grados  ma- 
yores se  conferían  en  la  catedral  y  cobraban  propina  los  canóni- 
gos y  concejales,  y  hasta  los  bachilleres.  A  todo  bachiller  que  se 
sentaba  en  el  coro  se  le  daba  un  real. 

La  Universidad  de  Alcalá  tenía  hermandad  con  la  Sorbona. 
Cuando  pasaba  por  Alcalá  un  doctor  parisiense  se  le  invitaba  á 
todos  los  actos  de  Universidad  y  se  le  ofrecía  el  segundo  argu- 
mento, ó  sea  de  doctor,  pues  la  costumbre  era  dar  á  un  bachiller 
el  primero,  el  segundo  á  un  doctor  y  el  tercero  á  un  catedrático 
como  más  difícil.  En  la  Universidad  había  noticias  y  tradiciones 
de  doctores  complutenses  á  quienes  en  Paris  se  hicieron  iguales 
obsequios. 

Es  más,  cuando  la  Sorbona  se  negó  á  aceptar  la  bula  Unigeni' 
tus  rompió  la  Universidad  con  la  hermandad  en  1718,  pero  la  re- 
novó cuando  fué  aceptada  la  bula  en  1737.  Se  ve,  pues,  que  estas 
hermandades  fundadas  en  la  participación  de  sufragios,  de  hos- 
pitalidad y  cortesía  son  antiquísimas  y  de  mil  especies,  y  que  du- 
ran hoy  día. 

Aun  pudiera  hablarse  aquí  de  los  decantados  Jesuítas  de  ropa 
corta.  Después  de  hablar  lanto  de  ellos  al  tiempo  de  la  expulsión, 
apenas  si  se  halló  alguna  carta  de  hermandad  dada  por  la  Com- 
pañía, cuando  los  otros  institutos  religiosos  los  prodigaban  á  mi- 
llones. Se  ve,  pues,  que  la  hermandad  de  los  canónigos  de  Puy 
y  de  Gerona  era  una  cosa  bien  común  y  sencilla.  Pero  estos  obsc- 


92  boletín  ue  la.  real  academia  de  la  historia. 

qüios,  era  ni  más  ni  menos,  que  los  que  se  prestan  hoy  día  los 
frailes  cuando  se  hospedan  en  conventos  de  otra  orden.  La  vida 
de  San  Antonio  Abad  recuerda  ya  esto.  Unos  monjes  orientales 
vienen  al  convento  de  San  Antonio  á  la  hora  de  trabajar,  les  alar- 
gan una  azada:  poco  aficionados  los  monjes  orientales  á  este 
género  de  cruz,  sin  inri,  hi  rechazan,  alegando  que  ellos  son  con- 
templativos.  San  Antonio  los  deja  que  estén  contemplando  no  sólo 
durante  el  trabajo,  sino  luego  durante  la  cena.  Quéjanselos  con- 
templativos y  el  santo  bendito  les  dice  estas  palabras,  que  debie- 
ron escribirse  en  letras  de  oro  en  todos  los  conventos,  en  todas 
las  oñcinas...  y,  para  que  no  lo  lleven  á  mal  los  frailes  y  los  em- 
pleados, «en  todas  las  Universidades  de  España.» 

— En  esta  casa  el  que  no  trabaja  no  come.  ¡  Ah,  santo  bendito, 
y  que  bien  entendíais  de  hacer  los  honores  de  vuestra  casa ! 

Las  hermandades  eran  unas  veces  para  la  participación  de  su- 
fragios: lioy  las  tenemos  ni  más  ni  menos  que  entonces. 

El  P.  Briz  Martínez  habla  largamente  de  los  donados  de  San 
Juan  de  la  Peña,  que  supone  eran  caballeros,  y  que  Masdeu,  cu 
su  aversión  á  todo  lo  de  San  Juan  de  la  Peña  opina  que  no  pasaban 
de  legos  motilones.  Yo  creo  que  ni  era.n  caballeros  religiosos,  aun- 
que fueran  caballeros,  ni  tampoco  legos  religiosos,  sino  meros  de- 
votos del  santo  y  de  su  monasterio. 

Hoy  día  los  hermanos  de  los  franciscanos  y  capuchinos  alber- 
gan á  estos  en  sus  casas  y  se  albergan  en  sus  conventos  cuando 
van  de  viaje  ¿qué  tiene  CFto  de  particular?  Petimusque ,  damus^ 
que,  vicissim. 

Esas  hermandades  entre  iglesias  eran  tan  comunes  en  España 
que  apenas  había  iglesia  que  no  hubiese  hermandad  con  dos  ó 
tres  catedrales,  y  á  veces  con  colegiatas  y  monasterios.  Toledo 
tenía  hermandad  con  Sahagún;  Falencia  con  Osma;  y  Pamiers  y 
Osma  con  la  colegiata  de  Soria;  Zaragoza  con  Santiago,  Santiago 
con  Córdoba,  la  de  Orense  con  la  de  Tours;  y  así  otras  mil  que 
sería  prolijo  referir  y  que,  si  fueran  á  enumerarse  darían  por  re- 
sultado un  libro.  La  hermandad  de  Osma  con  Soria  le  salió  cara 
al  obispo,  según  cuenta  Loperraez.  En  el  tomo  l  de  la  España 
Sagrada  he  manifestado  lo  cara  que  le  salió  también  al  obispo  de 
Tarazona  la  bermandad  con  la  colegiata  de  Tudela,  pues  cuando 


LA    CATEDRAL    DEL    PL'Y    Y    LA    ÜK    GlünONA.  93 

iba  allí  el  obispo  le  querían  tratar  como  mero  canónigo,  y  no  como 
obispo.  Este  debió  hallar  poco  grato  el  trato  demasiado  íntimo  y 
fraternal  que  le  propinaban  los  hermanos  de  Tudela,  á  título  de 
libertady  igualdad  y  fraternidad,  pues  desconocían  su  autoridad. 

Sanjnrjo  en  la  historia  de  los  obispos  de  Mcndoñcdo,  p:íg.  líO, 
copia  la  escritura  de  hermandad  que  hicieron  en  lóSG  los  canó- 
nigos de  Lugo  con  los  de  Mondoñedo.  Lugo  tenía  además  her- 
mandad con  Oviedo  y  Orense. 

Por  lo  que  hace  á  la  confraternidad  entre  (ierona  y  Puy,  el  pa- 
dre Villanueva  habló  ya  de  ella  como  de  cosa  corriente  y  sencilla, 
en  el  tomo  xiii  de  un  viaje  literario,  y  aun  más  en  el  tomo  xii,  pá- 
gina 159  y  siguientes.  Si  el  señor  abogado  Rochcr  hubiese  visto 
este  tomo,  que  la  Academia  tiene  impreso  desde  el  año  1830,  hu- 
biera podido  simplificar  mucho  su  trabajo.  «Tenía  esta  Iglesia 
hasta  nuestros  días,  dice  Yillanueva,  hermandad  con  la  de  Puy 
de  Francia,  y  de  ello  hay  muestras  en  las  ocurrencias  de  ir  y  ve- 
nir canónigos,  los  cuales  mutuamente  percibían  la  porción  cano- 
nical, y  eran  tratados  como  tales.  Quedan  además  desde  el  siglo  xv 
varias  cartas  de  un  capítulo,  algunas  de  lascuales  están  copiadas 
en  el  Gartoral,  fol.  310.  Mas  esto  no  nace  de  lo  que  dicen  co- 
munmente los  escritores  que  cuando  Garlo  Magno  conquistó  esta 
ciudad  en  785  puso  en  ella  por  obispo  un  canónigo  de  la  de  Puy, 
cuyo  nombre  se  ignora.  En  el  episcopologio  verás  cuan  fuera  va 
esto  de  camino,  y  como  verisímilmente,  en  785  era  ya  obispo  de 
esta  silla  Adaulfo.» 

Hasta  aquí  Villanueva ;  y  aquí  principia  ahora  lo  más  recio  c 
importante  de  la  pelea,  cual  es  el  saber  quién  fué  el  primer  obispo 
de  Gerona.  La  aserción  de  Villanueva  parece  rotunda,  también 
lo  es  la  de  La  Ganal  y  Merino;  estos  y  aquel  ponen  por  primer 
obispo  á  Adulfo  ó  Adaulfo,  y  desechan  á  Pedro  el  canóniga 
de  Puy. 

Mas  el  abogado  M.  Rocher  vuelve  á  la  carga  y  quiere  reponer 
á  Pedro,  desechando  á  Adulfo,  ó,  en  todo  caso,  dejar  á  los  dos,  á 
Pedro  y  Adulfo.  Con  gran  aplomo  dice,  que  Balucio  y  el  P.  Pagi 
han  probado  hasta  la  evidencia,  que  el  Goncilio  de  Narbona  era 
apócrifo  y  mutilado,  y  que  los  nombres  de  los  obispos  se  habíaii 
adicionado  para  dar  apariencias  de  autenticidad  al  Goncilio  dé- 


94  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

montreiit  jusqu'ü  Vévidence  que  ceprétendu  Concile  de  Narbonne... 

(pág.  55). 

No  debe  ser  tan  grande  la  evidencia  cuando  á  pesar  de  las  ad- 
vertencias de  Pagi  muchos  críticos  posteriores  que  citan  Merino 
y  La  Canal  han  insistido  en  ellas,  y  lo  mismo  Villanueva,  que 
no  ignoraba  lo  que  habían  dicho  Balucio  y  Pagi.  Este  rebate 
principalmente  las  inscripciones  de  tres  obispos,  entre  ellos  el  de 
Barcelona,  que  entonces  no  podía  tener  obispos  por  estar  en  po- 
der de  infieles,  que  este  es  un  error  de  Pagi,  pues  entonces  ha- 
bía obispos  en  muchos  pueblos  ocupados  por  los  musulma- 
nes, como  el  obispo  Sénior  en  Zaragoza,  y  otros  varios  á  este 
tenor. 

Los  galicanos  y  los  falsarios  del  siglo  xii  hicieron  creer  por 
Europa,  y  desgraciadamente  hasta  en  Roma,  que  donde  había 
sarracenos  no  había  obispos,  y  que  España  era  un  país  perdido; 
y  todavía  Pagi,  á  pesar  de  escribir  en  época  en  que  ya  se 
habían  descubierto  aquellos  fraudes,  padeció  algo  de  error  en 
ese  concepto. 

Triste  es,  señores,  que  siempre  que  tenga  que  emitir  algún 
dictamen  haya  de  ser  sobre  el  triste  y  obligado  tema  de  las  falsi- 
ficaciones. Pero  en  verdad  que  la  ocasión  no  la  he  buscado  yo,  y 
el  libro  que  examino  habla  de  tres  falsificaciones,  sino  bien, 
siempre  con  igual  criterio. 

Falsificación  del  diploma  de  la  canónica  pobre  de  Puy  en 
Francia. 

Falsificación  del  Concilio  de  Narbona  en  Francia. 

Falsificación  de  las  lecciones  del  rezo  de  San  Carlo-Magno,  en 
que  tienen  parte,  España,  Francia  y  Alemania. 

M.  Rocher,  que  considera  evidentemente  apócrifo  el  Concilio 
de  Narbona  y  sus  suscriciones,  que  no  parecieron  tan  evidentes 
á  otros  escritores  españoles,  ni  aun  al  mismo  Pagi,  quiere  soste- 
ner y  dar  importancia  á  la  legendaria  narración  del  rezo  de  San 
Carlo-Magno.  El  siglo  xii,  en  que  se  introduce  ese  rezo,  justa- 
nienlc  prohiiñdo  por  la  Iglesia  y  anticatólicamente  continuado, 
es  la  época  de  las  ficciones  más  absurdas.  Es  la  época  en  que 
D.  Pelayo  fingia  carias  de  D.  Alfonso  el  Casto  á  Carlo-Magno  y 
de  Carlo-Magno  á  éste,  diciéndole  sandeces  acerca  de  la  exten- 


LA  CATEDRAL  DEL  PUY  Y  LA  DE  GERONA.  95 

sión  de  Asturias,  y  que  bien  podía  tener  doce  obispos,  puesto 
que  no  se  le  pedia  dar  vuelta  en  veinte  dias  de  jornada.  Es  ver- 
dad que  Garlo-Magno  no  expresaba  cuánto  se  había  de  andar  en 
cada  jornada. 

Las  alusiones  á  la  fundación  de  la  catedral  de  Tarragona  y  á 
los  monjes  negros,  indican  que  la  leyenda  no  corresponde  á  me- 
diados del  siglo  XII,  sino  á  fines  de  aquel  siglo,  (3  más  tarde,  que 
fué  cuando  principiaron  á  llamar  monjes  negros  á  los  benedicti- 
nos, en  contraposición  á  los  blancos  ó  cistercienses,  por  lo  que 
dice  el  P.  Manrique  en  sus  Anales.  «De  cómo  muchos  monjes 
negros  se  hicieron  blancos,-/)  esto  es,  cistercienses. 

Ahora  bien,  por  dudoso  que  sea  Adulfo  como  primer  obispo 
de  Gerona,  es  todavía  más  dudoso  Pedro,  el  supuesto  canónigo 
de  Puy,  citado  en  la  lecci'ón  ix,  que  ya  se  dio  por  apócrifo 
en  el  tomo  xliii  de  la  España  Sagrada.  Si  pues  el  docu- 
mento en  que  se  cita  al  obispo  Pedro  es  apócrifo,  el  obispo  lo  es 
también. 

El  decir  que  ese  documento  disparatado  de  fines  del  siglo  xii 
vale  para  probar  cosas  de  fines  del  siglo  viii,  y  de  400  años  an- 
tes, porque  está  calcado  sobre  reminiscencias  y  tradiciones  anti- 
guas, es  una  cantinela  alegada  por  todos  los  defensores  de  estas 
supercherías,  y  que  la  sana  crítica  no  puede  admitir.  Dado  el 
pase  á  ese  principio  no  hay  falsificación  histórica  que  no  se  pue- 
da sostener. 

Probado  por  el  crítico  que  un  documento  es  apócrifo,  vendrán 
el  novelista,  el  romancero,  el  legendista,  el  poeta,  el  krauseador 
de  historia,  el  fantaseador  calenturiento  y  hasta  el  forjador  pre- 
histórico, y  nos  dirán  con  mucho  aplomo. — Es  verdad  que  ese 
documento  es  legendario,  es  apócrifo,  es  una  patraña,  pero, 
amigo  mió,  es  una  reminiscencia  de  una  tradición  de  generación 
en  generación  por  espacio  de  400  ó  500  años,  y  quien  dice  400 
puede  decir  4.000. 

A  la  verdad,  si  el  racionalismo  tiene  exageración  y  errores,  el 
tradicionalismo  los  tiene  también,  y  ni  la  religión,  ni  la  razón 
quieren  exageraciones.  Hace  muy  bien  el  abogado  M.  Rocheren 
burlarse  de  los  alemanes,  que  han  escrito  que  Garlo-Magno  fué 
luterano,  ó  según  otros  calvinista,  pero  hay  que  reirse  tambiéu 


06  boletín  de  la  real  acade^ha  de  la  HIST0RL\. 

(le  los  alemanes  que  le  hicieron  Santo,  y  de  aquel  otro  Santo 
bendito,  Luis  XI,  que  mandó  darle  culto. 

Los  franceses  tienen  manía  por  hacer  santos  á  todos  los  perso- 
najes célebres,  sin  tener  en  cuenta  que,  para  ser  santo,  no  basta 
ser  hombre  de  bien,  ni  estar  en  el  cielo,  sino  que  se  necesitan 
virtudes  heroicas,  mihigros  indudables  y  declaración  pontificia. 
Hace  poco  se  pidió  por  uu  prelado  francés  la  canonización  de 
Colón;  ahora  piden  la  de  Juana  de  Arco,  y  al  paso  que  van  por 
allá  el  culto  y  la  devoción  á  la  bandera  blanca,  creo  que  no  tar- 
darán en  pedir  la  canonización  de  Enrique  IV.  Todo  será  que  un 
escritor  lo  sueñe. 

M.  Rocher  para  dar  cierto  colorido  al  libro  lo  ha  adornado 
con  sellos,  uno  de  la  Iglesia  de  Gerona  y  otro  de  la  de  Puy.  El 
de  Gerona  es  de  Pedro  de  Gastcln'ou,  á  mediados  del  siglo  xiii: 
iguales  y  parecidos  á  ese  los  hay  en  nuestros  archivos  de  otras 
muchas  iglesias,  pues  por  entonces  todos  eran  así.  El  que  la  Vir- 
gen esté  sentada  importa  muy  poco,  pues  hay  sellos  en  que  se 
la  ve  lo  mismo.  Los  visigodos,  según  dicen,  i-epresentaban  á  la 
Virgen  sentada:  las  efigies  antiguas  de  la  Virgen,  desde  el  si- 
glo X  al  XV  suelen  estar  también  en  esa  actitud  de  majestad  y  re- 
poso. Algo  más  pudiera  haber  investigado  si  hubiese  tenido  no- 
ticia de  una  virgen  «donada  por  lo  Sant  Rey  Carlos^»  la  cual  fué 
sacada  en  procesión  en  1434  con  motivo  de  los  horribles  terre- 
motos que  hubo  en  aquel  año,  según  refiere  Villánueva  en  su 
Viaje  literario,  tomo  xiv,  pág,  33. 

Pudiera  citar  más  de  veinte  que  recuerdo.  Por  desgracia  la 
manía  de  vestir  esas  antiguas  efigies  con  una  devoción  de  pési- 
mo gusto,  y  aun  poco  canónica,  y  á  veces  irreverente,  hace  que 
no  se  las  vea  como  debieran  estar.  Así  que  el  ser  parecido  un 
sello  de  Gerona  al  de  Puy  en  estar  la  Virgen  sentada,  prueba 
poco  ó  casi  nada. 

En  resumen,  M.  Rocher  al  combatir  la  prelacia  de  Adulfo 
para  sustituirle  con  su  paisano  Pedro,  ha  pretendido  quitar  un 
obispo  que  consta  en  un  documento  dudoso,  para  sustituirle  con 
otro  que  consta  en  un  documento  descabellado  y  notoriamente 
apócrifo.  La  Academia  no  puede  admitir  esto  criterio. 

Por  lo  demás,  así  y  todo,  el  libro  es  apreciable  y  deben  darse  las 


LA    CATEDRAL    DE    PLY    V    LA    DE    r.ERONA.  97 

gracias  al  P.  Fidel  Fita  (1),  por  haber  honrado  con  él  los  estantes 
de  nuestra  Academia,  tanto  más  cuauloque  lioy  no  son  muchos 
los  que  se  dedican  á  reñir  estas  pacíficas  batallas.  La  Academia, 
sin  embargo,  acordará  lo  más  conveniente. 

Madrid  20  de  Junio  de  1874. 

Vicente  de  la  Fíente. 


DICTAMEN  ACERCA  DE  LOS  LIBROS  SOBRE  INSTRUCCIÓN  PÚBLICA 
EN  PORTUGAL,  ESCRITO  POR  D,  ANTONIO  DA  COSTA. 


Hace  algún  tiempo  que  esta  Real  Academia  tuvo  á  ]jicn  comi- 
sionarme para  informar  acerca  de  dos  libros  presentados  á  ella 
con  dedicatoria  de  su  autor  el  Sr.  D.  Antonio  Da  Costa.  Titúlase 
el  primero:  A  instruccao  nacional;  Lisboa,  Imprenta  nacional, 
Í870.  El  segundo  tiene  por  epígrafe:  Historia  da  inslrucQao  po- 
pular em  Portugal  desde  a  fundacao  da  monarchia  até  aos  nossos 
días;  Lisboa,  Imprenta  nacional,  1871.» 

Creo  que  debe  alterarse  el  orden  de  antigüedad  para  el  e.xamen 
de  estos  dos  libros.  El  titulado  de  la  Instrucción  'popular  es  hislú- 
rico,  y  su  examen  corresponde  á  la  especialidad  de  nuestra  Aca- 
demia. El  titulado  de  la  Instrucción  nacional  es  más  bien  político 
y  administrativo,  y  sería  más  bien  objeto  de  estudio  para  la  Aca- 
demia de  Ciencias  morales  y  políticas.  Al  analizar  su  contenido 
la  Academia,  podrá  observar  que  los  títulos  de  los  libros  parecen 
trocados,  según  veremos  luego.  Y  al  hacer  esta  advertencia  acerca 
del  uso  poco  afortunado  de  los  títulos  de  ambos  libros,  y  después 


(1)  En  la  obra  titulada  Los  Reys  fVAragó  y  la  Scu  de  ffi/wa (Barcelona,  1873),  ar- 
tículo ex,  ha  publicado  el  P.  Fita  grau  copia  de  nuevos  datos  relativos  al  mismo 
asunto. 


98  UOLETÍN    DE    LA.   IlEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

(le  pedir  perdón  á  la  Academia  por  el  retraso  de  este  informe,  mo- 
tivado por  mis  ocupaciones  profesorales  y  el  deseo  de  hacer  un 
examen  más  detenido  y  concienzudo  aprovechándolas  vacaciones 
de  verano,  tengo  que  deplorar  también  con  ingenuidad  el  haber 
sido  comisionado  para  informar  acerca  de  estos  dos  libros.  Las 
ideas  del  autor,  en  su  mayor  parte,  son  tan  diametralmente 
opuestas  á  las  mías  en  casi  todos  conceptos  que  no  me  es  dado 
transigir  con  ellas  sin  faltar  á  mi  conciencia  moral  y  literaria. 
Tentado  estuve  de  solicitar  se  designase  para  este  encargo  á  otro 
señor  académico,  que  pudiera  ser  más  benigno  con  las  aprecia- 
ciones críticas  del  Sr.  Da  Costa ;  pero  ya  era  tarde  cuando  conocí 
la  mala  posición  en  que  me  hallaba,  y  como  ningún  señor  aca- 
démico podría  ser  más  indulgente  que  yo,  creí  un  deber  ahorrar  á 
otros  ese  disgusto,  ya  que  mi  negra  estrella  me  lo  había  deparado. 
Considero,  pues,  como  un  deber,  advertir  esto  mismo  á  los  se- 
ñores académicos,  á  fin  de  que  oigan  mi  informe  con  alguna  pre- 
vención, que  es  el  último  extremo  adonde  puede  llevarse  la  fran- 
queza. 

Consta  la  Historia  de  la  Instrucción  popular  en  Portugal  de  un 
tomo  en  4."  menor  de  320  páginas,  incluyendo  en  ellas  portada  é 
índices,  impreso  en  riquísimo  papel,  con  hermosos  y  espaciados 
tipos  y  grandes  márgenes,  que  dejan  reducido  su  tamaño,  en  ri- 
gor á  lo  que  llamamos  comunmente  un  8,"  marquilla. 

De  las  oÜO  páginas  útiles  consagra  el  autor  unas  ciento  escasa- 
jnenle  á  narrar  la  historia  pedagógica  de  Portugal  en  los  GOO  pri- 
meros años  de  su  existencia  desde  1 130  á  1750,  lo  cual,  de  seguro, 
á  nadie  parecerá  excesivo.  Las  40  páginas  siguientes  se  refieren  á 
las  reformas  hechas  por  el  marqués  de  Pombal ,  y  las  vicisitudes 
<le  estas.  A  la  narración  de  las  reformas  y  sucesos  de  este  siglo  se 
da  una  latitud  de  110  páginas,  es  decir,  casi  tanto  espacio  como 
el  que  se  dio  á  todo  el  período  no  coetáneo,  ó  sea  verdaderamente 
histórico.  Las  00  páginas  últimas  están  dedicadas  á  muy  breves 
apéndices,  entre  los  cuales  descuella  por  su  extensión  de  44  pági- 
nas la  reforma  de  estudios  hecha  en  1870  por  el  Ministerio  Sal- 
danha.  Como  este  documento  se  halla  firrtiado  por  D.  Antonio  Da 
Costa  de  Sonsa  de  Macedo,  supongo  que  este  señor  ministro  es  el 
jnismo  autor  del  libro. 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOHKE    INSTRUCCIÓN    PÚlíLlCA.  *>'.» 

Al  ver  copiado  este  largo  docuniouto  en  un  libro  hislórico.  que 
no  copia  ningún  olro,  ni  aun  en  compendio,  creo  que  este  bos- 
quejo ó  esbozo  de  historia  [shozo  lo  llama  su  autor)  puede  consi- 
-derarse  como  el  pedestal  sobre  que  descansa  la  estatua  de  la  re- 
forma de  estudios  intentada  en  Portugal  en  1870. 

Tal  es  la  descripción  del  libro  en  su  parte  material  y  externa. 
Entremos  ya  en  su  parte  formal  é  interna,  principalmente  en  lo 
relativo  á  historia  y  crítica,  objeto  preferente  del  informe,  como 
que  lo  es  del  instituto  de  nuestra  Academia. 

Prescinde  el  autor  completamente  de  toda  la  historia,  rc!ativ;i 
á  la  enseñanza  en  los  tiempos  de  la  Unidad  Ibérica,  á  la  cual  por 
cierto  no  es  aficionado.  Omite  igualmente  lo  que  pudiera  haber 
en  tiempo  de  D.  Enrique  de  Borgoña  y  de  la  infeudación  de  Por- 
tugal, y  principia  con  el  reinado  de  D.  Alfonso  I,  que  se  fija  en 
1139,  aunque  el  autor  hasta  la  fecha  omite  por  demasiado  sa- 
bida. Cumple  en  esto,  demasiado  á  la  letra,  el  precepto  de  Ho- 
racio: «semper  ad  eventum  festinat.^^  Todas  las  noticias  que  nos 
da  acerca  del  siglo  xi  están  reducidas  á  decir,  que  las  letras  esla- 
"ijan  reservadas  «ágarnacha  da  cathedral,  oupara  o  habito  do  mos- 
leiro.»  No  nos  hubiera  venido  mal,  si  el  trabajo  hubiera  sido  más 
serio  y  completo,  el  saber  qué  catedrales  y  qué  monasteiios  eran 
esos  donde  se  guarecían  las  letras.  La  razón  que  da  el  autor  para 
ese  retraimiento  es  que  «o  empenho  de  arrancar  aos  infieles  as 
térras  do  christianismo  era  moda  do  tempo.»  A  la  verdad  en  esa 
moda  tuvo  que  entrar  Garlos  Martel  cuando  los  musulmanes  se 
le  metieron  en  Francia,  y  en  la  Península  llevaba  ya  esa  mod;i 
más  de  400  años;  que  para  moda  fué  mucho  durar. 

Una  contradicción  notable  ofrece  el  autor  en  estos  primeros  y 
vacilantes  pasos  con  que  entra  en  el  campo  de  la  historia.  Com- 
bate al  erudito  Andrés  de  Resende;  el  cual  dice  que  fray  Gil,  coe- 
táneo de  D.  Sancho  I  (1185-1211)  estudió  en  Coimbra,  suponiendo 
allí  una  especie  de  Universidad  ó  estudios  mayores.  Xiégalo  el  se- 
ñor Da  Costa,  asegurando  que  allí  no  había  escuela  superior  por 
cuenta  del  Estado,  sino  solamente  algunas  enseñanzas  en  el  con- 
vento de  Santa  Cruz,  que  llama  escola  dos  frades  Crudos.  Mas  á 
la  página  siguiente  nos  habla  de  un  Seminario  en  1073,  esto  es, 
mandando  los  revés  de  León ;  y  que  en  el  Monasterio  de  Santa 


100  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLV    DE    LA    HISTORIA. 

Cruz  había  enseñanzas  de  liumanidades,  teología  y  medicina. 
Luego  el  origen  de  la  Universidad  de  Goimbra  (1)  data  de  los  tiem- 
pos españoles  de  la  dominación  leonesa.  El  que  no  las  sostuviera 
el  Estado  importa  poco,  pues  á  la  verdad  hasta  nuestro  siglo,  y  hace- 
pocos  años,  casi  ninguna  Universidad  la  ha  sostenido  el  Estado; 
y  los  estudios  que  había  allí  bastaban  para  merecer  entonces  el 
dictado  de  estudio  general,  que  era  como  se  llamaba  entonces  á  las 
Universidades,  no  estudio  superior  como  dice  el  Sr.  Da  Costa, 
pues  tal  nomenclatura  no  se  usaba.  Universidades  eran  en  España 
las  de  Avila,  Almagro  é  Irache,  siquiera  estuvieran  en  monaste- 
rios, y  tuviesen  apenas  poco  más  que  aquellas  enseñanzas.  El  his- 
toriador debe  apreciar  las  cosas  por  lo  que  eran  en  su  siglo,  no 
por  el  valor  actual  de  las  cosas  y  los  nombres  que  se  usan  en 
nuestros  días. 

El  mismo  Sr.  Da  Costa  dice  que  D.  Sancho  favorecía  algún 
tanto  aquellos  estudios,  costeando  los  grados  de  algunos  discípu- 
los aventajados  que,  como  el  citado  Fr.  Gil,  iban  á  graduarse  á 
París;  y  consta  que  los  costeó  á  D.  Mendo  Diaz,  que  se  graduó  en 
medicina  en  1199,  y  de  regreso  puso  cátedra  para  enseñarla  en  el 
citado  monasterio  de  Santa  Cruz.  Constan  igualmenle  los  nom- 
bres de  otros  clérigos  no  menos  doctos  que  hubieron  de  señalarse 
allí  como  profesores,  tales  como  el  prior  D.  Juan,  el  maestro  Rai- 
mundo, D.  Pedro  Pires  y  otros,  hasta  D.  Pedro  Julián,  que  llegó 
d  ser  Papa  con  el  nombre  de  Juan  XXI. 

El  autor,  por  desvirtuar  estas  noticias,  de  que  pudiera  resultar 
tal  cual  gloria  al  clero,  asegura,  sin  probarlo,  que  aquellos  estu- 
dios  eran  cerrados,  que  la  enseñanza  no  alcanzaba  á  los  seglares, 
y  que  los  clérigos  se  arrogaban  de  esa  manera  el  ejercicio  de  la 
medicina.  Mal  se  avienen  estas  noticias  con  las  que  tenemos  acer- 
ca del  ejercicio  déla  medicina  por  los  judíos.  Perdone  el  Sr.  Costa 
que  no  crea  ninguna  de  esas  gratuitas  aserciones:  la  Historia  an- 
tigua no  se  escribe  bajo  palabra  de  honor.  Y  aun  en  todo  caso, 
esos  clérigos  y  monjes,  ¿de  dónde  procedían  sino  del  pueblo,  y  en 


(1)  E  lionra  seja  a  ciudade  de  Coimbra,  onde  tendo  ja  o  conde  Sisnando  instituido 
em  10~:t  un  Seminario,  teve  tambem,  desde  os  primeiros  dias  da  monarcliia  no  mostsiro 
de  Santa  Cruz,  o  casino  das  liumanidades  de  theologia  e  medicina  (pá?.  U).» 


DICTAMEN    DE    LOS    I.IUROS    SOlUíE    INSTH  UCCIÚX    PÚHLIC.V.        1()1 

beneficio  de  quién  aprendían,  enseñaban  y  ojercíau  sino  del 
pueblo? 

El  autor  desprecia  todos  estos  elementos  de  enseñanza,  y  lam- 
bién  las  escuelas  parroquiales,  mandadas  crear,  según  aparece, 
por  las  Decretales  del  Papa  Gregorio  IX,  en  lo  que  cabe  su  parle 
de  gloria  á  nuestro  compatriota  San  Raimundo  de  Peñafort,  pro- 
fesor de  Derecho  canónico,  capellán  del  Papa  y  compilador  de 
aquel  Código.  Los  primeros  que  tenían  que  aprender  en  muchos 
casos,  dice  el  Sr.  Da  Costa,  eran  el  propio  piírroco  y  el  propio 
clero.  (Pág.  19.) 

Pues  qué,  ¿había  en  el  siglo  xiii  en  Portugal  algún  clérigo  que 
no  supiese  siquiera  leer  y  escribir?  Pues  qué  ¿en  el  siglo  ix,  en 
la  época  de  mayor  rudeza  y  grosería,  se  ordenaba  á  ningún  clé- 
rigo sin  saber  leer  y  escribir,  cuando  el  saber  esto  se  llamaba  cle- 
recía? Pues  qué,  aun  cuando  hubiese  alguno  que  otro  por  caso 
raro,  ¿es  lícito  al  historiador  generalizar  sobre  hechos  particula- 
res y  aislados,  erigir  las  excepciones  desgraciadas  en  casos  comu- 
nes y  reglas  corrientes,  y  todo  ello  por  privar  á  un  Papa  generoso 
del  justísimo  elogio  que  se  le  debe  por  aquel  mandato  en  benefi- 
cio de  la  educación  popular?  Sabido  es  que  todavía  en  algunos 
parajes  de  Francia  llaman  le  parvis  al  atrio  ó  pórtico  de  la  iglesia, 
pronunciando  con  mal  acento  la  palabra  parvis,  porque  era  el  si- 
tio donde  el  cura,  y  á  veces  el  sacristán,  reunían  á  los  niños  para 
enseñarles  en  aquel  paraje,  á  falta  de  mejor  local. 

Los  pórticos  de  muchas  de  nuestras  iglesias  rurales,  con  sus 
bancos  sumamente  bajos,  recuerdan  esto,  y  yo  sé  de  más  de  una 
escuela  que  no  tenía  otro  local  todavía  en  este  siglo,  ni  más  maes- 
tro que  el  anciano  y  honrado  sacristán.  ¿Pero  qué  extraño  es  esto, 
si  todavía  he  visto  una  escuela  rur.al  al  aire  libre,  porque  la  pobre 
capilla  ni  aun  pórtico  tenía? 

Estas  y  otras  aserciones  por  el  estilo  nos  dan  la  medida  del  cri- 
terio del  Sr.  Da  Costa  y  de  su  calidad.  Su  talento,  lúcido  y  claro 
en  muchos  conceptos,  se  halla  vejado  por  la  politico-manía  y  el 
fanatismo  de  nuestra  época;  pues  si  la  credulidad  y  la  supersti- 
ción tienen  sus  fanáticos,  también  los  tienen  la  incredulidad  y  el 
anticlericalismo,  y  hoy  en  día  este  es  el  género  que  abunda. 

A  fines  de  aquel  mismo  siglo  xiii  el  Rey  D.  Dionisio  de  Porta- 


102  UOLETÍN    Dli    LA    REAL    ACADEML^    DE    LA    HISTOIUA. 

gal  funda  la  Universidad  de  Lisboa  en  1-289,  sin  que  le  arredrase- 
el  tener  estudiantes  en  la  capital  de  la  monarquía;  que  no  le  arre- 
draban los  estudios  ;í  quien  amaba  las  letras.  El  Rey  galante  y 
literato,  el  fiel  retrato  de  D.  Alfonso  el  Sabio,  desgraciado  como' 
éste  en  tener  un  hijo  ambicioso  y  con  excesivos  deseos  de  suplan- 
tarle en  el  trono;  el  marido  de  la  bella  y  simpática  Isabel  de  Ara- 
g(3n,  pacitlcadora  de  civiles  discordias,  á  quien  la  Iglesia  poste- 
riormenlc  apellidó  Santa;  aquel  Rey  tan  noble  como  caballero, 
fuó  quien  llevó  á  cabo  el  pensamiento  de  dotar  á  la  capital  de  su 
reino  con  un  estudio  general,  que  se  apellidara  la  primera  Uni- 
versidad de  Portugal,  como  era  Lisboa  el  primer  pueblo  de  su 
monarquía;  y  el  Papa  debió  hallar  muy  racional  este  pensamiento 
cuando  confirmó  en  1290  la  Universidad  naciente. 

;.Qnó  razones  pudo  tener  el  Rey  D.  Dionís  para  sacar  la  Uni- 
versidad de  la  capital  y  llevarla  pocos  años  después  á  Goimbra, 
precisamente  á  la  ciudad  desde  donde  después  hizo  guerra  su  hija 
D.  Alfonso  el  Fuerte?  El  Sr.  Da  Costa  no  lo  dice;  consigna  sólo 
que  la  traslación  se  hizo  en  1307,  y  confirmó  esta  traslación  el 
Papa  por  Bula  dada  en  26  de  Febrero  de  1308,  llevando  desde 
entonces  el  título  de  Universidad,  ó  estudio  general.,  cuya  realidad 
tenía  desde  siglos  antes,  como  arriba  queda  dicho.  En  tal  concep- 
to, la  Universidad  de  Coimbra  aparece  coetíínea  á  la  de  Vallado- 
lid  y  aun  posterior  á  ésta,  y  la  de  Salamanca  la  precede  con  anti- 
güedad de  un  siglo.  La  Universidad  de  Coimbra  tenía  estudio  de 
Derecho  canónico  y  romano,  medicina,  gramática,  filosofía  y  mú- 
sica. D.  Dionisio  hizo  traducir  las  leyes  de  Partida  como  libro  de 
texto  para  sus  es<íuelas.  Quizá  este  mismo  pensamiento  había  te- 
nido el  Rey  Sabio;  y  esto  robustecería  la  conjetura  de  que  el  pro- 
fesorado de  Salamanca  tuviera  mano  en  la  redacción  de  aquel 
importante  Código,  mejor  acogido  en  Portugal  que  en  Castilla, 
donde  le  perjudic(')  la  politico-nianía,  la  cual,  entonces  como  aho- 
ra, enconaba  todo  cuanto  llegaba  á  tocar  con  sus  manos  de 
arpía. 

Echase  de  menos  la  teología  entre  lasasignatui-as  de  la  Univer- 
sidad naciente;  pero  como  esta  enseñanza,  y  algunas  otras  asimi- 
ladas á  ella,  estaban  en  los  conventos  de  San  Francisco  y  Santo- 
Domingo,  no  fué  necesario  crearlas  en  la  Universidad.  Lo  mismo 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOHIIE    INSTRUCCIÓN    IM  lU.ICA.        HV.l 

sucedía  en  Salamanca,  donde  la  teología  no  entró  .í  formar  facnl- 
tad  hasta  principios  del  siglo  xv,  ó  sea  el  año  I  i  10.  Pregunta  el 
Sr.  Da  Costa:  ¿cómo  no  se  opuso  el  clero  ;l  que  se  llevase  á  cabo 
aquella  secularización  de  la  enseñanza  cu  Goim])ra,  y  autos  I.- 
prestó  su  auxilio? 

Lo  primero  sería  saber  si  hubo  tal  secularización^  y  eso  depen- 
derá de  la  significación  que  se  dé  á  esa  palabra.  El  Sr.  Da  Costa 
supone,  pero  no  prueba,  que  los  estudios  monásticos  anteriores 
eran  cerrados;  y  llama  secularización,  no  al  alejamiento  completo 
del  clero  y  de  su  inüuencia  en  la  enseñanza,  sino  sólo  al  hecho 
de  ser  públicos  los  estudios  fuera  de  conventos,  y  no  para  clérigos 
solamente.  Aun  cuando  fuesen  cerrados  los  estudios,  ¿cómo  el 
clero  se  había  de  oponer  á  que  estos  fueran  públicos,  cuando  1<> 
eran  en  Salamanca  y  Valladolid,  á  las  puertas  de  Coimbra,  y  pú- 
blicos igualmente  en  Lérida  para  la  Corona  de  Aragón?  ¿No  eran 
piíblicos  en  París  y  Bolonia,  modelos  entonces  de  estudios  gene- 
rales? El  clero  vio  en  ello  una  cosa  buena  y  íitil,  y  lo  apoyó,  como 
apoyaba  entonces  todo  lo  bueno.  Pero  elSr.  Da  Costa  no  ve  siem- 
pre en  el  clero  más  que  lo  que  veía  D.  Quijote  en  los  monjes  be- 
nitos, encantadores  malignos,  endriagos,  malandrines  y  robadores 
de  doncellas  andantes.  El  clero,  para  el  Sr.  Da  Costa  y  todos  los 
de  su  escuela,  ó  mejor  dicho  secta,  es  siempre  el  astuto  y  rapaz 
leopardo,  adversario  de  la  humanidad,  que  describe  San  Pedro: 
tamqiiam  leo  riigiens  circuit  quxrens  quem  devoret.  El  Quijote 
moderno  que  llega  á  infatuarse  coa  esa  idea  fija,  hará  siempre  de 
las  suyas;  y  bien  sea  que  tope  con  unas  señoras  que  van  en  coche 
por  un  camino,  ó  con  la  comitiva  de  un  cuerpo  muerto,  ó  con  una 
rogativa  piadosa  que  llevare  en  andas  á  la  Virgen  de  los  Dolores, 
siempre  hallará  á  mano  un  fraile  á  quien  tirar  una  lanzada,  un 
bachiller  ordenado  de  menores  á  quien  derribar  de  su  muía,  ó  un 
cofrade  disciplinante  á  quien  romper  la  cabeza  si  no  enarbola  ;i 
tiempo  la  horquilla.  Y  no  servirá  gritarle  como  Sancho— «  ¿Ad<3n- 
de  va,  señor?  ¿qué  demonios  lleva  en  el  pecho  que  le  incitan  á  ir 
contra  nuestra  fe  católica?»  porque  el  fanático  moderno  respon- 
derá al  punto— «¡Para  conmigo  no  hay  palabras  blandas,  que  yo 
ya  os  conozco,  fementida  canalla!» 

Si  el  historiador  no  respeta  las  intenciones  ajenas  en  casos  don- 


104      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEML\  DE  LA  HISTORIA. 

de  no  consta  que  obrara  mal,  y  antes  aparece  que  se  obró  bien, 
¿tendrá  derecho  á  reclamar  que  se  le  respete  á  él? 

Cita  luego  el  Sr.  Da  Costa  las  prohibiciones  de  estudiar  Dere- 
cho y  Medicina  impuestas  á  los  clérigos  en  el  Concilio  de  Reim? 
(1131),  de  Letran  (1139,  fecha  de  la  inauguración  de  la  monarquía 
portuguesa),  de  Tours  (11G3),  la  Decretal  de  Honorio  III  (1211),  y 
la  de  Honorio  lY.en  1285.  Acumula  á  Inocencio  IV  haber  in- 
tentado prohilür  el  estudio  del  Derecho  romano  (1245),  vulgari- 
dad tomada  de  Savigny  (1),  pues  el  querer  cohibir  el  abuso  y  exa- 
geración de  una  cosa,  ó  de  una  institución,  no  es  prohibir  el  buen 
uso  de  ella. 

Para  disculpar  que  no  hubiese  matemáticas  en  Coimbra,  no  pu- 
diendo  echar  la  culpa  de  esto  al  clero,  dice  el  Sr.  Da  Costa  «que 
estaban  as  sciencias  mathematicas  ainda  entenebradas  na  Euro- 
pa.» No  estaban  muy  lejos  de  Portugal  los  autores  de  las  tablas 
Alfonsinas,  que  no  se  redactaron  sin  grandes  conocimientos  ma- 
temáticos. Y  en  tal  caso  ¿á  qué  queda  reducida  la  ampulosa  frase 
con  que  principia  el  capítulo  hablando  la  moderna  jerga  periodís- 
tica? «Fundouse  a  Uuiversidade;  respondendo  assim  ao  apello  da 
Europa  (la  de  las  tinieblas  'parciales),  mostramos  que  perteniamos 
ao  progreso,  e  que  tomavamos  o  nosso  logar  no  banquete  da  ci- 
vilisacao  contemporánea.»    • 

No  quisiera  ver  la  figura  retórica  y  positivista  del  banquete 
unida  á  la  idea  nominal  del  progreso,  y  más  tratándose  del  si- 
glo XIV,  en  que  se  degeneró  de  los  grandes  adelantos  del  siglo  ante- 
rior. A  pesar  de  eso  insiste  el  Sr.  Da  Costa  en  la  idea  progresiva 
del  siglo  XIV,  dando  como  tal  la  introducción  de  la  escuela  de  los 
glosistas  acaudillados  por  Bartolo,  cuyas  elucubraciones  introdu- 
jo en  la  nueva  Universidad  el  jurisconsulto  Juan  de  las  Reglas 
(.Toaó  das  Regras);  pero  no  es  de  extrañar  que  en  Portugal  sepro- 
gi'esara  entonces,  pues  al  fin  D.  Juan  I  era  un  rey  popular.  Ex- 
cusado es  decir  que  el  autor  que  miró  como  moda  del  siglo  xii 
combatir  á  los  musulmanes  y  revindicar  el  territorio  usurpado, 
hal)la  aquí  con  énfasis  de  la  batalla  de  Aljubarrota, 

En  cambio  apenas  da  ul  autor  dalo  alguno  sobre  el  estado  de  la 

(1)    Savigny,  Tlist»i,r  dvdroit  roniain  au  mayen  óge;  t.  1..  cap.  21. 


DIGlAMIiN    DE    LOS    LIBROS    SOBUE    INSTiaCClÚN    PLIM.ICA.        105 

instrucción  popular  ni  nacional  en  los  siglos  xv  y  primera  mitad 
del  xvi;  y  no  porque  Portugal  no  pueda  figurar  dignamente  eii  la 
historia  del  renacimiento  literario  y  del  desarrollo  de  la  instruc- 
ción en  aquel  tiempo.  Pero  en  cambio  no  escasea  las  vulgarida- 
des que  se  dicen  á  cada  paso  sobre  el  Santo  Oficio,  expulsión  de 
los  judíos,  inutilidad  de  los  descubrimientos  marítimos  y  esteri- 
lidad do  sus  hazañas,  deplorando  que  los  portugueses,  tan  gran- 
des mareantes,  no  supieran  ser  buenos  mercaderes.  Podrán  estas 
cosas  ser  más  ó  menos  ciertas,  pero  no  vienen  al  caso,  ó  llegan 
traídas  por  los  cabellos. 

De  pronto,  a  mediados  del  siglo  xvi,  anúblase  el  sol  de  ¡Portu- 
gal. Preséntase  una  nube  en'el  horizonte  (pág.  79i;  y  aumino  al 
pronto  parece  nube,  luego  se  ve  que  es  «un  bulto  sombrío  fon 
pasos  firmes  e  vagorosos.»  Lo  de  siempre:  ¡qmerens  quetu  devoren 
El  buli.o  sombrío,  cuyos  pasos  son  firmes,  y  á  pesar  de  eso  vago- 
rosos,  ya  se  deja  comprender  quien  es.  Ya  no  es  el  gigante  bene- 
dictino: ya  pasó  también  la  batalla  délos  carneros.  Es  el  Bachiller 
Alonso  Lo])ez  de  Alcobendas,  que  viene  de  Baeza  con  otros  once 
curas  enlutados,  murmurando  una  salmodia  en  voz  baja  y  com- 
pasiva, y  acompañando  un  cuerpo  muerto;  y,  sino  es  el  Bachiller 
Alonso  López  de  Alcobendas,  es  el  Padre  Simón  Rodríguez,  com- 
pañero de  San  ígnacio  de  Loyola.  El  bulto  sombrío  es...  digá- 
moslo de  una  vez...  ¡el  jesuíta! 

Los  jesuitas  cometieron  desde  mediados  del  siglo  xvi,  el  crimen 
imperdonable  de  dedicarse  á  la  segunda  enseñanza,  en  la  que  ha- 
bía poco  que  usurpar,  pues  si  había  en  Salamanca  un  Brócense, 
en  Alcalá  un  Fernán  Nuñez  el  Pinciano,  y  en  Evora  un  Andrés 
Resende,  en  cambio  de  estos  genios  felices,  y  esplendentes  excep- 
ciones, pululaban  por  todas  partíis  los  dómines,  como  el  licencia- 
do Cabra  y  otros  de  menguado  recuerdo,  contra  quienes  se  dio  la 
pragmática  de  Garlos  V  prohibiendo  establecer  estudios  de  latini- 
dad sino  en  las  grandes  poblaciones.  • 

Don  Juan  III  comete  la  torpeza  de  entregar  á  los  jesuitas  la 
dirección  del  Colegio  de  Artes  y  de  las  escuelas  de  Humanidades 
en  Goimbra,  año  de  1555.  Convendrá  saber  si  esta  herencia  fué 
cedida,  como  dicen  los  juristas,  á  beneficio  de  inventario,  y  en 
todo  caso  convendría  conocer  éste  para  saber  lo  que  heredaron. 


106  boletín  de  la  re¿l  academia  de  la  historia. 

pues  si  el  derecho  da  en  tales  casos  la  acción  expilatx  hcereditatis 
también  hay  casos  de  solutio  indebiti,  cuando  el  heredero  tiene 
que  pagar  más  que  lo  que  recibió  oh  Jatitans  xs  alienum,  en 
cuyo  caso  la  herencia  deja  arruinado  al  pobre  heredero. 

Convendría  pues  saber  qué  tal  estuvo  el  Colegio  de  Artistas  en 
Goimbra,  y  sí  éste  ganó  ó  perdió  bajo  la  mano  de  los  jesuítas.  El 
Sr.  Da  Costa  no  se  molesta  en  darnos  estos  pormenores,  sin  los 
cuales  no  se  puede  fallar  esa  causa  con  acierto.  Pero  no  debia  ser 
mucha  la  concurrencia,  cuando,  por  sugestiones  de  la  reina  Doña 
Catalina,  se  mandó  en  13  de  Agosto  de  1561,  que  no  pudieran  los 
estudiantes  matrií^ularse  en  las  facultades  de  Leyes  y  Cánones  sin 
presentar  certificación  de  haber  cursado  Artes  y  en  aquel  Colegio. 
Esta  picardía  tenía  por  objeto  someter  los  estudiantes  á  los  profe- 
sores del  Colegio  y  la  Universidad  «ficava  enfeudada  aos  jesuí- 
tas.» ¡Mal  pecado!  y  lo  peor  es  que  esa  picardía  continúa  aún  ejer- 
ciendo su  maléfica  influencia,  pues  hoy  es  el  día  en  que  en  Espa- 
ña no  se  permite  á  ningún  estudiante  matricularse  en  Leyes  sin 
presentar  certificaciones  de  haber  cursado  Artes  en  un  Instituto, 
porque  siendo  las  nociones  que  aquí  se  aprenden  fundamentales 
deben  preceder  al  estudio  de  las  ciencias,  por  la  misma  razón  por 
la  que  los  arquitectos  echan  los  cimientos  antes  de  hacer  el  tejado. 

El  Cardenal  Regente  D.  Enrique  creó  el  Colegvp  de  Evora  en 
1.554  (pág.  75,  línea  segunda),  si  bien  luego  (á  la  pág.  79),  se  da  el 
año  1551  por  fecha  de  su  creación:  puso  el  fundador  su  colegio 
en  manos  de  los  jesuítas,  creando  así  una  Universidad  «que  po- 
desse  competir  com  a  de  Coimbra,»  como  dice  el  P.  Baltasar  Te- 
llez.  Si  no  mediaran  los  jesuítas,  esta  emulación  y  rivalidad  litera- 
ria hubieran  parecido  una  cosa  muy  notable  y  sencilla.  Cisneros 
había  creado  en  Alcalá  una  rival  á  la  de  Salamanca,  y  nadie  le 
ha  echado  esto  en  cara  como  una  picardía  usurpadora.  Según 
las  leyes  de  la  economía  el  crear  una  competencia,  ó  si  se  quiere 
(ipncurrencia,  es  siempre  útil  al  público;  y  por  lo  tanto  el  que- 
brantar el  monopolio  universitario  de  Coimbra  se  hubiera  mirado 
siempre  como  un  beneficio,  á  no  mediar  el  instituto  de  la  Com- 
pañía. 

I*ara  mayor  dolor  el  Papa  Paulo  IV,  confirmó  la  Universidad 
de  Evora  en  18  de  Setiembre  de  1558.  La  reina  Regente  Doña  Ca- 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBRE    INSTRUCCIÓN    PLULICA.         107 

talina  cometió  lambióii  la  torpeza  de  coulinnarla  en  I55>,  y  en  -21 
do  Julio  la  equiparó  ú  la  de  Goimbra.  San  Pío  V,  ¡<inó  horror! 
le  concedió  fuero  académico,  pues  así  llamahan  las  ^'.Mites  esa 
exención  de  la  jurisdicción  ordinaria  y  de  la  jurisdicción  Real 
que  tanto  asusta  al  Sr.  Da  Costa,  hasta  el  punto  de  obligarle  ;í 
exclamar:  «¡Dito  esto,  está  dito  todo!') 

Y  en  efecto,  por  parte  del  autor  no  queda  más  que  decir.  Ksi 
invasión  que  tanto  asusta  al  historiador  portugués,  pasaba  enton- 
ces en  unas  diez  y  seis  universidiides  nuevas  fundadas  en  Es[»a- 
ña:  En  Alcalá,  Toledo,  Sevilla,  Santiago,  Oviedo  Granada,  Gan- 
día, Baeza,  Pamplona,  Almagro,  Osuna,  Ávila,  Zaragoza  y  hasta 
en  Méjico,  Lima  y  Manila;  y  los  españoles,  gente  de  suyo  asusta- 
diza en  materia  de  fueros  y  exenciones,  no  se  alarmaban  por  se- 
mejante acuerdo. 

Además,  si  la  Universidad  de  Goimbra  gozaba  del  fuero  aca- 
démico, una  vez  creada  la  de  Evora,  la  igualdad  legal  exigía  que 
se  diese  á  ésta,  ó  se  le  quitase  á  aquélla. 

Entra  luego  el  Sr.  Da  Costa  á  tratar  de  la  perniciosa  intluencia 
de  la  Universidad  de  Evora,  mostrándose  muy  poco  partidario  de 
la  libertad  de  enseñanza  en  nombre  de  la  libertad;  y  pretende 
que  todo  lo  malo  que  sucede  entonces  y  la  decadencia  de  todos 
los  elementos  sociales  en  el  siglo  xvii  se  deben  á  esta  causa.  Es 
más,  los  reyes  Felipes  sostuvieron  la  Universidad  de  Evora,  y 
f/!/a  se  ve.' j  lo  hicieron  con  el  mal  tin  de  avasallar  á  los  por- 
tugueses y  esclavizarlos  por  medio  de  la  Compañía  de  Jesús. 
¿Tendría  también  la  Universidad  de  Evora  la  culpa  de  la  gran 
postración  en  que  cayó  España  en  aquel  desdichadísimo  si.í^loy 

Los  grados  eran  más  baratos  en  Evora  ijue  en  Coimbra:  y 
esta  mala  maña  jesuítica  aumentó,  dice,  los  estudiantes  y  gra- 
duados en  Évora.  A  la  verdad,  en  un  país  donde  hay  dos  Uni- 
versidades, por  fuerza  se  habían  de  robar  estudiantes  la  unaá  la 
otra;  y  si  obtenían  destino  los  graduados  de  un  claustro  los  iia- 
bían  de  quitar  á  los  del  otro,  á  no  ser  que  se  graduaran  con  el 
santo  fin  de  morirse  de  hambre,  ó  hacer  el  cuarto  voto,  como  los 
jesuítas,  votum  non  amhiendi. 

Las  pruebas  de  que  con  el  método  de  enseñanza  de  los  jesuí- 
tas no  se  puede  educar  bien,  están,  según  Da  Costa,  en  la  regla 


108  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia, 

misma  de  los  jesuítas;  y  con  tolo,  los  jesuítas  con  ese  perverso 
método  sacaron  discípulos  eminentes  en  todas  partes  del  mundo; 
y  hoy  es  el  día  en  que  la  gente  tiene  la  manía  de  llenar  sus  co- 
legios, siendo  preciso  cerrárselos  á  la  fuerza,  y  atropellarlos  en 
nombre  de  la  libertad  de  enseñanza,  y  hasta  expulsarlos  de  algu- 
nos países,  bien  sea  en  nombre  del  orden  y  de  la  monarquía 
como  en  España,  ó  bien  de  la  libertad  y  la  república  como  en 
Suiza,  yes  más,  aplaudiendo  estas  expulsiones,  como  las  aplaude 
el  Sr.  Da  Costa,  que  deploró  algunas  páginas  antes  la  expulsión 
de  los  judíos  de  Portugal.  ¡Cuan  mezquinos  han  de  encontrar- 
nos en  nuestras  apreciaciones  políticas  los  críticos  de  las  gene- 
raciones que  vendrán  en  pos  de  nosotros,  y  cuan  inconsecuentes 
á  cada  paso! 

Acusa  el  Sr.  Da  Costa  á  los  jesuítas  de  haber  rebajado  el  estu- 
dio de  la  Teología  en  Portugal,  barajando  el  estudio  de  los  esco- 
lásticos con  el  de  los  Santos  Padres.  Pero  entonces  ¿qué  alega  con- 
tra Santo  Tomás  y  su  guía  Pedro  Lombardo,  también  adicto  á  los 
Padres?  ¿Y  quién  le  ha  dicho  al  Sr.  Da  Costa  que  la  Teología  es- 
colástica y  la  patrística  se  estorban  mutuamente?  Lo  contrario 
es  lo  verdadero;  ni  la  una  ha  de  andar  sin  la  otra. 

Por  de  contado  que  la  ida  del  célebre  Suarez  á  Coimbra  para 
reformar  y  levantar  aquella  Universidad  no  le  merece  ni  un  re- 
cuerdo: mejor  es,  pues  con  eso  economiza  una  diatriba  contra 
aquel  sabio  y  eminente  personaje. 

Los  jesuítas,  dice,  tuvieron  también  la  culpa  de  la  decadencia 
de  las  ciencias  exactas  y  matemáticas  en  Portugal.  De  lo  mismo 
se  les  acusa  neciamente  en  España.  La  creación  de  los  estudios 
de  San  Isidro  en  Madrid  tuvo  por  objeto  fomentarlas,  por  lo  mal 
que  estaban  en  las  universidades  mayores  y  menores,  en  algu- 
nas délas  cuales  ni  había  jesuítas  ni  tenían  estos  las  cátedras  de 
ciencias,  ni  gozaban  de  gran  influencia,  como  sucedía  en  Alcalá 
y  Salamanca,  donde  los  dominicos,  agustinos  y  franciscanos  neu- 
tralizaban la  influencia  de  aquellos  en  todos  conceptos.  El  estu- 
diar la  historia  de  un  país,  ó  de  una  institución  de  un  modo  ce- 
rrado, y  sin  mirar  á  la  historia  general  y  á  los  países  é  institu- 
ciones afines,  expone  siempre  á  estas  apreciaciones  inexactas. 

A  la  página  82  parece  inclinarse  el  Sr.  Da  Costa  á  la  libertad 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBUK    INSTll  i;c.CIÚN    PÚPLICv.         ln'.l 

de  enseñanza  al  vituperar  el  monopolio  de  la  uiiivcrsid.id  d.; 
Évora.  Pero  ^;no  había  aplaudido  antes  el  de  Goimhra  y  acusado 
á  los  jesuítas  por  querer  eximirse  de  él?  Al  decidirse  por  un 
sistema  hay  que  aceptarlo  con  todas  sus  consecuencias,  con  sus 
ventajas  y  sus  inconvenientes. 

El  llamado  monopolio  universitario  tiene  muchas  de  aquellas 
y  no  poco  de  estos,  como  sucede  con  todas  las  cosas  humanas. 
En  él  se  resumen  las  teorías  del  individuo  y  do  la  colectividad, 
del  copiante  y  de  la  imprenta.  El  individuo  har;í  una  cosa  pri- 
morosa y  rara,  pero  cara  como  los  trabajos  de  copia  y  miniatura 
de  la  Edad  Media;  pero  la  máquina  la  reproducirá  por  milla- 
res en  menos  tiempo  y  la  pondrá  al  alcance  de  todas  las  foi- 
tunas. 

La  Universidad  eS  la  máquina,  es  la  compañía  de  muchos  y 
variados  enseñantes.  El  privatim  docens  es  el  brazo,  el  individuo, 
el  capital  aislado,  el  copiante  de  la  Edad  Media.  Si  es  hombre  d(^ 
mérito,  en  tres  ó  seis  años  sacará  media  docena  de  discípulos 
aventajados,  pero  estos  no  serán  los  pobres,  no  serán  los  hijos 
del  pueblo:  serán  ricos  que  les  paguen  8.000  ál  2.000  reales  cada 
uno:  el  hijo  del  pobre,  del  comerciante,  del  hombre  de  la  clase 
media,  encontrará  por  una  onza  de  oro  al  año  doce  profesores 
que  le  enseñarán  mucho  más.  A  esto  se  llama  á  veces  monopolio 
universitario. 

Lamenta  el  Sr.  Da  Costa  que  Andrés  Resende  tuviera  que  ceri-ar 
su  escuela  de  Humanidades  en  Evora.  Pero  aquel  célebre  huma- 
nista la  cerró  porque  quiso,  pues  se  hizo  en  su  obsequio  una  ex- 
cepción honrosa.  ¿Y  cuántos  Resendes  había  entonces?  La  ense- 
ñanza del  colegio  no  se  da  bien  sino  por  comunidades  y  compa- 
ñías, ora  las  guíe  la  caridad,  ora  las  impulse  el  interés,  los  dos 
grandes  motores  de  las  empresas  colosales  ó  arriesgadas.  La  glo- 
ria, fuera  de  la  del  cielo,  hay  que  admitirla  en  las  empresas  con 
cuenta  y  razón,  y  á  cargo  y  data. 

Entre  tanto  el  Sr.  Da  Costa  al  escribir  su  historia  de  la  ins- 
trucción popwíar  nada  nos  ha  dicho  del  pueblo  ni  de  su  instruc- 
ción y  cultura.  El  mismo  se  reconviene  por  ello  al  concluir  el 
período  que  podemos  llamar  de  historia  antigua  en  su  libro  (pá- 
gina 91.)  «¿E  o  povo  preguntarao?  A  educa(;aü  nacional  é  do  que 


lio       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

principalmente  nos  occupamos.»  Con  perdón  del  autor,  la  nacio- 
nal es  del  otro  libro  de  que  hablaremos  luego. 

Es  lo  cierto  que  en  las  90  páginas  primeras  dedicadas  á  estu- 
diar el  desarrollo  de  la  instrucción  popular  de  Portugal  desde  prin- 
cipios del  siglo  XII  á  mediados  del  siglo  xvni  nada  se  nos  ha  di- 
cho de  escuelas  populares,  sino  solo  dos  líneas  para  rebajar  la 
importancia  de  las  parroquiales  en  el  siglo  xiii  y  de  la  piadosa 
solicitud  de  Gregorio  IX.  La  historia  se  ha  reducido  en  su  mayor 
parte  á  combatir  á  los  jesuitas.  Mas,  ¿cómo  estos,  que  lo  monopo- 
lizaban todo  en  Portugal  á  pesar  de  la  terrible  influencia  inglesa, 
necesaria  allí  para  sostener  la  independencia  contra  Castilla,  no 
cuidaron  de  aiJoderarse  de  la  enseñanza  de  las  turbas  populares? 
«A  Companhia  que,  nfio  se  esquecia  de  elemento  algún,  deslem- 
brarse  ha  do  ensino  das  turbas?^)  El  autor  responde  categórica- 
mente: «As  turbas  n5o  forem  esquicidas.» 

La  respuesta  es  terminante:  los  jesuitas  descuidaron  en  Portu- 
gal la  enseñanza  del  pueblo.  Eso  no  libra  de  cargos  al  Estado,  ó 
mejor  dicho  al  Gobierno,  pues  la  enseñanza  del  pueblo  no  es  un 
derecho,  sino  es  un  deber  que  tiene  éste  que  atender,  si  no  lo  sa- 
tisfacen la  caridad  cristiana  ó  el  interés  particular,  relevándole  del 
cumplimiento  de  esta  obligación  sagrada.  Pero  la  solución  del 
Sr.  Da  Costa  para  poner  en  relieve  esta  falta  jesuítica  es  peregri- 
na. Los  jesuitas,  dice,  absorbían  también  la  predicación  en  Por- 
tugal, y  por  medio  de  jubileos  especiales  y  funciones  de  cuarenta 
horas,  atraían  la  gente  más  que  los  otros  frailes,  y  de  ese  modo 
lograban  atraerse  las  turbas  y  educarlas  á  su  modo. 

¿Pero  qué?  ¿Aprendía  la  gente  en  Portugal  á  leer  y  escribir  en 
los  jubileos  y  en  las  cuarenta  horas?  Por  lo  visto  los  jesuitas  de 
ahora  han  perdido  el  secreto.  Es  preciso  leerlo  en  el  original 
para  dar  crédito  á  tan  estupenda  noticia.  «O  sistema  assim  reali- 
zado (el  de  los  sermones)  absorbía  por  una  especie  de  insiruccao 
primaria  (nota  henej  as  classes  populares,  abrangendo  todo  o 
circulo  da  instruccflo.  Era  a  dominacao  sobre  o  paiz»  (pág.  91'. 

Ya  lo  oye  la  Academia:  el  sermoneo  jesuítico  en  Portugal  era 
una  especie  de  instrucción  popular  que  abrazaba,  no  como  quiera 
la  educación  moral  y  la  religiosa  del  pueblo,  efectos  naturales  de 
la  predicación,  sino  algo  más,  mucho  más  que  esta  educación,  la 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS   SOBRE    INSTRUCCIÓN    PÚBLICA.        lii 

instrucción  del  pueblo  en  su  parte  intelectual  y  todo  el  círculo 
de  la  instrucción  primaria:  aAhrangendo  todo  o  circulo  da  ins- 
trucao.y>  Son  palabras  textuales  ala  pág.  91  del  libro;  y  es  más. 
esto  venía  í\  instituir  una  dominación  universal. 

¿Pero  no  predicaban  los  otros  curas  ó  frailes?  ¿O  era  que  estos 
no  estaban  en  el  secreto  de  enseñar  el  deletreo,  cuentas  y  jtalotes 
en  las  cuarenta  horas':*  Según  eso,  en  los  siglos  xvii  y  .wiii  no 
había  absolutamente  en  Portugal  escuelas  de  instrucción  prima- 
ria. Una  de  dos;  ó  las  había  ó  no:  si  las  había  ¿porqué  no  lo  dicei' 
Si  no  las  había,  el  Gobierno  faltaba  á  uno  de  sus  deberes  más  sa- 
grados é  indeclinables. 

Excusado  es  decir  que  el  Sr.  Da  Costa  toma  cslfl  noticia  dema- 
siado candorosamente  de  los  escritos  con  que  algunos  frailes  eii 
el  siglo  pasado  daban  á  los  jesuítas  la  coz  del  asno.  Sucedía  en- 
tonces, y  aun  sucede  ahora,  que  los  holgazanes  encubren  su  in- 
dolencia llamando  intrigas,  osadía  y  petulancia  á  la  actividad  de 
los  que  trabajan.  Un  jesuíta  da  misiones  en  un  pueblo;  logra 
reanimar  su  fe  y  la  frecuencia  de  Sacramentos,  la  desaparición 
de  la  blasfemia,  y  encarga  el  sostenimiento  de  este  fervor  á  los  que 
deben  procurarlo  de  continuo  y  por  obUgación:  á  los  tres  meses 
se  ha  perdido  todo  el  fruto,  y  para  disculparlo  nunca  falta  quien 
llame  al  jesuíta  entremetido,  intrigante  y  declamador  importuno. 
En  fuentes  por  ese  estilo  ha  bebido  el  Sr.  Da  Costa. 

Si  las  noticias  que  nos  da  son  exactas  y  lo  que  calla  es  porque 
no  existía,  resulta  que  en  Portugal  no  había  escuelas  donde  edu- 
car, no  como  quiera  al  pueblo,  pero  ni  aun  á  la  clase  media;  y 
que  los  portugueses  eran  entonces  de  peor  condición  y  más  atra- 
sados que  nuestros  indios.  La  demostración  es  evidente.  A  estos 
les  enseñaban  á  leer  y  escribir,  sin  perjuicio  de  sermonearles  los 
misioneros,  no  solamente  jesuítas,  sino  frailes  de  otros  institutos. 

Hace  pocos  años  que  ha  sido  demolido  por  la  revolución  en 
Méjico  el  local  donde  estuvo  la  primera  escuela  que  bulto  en 
América,  y  eso  á  los  pocos  años  de  la  conquista,  en  el  convento 
de  San  Francisco,  regida  por  Fr.  Pedro  de  Gante.  Allí  fué  donde 
se  dieron  las  primeras  lecciones  de  leer  y  escribir  en  el  conti- 
nente americano. 

El  Sr.  D.  Manuel  Castellanos  trituró  en  18G5  las  calumnias 


112  BOLETÍN    DE   LA    REAL   ACADEMIA    DE    LA   HISTORLA. 

que  contra  la  dominación  española  en  Méjico  había  vertido  el 
Ministro  D.  Manuel  Silicéo,  acusando  á  los  españoles  de  haber 
descuidado  en  Méjico  la  educación  de  los  indios  y  la  instrucción 
pública,  favoreciendo  intencionalmente  la  ignorancia.  Asombra 
lo  que  allí  hicieron  los  españoles  por  la  instrucción  pública.  Con- 
cluida la  conquista  en  1521,  ya  había  algún  colegio  en  1525,  el 
de  San  Juan  de  Letrán  en  1529,  y  el  de  San  Pablo  para  indios  e» 
1533.  El  Sr.  Castellanos  prueba  hasta  qué  punto  son  todavía  los 
aborígenes  del  país  refractarios  á  todo  progreso;  y  que  si  los  in* 
dios  no  aprendieron  más  fué  porque  no  quisieron,  y  porque  harto 
les  costaba  íi  los  españoles  lo  que  aprendieron. 

El  Sr.  Barrantes,  en  su  discurso  de  recepción  en  esta  Academia 
nos  ha  pintado  á  nuestros  piadosos  misioneros  en  Filipinas  en- 
señando á  los  indios  desde  los  primeros  días,  y  por  métodos  tan 
sencillos,  que  les  hemos  visto  con  asombro  adelantarse  al  decan- 
tado sistema  Lancasteriano. 

¡Y  cuánto  trabajo,  y  cuántos  halagos  y  amenazas  no  tienen 
que  emplear  hoy  todavía  nuestros  misioneros  para  obligar  á  los 
tagalos  á  frecuentar  las  escuelas!  ¿Se  culpará  por  ello  algún  día 
á  los  frailes  españoles?  Es  muy  posible. 

Buenas  ó  malas  teníamos  en  España  multitud  de  escuelas  de 
instrucción  primaria  en  casi  todos  los  pueblos.  Los  escritores  de 
los  siglos  XVI  y  svii  hablan  siempre  del  maestro  de  aldea  como 
de  una  persona  que  no  puede  menos  de  haber  en  el  pueblo. 

En  los  conventos  de  Agustinos  y  Franciscanos  solía  haber 
escuelas  de  instrucción  primaria  y  de  latinidad:  de  filosofía  y 
teología  solían  tener,  no  solamente  estos  sino  también  los  Domi- 
nicos, Mercenarios  y  Carmelitas. 

Sabida  es  la  pregunta  del  Emperador  Garlos  V.  Cuando  quería 
saber  el  estado  intelectual,  moral  y  económico  de  un  pueblo; 
preguntaba  por  los  que  llamaba  los  tres  Pres.  «¿Qualis  prcetor? 
¿Qualis  prxceptor?  ¿Qualis  preshyter?» — ¿Qué  tales  son  el  alcal- 
de, el  maestro  y  el  cura?  El  Emperador  no  calculaba  que  pudiese 
haber  pueblo  sin  maestro,  como  sin  cura;  señal  cierta  de  que  lo 
común,  lo  general,  lo  corriente,  era  que  lo  hubiese  en  todos  los 
pueblos  de  España. 

Es  más,  la  exuberancia  de  escuelas  de  latinidad  supone  una 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBRE    INSTRUCCIÓN   PÚBLICA.        113 

multitud  de  escuelas  de  instrucción  primaria,  pues  ¿cómo  apren- 
dería latin  en  España  el  que  no  supiese  leer  y  escribir?  Pues  bien, 
la  multitud  de  establecimientos  literarios  y  de  latinidad  se  llegó 
á  considerar  como  perjudicial  al  Estado,  y  como  tal  la  denunció 
el  canónigo  Navarrete  en  sus  discursos  políticos  ;í  Felipe  III, 
donde  dice:  «Débese  ponderar  que  en  tan  corta  latitud  como  la 
que  tiene  España,  hay  32  universidades  y  más  de  4.000  estudios 
de  gramática,  daño  que  va  cada  dia  cundiendo  más,  habiéndose 
varias  veces  pedido  el  remedio  y  últimamente  en  las  Cortes  de 
Madrid  del  año  1616». 

Hay,  pues,  un  contraste  terrible  entre  la  exuberancia  de  Espa- 
ña y  la  penuria  de  Portugal  según  el  Sr.  Da  Costa. 

Pero  es  mayor  el  contraste  si  se  tiene  en  cuenta  que  España 
tuvo  el  honor  de  haber  dado  á  Italia  uno  do  sus  hijos  predilectos, 
noble  por  su  casa  y  aun  más  por  sus  hechos,  que  se  dedicó  en  la 
misma  ciudad  de  Roma  á  educar  é  instruirá  los  niños,  y  no  como 
quiera,  sino  á  los  niños  del  pueblo,  pobres,  perdidos  y  andrajosos; 
y  él  mismo,  dejando  su  prebenda  y  su  pingüe  patrimonio,  se  li- 
tuló,  é  hizo  á  sus  hijos  titularse  clérigos  pobres  de  la  Madre  de 
Dios;  y  pobres  han  sido  y  pobres  son,  en  términos  que  al  ocu- 
parles todos  los  bienes  fructíferos  que  poseían  en  España,  el  año 
1855^,  ascendían  á  la  mezquina  cantidad  de  40.000  duros,  según 
declaró  en  las  Cortes  el  Sr.  Madoz,  que,  con  todo,  opinó  que  no 
se  hiciese  excepción  á  favor  de  ellos,  como  no  se  hizo. 

Lo  que  hacían  los  escolapios  de  España,  lo  hacían  los  betlemi- 
tas  en  Méjico.  Si  en  España  se  fundaban  por  Felipe  II  los  cole- 
gios de  Loreto  y  Santa  Isabel,  para  educación  de  niñas,  y  el  de 
doncellas  en  Toledo  por  el  cardenal  Silíceo,  y  á  su  imitación  sur- 
gían en  Madrid  los  de  San  Antonio  y  de  Leganés  por  la  caridad 
de  las  corporaciones  ó  de  la  aristocracia,  y  otros  muchos  aunque 
menos  conocidos  por  toda  España;  en  Méjico  la  cofradía  de  la  ca- 
ridad creaba  en  1538  un  colegio  para  niñas,  que  duró  hasta  1862, 
en  que  fué  despoblado  y  vendido  á  nombre  de  la  libertad  y  del 
amor.al  pueblo.  No  era  este  colegio  el  único  para  niñas,  pues 
había  otro  para  niñas  pobres  en  Salto  del  Agua,  otro  fundado  por 
los  jesuítas  en  1633,  otro  por  los  betlemilas  para  la  educación  de 
niñas  indias,  el  de  las  vizcaínas  fundado  por  tres  vascongados,  y 


114  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

otros  varios  en  conventos  de  monjas,  que  sería  prolijo  citar,  y  que 
acreditan  la  piadosa  é  inteligente  solicitud  de  los  españoles  para 
la  educación  no  sólo  de  los  niños  sino  también  de  las  niñas  del 
pueblo  y  de  la  clase  media,  tanto  en  la  Península  como  en  sus  co- 
lonias. A  vista  de  estos  datos  acerca  de  la  cultura  ó  instrucción  de 
los  indios  españoles  y  del  rebajamiento  intelectual  de  Portugal, 
que  resulta  de  la  obra  del  Sr.  Da  Costa  ¿es  ó  no  es  cierto  que  el 
pueblo  portugués  se  hallaba  en  el  siglo  xvii  por  bajo  del  nivel  de 
los  indios  de  Nueva  España? 

Si  esto  no  es  cierto,  como  no  creo  que  lo  sea,  si  esto  lastima  el 
orgullo  nacional  del  noble  pueblo  portugués,  ¿tendrá  la  culpa  de 
ello  ningún  extranjero,  ni  la  tendré  yo  al  decirlo  y  probarlo  i* 
Repito  que  no  lo  creo,  pero  vuelvo  á  mi  dilema  irrecusable  y 
contundente.  Si  había  más  ¿por  qué  lo  oculta  el  Sr.  Da  Costa  en 
perjuicio  de  su  patria  á  trueque  de  maltratar  á  los  jesuitas?  sino 
había  más  que  lo  dicho  por  el  Sr.  Da  Costa,  ese  rebajamiento 
moral  será  doloroso,  pero  será  cierto. 

Tres  páginas  dedica  éste  á  tratar  de  la  reacción  literaria  obrada 
en  la  primera  mitad  del  siglo  pasado  y  en  contra  de  los  jesuitas; 
y  todo  ello  se  reduce  á  hablar  acerca  de  las  cartas  del  Barbadiño 
sobre  el  método  de  estudiar,  cartas  que  aplaude  el  Sr.  Da  Costa 
por  estar  escritas  en  contra  de  los  jesuitas,  y  que  rebatió  nuestro 
festivo  P.  Isla  en  su  Gerundio.  Preciso  es  confesar  que  las  cartas 
del  Barbadiño  eran  un  adelanto  para  su  tiempo,  pero  también 
debe  advertirse  que,  al  lado  de  esos  adelantos,  había  errores  tras- 
cendentales. Más  importante  fué  la  creación  de  estudios  de  se- 
gunda enseñanza,  por  D.  Juan  V,  en  el  hospicio  de  las  Necesi- 
dades, por  decreto  de  25  de  Enero  de  \~i2o,  y  á  cargo  de  los  pa- 
dres del  Oratorio  de  Jesús. 

Desde  los  tiempos  de  Pascal,  Quesnel  y  otros  corifeos  del  jan- 
senismo en  Francia,  los  oratorianos  pasaban  por  ser  enemigos 
capitales  de  los  jesuitas.  ¡Cosa  rara!  El  P.  Daubentou,  jesuíta  y 
confesor  de  Felipe  V,  obtenía  de  este  por  entonces  los  fondos 
para  construir  el  Noviciado  de  la  Compañía  en  Madrid.  A  la  ex- 
pulsión de  ésta  en  1767,  se  dio  á  los  padres  del  Oratorio,  y  an- 
dando el  tiempolia  venido  á  erigirse  allí  la  Universidad  Central 
d3  E?paüa. 


DinXAMEN   DE   LOS    LIBROS   SOBRE   INSTRUCCIÓN   PÚBLICA.        115 

Los  oratorianos  no  obtuvieron  por  entonces  que  se  diese  eu 
Portugal  valor  académico  á  sus  certificaciones  de  estudios,  \nivo 
sin  embargo,  lo  consiguieron,  por  decreto  de  3  de  Setiembre 
de  1747. 

Con  esto  concluye  en  cien  páginas  la  Historia  de  la  Instruc- 
ción popular  de  Portugal  en  el  período  de  GOO  años;  reducido  casi 
todo  ello  á  una  diatriba  tardía  contra  los  jesuítas  y  nada  de  las 
escuelas  en  que  se  educaba  el  pueblo,  ora  ponjuc  uo  las  hubiese, 
ora  porque  no  se  haya  investigado  su  existencia.  Con  razón  llama 
á  esto  su  autor  un  bosquejo  ú  esbozo.  «No  presente  esbozo  de  cii- 
íiino  público,  nao  é  intencSo  nossa  julgar  á  Gompanhia  de  Je- 
sús... encontrárnosla  no  nosso  camino.»  Es  lo  que  le  sucede  á  un 
vapor  de  guerra  que  pasa  de  ojo  á  un  buque  mercante:  enconti'ó- 
iselo  en  su  camino. 

A  la  escasez  de  datos  respecto  de  los  tiempos  antiguos,  sucede 
la  abundancia  respecto  de  los  modernos,  y  á  las  diatribas  contra 
ios  jesuítas,  los  elogios  hiperbólicos  del  marqués  de  Pombal,  que 
los  expulsó  de  los  dominios  portugueses.  Esto  era  consiguiente: 
« A  uacao  sa  dar  exemplo  do  que  é  o  corpo  de  un  pigmeo  com 
a  alma  de  un  gigante.»  Muy  bien  dicho  en  lo  del  alma  de  la  na- 
ción portuguesa.  Mas,  ¿porqué  el  cuerpo  ha  de  ser  el  de  un 
pigmeo?  Eso  sería  bueno  á  lo  más  para  las  repúblicas  de  San 
Marín  y  Andorra. 

Cuarenta  páginas  dedica  á  las  reformas  ejecutadas  por  el  mar- 
qués de  Pombal:  no  todo  ello  es  relativo  á  la  enseñanza.  Negar 
que  por  entonces  se  hicieron  cosas  buenas,  se  reformaron  abusos 
y  se  mejoró  mucho  la  enseñanza,  sería  faltar  á  la  verdad  y  cerrar 
los  ojos  á  la  luz.  De  la  reforma  universitaria  de  Portugal  pode- 
mos juzgar  por  las  que  entonces  se  hicieron  en  España,  las  cuales 
fueron  coleccionadas  en  tres  tomos  en  folio  por  las  universidades 
de  Alcalá  y  Salamanca. 

Aparte  de  las  noticias  políticas  contenidas  en  a(]uellas  40  pági- 
nas y  de  lo  relativo  al  absolutismo  ilustrado  de  Pombal,  los  da- 
los que  encontramos  relativos  á  la  educación  popular  son  tan 
escasos  que  están  comprendidos  en  dos  páginas:  las  mejoras  in- 
troducidas en  ésta,  se  reducen  al  establecimiento  de  una  mesa 
censoria  para  los  maestros,  provisión  de  escuelas  por  concurso, 


116  boletín  de  la  real  agadExMia  de  la  historia. 

establecimiento  de  una  escuela  en  cada  centro  local,  y  de  una 
contribución  para  sostenerla. 

La  mesa  censoria  matando  el  monopolio  jesuítico,  organizaba 
en  esta  parte  por  primera  vez  el  elemento  fundamental  del  Esta- 
do (pág.  105). 

Por  los  concursos  los  maestros  iban  á  ser  en  adelante  maestros 
reales  (mestres  regios)^  dejando  de  estar  ligados  á  una  profesión 
que  se  miraba  como  mechanica,  ¿será  esto  cierto? 

Para  el  sostenimiento  de  las  escuelas,  imponía  el  marqués  de 
Pombal,  por  un  albalá  de  6  de  Noviembre  de  1772,  una  contribu- 
ción sobre  el  vino,  aguardiente  y  vinagre.  Era  el  modo  de  que 
los  sobrios  educasen  á  sus  hijos  gratis,  y  los  borrachos  cogieran 
aún  más  horror  á  las  escuelas. 

Fundábase  la  nueva  reforma  de  la  enseñanza  en  la  convenien- 
cia de  aprovechar  las  primeras  edades  para  inspirar  en  ellas  prin- 
cipios morales  y  sociales.  Supongo  que  el  Sr.  Da  Costa  no  preten- 
derá pasar  esa  vulgaridad  por  un  descubrimiento  portentoso  del 
marqués  de  Pombal,  aunque  los  términos  en  que  lo  indica  pare- 
cen suponer  que,  al  fundar  sobre  él,  era  como  quien  edifica  de 
nuevo. 

La  idea  de  instituir  el  catecismo  de  Montpeller  como  libro  para 
enseñar  á  leer  en  vez  de  los  procesos  judiciales  que  se  usaban  en 
las  escuelas  primarias,  no  da  idea  del  estado  de  estas.  ¿Quién 
creería  que  los  jesuítas  enseñasen  á  leer  por  medio  de  la  enreve- 
sada letra  procesal?  En  España,  no  há  muchos  años,  que  en  al- 
gunos rincones  apartados  y  pobres  montañas  se  aprendía  á  leer 
con  procesos,  pero  esto  era  una  ridicula  excepción  y  agraviaría 
á  nuestro  país  quien  lo  mirase  como  regla,  pues  cuesta  más,  y 
costaba  en  el  siglo  pasado,  encontrar  un  proceso  que  encontrar 
un  libro.  Además,  los  procesos  se  daban  á  los  niños  que  ya  de- 
letreaban y  leían  algo  en  letra  de  molde.  De  lo  que  sucedía  en 
España  todavía  en  algún  lugar  á  mediados  del  siglo  xix,  podre- 
mos inferir  lo  de  Portugal  hace  cien  años. 

Los  jesuítas  portugueses,  nada  inferiores  á  los  de  España  en 
saber  y  riqueza,  ¿  habían  de  carecer  de  libros  para  enseñar  á  los 
niños,  dado  caso  que  ejercieran  ese  monopolio,  que  afirma  el 
Sr.  Da  Costa,  pero  que  no  prueba  ni  yo  creo? 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBRE    INSTRUCCIÓN    PÚBLICA.        117 

Viene  también  en  1772  la  creación  de  las  facultades  de  mate- 
máticas y  filosofía  en  Goirabra  por  los  estatutos  de  aquel  año,  y 
t¿mibién  la  creación  de  Museo,  Observatorio,  Jardín  Botánico  y 
otros  establecimientos  análogos  en  la  famosa  «cidade  do  Modego,» 
y  estos  estatutos  son  mirados  como  «a  primitiva  constitucao  libe- 
ral de  este  paiz.»  Mucho  decir  es  para  unos  estatutos  universita- 
rios y  mucha  influencia  sobre  la  organización  política  del  país. 
De  temer  es  que  esta  hipérbole,  figura  usual  en  la  parte  meri- 
dional del  país,  como  aquel  nuestro,  haya  que  juntarla  con  el  no 
menos  exagerado  desprecio  del  derecho  patrio  portugués,  que  ca- 
lifica desdeñosamente  Da  Costa  de  legislacao  harharisada,  sobre 
cuyas  cenizas  vino  á  sentarse  el  principio  de  la  equidad  y  de  la 
razón  por  la  ley  de  18  de  Agosto  de  17G9. 

También  á  nuestro  derecho  antiguo,  y  sobre  todo  al  foral,  se  le 
ha  considerado  por  algunos  como  bárbaro,  al  paso  que  otros  prin- 
cipian á  dar  en  la  manía  de  enarnorarse  de  su  profundo  saber  y 
cultura.  Es  cuestión  de  gustos  y  de  opiniones. 

Para  sacar  do  su  postración  á  las  ciencias  naturales  y  matemá- 
ticas, tuvo  el  marqués  de  Pombal  que  enviar  á  buscar  á  Italia 
profesores,  viniendo  al  efecto  Fransini,  el  abate  Branelli  y  otros 
que  cita  el  Sr.  Da  Costa  (pág.  111).  Y  aquí  me  ocurre  una  obser- 
vación. En  Italia  brillaban  por  entonces  muchos  jesuítas  expul- 
sados de  España,  despreciados  aquí  y  apreciados  allá,  escarneci- 
dos por  los  gobiernos  católicos,  y  acogidos  y  llamados  por  el  es- 
céptico  Rey  de  Prusia  y  la  nada  piadosa  Czarina  de  Rusia.  Entre 
ellos  había  también  matemáticos  y  hombres  sumamente  eruditos. 
Nuestro  compañero  el  Sr.  D.  Fermín  Caballero,  nos  ha  dado  una 
preciosa  biografía  del  expulso  Hervas.  Pero  ¿era  éste  sóloí' 

Los  monasterios  y  conventos  secundaron  este  impulso  según 
lo  describe  el  Sr.  Da  Costa.  ¿Qué  indica  esto?  ¿La  presión  jesuí- 
tica anterior? 

En  mi  juicio  indica  sólo  la  falta  de  aptitud,  energía,  moralidad 
y  talento  en  los  gobiernos.  Si  el  Gobierno  portugués  hubiera  sa- 
bido cumplir  con  su  deber  cien  años  antes,  hubiera  sucedido 
en  1672  lo  que  en  1772;  y  frailes  y  curas  y  jesuítas,  hubieran  fo- 
mentado en  alto  grado  las  ciencias  de  experimentación  natural; 
pero  con  Reyes  haraganes  ó  imbéciles,  y  ministros  malos  como 


118      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

Olivares  y  D.  Juan  el  de  la  Galderona,  es  imposible  que  se  des- 
arrolle en  un  país  ningún  elemento  de  grandeza  estable  y  positi- 
va. Sucede  lo  que  en  las  casas  ricas,  donde  el  marido  es  tonto,  la 
mujer  picara,  y  el  mayordomo  ladrón.  Echar  la  culpa  de  los  ma- 
les del  Estado  á  los  jesuítas,  es  lo  mismo  que  culpar  al  confesor 
de  que  el  mayorazgo  sea  tonto  y  duerma,  de  que  su  mujer  derro- 
che y  de  que  el  mayordomo  robe  y  no  se  confiese.  Este  ejemplo 
de  la  vida  doméstica  da  la  medida  de  las  acusaciones  políticas  con- 
tra los  jesuítas  en  España  y  Portugal.  Los  Reyes  portugueses  de 
los  siglos  XVII  y  XVIII,  no  supieron  ni  quisieron.  Pombal  supo, 
quiso  y  logró.  No  le  quitemos  el  mérito  en  lo  que  hizo,  pero  re- 
duzcámoslo á  debidas  proporciones.  Si  le  aplaudimos  por  lo  bue- 
no y  laudable,  no  le  adulemos  en  todo  elogiando  ni  aun  ocul- 
tando lo  malo;  y  con  respecto  á  sus  diatribas  contra  los  jesuí- 
tas, recordamos  la  frase  del  cáustico  ministro  francés,  Choiseul, 
que  decía:  El  marqués  de  Pomhal  lleva  siempre  en  vez  de  anteojos, 
un  jesuíta  montado  en  las  narices.  El  que  cabalgaba  en  las  de 
Pombal,  debe  haber  transmigrado  á  las  del  Sr.  Da  Costa;  y  e& 
lástima. 

Con  la  escasez  de  datos  y  carencia  completa  de  documentos, 
respecto  á  lo  antiguo,  contrasta  la  prodigalidad  de  los  primeros 
en  lo  que  concierne  al  siglo  xrx:  mezclados  vienen  aquellos  coa 
no  pocas  noticias  y  observaciones  acerca  de  las  vicisitudes  políti-, 
cas  de  Portugal  en  estos  últimos  tiempcs,  y  á  la  verdad,  satura- 
dos como  estamos  los  españoles  de  pronunciamientos,  crisis, 
acciones,  reacciones  y  otros  excesos,  no  me  he  sentido  con  fuer- 
zas para  arrostrar  esas  ciento  diez  páginas,  en  que  el  Sr.  Da  Costa 
hace  la  oración  pro  domo  sua,  con  cierta  fruición  bien  disculpable. 
Yo  por  mi  parte,  después  de  haber  hojeado  esas  páginas,  he  crei- 
do,  y  Dios  me  lo  perdone  si  me  equivoco,  que  podía  calcular  las 
lindezas  de  los  pronunciamientos  de  Portugal  por  la  desenvoltura 
sin  par  de  los  nuestros.  Si  esto  tiene  poco  que  ver  con  la  instruc- 
ción popular,  en  verdad  que  tampoco  estos  acontecimientos,  ade- 
más muy  sabidos,  merecían  ocupar  lugar  en  el  libro  que  pu- 
diera pasar  muy  íAen  sin  ellos. 

No  debo  dejar  de  consignar  que  el  autor  concluye  su  libro  y 
apéndices  con  la  cuestión  ruidosa  de  la  expulsión  de  las  herma- 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOURE    INSTRUCCIÓN   PÚBLICA.        119 

ñas  de  la  Caridad,  á  las  cuales  el  populacho  apedreó  c^i  Lisboa, 
en  1862.  El  Sr.  Da  Costa,  dice  que  la  cuestión  fué  política  m.ls 
■  que  de  instrucción.  Claro  está  que  fué  política,  pero  eso  no  quita 
que  fuese  un  acto  indigno  de  un  pueblo  que  hace  alardes  de  cul* 
tura  y  amor  á  la  libertad.  Cuando  los  salvajes  se  comen  .1  los 
misioneros  obran  también  por  política,  puc3  al  fin  esa  es  la  polí- 
tica tradicional  de  su  tribu;  sobre  que  así  se  nutren. 

Las  Cámaras  con  políticos  no  menos  atrasados,  propusieron  y 
votaron  una  ley  para  que  no  se  admitiesen  más  fundaciones  que 
las  de  los  institutos  existentes  en  1834.  Aprobada  en  la  Cámara 
electiva  no  llegó  á  sancionarse  en  la  de  los  Pares,  porque  el  Supe- 
rior francés  de  aquellas  religiosas  hizo  que  se  embarcaran  á  bordo 
de  un  buque  de  su  nación. 

En  nuestro  país,  que  se  quiere  pintar  como  más  atrasado,  las 
hermanas  de  la  Caridad  francesas  no  han  recibido  insulto  nin- 
guno, á  pesar  de  haber  otras  españolas,  y  en  sus  dos  colegios  de 
Santa  Isabel  y  San  Alfonso  tienen  aquellas  en  Madrid  á  su  cargo 
más  de  800  párvulos  y  niñas.  Como  en  este  juicio  crítico  me  pro- 
puse no  solamente  examinar  la  obra  del  Sr.  Da  Costa,  sino  for- 
mar en  lo  que  cabe  un  juicio  comparativo  entre  la  instrucción 
pública  de  aquel  país,  según  la  pinta  este  señor,  y  la  del  nuestro, 
á  fin  de  tener  útiles  enseñanzas  en  esta  materia,  no  he  querido 
dejar  de  parangonar  lo  que  sucede  en  ambos  países  al  referirme 
á  ese  dato  final  de  la  historia  portuguesa  sobre  la  instrucción 
popular. 

Esta  es,  en  resumen,  y  según  habrán  podido  juzgar  los  señores 
académicos  muy  escasa  y  diminuta  en  la  parte  antigua,  pro- 
lija en  la  contemporánea,  carece  de  imparcialidad  y  elevación  de 
miras,  tiene  casi  por  único  objeto  rebajar" en  todo  y  por  todo  al 
clero  y  á  los  jesuítas;  pero,  con  tan  poco  acierto,  que,  al  rebajar  á 
estos,  rebaja  la  cultura  general  y  social  de  su  país,  poniendo  á 
éste  por  bajo  de  nuestros  indios  de  América  y  Filipinas,  según 
queda  probado.  Si  esta  pintura  no  es  cierta,  la  culpa  no  es  mía. 
Triste  consecuencia  es  de  la  político-manía,  que  aqueja  actual- 
mente á  todos  los  escritores  contemporáneos,  con  muy  pocas  ex- 
cepciones, haciéndoles  llevar  al  campo  de  las  letras  y  de  la  His- 
toria sus  rivalidades  y  sus  odios  de  secta  y  de  partido. 


120  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

Se  podrá  quejar  el  autor  de  que  se  le  trate  con  poca  tolerancia 
ó  con  rigor  excesivo.  No  hay  justicia  como  la  justicia  de  Dios,  y 
esta  dice;  «Con  la  vara  con  que  midiereis  seréis  medidos.y> 

Tiempo  es  ya  de  pasar  á  decir  algo  acerca  del  otro  libro  del  se- 
ñor Da  Costa,  que  trata  de  la  instrucción  nacional,  más  política 
que  histórica,  y  publicado  anteriormente,  ó  sea  en  1870.  El  au- 
tor ha  querido  consignar  en  este  libro  todas  las  ideas  económi- 
cas, políticas  y  filosóficas  que  hizo  bullir  en  su  mente,  ó  compiló 
con  su  estudio,  para  elaborar  su  reglamento  de  estudios,  ó  refor- 
ma con  aquella  fecha;  así  como  el  de  la  popular,  consigna  los 
datos  históricos  que  tuvo  en  cuenta  con  igual  objeto.  Por  ese  mo- 
tivo dije  que  ese  libro  no  era  más  que  la  base  del  reglamento  de 
estudios  que  dio  el  Sr.  Da  Costa  por  extenso  en  los  apéndices. 

Y  vuelve  con  este  motivo  la  cuestión  antes  iniciada.  ¿Por  qué 
el  Sr.  Da  Costa  tituló  Instrucción  nacional  á  ese  libro,  en  que  se 
trata  de  apreciaciones  generales  sobre  la  enseñanza,  comunes  á 
todos  los  países  y  naciones,  y  que  por  tanto  no  son  nacionales  de 
ningún  país,  sino  generales  y  comunes  á  todos?  ¿Por  qué  llamó 
popular  al  liljro  que  trata  de  la  historia  de  las  universidades  y 
colegios,  en  los  que  apenas  se  ha  dado  cabida  á  lo  que  más  ó 
menos  propiamente  se  llamó  pueblo?  ¿Por  qué  se  ha  dado  este 
nombre  al  libro  que  apenas  habla  de  la  instrucción  primaria, 
única  que  logra  penetrar  más  ó  menos  en  esas  capas  sociales  in- 
feriores, que  si  no  constituyen  ellas  solas  el  pueblo^  forman  la 
casi  totalidad  de  las  masas  populares?.  No  lo  adivino.  En  todo 
caso,  mejor  pudiera  llamarse  nacional  la  historia  que  habla  de 
las  universidades,  colegios  y  otros  establecimientos  públicos  y 
de  todas  las  enseñanzas,  en  todos  los  puntos  y  en  todos  los  dife- 
rentes períodos  hislóiiccrs  de  la  nación,  y  dejar  el  título  de  Ins- 
trucción popular  al  libro  que  trata  principalmente  de  la  instruc- 
ción primaria  y  de  los  modos  y  medios  de  mejorar  la  cultura, 
educación  é  instrucción  del  pueblo  en  los  diferentes  aspectos  so- 
ciales y  de  la  acción  ó  gestión  de  los  gobiernos  con  tal  objeto. 

Hoy,  señores,  la  palabra  2>ueblo,  y  el  adjetivo  popular^  como 
de  moda,  se  aplican  á  todo:  Patria,  Nación,  Constitución;  y  sus 
adjetivos  patriota,  patriótico,  nacional,  constitucional,  quedan 
eclipsados  y  supeditados  ,por  la  palabra  pueblo.  ¿Qué  más?  La 


DICTAMEN   DE    LOS    LIHROS   SOBIIE    INSTRUCCIÓN    PÚHLICA.        121 

Internacional,  ese  gran  corredor,  que  viene  ahora  azotando  y  ha- 
ciendo ir  de  prisa  á  todos  los  que  hacían  alarde  hasta  el  preseutr 
de  avanzar  mucho  y  de  ejecutar  evoKiciones  y  inovimieiitos  rá- 
pidos, maldice  ya  de  la  patria  y  de  las  naciones,  como  de  la  fa- 
milia, de  la  honradez  y  de  la  propiedad;  se  propone  quitar  todas 
las  fronteras,  aspirando  á  un  quimérico  y  grotesco  cosmopolitis- 
mo, que  en  resumen  no  será  sino  un  pasajero  vandalismo,  llov 
todos  hablan  del  pueblo,  y  nadie  sabe  lo  que  es  el  pueblo:  la  de- 
finición que  da  el  sabio  de  levita  no  le  gusta  al  sabio  de  cha- 
queta. 

Pero  veamos  ya  el  libro  del  Sr.  Da  Costa  sobre  lo  que  llama 
instrucción  nacional. 

Las  ideas  del  autor  en  este  libro  son  algo  avanzadas,  y  aun  á 
veces  pasau  de  positivistas  á  parecer  algo  materialistas.  Creo  que 
se  ha  dejado  llevar  mucho  de  las  ideas  del  ministro  francés 
M.  Duruy,  algunas  de  las  cuales  han  hecho  fortuna  por  su  mis- 
ma extravagancia.  Gomo  este  asunto  más  bien  corresponde  al 
instituto  de  la  Academia  de  Ciencias  Morales  y  Políticas  que  al 
nuestro  de  la  Historia,  poco  será  lo  que  me  detenga  en  su  exa- 
men, reduciendo  éste  á  pocas  y  ligeras  ideas,  pues  tampoco  la 
Historia  puede  prescindir  por  completo  de  la  Moral  y  la  Política, 
como  no  pueden  estas  prescindir  á  veces  de  lo  que  enseñan  la  ex- 
periencia, el  derecho  y  el  elemento  histórico. 

En  esta  obra  acerca  de  la  instrucción  nacional,  el  Sr.  Da  Costa 
adolece  de  los  defectos  ya  indicados  en  el  otro  libro  que  tiene  por 
objeto  la  popular.  Para  él  todo  lo  antiguo  en  general  es  malo, 
todo  lo  nuevo  en  general  es  bueno.  Yo  creo  que  antes  había 
maestros  buenos  y  malos,  así  como  ahora  los  hay  malos  y  bue- 
nos, apreciados  y  despreciables,  famélicos  y  bien  retribuidos. 

El  Sr.  Da  Costa  no  es  partidario  del  Iberismo,  y  antes  previe- 
ne á  los  portugueses  contra  sus  blandicias  engannosas  (pág.  28). 
Pero  ¿cómo  se  aviene  esto  con  sus  ideas  cosmopolitas  manifesta- 
das pocas  páginas  antes  (pág.  15)  contra  las  fronteras  y  barreras 
iüternacionales?  Para  lograr  que  se  despedacen  las  fronteras  de 
los  pueblos  (así  habla),  el  autor  confía  poco  en  las  formas  repu- 
blicanas y  en  el  sufragio  universal.  Oigámosle. 

aA  república  ignorante  proclamase,  sí,  uin  dia;  e  morrc  no  día 


122  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

¡seguinte.  N5o  é  urna  aurora,  mas  urna  noite.  Davos  un  Juárez 
ou  um  López,  sempre  um  despotismo  de  tyrannos  ou  de  be- 
Ihacos.»  Muy  bien  dicho:  estoy  por  esta  vez  con  el  Sr.  Da  Costa: 
no  saldremos  de  tiranos  ó  de  bellacos.  La  maula  será  si  alguno 
reúne  las  dos  cualidades. 

¿Pero  qué  remedio  nos  propone  para  ello  el  Sr.  Ministro  por- 
tugués? Oigámosle  también,  pues  al  fin  es  la  síntesis  de  su  libro, 
el  misterioso  Abracadabra  y  la  panacea  universal,  que  andamos 
buscando. 

— «¿Queréis  a  liberdade  consubstanciada  no  sangue  nacional?» 
¿Queréis,  añade,  una  libertad  que  no  dependa  de  fórmulas  para 
vivir,  ni  os  recete  fórmulas  que  os  maten  en  vez  de  curaros?  pues 
bien,  yo  os  la  daré 

¡IJniversalicade  a  inüruccáo! 

Generalizad,  difundid  por  todas  partes,  extended  la  instrucción. 

Paréceme  soberbia  la  receta.  ¿  Cómo  no,  si  toda  mi  vida  he 
sido  profesor  y  fabricado  ese  específico  en  cuanto  ha  estado  á  mis 
alcances?  ¿Cómo  no,  si  por  años  enteros  he  llevado  al  pecho, 
como  parte  de  la  que  se'  llamaba  en  1868  librea  del  profesorado 
la  medalla  del  Perfundet  omnia  luce^  con  el  sol  mitológico,  con  el 
Apolo  rutilante  de  los  poetas  paganos? 

Sólo  me  queda  un  escrúpulo,  ligero  como  todos  los  escrúpulos, 
y  que  no  puedo  menos  de  consignar  aquí  antes  de  concluir  este 
ya  pesado  informe.  Porque  á  la  verdad  en  las  boticas  existen 
también  muchas  recetas  eficaces,  las  cuales  á  pesar  de  su  eficacia 
eficacísima,  si  no  curan,  abrevian  mucho  los  dolores  de  los  pa- 
cientes y  á  veces  abrevian  su  agonía.  Todos  los  tiranos  antiguos 
y  modernos  han  sido  gente  instruida  por  lo  común,  á  contar 
desde  Dionisio  el  de  Siracusa  hasta  los  más  modernos.  «Mas 
ese  título  de  tirano,  á  pesar  de  sus  dulzuras  pasajeras,  tiene  y  ha 
tenido  siempre  muchas  quiebras;»  y  un  tirano  podría  decir  como 
el  loco  de  Cervantes  para  acreditar  su  talento:  «¡Ustedes  creen 
que  no  hay  más  qw^  hinchar  á  iin  puehlo!y> 

Calomarde,  por  ejemplo,  que  fué  citado  por  algunos  años  como 
editor  responsable  de  la -tiranía  en  nombre  del  orden,  siquiera 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOHHE    INSTHUCCKKN    PLIJLICA.         1-^3 

Otros  después  hayan  perfeccionado  la  industria  en  nombre  de  la 
libertad,  Calomarde  era  hombre  instruido,  y  tanto  él  como  Ama- 
ble Juárez," eran  abogados,  y  por  tanto  tenían  generalizada  la 
instrucción,  pues  no  creo  yo  que  el  Sr.  Da  Costa  pretenda  quo 
todos,  hasta  los  labradores  y  zapateros,  lleguen  á  ser  abogados. 
Es  más,  la  sociedad  de  Amigos  del  País  de  Zaragoza  premió  una 
memoria  de  Calomarde,  sobre  economía  política,  fuera  ó  no  fuera 
del  todo  suya.  Pues  bien,  á  pesar  de  su  saber,  fué  tirano,  segiín 
dicen,  y  los  primeros  tiranizados  por  él  fueron  los  literatos,  pues 
no  hay  gente  más  tiranizable  ni  más  propensa  á  tiranizar  que  el 
geyíns  irritahile  vaUím.  Estudiad  el  desarrollo  de  las  letras  en  el 
Egipto,  Grecia  y  Roma:  los  siglos  de  oro  de  su  gran  saber  lo  son 
de  todas  las  tiranías.  El  mismo  Horacio  adula  á  los  tiranos  de  su 
tiempo  á  copa  por  estrofa.  ¿Cómo  habrá,  pues,  quien  trague  ese 
específico  que  no  nos  sirve  á  los  mismos  que  lo  tomamos  en  do- 
sis alopáticas? 

El  Sr.  Da  Costa  canta  las  glorias  de  Suiza  y  Prusia  en  materia 
de  instrucción  primaria,  y  esto  en  los  momentos  en  que  el  des- 
potismo cesáreo  y  el  despotismo  democrático  expulsan  de  sus  te- 
rritorios á  corporaciones  docentes,  renovando  las  hazañas  de 
Pombal  y  Aranda,  los  unos  en  nombre  del  orden,  los  otros  en 
nombre  de  la  libertad,  los  unos  en  nombre  del  César,  los  otros 
en  nombre  del  pueblo.  Y  mientras  se  habla  de  libertad  de  ense- 
ñanza se  cierran  las  escuelas  católicas,  se  usurpa  sus  bienes  y  se 
les  obliga  á  los  padres  á  que  envien  sus  hijos  á  escuelas  por  ellos 
aborrecidas,  renovando  las  escenas  feroces  ya  vistas  en  Irlan- 
da en  los  pasados  siglos.  Esperemos  un  poco:  esperemos  dos, 
cuatro  años,  á  ver  los  frutos  de  esas  dos  distintas  é  iguales  tira- 
nías. ¿Qué  son  dos  ni  cuatro  años  en  la  vida  de  la  humanidad? 

No  es  la  instrucción,  no,  por  mucho  que  se  generalice,  la  que 
curará  las  llagas  que  corroen  á  nuestra  civilización,  hoy  terrible- 
mente amenazada  y  aun  comprometida.  La  instrucción  sin  la 
educación,  sin  la  educación  sobre  todo  religiosa  y  moral,  escomo 
esa  quimera  que  se  llama  fe  sin  caridad,  creencia  sin  obras  bue- 
nas, cabeza  sin  corazón,  talento  sin  amor,  talento  frío,  egoisla 
calculador,  avaro,  como  la  ciencia  del  Yo,  con  la  adoración  de  sí 
mismo,  con  la  Egolatría. 


124  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Hace  cien  años,  señores,  que  se  habla  mucho  de  letras  y  ape- 
nas habla  nadie  de  virtudes.  Parece  que,  sin  ser  Catones  ni  Esci- 
piones,  estaraos  diciendo  con  glacial  sarcasmo  ¡Vaniím  virtutis 
nomen!  Se  ha  querido  sublimar  la  ilustración  y  se  ha  matado  la 
instrucción. 

f<Hoc  fonte  derivata  clades 

In  patriam  populumque  fluxit.» 

Nunca  se  pudo  repetir  mejor  que  ahora  este  manoseado  apo- 
tegma. 

Con  instrucción  y  sin  educación  sólida,  que  dé  no  solamente 
savia  sino  verdaderos  sabios  y  hombres  de  bien,  el  vir  homis  an- 
tes que  el  dicendi  peritus,  tendréis...  lo  mismo  con  que  antes  os 
amenazó  el  Sr.  Da  Costa,  «sempre  um  despotismo  de  tyrannos 
ou  de  velhacos». 

La  receta  del  Ministro  portugués  desleida  en  todo  su  libro  de 
la  educación  nacional,  no  nos  librará  de  esa  terrible  epidemia. 
Tal  es  mi  opinión  sobre  esta  materia,  sintiendo  de  veras  no  po- 
der convenir  con  la  suya,  ni  ser  más  indulgente,  ni  transigir  con 
mi  conciencia. 

Madrid  3  de  Noviembre  de  1872. 

Vigente  de  la  Fuente. 


VI. 

TEMPLO  DE  SÉRAPIS  EN  AMPURIAS. 


La  Noticia  histórica  y  arqueológica  de  la  antigua  ciudad  de 
Eviporion,  por  D.  Joaquín  Botel  y  Sisó,  justamente  premiada  en 
el  concui'so  de  1875  y  publicada  cuatro  años  después  por  nuestra 
Real  Academia,  ofrece  una.  colección  de  25  lápidas,  cuya  mayor 


TEMPLO    DE    SÉRAPIS   EN    AMPURIAS.  125 

parte  di  á  conocer  en  la  Revista  Hispano-Americana  (1),  y  de  las 
cuales,  sin  duda  alguna,  la  que  más  interesa  á  la  Historia  es  al 
ara  de  Júpiter  (2). 

I  •  o  •  M 

VEXILLATO 
lEG  •  vil  •  &  .  F 
SVB  .  CVRA 
i  V  N  I  •  VICTO 
»'1S  •  D  LEG  •  El 
2iSD  •  OB  •  NA 
TALEM' AQjyiLAE 

J(ovi)  o(ptimo)  m(aximo)  vexillatio  leg(ionis)  vn  g(era¡nae)  f(elicis)  sub  cura  Juui 
Victoris  c(eiituriünis)  leg(ionis)  eiusdem  ob  natalem  aquilae. 

La  fecha  de  la  dedicación  hecha  por  Junio  Victor  se  concreta  á 
fines  del  siglo  ii,  en  atención  al  carácter  paleográfico  de  la  le- 
yenda y  cá  la  circunstancia  de  no  tomar  la  legión  el  sobrenombre 
de  Pia,  que  le  fué  otorgada  por  el  emperador  Aurelio  Cómodo. 
Al  otro  extremo  de  la  España  tarraconense^  en  San  Cristóbal  de 
Castro,  provincia  de  Lugo,  otro  destacamento  de  la  legión  vii 
gemina  felix,  erigía  en  la  propia  época  y  por  igual  motivo  «ob 
natalem  aquilaen  cinco  aras  (3)  del  mismo  género.  Sabido  es  que 
el  águila  legionaria  era  venerada  como  numen  divino.  Simboli- 
zaba el  Genio  militar  de  Roma,  Jovis  armiger  ales. 

Con  la  conquista  del  Egipto  y  de  todo  el  Oriente  el  sincretismo 
religioso  tuvo  abierta  la  puerta,  si  no  para  trastornar,  al  menos 
para  trastrocar  la  faz  del  panteón  romano.  Júpiter  recibe  en  Va- 
lencia (3729)  el  nombre  de  Amon,  y  en  mil  parajes  el  de  Sé- 
rapis.  Una  inscripción  de  Beja  (46)  se  consagró  á  Serapi  pantheo; 
y  en  otra  de  Astorga,  cuyo  diseño  publiqué  (4),  suena  ztüs  2£>»7n5. 


(1)  Año  1871,  núm.  xn;  en  el  artículo  tiiulado  Inscripciones  inéditas  de  Ampurias. 

(2)  Hübner  la  reprodujo  en  la  Epheineris  epigraphica,  tomo  ii,  pág.  4S;  Berlín,  1872. 

(3)  Hübn.  2552-2556,  Las  tres  primeras  están  fechadas  respectivamente  en  loa  años 
163,  167  y  184;  y  en  días  distintos  (10  Junio,  15  Octubre)  las  dos  primeras. 

(4)  En  la  Revista  madrileña  La  Academia,  tomo  ii,  pá¿-.  3C6;  año  1877. 


luscripcióu  de  Sérapis  en  Ampurias  (laiiiaúü  natural,. 


TEMPLO    DE   SÉRAPIS   EN   AMPURIAS.  1^7 

No  se  libró  de  ese  movimiento  Ampurias.  En  las  iumediacio- 
nes  del  ex-convento  de  Nuestra  Señora  de  Gracia  (1)  y  á  pocos 
pasos  del  lienzo  de  muralla  ibérica,  que  subsiste  aún  como  el 
mejor  comentario  á  la  descripción  que  hace  Pliuio  de  la  estruc- 
tura de  tapial,  ó  formácea  [2],  encontró,  no  ha  mucho,  nuestro  an- 
tiguo correspondiente  D.  Joaquín  Pujol  y  Santo,  ese  fragmento 
de  inscripción  marmórea,  que  tenéis  á  la  vista  y  nos  envía  como 
dádiva,  por  cierto  muy  generosa: 

seraví  •   aEDEM 

serftYiA'PORTICVS 

c/yMEN!  •  F 

IVS 

Serapi  aedem  sedilia  porticus  Clymeni  f(ieri)  ius(sit). 

Á  Sérapis  mandó  Clímeue  que  se  le  labrase  este  santuario  con  sus  ¿gradas  y  pór- 
ticos. 

La  tabla  es  de  mármol  blanco,  oscurecido  por  las  huellas  de 
diez  y  siete  siglos,  rota  en  sus  bordes  inferior  é  izquierdo.  Mide 
5  centímetros  de  profundidad  por  13  de  latitud  y  11  de  alto. 

Para  restituir  á  la  inscripción  el  nombre  de  la  persona  que 
mandó  construir  el  templo,  hay  que  buscar  con  un  compás  sobre 
el  eje  de  la  línea  tercera  un  principio  simétrico  ásu  remate.  Este 
nombre  era  griego;  y  no  debía  prolongarse  más  que  el  de  Clij- 
mene,  que  se  lee  en  una  inscripción  (1996)  de  Adra.  Estaba  en 
nominativo;  y  de  consiguiente  sale  escrito  como  se  pronunciaba 
KAuu.c'vn :  ejemplo  de  iotacismo  que  se  manifiesta  igualmente  en 
la  inscripción  de  Voconia  <iProculi  et  Clymenis  liberta,»  hallada 
en  Gandía  (3605).  Para  restaurar  la  línea  segunda  me  sirve,  en- 
tre otros  epígrafes,  uno  muy  precioso  de  Vich  (4618);   y  final- 


di  Véase  el  plano  de  las  ruinas  de  la  ciudad  eu  la  mencionada  obra  del  Sr.  BoteU 
pág.  29. 

(2)  ftQuid?  non  in  África  Hispaniaque  ex  térra  parietes,  quos  appellant  formii- 
ceós,  quoniam  in  forma,  circumdatis  utrinque  duabus  tabulis,  inferciuntur  veriu» 
quam  instruuntur,  aevis  durant,  incorrupti  irabribus,  ventis,  ignibus,  omaique  cae- 
mento  firmiores?  Spectat  etiam  nunc  speculas  Hannibalis  Hispania,terrenasque  turres 
jugis  montium  impositas.v  xxxv,  tí. 


1-28  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMLA    DE    LA   HISTORIA. 

mente,  para  no  dar  paso  preferente  al  genitivo  Asclepi  en  concu- 
rrencia con  el  dativo  Serapi,  atiendo  al  buen  gusto  y  giro  ele- 
gante que  toda  la  inscripción  manifiesta. 

Por  ventura  con  este  fragmento  compaginaba  otro,  extraviado 
hace  largo  tiempo.  Fué  recogido  en  el  mismo  lugar  por  el  padre 
Fr.  Manuel  Romeu,  quien  regaló  el  original  á  D.  Mariano  Pou, 
de  Mataró,  y  puso  en  manos  del  P.  Villanueva  una  copia  tan  in- 
fiel como  desdichada,  que  decía  (i): 

PORCIA  •  ME  •  FECIT 

SEVERA  •  GERVNDENSIS  •  REFECIT 

A  •  VI  •  A  •  IX 

La  primera  línea  trae  suplementos  impropios  del  estilo  lapida- 
rio. Menos  inexacto  el  P.  Rius,  teniendo  probablemente  á  la  vista 
el  original  (2),  estampó: 

PORCIA     •     M    •    F    •    SEVERA 
GERVNDENSIS  •  REFECIT  •  A  •  IX 

Suprime  tres  letras  del  remate,  que  pudieron  quizá  gastarse 
en  la  piedra  que  las  contenía.  Y  no  es  extraño;  toda  vez  que  el 
traslado  hecho  por  mano  del  P.  Rius,  en  Mataró,  fué  muy  poste- 
rior al  del  P.  Romeu,  en  Ampurias.  Tampoco  el  número  de  las 
líneas  coincide  en  ambas  copias,  ni  el  de  las  palabras  en  cada  lí- 
nea. Si  después  de  refecit,  como  en  otras  inscripciones  de  la 
misma  índole,  leyéremos  a  •  fvndamentis,  fácilmente  se  ex- 
plican las  variantes  dichas  anteriormente.  Así  que,  la  restitución 
más  plausible,  me  parece  ha  de  ser 

PORCIA  •  M  •  F  •  SEVERA 

GERVNDENSIS  •  REFECIT 

A  •  /VNC?AMen¿iS 

Porcia  Severa,  hija  de  Marco,  natural  de  Gerona,  lo  rehizo  desde  los  fundamentos. 


(1)  Villanueva,  Viaje  epigráfico,  xv,  2{». 

(2)  llübner,  IGáG. 


TEMPLO    DE    SÉRAPIS    EN    AMPI'RIAS.  129 

Si  es  dable  conjeturar  la  destinación  que  tuvo  este  edificio,  no 
es  para  olvidado  el  epígrafe,  descubierto  en  paraje  no  muy  dis- 
tante de  Ampurias,  que  ahora  se  conserva  en  el  Musco  provin- 
cial de  Gerona.  Hallóse  en  Caldas  de  Malavella  (Aquis  Voconh 
del  itinerario  de  Antonino),  y  lo  saqué  á  luz  por  Enero  de  1872 
en  la  Ilustración  Hispano- Americana.  Dice  así: 

A  p  o  L  L  I  N  I 
A  V  &  .  H  o 
N  o  R  I  •  M  E  M 
O  R  I  A  E  Q^V  E  •  L  • 
AEMILI  •  L  •  FIL  • 
QJVIR  .  CE  latí 
A  N I  •  PORCIA 
FESTA  •  FILIÍWI 
K  A  R  I  S  S  I  M  I 
L     •     D     •     D     •    D 

Al  augusto  Apolo,  para  honor  y  memoria  de  fu  hijo  queridísimo  Lucio  Emilio 
Celaciano,  hijo  de  Lucio,  de  la  tribu  Quirina,  su  madre  Porcia  Festa  lo  mandó 
construir.  T.up-nr  dado  por  decreto  de  los  Decuriones. 

Gomo  esta  se  han  visto  en  Tarragona  é  Isona  (4080,  4081 ,  4087, 
4458)  lápidas  de  templetes,  erigidos  por  padres  y  esposos  in- 
consolables, en  memoria  y  honor  de  Manes  queridos:  á  Isis,  por 
Sempronia  Lijnis;  á  Juno,  por  Gecilio  Epitínjano;  á  Neptuno, 
por  Emilia  Ninfódote;  y  á  la  Luna  augusta  (Diana),  por  Lucio 
Emilio  Materno  y  por  Fabia  Fusca.  También  se  hallan  en  la  Lu- 
sitania,  como  el  dedicado  á  Sérapis  en  Beja  por  Stelina  Frisca, 
de  cuya  lápida  (46)  hice  arriba  mención.  No  creo  tuviese  otro 
destino  el  de  Sérapis,  en  Ampurias,  que  mandó  hacer  Glímene, 
y  quizá  rehacer  Porcia  Severa. 

Madrid,  19  de  Enero,  1883. 

Fidel  Fita. 


Í3ÍI  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 


VIL 


LÁPIDAS  ROMANAS,  DESCUBIERTAS   EN  LOS  VALLES  DE  SAN  MILLÁN 

Y  DE  ARAN. 


Gampliendo  con  el  encargo  que  me  ha  hecho  nuestro  dignísi- 
mo Sr.  Director;,  emitiré  breve  informe  sobre  el  libro  escrito  y 
publicado  recientemente  por  el  sabio  P.  Minguella  (1). 

La  obra  tiene  por  objeto,  como  lo  anuncia  su  portada,  discutir 
las  cuestiones  históricas  que  se  refieren  á  la  patria,  estado  y  vida 
de  San  Millán.  Fina  crítica,  erudición  selecta,  buena  fe  de  áni- 
mo imparcial,  claridad  y  amenidad  de  estilo,  son  dotes  aprecia- 
bles  que  acompañan  á  la  principal  del  autor,  esto  es,  su  talento 
de  penetración  y  de  análisis,  acudiendo  á  las  fuentes.  Ha  res- 
tituido al  texto  de  la  vida  de  San  Millán,  escrita  por  San  Braulio, 
aquella  precisión  bella  y  pura  que  dan  los  códices  más  anti- 
guos. Al  exponer,  discutir  y  combatir  en  todo  el  cuerpo  de  la 
obra  las  opiniones  respetabilísimas  de  un  muy  docto  compañero 
nuestro,  lo  hace  el  P.  Minguella  con  sobriedad  y  modestia;  y 
puesto  caso  que  el  Sr.  La  Fuente  nos  anunció,  que  iba  con  este 
motivo  á  responder  en  público  (2),  séame  lícito  aguardar  que  de 
tan  rico  manantial  brote  espléndida  la  luz,  que  no  debo  prevenir, 
y  mucho  menos  prejuzgar,  con  mi  somero  dictamen. 

Todavía  en  cuestión  que,  á  la  sustancial  del  libro  afecta  muy 
poco,  mas  que  os  parecerá,  si  mal  no  veo,  muy  digna  de  vuestra 
atención  benévola,  no  dejaré  de  hablaros  de  dos  lápidas  ro- 
manas, inéditas,  halladas  en  el  valle  de  San  Millán,  cuyas  copias, 
en  tamaño  natural,  me  ha  franqueado  el  P.  Minguella,  con  los 
datos  que  hacen  al  caso,  para  que  no  se  le  crea  por  sola  su  pala- 
bra. La  comunicación  que  me  ha  dirigido  y  firmado,  dice  así : 


(1)  Estudios  histórico-religiosos  acerca  de  la  patria^  estado  y  vida  de  San  Millán, 
por  Fr.  Toribio  MinRuella,  de  la  Merced,  agustino  recoleto  de  las  misiones  de  Fili- 
pinas. Mailrid,  imprenta  de  A.  Pérez  Dubrull,  1883.  Un  tomo  de  280  pégs.  en  S." 

('¿)    Asi  lo  hn  lipfho.  Véase  Ifl  pág.  G  en  el  tomo  presente  del   Bot.KTÍN. 


LÁPIDAS    HUMANAS.  )    ¡) 

"Por  los  años  1«48  al  52,  estando  aiaiido  .luán  Gañas,  vcriiio 
de  San  Andrés,  en  una  finca  de  su  propiedad,  notó  (juc  la  roja 
del  arado  había  tropezado  en  una  piedra;  y  en  deseos  que  no  If 
volviese  ;í  suceder,  tomó  el  azadón  y  se  puso  á  sacarla.  Induda- 
blemente la  hubiera  abandonado  por  crecida  y  costosa  de  extraer, 
á  no  haber  notado  en  su  parte  superior  una  circunferencia  per- 
fectamente labrada  en  forma  de  cordoncillo,  que  encerraba  un 
círculo,  como  dispuesto  á  sostener  una  columna.  De  pronto  la 
curiosidad,  y  después,  vista  su  forma,  la  idea  de  que  pudiei-a 
servirle  como  sostén  de  un  pié  derecho  de  fábrica,  le  animaron  á 
terminar  su  obra,  que  dio  por  resultado  una  piedra  como  hasta 
seis  pies  de  altura,  perfectamente  labrada,  con  zócalo  y  cornisa, 
y  entre  ambos  una  inscripción,  que  entonces,  á  pesar  de  hallarse 
completas  en  sus  letras  y  forma  de  estas,  nadie  se  cuidó  de  tra- 
ducir; pero  ni  aun  de  conservar.  Esta  piedra,  aunque  por  de  fuera 
parece  ser  de  las  siliceo-molares,  según  el  aspecto  que  presenta, 
es  de  las  que  en  el  país  llaman  simplemente  arenosas.  El  término 
donde  se  encontró  se  denomina  San  Cristóhaly  en  una  especie  de 
cañada  que  baja  desde  el  monte  Castillo  hacia  el  río  Cárd-enas, 
como  á  2  kilómetros  Sur  de  Bercéo  y  Sudeste  de  San  Millán  y 
1  kilómetro  Sudeste  de  Estollo;  siendo  de  advertir  que,  el  monte 
dicho,  parece  tomar  su  nombre  de  un  castillo  antiguo,  cuyos  fo- 
sos aún  se  conocen;  en  donde  varias  yeces  han  encontrado  sa- 
bles cortos  y  corvos;  especie  de  cimitarras,  y  herraduras  de  ta- 
maño más  que  regular. 

Por  los  mismos  años  un  boyero,  llamado  Gregorio  Matute, 
hizo  unas  excavaciones  en  un  término  llamado  Socastillo,  al  Sur 
de  una  gran  roca  de  piedra  caliza,  á  cuyo  pié,  por  la  parte  Norte, 
se  halla  el  Barranco  de  los  Moros.  En  dichas  excavaciones  en- 
contró gran  cantidad  de  ladrillos  y  la  piedra  que  se  halla  en  Es- 
tollo,  en  casa  de  Clemente  Urcey,  de  la  misma  clase  que  la  ante- 
riormente mencionada.  El  término  de  Socastillo  se  encuentra  al 
Sudoeste  de  Bercéo,  unos  4  kilómetros,  y  otros  4  al  Sur  de  San 
Millán.» 

Estos  datos  son  importantes.  El  monte  Caslillo  con  su  término 
de  San  Cristóbal,  donde  apareció  su  primera  lápida,  lo  mismo  que 
San  Cristóbal  de  Castro  cerca  del  Miño,  pudo  contener  un  cabtro 


132  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

romano.  Cieiiamcntc  hay  que  buscar  por  aquella  parto  la  inscrip- 
ción (Hübner,  2901),  hoy  perdida,  cuya  copia  hizo  Basiano  á  me- 
diados del  siglo  XVI,  y  que  describió  como  situada  «en  San  Millán 
de  la  Gogolla,  dos  leguas  de  Náxera,  á  la  subida  del  monte,  que 
los  antiguos  llaman  Jubeda,  en  un  valle  apacible.  » 


D'M'S 
AVRO     CAPITÓN 
M  1  L  í>  L 1 1  &  •  V II  •  &  •  F 
ORESTITVTI    ^^^° 

R. XXVIII 

LVSiIa'HER'FA'CVR 


D(is)  M(anibus)  s(acrum).  Aur[elio)  Capiton(i)miI(iti)leg¡ionis)  vii  g(em¡nae)  f(eliciB) 
[j]  Restituti  anno(rum)  xxviii.  Luseia  her(es)  fa(ciendum)cur(avit). 

Consagrado  á  los  dioses  Manes.  A  la  memoria  de  Aurelio  Capitón,  de  28  años  de  edad 
soldado  de  la  legión  vii  gemina  feliz,  de  la  centuria  de  Restituto.  Luseya,  su  heredera 
lo  mandó  hacer. 


El  epígrafe  es  anterior  al  siglo  in  y  posterior  al  regreso  pri- 
mero de  la  legión  á  España,  acontecido  en  el  año  70  del  primer 
siglo.  Al  indicio  de  antigüedad,  suministrado  por  el  hecho  de  no 
llamarse  aún  pia  la  legión,  se  añade  el  de  la  forma  ii  que  toma 
la  E,  como  en  varias  lápidas  de  Talavera  (1). 

A  la  misma  época  pertenecen  las  dos  inscripciones  romanas, 
inéditas,  del  valle  de  San  Millán,  de  que  arriba  llevo  apuntado  el 
mérito.  Las  copias  que  me  ha  facilitado  el  P.  Minguella  se  han 
hecho,  no  ha  muchos  días,  siguiendo  con  lápiz  los  huecos  de  las 
letras  en  las  piedras  originales.  Su  forma  es  la  del  primer  ó  se- 
gundo siglo. 

1. — Lápida  del  monte  Castillo,  conservada  en  el  pueblo  de  San 
Andrés;  y  en  un  corral  de  la  casa,  propia  de  D.  Cándido  Cañas, 
á  la  entrada  del  pueblo  que  mira  hacia  San  Millán.  Mide  la  cara 
del  epígrafe  unos  24  centímetros  en  cuadro. 


(l)    Boletín  di.  la  iikal  acadlmia  de  la  uistouia,  tomo  ii,  pág.  284. 


LÁPIDAS   ROMANAS.  l;j;} 

DERCETIO 
C...A...  S.O- 

M S 

S AC 

M 

Dercetio,  tiene,  sin  duda,  relación  con  el  del  monte  Dircecin, 
conocido  por  la  biografía  de  San  Millán  ( 1 ) . 

Desgraciadamente  las  cuatro  líneas  siguientes  resultan  en  ].i 
copia  tan  incompletas  é  inseguVas,  que  sin  un  buen  calco,  ó  foto- 
grafía, que  me  ha  prometido  el  P.  Minguella,  no  acierto  á  tan- 
tear la  restauración,  ni  me  resuelvo  á  decidir  si  fue  ara  sepulcral 
ó  votiva.  Acerca  del  vocablo  indubitable,  Dercetio,  que  la  inscrip- 
ción guarda  intacta,  solo  me  cumple  hacer  observar  que  en  toda 
la  comarca  septentrional  de  nuestra  Península  son  muy  comunes 
los  nombres  de  persona  y  divinidades  tomados  de  los  geográficos. 
Asi  en  Elizmendi  vemos  el  epitafio  de  Cantaber  (2953),  y  en  Ale- 
gría de  la  sierra  de  Toleña  el  ara  que  Sempronio  Severo  dedicó 
al  dios  Tullonio  (2939).  La  penúltima  línea  cerrada  por  ag  y  la 
iiltima  terminada  en  m,  tanto  se  acomodan  á  la  formula  sepulcral 
fKG(iendum)  ciirfavitj  ex  testaufento),  como  á  la  votiva  prosalute 
sua  AC  suorum  omniíiM. 

2. — Hallada  en  Socastillo.  Poséela  en  su  casa  de  EstoUo, 
calle  de  la  Solana,  núm.  101,  D.  Clemente  Urcey.  Mide  48  por  60 
centímetros  y  está  coronada  por  dos  dobles  círculos,  tocándose 
los  de  mayor  diámetro  en  el  eje  vertical  y  céntrico  de  la  piedra. 
La  inscripción  es  del  primer  siglo;  y  ha  perdido  algo,  que  el  sen- 
tido cabal  exige,  y  que  restituyo  por  vía  de  conjetura.  Carece  de 
puntos  y  de  separación  de  palabras.  Es  geográfica. 


(V)  Párrafo  iv.  El  P.  Minguella  en  su  obra  (pág.  223),  valiéndose  del  códice  Escu- 
rialense  del  siglo  x  y  del  Emilianense  del  siglo  xii  ha  restituido  en  este  punto  al  texto 
Brauliano  su  pureza,  eliminando  la  falsa  lección  Distertii  vulgarmente  admitida.  La 
cual  aparece  en  un  diploma  de  Alfonso  VI  (Yepes,  25),  fechado  en  1092,  que  pone 
el  santuario  de  la  Virgen  de  Valvanera  «¿«  inontem  qui  vocatur  Distercii.» 


134  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

secontivs 

OBlONESISAAl 
bati.  f.  ann..,. 

h.  s.  e.  s.  t.  t.  I 

Secontius  Obionesis  Ambati  f(Uius)  ann(orum)...;  h(i3)  s(itus)  e[st);  s(it)  t(ibi)  tier- 
ra) l(evis). 

Seconcio  Obionense,  hijo  de  Ambato,  de  edad  de  (?)  años  yace  aquí.  Séate  la  tie- 
rra liíjera. 

El  uoiiibrc  del  diiuutu  sale  y  se  repite  en  diferentes  lápidas  de 
la  comarca  riojana  (Hübiier  818,  2942,  2946,  2956).  Conlirma, 
como  geográfico  aplicado  á  persona,  lo  que  llevo  sentado  al  tra- 
tar de  averiguar  la  significación  de  Dercetio.  Más  nos  importa, 
por  indicar  una  localidad  (Baños  de  Tohia?)  hasta  hoy  descono- 
cida en  el  mapa  romano  de  la  región  del  Ebro,  el  étnico  Obionesis, 
con  desinencia  propia  del  habla  celto-hispana,  como  Cauriesis 
(168),Saldaniesis  (2670). 

Y  á  la  verdad,  ninguna  de  las  lápidas  encontradas  en  el  valle 
de  San  Millán  descubre  indicios  indubitables  de  la  lengua  eus- 
kara,  ó  del  vascuence;  pero  su  corto  número  no  debe  constituir 
una  base  ó  argumento  exclusivo  en  este  concepto.  Ya  fuese  celti- 
bérico el  territorio,  ya  de  los  Berones,  gente  céltica,  según  Es- 
trabón  (1),  como  sus  vecinos  los  Cántabros,  poco  distaba  del  valle 
de  San  Millán  la  Euskalerria,  propiamente  dicha,  comprensiva 
de  Várdulos  y  Vascones.  En  el  riñon  de  la  Beronia,  y  en  una 
colina  cerca  de  Herramélluri ,  nuestro  doctísimo  compañero  el 
Sr.  Saavedra,  guiado  por  el  compás  de  las  medidas  itinerarias 
ha  fijado  la  situación  de  la  antigua  Libia,  hoy  Leiba,  ú  'oxípa. 
de  Ptolomeo.  Pues  bien,  Herramélluri  es  nombre  puramente 
vascongado,  y  significa  «tierra  yerma  ó  de  páramo.» 

Al  otro  extremo  de  la  Vasconia  primitiva  y  en  su  línea  meri- 
dional, sobre  la  cordillera  pirenaica  se  tiende  el  valle  de  Aran, 
en  que  nace  y  corre  el  Garona,  que  al  decir  de  Estrabón,  fué, 

(1)  « Kavrá^poís  cpiOfo.^  Toís  KoviVko/s  ,  xaí  cívtoi  tou  KíXtihov  (TtÓXou 
yíyovoTíc,,...  (j\jví')(/i<;  í'íiVi  toÍ;  BapS'üiíraís,  ous  oi  vuv  Bap^üXofS  y.aKov<yiy.y> 
¡II,  4,  12. 


LAPIDAS    RONfANAS.  í;^-, 

como  el  Ródano,  linde  de  Iberia.  Allí  también,  las  inscripciones 
romanas  comienzan  á  derramar  viva  luz  sobre  la  religión  y  ar- 
cano idioma  del  pueblo  vascongado.  Conocíanse  las  lápidas  vo- 
tivas al  dios  Lex  (Lexi  deoj,  halladas  en  la  villa  de  Lez,  famosa 
por  sus  baños  termales  y  última  de  las  del  valle  de  Aran,  que 
atraviesa  el  Garona.  Creo  que  Lez  no  es  numen  distinto  por  su 
significado  del  que  presidió  á  las  no  menos  famosas  y  cercanas  ter- 
mas de  Luchon ,  y  en  sus  aras  votivas  toma  el  nombre  de  Lixo  6 
Ilixo;  y  tengo  para  mí  que  la  raíz  del  vocablo  es  la  céltica  leski, 
(quemar,  abrasar)  que  apunté  (!)  como  propia  del  nombre  de 
otras  fuentes  termales,  divinizadas,  en  Brozas  de  Extremadura  y 
en  Castro  Caldelas,  provincia  de  Orense.  El  elemento  romano 
puro  se  ostenta  dentro  del  valle  de  Aran,  en  la  inscripción  votiva 
del  pueblo  de  Gesa : 

L  .  POM 
P  A  V  L  I  N   1  A 

NVS  •  V  •  S  •  L  •  M 

La  descubrió  por  Diciembre  del  año  pasado,  y  acaba  de  publi- 
carla mi  docto  amigo  M.  Maurice  Gourdon  ;  quien  además  de 
enviarme  su  noticia  impresa  (2),  ha  tenido  la  bondad  de  remi- 
tirme por  medio  de  D.  Ramón  Arabia  y  Solanas,  presidente  de 
la  Associació  d'excursions  catalana .  la  fotografía  de  otro  mármol 
insigne  que  halló  en  la  iglesia  del  pueblo  de  Escuñau.  Por  des- 
gracia no  está  completa  la  inscripción,  como  lo  hace  ver  la  rotui-a 
de  la  piedra;  bien  que  sus  dos  palabras 

ILVRBERRiXO 
A  NDE  R  EX  C 

compensan  asaz  ese  defecto,  por  ser  enteramente  vascongadas. 
La  segunda  es  nombre  de  mujer,  derivado,  de  Ajidere  (señora 


(1)    Restos  de  la  declinación  céltica  y  celtibérica  en  algunas  lápidas  espaTioJas.  Madrid. 
1878;  pág.  12-15. 
(•2)    Note  snr  deux  inscñptions  inédites  dn  val  d'A ran:  sin  pié  de  imprenta. 


1.%  BOLETÍX   DF,    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

ama  de  casa),  conforme  lo  ha  demostrado  M.  Luchaire  (I),  va- 
liéndose de  otras  inscripciones  romanas  y  de  códices  qne  ha 
compulsado  y  sabiamente  expuesto,  procedentes  del  territorio 
que  fué  dominio  del  vascuence,  al  uno  y  al  otro  lado  del  Pirineo. 
Yo  sólo  añadiré  á  las  observaciones  de  autor  tan  ilustre,  la  de 
que  el  vocablo  v Andrea  (domina)»  se  halla  registrado  por  el  glo- 
sario del  vascuence  escrito  en  la  primera  mitad  del  siglo  xii  y  en 
el  libro  final  del  códice  Calixlino  (2).  En  cnanto  á  la  primera  pa- 
labra del  epígrafe  llnrhprrixo  que  al  parecer  concierta  con  la  se- 


gunda, tiene  íisonomía  vascongada  lan  evidente  como  la  de  IlihC' 
rri  (villa  nueva),  del  cual  Jhirherri  me  parece  sinónimo.  La  raíz 
llttr  con  significación  de  ciudad  ó  villa,  se  deslaca  innegable  en 
lluro  (Oleron)  y  en  otras  varias  homónimas  de  la  antigua  Es- 
paña; así  como  en  Ilurre,  llnrdoz  de  Navarra,  ó  Ilnrmendieta  de 
Guipúzcoa.  Ni  hay  que  extrañarse  de  ver  que  en  el  valle  de  Aran 
•  nos  viene  saliendo  al  paso  el  nombre  de  una  persona,  ó  tal  vez 
divinidad,  sacado  de  otro  geográfico;  pues  eso  mismo  hemos  visto 
en  el  valle  de  San  Millán  hablando  de  la  inscripción  de  Dercetio. 

Madrid,  1."  de  Junio  1^83. 

Fidel  Fita. 


(1)  Eludes  sur  les  idionics  Pyrénéens  de  la  Tcgion  Francaise,  Paris  1879;  pég.  53, 89.— 
Hevue  de  Lingrdstique  ef  de  P?iilologie  comparc'e,  Paris,  1881;  pág-.  150,  ICO. 

(2)  Publiqué  su  grabado  ó  interpretación  en  la  Revuede  Lingvistiíjveetde  Philologie. 
Paria  1882;  pág.  ic. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORLV, 


TOMO  iir.  Setiembre,  1883.  cuaderno  iii. 


NOTICIAS. 

El  quinto  Congreso  internacional  de  americanistas,  al  que 
han  asistido  en  representación  de  nuestra  Academia  los  Señores 
Fabió  y  Rada,  se  inauguró  en  Copenhague,  como  estaba  anua- 
-ciado,  el  martes  21  de  Agosto  último  á  la  una  de  la  tarde,  en  pre- 
sencia del  Rey  y  de  la  familia  real  de  Dinamarca.  El  Señor 
Worsaae,  Chambelán  de  Su  Majestad,  abrió,  el  Congreso  dedi- 
<iando  nobles  y  galanas  frases  á  las  tareas  iniciadas  y  llevadas  ;í 
cabo  por  el  de  Madrid,  y  encareciendo  la  parte  que  corresponde- 
á  la  patria  de  Nordenskiold  en  el  primer  descubrimiento  y  ve- 
tusta civilización  del  suelo  americano.  La  Groenlandia — dijo, — 
poblada  de  escandinavos  en  98G,  es  el  más  bello  florón  de  la  Co- 
rona dinamarquesa.  Acto  continuo  subió  íi  la  tribuna  el  Señor 
Fabié.  Hízose  intérprete  de  la  profunda  gratitud  que  inspiraba  á 
todos  los  extranjeros  de  ambos  mundos  allí  reunidos,  la  cordial 
acogida  y  la  generosa  munificencia  del  pueblo  y  del  Gobierno 
dinamarqués  y  del  excelso  Cristian  IX  que,  como  Alfonso  XII. 
tiene  á  gloria  el  cultivar  y  proteger  con  toda  eficacia  este  linaje 
de  esludios.  Los  discursos  de  M.  Bamps,  comisionado  del  Go- 
bierno belga,  y  de  M.  L.  Adam,  ilustre  sabio  francés,  cerraron 
dignamente  la  sesión  regia. 

Presidió  la  primera  científica  el  Sr.  Rada;  y  la  segunda  el  Se- 
ñor Fabié.  En  ésta,  M.  Beauvois  desarrolló  con- nuevos  datos  sus 
favoritos  estudios  sobre  el  cristianismo,  llevado  á  la  América  por 
los  misioneros  irlandeses  de  lengua  gaül,  desde  el  siglo  ix.  Su 

Trwrn    itt  ^" 


138  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEML4   DE    LA    HIST0RL4.. 

tema  dio  lugar  á  discusión,  en  que  tomaron  parte  los  Sres.  Bamps^ 
Vinson  y  Fabié,  sobre  el  signo  de  la  cruz  rodante  ó  svástika,  que 
no  es  ciertamente  emblema  característico  de  la  religión  cristiana, 
sino  muy  conocido  y  usado  en  las  regiones  boreales  de  Europa, 
antes  de  que  se  convirtiesen  á  Cristo.  En  aquella,  ó  en  la  presi- 
dida por  el  Sr.  Rada,  leyó  el  Sr.  Herrera  nutrida  Memoria,  dando 
cuenta  de  la  del  Sr.  Fernández  Duro,  acerca  de  los  primeros  via- 
jes de  Colón,  que  fué  vivamente  aplaudida  (1).  También  usaron 
la  palabra  los  Sres.  Lütken,  Reiss,  Thomsen  y  Steenstrup,  ilus- 
trando la  arqueología  histórica  y  prehistórica  de  las  Pampas, 
Brasil,  Virginia,  Tierra  del  Labrador,  Nueva  Escocia  y  Groen- 
landia. 

Las  discusiones  suscitadas  en  los  dias  23  y  24  de  Agosto,  últi- 
mos del  Congreso,  no  excitaron  menos  interés.  Tal  fué,  por 
ejemplo,  la  que  entabló  el  Sr.  Barón  de  Baye,  sobro  los  hechos 
de  trepanación  observados  en  las  estaciones  de  la  edad  de  la  pie- 
dra, tanto  en  el  antiguo  como  en  el  nuevo  mundo.  Acaso  estos- 
hechos,  andando  el  tiempo,  arrojen  gran  luz  sobre  el  rito,  ex- 
traño por  todo  extremo,  que  nuestro  docto  correspondiente  Don 
Román  Andrés  de  la  Pastora,  ha  notado  en  el  cementerio  anti- 
quísimo de  Pedregal  (partido  de  Molina  de  Aragón),  y  en  otros 
parajes  del  centro  y  sur  de  España.  El  Sr.  Vera,  discurrió  sobre- 
las  variaciones  ocurridas  en  la  Geografía  física  del  continente 
americano,  desde  la  época  del  descubrimiento  hasta  nuestros 
dias;  y,  además,  sobre  las  materias  colorantes  empleadas  por  los 
indios  americanos.  El  Sr.  Fabié  trató  de  los  reinos  de  Gibóla, 
(^)uivira  y  Teguayo,  con  ocasión  de  presentar  la  erudita  obra  del 
Sr.  Fernández  Duro,  relativa  á  D.  Diego  de  Peñalosa.  Final- 
mente, el  Sr.  Rada,  pronunció  dos  discursos  que,  atendida  su 
importancia  excepcional,  reproducimos  al  pié  de  este  número  del 
Boletín  en  la  sección  de  Variedades. 

(1)    Se  anunció  en  la  página  5  del  tomo  presente  del  Boletín. 


INFORMES. 


ALTABISKARCO  CANTUA. 


Tributando  á  la  poesía  vascongada  la  brillante  consideración 
y  el  puesto  de  honor  que  le  corresponde,  los  elocuentes  Discursos 
leidos  ante  la  Real  Academia  Española  en  la  recepción  pública 
del  Excmo.  Sr.  D.  Víctor  Balaguer,  el  domingo  '25  de  Febrero 
de  1883,  han  tocado  una  cuestión  histórica  de  interés  muy  vivo. 
í]l  gran  poeta  é  historiador  de  Cataluña  la  plantea,  mas  no  la  re- 
suelve, atento,  á  lo  que  parece,  á  descargar  su  plan  literario  de 
arideces  críticas  que  poco  montan  para  juzgar  de  lo  bello.  «Xo 
lilasona,  dice  (pág.  G.),  de  remota  antigüedad  la  poesía  euskara: 
moderna  es,  de  nuestros  dias;  pero  sus  poetas  están  cortados  á  la 
antigua;  nacen  formados  y  adultos,  con  los  bríos  mismos  y  des- 
fogues que  pudieron  tener  los  autores  de  aquel  famoso  Canto  de 
Altabiscar^  que  podrá  ser  más  ó  menos  antiguo,  lo  cual  no  es 
])ara  debatir  en  este  instante;  pero  que,  más  antiguo  ó  más  mo- 
derno, es  un  monumento  de  gloria,  con  sobra  de  esta,  para  enri- 
quecer á  toda  una  serie  de  generaciones  literarias.»  Y  en  las 
notas,  que  cierran  el  discurso,  donde  el  texto  del  Altábiskarco 
cantad  sale  avalorado  con  la  preciosa  traducción  castellana,  hecha 
l)or  D.  José  Manterola  (1),  habíanos  de  nuevo  el  Sr.  Balaguer  de 


(1)  Autor  de  la  obra  El  cancionero  xasco  y  director  de  la  excelente  RevisU  La  Eiis- 
halerria,  que  contribuye  eficazmente  á  desarrollar  los  verdaderos  gérmenes  y  adelan- 
tos de  la  literatura  vascongada. 


140  BOLETÍN    DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

ese  amoiiumentalé  imperecedero  Ca.nto  de  Altahiscar,  sobre  cuya 
antigüedad  más  ó  menos  remota,  aún  no  se  ha  dicho  la  úUinia 
palabra.» 

Para  bien  juzgar  de  la  cuestión,  expondré  ante  todas  cosas  su 
marcha  histórica. 

El  Canto  de  Altabiscar  salió  al  público  por  primera  vez  en 
1834,  dentro  dO  un  largo  artículo  que  su  autor  M.  Garay  de 
Monglave,  fundador  y  secretario  perpetuo  de  L'Institut  Historique, 
compuso  y  estampó  en  el  Journal  (tomo  i,  año  i)  de  dicho  insti- 
tuto histórico  ó  asociación  literaria.  Después  de  trazar  á  grandes 
rasgos  el  cuadro  de  la  importancia  del  vascuence  por  razón  de  su 
antigüedad,  belleza  eufónica  y  estructura  gramatical  (páginas 
174-176),  introduce  y  expone  la  cuestión  en  los  siguientes  tér- 
minos (1): 

Pág.  17G,  lín.  2. — ttParmi  les  poésies,  qui  se  sont  ainsi  con- 
servées  de  génération  en  génération,  on  cite  un  poeme  assez 
étendu  sur  la  religión  des  cantabres,  des  chants  guerriers  et  allé- 
goriques,  quelques  chansonnettes  inférieures  peut-etreen  naivé- 
té  á  celle  de  Métastase,  et  de  romances  populaires  qui  datent, 
d'aprí'S  M.  Humboldt,  de  l'invasion  des  Romains,  et  qui  ne  sont 
pas  inférieures  aux  plus  beaux  chants  nationaux  des  Grecs  mo- 
dernes.  Yiendra  peut-étre  un  MacPherson  qui  les  recucillera.  Le 
souvenir  des  preux  de  Ghaiiemagne  est  présent  a  l'imagination 
des  bergers  pyrénéens :  toutes  les  ballades  du  pays  sont  em- 
preintes  de  leurs  vaillants  exploits:  on  montre  ici  au  voyageur 
les  jardius  enchantés  d'Armide,  la  plus  de  vingt  rochers  que  le 
fabuleux  lloland  a  fendus  de  sa  Durandal;  et  pourtant  personne 
dans  CCS  vallées  n'a  lu  ni  le  faux  archevCNjue  Turpin,  ni  Boyar- 
do, ni  Arioste  dont  on  ignore  mrme  les  noms. 

Parini  ees  romances  chevaleresques  des  Escualdiinac,  une  des 
plus  connucs  est  celle  qui  a  pour  titre  le  chant  d'Altabicar,  Alta- 
bicaren  cantua.  G'est  la  fameuse  bataille  de  Roncevaux,  racontée 
par  les  descendants  des  vainqueurs.  Tout  le  monde   sait  que 


(1)  Los  extractos  del  .rticuloque  traslado,  me  han  sido  facilitados  por  M.  Julián 
Vinson,  profesor  eu  Paris  de  la  escuela  de  lenguas  orientales  y  correspondiente  extran- 
jero de  nuestra  Real  Academia. 


ALTABISKAllCO    CANTUÁ.  |4| 

C'narlemagne  étant  alié  par  dola  les  Navarrais  (on  ignore  si 
c'était  pour  les  Mores,  ou  pour  les  Ghrc(iens)  rentrait  vainqucm- 
011  P>ance,  lorsquc  les  Sarrazins  seloa  les  uns,  les  Escucdíhmac 
ou  les  Vascons  selon  les  autres,  ct  peut-rtrc  les  troís  peuples  á  la 
{'oís,  passórent  au  sommct  des  moat¿ignes,  firent  rouler  sur  les 
troupes  des  fragmcuts  de  rochcrs,  obscurcirent  l'air  de  leurs  (lo- 
ches, et  malgré  les  prouesses  des  Paladins,  mirent  de  toufes 
parts  les  Francs  en  dósordre  et  en  fircnt  un  ópouvanlable  car- 
nage. 

Ge  chaut  comme  tout  ce  qul  n'est  pas  écrit,  a  sans  doule  chan- 
gó enpassant  de  bouche  en  bouche,  et  je  Tai  retrouvó  avec  de 
nombreuses  variantes  sur  plusieurs  points  des  deux  vcrsants. 
lia  des  rédacteurs  du  Díctionnaire  de  la  Gonversation  ct  de  la 
Lectura,  M.  G.  OUivier,  en  parle  dans  un  articlo  fort  curieux  sur 
les  chants  populaires  de  différents  peuples  (tome  mii,  pag.  25). 
Malheureusement  il  paraít  u'avoir  connuc  que  la  fin  des  troisié- 
me  et  septieme  versets,  c'cst-a-dire  les  noms  de  nombre  declines 
depuis  un  jusqu'á  vingt,  ct  puis  en  sens  inverse.  Gherchant  quel 
scns  caché  pouvait  couver  sous  ce  titre  bizarre,  il  y  a  vu,  dit-il 
les  Escualdunacs  (qu'il  nomme  a  tort  Vascons)  designan t  par  leur 
simple  dénomination  numérique  les  dures  années  de  Téxil  et  ap- 
pelant  ensuite  une  á  une  par  une  sorte  de  progression  (sic)  dé- 
croissaute,  celle  de  la  vengeance;  chant  cabalistique,  ajoutait-il 
qui  n'est  pkis  maintenant  qu'une  musique  denuée  de  signifi- 
ca tion.» 

Pág.  177. — «Si  M.  Ollivier  eut  connu  la  romance  cntiore  il  nc 
serait  pas  tombé  dans  cette  spirituelle  errour:  tout  s'explique  na- 
turellement  des  qu'on  rétablit  les  huit  versets.  La  progression  as- 
cendante,  c'est  la  marche  d'une  armée  qui  s'avance;  la  progres- 
sion descendante,  c'est  la  fuite  de  cette  armée  vaincue. 

J'ai  vu  autrefois  une  copie  du  chant  d'Altabicar  chez  le  Gomtc 
Garat,  ancien  ministre,  anclen  sénateur  et  membre  de  l'Institut 
do  France,  un  des  philosophes  les  plus  célebres  de  notre  pays, 
nn  des  hommes  dont  le  talent  honore  le  plus  les  Esciialdunac  ses 
compatriotas.  II  la  tenait  du  famcux  la  Tour  d'Auvergnc,  le  pre- 
mier grenadier  de  France,  lequei  pendan t  les  guerres  de  la  Ré- 
publique,  se  délassait  de  ses  fatigues  en  travaillant  á  un  glossairo 


142  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTOllIA. 

en  quarante-ciiiq  laiigues.  La  Tour  d'Auvergue  avait  étú  chargó 
de  traiter  de  la  capitulation  de  Saint-Sébastien,  le  5  aout  1794; 
et  c'etait  au  prieur  d'un  de  ees  couvents  de  la  ville  qu'il  étail  re- 
devable  de  ce  précieux  document,  écrit  en  deux  colonnes  surpar- 
chemin,  et  dont  les  caracteres  peuvent  remonter  a  la  ñn  du  dou- 
ziéme  ou  au  commencement  du  treizieme  siecle,  date  évidem- 
meut  poslérieure  de  beaucoup  a  celle  de  ce  chaul  populaire. 

Le  texte  qui  je  donne  ici  n'est  pas  exactement  le  meme  que 
celui  qu'on  a  dú  trouver  dans  les  papiers  de  M.  le  Gomte  Garat. 
II  se  compose  du  rapprochement  des  diverses  variantes  que  j"ai 
pu  recueillir.  Ges  différences  sont,  au  reste,  purement  gramma- 
ticales:  elles  u'affectent  en  rien  le  sens  des  mots  ni  des  phrases. 

Puisse  cette  exhumation  nouvelle  ne  pas  déplaire  aux  lecteurs 
du  Journal  de  l'Institut  Historique! 

Pág.  175-176, — En  notas. — «Mots  et  étymologies':  ees  notes 
nous  ont  été  communiquées  par  M.  Duhaldc,  jeune  philologue 
Escualdunac,  aussi  modeste  que  savant.  Nous  lui  devons  en 
grande  partie  ,  le  rapprochement  des  diverses  variantes  du  texte 
du  Ghaut  d'Altahizar.i^ 

El  Dictionnaire  Universel  des  Contemporains  (par  G.  Vaque- 
rean,  París,  1861),  nos  da  el  siguiente  informe  sobre  M.  dv 
Monglave : 

«MoxGLAVE  ( Francois-Eugene  Garay,  dit  de)  littérateur  Fran- 

cois  ué  á  Bayonne,  5  Mars,   1796. — il  se  jeta  dans  la  petite 

presse,  fonda  en  1823  le  Diahle  Boiteux,  journal  qu'il  íit  revivre 
■en  1832  et  enl857,  et  fit  par  ses  articles  et  par  ses  livres  une 
guerre  continuelle  á  la  Restauratiou.  II  fut  obligó  de  se  cacher 
sous  divers  pseudouymes En  1833,  il  fonda  Tlnstitut  histori- 
que, société  dont  la  cróalion  fut  autorisée  l'année  suivante,  et  en 
fut  élu  le  Secrétaire  perpctuel.» 

No  se  requiere  mucha  perspicacia  para  demostrar  que  las  ideas, 
expuestas  por  M.  Monglave  en  los  extractos  que  he  recogido, 
adolecen  de  inexactitud  y  de  escasa  atención  á  la  verdad  de  los 
hechos.  Ni  negaré  que  «íe  souvenir  des  preux  de  Charlemagne  est 
2)résent  á  l'imaginalion  des  hergers  Pyrénéensy>\  pero  es  falso  que 
i  toldes  les  hallades  áu  pays  sont  empreintes  de  leurs  vaillants  ex- 
ploits.i)  Ni  una  siquiera  de  las  baladas  víiscongadas ,  que  han  lie- 


ALTABISKARCO    CANTCÁ.  l'i.'"; 

gado  á  mi  conocimiento  ,  versa  sobre  Carlomagno  y  sus  doce 
Pares.  Por  lo  tocante  á  los  veinte  y  pico  de  urochers  que  le  falu- 
leux  Roland  a  fendus  de  sa  Diwandal» ^  casi  todos  son  puro  i)arto 
de  la  imaginación  de  M.  Monglave.  La  Brcdie  de  Roland  encima 
de  Gavarnie  en  el  departamento  de  los  Altos  Pirineos  está  fuera 
del  país  vascongado.  El  nombre  Pas  de  Roland  cerca  de  Gambo 
no  cuenta  mucho  más  de  un  siglo  de  antigüedad ;  anteriormente, 
el  desfiladero  se  liabia  llamado  siempre  en  vascuence  (1)  Atheca- 
gaüz  (puerta  mala).  Mayores  recuerdos  de  Roldan  aw  la  nomen- 
clatura del  país  vascongado  y  aledaños  no  sé  que  existan.  Es  ver- 
dad que  el  país  conserva  la  memoria  de  Carlomagno  y  de  sus 
Pares;  el  conductor  vascongado  ,  que  me  guió  desde  los  Alduides 
á  Pioncesvalles,  me  contó  la  historia  de  Rolando  que  anda  por 
allí  conocida;  mas  no  es  la  del  Canto  de  Altabiscar,  sino  la  del 
romance  popular,  atribuido  al  falso  Turpin  ,  que  á  principios  del 
siglo  XIII  fué  justamente  censurado  de  apócrifo  por  un  ingenio 
ilustre  de  Navarra  (2).  La  indignación  de  mi  guía  se  desbordaba 
contra  el  traidor  Canelón,  de  quien  el  Canto  de  Altabiscar  nada 
recuerda.  Buen  golpe  de  las  Pastorales  ó  Tragedles,  que  todavía 
salen  á  la  escena  en  el  territorio  de  La  Soule,  y  suelen  ser  las 
más  agradables  al  público,  brotan  de  la  leyenda  Carlovingia,  y 
so  titulan  Charlemagne;  Roland;  Les  Douze  Pairs  de  France;  Les 
qiiatre  fils  Aymon;  Richard  sans  Peur,  Duc  deNormandie;  etc. 
De  estos  dramas  he  visto  representados  Richard  sans  Peur ,  Duc 
de  Normandie  en  Larrau  (24  Junio  1864),  y  Les  quatre  Fils  Ay- 
mon  en  Tardetz  (19  Abril  1879 ).  No  están  basados  en  tradiciones 
privativas  y  propias  del  pueblo  vasco ;  antes  bien  por  poco  que  se 
examinasen,  descubrirían  su  asiento  reciente.  Se  han  sacado  y  se 
toman  de  los  Livres  ¡wpulaires  de  colportage  que  en  los  mercados 
y  ferias  de  aldeas  y  villas  distribuyen  y  expenden  los  buhoneros 


(1)  El  tipo  original  de  «Les  échos  ñu  Pas  de  Roland  por  J.  B.  Dasconaguerre  (Bayona, 
1868)»,  así  como  el  de  los  «Atheka-Gaitzeko  oiharttunak  (Bayona,  1870)»,  se  escribió  en 
francés,  y  no  en  vascuence.  El  autor  mismo  en  persona  me  lo  atestiguó  positivamente. 

(2)  Rodrigo  Jiménez  de  Rada,  arzobispo  de  Toledo,  De  rebus  fíispaniie,  libro  iv, 
capítulos  10  y  IL.  El  calificativo  «histrioHt'.m  fahuUe»,  de  que  se  vale  D.  Rodrigo,  me 
hace  abrazar  la  idea  del  P.  Fita,  esto  es,  que  las  pastorales  tuvieron  un  dechado  anti- 
quísimo, que,  sin  embargo,  no  ha  ejercido  influjo  inmediato  en  ellas. 


144      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMLA.  DE  LA  HISTORL\. 

con  SUS  agujas  por  toda  Francia.  El  autor  de  la  Pastoral  Les^ 
quatre  fus  Aijmon,  conviene  á  saber  el  Sieur  Fierre  Irigarez,  de 
Laguinge,  me  mostró  en  Junio  de  1875  el  libro  ,  de  que  se  valió 
para  componerla  ,  titulado  vHistoire  des  Quatre  Fus  Aymon,  tres- 
nobles  ,  tres-hardis  ,  et  tres-vaillants  chevaliers.  Nouvelle  édition 
ornee  de  huit  gravures,  a  Epinal,  chez  Pellerin,  imprimeur- 
libraire.  Sin  data,  en  4."  á  dos  columnas,  9G  páginas.))  Ante  mis 
ojos  tengo  otra  edición  de  este  libro ,  comprada  en  país  vasco  por 
30  céntimos,  también  sin  data ,  pero  impresa  en  Limoges  chez 
Eugene  Ardant  et  C.  Thihaut.  De  estos  y  semejantes  opúsculos- 
puede  verse  una  excelente  enumeración  y  descripción  en  la«fíis- 
toire  des  Livres  Populaires  ou  de  la  Littérature  de  Colportage, 
depuis  le  xV  siecle,  par  M.  Charles  Nisard;  2  tomos,  Paris,  1854.» 
Estos  libros  y  las  Pastorales  (1)  á  que  han  dado  margen  son  las 
únicas  fuentes  del  conocimiento  que  el  moderno  pueblo  vascon- 
gado alcanza  acerca  de  la  persona  de  Garlomagno  y  sus  doce 
Pares.  No  hay  tradición  fundada  en  canlarcs  populares  de  remota 
antigüedad  conocida. 

Absurda  es  además  la  frase ,  que  emplea  Monglave  para  com- 
probar su  tentativa,  diciendo  que  acaso  concurrieron  á  la  em- 
presa contra  Garlomagno  tres  gentes  á  una,  Sarracenos  ,  Vascos 
y  Escualdunac.  Para  la  historia  no  es  un  misterio  la  acción  de 
Roncesvalles.  Einhard  en  su  Vita  Kavoli  imperataris  y  en  sus 


(1)    Hé  aquí  las  que  están  sacadas  de  libros  iiue  enumera  Jíisard,  tomo  n  : 

rág.  217 Prodiga. 

—  226..' Abi-aham. 

—  435 Charlemagne, 

—  » Jtan  (le  Paris, 

—  436 Oídipa. 

—  » A  lexandre. 

—  » Godefroi  de  Bouillon, 

—  450 Jean  de  Calais. 

—  459 i  Sainte  Hélaine, 

—  469 Sainte  Geneviéte. 

—  489 Richard  sans  Peur. 

—  500. .......  Les  quatre  fils  Aymon. 

.\  estas  y  demis  Pastorales,  M.  Julien  Vinson,  dedica  largo  espacio  eu  la  obra  Zes 
I.itt&atures populaires  de  toutes  les-natiotis  (París,  Maisonneuve). 


ALTAHISKAIIGO    CANTL'Á.  lí.", 

Annalcs  ,  tan  verídico  como  que  es  autor  grave  y  coulemporáuoo 
del  hecho,  rcíicre  sencillamente  la  batalla  y  ía  muerte  de  Ilriiot- 
landus  (Rolando),  sobrino  de  Garlomagno  y  prefecto  de  Hritania. 
Describe  el  combate  como  un  ataque  ó  acometimiento  (¡ue  los 
Vascones^  y  ninguna  otra  gente  más  ,  hicieron  en  la  retaguardia, 
al  que  se  siguió  el  saqueo  de  los  bagajes.  La  distinción  que  pro- 
pone M.  Monglave  entre  Vascones  y  Escmddunac  se  desvanece  ni 
menor  soplo  de  atento  examen. 

M.  Monglave  pretende  que  un  manuscrito  del  Canto  estuvo  cu 
posesión  del  conde  Garat.  Algunos  descendientes  de  este  lionibrc 
ilustre,  aprovechándose  de  sus  manuscritos,  han  publicado  libros 
n  obras  literarias  acerca  de  los  vascongados;  pero  el  manuscrito 
aludido  por  M.  Monglave  no  lo  lian  hallado ,  ó  por  lo  menos  no 
lo  mencionan.  A  este  propósito  no  he  de  pasar  por  alto  la  obser- 
vación de  M.  Fr.  Michel,  el  cual  en  1857  dio  en  creer  que  era 
auténtico  el  Canto  de  Altabiscar  (1) :  «A  ce  sujet  je  ne  sais  trop 
ce  qu'il  faut  croire  des  assertions  de  M.  Garay ,  qui  parle  d'nn 
anclen  manuscrit  oú  le  fameux  la  Tour  d'Auvergne  aurait  ren- 
contré  ce  morceau  á  Saint  Sebastian  en  170  í.»  Paréceme  extraño 
que  M.  Michel  no  cayese  en  la  cuenta  de  que  no  hay  más  prueba 
respecto  de  la  existencia  del  manuscrito ,  que  la  palabra  harto 
sospechosa  do  M.  Garay  de  Monglave;  y  si  bien  este  asegura  que 
en  otro  tiempo  vio  una  copia  del  Canto  de  Altabiscar  en  casa  del 
conde  Garat,  y  que  además  recogió  muchas  y  diversas  variantes 
de  aquella  copia,  ello  es  cierto,  que  ni  otros  ojos  han  visto,  ni 
otras  manos  que  las  de  M.  Monglave  se  han  encontrado  que  toca- 
sen aquel  manuscrito,  ni  sus  variantes;  por  manera  que  seme- 
jante testimonio  aislado  y  sujeto  a  la  ilusión  de  un  falso  recuerdo 
no  hace  fe  ni  merece  crédito  razonable.  El  puesto  de  secretario 
perpetuo  que  ocupaba  M.  Monglave  en  el  Institut  Historique, 
fundado'por  él,  le  dispensó  y  proporcionó  ventajas  singulares 
para  dar  curso  á  una  triquiñuela  poco  plausible.  Si  hubiese  escrito 
en  otra  publicación  periódica,  el  jefe  de  redacción  le  habría  pe- 
dida alguna  prueba  de  lo  que  asegura,  por  ejemplo,  alguna  de 
las  nomhreiises  variantes  retrouvées  sur  plusieurs  points  des  deux 


(1)    Le  Pays Basque.  Paris,  1817,  pág.  231. 


14G  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

versants,  toda  vez  que  no  pudiese  demostrar  la  existencia  de  la 
copia  del  Canto  en  casa  del  conde  Garat;  mas  M.  Monglavecomo 
dueño  de  la  situación,  pudo  imprimir  sin  ningún  inconveniente 
lo  que  le  plugo. 

Tan  pronto  como  se  publicó  el  canto,  su  autenticidad  halló  con- 
tradictores. Lo  aceptó  Fauriel;  pero  lo  reusó  Du  Mege.  Recibié- 
ronlo á  título  de  canción  antigua  Ghaho,  Cenac-Moncaut,  Fr.  Mi- 
cliel,  Louis  Laude;  pero  le  han  opuesto  serias  objeciones 
M.  M.  Barry  de  Tolosa,  Gastón  Paris,  J.  F.  Bladé,  Julián  Yin- 
son  y  otros  críticos  eminentes.  Una  disertación  excelente  de 
M.  Alexandre  Dihinx  salió  á  luz  en  el  Impartial  des  Pyrénées 
■(  10-12  Setiembre  1873i.  Reprodujo  estos  artículos  M.  Yinson  en 
el  Avenir  de  Bayonne  (1,  3,  6,  Mayo  1878)  y  los  ha  insertado 
igualmente  en  la  obra  titulada  Mélanges  de  Linguislique  et  d'An- 
tliropoloijie  (1),  pág.  161.  Con  fina  crítica  y  rara  sagacidad,  apun- 
ta M.  Dihinx  que  «l'auteur  du  Chant  d' Altahiscar  savait  mieux 
le  franrais  que  le  basque,  ct  qu'iiécrivait  en  basque  cequ'il  avait 
conru  en  francais.»  Sol)reel  uso  constante  de  los  diminutivos  que 
no  escasean  en  la  canción,  observa  que  son  indicios  de  una  mano 
de  autor  joven  y  poco  diestra  en  los  primores  del  vascuence: 
«Pour  l'enfant  la  langue  basque  n'est,  pour  ainsi  diré,  composée 
que  des  diminutifs;  c'est  un  langage  a  part,  qui  n'cst  pascelui  de 
l'homme  fort;  l'enfant  s'en  débarrasse  péu  á  peu,  en  passant  de 
l'enfance  h  l'adolescence,  et  ne  parle  le  basque  franc  et  noble  que 
lorsqu'il  dcvient  liomme.  Faut-ii  déduire  de  ees  observations  que 
rauleur  du  chanl  d'Altal)izcar  était  encoré  jcune  quand  il  fit 
celle  composition?); 

En  España,  por  lo  que  puedo  apreciar,  el  Altabizkarco  cantuá 
ha  corrido  menos  percances  do  contradicción  que  en  Francia.  Lo 
celebran  D.  Yicente  de  la  Fuente,  Amador  de  los  Rios,  D.  Miguel 
Rodríguez  Ferrer,  Araquislain,  los  editores  de  la  Revista  Eus- 
kara  y  I).  José  Mantcrola  en  el  Cancionero  Vasco.  Por  primera 
vez  pasó  como  auténtico  al  otro  lado  del  Canal  de  la  Mancha  con 
el  artículo  que  le  dedicó  M.  Fr.  Michel  en  el  Gentleman's  Maga- 
zine  iLóndres  Octubre  de  1858);  mas  en  las  columnas  de  la  misma 

(1)    I'aris,  diez  Leroux,  ISSo. 


ALTAIJISKAUCO    CANTL'Á.  147 

publicación  (Marzo  1859,  pág.  220),  obtuvo  lu  rectificación  siguien- 
te, firmada  por  M.  Antoine  d'Abbadie  (1);  «Pena  mu  da  ver  anun- 
ciado el  Altahiscarraco  Cantuñ  como  perla  de  antigua  poesía,  en 
uno  de  los  números  de  esa  ilustrada  publicaciini.  La  verdad  me 
obliga  á  protestar  contra  la  pretensión  de  (jue  universalmenle 
esté  así  reconocido,  pues  en  efecto  uno  de  mis  paisanos  vascon- 
gados ha  designado  repetidas  veces  por  su  propio-  nombre  tanto 
al  sujeto  que  hace  24  años  compuso  en  francés  la  pieza  original, 
como  al  que  la  tradujo  en  vascuence  moderno  ó  impertincntL',» 
A  lo  cual  M.  Michel  defirió,  como  era  razón,  en  el  número  del 
siguiente  Abril  (2):  «M.  d'Abbadie,  siendo  como  es  vascongado, 
conoce  mejor  que  yo  el  fondo  de  la  cuestión.  No  rehuso  confesar 
y  de  hoy  en  adelante  me  inclinaré  á  creer  que  las  piezas  llamadas 
Abarcara  Cantua  y  Altahiscarraco  Canina  son  imposturas.»  Esta 
correspondencia  reproduje  yo  mismo  en  el  apéndice  á  la  segunda 
edición  de  mis  Basque  Legends  (Londres,  1879,  pág.  258.) 

También  la  cita  M.  Vinson  en  los  artículos  de  que  arriba  hice 
mérito.  M.  d'Abbadie  en  conversaciones  privadas  rae  ha  ratili- 
cado  eso  mismo  no  una  sola  vez  y  me  ha  dado  pormenores  que 
no  dejan  lugar  á  ninguna  duda.  El  valor  de  su  autoridad  es  tan 
grande  y  su  testimonio  de  tanto  peso  en  las  balanzas  de  la  crítica, 
como  lo  saben  los  que  no  han  olvidado  que  este  ilustre  socio  del 
Instituto  de  Francia,  renombrado  por  sus  estudios  y  obras  en  los 
varios  ramos  de  las  Ciencias  exactas  y  en  el  cultivo  de  la  Geo- 
grafía y  de  la  lingüística,  es  de  abolengo  vascongado  y  figura  en- 
tre los  escritores  que  más  han  promovido  con  toda  eficacia  desde 
su  principio  el  natural  desarrollo  científico  á  que  ha  llegado  el 
estudio  del  vascuence  (3).  Con  ser  esto  así,  no  parece  sin  embar- 


(i;  «[  am  sorry  that  tlie  Altabiscarraco  Cantua  mentioued  in  your  same  nuraber  is 
ücknowledg-ed  as  a  gem  of  ancient  poetry.  Trutli  compels  me  to  deny  that  it  i.«  nnirer- 
í^ally  admitted  as  such,  for  one  of  my  Basque  neiglibours  has  oftea  uamed  the  person 
who,  about  twenty  four  years  a^'o,  composed  it  in  Freuch,  and  the  olher  person  who 
translated  it  into  modern  but  indifferent  lJasque.>> 

(2).  «That  Mr.  d'Abbadie  being  Basque,  knows  the  thiiig  niuch  better  Iban  I  do. 
I  feel  by  no  means  reluctant  to  confess,  and  hencefortli  I  will  believe  that  the  souíí.s 
called  Abarcaren  Cantua  anJ  Altabiscarraco  Cantua  are  for)?eries.v 

(3)  En  1836,  nada  menos,  ya  iiublicó  M.  d'Abbadie  teniendo  por  colaborador  ni  doctj 
A.  Chaho  sus  Etv/les  Grammaticaks  sur  la  lan¡/ue  Ei(shar tenue. 


Ii8  boletín  de  la  real  academl\  de  la  HISTOIíLA. 

go  que  la  noticia  de  la  verdad  se  haya  extendido  ó  impuesto  cuan- 
to sería  justo  apetecer;  no  faltan,  aún  ahora,  escritores  que  llaman 
antiguo  el  AUabiskarco  Cantua.  En  ííxSaturday  Review  (17  Agos- 
to 1878)  se  nos  presenta  como  históricamente  genuino;  y  en  el 
Blackwood's  Magazine  (Noviembre  1881)  un  escritor,  que  expone 
todo  el  canto  en  inglés,  lo  coloca  por  encima  del  mérito  de  La 
Chanson  de  Roland,  y  se  escandaliza  de  los  críticos  que  afirman 
(jue  ese  noble  canto  es  moderno. 

Tan  luego  como  leí  lo  que  el  Excmo.  Sr.  D.  Víctor  Balaguer 
afirma  en  los  pasajes  de  su  discurso  de  recepción  en  la  Real  Aca- 
demia Española,  que  llevo  copiados  arriba,  escribí  á  M.  d'Abba- 
die  á  fin  de  que  con  la  verdad  de  su  declaración  reiterada  se  ata- 
jase la  corriente  de  incertidumbre  que  asoma  en  la  culta  palabra 
del  nuevo  académico  de  la  Real  Española.  M,  d'Abbadie  ha  teni- 
do la  bondad  de  enviarme  su  declaración,  que  he  recibido  con 
algún  retraso  motivado  por  la  enfermedad  de  M.  Duvoisin,  parte 
integrante  de  la  misma  declaración,  que  es  como  sigue: 

Le  chant  d'Altahiscar  ou  Altabisar'  (on  a  écrit  ce  mot  des  deux 
manieres)  que  M.  Garay  de  Monglave  a  inséré,  en  1834,  dans  le 
Journal  de  l'Inslitut  historique  (r.  176)... 

«Les  jeunes  Basques,  et  notamment  les  eleves  des  universités, 
les  étudiants  en  droit  et  en  médecine,  faisant  leurs  cours  a  Paris, 
aiment  a  chanter  en  chceur,  pour  le  plaisir  de  former  des  accords, 
un  air  aconmiodé  sur  les  noms  de  nombres  Basques,  un,  deux, 
trois,  etc.  jusqu'a  vingt,  rebroussant  de  vingt  á  un»  (1). 


(1)  En  una  carta  adjunta  M.  d'Abbadie  escribe:  «Un  paisano  de  las  cercanías  de 
Baygori  cantaba  la  serie  de  ios  números  en  un  zorzico  de  ocho  versos.  La  primera  es- 
tancia es  progresiva  de  uno  hasta  veinte,  y  la  segunda  viceversa,  retrógrada : 

( 1  -  4  )  Bat ,  biga ,  Jiirn)\  latir, 

(  5  -  8  )  Boi'ti ,  sei ,  zazpi,  cortzi  ,* 

(9,  10)  Bcderatzi.  Jtamar, 

(11,  ]'2)  Ilameika.,  Jiamahi; 

(13,  11)  I/amairtir,  /lamalaiir , 

(15,  IG)  //amaiortz,  kamasei , 

(17,  18)  Hemezaipi,  kemezorlti, 

np,  20)  flemeretzi ,  Itogoi. 

El  aire  de  la  canción  ,  según  me  dijo  un  amigo  que  me  lo  cantó  y  lo  había  oido  e;i 
Paris  y  en  San  Juan  de  Luz ,  no  tiepe  nada  de  belicoso.* 


AI/rAHISlvAUCÜ    CANTUÁ.  l4'J 

«M.  Garay  de  Monglave  fréquenlait  ses  compairioles.  II  élait 
Bayonnais.  Gel  air,  ce  soiivcnii-  attrayant  du  pays,  loin  du  pays, 
lui  inspira  l'idée  du  Ghanl  d'Altabiscar.  II  le  coinposa  cu  frail- 
eáis. Un  de  mes  cousins,  M.  Louis  Diihaldcd'Espeloüu,  «jiii  dou- 
uait  des  répétilions  aux  jeuiies  -cus  óludiaiil  a  París  poar  ciilrcr 
ñTEcole  Politechnique,  traduisit  en  bastiuel'cj'uvre  de  M.  de  Mon- 
glave. Louis  Duhalde  ne  s'étaiL  jamáis  oceupé  de  sa  langue  inater- 
nclle;  s'il  n'en  savait  que  ce  qu'il  av¿iit  appris  daus  l'enfance, 
aussi  sa  versión  trahil-ello  une  main  inexperle.  II  a  Iraduil  sim- 
piement  en  prose,  sans  mesure  et  sans  rime;  le  morceau  nc  peut- 
élre  que  recité;  on  chante  seulement  la  nomenclature  un,  deiix, 
trois,  ele,  sur  un  air  qui  n'a  certes  rien  de  guerrier;  ai-je  besoíii 
d'ajouter  que  les  prétendues  copies  a  variantes,  conservces  dans 
la  montagne,  n'ont  jamáis  existe?» 

aUne  simple  reflexión  aurait  dú  faire  comprendre  á  la  foule, 
qui  si  un  chant  peut  se  conserver  par  tradilion  órale,  un  récitalif 
indiantable  n'aurait  pas  eu  de  lendcmain.  M.  Duhalde  lui-mémc 
a  bien  ri  avec  moi  de  la  méprise  de  tant  dVjcrivains.» 

L'original  de  la  note  ci-dessus  est  signé  Düvoisin  et  accompa- 
gnait  une  lelre  du  méme  littéraieur  Basque,  datée  Giboure,  30 
Mai,  1883  ou  il  m'autorise  á  faire  desadéclarationl'usagequime 
conviendra. — Signée — Antoine  d'Abbadie  (de  rinstiluti — Paris, 
Juin,  I,  1883. 

De  esta  carta  de  M.  d'Abbadie  que  incluye  la  terminante  decla- 
i-ación  de  M.  Düvoisin,  resulla. 

I.''  Que  el  original  del  canto  de  Altahiscar,  es  francés  y  no 
vascongado. 

2.°  Que  la  versión  vascongada  está  en  .prosa  moderna;  y  no 
en  verso,  que  autorice  la  presunción  de  haberse  cantado  y  con- 
servado en  boca  del  pueblo. 

3.°  Que  un  solo  fragmento  de  la  canción  ó  la  lista  de  les  nú- 
meros en  aumento  y  disminución  hasta  veinte,  tiene  ó  puede  te- 
ner tipo  vascongado  independientemente  de  la  car.ción  original 
ó  composición  francesa. 

El  autor  de  la  declaración  es  el  célebre  capitán  Düvoisin,  que 
trasladó  la  Biblia  en  dialecto  Labortano  bajo  los  auspicios  del 
príncipe  Luis  Luciano  Bonaparte,  y  ha  publicado  asimismo  va- 


150  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

rias  memorias  y  artículos  sobre  cuestiones  gramaticales  del  vas- 
cuence. Fácil  es  observar  que  la  declaración  confirma  de  lleno 
en  lleno  la  fina  crítica  de  M.  A.  Dihinx,  el  cual,  entre  otras 
palabras  del  canto  que  censura  y  señala  como  impropias ,  dice  lo 
siguiente  sobre  el  vocablo  bota:  «Le  mot  propre  a  fait  défaut,  et 
l'auteur  peut-otre  encoré  jeune,  a  employé,  sans  y  réfléchir  cette 
expression  dont  11  s'est  serví  bien  souvent  dans  les  jeux  de  son 
enfance.» 

La  idea  de  la  canción  fué  evidentemente  sugerida  á  M.  Mongla- 
ve  por  el  canto  de  los  números  y  por  lo  que  sobre  ellos  le  apuntó 
M.  Ollivier. 

Lejos,  pues,  de  ser  contemporáneo  á  la  época  de  Carlomagno,  ó 
de  remontarse  en  su  redacción  escrita  cuando  menos  al  siglo  xii, 
el  canto  de  Altahiscares  modernísimo.  Para  echar  por  tierra  esta 
proposición  que  estimo  evidente,  no  queda  más  partido  que  el  de 
presentarnos  el  manuscrito  que  dicen  pertenecer  ala  centuria  xii 
y  haber  estado  en  poder  del  conde  Garat,  ó  siquiera  algunas  de 
las  numerosas  variantes  que  se  pretenden  encontradas  en  dife- 
rentes parajes  del  país  vascongado.  No  es  necesario  ailadir  que 
los  vascófilos  verían  con  mucho  placer  ese  manuscrito  del  siglo  xii 
para  que  sirviese  de  inapreciable  aumento  al  descubrimiento  no- 
tabilísimo del  glosario  vascongado  que  ha  hecho  el  R.  P.  Fidel 
Fita  en  el  códice  Galixtino  propio  de  aquella  centuria.  Mas  ¿po- 
drán presentarlo  quienes  tienen  contra  sí  las  improbabilidades 
que  la  crítica  ha  señalado,  y  sólo  pueden  alegar  en  favor  suyo  un 
vago  decir  de  la  ilusión  temeraria? 

Réstame  demostrar,  en  comprobación  de  cuanto  llevo  manifes- 
tado á  la  Real  Academia,  las  correcciones  y  transformaciones  que 
ha  ido  gradualmente  sufriendo  bajo  sucesivas  ediciones  el  texto 
primitivo  que  M.  Duvoisin  señalaba  como  obra  de  una  mano  in- 
experta, y  que  M,  d'Abbadie  apuntaba  en  1859  como  coloreado 
de  modernismo  en  su  vascuence.  Anotaré  en  especial  las  variantes 
introducidas  por  el  texto  que  el  Cancionero  vasco  del  Sr.  Mante- 
rola  (serie  2.*,  tomo  iii,  páginas  44-4G;  San  Sebastián,  1878)  ha 
proporcionado  al  Excmo.  Sr.  D.  Víctor  Baíaguer;  y  por  de  pronto 
no  será  difícil  notar  que  los  conatos  del  autor  del  Cancionero 
para  obtener  el  metro  de  la  versificación  han  salido  casi  comple- 


ALTAHISKARCO    CANTIÁ.  jj] 

tamcnte  inútiles.  El  texto  que  adopto  como  tipo  de  comparación 
puede  verse  cu  la  obra  de  M.  Frnncisquc  Micliel,  Le  Pays  Basque 

(páginas  230  y  237),  publicada  en  1S57, 


ALTABISCARRACO  CAXTUA  (I). 

Oyhu  bat  aditua  izan  da 

Escualdnnen  mendien  artetic , 

Eta  etcheco  jaunac,  bere  athearen  aintcinean  (2)  chutic 

Ideki  tu  beharriac,  eta  erran  du  :  «Nor  da  hor?  Cer  nabi  dautet?» 

Eta  chacurra  (3),  bere  nausiaren  oinetan  lo  zaguena, 

Alchatu  da,  eta  karrasiz  Altabiscarren  inguruac  bethe  ditu. 

Ibañetaren  lepoan  harabotz  bat  aghertcen  da, 
Urbiitcen  da  ,  arrokac  esker  eta  escun  (i)  jeteen  dituelan'c  ; 
Hori  da  urruntic  heldu  den  armadabaten  (5)  burruma. 
Mendien  capetetaric  (6)  guriec  erepuesta  (7)  eman  diote ; 
Berec  (8)  tuten  seinua  (9)  adiarazi  dute, 
Eta  etcheco  jaunac  bere  dardac  zorrozten  tu. 

Heldu  dirá!  Heldu  dirá!  cer  lanzazco  (10)  Basia! 
Ñola  cer  nahi  colorezco  banderac  heien  erdian  aghertcen  direa ! 
Cer  simiztac  (II)  atheratcen  diren  hein  arraetaric! 

Cémbat  dirá?  Haurra,  condatzac  (12)  onghi.  [hamabi, 

Bat,  biga,  hirur,  laur,  bortz,  sei,  zazpi,  zortzi,  bederatzi ,  hamar,  liameca. 
Hamahirur,   hamalaur,  hamabortz ,   hamasein,   hamazazpi ,   hemezortzi, 

[hemeretzi,  hogoi. 


(1)  Monglave,  «Altabicaren  cantua»;  Manterola,  «Altahiskarco  cantiia». 

(2)  Manterola  «aiteinean  ». 

(3)  Este  diminutivo  ha  sido  censurado  por  Dihinx,  asi  como  los  otros  dos,  l/oí/u 
r/titmitan,  de  las  estrofas  iv  y  v.  El  vocablo  apto  á  la  composición  es  takhnrra. 

(I)  Mant.  «escuin». 

(5)    Mant.  «armadabaten». 
(C)    Mant.  «copetetaric». 

(7)  Mant.  «errespuesta»;  palabra  de  cuño  moderno,  así  como  arpiada  y  otras. 

(8)  Mant,  «Beren». 

(9)  Mant.  «soinua». 

(10)  Mant.  «lantzazco». 

(II)  Mant.  «simistac». 
(12)    Mant.  «condatzic». 


152  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

Hogoi  eta  millaca  (1)  oraino, 

Hein  (2)  condatcea  demboraren  galtcea  Hteke  (3). 

ürbilt  ditzagun  (4j  gure  beso  zailac,  errotic  atliera  ditzagun  arroca  horiec. 

Botlia  ditzagun  mendiaren  patarra  beberá 

Heiu  burueu  gaineraiuo; 

Leber  ditzagun,  berioaz  (o)  jo  ditzagun. 

Cer  nabi  zuten  gure  meudietaric  Norteco  gbizon  (6)  boriec? 

Certaco  jin  dirá  gure  bakearen  nabastera? 

Jaungoicoac  mendiac  in  (7)  dituenean  nabi  izan  du  bec  gbizonec  ez  pasatcea. 

Bainan  arrokac  biribilcolica  erortcen  dirá,  tropac  lebertcen  dituzte. 

Odola  cburrutan  badoa,  baragbi  puscac  dardaran  daude. 

Ob!  cembat  liezurr  carrascatuac!  cer  odolezco  itsasoa! 

Escapa!  escapa!  indar  eta  zaldi  dituzuenac.  [gorriarekin  ; 

Escapa   badi  ,    Carloniano   erregbe ,   bire   luma   beltzekin    eta   bire   capa 

Hire  iloba  raaitea,  Errolan  zangarra,  bantcbet  bila  dago; 

Bere  zangarrtassua  (8)  beretaco  ez  du  (9)  izan. 

Eta  orai,  Escualdunac,  utz  ditzagun  arroca  boriec; 

Jauts  gbiten  fite,  igor  ditzagun  gure  dardac  (10)  escapatcen  direueu  contra. 

Badoadi!  badoadi !  (11)  non  da  bada  lantzezco  (12)  sasi  bura? 
Non  dirá  beieu  erdian  aglierri  (13)  cireu  cer  nahi  colorezco  bandera  bec? 
Ez  da gbebiago  (I  4)  simiztaric  (lo)  atberatcen  beien  arma  odolez  betbetaric. 
Cembat  dirá?  Haurra,  condatzac  ongbi.  [bamabirur, 

Hogoi,  bemeretzi,  bemezortzi,  hamazazpi,  bamasei,  bamabertz,  bamalaur, 


(I)  Mant.  «milaca^.. 
(■2)    Maní.  «Heien». 

(3)  Mant.  «lilequew. 

(4)  Mant. «  urbilditzaguu  ». 
<5)    Mant.  «lierioz». 

(G)    Mant.  «guizon». 

(7)  Mant.  «eguin». 

(8)  Mant.  «zangartasuna». 

(9)  Mant.  «tu». 

(10)  Mant.  «dad ac». 

(II)  Mant.  «Bailoazi !  Badoazi 

(12)  Mant.  «lantzazco». 

(13)  Mant.  «aírlieri  >a 

(14)  Mant.  <<gheiago».' 

(15)  Mant.  «simiztari   >> 


ALTADISKARCO   CANTUA.  t53 

Hamabi,  hameca,  liamar,  bederatzi,  zortzi,  zazpi,  eei,  bortz,  laur,  hirur 

[biga,  bat. 
Bat!  ez  da  bihiric  agliertcen  gchiago  (1). 

Akhabo  da  (2).  Etcheco  jauna,  joaiten  ahalzira  (3)  zuro  chacurrarekiu 
Zure  emaztearen  eta  zure  haurren  besarkatcera , 

Zure  darden  garbitcera  eta  alchatcera  zuro  tutekin  (i),  eta  ghero  heien 

[gainean  etzatera  eta  lo  itera  (5). 
Gabaz,  arranoac  joanea  dirá  ha[r]aghi  pusca  lebertu  horien  jatera, 
Eta  hezurr  (6)  horiec  oro  churituco  dirá  eternitatean  (7). 

La  piGza  es  hermosísima,  demasiado  bella  para  el  tiempo  íi  que 
se  atribuye.  Drama  de  acción  sublime,  que  prescinde  de  las  galas 
de  la  versificación;  y  hace  casi  olvidar,  en  el  entusiasmo  que  des- 
piertan las  escenas  simétrica  y  gradualmente  encadenadas,  que 
tanto  merece  el  nombre  de  hojarasca  de  neologismos  por  su  leu- 
guaje,  como  de  tallo  romántico  por  sus  ideas  ingerto  en  puro  cla- 
sicismo. Su  remate,  cuyo  brío  tanto  se  encomia,  está  calcado  (8) 
en  la  Eneida  (xii,  34-36): 

«Bis  magna  victi  pugna,  vix  urbe  tuemur 
Spes  ítalas ;  recalent  nostro  Tiberina  fluenta 
Sanguina  adhuc,  campiqíie  ingentes  ossibus  albent.T> 

Sare  (Basses-Pyrénées)  15  de  Julio,  1883. 

Wentworth  Webster, 

correspondiente  extranjero 
de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 


(1)  Mant.  «gheiago». 

(2)  Con  ebtas  dos  palabras  Manterola  da  remate  á  la  línea  precedente. 

(3)  Mant.  «ahal  zira». 

(4)  Aquí  Manterola  da  fin  á  una  línea  y  comienzo  á  otra;  y  de  consiguiente  siete, 
lineas  á  toda  la  estrofa. 

(ü)  Mant.  «giterav. 

(6)  Mant.  «hezur. » 

(7}  El  texto  que  adoptó  Dihinx  en  1873  difiere  muy  poco  ó  casi  nada  del  de  MiclieL 

(8)  Esta  observación,  la  debo  al  P.  Fita. 


154  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA   HISTORIA. 

II. 

ANTIGÜEDADES  PREHISTÓRICAS  DEL  PARTIDO  DE  MOLINA   DE  ARAGÓN. 

Hallándome  por  temporada  los  meses  del  estío  de  este  presente 
año  de  1882  en  la  ciudad  de  Molina  de  Aragón,  provincia  de 
Guadalajara,  fui  noticioso  que  en  el  pueblo  de  El  Pedregal,  uno 
del  partido  judicial  de  la  referida  ciudad  de  Molina,  situado  en 
la  margen  izquierda  de  la  carretera  que  conduce  á  Teruel ,  como 
á  unos  25  cá  30  kilómetros  al  oriente  de  la  cabeza  del  juzgado, 
habían  sido  descubiertos  algunos  objetos  antiguos,  y  que  aún  se 
abrigaban  fundadas  esperanzas  de  que  pudiesen  aparecer  más. 
La  singular  predilección  que  desde  mi  juventud  he  sentido  por 
todo  género  de  antigüedades,  por  lo  que  nos  enseña  respecto  del 
modo  de  ser,  vida  íntima,  usos  y  costumbres  de  nuestros  mayo- 
res, me  hizo  concebir  el  designio  de  pasar  á  aquella  población, 
tan  luego  como  ocupaciones  del  momento  me  lo  permitiesen,  y 
averiguar  personalmente  lo  que  hubiere  de  verdad  en  este  asun- 
to. Por  fortuna  mía,  cuando  más  vivamente  acariciaba  este  para 
mí  lisongero  proyecto,  merecí  una  honrosa  visita  del  Sr.  B.  Ra- 
món Malo,  celoso  cura  propio  de  El  Pedregal,  quien,  al  certifi- 
carme de  la  realidad  del  hallazgo  de  objetos  antiguos  en  el  terri- 
torio y  jurisdicción  de  su  pueblo,  me  hizo  el  obsequio  y  presen- 
tación de  tres  acicates,  al  parecer  moriscos,  de  una  saeta  de 
hierro  y  de  una  especie  de  dedal  de  bronce,  hallados  en  el  sitio 
denominado  El  Hostal  de  Mañas  ,  contiguo  á  una  espaciosa  lla- 
nura, á  la  izquierda  de  la  mencionada  carretera  á  Teruel,  dis- 
tante como  unos  dos  kilómetros,  poco  más  ó  menos,  antes  de 
llegar  á  la  población. 

También  me  insinuó  el  expresado  Sr.  D.  Ramón  Malo  la  noti- 
cia de  que  en  otro  sitio ,  dentro  del  término  del  lugar  llamado 
La  Jaquesa,  situado  á  la  derecha  de  la  expresada  carretera,  con- 
finando con  la  línea  divisoria  de  Aragón,  fué  descubierta  por  un 
lal)rador  en  el  año  pasado  una  lápida  de  figura  irregular,  en  la 


ANTIGÜEDADES    DEL    PARTIDO    DE    MOLINA    DE   AIIAOÚN.  15 j 

cual  se  notaban  clara  y  disliatamentc  esculpidos  ciertos  caracte- 
res, que  por  extraños  no  pudieron  ser  leidos,  razón  por  la  cual 
se  abandonó  en  el  mismo  sitio.  Esta  noticia,  más  fuertementu 
íiguzando  mi  curiosidad,  fué  motivo  de  que  en  27  de  Agosto, 
aunque  no  del  todo  desocupado  de  negocios,  apresurase  mi  de- 
seado viaje  al  mencionado  pueblo  de  El  Pedregal. 

Grandemente  preocupado  con  la  idea  del  liallazgo  de  la  citada 
lápida,  mi  primer  cuidado  cu  llegando  á  la  poblaci<')U  fué  el  po- 
nerme en  relación  con  el  dueño  de  la  heredad  en  que  apareció  la 
piedra,  quien  con  la  mejor  voluntad  desde  luego  se  me  ofreció, 
no  sólo  á  indicarme  el  sitio  donde  debía  hallarse,  sino  que  tam- 
bién á  no  poner  la  más  pequeña  dificultad  ni  el  menor  obstáculo 
á  las  excavaciones  que  fueran  precisas  para  encontrarla ;  y  efec- 
tivamente, con  poco  trabajo  se  ofreció  el  objeto  apetecido. 

Excuso  hacer  la  descripción  de  su  figura  ni  la  de  los  caracte- 
res, puesto  que  el  mismo  original  acompaña  á  este  escrito,  jun- 
tamente con  otro  fragmento  de  piedra  que  conserva  también  in- 
dicios de  inscripción,  hallado  allí  mismo,  todo  sobre  un  sepul- 
cro, que  además  de  los  restos  deshechos  de  ün  cadáver  contenía 
dos  pequeñas  esferas,  una  como  de  vidrio  y  otra  de  metal. 

Otro  resultado  igualmente  notable,  si  bien  en  mi  humilde  jui- 
cio más  sorprendente,  se  ofreció  á  la  vista,  con  ocasión  del  des- 
cubrimiento de  este  sepulcro,  puesto  que  continuando  la  excava- 
ción á  la  profundidad  de  unos  70  centímetros,  poco  más  ó  menos, 
apareció  un  grande  enterramiento ,  cuyas  osamentas ,  por  su  fra- 
gilidad y  poca  consistencia,  en  un  sitio  seco  por  su  elevación 
respecto  del  valle  inmediato,  parecían  acusar  mucha  antigüedad. 
Los  cadáveres,  por  lo  general,  yacían  con  la  cabeza  mirando  al 
Oriente,  los  brazos  extendidos  en  toda  la  longitud  pegados  á  los 
costados,  rodeados  de  unas  pequeñas  losas;  entre  las  cuales  y  los 
huesos  de  los  esqueletos  aparecieron  gran  porción  de  clavos,  que 
parecían  indicar  haber  estado  como  hundidos  en  las  partes  blan- 
das y  carnosas  del  sepultado,  por  cuanto  algunos,  redoblados  por 
ambas  partes  en  figura  de  asa,  fueron  extraídos  de  la  parte  que 
correspondía  ó  pudiera  corresponder  al  vientre,  otros  hacia  las 
orejas  y  cuello;  y  lo  más  singular  y  pasmoso  de  todo  es  que  en 
este  enterramiento  pavoroso  aparecen  en  su  mayor  parte  los  crá- 


156  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMLA.    DE    LA    HISTORLA.. 

neos  penetrados  perpendicularmente  por  un  más  largo  clavo 
que,  vivo  ó  muerto  el  allí  sepultado,  debió  atravesarle  toda  la 
masa  cerebral. 

Sin  duda  que  estos  cadáveres  debieron  ser  sepultados  con  sus 
ropas,  vestiduras  y  adornos  usuales,  puesto  que  sobre  uno  de 
ellos  se  hallaron  las  dos  lindas  hebillas  mayores  que  se  acompa- 
ñan y  un  anillo,  todo  de  metal,  en  buen  estado  de  conservación 
y  algunos  con  dibujos  de  relieve  que  parecen  indicar  gusto  de 
una  sociedad  bastante  adelantada.  Otras  dos  anillas  también  apa- 
recieron en  otra  sepultura,  pero  que  por  su  mayor  delicadeza  no 
pudieron  resistir  la  acción  del  tiempo,  y  se  deshicieron  al  inten- 
tar extraerlas  de  las  falanjes  que  algún  día  adornaron. 

En  otra  sepultura  de  reducidas  proporciones  fueron  halladas 
dos  vasijas  de  arcilla  de  figuras  distintas:  una  de  ancha  base  y 
cuello  prolongado  en  ^toda  su  integridad;  la  otra  se  fracturó  en 
menudos  pedazos  al  extraerla.  Debía  afectar  figura  más  abierta  y 
ancha. 

En  medio  de  este  vasto  cementerio,  del  cual  sólo  una  pequeña 
parte  me  fue  dado  reconocer,  llamó  mi  atención  una  singular  se- 
pultura de  mayores  dimensiones  que  las  demás,  en  la  cual  se 
notaron  mezclados  y  confundidos  osamentas  de  dos  ó  tres  ó  más 
cadáveres  completamente  dislocados  y  en  informe  aglomeración. 
Sus  cráneos,  en  número  de  tres,  se  hallaron  boca  abajo  y  con  su 
correspondiente  clavo  cada  uno,  como  los  descubiertos  anterior- 
mente, pero  separados  de  los  troncos  unos  50  ó  más  centímetros, 
como  si'  esto  quisiera  indicar  si  tal  vez  estos  esqueletos  hubieran 
sido  arrojados  á  una  fosa  común  después  de  trasportados  de  otra 
parte,  así  como  sucede  hoy  en  los  huesarios  de  nuestros  cemen- 
terios y  antes  en  nuestras  iglesias. 

No  pudiendo  disponer  de  más  tiempo,  porque  obligaciones 
imprescindibles  me  llamaban  ;i  otro  lado,  y  en  la  persuasión  de 
que  los  hechos  consignados,  juntos  con  los  efectos  recogidos, 
que  con  la  debida  separación  tengo  la  honra  de  presentar  á  la 
Real  Academia,  pudieran  ser  suficientes  para  que  la  sabiduría  de 
sus  individuos  tal  vez  halle  la  explicación  de  las  raras  costum- 
bres, no  solo  de  los  r.-ntiguos  habitantes  de  este  fértil  valle  sobre 
el  que  descansa  la  descrita  necrópolis,  mas  también  los  de  una 


ANTIGÜEDADES   DEL    PARTIDO    DE   MOLINA   DE   ARAGÓN.  157 

vasta  circunscripción,  suspendí  las  excavaciones.  Retiróme  del 
fúnebre  asilo  de  la  muerte  al  anochecer  de  ardoroso  día,  pensa- 
tivo y  un  tanto  exaltada  la  imaginación  con  la  lúgubre  aparición 
de  tantos  cadáveres,  sin  acertar  á  explicarme  si  fueron  inmolados 
por  bárbara  é  inexorable  ley,  ó  por  la  fiera  venganza  de  algún 
implacable  vencedor,  ó  tal  vez  en  holocausto  voluntario  ó  forzoso 
en  las  pomposas  exequias  de  algún  valeroso  caudillo. 

Paréceme  que  los  mencionados  enterramientos,  llevados  á 
cabo  en  la  forma  rarísima  que  queda  consignada,  no  deben  te- 
nerse como  un  hecho  aislado  y  casual  en  aquella  localidad,  sino 
más  bien  como  una  práctica,  como  prescripción  constante  de  una 
ley,  costumbre  ó  ceremonia  religiosa,  observada  en  una  muy 
■extensa  y  dilatada  comarca  y  vasto  territorio,  habitado  por  gente 
de  un  origen  común,  de  unos  mismos  habitantes  y  de  unos  mis- 
mos hábitos  y  de  unas  mismas  creencias. 

He  calificado  antes  de  raros  estos  enterramientos ,  concretán- 
dome á  los  de  El  Pedregal ,  y  así  es  la  verdad ,  pero  no  pueden 
tenerse  por  únicos. 

Las  escasas  noticias  que  he  podido  descubrir  durante  los  mu- 
chos años  que  vengo  preocupado  con  la  idea,  de  otros  semejantes, 
de  que  después  haré  mención,  me  inducen  á  creer  que  ellos,  con 
las  horripilantes  circunstancias  que  revisten,  han  debido  ser  en 
lo  antiguo  de  uso  general,  si  no  en  toda  la  Península  Ibérica, 
cuando  menos  en  el  territorio  que  actualmente  ocupa  Castilla  la 
Nueva. 

Las  eruditas  Memorias  de  ese  ilustre  Cuerpo,  al  folio  225  del 
tomo  III,  ya  nos  guardan  la  noticia  del  hallazgo  de  10  cadáveres, 
•cuyos  cráneos,  perforados  cada  uno  por  un  gran  clavo,  fueron 
descubiertos  en  el  último  tercio  del  siglo  pasado  eu  la  Mancha 
Alta,  con  otra  porción  de  objetos  antiguos,  por  los  señores  her- 
manos Zamora  al  abrir  los  cimientos  para  ciertos  edificios.  Tam- 
bién el  diligente  historiador  de  Osma,  Sr.  Loperraez ,  nos  refiere 
el  hallazgo  de  otro  sepulcro  que  contenía  un  esqueleto  con  todo 
ol .cráneo  empedrado  de  clavos,  según  su  expresión,  del  tamaño 
de  tachuelas.  Todavía  recuerda  la  ciudad  de  Sigüenza,  no  sin 
cierta  especie  de  terror,  el  descubrimiento  en  el  año  1826  de  un 
cementerio  con  ocasión  de  hacer  una  era  el  padre  del  que  estas 


158  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

líneas  escribe,  los  cuales  esqueletos  en  gran  número  y  cada  uno 
en  sepulcro  separado ,  y  alguno  de  ellos  empezado  en  tierra  y 
continuado  en  piedra  arenisca,  aparecían  no  solamente  con  el 
cráneo  empedrado  de  pequeños  clavos  como  el  referido  por  el 
Sr.  Loperraez,  sino  lo  que  es  más  de  admirar,  penetrados  de 
ellos  y  en  toda  su  longitud  las  tibias,  fémures  y  huesos  de  am- 
bos brazos,  siendo  de  notar  que  el  sitio  del  singular  enterra- 
miento, conocido  con  el  nombre  de  Cuesta  del  Huesario,  lo  fué 
ya  en  el  año  de  1519  con  poca  variación  material  con  el  de  Hon- 
sario.  Por  último,  según  noticias  que  acabo  de  recibir  de  un  sa- 
cerdote de  la  villa  de  Medinaceli,  en  el  término  de  ella  llamado 
Ven-Alcalde  han  sido  descubiertos  muy  recientemente  porción 
considerable  de  sepulturas,  cuyos  cadáveres  todos  han  aparecido 
con  sus  respectivos  cráneos  atravesados  por  sendas  escarpias, 
introducidas,  no  perpendicularmente  como  en  los  cadáveres  de 
El  Pedregal  y  alguno  de  Si^üenza,  sino  en  dirección  horizontal, 
es  decir,  de  la  frente  una  y  las  dos  restantes  desde  los  huesos 
temporales  hacia  el  interior  del  cerebro. 

Razones  son  estas  que,  en  mi  humilde  juicio  ,  persuaden  que 
nuestra  España  ha  pasado  por  una  época  en  la  cual  debió  estar 
bastante  extendida  y  generalizada  la  práctica  que  en  materia  de 
enterramientos  cjueda  manifestada,  sin  que  ni  la  historia  ni  la 
tradición  nos  hayan  dejado  rastro  alguno  ni  la  menor  luz  para 
poder  vislumbrar  el  origen  de  tan  rara  como  repugnante  cos- 
tumbre. 

No  obstante,  en  medio  de  las  no  pequeñas  dificultades  que  pa- 
rece llevar  consigo  el  esclarecimiento  de  los  referidos  hechos,  si 
fuera  cierto  el  dicho  de  nn  venerable  y  muy  calificado  sacerdote 
que  yo  traté  y  ya  dejó  de  existir,  de  haber  visto  algún  antiguo- 
documento  en  el  cual  haciendo  memoria  del  sitio  de  Sigüenza, 
en  que  fueron  descubiertos  los  enterramientos  antes  citados,  se 
le  daba  la  denominación  de  Osario  de  los  Judíos ,  tendríamos  na 
poco  adelantado  en  la  investigación  do  estos  oscuros  misterios;  y 
si  al  propio  tiempo  pudiera  justificarse  el  informe  que  nos  sumi- 
nistró otra  persona  fidedigua  de  que  en  el  reino  de  Aragón  toda- 
vía es  frecuente  entre  el  pueblo  la  imprecación  de  clavado  te  veas 
como  judio,  también  esto  pudiera  excitar  la  sospecha  de  si  entre 


ANTIGÜEDADES  DKL  PARTIDO  DK  MOLINA  DE  ARAGÓN.     150 

aquella  raza  hubiese  existido  en  lo  antiguo  alguna  práctica  pú- 
blica ó  secreta  de  aquella  manera  de  sepultar  ciertos  cadáveres, 
en  la  época  en  que  vivía  entre  nosotros  tolerada  y  se  le  permitía 
gobernarse  por  su  legislación  particular. 

Como  quiera  que  ello  sea,  deseoso  yo  de  contribuir  con  mi 
granito  de  arena  al  levantamiento  de  la  grandiosa  obra  de  la 
reconstrucción  de  nuestra  historia  patria,  confiado  tan  digna- 
mente á  la  sabiduría  de  esta  ilustre  Academia,  me  permito  darla 
cuenta  de  los  descubrimientos  que  quedan  consignados. 

Madrid  4  de  Noviembre  de  188"2. 

Román  Andrés  de  la  Pastora, 

Presbitero, 
Correspondiente  de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 


III. 


EXPEDICIÓN   científica   Y  ARTÍSTICA   A   LA   SIERRA   DE    FRANCIA, 
PROVINCIA  DE  SALAMANCA,  EN  EL  MES  DE  JULIO  AÑO  DE  1857. 


Parte  arqueológica. 

Aprovechando  la  ocasión  de  salir  los  catedráticos  de  Historia 
Natural  y  Física  experimental  de  esta  Universidad,  para  una 
expedición  científica  á  la  Sierra  de  Francia ,  el  que  suscribe ,  ca- 
tedrático de  Jurisprudencia  de  esta  Universidad  y  secretario  de 
la  Comisión  de  monumentos  de  esta  provincia,  tuvo  la  satisfac- 
ción de  unirse  á  sus  comprofesores,  para  hacer  por  su  parte  ob- 
servaciones arqueológicas  en  algunos  de  los  pueblos  que  la  expe- 
dición debía  recorrer. 

Al  efecto  salimos  de  Salamanca  en  la  tarde  del  dia  7  de  Julio 
para  pernoctar  en  Villalba  de  los  Llanos.  El  objeto  de  visitar  este 
pueblo  era  para  averiguar  el  paradero  de  los  restos  mortales  de 


160  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

célebre  D.°  María  de  Monrroy  (a)  la  Brava  Sahnantina,  la  que 
vengó  el  asesinato  de  sus  hijos  cortando  la  cabeza  á  los  jóvenes 
de  la  familia  de  Manzano,  que  los  había  asesinado  y  viniendo 
desde  Portugal  con  ellas  puestas  en  la  punta  de  dos  picas,  á  de- 
positarlas sobre  el  sepulcro  de  sus  hijos  en  la  parroquia  de  Santo 
Tomó  de  los  Caballeros,  que  actualmente  se  está  demoliendo  por 
amenazar  inminente  ruina.  Esta  venganza  dio  ocasión  á  los  san- 
grientos bandos  que  inundaron  de  sangre  las  calles  de  Salaman- 
ca á  mediados  del  siglo  xv,  hasta  que  logró  calmar  á  los  conten- 
dientes el  célebre  San  Juan  de  Sahagun,  llamado  por  este  motivo 
el  Apóstol  de  Salamanca. 

La  tradición  vulgar  aseguraba  que  el  sepulcro  de  dicha  señora 
se  hallaba  también  en  la  misma  parroquia  de  Santo  Tomé,  cerca 
del  de  sus  malogrados  hijos,  y  aun  designaba  como  tal  uno  de 
los  sepulcros  próximos  á  desaparecer.  Con  este  motivo  el  secre- 
tario de  la  Comisión  de  monumentos  que  suscribe  y  los  apode- 
rados de  las  casas  de  Abrantes,  Gor  y  la  Roca,  emparentados  con 
dicha  señora,  procedieron  á  reconocer  el  sepulcro  previa  la  auto- 
rización del  ordinario  y  á  presencia  del  señor  cura  párroco. 
Dudábase  que  pudiera  estar  el  sepulcro  de  D.*  María  la  Brava 
en  la  parroquia  de  Santo  Tomé,  á  pesar  de  lo  que  la  tradición 
aseguraba,  por  constar  en  el  archivo  del  Excmo.  Sr.  Duque  de 
Abrantes,  que  aquella  señora  se  hallaba,  enterrada  en  Yillalba  de 
los  Llanos,  según  había  mandado  en  vida. 

El  sepulcro  estaba  en  un  arco  cerrado  de  la  parroquia  de  Santo 
Tomé:  caido  el  tabique  se  halló  una  hermosa  figura  yacente  de 
mujer  con  un  elegante  traje  del  tiempo  de  D.  Juan  II,  plegado 
con  mucha  gracia  y  hasta  coquetería.  El  tocado  de  la  figura  es 
digno  de  estudio ,  y  la  Comisión  de  monumentos  ha  reclamado 
por  esto  motivo  la  dicha  figura  yacente  para  su  museo. 

El  esqueleto  de  la  señora  enterrada  en  la  urna  de  piedra,  tenía 
aún  adherida  al  cráneo  una  redecilla  igual  á  la  que  tenía  la  figu- 
ra yacente.  Mas  al  momento  se  conoció  que  aquel  esqueleto  no 
podía  ser  el  de  D."  María  la  Brava,  sino  de  persona  mucho  más 
joven.  Así  lo  certificó  en  el  acto  el  Sr.  D.  Andrés  La  Orden,  de- 
cano de  la  facultad  de  medicina  de  la  Universidad ,  que  se  halló 
presente  al  reconocimiento,  asegurando ,  que  la  edad  de  aquella 


EXPEDICIÓN   científica    Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  101 

persona  cuyos  fueron  los  restos  debía  de  ser  de  unos  24  años  al 
tiempo  de  morir. 

La  siguiente  inscripción  hecha  en  la  iglesia  de  Villalba  do  los 
Llanos  pone  ya  fuera  de  toda  duda  que  el  entierro  de  D.^  María 
la  Brava  se  verificó  en  este  pueblo  y  no  en  la  parroquia  de  Santo 
Tomé  de  Salamanca.  En  el  centro  de  la  capilla  mayor  y  al  pié 
de  las  gradas  para  subir  al  pequeño  presbiterio,  hay  una  lápida 
de  unas  cinco  cuartas  de  largo  por  tres  de  ancho  en  cuyo  centro 
se  ven  las  armas  de  los  Enriquez  de  Sevilla,  que  consisten  en  un 
escudo  acuartelado ,  con  dos  castillos  y  dos  ci-uces  negras  y  al- 
rededor esta  leyenda: 

Aquí  yace  D.  Enrique  Enriquez  viznieto  del  ynfante  Don 
Enrique  que  Dios  perdone  y  de  D.'*  María  de  Monroy  la  Brava, 
fundadores  del  mayorazgo  de  Villalba  y  de  esta  santa  capilla. 

La  redacción  de  esta  inscripción  es  muy  defectuosa,  pero  se  ha 
copiado  tal  cual  se  puede  leer.  Debía  decir:  este  es  el  sepulcro 
de,  etc. 

Sin  duda  gastada  la  primera  lápida  del  siglo  xv,  se  repuso  ésta 
en  el  xvii,  de  cuya  época  parecen  las  letras  y  abreviaturas,  las 
-cuales  están  ya  muy  gastadas  y  especialm.ente  por  la  parte  donde 
fistán  las  letras  relativas  á  D.^  María  la  Brava. 

El  palacio  que  allí  había,  y  en  que  habitaría  aquella  señora, 
fué  destruido  por  los  franceses  y  sólo  se  ha  podido  rehabilitar 
una  pequeña  parte  que  nada  ofrece  de  notable. 

Las  armas  de  los  Enriquez  de  Sevilla,  muy  comunes  en  Sala- 
manca, son  escudo  acuartekido  con  dos  castillos  de  oro  aclarados 
de  azul  en  campo  de  gules  (rojo)  y  dos  cruces  de  sable  (negro)  en 
campo  de  oro. 

Tamames. 

De  Villalba  de  los  Llanos  á  Tamames  el  terreno  es  quebrado  y 
ofrece  una  serie  continua  de  montes  y  valles  con  cierta  unifor- 
midad. De  esta  manera  se  hallan  los  pueblos  de  Carrascal  del 
Obispo,  Sanchon  de  la  Sagrada  y  Garrascalejo.  No  así  Tamames, 
villa  grande  é  importante  situada  á  la  cabeza  de  un  hermoso  y 
nncho  valle  por  el  que  se  dilata  la  vista  con  mucho  gusto  cansada 


162  boletín  de  la  real  acade.mla  de  la  historl\. 

de  la  monotonía  y  estrechez  de  los  anteriores  montes  y  vallecitos. 
Su  anchura  es  como  de  media  legua  y  la  vista  alcanza  A  descu- 
brir una  longitud  de  unas  dos  leguas,  hasta  más  allá  de  Tejada, 
pueblo  situado  al  otro  extremo  de  aquel  hermoso  valle,  en  el  que 
se  echa  de  menos  el  arbolado,  cuya  falta  es  casi  general  en  toda 
la  provincia  de  Salamanca. 

Por  lo  demás  la  villa  de  Tamames  poco  ofrece  de  notable  para 
el  artista.  La  iglesia,  que  no  se  pudo  visitar,  parece  en  su  exte- 
rior espaciosa  y  sólida  y  tiene  un  ábside  elíptico ,  sostenido  por 
sólidos  contrafuertes,  como  casi  todos  los  de  las  iglesias  grandes 
de  la  provincia. 

Tamames  es  célebre  en  nuestra  historia  contemporánea  por  la 
batalla  que  allí  perdieron  los  franceses.  Todavía  se  enseña  el 
anchuroso  anfiteatro  donde  tuvo  lugar  aquella  sangrienta  escena, 
en  Octubre  de  1809,  cruzándose  por  cada  parte  más  de  12.000' 
hombres  de  todas  armas. 

A  la  salida  misma  de  Tamames  y  cruzando  el  campo  de  batalla 
se  principia  á  cubrir  la  pendiente  para  trasponer  la  sierra  á  que 
da  nombre  el  mismo  pueblo.  Arranca  ésta  de  la  de  Béjar,  de  E. 
á  O.,  y  tiene  nueve  leguas  de  extensión  á  contar  desde  San  Este- 
ban á  San  Muñoz,  que  está  dos  leguas  al  O.  de  Tamames. 

Traspuesta  aquella  pequeña  sierra  se  cruza  un  hermoso  valle 
en  que  está  el  pueblo  de  Aldeanueva,  por  donde  atraviesa  un 
caudaloso  arroyo,  sobre  el  que  se  ha  construido  en  estos  últimos 
años  un  lindo  puentecillo. 

Monasterio  de  Zarzoso. 

A  la  falda  de  un  monte  poblado  de  espesos  robles  se  halla  el 
convento  de  monjas  del  Zarzoso,  que  en  otro  tiempo  fué  villa  del 
señorío  de  la  Abadesa  y  ahora  es  despoblado.  Ignórase  el  origen 
del  monasterio,  pero  debe  ser  del  siglo  xiv  al  xv,  pues  en  28  de 
Mayo  de  1455  el  mariscal  D.  Gómez  de  Benavides,  hizo  al  mo- 
nasterio de  Nuestra  Señora  de  Portaceli  del  Zarzoso,  una  dona- 
ción muy  pingüe  cuyo  trasumpto  nos  enseñó  el  capellán. 

La  iglesia  es  gótica,  muy  linda  y  digna  de  ser  conservada  con 
todo  esmero:  tiene  26  pies  de  latitud  por  24  de  longitud.  Es  pa- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA   A    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  1  Piíl 

rccida  á  la  de  Santa  Úrsula  do  Salamanca.  El  presbilerio  es  es- 
pacioso y  tiene  cuatro  capillas  adornadas  de  una  preciosa  greca 
muy  bien  conservada.  Estas  capillas  tienen  sus  agujas  y  remates 
de  alcachofa  por  el  estilo  de  las  de  la  Catedral,  Santa  Úrsula  y 
San  Adrián,  por  las  que  se  viene  en  conocimiento  de  la  época  de 
construcción  de  la  iglesia,  á  principio  del  siglo  xvi. 

El  altar  mayor  es  todo  de  mármoles  y  de  gusto  greco-romano 
pero  no  de  los  más  recargados,  y  en  cualquiera  otra  iglesia  esta- 
ría muy  bien.  En  el  centro  so  ve  una  escultura  bastante  regular 
de  Nuestra  Señora  de  la  Asunción. 

El  edificio  es  espacioso  y  lüen  conservado,  sólido  y  simétrico; 
es  muy  á  propósito  para  la  contemplación,  por  su  situación  y 
alejamiento  del  mundo.  Las  once  religiosas  que  allí  hay,  viven 
muy  unidas,  contentas  y  gozan  de  reputación  de  austeridad  y  de 
recogimiento. 

Plácia  el  año  de  1830  sufrieron  un  robo  por  rumores  de  que  los 
frailes  habían  hecho  enterrar  varias  cargas  de  dinero  en  la  bo- 
dega del  convento.  Los  ladrones  no  hallaron  dinero  alguno  des- 
pués de  cavar  en  muchos  parajes,  y  aun  lo  que  llevaron  del  con- 
vento fué  muy  poco. 

La  Alberca. 

Desde  el  Zarzoso  á  la  Alberca  se  cruza  un  valle  frondoso  y  pin- 
toresco, que  quizás  sea  el  mí'is  ameno  que  hay  en  la  árida  pro- 
vincia de  Salamanca.  Contrasta  esta  vegetación  vigorosa  con  la 
enana  y  raquítica  de  los  valles  que  se  cruzan  desde  Salamanca 
hasta  el  pié  de  la  Sierra  de  Francia,  término  oriental  de  la  pro- 
vincia. 

Hállanse  arroyos  de  cristalinas  aguas,  que  bajan  de  las  inme- 
diatas sierras  y  amenizan  el  valle  por  do  quiera.  El  principal  es 
el  Yeltes,  que  pasa  por  bajo  del  Zarzoso  y  al  cual  vierten  otros 
varios  que  cruzan  el  bosque  del  Cavaco. 

Siguiendo  por  la  falda  septentrional  de  la  Peña  de  Francia,  se 
halla  el  pueblo  llamado  el  Cavaco,  de  donde  toma  aquel  su  nom- 
bre. Más  al  poniente  y  <:asi  frente  al  Zarzoso  estaba  el  otro  con- 
vento en  que  habitaban  los  frailes  de  la  Peña  de  Francia,  duraute 


164  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

el  invierno,  y  al  lado  opuesto  el  lugar  llamado  el  Gaserito,  que 
fué  arruinado  por  los  franceses,  y  que  está  al  pié  mismo  del 
cerro  de  la  Peña  de  Francia. 

Éntrase  luego  en  un  terreno  fragoso  para  subir  al  pueblo  de  la 
Alborea.  Antes  de  llegar  á  éste,  se  atraviesa  el  río  Francia  que 
corre  por  un  barranco  hondo  y  escarpado  y  en  el  que  hay  un 
sólido  puente. 

La  posición  de  la  Alberca,  aunque  agreste,  es  sumamente  pin- 
toresca, rodeada  por  todas  partes  de  altos  y  frondosos  nogales, 
manzanos  y  castaños,  que  por  desgracia  están  padeciendo  de 
algunos  años  á  esta  parte  una  enfermedad  desconocida  queUos  va 
destruyendo  lentamente,  privando  de  amenidad  al  paisaje  y  de 
su  principal  riqueza  al  pueblo,  que  á  principios  de  este  siglo  era 
sumamente  rico. 

Tenía  entonces  este  pueblo  sujetos  muy  ilustres  que  honrá- 
banle en  la  catedral  y  Universidad  de  Salamanca.  En  lo  espiri- 
tual pertenece  la  Alberca  al  obispado  de  Coria.  Es  probable  que 
en  la  nueva  demarcación  eclesiástica  desaparezca  esta  deformidad 
y  se  agregue  la  Alberca  al  obispado  de  Salamanca,  al  que  por  su 
topografía  corresponde,  estando  á  la  parte  septentrional  de  la 
Sierra  de  Francia,  que  es  el  limite  natural  de  los  dos  obispados 
de  Coria  y  Salamanca,  como  también  de  las  provincias  de  Casti- 
lla la  Vieja  y  Extremadura. 

El  pueblo  está  situado  al  pié  de  dos  altos  cerros  que  lo  circun- 
dan por  Oriente  y  Mediodía.  El  primero  es  el  puerto  por  donde 
se  pasa  á  las  Batuecas  y  Extremadura.  El  otro  se  reconoce  por 
una  gran  mole  redonda  de  granito  que  se  distingue  desde  Sala- 
manca. La  iglesia  y  los  principales  edificios  son  de  aquella  pie- 
dra. Algunas  casas  están  construidas  sobre  grandes  masas  de 
granito,  lo  cual  le  da  cierto  aire  de  construcciones  ciclópeas. 

Iglesia  de  la  Alberca. 

La  iglesia  es  sencilla  y  espaciosa,  toda  de  piedra,  de  tres  naves 
y  el  conjunto  que  ofrece  es  agradable. 

Hay  en  ella  muciías  cosas  notables,  tal  como  el  Santísimo  Cristo 
del  Sudor,  el  cual  se  dice  que  sudó  sangre  el  1."  de  Setiembre  de 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA   SIERRA    DE    FRANCIA.  105 

1655,  entre  tres  y  cinco  de  la  tarde  y  al  día  signiente  por  la  ma- 
ñana, de  lo  cual  hay  testimonio  auténtico  en  la  catedral  de  Coria, 
donde  se  conservan  unos  corporales  teñidos  en  sangre. 

La  capilla  de  los  Dolores  es  bastante  espaciosa  y  linda,  y  fué 
construida  á  expensas  del  presbítero  D.  Antonio  González  Pavón, 
sujeto  muy  caritativo  y  que  á  pesar  de  haber  estado  en  Indias, 
de  donde  vino  muy  rico ,  dio  todo  á  la  iglesia  y  á  los  pobres;  en 
términos  que  cuando  murió  no  tenía  ni  aun  cama,  pues  quiso 
como  Santo  Tomás  de  Yillanueva,  dar  en  vida  hasta  el  último 
maravedí  y  la  cama  en  que  murió.  Hay  todavía  sujetos  en  la  Al- 
herca  que  alcanzaron  á  conocerle. 

Las  alhajas  que  ha  podido  conservar  la  iglesia  son  bastante 
curiosas,  á  pesar  de  que  les  quitaron  45  libras  de  plata:  hay  un 
cáliz  gótico  del  siglo  xvi  muy  lindo  y  también  lo  es  el  pié  de  la 
cruz  parroquial. 

El  pendón  de  las  mujeres. 

De  resultas  de  las  guerras  de  Portugal  en  1475,  atacaron  á  l;i 
Alberca  de  rebato  500  portugueses.  Las  mujeres  de  la  Alberca 
tomaron  parte  en  aquel  rebato  con  tanto  denuedo ,  que  saliendo 
contra  los  invasores  les  quitaron  el  pendón  que  llevaban ,  y  que 
en  memoria  de  aquel  hecho  se  guarda  todavía  en  la  sacristía  de 
la  iglesia. 

Es  de  antiguo  damasco  carmesí  de  44  pulgadas  de  ancho  y 
58  de  largo.  El  asta  tiene  143  pulgadas  de  largo  hasta  el  boi'- 
lón,  y  desde  éste  al  remate  de  la  pica  17  X;  el  hierro  tiene  ñ}{ 
pulgadas  de  alto  por  2)4  de  ancho  en  su  base. 

Este  pendón  (1)  se  saca  procesionalmente  el  día  segundo  de 
Pascua  de  Resurrección  hasta  las  eras  en  donde  la  justicia  hace 
algún  corto  agasajo  á  los  concurrentes. 


(1)  La  historia  de  la  Alberca  dice  que  las  tropas  que  perdieron  esta  banrlera' perte- 
necían al  Prior  de  Ocrato,  y  que  andaban  saqueando  por  las  inmediaciones  de  Ciudad 
Rodrigo.  La  cruz  blanca  del  pendón  y  la  peque-ia  dentro  de  la  media  luna  pajiza  eran 
de  la  orden  de  San  Juan  ó  por  lo  menos  parecidas  á  ellas,  aunque  no  del  todo.  No  es 
fácil  avenir  entre  sí  estas  noticias  que  corresponden  á  la  época  de  Felipe  II,  con  la 
fecha  que  es  la  de  las  guerras  con  motivo  de  la  sucesión  de  la  Beltraneja. 


166  boletín  de  la  real  academla  de  la  histopja. 

Armas  y  medidas. 

También  se  guardan  en  el  archivo  de  la  Alberca  las  antiguas 
medidas  para  áridos,  y  unos  chuzos  ó  venablos,  que  dicen  se  cus- 
todiaban allí  para  armarse  los  vecinos  cuando  necesitaban  salir 
á  caza  de  fieras.  Hé  aquí  las  dimensiones  de  unos  y  otros. 

La  saeta  es  do  forma  piramidal  y  construida  de  acero  templa- 
do. Lleva  dos  aletas  de  chapa  de  hierro  templado.  El  asta  está 
pintada  de  un  color  oscuro. 

Las  medidas  son  tres  y  servían  de  tipo  para  aforar  las  que  se 
construían  en  el  pueblo  para  medir  áridos.  La  mayor  tiene  una 
capacidad  de  2,66  litros,  siendo,  por  tanto,  superior  al  medio  ce- 
lemín de  Castilla. 

La  segunda  tiene  una  capacidad  de  2,14  litros,  siendo,  por 
tanto,  menor  que  el  medio  celemín  de  Castilla. 

La  tercera  tiene  de  calñda  1,15  litros,  exactamente  igual  á  la 
del  cuartillo  de  Castilla.  Las  tres  medidas  son  de  madera. 

El  gabán  de  D.  Juan  II. 

Habiendo  venido  D.  Juan  II  á  la  Alberca  el  año  de  1455,  com- 
padecido de  la  pobreza  de  la  iglesia  y  del  mal  estado  de  las  ropas, 
dejó  su  propio  gabán,  para  que  se  hiciera  alguna  vestidura  sa- 
grada. Hízose  con  61  una  casulla  y  antes  solamente  se  decía  misa 
con  ella  en  la  Noche  Buena  para  la  llamada  del  Gallo. 

La  casulla  es  de  raso  carmesí  bordado  de  oro  con  grandes  cua- 
dros y  está  aún  bastante  bien  conservada  en  la  sacristía  de  la 
iglesia. 

Archivo  de  la  Alberca. 

En  el  presbiterio  mismo  de  la  iglesia  al  lado  de  la  epístola  está 
el  archivo  de  la  villa,  que  se  abre  con  muchas  formalidades,  des- 
pués de  reunir  las  tres  llaves. 

Consérvansc  en  él  varios  privilegios  y  pergaminos  antiguos. 
Por  ellos  se  viene  en  conocimiento  de  que  este  pueblo  era  del 
señorío  de  la  casa  de  Alba  dependiente  de  la  jurisdicción  de  la 


EXPEDICIÓN    científica   Á    LA    SIERDA    DE   FRANCIA.  107 

villa  de  Granada;  que  ahora  habiendo  venido  á  menos  se  llama 
Granadilla  y  está  al  otro  lado  de  la  sierra  de  Extremadura. 

Los  privilegios  más  notables  son  los  siguientes: 

Uno  original  del  rey  D.  Pedro  el  Cruel,  dado  en  la  Era  130.'] 
(año  1355),  estando  en  el  Real  sobre  Toro,  confirmando  dos  cé- 
dulas del  infante  D.  Juan ,  señor  de  la  villa  de  Granada,  dadas 
la  una  en  el  Zarzoso  á  25  de  Marzo  de  la  Era  1390,  y  la  otra  en 
Montemayor  en  29  de  Marzo  de  la  Era  1391. 

En  la  primera  se  concede  á  este  lugar  de  la  AlJjerca  por  el  co- 
lodrazgo,  vueltas  de  las  armas  y  demás  rentas  y  pechos,  que  no 
se  apremie  á  ninguno  de  la  Alberca  por  vecino  de  Granada  sin 
ser  oído  en  juicio;  que  si  alguno  de  este  lugar  quisiere  hacer  tre- 
guas en  él,  se  lo  reciban  los  jurados  ante  su  notario,  y  sino  qui- 
siere hacerlas,  los  jurados  le  prendan  hasta  que  las  hagan,  y  no 
le  suelten,  ni  lleven  tampoco  preso  á  Granada.  Si  algún  vecino 
de  Granada  demandase  á  otro  de  la  Alberca  hasta  70  maravedís, 
si  este  no  quisiese  responder  en  la  villa,  pueda  litigar  ante  los 
jurados  de  la  Alberca.  Que  los  alcaldes  de  Granada,  cuando  ven- 
gan á  este  lugar,  coman  por  cuenta  de  ellos,  y  los  fieles  de  esta 
villa  prendan  y  quiten  las  medidas  que  no  estuvieren  selladas 
por  su  concejo. 

En  la  segunda  manda  que  en  los  repartimientos  que  se  hicie- 
ren en  Granada  asistan  dos  personas  de  este  lugar  y  que  la  co- 
branza la  hagan  los  regidores  de  la  Alberca. 

Por  estas  cédulas  se  ve  que  la  jurisdicción  de  Granada  era  bas- 
tante pesada  y  por  tanto  los  de  la  Alberca  habiendo  adquirido 
alguna  importancia  y  aprovechando  la  buena  proporción  de  las 
guerras  civiles,  que  suele  ser  la  mejor  coyuntura  para  obtener 
gracias,  trataron  de  irse  eximiendo  poco  á  poco  de  aquella  gra- 
vosa sujeción. 

Otra  de  D.  Fernando  de  Aragón  estando  en  gu  Real  sobre  Ba- 
laguer  á  9  de  Setiembre  de  1413,  mandando  que  sus  60  monteros 
de  los  pueblos  de  Salvatierra,  Granada,  Galisteo,  Montemayor  y 
Miranda  del  Castañar,  fuesen  libres  de  pechos  en  Granada  y  en 
su  tierra.  Todos  estos  pueblos  eran  las  villas  más  importantes 
que  entonces  había  en  la  Sierra  de  Francia  y  sus  inmediaciones. 

Algunos  de  estos  privilegios  ya  están  publicados  en  una  cu- 


168  BOLETÍN   DE   LA   REAL  ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

riosa  obrita  titulada  Verdadera  relación  y  manifestó  apologética 
de  la  antigiiedad  de  las  Batuecas  u  su  descubrimiento,  por  el  ba- 
chiller D.  Tomás  González  de  Manuel,  presbítero  del  lugar  de  la 
Alberca,  dedicado  al  duque  de  Alba  en  1693. 

En  el  archivo  se  guarda  un  ejemplar  de  la  obra,  y  también  lo 
hay  en  la  biblioteca  de  la  Universidad  de  Salamanca.  Hay  ade- 
más otra  edición  más  moderna  y  correcta  en  un  tomo  en  8."  que 
nos  enseñaron  en  la  Alberca;  mas  por  desgracia  estaba  muy  de- 
teriorado y  le  faltaba  la  portada. 


Las  Batuecas. 

Para  ir  á  las  Batuecas  desde  la  Alberca,  á  cuyo  término  perte- 
necen, se  necesita  subir  una  alta  y  enriscada  sierra,  que  cierra 
el  horizonte  de  la  provincia  de  Salamanca  por  aquella  parte;  y  es 
también  el  lindero  natural  de  las  provincias  de  Castilla  y  Extre- 
madura. Al  llegar  al  encumbrado  sitio  llamado  el  Portillo ,  se 
descubre  un  paisaje  montuoso  y  agreste  de  escasa  vegetación. 
Una  multitud  de  montañas  agrupadas  unas  en  pos  de  otras  y 
asomando  sus  peladas  cimas,  en  todo  lo  que  se  alcanza  á  ver,  y 
en  la  parte  inferior  un  estrecho  valle  que  muy  poco  promete. 

Hasta  haber  llegado  á  la  mitad  de  la  montaña  no  se  descubre 
el  empizarrado  techo  de  la  iglesia:  allí  el  espectáculo  cambia  de 
repente,  presentándose  en  el  fondo  del  valle  que  se  domina  á 
vista  de  pájaro,  una  vegetación  lozana  y  vigorosa,  pero  á  la  par 
sombría  y  agreste.  Mas  para  llegar  hasta  allí  hay  que  dar  23 
vueltas  y  revueltas  por  el  costado  de  la  montaña,  no  sin  peligro 
por  algunos  parajes. 

Veamos  rápidamente  lo  que  fueron  las  Batuecas,  lo  que  eran 
y  lo  que  son. 

A  fines  del  siglo  svi  era  el  desierto  do  las  Batuecas  una  dehesa, 
cruzada  por  dos  arroyos  y  poblada  de  jarales,  encinas,  enebros  y 
otros  árboles  silvestres.  Los  vecinos  de  la  Alberca  llevaban  allí 
sus  ganados  en  invierno;  pues  en  el  fondo  del  valle  rara  vez  llega 
á  cuajar  la  nieve  á  pesar  de  la  mucha  que  suele  haber  en  los 
montes  inmediatos.  Puede  formarse  idea  de  lo  que  eran  las  Ba- 
tuecas antes  del  siglo  svii,  por  lo  que  es  ahora  aquel  sitio  fuera 


EXPEDICIÓN   científica   Á    LA    SIERR.V  DE    FRANCIA.  1 G9 

(le  la  cerca  del  convento.  La  dehesa  tenía  una  legua  escasa  do 
longitud  y  un  cuarto  de  legua  en  su  mayor  anchura,  si  hien  por 
algunos  parajes,  juntándose  demasiado  los  cerros  que  forman  el 
valle,  dejan  apenas  un  estrecho  tránsito  á  las  aguas:  tal  sucede 
por  detrás  del  monasterio,  en  donde  los  cerros  están  tan  juntos, 
que  parecen  terminar  allí  completamente  el  valle. 

Los  padres  Carmelitas  descalzos  se  hallaban  por  aquel  tiempo 
á  los  principios  de  su  reforma.  Prendados  de  lo  solitario  y  agres- 
te de  aquel  sitio,  retirado  de  todo  comercio  humano,  y  á  propó- 
sito para  la  contemplación ,  se  decidieron  á  fundar  allí  un  mo- 
nasterio de  los  que  solían  tener  para  su  retiro,  como  era  en  Cas- 
tilla la  Nueva  el  desierto  de  Balargue  á  las  inmediaciones  de 
Pastrana.  En  ellos  procuraban  los  religiosos  del  Carmen  vivir, 
no  como  cenobitas,  sino  como  anacoretas,  en  continua  contem- 
plación y  silencio,  sin  trato  alguno  exterior,  ni  aun  de  predica- 
ción y  confesonario,  como  tenían  en  los  conventos. 

Negábanse  los  vecinos  de  la  Alberca  á  vender  la  dehesa,  que 
les  era  muy  útil  en  invierno,  pero  atentos  á  la  indicación  del 
duque  de  Alba,  señor  del  pueblo  y  cuya  casa  siempre  fué  muy 
afecta  á  Santa  Teresa,  hubieron  de  vender  una  parte  de  ella. 

Los  tasadores  del  pueblo  fueron  á  designar  el  sitio  por  orden 
del  Concejo.  Habíase  instalado  allí  un  religioso  en  una  ermita 
donde  dijo  misa.  Tasaron  en  800  ducados  el  sitio  acotado,  precio 
muy  inferior  al  de  su  valor  real,  y  eso  que  alguno  de  los  tasado- 
res tenía  que  desalojar  de  allí  su  ganado.  Reconvenidos  por  ello, 
no  supieron  decir  sino  que  después  de  oir  misa  no  se  habían 
sentido  con  fuerzas  para  pedir  más. 

Por  aquel  mismo  tiempo  la  fábula  vino  á  dar  más  interés  al 
sitio  de  las  Batuecas.  Suponíase  que  este  valle  se  acababa  de  des- 
cubrir; ni  más  ni  menos  que  Colón  había  descubierto  el  Nuevo 
Mundo;  que  el  valle  estaba  todavía  poblado  de  Alarbes,  sin  ves- 
tigio alguno  de  religión  cristiana,  más  que  algunas  cruces  toscas 
y  contrahechas.  Principióse  á  hablar  de  las  Batuecas  como  de  un 
país  imaginario  y  desconocido ,  y  se  hizo  proverbio  en  España 
para' llamar  á  un  hombre  distraído,  el  decir,  está  ¡censando  en 
Babia  ó  está  pensando  en  las  Batuecas.  Las  Batuecas,  pues,  que- 
daban igualadas  con  los  países  do  Babia  y  Jauja.  Esta  patraña 

TOMO  IJI.  12 


170  BOLETÍN   DE   LA   REAL   AGADEMLA.   DE    LA    HISTORLA., 

pasó  tan  adelante,  que  el  maestro  Alonso  Sánchez  en  un  libro 
latino  impreso  en  AlcaLá  en  1632  y  titulado  de  rehiis  Hispanice 
\\ih.  1,  cap.  5."  de  Batuecis  al  folio  368),  incurrió  en  la  torpeza  de 
apadrinar  esta  fábula,  dándole  cierto  colorido  romántico.  Un 
paje  del  duque  de  Alba  se  fugó  (según  se  refiere)  del  castillo  de 
Alba  de  Tormes  con  una  joven  doncella,  de  quien  andaba  ena- 
morado. Temiendo  la  ira  del  duque,  y  que  sus  escuderos  fueran 
á  su  alcance,  anduvieron  ocultos  por  los  montes  hasta  que  al 
cabo  de  dos  tres  días  llegaron  á  un  valle  sumamente  agreste  é 
inaccesible,  donde  se  hubieran  fijado  sin  temor  alguno.  Mas  por 
desgracia  encontraron  allí  unos  hombres  bravios  y  feroces,  que 
andaban  sin  aliño  alguno,  hablaban  un  idioma  desconocido  y 
parecían  indios  bravos.  Asustados  con  aquel  descubrimiento, 
habían  avisado  á  los  pueblos  inmediatos,  (|ue  por  lo  visto  nada 
sabían,  y  reuniéndose  alguna  gente  de  ellos  y  los  escuderos  del 
duque  de  Alba,  penetraron  en  aquellas  sierras  y  exterminaron 
aquellos  idólatras. 

Mas  no  debieron  exterminarlos  por  completo ,  pues  el  P.  Nie- 
remberg  refería  que  dos  colegiales  de  Alcalá  que  se  habían  atre- 
vido á  penetrar  hasta  allá  (largo  viaje  era,  si  lo  echaron  desde 
Alcalá),  habían  tenido  que  huir  á  uña  de  caballo  de  los  Alarbes 
que  poblaban  aquellos  valles.  A  la  verdad,  el  terreno  es  á  propó- 
sito pard,  correr  caballos! 

Sobre  estos  fundamentos  vinieron  los  autores  dramáticos  á 
propagar  más  aquella  vulgaridad.  El  Dr.  Juan  Pérez  de  Montal- 
fcán  compuso  una  comedia  titulada  Nuevo  mundo  en  España: 
también  Lope  de  Vega  manoseó  este  asunto,  y  últimamente  don 
Juan  Eugenio  Hartzenbusch  tuvo  la  ocurrencia  de  escribir  una 
comedia  de  magia  titulada  Las  Batueeas,  hará  como  cosa  de  unos 
15  años. 

El  P.  Feijóo  escribió  también  sobre  la  fábula  do  las  Batuecas, 
combatiéndola  como  una  preocupación  ridicula,  (jue  aún  duraba 
en  su  tiempo.  Antes  lo  haJjía  hecho  ya  el  citado  bachiller  don 
Tomás  González  de  Manuel,  cuya  apología  de  las  Batuecas  tiene 
por  objeto  desmentir  aquellos  dislates,  que  tuvieron  su  origen  á 
principios  del  siglb  xvii,  época  en  que  inundó  á  España  un  dilu- 
vio de  mentiras ,  ridiculas  patrañas ,  falsos  cronicones ,  plomos 


EXPEDICIÓN   CIENTÍFICA    A    L.\    SIERUA    DE    FRANCIA.  171 

apostólicos,  reliquias  apócrifas,  revoluciones  fingidas,  milagros 
tontos;  santas  que  parecían  caballeros  andantes,  que  hacían  más 
milagros  que  las  santas.  Pero  la  mentira  siempre  es  hija  de  algo. 
Es  indudable  que  la  sencillez  de  los  pobres  jurdanos,  su  atraso, 
incultura,  rusticidad,  la  miseria  con  que  aún  en  el  día  viven  y  su 
escaso  trato  de  gentes,  timidez  y  encogimiento,  dieron  lugar  á 
que  se  les  considerase  como  una  especie  de  salvajes.  No  sería 
extraño  que  si  alguno  oyó  caliíicar  en  tono  de  broma  á  los  veci- 
nos de  las  Jurdes  llamándoles  indios  bravos,  tomase  la  burla  por 
realidad  en  un  siglo  de  tanto  embuste  y  tan  poco  criterio.  Lo  ex- 
traño es  que  fuera  á  nacer  precisamente  cuando  en  las  Batuecas 
se  acababa  de  establecer  un  instituto  de  tanta  nombradía  en  Es- 
paña como  el  de  religiosos  carmelitas  descalzos,  y  cuando  algu- 
nos de  los  sabios  que  aquel  instituto  tuvo  siempre,  solían  pasar 
allá  desde  Salamanca  á  retirarse  por  algún  tiempo  para  la  con- 
templación y  ejercicios  espirituales. 

Veamos,  pues,  lo  que  era  aquel  desierto  antes  de  la  exclaustra- 
ción de  sus  ascéticos  pobladores. 

Desierto  de  las  Batuecas. 

En  el  convento  de  las  Batuecas  se  daba  franca  hospitalidad 
durante  el  día  á  los  que  llamaban  á  la  puerta  del  convento.  Cer- 
rado éste  por  una  alta  cerca,  solamente  se  entraba  por  el  lado  que 
mira  al  Norie.  Un  hermoso  y  cristalino  arroyo  que  sale  por 
junto  á  la  puerta  del  monasterio  y  el  puente  que  se  atraviesa 
para  entrar  en  él,  dan  cierto  airo  de  fortaleza  á  este  recinto  reli- 
gioso adonde  llega  anhelante  el  viajero,  que  por  espacio  de  me- 
dia hora  ha  estado  girando  por  los  costados  de  la  montaña  pedre- 
gosa, sin  ver  más  que  el  agudo  techo  de  la  iglesia  y  su  blanco 
campanario  descollando  entre  los  cedros,  cipreses  y  otros  árboles 
frondosos. 

Un  ancho  zaguán,  ó  portal,  permitía  esperar  al  viajero  al  abrigo 
de  la  intemperie,  ínterin  que  llegaba  el  lego  avisado  por  la  cam- 
pana. Hasta  en  esto  creía  el  viajero  hallarse  trasportado  á  los 
•antiguos  tiempos  al  llegar  á  una  fortaleza. 

Abierta  la  puerta  por  el  silencioso  lego  ó  interrogados  los  via- 


172      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

jeros  acerca  de  su  venida  al  desierto,  eran  conducidos  á  la  hos- 
pedería. Si  querían  confesarse,  ó  hacer  ejercicios,  se  les  desig- 
naba director  espiritual. 

Los  religiosos  de  las  Batuecas  guardaban  siempre  silencio^ 
como  los  cartujos:  al  encontrarse  proferían  el  fatídico  Morir  /e- 
nemos.  Una  ó  dos  veces  en  semana  hablaban  por  poco  tiempo  y 
eii  comunidad. 

Durante  el  adviento  y  cuaresma  se  retiraban  á  las  ermitas,  y 
aun  algunas  veces  entre  el  año. 

De  trecho  en  trecho  sobre  los  riscos,  en  las  quebradas  del  valle 
y  aun  alrededor  de  la  cerca  se  ven  diseminadas  ermitas.  Cada 
una  de  ellas  tiene  su  cuartito  desahogado  para  dormitorio,  un 
pequeño  oratorio  para  decir  misa,  un  corredorcito  y  aun  una 
pequeña  cueva  para  tener  agua  y  provisiones.  Uno  ó  más  cipre- 
ses  marcan  desde  luego  el  sitio  de  la  ermita,  cual  si  aquel  árbol 
funerario  quisiera  indicar  que  allí  había  una  sepultura  para 
vivir. 

Entre  todas  las  ermitas  la  principal  y  más  contigua  al  convento 
es  la  de  Santa  Teresa,  situada  al  par  de  los  más  altos  y  hermosos 
cedros  de  aquel  valle,  pasado  un  puentecillo  y  en  un  paraje  su- 
mamente fresco  y  ameno  en  verano.  Allí  solía  situarse  el  prior 
cuando  la  comunidad  se  retiraba  á  las  demás  ermitas.  Cada  una 
de  estas  solía  estar  bajo  el  patronato  de  alguna  casa  ilustre  que 
la  costeaba,  y  la  de  Santa  Teresa  lo  era  de  la  casa  de  Abrantcs. 
Esta  ermita  aún  se  halla  bastante  bien  conservada.  Las  demás 
están  en  su  mayor  parte  ruinosas  ó  arruinadas.  Cada  una  de 
ellas  tenía  su  campana.  El  tocarla  á  deshora  indicaba  que  el  er- 
mitaño se  hallaba  enfermo  ó  aquejado  de  alguna  grave  necesidad, 
en  cuyo  caso  pasaba  un  lego  á  visitarlo.  Para  decir  misa  ayudá- 
banse mutuamente  los  de  las  más  inmediatas.  Al  dar  el  reloj  las 
doce  de  la  noche  el  prior  tocaba  la  campana,  y  lo  mismo  para 
todas  las  demás  horas  del  oficio  divino,  y  los  ermitaños  iban  res- 
pondiendo con  las  suyas  cada  uno  por  su  orden.  El  no  responder 
con  su  campanil  indicaba  que  el  ermitaño  estaba  enfermo. 

Mas  no  eran  solamente  los  religiosos  los  que  en  el  desierto  de 
las  Batuecas  se  albergaban.  Nuestras  discordias  políticas  habían  ■ 
llegado  á  profanar  aquel  recinto,  como  profanaban  todo  en  Es- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  173 

paña.  Priacipióse  por  enviar  allí  algunos  clérigos  díscolos  y  liber- 
tinos, para  que  en  el  retiro  y  la  oración,  y  á  vista  de  la  austeri- 
dad de  aquellos  piadosos  cenobitas,  reformasen  su  conduela.  Des- 
pués se  envió  allá  por  vía  de  reclusión  á  varios  clérigos  compli- 
cados en  causas  políticas  ,  y  últimamente  hasta  seglares.  A  pesar 
de  que  los  carmelitas  descalzos  vivían  en  todas  parles,  y  con  po- 
cas excepciones^  alejados  de  la  política,  la  disciplina  que  con  ellos 
se  observaba  en  las  Batuecas  con  los  reclusos  era  bastante  rígida, 
como  no  podía  menos  de  acontecer.  Mas  como  las  prácticas  de 
penitencia  y  devoción  son  muy  oportunas  cuando  voluntaria- 
mente se  ejecutan,  y  rara  vez  se  ejecutan  bien  cuando  se  hacen  á 
la  fuerza,  creo  que  las  reclusiones  forzadas  en  las  Batuecas  habían 
producido  más  hipócritas  que  santos. 

Con  todo,  no  pocos  solían  ir  allí,  pero  en  verano,  para  dedicarse 
algún  tiempo  á  la  contemplación  y  al  retiro. 

La  amenidad  y  soledad  del  sitio  convidaban  á  ello.  Efectiva- 
mente, un  hombre  envuelto  en  negocios  y  agitado  de  continuo 
por  el  trabajo  del  mundo,  difícilmente  ve  una  de  aquellas  solita- 
rias ermitas  sin  dejar  de  sentir  vivos  deseos  de  pasar  una  semana 
en  una  de  ellas  para  reconcentrarse  dentro  de  sí  mismo  por  algún 
tiempo. 

Mas  es  de  notar  que  nadie  visita  generalmente  las  Batuecas 
sino  en  verano.  Pero  cuando  la  nieve  cubre  por  todas  partes  las 
contiguas  sierras j,  y  los  árboles  se  hallan  deshojados,  y  el  cierzo 
sopla  por  entre  las  anchurosas  grietas  de  las  desguarnecidas  ven- 
tanas ,  y  la  naturaleza  aparece  por  do  quiera  como  muerta ,  y  el 
jabalí  hambriento  corre  por  dentro  de  la  cerca ,  creo  que  ha  de 
haber  muy  pocos  contemplativos  que  deseen  trepar  hasta  una 
ermita  y  remedar  la  vida  de  aquellos  anacoretas ,  aun  sin  contar 
sus  rezos,  vigilias,  ayunos  y  privaciones. 

El  convento  de  las  Batuecas. 

Aquel  cúmulo  de  edificios  toscos  y  sombríos  ofrece  mucho  para 
el  hombre  religioso,  no  poco  para  el  filósofo  y  pensador,  pero 
absolutamente  nada  para  el  artista.  Consiste  todo  ello  en  un 
gran  paralelógrarao  en  cuyo  centro  está  la  iglesia.  Circunda  por 


174      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

la  parte  interior  aquel  vasto  patio  un  largo  pórtico  sobre  toscos 
postes  construido,  que  sirve  para  comunicarse  por  todo  el  edi- 
ficio y  con  la  iglesia,  á  cubierto  del  agua  y  do  la  nieve,  y  para 
dar  paso  á.  todas  las  celdas  y  oficinas  del  convento.  Nada  de  ele- 
gancia y  de  hermosura  en  el  todo,  ni  en  las  partes  del  edificio; 
cruces  de  corcho  por  do  quiera  constituyen  su  único  ornato.  Allí 
es  todo  aún  más  que  sencillo ;  pobre ,  cual  correspondía  al  insti- 
tuto, al  sitio  y  al  objeto. 

El  único  sitio  que  tiene  algún  ornato  es  el  refectorio,  y  aquel 
consiste  en  los  monogramas  de  Jesús  y  María,  y  algunos  otros 
objetos  religiosos  hechos  con  tiras  de  corcho  sobrepuestas  en  el 
techo  de  madera. 

Las  celdas,  iguales  todas,  sombrías  y  estrechas,  no  ofrecen  co- 
modidad alguna,  sino  un  pequeño  huertecito  con  su  ¿irroyo,  pues 
el  agua  corre  allí  libre  y  abundantemente  por  todas  partes. 

Los  adornos  de  la  naturaleza  suplen  allí  por  los  del  arte  :  pre- 
ciosos cuadros  de  boj  recortado  adornan  los  contornos  de  la  igle- 
sia ,  delante  de  cuya  sencilla  fachada  corría  una  fuente  copiosa 
con  varios  juegos  de  agua. 

En  la  misma  galería  que  circunda  la  iglesia  llaman  la  atención 
cuatro  capillas,  correspondientes  cada  una  aun  ángulo  de  la  igle- 
sia» Las  cuatro  son  exactamente  iguales  y  simétricas;  las  piedras 
sin  pulir  y  adornadas  de  conchas  y  mariscos  por  el  estilo  grotes- 
co. En  efecto,  cada  una  de  las  capillas  representa  una  gruta  en 
que  se  ve  un  santo  anacoreta ,  y  á  cada  lado  otros  dos  que  con  él 
tienen  analogía,  situados  en  otras  dos  grutas  más  pequeñas. 

Las  cuatro  capillas  ó  grutas  estaban  dedicadas  á  San  Pablo, 
primer  ermitaño,  San  Elias,  San  Juan  Bautista  y  San  Jerónimo. 
Al  lado  de  cada  gruta  unos  sencillos  azulejos  contienen  dos  quin- 
tillas á  cada  santo  en  versos  conceptuosos  y  altamente  gongo- 
rinos. 

Fié  aquí  una  muestra  tomada  de  la  gruta  de  San  Elias  : 

Del  duro  suelo  hace  cama 
Elias,  por  divertir 
lazos  que  Jezabel  trama; ' 
quo  pues  cobró  buena  fama, 
bien  puede  echarse  á  dormir. 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á   LA   SIERRA    DE    FRANCIA.  175 

No  se  copiaron  más,  pues  todas  las  veinticuatro  quintillas  son 
por  el  estilo. 

La  iglesia  de  las  Batuecas. 

El  desierto  de  las  Batuecas  podía  mirarse  como  una  continua 
iglesia,  pero  el  centro  de  aquel  desierto  era  la  iglesia  del  con- 
vento. Una  cerca  rodea  las  ermitas,  las  ermitas  al  convento, 
el  convento  á  la  galería,  la  galería  al  jardín,  el  jardín  ;í  la 
iglesia. 

Esta  es  sencilla,  pero  espaciosa,  en  figura  de  cruz  latina.  No 
tiene  coro;  pues  como  sólo  era  para  el  uso  de  los  cenobitas,  ser- 
víales de  coro  toda  la  iglesia.  Las  efigies  que  decoraban  los  tres 
altares  son  bastante  lindas,  en  especial  las  de  San  José  y  Virgen 
del  Carmen. 

Detrás  del  altar  mayor  hay  una  espaciosa  capilla  llamada  de 
los  Entierros^  porque  allí  eran  enterrados  los  religiosos  que  falle- 
cían en  el  convento.  Tanto  la  iglesia  como  esta  capilla  eran  sen- 
cillas y  de  escaso  ornato,  aunque  no  les  falta  cierta  severa  majes- 
tad en  armonía  con  el  desierto. 

Afortunadamente  se  hallan  habilitados  para  el  culto,  y  aún 
subsisten  los  altares ,  los  cuadros  y  las  efigies ,  inventariadas  por 
la  Comisión  de  monumentos  artísticos,  y  que  no  se  extrajeron  á 
la  exclaustración  de  los  religiosos  por  no  tener  la  Comisión  fondos 
para  costear  los  gastos.  En  el  día,  habiendo  hecho  desembolsos 
el  dueño  del  desierto  para  habilitar  la  iglesia  al  culto,  sería  ya 
inconveniente  y  mal  visto  el  sacarlos  de  allí,  aun  cuando  conser- 
ve  la  Comisión  los  inventarios  para  evitar  cualquier  enajenación 
ó  extravío. 

La  fachada  nada  ofrece  de  particular;  y  según  una  fecha  que 
en  ella  se  lee,  fué  restaurada  á  mediados  del  siglo  pasado.  Con- 
cluye con  una  doble  espadaña  ó  campanario  para  cuatro  cam- 
panas. 

Contigua  á  la  sacristía  estaba  una  capilla  linda,  pero  ya  en  su 
mayor  parte  desmantelada,  que  se  llamaba  de  la  Reina,  porque 
era  de  patronato  real ,  á  la  manera  que  lo  eran  otras  ermitas  de 
varias  casas  ilustres. 


176  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

La  ermita  del  Alcornoque. 

Entre  todas  las  ermitas  goza  de'  nombradla  la  llamada  del  Al- 
cornoque. Redúcese  al  tronco  de  un  árbol ,  dentro  del  cual  se  re- 
cogía el  ermitaño.  Para  conservarlo  se  le  revistió  por  fuera  de 
una  tapia,  y  por  delante  tiene  un  cobertizo  forrado  de  corcho. 
Una  tosca  puerta  cubre  la  entrada  del  tronco,  al  que  no  se  puede 
penetrar  sin  agacharse,  ni  se  puede  estar  con  comodidad  sino  sen- 
tado ó  de  rodillas.  Sobre  la  puerta  la  triste  calavera  con  los  hue- 
sos, puestos  en  aspa,  aumenta  el  religioso  pavor  que  inspira  aquel 
penitente  asilo;  y  si  esto  no  bastara,  una  tablilla  pendiente  sobre 
la  puerta  dice  en  toscas  pero  en  claras  letras: 

Morituro  satis. 

Todos  los  viajeros  se  apresuran  á  poner  su  nombre  en  el  cor- 
cho del  pórtico ,  sin  que  baste  la  prohibición  expresa  del  dueño 
actual  de  la  finca. 

Con  todo,  alií  no  suena  más  que  un  nombre,  y  nombre  que  sin 
estar  grabado  en  ninguna  parte  durará  cuanto  dure  la  ermita  del 
Alcornoque ,  y  cuanto  dure  quizá  el  monasterio  de  las  Batuecas. 

Pocos  años  antes  de  la  exclaustración  vivía  allí  un  religioso 
llamado  el  P.  Acebedo,  más  comunmente  el  P.  Cadete,  pues  lo 
haln'a  sido  en  el  ejército  por  algún  tiempo.  Era  además  hijo  de 
una  familia  noble  de  Asturias.  Amargas  decepciones  y  los  remor- 
dimientos de  juveniles  extravíos  le  llevaron  al  claustro  al  P.  Ace- 
bedo, y  del  claustro  al  desierto  de  las  Batuecas.  Su  silencio  era 
profundo,  su  oración  continua  y  su  sitio  predilecto  la  ermita  del 
Alcornoque,  en  donde  se  le  veía  casi  de  continuo  de  rodillas,  ó 
echado ,  con  la  frente  hundida  en  el  polvo  y  cubiertos  los  oídos 
con  las  manos.  Los  que  alcanzaron  á  conocerle  hacen  un  retrato 
de  él  como  el  que  hacía  Santa  Teresa  de  San  Pedro  Alcántara; 
<'Era  tan  extrema  su  flaqueza,  que  no  parecía  sino  hecho  de  raíces 
de  árboles;  con  toda  esta  santidad  era  muy  afable,  aunque  de  po- 
cas palabras,  si  no  era  preguntado .y>  También  lo  era  el  P.  Cadete 
con  los  queacudíaii  á  confesarse  con  él,  que  solían  levantarse  de 
sus  pies  tan  compungidos  como  consolados.  Después  de  impo- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    A    LA    SIERRA    DE    FRANXIA.  177 

uerle  al  penitente  una  severa  que  le  aterrorizaba ,  parcciéndole 
imposible  de  cumplir,  encargábale  cjccutai-a  una  peijueña  parle, 
ofreciéndole  él  cumplir  la  restante;  y  no  era  el  P.  xVcebedo  quien 
estas  ofertas  hiciera  en  vano. 

Su  tono  de  voz  era  siempre  pausado  y  grave;  hablaba  como  un 
hombre  inspirado.  Una  palabra  suya  bastó  para  que  el  P.  La 
Calle  dejase  su  canongía  de  Palencia  y  entrase  jesuíta. 

El  P.  Cadete,  en  unión  de  otros  pocos  religiosos,  logró  perma- 
necer en  las  Batuecas  por  algún  tiempo  aún  después  de  la  ex- 
claustración. Allí  murió  poco  después ,  y  allí  yace  en  la  capilla 
délos  Entierros,  detrás  del  altar  mayor,  en  el  número  2.  Su  nom- 
bre es  todavía  popular  en  la  Sierra  de  Francia,  donde  siempre  so 
oye  con  respeto. 

Las  Batuecas  en  su  estado  actual. 

El  arrendador  del  sitio  presenta  á  los  visitadores  un  álbum  eu 
que  están  las  prescripciones  á  que  estos  deben  atenerse,  y  en  que 
se  les  suplica  consignen  allí  sus  pensamientos  y  observaciones. 

No  pocos  de  los  que  allí  iban  se  consideraban  autorizados  para 
cazar  á  su  arbitrio,  talarlo  y  destrozarlo  todo,  ó  profanar  aquel 
sitio  con  inmundas  bacanales.  Fué  preciso  se  advirtiera  en  el  ál- 
bum á  estos  sujetos  lo  jue  la  buena  educación  hubiera  hecho  in- 
necesario se  tuviera  que  advertir. 

No  ha  faltado  tampoco  quien  al  estampar  sus  observaciones  en 
el  álbum  ha  prorrumpido  en  invectivas  contra  el  estéril  misti- 
cismo. 

Hé  aquí  las  ideas  que  sobre  poco  más  ó  menos,  y  por  lo  que 
recuerda,  estampó  en  el  álbum  el  autor  de  esta  Memoria: 

«Dos  sitios  me  han  impresionado  fuertemente  en  este  desierto; 
la  ermita  del  Alcornoque,  donde  todavía  parece  presidir  la  som- 
bra del  P.,  Acebedo  como  reina  allí  su  memoria.  ¡  Cuan  terrible 
es  aquel  morituro  satis  en  lo  que  fué  su  ermita!  ¿Cómo  hay  ne- 
cios que  se  atreven  á  estampar  allí  su  nombre?  ¿•Quiénes  son 
estos  entes  obscuros  que  allí  han  dejado  sus  obscuros  nombres?... 
El  otro  sitio  que  me  causó  viva  impresión  fué  el  refectorio ;  l.-i 
obscuridad  que  allí  reina,  aquella  cruz  junto  á  la  entrada  y  li 


178  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

Otra  en  el  testero,  la  calavera  en  el  pulpito,  los  nichos  vacíos  de 
los  libros,  el  artesonado  de  corcho,  son  emblemas  que  hablan  al 
alma  religiosa  mucho  más  fuertemente  que  la  momia  que  los 
egipcios  paseaban  alrededor  de  la  mesa  del  festín.  ¡Oh  qué  dife- 
rencia entre  unos  y  otros  símbolos,  y  entre  sus  tendencias  y  sig- 
nificaciones ! 

Más  de  una  hora  pasé  allí  en  silencioso  recogimiento,  y  mi 
mente  penetraba  en  lo  pasado  y  evocaba  los  tiempos  que  fueron 
nara  no  volver,  y  creí  distinguir  aún  las  som.bras  de  los  piadosos 
ascetas  que  ]Doblaron  aquellos  sombríos  recintos,  desengañados 
de  la  vanidad  del  mundo  y  dirigiendo  á  Dios  sus  fervorosas  prc- 
rcs.  Y  esta  noble  misión  de  rogar  por  los  pecados  de  sus  herma- 
nos y  expiar  los  propios,  calmar  la  cólera  divina,  elevar  su  pen- 
samiento á  Dios,  autor  de  todo  bien,  criador  de  la  naturaleza  vi- 
vificadora de  estas  sombrías  soledades,  y  que  algún  día  las  redu- 
cirá á  la  nada,  ¿se  llama  contemplación  estéril?  Consagrar  el 
recogimiento  en  el  otoño  de  la  vida,  manchada  quizá  con  extra- 
víos, ó  lacerada  con  amargas  decepciones,  ¿será  faltar  á  su  mi- 
sión ?  ¡  Oh,  el  materialismo  en  todas  sus  partes  ha  de  ser  estúpido, 
avaro,  egoísta,  ridículo  y  ramplón! 

¿Querrá  negarse  la  verdad  de  la  palabra  de  Cristo,  que  man- 
daba orar  y  lo  enseñaba  con  su  ejemplo  retirándose  él  mismo  al 
desierto  por  largos  períodos?  Quien  tal  hiciere  no  es  católico,  ni 
español,  ó  lo  será,  cuando  más,  espúreo  y  degenerado. 

¿Qué  eran  estas  rocas  y  estas  breñas  antes  que  la  religión  las 
fecundara?  ¿Qué  son  hoy  en  día  respecto  de  lo  que  fueron?  ¿Qué 
serán  quizá  dentro  de  pocos  años,  si  les  falta  la  generosidad  del 
dueño  que  aún  las  sostiene,  pasando  á  manos  de  avaros  especu- 
ladores ó  de  administradores  negligentes?  ¡Oh,  tú  que  vienes  á 
visitar  esta  agreste  é  imponente  soledad :  si  eres  católico,  contem- 
pla; si  eres  protestante,  admira;  si  eres  necio,  calla;  si  eres  impío, 
puesto  que  eres  dos  veces  necio,  calla  y  vete  luego!» 

■•  Las  Jurdes. 

Ya  se  dijo  algo  acerca  de  las  Jurdes  y  de  los  j úrdanos  al  ha- 
blar del  fabuloso  descubrimiento  de  las  Batuecas.  Dase  el  nom- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIEURA    DE    FRANCIA.  179 

Lre  de  Jurdes  á  unas  dehesas  que  hay  en  el  valle  mismo  de  las 
Batuecas  y  á  poca  distancia  de  estas.  El  terreno  es  agrio  y  pobre 
en  su  vegetación;  lo  hace  aún  más  ingrato  la  liahilual  indolencia 
y  flojedad  de  sus  habitantes  y  el  gran  atraso  do  civilización  en 
(jue  viven.  Apenas  tienen  trato  alguno  y  no  pocas  veces  al  ver  un 
forastero  huyeu  y  se  esconden  en  sus  casas.  Xo  tienen  médicos 
ni  menestrales  para  los  oficios  más  precisos  de  la  vida;  ellos  se 
curan  eutre  sí  y  á  su  modo  con  plantas  cuyas  virtudes  conservan 
tradicioualmente  como  los  salvajes.  Su  alimento  es,  más  que  te- 
nue y  parco,  pobrísimo,  pues  su  habitual  miseria  no  les  permite 
otra  cosa  que  algunos  fréjoles  y  patatas;  pan  y  leche  muy  raras 
veces  y  éste  de  ínfima  calidad  cuando  lo  comen.  Algnnosde  ellos 
apenas  tienen  idea  de  haber  comido  carne  alguna  vez,  y  ni  aun 
suelen  llevarla  sus  empobrecidos  estómagos. 

En  el  invierno  pasado  han  sufrido  muy  cruel  hambre,  mu- 
riendo muchos  de  miseria  dentro  de  sus  chozas,  pues  no  merecen 
otro  nombre  las  casas  en  que  viven. 

El  primer  pueblo  que  se  encuentra  en  el  valle  siguiendo  el  río 
que  baja  de  las  Batuecas  so  llama  las  Mestasy  es  lo  más  princi- 
pal de  las  Jurdes.  Tiene  una  iglesia  bastante  regular.  Parte  de  la 
expedición  llegó  hasta  allí.  El  catedrático  de  Física  D.  Dionisio 
Barreda,  en  la  memoria  que  acompañó  á  sus  observaciones  baro- 
métricas é  hipsométricas,  recogidas  en  esta  expedición,  hace  esta 
descripción  del  valle  de  las  Jurdes  y  de  sus  habitantes. 

Extiéndese  este  valle  en  la  dirección  de  N.  á  S.  y  siguiendo  la 
corriente  de  las  aguas,  no  lejos  del  arroyo  de  las  Viñas  se  halla 
el  puente  primero  que  conduce  hacia  las  Mestas,  por  el  cual  se 
pasa  á  la  orilla  derecha  del  río,  y  faldeando  la  vertiente  oriental 
del  valle  se  vuelve  á  pasar  aquél  por  el  puente  segundo  con  el  fin 
de  tomar  la  vertiente  occidental,  siendo  acaso  el  desnivel  que  so 
halle  entre  ambos  puentes  y  caminando  á  corta  distancia  de  las 
aguas  que  recorren  el  fondo  del  valle.  Estréchase  éste  sobre  ma- 
nera en  el  trayecto  anterior  empezando  á  ensancharse  desde  el 
segundo  puente  hasta  las  Mestas.  Para  llegar  hasta  este  punto 
hay  que  ascender  bastante  sobre  la  vertiente  occidental,  bajando 
en  seguida  proporcionalmente.  Descúbrense  desde  el  camino  los 
variados  accidentes  del  terreno  y  la  carencia  del  cultivo.  Algunas 


480  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORLA.. 

descuidadas  praderas,  algunos  olivos  casi  abandonados  á  sí  mis- 
mos, y  pocas  castañas  raquíticas  forman  su  vegetación.  La  sole- 
dad de  los  áridos  desiertos  es  la  que  allí  reina,  y  hasta  las  aves 
parécenos  han  huido  de  aquellos  sitios,  no  habiendo  escuchado  el 
menor  trino  ni  visto  pájaro  alguno  en  todo  el  espacio  que  media 
desde  el  puente  primero  hasta  las  Mestas. 

Es  "el  pueblo  de  bis  Mestas  el  primero  que  se  encuentra  en 
aquella  dirección  y  pertenece  ya  á  la  provincia  de  Cáceres,  cuyos 
h'mites  con  la  de  Salamanca  se  hallan  en  el  puente  segundo  ya 
mencionado.  Sus  habitantes,  lo  mismo  que  los  que  se  hallan  es- 
parcidos por  aquellas  montañas,  son  los  conocidos  por  los  Jur- 
danos,  sobre  cuya  educación  atrasada  y  sus  costumbres  se  cuen- 
tan tantas  consejas,  verdaderas  algunas  y  supuestas  la  mayor 
parte.  Dedicados  á  la  vida  pastoril  no  se  ocupan  en  el  cultivo  de 
la  tierra,  y  sus  ganados  y  colmenas  forman  toda  su  riqueza.  Estas 
ocupaciones  y  las  pocas  necesidades  que  se  crean  y  su  falta  de 
comunicación  con  los  habitantes  de  los  valles  circunvecinos  les 
dan  un  carácter  tosco,  rudo  y  semi-idiota  y  hasta  enfermizo  y  de- 
gradado por  su  falta  de  higiene. 

Ocupa  el  pueblo  una  corta  meseta  que  se  eleva  á  la  orilla  dere- 
cha del  río,  y  el  poco  terreno  cultivado  que  se  observa  en  sus 
contornos  revela  lo  que  pudieran  ser  si  la  mano  inerte  hoy  de 
sus  habitantes  le  trabajase  como  trabajan  otros  más  ingratos,  de 
peores  condiciones  y  clima,  los  montañeses  de  Asturias,  de  Gali- 
cia, de  Cataluña  y  Vizcaya.  No  será  fácil  que  se  borre  tan  pronto 
de  mi  memoria  el  triste  cuadro  que  á  las  inmediaciones  de  la 
iglesia  formaban  en  torno  nuestrO;  aquellos  famélicos  habitantes 
andrajosos,  sucios,  enfermos  y  semi-idiotas. 

La  Peña  de  Francia. 

Dase  es  le  nombre  á  un  elevado  cerro  á  distancia  de  doce  leguas 
de  Salamanca  y  una  de  Alborea. 

Su  elevación  es  de  1.482, 4  metros,  según  las  alturas  que  lomó 
y  experimentos  que  hizo  el  catedrático  de  Física  D.  Dionisio  Ba- 
rreda. Descúbrese  desde  muy  lejos,  y  domina  con  su  elevación  á 
la  serranía  de  Francia  á  la  que  da  nombre.  Cuál  fuera  la  etimolo- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIEHRA    DE    FRANCIA.  181 

gía  de  éste  se  ignora.  Dícese,  no  se  sabe  con  qué  fundamento, 
que  habiendo  poblado  por  allí  algunos  franceses  de  los  que  vi- 
nieron con  D.  Ramón  de  Borgoña,  á  cuya  mujer  D."  Urraca  ?<? 
dio  el  señorío  de  Salamanca  y  su  país,  dieron  á  esla  sierra  y  peña 
el  nombre  de  su  país  natal. 

La  cima  de  esta  montaña  se  halla  la  mitad  del  año  cubierta  de 
nieve.  El  aire  es  muy  raso  y  sutil,  y  los  vecinos  de  los  pueblos 
inmediatos  decían  que  los  frailes  no  podían  criar  gallinas  en  el 
convento  porque  morían  al  poco  tiempo  de  estar  en  él.  Desde  su 
alta  cumbre  se  descubre  toda  la  provincia  de  Salamanca  y  aun 
las  entradas  de  Zamora,  Ávila,  Burgos  y  Portugal. 

Por  la  parte  de  Oriente  y  en  el  sitio  donde  se  descubri(3  la  ima- 
gen de  la  Virgen,  la  peña  eslá  tajada  en  una  elevación  de  200 
varas  no  pudiendo  asomarse  sin  horror  á  tal  precipicio. 

No  pocas  veces  mientras  las  nubes  descargan  las  lluvias  sobre 
los  campos  á  la  falda  de  la  montaña,  gózase  en  ésta  del  sol  y  se- 
renidad, viéndose  desde  el  convento  los  relámpagos  y  exhalacio- 
nes que  rasgan  las  nubes,  y  oyéndose  las  detonaciones  á  la  parte 
de  abajo. 

Mas  otras  veces  los  vapores  circundan  el  monasterio  y  la  cima 
de  la  montaña,  y  el  espectáculo  en  tales  casos  solía  ser  muy  poco 
halagüeño,  rodeados  los  habitantes  de  electricidad. 

En  1827  una  espesa  y  amenazadora  nube  circundó  el  monaste- 
rio el  día  7  de  Setiembre,  á  la  sazón  que  la  gran  plaza  del  con- 
vento se  hallaba  llena  de  la  mucha  gente  que  á  la  feria  había 
concurrido.  Desde  los  pueblos  inmediatos  vieron  con  terror  aque- 
lla negra  nube  envolver  á  la  blanca  masa  del  convento,  que  se 
destacaba  en  la  cima.  El  relámpago  hendió  el  aire,  y  sin  inter- 
misión apenas  retumbó  el  trueno  y  la  campana  del  convento  sonó 
cual  si  pidiera  socorro.  Acudieron  de  los  pueblos  inmediatos  y 
hallaron  un  espectáculo  horroroso;  la  descarga  eléctrica  había 
matado  siete  personas  y  varios  animales,  otras  se  hallaban  heri- 
das ó  medio  asfixiadas:  ninguno  de  cuantos  había  en  la  feria  y 
en  el  convento  habían  dejado  de  sentir  el  sacudimiento  eicctrico. 

"Un  sujeto  que  se  hallaba  allí  me  refirió  que  tres  minutos  an- 
tes acababa  de  oir  una  blasfemia  en  boca  de  uno  de  los  muertos 
por  el  rayo,  quejándose  de  lo  poco  que  vendía. 


182      BOLETÍN'  DE  LA  REAL  ACADEMLA.  DE  LA  HISTORIA. 

La  Virgen  de  la  Peña  de  Francia. 

La  Sierra  de  Fnuicia  era  uno  de  los  distritos  más  monástica- 
mente poblados  de  España. 

Al  Mediodía  tenía  las  Batuecas,  al  Poniente' la  Peña  de  Fran- 
cia con  SQS  dos  conventos;  más  allá,  y  al  frente  en  la  opuesta  cor- 
dillera el  monasterio  del  Zarzoso  y  el  convento  de  franciscos  de 
Nuestra  Señora  de  Gracia;  estos  cuatro  conventos  estaban  en  un 
cuadro  de  unas  cuatro  leguas  escasas. 

Entre  todos  ellos  sobresalía  el  convento  de  la  Peña  de  Francia, 
por  su  nombradla,  su  riqueza,  su  antigüedad,  elevación  y  tradi- 
ciones. Hé  aquí  su  origen,  según  estas  refieren  copiándola  al 
efecto  de  una  obra  que  relata  el  nuevo  en  pocas  palabras,  con  la 
candorosa  sencillez  con  que  escribían  acerca  de  estas  cosas  nues- 
tros antepasados  (1).. 

Hacia  el  año  1434  se  presentó  en  Salamanca  un  extranjero  lla- 
mado Simón  Vela.  Llamóse  así  porque  estando  en  Paris  se  le 
apareció  tres  veces  c?.  sueños  la  Virgen  diciéndole  que  velase,  y 
como  la  Virgen  le  decía  :  Simón  vela,  de  ahí  le  quedó  el  nombre 
de  Simón  Vela.  Díjole  la  gran  Reina  que  buscase  la  Peña  de 
Francia,  que  en  ella  haría  su  santa  imagen.  Salióse  de  Paris  y 
fuese  en  busca  de  la  Peña,  en  cuya  empresa  empleó  más  de  siete 
años,  hasta  que  encontrando  unos  carboneros  que  decían  iban  á 
hacer  carbón  á  la  Peña  de  Francia,  siguiólos,  y  llegando  á  la  Peña 
se  quedó  una  noche  allí,  donde  le  cayó  una  piedra  en  la  cabeza, 
que  hiriéndole  le  maltrató  no  poco  y  oyó  una  voz  que  decía: 
«Donde  vieres  la  piedra  teñida  con  tu  propia  sangre,  cava  y  allí 
hallarás  lo  que  buscas. «  Así  faé  que  halló  una  imagen  hermosí- 
sima, y  aunque  Simón  curó  de  la  herida,  queda  hoy  en  el  día  en 
la  calavera  un  grande  hueco. 

Hasta  aquí  la  piadosa  tradición.  La  crítica  tiene  que  mostrarse 
algo  benigna  con  estas  sencillas  nai-raciones  de  nuestros  padres, 
con  que  se  vestía  á  veces  el  origen  de  ciertas  cosas,  cuya  verda- 


(I)  Ano  virgíneo.  Tom.  ir.,  pág.  309.— Había  además  una  historia  de  la  Virgen  de  la 
Peña  que  refería  su  desculjrimiento  y  milagros.  Esta  obra  es  ya  muy  rara  hoy  en  día. 
Fué  escrita  por  Fr.  Juan  Telilla  y  aumentada  por  Fr.  Juan  Gil  Godoy. 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA   Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  18.5 

dera  procedencia  ya  no  es  fácil  averiguar;  y  como  por  o  Ira  parte 
son  de  poca  trascendencia  histórica,  á  nadie  perjudican,  y  aun  el 
analizarlas  pudiera  causar  escándalo  entre  la  gente  sencilla,  pre- 
ciso es  contentarse  con  narrar  sin  discutir. 

Mas  con  lo  que  no  se  puede  convenir,  es  con  lo  que  asegura 
el' piadoso  morador  de  ser  una  hermosísima  imagen.  Claro  es  que 
al  hombre  piadoso  y  al  católico  ilustrado,  poco  le  importan  la  ma- 
yor ó  menor  belleza  y  perfección  de  la  escultura.  Gomo  no  ter- 
mina su  culto  en  la  materia,  sino  en  otra  más  elevada  idea  que 
aquella  representa  á  los  sentidos,  poco  le  importan  la  calidad  y 
precio  de  la  materia  ni  la  mayor  ó  menor  belleza  de  su  forma, 
pues  á  través  de  ella  distingue  su  mente  otras  más  perfectas  y  ce- 
lestes. 

Mas  el  artista  no  transige  fácilmente  con  estas  apreciaciones, 
y  en  efecto,  la  efigie  hallada  por  Simón  Vela,  no  pasado  ser  una 
escultura  tosca  del  sig-lo  x  al  xiii,  con  la  cara  aplastada,  las 
narices  postizas  y  casi  triangulares;  y  como  por  otra  parte  el 
bermellón  con  que  estuvo  abundantemente  confeccionada  la  en- 
carnación, se  ha  oxidado,  resulta  un  color-  negruzco  y  de  mal 
efecto,  como  en  otras  muchas  efigies  antiguas. 

Su  escultura  es  coetánea  del  Cristo  de  las  Batallas,  que  fué  del 
Cid,  y  que  hoy  en  día  se  venera  en  la  catedral  de  Salamanca. 
Aún  tiene  algo  de  parecido  á  la  otra  efigie  de  bronce  de  Nuestra 
Señora  de  la  Vega  la  patrona  de  Salamanca,  que  hoy  en  día  se 
halla  colocada  en  el  camarín  del  altar  mayor  de  la  iglesia  de  San 
Esteban, 

Yo  creo  que  tanto  la  efigie  de  Nuestra  Señora  de  la  Peña  de 
Francia,  como  las  otras  que  Simón  Vela  encontró  en  aquel  sitio, 
fueron  conducidas  allí  por  los  cristianos  del  país,  durante  la  in- 
vasión de  Almanzor,  ó  algunas  otras  de  aquellas  en  que  los  ára- 
bes talaron  con  harta  frecuencia  las  comarcas  de  Zamora  y  Sala- 
manca. Es  de  presumir  que  los  cristianos  del  país  tratasen  de 
aprovechar  aquella  eminencia  donde  fácilmente  podían  guaj-darse 
y  encastillarse  contra  los  árabes  ,  defendiéndose  pocos  contra 
muchos,  y  que  al  trasladarse  allá  con  sus  lares ,  no  olvidaran 
tampoco  sus  penates,  ó  hablando  cristianamente  las  efigies  de  su 
devoción.  Quizá  próximos  á  sucumbir  en  aquellas  enriscadas  for- 


184  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORL-V. 

talezas  t)ajo  el  alfanje  agai-eno  escondieran  aquellas  en  la  Sierra, 
para  evitar  su  profanación,  dejando  á  cargo  de  la  Providencia  el 
descubrirlas  si  ellos  morían. 

Esto  no  pasa  de  una  conjetura,  pero  harto  verosímil;  y  que  es 
la  clave  de  tantas  efigies  antiguas,  descubiertas,  ó  aparecidas  en 
España.  Ello  es  que  no  lejos  del  sitio  donde  hallara  aquella  efigie 
Simón  Vela,  encontró  también  otra  de  Cristo  crucificado  y  otras 
de  Santiago  y  San  Andrés,  que  en  sus  correspondientes  ermitas 
se  veneraban,  cabe  el  convento,  en  los  sitios  que  la  tradición  de- 
signaba como  puntos  de  su  hallazgo  respectivo. 

Ermita  de  Nuestra  Señora  la  Blanca. 

Cuatro  son  los  edificios  principales  que  coronan  la  cúspide  de 
la  Peña  de  Francia,  á  saber:  la  iglesia  de  Nuestra  Señora  la 
Blanca,  la  iglesia,  el  convento  y  la  hospedería:  hállanse  estos 
unidos  por  medio  de  un  pórtico  sostenido  sobre  esbeltas  colum- 
nas de  piedra  berroqueña  que  forman  con  los  citados  cuatro 
edificios  una  plaza  anchurosa,  aunque  irregular. 

El  primero  que  se  encuentra  en  ella  es  la  iglesia  de  Nuestra 
Señora  la  Blanca.  Es  una  linda  iglesia  gótica  plateresca,  sencilla, 
pero  elegante  y  sólida.  Construyóse  sobre  el  mismo  sitio  donde 
se  encontró  la  Virgen.  Bájase,  á  esta  por  una  angosta  escalera, 
(jue  termina  en  una  covacha  cavada  en  la  peña,  y  cuyo  único 
adorno  es  el  de  un  altar  sencillo  de  piedra  berroqueña  con  un 
bajo  relieve  de  lo  mismo. 

Esta  iglesia  se  está  habilitando  ahora  para  volver  la  Virgen  al 
sitio  de  su  aparición,  por  Real  orden  de  10  de  Abril  de  185G,  para 
cortar  de  este  modo  las  rencillas  de  los  pueblos  comarcanos  qne 
en  estos  últimos  años  pasaron  ya  á  vías  de  hecho,  en  medio  de  los 
disturbios  políticos. 

Las  bóvedas  de  la  iglesia  han  resistido  á  la  acción  del  tiempo 
y  de  las  nieves,  á  pesar  de  haberlas  tenido  sin  techo  por  espacio 
de  más  de  veinte  años.  Son  todas  de  piedra  berroqueña,  y  en  las 
claves  de  sus  arcos  se  ve  el  monograma  de  Simón  Vela  (S.  cru- 
zado con  V.]  altcrnaado  con  las  armas  de  Castilla  y  León. 


EXPEDICIÓN   CIENTÍFICA    Á    LA    SIERRA    DE   FRANCIA.  185 

Iglesia  y  convento  de  dominicos  de  la  Peña  de  Francia. 

* 
No  era  en  el  sitio  de  su  aparición  donde  se  colocó  á  la  Virgen, 

sino  en  la  grandiosa  iglesia  que  al  efecto  erigieron  los  frailes  de 

Santo  Domingo. 

Al  verificarse  aquella,  los  obispos  de  Salamanca,  Ciudad- Ro- 
drigo y  Coria  se  disputaron  la  posesión  de  la  ermita  construida 
por  Simón  Vela.  En  efecto,  la  Peña  de  Francia  está  enclavada  en 
el  punto  de  convergencia  de  los  tres  obispados. 

Para  evitar  disputas  D.  Juan  II  dio  la  Virgen  al  orden  de  Pre- 
dicadores, de  que  era  muy  devoto,  por  contar  á  Santo  Domingo 
de  Guzman  entre  sus  ascendientes.  Al  mismo  tiempo  dio  al  Prior 
el  señorío  temporal  de  toda  la  cúspide  de  aquella  montaña,  vi- 
niendo de  este  modo  á  formarse  allí  por  privilegio  y  Bulas  Pon- 
tificias un  Priorato  exento  y  veré  nullius  con  jurisdicción  espiri- 
tual y  temporal,  que  ejerció  el  Prior  hasta  el  tiempo  de  la  ex- 
claustración. Esto  contribuyó  á  dar  gran  importancia  al  convento, 
priorato  é  iglesia,  á  la  que  la  devoción  hizo  afluir  on  breve  gran- 
des riquezas  y  no  pocos  privilegios. 

La  iglesia  es  gótica  y  de  tres  naves  espaciosas,  cada  una  de 
ellas  de  cinco  arcos  por  lado.  La  longitud  de  la  iglesia  es  de  140 
pasos  por  70  de  ancho.  La  capilla  mayor  tenía  una  imperfección 
notable,  pues  el  arco  toral  que  la  daba  entrada  se  hallaba  refor- 
mado con  un  machón,  ó  contrafuerte  que  desfiguraba  la  capilla 
mayor  haciendo  que  ésta  no  correspondiese  exactamente  al  centro 
de  la  nave. 

Fuera  destrozo  causado  por  el  rayo,  ó  por  la  acción  incesante 
del  tiempo,  ello  es  que  el  remiendo  echado  á  la  capilla  mayor  la 
afea  extraordinariamente.  Por  otra  parte  el  coro,  el  pulpito  y 
otros  varios  adornos  eran  de  gusto  m^oderno  y  desdecían  del  resto 
de  la  iglesia.  Este  se  halla  tan  destrozado  en  todos  conceptos,  que 
es  ya  casi  imposible  su  reparación.  No  se  comprende  cómo  á  tal 
altura,  y  con  la  devoción  que  inspiraba  aquel  recinto  en  los  pue- 
blos haya  hecho  allí  tantos  estragos  el  vandalismo  impío. 

Otro  tanto  sucede  en  el  convento  del  cual  apenas  quedan  las 
paredes  y  una  puerta  gótica  del  tiempo  de  su  fundación,  á  me- 
diados del  siglo  XV.  Del  mismo  tiempo  es  la  hospedería  sobre  cuya 

TnyfO  ni.  13 


18G      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMLA.  DE  LA  HISTORIA. 

puerta  campea  el  escudo  de  D.  Juan  11.  Allí  encontraban  franca, 
gratuita  y  generosa  acogida  cuantos  peregrinos,  devotos  y  viaje- 
ros concurrían  á  visitar  la  Virgen.  Más  de  cuarenta  personas  se 
refugiaron  allí  durante  el  cólera  de  1834  por  espacio  de  cuatro 
meses  y  se  vieron  libres  de  aquel  azote.  Una  de  ellas  era  D.  Juan 
Nicasio  Gallego. 

Poco  tiempo  después,  estando  los  religiosos  cantando  vísperas, 
llegaron  sesenta  nacionales  de  Sequeros,  y  apoderándose  de  la 
iglesia  cargaron  la  Virgen  y  sus  alhajas  en  unas  cestas  y  la  ba- 
jaron á  su  puelDlo.  Los  religiosos  quedaron  llorando  su  desampa- 
ro. Al  saberlo  los  de  la  Alberca  tocaron  á  somatén  y  se  armaron 
más  de  300  hombres  para  salir  á  quitarles  la  Virgen.  A  duras 
penas  logró  el  párroco  contenerlos  ofreciendo  que  se  remediaría 
todo  por  medios  legales,  ello  es  que  la  Virgen  de  la  Peña  quedó 
encerrada  y  casi  oculta  por  muchos  años  en  el  camarín  de  la  Vir- 
gen del  Robledo,  con  harto  disgusto  de  los  pueblos  inmediatos, 
que  por  estas  y  otras  causas  se  declararon  en  hostilidad  abierta 
contra  Sequeros. 

Las  cosas  llegaron  á  tal  extremo  que  en  1854  más  de  500  hom- 
bres de  la  Alberca  marcharon  armados  contra  Sequeros,  dispues- 
tos á  entrar  á  viva  fuerza  en  el  pueblo  y  arrancarles  la  efigie  de 
la  Virgen  si  buenamente  no  la  querían  entregar. 

De  allí  fué  conducida  á  la  Alberca,  donde  actualmente  está.  El 
dia  13  de  Agosto  de  este  año  se  principió  la  obra  para  la  rehabili- 
tación de  la  linda  iglesia  de  Nuestra  Señora  la  Blanca,  donde  se 
la  va  á  colocar  de  Real  orden  para  evitar  las  rencillas  entre  los 
pueblos  comarcanos.  Al  mismo  tiempo  se  le  habilitará  una  parte 
de  la  hospedería  á  fin  de  que  sirva  para  habitación  del  capellán  y 
dos  ermitaños,  á  quienes  se  permitirá  pedir  limosna  para  el  culto 
de  la  Virgen  y  manutención  de  ellos. 

Cuando  los  frailes  ocupaban  el  convento,  en  llegando  á  Todos 
Santos,  dejaban  allí  dos  ó  tres  individuos,  para  custodiar  la  Vir- 
gen, y  el  resto  de  la  comunidad  se  bajaba  á  otro  monasterio,  que 
tenía  poco  separado  de  las  faldas  de  la  Peña  donde  se  subían  pe- 
riódicamente algunas  provisiones  álos  que  habían  quedado  arri- 
ba reclusos  y  casi  en  tinieblas  entre  la  uieve  que  durante  muchos 
meses  euvuelve  totalmente  el  monasterio. 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  187 

Sequeros. 

Salimos  de  la  Al])erca  el  domingo  por  la  tarde  para  Sequeros. 
El  camino  para  esta  villa  es  agrio,  pero  pintoresco,  principal- 
mente antes  de  llegar  á  Mogarraz  y  en  la  hondonada  de  un  valle 
que  hay  entre  este  pueblo  y  el  de  las  Gasas  del  Conde.  Este  se 
halla  situado  en  un  cerro  de  bastante  elevación.  A  la  salida  del 
pueblo  que  está  á  la  mitad  de  la  cuesta,  hay  una  subida  suma- 
mente agria  y  pendiente,  donde  las  caballerías  resbalan  con 
facilidad. 

En  lo  más  alto  del  cerro  está  Sequeros  en  una  planicie  muy  pin- 
toresca, y  domina  todo  el  país  circunvecino,  como  en  un  vasto 
panorama.  El  nombre  se  deriva,  según  dicen,  de  los  secaderos  ó 
sequeros,  de  castaña  que  en  él  había. 

Esta  villa  fué  hasta  1756  dependiente  de  Miranda  del  Castañar, 
cabeza  del  coudado  de  Miranda  y  de  toda  aquella  tierra.  A  fin  de 
emanciparse  de  aquella  acudieron  al  Consejo  de  Castilla  donde 
se  siguió  un  expediente  ruidoso,  en  que  probaron  que  los  de  Mi- 
randa los  tenían  tiranizados,  que  les  exigian  tributos  indebidos, 
les  llevaban  las  mieses  y  no  se  las  pagaban  á  los  del  pueblo,  y 
les  hacían  otros  muchos  desafueros.  Con  esta  prueba,  y  el  pago 
de  23.823  reales  20  maravedises  y  de  otros  muchos  gastos  y  gajes 
lograron  que  se  declarase  á  Sequeros  villa  por  si  y  sobre  sí  al  te- 
nor de  la  administración  de  entonces  con  alcaldes  y  ayuntamien- 
tos propios  y  derecho  de  llevar  varas  levantadas  que  vino  á  traer- 
las desde  Madrid  un  alcalde  enviado  por  el  Consejo. 

El  expediente  es  muy  curioso,  y  se  conserva  original  en  el  pue- 
blo. El  Consejo  al  motivar  la  sentencia  dice  que  lo  hace  para  ma- 
yor prosperidad,  aumento  y  población  de  la  villa,  y  en  efecto, 
desde  entonces  ha  prosperado  tanto  que  en  el  día  es  cabeza  de 
partido  y  juzgado  de  primera  instancia,  y  uno  de  los  pueblos  im- 
portantes de  la  provincia  de  Salamanca. 

La  Virgen  del  Robledo. 

Al  llegar  á  Sequeros  descúbrese  lo  primero  la  Virgen  del  Ro- 
bledo, ó  del  Robledal,  en  una  posición  muy  pintoresca,  rodeada 


188  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

de  robles  y  cipreses,  y  desde  la  cual  se  descubre  una  hermosa 
perspectiva  por  toda  la  extensión  de  las  faldas  de  la  sierra. 

Aparecióse  esta  Virgen  á  una  joven  de  Sequeros  llamada  Juana 
Hernández,  hija  de  Santos  Hernández,  arriero,  doncella  suma- 
mente piadosa  que  vivia  á  principios  del  siglo  xv  y  es  teñida  con 
veneración  en  aquella  villa.  Murió  diez  años  antes  de  la  venida 
de  Simón  Vela,  siendo  de  edad  de  unos  30  años.  Al  irla  á  ente- 
rrar, se  incorporó  en  el  ataúd  y  para  consolar  á  sus  padres,  que 
según  la  costumbre  de  entonces,  acompañaban  al  funeral,  les  va- 
ticinó que  dentro  de  pocos  años  se  hallaría  una  efigie  que  seria 
el  consuelo  de  aquel  país. 

Este  milagro  estaba  pintado  en  uno  de  los  cuadros  que  decora- 
ban el  altar  mayor  de  la  Peña  de  Francia.  La  calavera  de  la  pro- 
fetisa Juana  (que  así  la  llamaban  en  el  pueblo]  se  enseña  en  la 
iglesia  del  Robledo  en  una  caja  de  cristal,  y  los  documentos  rela- 
tivos á  este  prodigio,  se  conservan  en  un  arca  de  la  sacristía. 

En  la  misma  sacristía  se  enseñan  también  en  otra  urna  de  cris- 
tal los  huesos  y  calavera  de  Simón  Vela.  Esta  conserva  todavía  un 
agujero  en  el  ocipucio  que  dicen  le  hizo  la  Virgen  con  la  piedra 
que  le  cayó  encima  de  la  cabeza  cuando  estaba  durmiendo.  No 
se  concibe  cómo  pudiera  vivir  con  tal  rotura,  y  es  seguro  que 
nadie  se  condenará  aunque  no  lo  crea. 

La  iglesia  del  Robledar  es  linda  y  espaciosa  y  aunque  está  faera 
del  pueblo,  es  la  matriz,  y  en  ella  se  hacen  las  principales  fiestas 
y  solemnidades  religiosas.  Para  la  administración  de  sacramentos 
y  demás,  hay  otra  iglesia  en  paraje  más  céntrico  de  la  villa. 

En  esta  además  se  han  construido  últimamente  otros  paseos, 
además  del  ya  citado  de  Robledo,  y  uno  de  ellos  cubierto  y  sirve 
para  las  ferias  y  mercados. 

Convento  de  Santa  María  de  Gracia. 

Al  hablar  de  la  población  monástica  de  la  Peña  de  Francia  se 
citó  ya  el  convento  franciscano  de  Santa  María  de  Gracia.  Este 
se  halla  á  una  legua  al  SE.  de  Sequeros  hacia  la  parte  de  Miran- 
da. En  el  día  no  existe:  su  mérito  artístico  era  nulo,  según 
noticias. 


EXPEDICIÓN   científica    k    LA   SIEllIlA   DE    FRANCIA.  189 

Convento  de  Nuestra  Señora  de  Gracia  en  Tejeda.— Regre- 
so á  Salamanca. 

A  la  salida  de  Sequeros  continúa  presentando  un  aspecto  bas- 
tante ameno  y  halagüeño,  merced  á  las  aguas  que  se  desprenden 
de  las  sierras  inmediatas.  En  el  camino  encontramos  los  pueblc- 
citos  de  Cilleros,  el  Parral,  y  otros  de  muy  poca  importancia. 

Al  traspasar  la  sierra  de  la  Quilama  vuelve  á  encontrarse  el 
anchuroso  valle  de  Tamames.  Al  pió  de  ella  está  el  pueblo  de  Te- 
jeda, en  el  que  había  un  pequeño  y  pobre  convento  de  francis- 
cos cuyo  exterior  promete  harto  poco.  La  suerte  fué  iguala  la  del 
otro  de  Nuestra  Señora  de  Gracia.  Ni  un  libro,  ni  un  papel,  ni 
un  cuadro,  llegó  á  la  Comisión  de  monumentos.  En  Tejeda  había 
un  hermoso  y  fuerte  castillo,  cuyos  ángulos  volaron  los  franceses 
en  la  guerra  de  la  Independencia.  De  Tejeda  en  adelante  se  atra- 
viesan los  pueblos  de  la  Moraleja,  Peralejos,  Vecinos,  Sanchiri- 
cones  y  Aldea  Tejada  vecino  á  Salamanca. 

En  todos  ellos  el  terreno  es  árido  y  sin  verdura  alguna,  des- 
aprovechado en  gran  parte  y  reducido  únicamente  á  tierras  de 
pan  llevar,  medianamente  cultivadas,  y  montes  de  encinas  con 
grandes  claros  en  su  escaso  arbolado. 

Salamanca  1.'  de  Setiembre  de  1857. 

Vicente  de  la  Fuente. 


VARIEDADES. 


DISCUESOS 


PRONUNCIADOS  POR  EL  SR.  RADA  Y  DELGADO  EN  EL  CONGRESO 
INTERNACIONAL  DE  COPENHAGUE. 


Vasos  peruanos. 

Sesión  del  23  de  Agosto. 


Señores: 


He  tenido  el  atrevimieato  de  pedir  la  palabra  en  este  día,  para 
presentar  al  Congreso  diversas  fotografías  de  la  riquísima  y  aca- 
so única  colección  por  su  importancia  y  su  número  de  vasos  pe- 
ruanos que  se  conservan  en  nuestro  Museo  Arqueológico  Nacio- 
nal, pues  aunque  estuvieran  expuestos  al  celebrarse  la  reunión 
anterior  de  este  Congreso,  en  que  mi  querida  patria  tuvo  la  dicha 
de  ver  reunidos  bajo  su  hermoso  cielo  á  los  dignísimos  represen- 
tantes de  las  ciencias  americanistas  en  ambos  hemisferios,  no 
creo  inoportuno  traer  á  este  Congreso  las  reproducciones  fotográfi- 
cas de  algunos  de  los  vasos  más  importantes  de  aquella  colección, 
aunque  no  todos  los  que  yo  hubiera  deseado,  pues  mi  propósito 
ora,  y  espero  que  Dios  me  permitirá  realizarlo,  sacar  reproduc- 
ciones fotográficas  de  todos  ellos  y  enviarlas  á  todos  los  centros 
donde  se  cultiven  estos  importantes  estudios,  para  que  á  manera 
de  próvida  semilla,  esparcida  por  los  vientos  de  la  Providencia, 
haga  brotar  por  lodaá  partes  los  fecundos  y  hermosos  frutos  de 
la  í'ioiicia  V  del  arte. 


VASOS   PERUANOS.  191 

Y  como  la  procedencia  de  los  objetos  antiguos  es  uno  de  los 
más  interesantes  datos  que  puedan  consultar  el  erudito  y  el  ar- 
queólogo para  encontrar  la  verdad,  objeto  supremo  de  toda  inves- 
tigación humana,  comenzaré  por  consignar  la  de  estos  curiosísi- 
mos objetos  que  nos  revelan  un  grado  de  cultura  y  adelanto,  su- 
perior al  que  generalmente  se  ha  concedido  ;t  los  antiguos  ame- 
ricanos. 

Esta  colección  fue  remitida  á  España  en  Noviembre  del  año 
1788,  por  D.  Baltasar  Jaime,  obispo  de  Trujillo;  y  consta  de  más 
de  600  ejemplares,  todos  en  hermoso  estado  de  conservación, 
habiendo  sido  encontrados  en  los  sepulcros  ó  huacas  délos  indios 
gentiles  del  Perú,  siendo  estas  las  únicas  noticias  que  de  su  épo- 
ca y  procedencia  se  conservan;  noticias  que  constan  en  el  archi- 
vo del  antiguo  gabinete  de  Historia  Natural  y  de  antigüedades 
de  Madrid,  creado  en  17  de  Octubre  de  1771,  para  donde  los  re- 
mitió después  de  haberlos  encontrado  y  reunido  con  ilustrado 
celo  el  digno  prelado  español. 

Que  estas  huacas,  y  por  consiguiente  los  vasos  en  ellas  encon- 
trados fueron  anteriores  á  la  conquista  no  puede  ponerse  en  duda. 
La  frase  de  indios  gentiles,  prueba  su  antigüedad,  porque  desde 
los  primeros  tiempos  de  la  conquista  hasta  la  época  en  que  el 
obispo  de  Trujillo  los  remitió  á  España,  se  bautizaban  los  indios 
y  no  se  enterraban  según  sus  antiguos  ritos,  sino  con  arreglo  á 
las  prácticas  de  sus  conquistadores.  Las  relaciones  ó  historias  de 
aquel  período,  siempre  que  se  refieren  á  hechos  anteriores  á  la 
conquista,  dicen:  cuando  vivían  los  naturales  en  su  gentilidad. 
Además  con  la  conquista  decayó  rápidamente  la  civilización  pro- 
pia y  peculiar  de  los  indios,  y  no  era  posible,  ni  lo  atestigua  dato 
alguno,  que  después  de  la  ruina  de  los  imperios  peruano  y  meji- 
cano continuase  la  cerámica  en  el  mismo  grado  de  esplendor  que 
tenían  las  artes  americanas,  cuando  llegaron  al  Nuevo  Mundo  los 
españoles.  Ahora,  fijar  la  época  determinada  á  que  estos  vasos 
pertenecen  dentro  del  período  en  que  gobernaron  las  comarcas 
peruanas  los  descendientes  de  Manco  Gapac  es  en  extremo  difícil, 
y  en  mi  juicio  no  tenemos  datos  bastantes  para  poder  hacerlo. 
Lo  que  sí  pufede  asegurarse  es  que  los  numerosos  vasos  peruanos 
que  nos  ocupan,  dan  elocuente  testimonio  del  estado  de  perfección 


192      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

á  que  habían  llegado  las  artes  plásticas  en  ciertos  pueblos  de 
América,  así  en  la  parte  industrial  como  también  en  la  artística. 
La  finura  del  barro  y  de  las  delicadas  arcillas  bucarinas  de  que 
están  formados,  revelan  el  esmero,  perfección  é  inteligencia  en 
el  molido  de  tierras  cerámicas,  que  es  una  de  las  principales 
partes  de  esta  artística  industria,  así  como  el  verdadero  gusto 
artístico  de  sus  autores,  la  copia  de  seres  animales  y  vegetales, 
tan  perfectamente  caracterizados  que  no  puede  caber  duda  algu- 
na acerca  del  animal  ó  planta  qae  quisieron  representar. 

Con  razón  se  ha  dicho  que  podrían  estudiarse  la  Zoología  y 
Botánica  peruanas  por  estos  interesantes  productos  de  su  antigua 
cerámica.  Así  vemos  entre  estos  vasos  reproducidos  cuadrúpe- 
dos como  el  mono  (BatzJ^  la  ardilla  (Cuz),  la  zorra  fParJ,  el 
zorro  ó  venado  (QuechJ  j  el  perro  (TziJ,  siendo  muchas  las  va- 
riedades de  reptiles  y  peces,  de  camarones  fOtz),  de  que  conocían 
varias  especies,  y  la  culebra  (Kau).  Entre  las  varias  aves  repro- 
ducidas se  ve  el  (Luch)  ó  águila  negra,  el  (Pich)  ó  mochuelo,  el 
(Tzotz)  ó  murciélago,  el  (üt)  ó  paloma,  el  (Vac)  ó  gavilán  ,  el 
fXoch)  ó  lechuza,  el  (Butz)  ó  tordo,  y  otras  diversas  aves.  Pero 
entre  todas  las  representaciones  de  seres  zoológicos  la  más  intere- 
sante que  aparece  en  estos  vasos,  es  la  del  hombre,  que  se  ve  en 
diversas  actitudes,  revelándonos  diversos  usos  y  costumbres, 
algunas  de  las  cuales  habían  sido  negadas  por  partidarios  enco- 
miásticos de  los  indios,  en  contra  del  testimonio  de  otros  verídicos 
escritores  también  españoles  que  florecieron  en  la  época  de  la 
conquista. 

Así  vemos  en  estos  vasos  representaciones  de  guerreros  y  de 
sacerdotes,  y  de  indios  que  marchan  al  trabajo  llevando  al  hom- 
bro los  instrumentos  necesarios  para  el  mismo;  entre  los  cuales 
llama  extraordinariamente  la  atención  uno  en  que  el  indio  lleva 
al  hombro  un  hacha  de  piedra,  exactamente  igual  á  las  que  de 
aquella  misma  procedencia  se  conservan  en  nuestro  Museo,  y  en 
una  especie  de  zurrón  otras  varias  y  azuelas  de  la  misma  clase. 
Este  curiosísimo  vaso,  que  he  publicado  en  la  obra  que  fundé  y 
dirijo  con  el  título  de  uMuseo  Español  de  antigüedades^)^  demues- 
tra una  vez  más  qué  la  llamada  aEdad  de  Piedra»,  no  marca  una 
época  cronológica  cu  la  historia  de  la  humanidad,  sino  un  perío- 


VASOS   PERUANOS.  l'J'A 

do  de  la  vida  de  los  pueblos,  un  estado  más  ó  menos  primilivu 
de  su  civilización,  período  que  en  unos  se  remonta  á  tiempos  le- 
janos y  en  otros  llega  hasta  la  misma  edad  moderna. 

Otros  vasos  hay  en  que  se  ve  á  un  hombre  conduciendo  á  la  es- 
palda un  gran  búcaro,  igual  á  los  que  se  hacían  en  la  llamada 
Cartagena  de  Indias,  que  también  tenemos  en  nuestro  Museo,  y 
no  faltan  algunos  que  representan  escenas  eróticas  entre  hombres 
y  mujeres  representadas  en  diversas  actitudes,  nada  edificantes 
por  cierto;  y  lo  que  es  peor,  otras  no  ya  eróticas,  sino  de  asqueroso 
vicio  en  que  dos  hombres  están  cometiendo  el  pecado  nefando, 
vasos  que  demuestran  con  cuánta  razón  un  antiguo  escritor  espa- 
ñol de  aquella  época  acusaba  á  los  indios  de  tal  pecado ,  y  cuan 
poco  tenían  los  que  llevados  de  su  irreflexiva  afición  á  los  indios 
negaron  que  entre  ellos  se  conociera  tan  inmundo  vicio. 

Hay  otros,  de  los  que  pueden  llamarse  gemelos  unidos  por  un 
asa  donde  claramente  se  ve  quiso  el  artista  representar  una  mo- 
mia. Este  vaso,  aludiendo  tal  vez  á  su  funerario  destino,  produce 
un  gemido  lastimero  por  la  presión  del  aire  sobre  el  agua  al  co- 
locarle en  determinada  posición.  No  puede  oírse  aquella  especie 
de  doliente  queja,  mirando  al  mismo  tiempo  la  bien  modelada 
cabeza  que  representa  un  difunto  momificado,  sin  que  acuda  al 
instante  ala  memoria  la  idea  del  fúnebre  destino  de  aquel  vaso 
que  probablemente  se  liaría,  como  otros  de  la  misma  clase,  para 
ser  depositado  en  las  huacas  á  manera  de  funeraria  ofrenda  á 
los  manes  queridos,  de  suerte  que  en  todo  tiempo  al  menearse 
repitiese  los  tristes  ayes  que  el  dolor  arranca  por  los  seres  per- 
didos para  siempre  en  la  humana  vida. 

Molestaría  demasiado  la  atención  del  Congreso  si  entrase  á 
descri])ir  las  grandes  variedades  que  en  la  representación  de  la 
figura  humana  se  encuentran  en  estos  vasos,  los  cuales,  como  ya 
he  indicado,  en  la  parte  artística  revelan  notables  adelantos,  pues 
si  bien  es  verdad  que  hay  unos  de  mal  dibujo,  en  cambio  hay 
otros  modelados  hasta  con  perfección,  sobre  todo  en  las  cabezas, 
que  es  la  parte  más  importante  de  la  figura,  cabezas  que  ofrecen 
gran  interés  para  el  estudio  etnográfico,  pues  en  todas  ellas  pueden 
estudiarse  perfectamente  los  rasgos  fisionómicos,  característicos 
de  aquella  raza. 


194  BOLETÍN    DE   LA    REAL   AGADEXUA    DE    LA    HIST0RL4. 

También  hay  vasos,  como  el  primero  de  los  que  figuran  en  la 
adjunta  lámina,  que  parecen  representar  luchas  de  razas.  Vese 
en  el  una  especie  de  jaguar  fantástico,  cuya  cola  remata  en  una 
serpiente;  jaguar  que  sujeta  entre  sus  garras  una  cabeza  de  tipo 
distinto  que  las  expresadas  en  otros  vasos,  y  teniendo  presente 
que  el  jaguar  es  un  animal  con  el  que  se  simbolizan  divinidades 
americanas  y  aun  la  América  misma,  no  sería  aventurado  suponer 
que  el  autor  de  este  vaso  al  presentar  al  jaguar  devorando  entre 
sus  garras  una  cabeza  humana,  hubiera  querido  referirse  al 
triunfo  de  la  raza  indígena  sobre  otras  razas  extranjeras,  ó  acaso 
también  á  los  sacrificios  humanos  ofrecidos  á  ciertas  divini- 
dades. 

También  para  el  estudio  de  las  enfermedades  ofrece  curiosos 
datos  alguno  de  estos  vasos,  pues  los  hay  que  figuran  una  pierna 
completamente  hinchada  casi  hasta  los  dedos,  presentando  el 
mismo  repugnante  aspecto  que  exhiben  las  piernas  de  los  que 
padecen  la  elefantiasis,  enfermedad  terrible  que  he  podido  apre- 
ciar con  frecuencia  en  las  comarcas  de  Oriente  que  he  recorrido. 
Acaso  no  faltará  un  fisiólogo  que  verá  en  esto  un  dato  para 
resolver  que  los  antiguos  americanos  padecieron  tan  terrible 
enfermedad,  producida  por  el  constante  uso,  como  principal  ali- 
mento, del  maíz. 

Dije  que  estos  vasos  se  distinguen  no  solo  por  la  perfección  de 
los  procedimientos  industriales  que  en  los  mismos  se  advierte, 
sino  también  por  la  perfección  que  se  nota  en  el  modelado  de 
algunos  de  ellos;  y  en  efecto,  no  hay  más  que  fijarse  en  las  foto- 
grafías que  acompaño  y  en  la  lámina  del  Museo  que  también 
presento,  para  ver  el  intencionado  estudio  del  natural  que  hacían 
aquellos  artistas. 

Una  circunstancia  he  notado  en  estos  vasos,  digna  de  tenerse 
en  cuenta,  porque  constituye  en  el  día  el  mérito  mayor  en  obras 
de  cerámica  artística,  como  en  otros  muchos  productos  del  arte; 
y  es,  que  no  se  encuentran  dos  idénticos  ni  que  revelen  habe? 
sido  moldeados  ó  repetidos  por  medio  del  molde;  todos  son  ejem- 
plares únicos,  porque  aunque  haya  otros  parecidos,  ninguno 
puede  considerarse  como  repetición  de  su  compañero;  todo  lo 
cual  revela  la  riqueza  de  imaginación  de  aquellos  artistas  y  la 


VASOS  PEiiuANOs.  i;ir> 

facilidad  de  ejecución  que  les  distinguíci,  cuando  no  se  les  ocu- 
rría moldear  los  producios  de  su  arle,  para  repetirlos  con  más 
facilidad. 

En  los  vasos  de  colores  claros  ya  varía  el  sistema  de  ornamen- 
tación, siendo  más  pictórico  que  escultural,  pues  mientras  culos 
negros  predominan  las  figuras  tomadas  del  reino  animal  y  del 
reino  vegetal,  en  estos  el  adorno  lo  forman  zonas,  con  variadas 
formas  geométricas,  siendo  el  color  más  comunmente  empleado 
el  rojizo,  debido  en  mi  juicio  á  óxidos  de  hierro.  Estos  vasos,  como 
dije  en  una  de  las  sesiones  del  Congreso  anterior  de  Madrid,  re- 
cuerdan mucho  los  griegos  del  grupo  que  llaman  unos  oriental  y 
otros  corintio,  y  sobre  todo  por  su  forma  y  por  la  cualidad  de  ge- 
melos que  los  distingue  de  los  chipriotas.  ¿Indicará  esto  anti- 
guas relaciones  ó  mejor  orígenes  griegos, y  fenicios  entre  los 
americanos?  No  es  imposibje  que  existieran;  pero  no  hay  dalos 
bastantes  para  asegurarlo;  y  repito  como  dije  entonces,  que  la 
igualdad  en  los  productos  del  ingenio  humano  no  prueba  rela- 
ciones directas  de  unos  pueblos  con  otros,  sino  que  el  hombre 
colocado  en  la  superficie  de  la  tierra,  en  análogas  condiciones  y 
con  los  mismos  medios  de  acción,  produce  también  de  análoga 
manera.  Gomo  el  castor  y  la  abeja  no  necesitan  que  otros  castores 
ü  otras  abejas  les  enseñen  á  construir  sus  maravillosas  moradas, 
así  también  á  sus  obras  el  espíritu  del  hombre  en  cada  región,  les 
da  sello  especial  y  característico  dependiente  de  mil  causas  que 
no  son  del  momento  examinar,  pero  en  el  fondo  de  las  cuales  se 
ve  siempre  un  foco  de  numen  inteligente,  que  revela  la  indiscu- 
tible unidad  de  la  raza  humana.  El  arte  es  uno  en  la  esencia  y 
múltiple  en  la  forma;  y  como  la  forma  es  la  que  aspira  á  realizar  la 
belleza,  ideal  y  aspiración  de  todo  arte,  el  hombre  la  busca  en  lo 
que  le  rodea,  en  sus  creencias,  en  su  inspiración  interior;  pero 
como  hombre  al  fin  viene  á  coincidir  siempre  en  un  putito,  como 
coinciden  las  fuerzas  todas  de  los  diversos  y  varios  mundos  que 
pueblan  el  espacio  en  un  centro  único  cuyo  nombre  ni  cuya  esen- 
cia es  conocida  todavía,  ni  acaso  lo  sea  nunca ,  pero  de  la  que 
irradian  como  rayos  todos  de  un  mismo  foco  y  con  análogas  con- 
diciones las  invariables  esferas  del  Universo. 

El  estudio  de  los  vasos  de  nuestra  colección,  revela  un  estilo  de 


196  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla.. 

civilización  y  de  cultura,  que  indudablemente  corresponde  al 
apogeo  del  imperio  peruano ,  aquel  imperio  que  tanto  amó  las 
artes  del  lujo,  á  que  corresponde  á  no  dudarlo  la  cerámica  artís- 
tica, artes  suntuarias  que  causaban  la  admiración  de  los  mismos 
conquistadores,  como  lo  demuestra  entre  otros  importantes  testi- 
monios la  Crónica  del  Perú  escrita  á  vista  de  ojos  por  Pedro  Cie- 
za  de  León. 

Difícil  sería  después  de  lo  que  llevo  dicho  entrar  en  la  espinosa 
y,  en  mi  juicio^  no  muy  necesaria  investigación  acerca  de  cuáles 
de  estos  vasos  son  más  antiguos:  si  los  negros  representando 
figuras  diversas  ó  los  de  color  claro  con  diversos  adornos  pintados. 
Si  en  estas  investigaciones  fuera  lícito  presentar  opiniones  sin 
datos  positivos  en  que  apoyarlas,  diría  que,  á  semejanza  de  lo 
que  sucede  con  los  vasos  griegos,  yo  creo  más  antiguos  estos  úl- 
timos que  los  que  representan  figuras;  pero  sí  repito  que  no  me 
atrevo  á  presentar  acerca  de  ello  ni  de  la  verdadera  época  de  estos 
vasos,  conclusión  alguna  absoluta;  pues  siempre  tengo  por  norma 
en  estas  difíciles  investigaciones,  que  vale  más  detenerse  en  una 
prudente  reserva,  é  ir  paso  á  paso  abriendo  la  cerrada  senda  de 
la  investigación,  que  lanzarse  á  afirmaciones  atrevidas  destinadas 
á  verse  desvanecidas  como  el  humo  á  los  primeros  resplandores 
de  severa  crítica. 

Concluyo  rogando  al  Congreso  me  perdone  si  anduve  desacor- 
tado, y  tal  vez  difuso,  y  que  me  juzgue  no  con  la  rigidez  de  la  jus- 
ticia sino  con  la  bondad  de  la  indulgencia,  distintivo  inseparable 
de  la  sabiduría. 


11. 
,  Escritura  maya. 

(Sesión  del  2 i  de  Agosto.) 

Señores: 

Mi  ol)jeto  es  presentar  al  Congreso  terminada  la  traducción, 
que  he  hecho  y  anotado,  de  la  notabilísima  obra  de  M.  Rosny 


ESCRITORA    MAVA.  107 

sobre  la  interpretación  de  los  caracteres  hicráticos  do  Yucatán, 
traducci(3n  cuyos  primeros  pliegos  exhibí  en  el  seno  del  Congreso 
anterior,  y  que  causas  ajenas  á  mi  voluntad  me  han  impedido 
terminar  antes  de  ahora.  No  viene  el  libro  encuadernado,  porque 
no  me  ha  alcanzado  el  tiempo  para  imprimir  el  pnjlogo  que  tengo 
escrito  y  el  primer  apéndice  con  que  adiciono  mi  traducciíjn, 
apéndice  que  contiene,  tomado  directamente  del  original,  el  ma- 
nuscrito de  Diego  de  Lauda,  que  conservamos  cu  nuestra  Real 
Academia  de  la  Historia,  expurgado  de  los  trascendentales  errores 
con  que  lo  dio  ú  luz  Brasscur  de  Bourbourg.  A  los  pocos  días  de 
haber  regresado  á  mi  patria  estará  terminada,  así  lo  espero,  la 
impresión  de  dicho  apéndice  y  del  prólogo,  y  remitiré  ambas  cosas 
al  Sr.  Secretario  general  para  que  complete  esta  obra. 

En  cambio  presento  el  apéndice  II,  que  contiene  un  importan- 
tísimo documento,  hasta  ahora  no  publicado;  el  cual  demuestra 
cómo  los  españoles  usaron  en  los  días  de  la  conquista  la  escritura 
figurativa,  á  la  vez  que  reproducían  en  caracteres  españoles  el 
idioma  del  país  formando  una  especie  de  aljamiado,  con  lo  cual 
conseguían  irse  haciendo  entender  de  los  indios,  y  que  se  fuese 
verificando  lentamente  la  fusión  de  las  dos  razas  por  medio  de 
la  fusión  del  lenguaje  y  de  la  escritura;  lo  cual  demuestra, 
contra  el  común  sentir  de  los  que  calumnian  á  los  españoles,  que 
no  fueron  allá  solamente  en  son  de  destructora  conquista,  sino 
valiéndose  de  medios  profundamente  civilizadores. 

Me  ha  animado  á  emprender  la  difícil  traducción  de  la  obra 
de  M.  Rosny,  el  deseo  de  popularizar  en  mi  patria  los  elementos 
para  la  interpretación  de  los  caracteres  katúnicos,  por  el  único 
racional  y  acertado  que  en  mi  juicio  puede  llevarnos  al  fin  apete- 
cido. Querer  traducir  desdo  luego,  considerando  estos  caracteres 
como  los  rehus  de  nuestros  días,  es  prescindir  de  todo  procedi- 
miento científico  y  exponerse  á  caer  en  los  errores  que  tanto  han 
perjudicado  á  la  fama  tan  justamente  adquirida  por  otros  tra- 
bajos de  M,  Brasseur  y  sus  imitadores.  Para  interpretar  una  es- 
critura desconocida,  hay  que  descubrir  primero  el  sistema  segui- 
do en  la  escritura  misma,  y  después  el  idioma  que  bajo  ella  se 
oculta.  Lo  primero  es  saber  si  hay  en  la  escritura  desconocida 
ideografismo,  simbolismo  ó  fonetismo;  y  hasta  tener  sobre  esta 


198  boletín  de  la  real  acadenha  de  la  historia. 

ideas  ciertas  no  puede  darse  un  paso  adelante.  Este  es  el  gran 
servicio  que  lia  prestado  el  manuscrito  de  Landa,  presentándonos 
los  caracteres  fonéticos  de  los  antiguos  mayas  y  enseñándonos 
la  manera  de  usarlos,,  y  al  mismo  tiempo  diciéndonos  que  tenían 
también  caracteres  figurativos  é  ideográficos. 

Hay  un  pasaje  en  Landa,  en  que  no  se  lian  fijado  los  que  se 
han  ocupado  en  su  alfabeto,  pasaje  que  demuestra  con  brevísi- 
mas palabras  los  tres  elementos  que  componían  su  escritura.  Dice 
así  el  celoso  misionero  español:  Usavan  también  esta  gente  (los 
yucatecos)  de  ciertos  caracteres  ó  letras  con  las  quales  escrihian 
en  sus  libros  sus  cosas  antiguas^  y  sus  sciencias,  y  con  ellas  y 
FIGURAS  y  ALGUNAS  SEÑALES  en  Itts  figuras,  entendían  sus  cosas  y  las 
daban  á  entender  y  enseñaban.  Vemos  pues  que  tenían  caracteres 
figurativos  (y  figurasj,  caracteres  ideográficos  fy  algunas  señales 
en  las  figuras)^  y  caracteres  fonéticos  (ciertos  caracteres  ó  letras). 
No  puede  darse  mayor  claridad  en  la  enunciación  del  sistema  de 
escritura  de  los  antiguos  yucatecos.  Constaba,  pues,  de  los  mis- 
mos tres  elementos  que  consta  la  escritura  egipcia,  y  todo  el  se- 
creto está  en  comprender  la  manera  con  que  combinaban  estos 
tres  elementos.  Teniendo  presente  este  importante  pasaje  del  ma- 
nuscrito de  Landa,  desaparece  la  extrañeza  que  al  mismo  M.  de 
Rosny  produce  el  no  encontrar  en  los  códices  yucatecos,  que  po- 
seemos, palabras  que  puedan  leerse  solo  fonéticamente  ó  mejor 
dicho  alfabéticamente,  porque  en  la  com])i nación  de  los  tres  ele- 
mentos de  su  escritura  está  el  misterio,  que  todavía  por  desgracia 
no  hemos  podido  descubrir  por  completo.  Acaso  la  aplicación  del 
fonetismo  ó  alfabetismo  puro  lo  empleasen  solo  para  las  palabras 
que  representan  ideas  abstractas,  y  que  por  lo  tanto  no  pueden 
fácilmente  expresarse  por  medio  de  signos  figurativos  directos 
ni  aun  convencionales  ó  ideográficos.  Asi  vemos  que  el  ejemplo 
citado  por  Landa,  escrito  con  caracteres  fonéticos 

ma  in  ka  ti, 

expresa  una  idea  que  de  otro  modo  no  hu])iera  podido  fácilmente 
representarse:  la  ic'.ea  de  negación,  puesto  que  equivalía  á  decir 
«no  quiero.»  En  cambio  para  la  expresión  de  palabras  que  repre- 


ESCRITüIlA   MAYA.  l',|;) 

sentaban  ideas  directas,  se  valdrían  de  signos  figurativos  también 
directos  ó  modificados  con  algunas  seriales  en  la  escritura.  En  el 
manuscrito  azteca  que  acompaño,  las  palabras  que  están  expresa- 
das con  jeroglíficos  son  las  que  representan  directamente  el  nom- 
bre de  la  población  Halampa  (brazo),  el  templo,  el  número  de  las 
personas  que  de  61  cuidaban,  los  cantores,  los  señores  principales, 
las  autoridades  y  los  jefes,  empleando  para  las  demás  ideas  los 
caracteres  alfabéticos  españoles;  aungue  en  el  idioma  azteca  del 
país,  bien  porque  (como  parece  averiguado)  no  conocieran  los  me- 
jicanos el  alfabetismo,  bien  porque  los  españoles  quisieron  ir  in- 
troduciendo su  escritura  en  sustitución  de  la  escritura  indígena. 

Estas  no  son  más  que  indicaciones,  las  cuales  acaso  puedan 
encontrar  confirmación  en  descubrimientos  posteriores;  pero  lo 
que  no  puede  ponerse  en  duda,  según  el  testimonio  del  P.  Lau- 
da, es  que  su  escritura  constaba  de  los  tres  elementos  inducidos: 
figurativo,  ideográfico  y  fonético;  por  lo  cual  igualmente  se  equi- 
vocan, en  mi  sentir,  los  que  quieren  traducir  los  escasos  códices 
yucatecas  que  poseemos,  interpretándolos  como  simples  rehiis,  ó 
sea  como  escritura  figurativa,  ó  á  lo  más  ideográfica,  que  los  que 
quieren  buscar  en  ellos  sólo  palabras  escritas  con  los  signos  al- 
fabéticos de  Landa. 

A  la  interpretación  de  la  escritura  bierática  del  Yucatán  sólo 
puede  llegarse  por  el  camino  emprendido  con  grande  acierto  por 
M.  Rosny,  en  la  importante  obra  que  he  tenido  la  fortuna  de 
trasladar  á  la  hermosa  habla  castellana.  Hay  que  ir  fijando  jalo- 
nes en  cada  trazo  de  camino  que  se  logre  abrir,  y  después  reco- 
rrerlo con  pausada  marcha,  para  llegar  al  término  importante  de 
la  interpretación  que  se  desea.  M.  Rosny  ha  puesto  las  primeras 
piedras,  con  la  seguridad  de  un  verdadero  sabio,  de  éste  que  ha 
de  ser  gloriosísimo  edificio,  y  estamos  seguros  de  que  habrá  de 
terminarlo ;  y  aunque  no  le  conceda  tanta  ventura  la  Providen- 
cia, siempre  tendrá  la  gloria  de  haber  encauzado  estos  estudios 
por  el  único  sendero  que  pueden  recorrer.  Verdad  es  que  el  ca- 
mino por  él  emprendido  no  satisface  por  el  momento  á  la  curio- 
sidad, pero  satisface  á  la  crítica  científica,  y  esto  es  lo  serio,  lo 
verdadero  y  justo.  Alardear  de  traducciones  á  priori,  sin  plan 
preconcebido,  sin  penetrar  en  el  estudio  de  la  naturaleza  consti- 


200  BOLETÍN    DE   LA    REAL    ACADEML4.    DE    LA    HISTORIA. 

tutiva  de  la  escritura  que  se  trata  de  interpretar,  es  tarea  fácil; 
pero  que  á  nada  conduce  más  que  al  desprestigio  de  la  ciencia  y 
al  alejamiento  de  la  verdad. 

Dije  en  el  Congreso  anterior  que  para  la  interpretación  que  anhe- 
lamos el  manuscrito  de  Landa  era  de  grandísima  importancia;  y 
continúo  creyéndolo,  aun  en  contra  de  lo  sustentado  por  el  mismo 
M.  Rosny.  Nada  importa  que  en  los  manuscritos  yucatecas  que 
poseemos  no  haya  podido  leerse  una  sola  palabra  aplicando  el 
alfabeto  que  nos  ha  dado  á  conocer  el  célebre  misionero;  pero 
consiste  en  que  no  se  ha  tenido  presente  que  él  no  dice  que  sólo 
se  escribiera  por  los  mayas  con  solo  aquellos  caracteres,  sino 
que,  como  ya  hemos  repetido,  empleaban  también  el  elemento 
iio-urativo  é  ideográfico  (figuras  y  algunas  señales  en  ellas),  todo 
lo  cual  se  ve  por  el  examen  de  los  manuscritos  katúnicos  que  po- 
seemos. Lo  que  falta  que  encontrar  es  la  manera  de  combinar 
estos  elementos:  si  ohedecía  á  reglas  constantes  ó  si  se  hacía  ad 
libitum,  según  los  casos;  y  la  falta  de  datos  acerca  de  esto  es  lo 
que  impide  que  obténganlos  tan  pronto  como  se  deseara  resulta- 
dos prácticos  en  la  interpretación.  Landa  nos  da  el  alfabeto  y  el 
mecanismo  de  su  combinación  para  escribir  las  palabras  alfabé- 
ticamente. Le  faltó  el  decirnos  cómo  combinaban  este  elemento 
con  el  figurativo  ideográfico,  ó  sea  el  de  las  figuras  y  algunas  se- 
ñales en  las  figuras;  pero  estamos  seguros  de  que  por  el  camino 
profundamente  científico  seguido  por  Rosny,  habremos  de  llegar 
á  descubrirlo. 

Lo  que  no  puede  sostenerse,  ni  por  un  momento,  es  que  este 
alfabeto  no  sea  el  de  los  mayas,  sino  otro  inventado  por  los  mi- 
sioneros para  entenderse  con  los  indios,  tomándole  de  sus  anti- 
guos jeroglíficos.  A  tan  gratuito  aserto  se  opone  terminante- 
mente el  texto  mismo  del  manuscrito,  cuando  dice  que  usaban 
también  estas  gentes  de  ciertos  caracteres  ó  letras  con  las  cuales 
escribiati  en  sus  libros  sus  cosas  antiguas  é  sciencias,  pues  si  las 
usaban  ya  á  la  llegada  de  los  misioneros,  no  pudieron  ser  inven- 
tadas por  estos.  Además,  en  otro  pasaje,  en  el  que  apenas  han 
hecho  alto  los  que  se  han  ocupado  de  este  importante  manuscrito, 
dice  Landa,  habb.ndo  de  los  importantísimos  y  civilizadores  tra- 
bajos de  los  padres  misioneros,  «que  aprendieron  á  leer  y  escri- 


KSr.RITTTRA    MAYA.  -JO  I 

bir  en  la  lengua  de  los  indios,  la  cual  se  redujo  tanto  á  arte,  que 
se  estudiaba  como  la  latina,  y  que  se  halló  que  no  usaban  de  seis 
letras  nuestras,  que  son:  D.  F.  G.  Q.  R.  S. ,  que  para  cosa  nin- 
guna las  han  menester,  pero  tienen  necesidad  de  doblar  otras 
para  entender  las  muchas  significaciones  de  algunos  vocablos, 
porque  Pa  quiere  decir  abrir,  y  Paa,  apretando  mucho  los  labios, 
quiere  decir  quebrar,  y  Tan  es  cal  ó  ceniza,  y  Tan,  dicho  recio, 
entre  la  lengua  y  los  dientes  altos,  quiere  decir  palabra  (3  hablar, 
y  así  en  otras  dicciones,  y  puesto  que  ellos  para  estas  cosas  te- 
nían diferentes  caracteres,  no  fué  menester  inventar  nvevas  figu- 
ras de  letras.y)  Creemos  que  después  de  tan  terminante  declara- 
ción no  podrá  haber  quien  sostenga  que  el  alfabeto  de  Landa 
fué  arreglado  por  los  misioneros,  sino  el  que  usaban  los  mayas 
en  sus  documentos  escritos. 

Acaso  estoy  abusando  de  vuestra  benevolencia ;  pero  antes  de 
concluir,  deseo  dar  al  Congreso  una  grata  nueva  que  también  he 
consignado  en  las  notas  de  mi  traducción.  Cuando  salvé  para  mi 
querido  Museo  el  manuscrito  que  ha  dado  en  llamarse  Cortesia- 
nus,  creí  que  era  la  continuación  ó  complemento  del  Codejc  Troa- 
us,  y  el  examen  minucioso  que  de  uno  y  otro  hizo  M,  Rosny  y 
yo  mismo  á  su  lado,  nos  demostró  de  una  manera  incuestiona- 
ble, que  eran  uno  mismo,  y  que  en  época  acaso  no  muy  lejana 
había  sido  separado  en  dos  por  alguno  de  sus  anteriores  posee- 
dores. Reunido,  forma  el  códice  mayor  y  completo  que  existe  de 
los  antiguos  mayas,  y  en  breve  podrán  así  estudiarlo  los  aman- 
tes de  estos  importantísimos  estudios,  porque  el  Museo  que  re- 
presento ha  conseguido  del  Sr.  D.  Luis  de  Tro  la  cesión  del  céle- 
bre códice  á  que  dio  nombre  su  ilustrado  padre,  á  fin  de  unir  lo 
que  nunca  debió  separarse,  y  que,  reunido,  ha  dado  yn  el  impor- 
tantísimo resultado  de  hacer  comprensibles  páginas  que  antes  no 
lo  eran,  y  poder  descubrir  que  en  estos  códices,  que  forman  nno 
solo,  se  encuentra  la  notación  del  gran  ciclo  yucateco,  confir- 
mando los  datos  que  sobre  el  mismo  interesante  punto  nos  ofrece 
el  manuscrito  de  Paris. 

Pero  al  llegar  á  este  punto  de  mi  informe,  noto  que  acaso  me 
he  excedido  molestando  vuestra  atención  con  estas  indicaciones, 
y  voy  á  terminar  ya  que  estoy  en  el  uso  de  la  palabra,  con  una 

TOMO    III.  14 


202       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

indicación  de  índole  diversa  que  las  expuestas;  pero  que  no  creo 
debo  omitir.  Acaso  antes  que  yo  se  hayan  fijado  en  ella  los  sa- 
bios americanistas  que  me  escuchan;  pero  no  por  eso  debo  omi- 
tirla. El  héroe  legendario  y  casi  divinizado  de  las  tradiciones  es- 
candinavas Odin,  es  llamado  también  en  algunos  autores  Votan; 
y  Votan  es  el  nombre  de  un  personaje  mítico  divinizado  del  Yu- 
catán, que  reunió  en  su  persona  las  cualidades  de  soberano, 
de  legislador,  de  institutor  y  de  sacerdote;  Votan  y  Kukulcan, 
con  el  cual  se  le  identifica  también,  presentan  los  mismos  carac- 
teres exteriores;  color  blanco,  barba  abundante,  largos  vestidos; 
y  desaparecen  misteriosamente  sin  que  nadie  volviera  á  saber 
de  ellos.  Según  Gogolludo,  la  partida  de  Kukulkan  no  iría  más 
allá  del  siglo  xii;  y  según  Herrera  precedería  sólo  en  560  años  á 
la  llegada  de  los  españoles,  pues  bien,  de  los  siglos  xr  y  xii  son 
los  principales  descubrimientos  en  la  América  por  los  escandina- 
vos. Serán  coincidencias,  si  se  quiere,  y  nada  más  que  coinci- 
dencias; pero  deben  apuntarse  por  si  nuevos  descubrimientos 
viniesen  á  confirmarlas,  y  para  que  la  crítica  sagaz  de  los  ver- 
daderos sabios  profundice  en  estos  problemas. 


ESCRITURAS  INÉDITAS  DE  LOS  SIGLOS  XI  Y  XIV. 


EL  MONASTERIO  DE  VARRIA  (SAN  AGUSTÍN   DE  ECHEVARRÍA,    TKRMINO 
DE  ELORRIO)  EN  1053. 

Su  acta  de  fundación  encierra  no  corto  interés,  así  para  la 
historia  particular  de  Vizcaya  y  general  de  España  como  para  el 
estudio  del  vascuence.  Del  instrumento  original,  escrito  en  letra 
gótica,  que  hubo  de  ver,  mas  no  piililicó  Garibay  (i),  citan  Florez 

(1)    Compendio  fiistwial  de  Expa'ia,  L  xxn,  cap.  3\ 


ESCRITURAS    INÉDITAS.  203 

y  Risco  (1)  algunos  fragmentos;  prometió  darlo  á  luz  líeiiao  (2), 
pero  tampoco  se  logró;  y,  en  fin,  Iturriza  (3)  y  Llórenle  ('»),  que 
copiaron  la  traducción  castellana,  no  lograron  hacerse  con  el 
texto  latino,  y  deploraron  su  pérdida.  Afortunadamente ,  si  bien 
el  pergamino  original  ha  desaparecido,  quédanos  el  facsimüe 
que  el  Sr.  Echaguibel,  abogado  y  propietario  de  Elorrio,  facilitó, 
lio  ha  muchos  días,  al  R.  P.  José  Eugenio  de  Uriarte,  sabio  je- 
suíta, á  cuya  diligencia  soy  deudor  de  esmerada  copia.  El  fac- 
símile, papel  manuscrito  del  siglo  xvi,  lleva  este  encabeza- 
miento: «gííe,  in  membrana  vetustissima,  scripta  reperi,  hec  ad 
verbum  et  iisdem  characteribiis  transcripsi. »  Probablemente  su 
autor  debió  de  ser  cura  párroco,  ó  beneficiado,  de  la  iglesia  de 
Echevarría;  pues  cuentan  que  este  facsímile  se  salvó,  como  por 
milagro,  del  incendio  que,  un  siglo  há,  redujo  á  pavesas  lodo  el 
archivo. 

Dice  así: 

«(5)  In  nomine  doniiiii  noslri  Ihesu  christi  siib  sánete  trinitatis 
et  individué,  patris  et  filii  et  spirilus  sancti,  Amen.  Ego  munio 
sancic  comité,  et  uxor  mea  comitissa  domna.  leguntia,  posuimus 
ccclesia  quod  dicitur  monasterio  narria,  que  habitent  in  ea  mo- 
ñacos, et  fratres  vel  sórores,  et  non  habeant  ibi  partem  nostros 
filios  et  filias  ñeque  nostra  generatio,  set  moñacos  et  fratres  vel 
sórores,  et  quod  orent  pro  animabus  nostris  et  pro  omnium  fide- 
lium  christianorum.  Et  dedimus  hereditates,  térras  et  mancana- 
res,  agros  et  campos,  sive  montes  et  fontes  et  pasturas  et  térmi- 
nos. Id  sa  (6)  de  olabee  cahar  usque  ad  illumpontum  quod  dicitur 
marcocubi;  et  quomodo  currit  riguum  quod  dicitur  cumelegui 
usque  ad  monasterium  quod  dicitur  memaia,  et  ad  ilum  riguum 
quod  descendit  iuxta  harhegui;  et  de  alia  parte  de  legeriano  usque 


(1)  España  Sagrada,  xxvi,  188;  xxxiii,  244. 

(2)  Antigüedades  de  Cantabria,  1.  i,  c.  7  (t.  i,  pág.  39).  Salamanca,  1689. 

(3)  Historia  general  de  Vizcaya  (Berriz,  1785),  ms.  de  la  R.  Acad.  de  la  Historia,  pá- 
gina 596. 

(4)  Noticias  kistnricas  de  las  Provincias  Vascongadas:  t.  iii,  pág.  388,  Madrid,  1807. 

(5)  Lugar  del  crismón. 

(6)  ¿Vascuence  da  (latin  estjf  La  gramática  vizcaína,  escrita  por  el  Dr.  Micoleta  en 
1653,  tratando  del  pretérito  del  verbo  ser,  dice  que  sa  es  la  tercera  persona  del  singular. 


204  ÜÜLETIN    DE    LA    KEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

ad  riguLim  quod  dicitur  iturlax  omnia  ipsa  valle;  etiam  post  mor- 
tem  coniux  meam,  cui  sit  requies  ia  perenne  vite,  Amen.  Ego, 
comitissa  domna  leguntia,  venit  mici  voluntatem,  pro  amorem 
sánete  trinitatis  donavi  a  illum  monasterium  in  villa,  quod  dici- 
tur garaio,  duas  sernas,  unum  de  dextra  parte  de  ecclesia  nova, 
et  alia  ad  sinistra  parte;  et  quatuor  bustos  de  vakas :  unum  ex 
ipsis  bustis  misit  sénior  lupe  ahoctarric  pro  animam  suam ;  et  al- 
baro  albaror  darroita  omnia  sua  hereditate;  et  similter  muño 
ossandoz  de  arroita  posuit  omnia  hereditate;  et  nunnuto  miotaco 
ad  una  cum  uxor  sua  urrana  vitacoc  omnia  hereditate,  et  sancio 
lelluc  de  olhahehe  caliar  quinta  parte  et  media  de  sua  hereditate; 
et  suum  filium  munio  sancic  posuit  suum  rationem.  Et  ego  co- 
mité munio  sancic  ad  una  cum  uxor  mea  comitissa  domna  legun- 
tia ct  ad  una  quantos  sunt  rovorata  in  ista  scedula  donavimus  ad 
illos  sanctos  qui  ibidem  sunt  recondite,  id  sa  sancti  iohannis  apos- 
toli  et  sancti  tome  apostoli  vel  sancti  agustini  episcopi,  et  in  alia 
ecclesia  deorssum  sunt  recondite,  id  sa,  sánete  marie  virginis  et 
sánete  mikael  arcangeli  sive  sancta  marina  virginis,  et  quod  ibi 
fuerint  omni  hora  conlocatum,  in  illos  sanctos  moñacos,  aut  fra- 
tres  vel  sórores,  pro  amore  christi  ita  donavimus  tota  ista  dona. 
Et  posuit  de  unum  molinum  demedia  parte  sénior  munio  sancic, 
quod  vocatur  ¿ncomentio,  pro  sua' anima. 

Gundesalbu  albaroz  et  suo  filio  fidiatores. 

Lope  gaif  ¡5  contirniat. 

Eneco  lup¡9  de  lafjkanu  conf . 

GomÍ9  fortunif.  áe  formaiqtegui  conf. 

Nunuso  narriatec  de  lohinac^  conf. 

Acenari  mome9  de  aqubaiTO  conf. 

Et  8U0  germano  gideri  momez  de  anhelo  conf. 

San^i  nnnusoo,  de  aberanka  conf. 

Gellu  nunu80Í9  de  arratia  conf. 

Acenari  san90Í9  de  ivarra  conf. 

Acenari  Ban90Í9  de  herrio  conf. 

Et  si  aliquid  lioc  mandatum  in  iustitia  voluerit  defenderé  aut 
disrumpcrc,  habcat  'cautum  a  parto  rcgis  quinqué  libras  auri,  et 
a  parte  monastcrii  dupplatum  vel  melioratum.  Et  si  fuerit  ali- 


ESCUITURAS    INÉDITAS.  ;'0n 

quid  homo,  fortiter  facial  supra  iioc  testamentum,  aut  ro^c,  aut 
cpiscopus,  aut  abbas  seu  presbiter,  sive  séniores,  vel  (juis  livel 
homo,  ista  sit  comuiiicalio  ilHus  bacuata,  ct  diabolo  sit  suum 
minister,  et  participatio  iUius  sit  cum  iudas  traditore  in  inferno; 
el  oratio  eius  sit  semper  in  pecatum,  et  non  habeat  aliquid  nul- 
la  ratio  de  illa  oratio;  íiant  dies  eius  pauci  et  episcopatura  eius 
accipiat  alter,  sicut  psalmista  narravit  (1).  Fiant  íilii  eius  orfani 
et  uxor  eius  vidua,  fiant  anui  eius  pauci  in  interitu,  in  una  ge- 
ueratione  deleátur  nomen  eius.  Et  non  habeat  partcm  cum  chris- 
to,  sed  cum  antichristo;  et  sit  condemnatus  de  collegium  angelo- 
rum,  sive  sanctorum  martirum ,  virginum,  confessorum;  et  in 
presentí  seculi  excomunicatus  pcrmaneat  ab  omni  congrcgatio- 
ne  christianorum ,  qui  hoc  iustitia  voluerit  defenderé.  Semper 
valeat  illum  cum  antichristo,  cum  socio  suo.  Amen,  Amen, 
Amen. 

Regnante  domino  nostro  ihesu  christo  et  sub  eius  imperio 
leionensem  fredinandus  rex,  Garsia  rex  in  nagera  et  in  castella 
vetula,  Ranimirus  rex  in  aragona  et  superarvi  et  in  ripa  curca, 
Comessanus  episcopus  vurgensis,  Gomessanus  episcopus  naga- 
rensis,  Santius  episcopus  rector  ecclesie  navarrensium ,  Garsia 
episcopus  alavensis  sive  in  uiskahia,  comité  Munio  sancic  in  Tu- 
ranko,  Fata  carta  in  era  ílx"  et  unum;  e  confirmata  in  kalendis 
februariis,  Regnante  ego  garsia  rex  in  pampilona  et  in  ala- 
va,  frenandus  rex  in  legione,  garsia  episcope  in  alava,  San- 
cius  episcope  in  paupilona ,  gomessanus  in  nagera.  —  j^  Sig. 
rex.» 

La  fecha  del  año  1053  (era  1091)  es  indubitable.  Reinaban  los 
tres  hijos  de  Sancho  el  Mayor;  regían  las  diócesis  de  Burgos, 
Nájera,  Pamplona  y  Armentia  los  obispos  que  el  documento  ex- 
presa; y  era  conde  del  Duranguesado  (Turanko)  Munio  Sanchiz. 
Dos  años  antes  (30  Enero,  1051),  y  probablemente  en  Cortes  de 
los  Estados  sometidos  á  D.  García,  expedía  este  monarca  la  cons- 
titución que  publicó  Moret  (2),  tomándola  del  archivo  de  la  cate- 
dral de  Calahorra  (caf.  Í2,  n°  1): 


(1)  Salmo  cviii. 

(2)  Investigaciones  históricas  de  las  antigüedades  del  reino  de  Navarra^  11,  c.  2, 


206       UOLETIN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

«In  Dei  nomine  et  individué  Trinitatis  ego  Garsea  rex  et  uxor  mea  Ste- 
phania  regina,  una  pariter  cum  Episcopis  subnominatis,  Garsea  episcopo, 
Sancio  episcopo,  Gomesano  episcopo  et  Comités  mei  qui  sunt  in  mea  térra. 
Placuit  nobis  simul  et  Comili  Ennego  Lopiz,  qui  est  Dux  in  illa  patria 
que  vocatur  Vizcaia  et  Durango,  et  consenserunt  omnes  milites  mei  ut  in- 
genuasem  illos  omnes  monasterios,  qui  sunt  in  illa  térra,  ut  non  habeant 
super  eos  potestatem  in  aliqua  servitute,  nec  Comités,  neo  potestates.  Si 
tamen  in  unoquoque  monasterio  si  migraverit  unus  Abbas,  perquirant 
fratres  Episcopum,  cui  decet  regere  patriam,  et  inter  semetipsos  eligant 
Abbatem,  qui  dignus  sit  regere  fratres,  Et  de  alio,  quod  usuale  habebant 
illi  Comités  et  sui  milites  in  illis  monasteriis  mittere  suos  canes  et  suos  ho- 
mines  ad  gubernandum :  et  ego  Garsea  rex  et  uxor  mea  cum  Comitibus  et 
militibus  meis  contestor  ut  nuUns  homo  sedeat  aptus  pertemptare  banc 
rem.  Facta  carta,  noto  die  iii  kal.  februarias,  Era  m.lxxxix,  regnante  ego 
Garsea  rex  in  Pampilona  et  in  Álava  et  in  Vizcaia,  Fredenandus  rex  in  Le- 
gione.  Garsea  episcopus  in  Álava,  Sancius  episcopus  in  Pampilona,  Gomes- 
sanuB  in  Naxera. » 


Modelóse  esta  constitución  por  los  nomocánones  II  y  III  de 
las  Cortes,  ó  concilio  nacional  de  Goyanza  (1050),  al  que  asistie- 
ron entre  otros  ijrelados  Gómez  de  Burgos  (Occensis)  Gómez  de 
"N áiera.  f  Kalagiirritanensis)  y  Juan  coadjutor  de  Sancho  de  Pam- 
plona. Sujetándose  á  ella,  y  en  el  mismo  día  de  su  fecha  (30  Ene- 
ro, 1051)  los  Condes  de  Vizcaya  D.  Iñigo  López  y  doña  Toda  pac- 
taron (1)  con  el  obispo  de  Armentia,  D.  García,  sobre  la  iglesia 
de  Axpee  (2)  en  la  merindad  de  Busturia  sobre  la  ría  de  Monda- 
ca.  Firmaron  la  escritura  el  obispo  y  los  condes  de  Vizcaya,  sien- 
do testigos  los  abades,  ó  párrocos  de  Munguía  (MunchiensisJ  Mo- 
linar  fMoliniharrensis),  y  Abadiano  (AhadieiisisJ,  los  señores  de 
Arratia  (ArrathiensisJ ,  Baracaldo  fBaracaldensisJ ^  Berango  (Áhe- 
racanensis),  y  la  señora  de  Echevarría  (domna  Leguncia  Esceher^ 
riensisj,  que  opino  fué  la  condesa  de  Durango,  esposa  de  Munio 
Sanchiz.  El  condado  Duranguós  se  distinguía  del  de  Vizcaya;  lo 
que  no  impedía  al  poseedor  de  este  último  título  el  ser  Duque  de 


(1)  El  documento  se  sacó  del  becerro  ííótico  del  archivo  de  Sau  Milliin.  Véase  en  Lló- 
rente, op.  cit.,  t.  ni,  pág.  3~7-879. 

(2)  «Monasterium  iuxta  maris,  cui  vocabulum  est  sánete  Mavie  de  Izpea,  subtus 
penna,  in  territorio  Bustw ri.»  Lleva  Izpea  consigo  la  traducción  en  «subtus  peuna, » 
habiéndose  mudado  be  (debajo  de)  en  pe,  por  virtud  de  una  ley  fonológica  común  á  to- 
dos los  dialectos  del  vascuence. 


ESCRITURAS  INÉDITAS.  JOT 

ambos  distritos  (comiti  Ennego  Lopiz,  qxii  est  ditx  in  illa  patria 
que  vocatnr  Vizcaia  et  Duranr/o)  con  arreglo  tal  vez  á  domarca- 
cioiics  corrientes  en  los  períodos  visigodo  y  romano. 


ir. 

VENTA  DE  UNA  ESCLAVA  MORA  POR  UN  JUDÍO  EN  1313. 

Del  archivo  de  la  catedral  de  Toledo  han  venido  al  Histórico 
Nacional  varias  escrituras,  relativas  á  los  hebreos  de  aquella  ciu- 
dad y  divididas  en  sección  rabínica  y  castellana.  El  pergamino, 
cuyo  facsímile  reducido  á  dos  tercios  del  original  presento,  es  el 
primero  de  la  última  sección. 

Sepan  quantos  esta  carta  vieren  commo  yo  don  abrahen,  fijo  de  don 
mayr  al  levi,  judio  de  toledo  otorgo  e  connosco  que  vendo  a  vos  marina 
alfonso,  fija  de  don  alfonso  garcia  de  soto  mayor,  una  mora  blanca  man- 
ceba quel  disen  mariem,  fija  de  mahomad  almacaz  (1)  de  lubreyr  (2)  por 
seys  cientos  maravedis  de  la  moneda  blanca  de  diez  dineros  el  maravedí, 
que  rregabi  de  vos  e  passaron  a  mi  poder  todos  bien  e  complida  mientre. 
Et  rrenun9Ío  que  non  pueda  desir  que  los  non  rre9ebi,  e  si  lo  dixiere  que 
me  non  vala  por  ninguna  manera;  e  apodero  vos  la  diclia  mora  con  esta 
carta  e  del  dia  de  su  era  que  sea  vuestra  para  faser  della  lo  que  quisiere- 
des,  e  fio  vos  la  de  furto  e  de  rabina,  e  lo  al  de  sus  tachas  a  vuestra  ven- 
tura; e  esta  vendida  vos  fago  al  fuero  de  toledo  con  mari  aderae  (3);  e 
por  todo  esto  conplir,  segund  dicho  es,  obligo  todos  mis  bienes,  los  que 
oy  dia  e,  e  abre  cabadelante.  Fecha  la  carta,  veynte  e  un  dia  de  junio,  era 
de  mili  6  ccc°^  e  §inquenta  e  un  anno. 

Yo  don  9ag,  fijo  de  don  todros  al  levi,  so  testigo,  ^j  ii^}^  DTnTC  13  pnV^ 
— Yo  don  9ag,  fijo  de  don  mayr  aben  nahman,  so  testigo.  -|ixa  12  pni" 
"tSD  TDnJ  n — ^^  ^'^y  peres,  escrivano  en  toledo,  escrevi  esta  carta,  e  so 


(1)  w5'jLd.3l    (el  molinero). 

(2)  ¿Lobreiro  (prov.  de  la  Coruña,  part.  jud.  de  Negreira)? 

(3)  *^¿5^  jJ!  í  =1  »J  (bari  adderak).  Estipulación  de  no  sanear  la  cosa  vendida;  6  de 
que  ésta,  una  vez  adquirida,  corre  á  riesgo  y  ventura  del  comprador.  Previene  aquí  los 
efectos  establecidos  eu  el  código  de  Alfonso  X  (part.  v,  tit.  v.  ley  Gí',  habiendo  arriba 
declarado  el  objeto  de  la  misma  estipulación:  é  finws  lo  al  de  sus  tachas  á  tucstra  ven- 
twa.  La  obligación  de  los  bienes  recae  sobre  el  titulo  esencial  de  la  venta. 


208  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

testigo.  ^^J^   ^-2 J  —  ^*  y^  Alfonso  fernandes,  escrivano  en  toledo, 
80  testigo.  í  ^M^  ij^J.' 


El  tipo  cursivo  hebreo  de  las  primeras  firmas  no  ha  caido  en 
desuso ;  pues  lo  emplean  aún  los  judíos  de  Turquía  oriundos  de 
España. 

MRflrid,  9.',  (le  .Julio,  1H«:{.  FiDEL   FiTA. 


BOLETÍN 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO  III.  Octubre,  1883.  cuaderno  iv 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

La  Academia  ha  reanudado  sus  sesiones  el  viernes  28  del  pró- 
ximo pasado  mes. 


El  académico  Sr.  Fabié  habiendo  ido  á  Florencia  con  objeto  de 
estudiar  en  la  Biblioteca  Laurenciana  el  texto  en  mejicano  del 
P.  Sahagún ,  del  que  habló  en  el  Congreso  de  Americanistas  re- 
unido en  Copenhague,  ha  visto  al  pasar  por  Venecia  la  inapre- 
ciable colección  de  los  despachos  originales,  que  sin  interrupción 
desde  el  año  1554,  y  anteriormente  á  la  presente  centuria,  envia- 
ron á  la  poderosa  Piepüblica  del  Adriático  sus  embajadores  acre- 
ditados cerca  de  la  corte  de  España. 


Se  ha  descubierto  últimamente  en  Tarragona  un  miliario  del 
tiempo  de  Augusto ,  gemelo  del  ya  conocido  y  publicado  por  La- 
borde  ,  que  se  halla  en  la  ermita  de  la  Aldea ,  sobre  la  margen 
izquierda  del  Ebro,  frente  de  Amposta.  De  este  último  ha  presen- 
todo  una  copia  fotográfica  el  Sr.  Fita,  que  ha  sido  comisionado 
para  informar  sobre  ambos  monumentos  itinerarios. 


15 


210  BOLETÍN    DE   LA    REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

Notable  ha  sido  el  descubrimiento  de  inscripciones  ibéricas  en 
estampillas  de  cerámica  que  ha  hecho  el  Sr.  D.  Emilio  Burges  en 
el  término  de  Olietes,  y  en  el  punto  nombrado  Solana  Emilia,  á 
dos  kilómetros  de  la  margen  izquierda  del  río  Martín,  cerca  del 
alto  cerro  que  llaman  Torreón  de  las  Brujas  ó  Venta  de  San  Pe- 
dro. Fué  este  ultimo  sitio  lugar  fortificado,  como  lo  demuestran 
los  enormes  pedruscos  que  forman  la  cerca  de  un  arruinado  cas- 
tillo de  estructura  ciclópica.  El  Sr.  Burges,  que  ha  presentado 
inprontas  de  las  inscripciones  y  depositado  los  originales  en  la 
Exposición  de  Minería,  establecida  en  el  Buen  Retiro  de  esta  ca- 
pital, se  propone  seguir  con  actividad  las  excavaciones  en  aquel 
terreno  de  su  propiedad.  El  sitio  del  hallazgo  fué  de  seguro  ede- 
tano;  y  no  parece  que  distase  mucho  de  allí  la  antigua  Damania^ 
cuyas  monedas,  así  como  las  atribuidas  á  Olite,  están  marcadas 
con  caracteres  gráficos,  que  ofrecen  bastante  analogía  con  las  ins- 
cripciones descubiertas. 


El  Sr.  Flores  Laguna  ha  publicado  en  la  Correspondencia  mu- 
sical (números  del  1 1  de  Agosto  al  8  de  Setiembre)  las  eruditas  con- 
sideraciones que,  á  su  entender,  justifican  la  interpretación  que 
dio  á  las  piezas  musicales  del  famoso  Códice  de  Calixto. 


Ha  recibido  la  Academia  con  vivo  agradecimiento  el  regalo  de 
200  monedas  americanas,  que  le  ha  enviado  desdóla  isla  de  Cuba 
la  viuda  del  Sr.  Aríñiga,  como  manda  testamentaria  de  su  difun- 
to esposo. 

Nuestro  corresponsal  el  Dr.  Wenlworth  Webster  ha  merecido 
bien  de  nuestro  Cuerpo  literario,  ofreciéndole  en  donativo  y  pre- 
ciosamente encuadernada  la  segunda  edición  de  su  libro,  titulado 
Basque  legends. 


El  académico  Sr.  Codera  ha  terminado  la  edición  del  códice 
arábigo  de  Aben  Pasqual. 


INFORMES. 


SANTIAGO,  JERUSALÉN,  ROMA 
POR  LOS  SRES.  FERNÁNDEZ  SÁNCHEZ  Y  FREIRÉ  BARREIRO. 


Cumpliendo  el  encargo  que  el  Sr.  Director  se  ha  servido  con- 
íiarme  de  proponer  á  la  Acadepiia  el  informe  que  ¿i  mi  juicio 
debe  darse  para  los  efectos  del  Real  decreto  de  12  de  Marzo  de 
1875  sobre  la  obra  escrita  por  los  Sres.  D.  José  María  Fernández 
Sánchez  y  D.  Francisco  Freiré  Barreiro,  titulada  Santiago^  Jeru- 
salén,  Roma;  Diario  de  una  peregrinación  á  estos  y  otros  lugares 
de  España,  Francia,  Egipto,  Palestina,  Siria  é  Italia  en  el  año 
de  iSlo,  tengo  el  honor  de  someter  á  la  aprobación  de  este  ilus- 
trado cuerpo  el  siguiente: 

Basta  dar  una  ojeada  á  la  parte  material  de  la  obra  de  los  seño- 
res Fernández  Sánchez  y  Freiré  Barreiro  para  comprender  que 
no  es  fruto  de  un  trabajo  ligero  ó  superficial  sobre  la  materia  que 
constituye  su  objeto. 

Compónese  hasta  ahora  de  dos  gruesos  tomos  en  4."  mayor, 
uno  de  xvi  y  728,  y  otro  de  1.0G4  páginas  á  dos  columnas,  y  falta 
aún  publicar  un  tomo  tercero  de  igual  extensión  y  volumen.  Sus 
autores,  catedráticos  de  la  Universidad  de  Santiago,  parten  de 
esta  ciudad  para  su  peregrinación ,  pero  antes  de  abandonarla  se 
proponen  darla  á  conocer;  y  para  ello  describen  minuciosamente 
su  famosa  Catedral,  sus  edificios  más  notables  y  sus  principales 
templos  con  un  breve  resumen  de  sus  vicisitudes  y  su  historia 


212  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

desde  los  tiempos  más  remotos.  La  mitad  próximamente  del  tomo 
primero  no  trata  sino  de  Santiago.  Siguen  después  su  viaje  por 
Pontevedra  y  Tuy,  entran  en  Portugal,  visitan  las  ciudades  de 
Oporto  y  Coimbra,  vuelven  á  atravesar  la  frontera  por  Badajoz, 
atraviesan  la  Extremadura  y  la  Mancha  y  llegan  á  Madrid,  dando 
noticias  oportunas  de  las  ciudades  y  monumentos  que  encuen- 
tran á  su  paso.  Esto  mismo  hacen  cuando  se  dirigen  desde  Ma- 
drid por  Zaragoza  á  Barcelona,  donde  se  embarcan  para  Marsella. 
Allí  toman  pasaje  para  Egipto,  y  desembarcan  en  Alejandría. 
Visitan  y  describen  cuidadosamente  todo  lo  antiguo  y  lo  mo- 
derno que  ofrece  de  interesante  esta  famosísima  ciudad;  hacen 
otro  tanto  en  el  Cairo,  dando  noticias  bastante  completas,  no  sólo 
de  todos  los  principales  monumentos  que  encierra  el  Egipto,  sino 
también  de  las  razas  que  lo  pueblan;  de  sus  instituciones  políti- 
cas y  administrativas,  de  su  organización  social ,  de  su  historia 
contemporíínea  y  de  sus  usos  y  costumbres.  Aquí  concluye  el 
tomo  primero;  y  con  él  esta  que  puede  considerarse  como  la 
primera  parte  de  las  tres  en  que  (^ivideu  la  peregrinación. 

Desde  la  tierra  de  los  faraones  pasan  nuestros  peregrinos  á 
Jafa  y  entran  llenos  de  alborozo  en  la  Tierra  Santa,  que  fué  tea- 
tro de  nuestra  redención.  Allí  visitan  y  describen  todos  los  luga- 
res en  que  ocurrieron  los  hechos  principales  de  la  Historia  Sa- 
grada, donde  primero  se  anunció  al  mundo  la  nueva  doctrina  de 
Jesús  y  donde  tuvieron  lugar  los  principales  misterios  de  su 
santa  religión.  Betania,  Jerusalén,  Getsemaní,  el  Monte  de  las 
Olivas,  Emaús,  las  orillas  del  Jordán  y  del  Mar  muerto;  el  Valle 
de  Jericó,  Belén,  Rámala,  Nazaret,  el  Tabor,  el  Carmelo,  San 
Juan  de  Acre,  la  antigua  Fenicia,  Beirut,  Damasco  y  el  Líbano, 
descritos  con  exactitud  escrupulosa  y  exornados  con  abundantes 
noticias  religiosas,  históricas  y  arqueológicas  forman  la  segunda 
parte  y  el  tomo  segundo  de  la  obra.  Roma  y  otras  ciudades  de 
Italia  serán  el  asunto  del  tercero  que  aún  no  ha  visto  la  luz  pú- 
blica. 

Si  se  desea  saber  cómo  está  desempeñado  este  extenso  trabajo, 
la  Academia  no  debe  vacilar  en  decir  que  con  prolijo  y  concien- 
zudo esmero.  La  narración  de  todo  el  viaje  es  íil  parecer,  fidelí- 
sima y  por  demás  circunstanciada.  Píntase  en  ella  con  sencillo 


SANTIAGO,  JERUSALÉN,  ROMA.  213 

estilo  y  á  veces  con  vivos  colores,  el  estado  actual  de  cada  pueblo, 
de  cada  edificio  histórico  ó  artístico,  de  cada  paraje  famoso  y  de 
cada  monumento  más  ó  menos  célebre.  Luego  se  refieren  sus 
principales  vicisitudes  y  su  reciente  historia,  y  por  último  se  dan 
á  conocer  los  usos  y  costumbres  del  país  que  están  en  relación 
con  ellos.  Para  hacerlos  aún  más  perceptibles  acompañan  al 
texto  numerosos  grabados  en  madera  y  algunos  mapas  geográ- 
ficos. Dan  igualmente  vivísimo  interés  á  estas  descripciones, 
particularmente  á  las  de  Tierra  Santa,  la  reproducción  de  los 
textos  de  las  Sagradas  Letras  que  hacen  mención  de  los  lugares 
descritos  y  de  los  sucesos  que  tuvieron  lugar  en  ellos. 

Escrita  la  obra  por  peregrinos  católicos  y  con  ocasión  del  Jubi- 
leo universal  de  1875,  predominan  naturalmente  en  toda  ella  la 
idea  religiosa  y  el  propósito  de  venerar  los  Santos  Lugares  y  los 
interesantes  monumentos  que  dan  testimonio  de  los  orígenes  del 
cristianismo.  Mas  no  por  eso  dejan  sus  autores  de  visitar  y  des- 
cribir todas  las  reliquias  de  la  antigua  civilización  pagana,  que 
hallan  el  paso,  así  en  las  orillas  del  Nilo,  como  en  las  demás  tie- 
rras dominadas  por  el  Islamismo.  No  desconocen  tampoco  los 
descubrimientos  de  la  ciencia  moderna  en  Egipto,  Nínive  y  Ba- 
bilonia, que  tanto  han  iluminado  la  historia  del  antiguo  Oriente; 
antes  al  contrario  se  ajustan  á  ello  en  sus  breves  reseñas  históri- 
cas. Ni  omiten  siquiera  las  tradiciones  y  leyendas  más  ó  menos 
justificadas  que  suelen  acompañar  á  la  historia  verdadera  de  los 
Santos  Lugares.  Aunque  la  crítica  racional  tuviera  datos  bastan- 
tes para  distinguir  entre  estas  noticias  las  auténticas  de  las  no 
comprobadas,  en  cuanto  se  hallan  fuera  del  dominio  de  la  fe,  los 
Sres.  Fernández  y  Freiré  se  abstienen  con  razón  de  intentarlo, 
por  no  ser  tal  el  objeto  de  su  obra,  más  descriptiva  que  crítica 
como  corresponde  á  un  Diario  de  viajes,  y  se  limitan  á  referirlas 
como  creencias  populares,  y  por  lo  tanto,  hechos  que  no  deben 
escaparse  á  la  observación  del  viajero. 

Se  ha  escrito  tanto  sobre  la  Tierra  Santa,  sus  antigüedades  y 
sus  monumentos;  son  tan  numerosos  los  viajeros  que  nos  han  co- 
municado sus  noticias,  sus  impresiones  y  sus  juicios  de  aquellos 
países,  que  sería  temerario  empeño  exigir  de  un  escritor  contem- 
poráneo relaciones  de  hechos  peregrinos  ó  descripciones  de  mo- 


214  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl\, 

numentos  hasta  ahora  ignorados.  Ni  tampoco  obraría  cuerda- 
mente quien  para  escribir  hoy  de  los  Santos  Lugares,  prescin- 
diera de  cuanto  han  dicho  sobre  ellos  los  que  le  precedieran  en 
esta  tarea.  Los  autores  de  Una  peregrinación  se  valen,  por  tanto, 
de  las  investigaciones  de  los  muchos  viajeros  que  han  escrito  so- 
bre el  mismo  asunto,  desde  San  Jerónimo  y  Adamasco  hasta  Ge- 
ramb  é  Izaguirre,  y  así  dan  mejor  á  conocer,  no  srjlo  el  estado 
actual  de  los  lugares  y  monu.ncntos  que  describen ,  sino  el  que 
han  tenido  muchos  de  ellos  en  las  pasadas  edades  y  el  de  otros 
que  fueron  y  ya  han  desaparecido.  Así  también  logran  compro- 
bar, con  su  propio  testimonio,  las  observaciones  de  otros  explo- 
radores, no  sin  añadir  á  veces  las  suyas  propias,  sobre  todo  en 
puntos  controvertidos. 

Tenemos  en  castellano  multitud  de  relaciones  de  viajes  á  la 
Tierra  Santa,  verificados  desde  el  siglo  xvr  hasta  el  presente. 
Fr.  Antonio  Miranda  en  1550,  Mandavila  en  1526,  Fr.  Antonio  de 
Medina  en  1583,  Aveiro  en  1600,  Selle  en  1019,  Adricomio  Del- 
pho  en  1G30,  Castillo  en  su  Devoto  Peregrino  de  1656,  Encina  en 
1733,  San  Juan  del  Puerto  en  1724,  sin  contar  otros  muchos,  die- 
ron ya  bastante  á  conocer  los  Santos  Lugares  en  sus  épocas  res- 
pectivas; pero  una  narración  tan  extensa  y  circunstanciada  de 
ellos,  como  la  que  ofrece  la  presente  obra,  no  existe  en  nuestro 
idioma.  Mezclando  con  noticias  ya  conocidas  la  de  las  alteracio- 
nes que  han  sufrido  los  mismos  monumentos  en  el  transcurso  del 
tiempo,  la  de  los  hechos  que  los  autores  presenciaron  y  sus  pro- 
pias impresiones,  ha  resultado  un  libro  interesante,  instructivo 
y  ameno,  con  todas  las  condiciones  que  requiere  el  Real  decreto 
de  12  de  Marzo  de  1875  y  la  Real  orden  de  23  de  Junio  de  1876, 
para  optar  á  la  subvención  del  Estado. 

Lo  dicho  basta  para  justificar  la  originalidad  del  libro,  que  es 
la  primera  de  aquellas  condiciones ;  casi  todo  lo  (jue  sus  autores 
reseñan  y  describen,  ha  sido  examinado  por  ellos,  y  cuando  in- 
vocan el  testimonio  de  oti'os  viíijeros,  es  para  comprobar  ó  expli- 
f^ar  lo  mismo  de  que  dan  noticia.  Reunir  en  dos  gruesos  volúme- 
nes descripciones  tan  prolijas  y  completas  de  las  ciudades  y  mo- 
numentos más  notalSles  que  se  encuentran  en  el  largo  itinerario 
desde  Santiago  hasta  Ismailia,  pasando  por  Alejandría  y  el  Cairo 


SANTIAGO,  JERUSALÉX,  ROMA.  215 

y  en  las  extensas  regiones  de  la  Tierra  Santa,  sería  siempre  obra 
meritoria  en  quien  la  hiciese  bien,  sin  salir  de  su  gabinete;  pero 
ejecutarla  después  de  haber  visitado  pcrsoníilmente  todos  los  lu- 
gares que  se  mencionan,  es  obra  de  mérito  relevante,  que  es  la 
segunda  condición  que  de])en  tener  los  libros  que  aspiren  al  fa- 
vor del  Estado.  Por  üllimo,  la  de  que  se  trata,  merecería  propa- 
garse, no  solamente  por  ser  su  lectura  instructiva  y  amena,  sino 
también  porque,  escrita  con  espíritu  verdaderamente  religioso, 
puede  contribuir  á  mantener  y  fortalecer  en  el  pueblo  la  fe  cris- 
tiana. Así  viene  también  á  cumplirse  el  último  requisito  necesa- 
rio para  optar  á  la  subvención  que  se  pretende,  ó  sea  la  de  ser 
útil  la  obra  para  las  bibliotecas  públicas. 

Por  todas  estas  consideraciones  opinará  esta  Real  Academia  que 
la  publicación  de  que  se  trata  merece  la  protección  que  sus  auto- 
res solicitan,  mediante  la  adquisición  por  el  Estado  de  un  número 
de  ejemplares  que  el  Gobierno  estime  posible  y  conveniente. 

Francisco  de  Cárdenas. 


11. 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIGLO  XIV. 

Dos  escrituras  formarán  el  cuerpo  de  mi  cuadro  analítico.  La  pri- 
mera, inédita,  está  registrada  con  el  número  2  entre  las  hebreas 
(sección  castellana)  que  vinieron  del  archivo  de  la  Catedral  de  To- 
ledo al  Histórico  Nacional,  y  merece  figurar  al  lado  de  la  que 
publicó  Amador  de  los  Rios  (1),  donde  va  expuesta  la  «distribución 
de  los  tributos  que  pagaban  las  aljamas  de  los  judíos  de  Castilla 
en  1291.»  La  que  nos  ocupa  es  un  cuaderno  de  papel  ceblí,  cinco 


(1)    Historia  social,  poliilcay  religiosa  de  los  judíos  de  EspaTia  y  Portugal,  1.  ii,  apea- 
dice  n.  II. 


216  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA  DE   LA   HISTORL\. 

pliegos  en  folio,  que  se  escribió  de  1294 ,  y  lleva  por  título  Cuenta 
de  Juan  Mateo  Farradar  (1),  cobrador  ó  alfardero  alavés,  natural 
délos  Güetos,  Ayuntamiento  de  Mendoza.  aEsto,  dice,  es  lo  que 
montaron  los  derechos  de  toda  la  frontera  por  un  año  que  comen- 
có  primero  dia  de  Dezienihre  de  la  era  de  mili  e  cea  e  treynta  e  un 
año;  e  se  acabó  postrimero  dia  de  Noviembre  de  la  era  de  mili  e 
cea  e  treinta  e  dos  años,  segund  que  aquí  será  dicho. ^^  Comprende 
las  partidas  del  cobro  de  las  rentas  reales  en  el  arzobispado  de 
Sevilla  y  en  los  obispados  de  Córdoba  y  de  Jaén;  é  interesa  al 
examen  del  movimiento  comercial  de  aquella  época,  y  en  particu- 
lar al  de  los  pechos,  ó  contribuciones,  que  gravitaban  sobre  las 
aljamas  de  mudejares  y  hebreos.  Estos  últimos  pagaban  en  Sevi- 
lla 115.333  maravedises;  en  Niebla,  7.000;  en  Jerez,  5.000;  en 
Écija,  5.000;  en  Córdoba,  38,333;  en  Andújar,  1.500  y  finalmente 
en  Jaén,  Úbeda  y  Baeza  reunidas,  25.000.  Pero  más  importante 
que  todos  los  precedentes  es  el  último  folio  del  cuaderno,  que  pue- 
de servir  así  de  complemento  á  las  Cortes  de  Haro  ó  Villabona 
celebradas  en  Julio  de  1288,  como  de  ilustración  á  la  geografía  y 
estadística  de  la  provincia  de  Álava.  La  cuota  ó  rendimiento  de 
cada  lugar  demuestra  proporcionalmente  su  población  y  riqueza; 
los  nombres  allí  apuntados  suenan  como  extendidos  entre  los 
que  hoy  son  de  uso  corriente  alaveses  y  los  que  harto  se  han  he- 
cho conocer  por  el  Becerro  del  Monasterio  de  San  Millán  en 
precioso  cuadro  geográfico  del  año  1025  (2);  por  manera  que 
cotejándolos  y  aplicándoles  el  análisis  filológico,  podremos  lle- 
gar con  cierta  seguridad  á  la  determinación  de  algunos  puntos 
ó  leyes  fundamentales,  que  tiendan  á  desvanecer  no  pocas  pre- 
ocupaciones todavía  reinantes  y  despejar  más  y  más  la  fisonomía 
arcana  del  antiguo  vascuence.  Sin  hechos  no  hay  razón  científi- 
ca. Entre  los  nombres  de  color  y  de  estructura  vascongada,  muy 
raros  por  desgracia,  que  en  la  región  alavesa  ofrece  el  período  ro- 
mano con  sus  lápidas  y  textos  geográficos  por  un  lado,  y  los 
nombres  que  por  otro  lado  nos  pone  á  la  vista  el  mapa  sabiamente 


(1)  Cogedor  de  la  alfarda  [i^  yij\]  en  el  sentido  propio  de  tasa,  ó  tributo  impuesto 
para  el  servicio  de  la  nación,  que  tiene  el  vocablo  árabe. 

(2)  Llórente,  Noticias  históricas  de  las  tres  provincias  vascongadas,  t.  ui.  pág.  342-31Ci. 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIGLO  XIV 


!17 


trazado  por  el  Sr.  Goello,  media  la  distancia  enorme  de  quince 
siglos.  Los  nombres  antiquísimos  han  podido  sufrir  transfor- 
maciones ó  caer  totalmente  en  el  olvido  suplantados  por  otros; 
y  por  lo  tanto  urge  que  entablemos  discusión  sobre  monumentos 
intermedios  y  hábiles  para  cortar  la  duda  imprudente  en  ciertos 
casos  y  suscitarla  prudentemente  en  otros.  Así,  por  ejemplo,  no 
atino  á  creer  que  sea  norma  indeficiente  para  investigar  los 
límites  geográficos  el  atribuir  á  la  sílaba  inicial  ar  la  significa- 
ción de  piedra,  mojón  ó  ara;  toda  vez  que  con  idea  diversa  pudo 
entrar  en  Arana,  Ardngiiiz,  Argomániz,  /Irmeníia,  Arroyave, 
Artaza,  etc.  Ni  creo  tampoco  que  por  parecerse  fonológicamente 
á  otro  moderno  un  nombre  de  la  época  romana,  como  ^o-jírrá^iov 
á  Znazo,  haya  derecho  para  inferir  al  punto  que  son  idénticos 
per  su  radical  y  significado. 
Veamos  el  primer  documento. 


«En  Madrit  xxvii  días  de  Febrero,  era  de  mil  ccc.xxxiii  annos  vino  a 
cuenta  Johan  velez  de  Hueto  de  los  c  mil  maravedís,  que  diz  que  cogió  de 
los  pueblos  dalava,  que  prometieron  al  Rey  para  la  ayuda  de  la  cerca  de 
Tarifa  el  anno  de  xxx  annos;  e  lo  que  dixo  que  recibieron,  es  esto  con  los  di- 
neros que  diz. 


De  arvaxa 330 

De  Harriola 523 

De  Cordoua iOO 

DeBicuña  (I) i95 

De  sancta  Pia 90 

De  udala 75 

De  llano 203 

DeNarana 240 

DeHelguea 240 

De  jauregue 230 

De  Enguereño 600 

De  Hollivarre 350 

De  A9ÍIU 37 

De  Año 900 

De  ga9aeta 1200 


De  Garona 80 

De  axona 60O 

De  ygueleta 400 

De  Dulance 210 

De  harrarayn 300 

De  larraza 467 

De  Olga 25 

De  herencliyon 344- 

De  laraharra 240 

De  ayala 673 


De  harrieta.. , 
De  Guevara. , 
De  heztura.. 
De  maturana 
De  andicana. , 


200 
380 
220 
60O 
320 


(1)    Dejó  la  ñ  como  en  el  original,  sin  prejuzgar  si  sonaba  como  dos  enes. 


218 


'BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMLA.   DE    LA    HISTORLA.. 


De  andozqueta 36o;  3  dineros 

De  argomaniz iOO 

De  quilcliano ■^30 

De  ma  anchona '26 

De  mendixur 800 

De  lanclarcs  de  gamboa 800 

De  Mojo 400 

Decaafu 900 

De  afua 790 

DdOreñiyn COO 

De  liurifar -60 

De  Garayo 500 

De  Marieta 90 

DeOtaga iOO 

De  hollivarrigamboa 300 

De  Ciriano 200 

De  Geriiica 400 

De  Mefiano  mayor 868 

De  Meñano  menor 389 

De  liuUivariaraca 500 

Da  Mendiguren 374 

De  Lupidana 900 

De  yhurre 150 

De  Letona 316 

De  {;:ahytagin 100 

DeMurua 240 

DeMuradehe 200 

Dalarrinua 500 

De  Gopeliegui 337 

De  Iloüdategui 280 

De  Berricano 440 

De  Eciiagoyeii 260 

De  Buruaga 360 

De  Ilereydee 194 

De  Mendarozqueta 523 

De  Echaverre  de  viña 930 

De  Helossua 200 

De  nafarrato 1 87 

Dü  II u maga ' 400 

De  uaoziallo 230 


De  Sarricuri 300 

DeHota^u 300 

De  haverasturi 500 

De  buriarte 200 

De  arcaya 1000 

300 
100 
400 
100 
353 

De  Monasterio  guren 640 

670 
400 
273 
300 
900 
250 
300 
2o0 


De  Ollivarri  de  los  olleros.. 

De  Ollivarri  menor 

De  BoUivar 

De  gamiz 

De  Meana , 


De  luviano 

De  holiaraga 

De  arcaut 

De  Betriquez 

De  ylarra9  la    

De  Cario 

De  mataucu 

De  ania 

DeOretia 1100 

De  arbulu 340 

De  Ollivarri  doypa 500 

DeDurana 200 

De  anteyana 700 

De  Guereña 563 

De  Mautoyana . . . . .' 230 

De  Legarda 430 

De  artafaa 270 

De  apodaca 300 

De  hueto  de  yuso 1000 

De  bueto  de  suso 690 

De  burrialdo 300 

De  bullivarri  de  viña 800 

De  Suvijana 500 

De  lanclarcs 1 1 00 

De  liaztoguieta 600 

De  Otayáa 300 

De  Cumelfu 500 

De  Gumecba 800 

Dellareniz 800 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SICLO  XIV 


•:i!) 


De  Margarita., 500 

De  lennanda 220 

De  Ilollavarri 6U0 

De  Berrozteguieta iOO 

De  armentia  e  de  gaztlieta. . .  250 

De  heztarrona 430 

De  Cua^u 600 

De  villodas 800 

De  Traspuentes 840 

De  Goveyo 70 

De  crispijana 1 82 

De  Legartagutia 400 

De  Ciiartango 1528 

De  Man9anos 1 50 


De  Curaufion 712 

De  higahegui 1 40 

De  raoliniella 400 

De  cayzedo  de  yuso 497 

De  vasconi  ellaa 210 

DeEreña 261 

De  Meliedes 200 

De  villavezana 290 

De  villalnenga 1 22 

De  autecana 412 

De  Leziniana 300 

De  f  rezneda 1 50 

De  Cárcamo 162 


La  serie  de  los  pueblos  sigue  en  general  la  dirección  del  nordeste  al  sud- 
oeste desde  Narvaja,  donde  está  una  de  las  fuentes  del  Zadorra.  La  suma 
de  maravedises  (57,928),  que  escasamente  pasa  de  la  mitad  de  los  cieii  mily 
acusa  la  pérdida  ó  extravío  de  otro  cuaderno,  el  cual  unido  al  anterior,  ha- 
bría completado  el  parangón  á  que  se  presta  el  documento  del  año  102o,  co- 
nocido bajo  el  nombre  de  reja  de  San  llillcin.  De  esté  lie  solicitado  esmera- 
da copia,  que  espero  hará  sobre  el  Becerro  gótico  original  (1)  el  R.  Padre 
Fr.  Toribio  Minguella  de  la  Merced, 

«De  ferro  de  Álava. — lo  era  millesinia  sexagésima  tercia,  deca- 
no de  sancti  Emiliani  sicut  colligebat  ferro  per  Álava  (2),  ita 
scribimus, 

Ubarrundia. — Gamarra  maior,  duas  regas.  Hamarra  minor, 
una  rega.  Erretana,  una  rega,  Hamarita,  unarega.  Mengano,  una 
rega.  Hurribarri,  una  rega,  Menganogoien,  una  rega.  Gernica, 
una  rega,  Zeriano,  una  rega.  Betellogaha,  duas  regas.  Nafarrate 
et  Elhosu,  una  rega.  Hurnaga  una  rega.  Urbina  et  Angellu,  una 


(1)  No  cita  Llórente  el  folio.  La  publicación,  que  hizo,  se  ajustó  á  un  traslado  sacado 
directa  é  inmediatamente  de  ambos  Becerros,  que  el  célebre  ex-monasterio  posee. 

(2)  La  escritura  de  los  Votos  de  San  Millán  consigna  felizmente  el  número  de  ve- 
ciaos,  que  representa  cada  reja,  ó  barra,  de  hierro:  «Álava  cum  suis  villis  ad  suas  al- 
focas  pertinentibus,  id  est,  de  Losa  et  de  Ruradon  usque  Eznate,  ferrum  per  omnes 
villas  Ínter  domns  decemx\\i^ve\&.t>'E\  tributo  era  de  un  buey  por  cada  alfoz  en  toda 
Vizc&yK  (derivo  de  (JaUíarraga:  usque  iii  /fumen  Deva)  y  en  toda  Guipúzcoa  (de  ipsa 
Deva  iisque  ad  sanctnm  SeMstianum  Dernani). 


220  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

rega.  Lucu  et  Arzamendi,  una  rega.  Goihaen,  una  rega.  Bagoeta, 
una  rega. 

Gamboa. — Lehete,  una  rega.  Essavarri,  Argillana  et  Arina,  tres 
regas.  Lángara  et  Moio,  tres  regas.  Azoraa,  una  rega.  Zuhazu, 
una  rega.  Mariheta,  una  rega.  Hazua,  dúos  regas.  Hurizahar  et 
Orengoin,  una  rega.  Mendissur,  una  rega.  Maturana,  tres  re- 
gas, una  de  cubito  in  longo,  et  duas  minores.  Essavarri,  una 
rega. 

Harhazua. — Durana,  duas  regas.  Arzubiaga,  una  rega.  Zurba- 
no,  duas  regas.  Hillarrazaha,  duas  regas.  Zerio  una  rega.  Oretia 
et  Matauco,  tres  regas.  Ania  et  Junquitu,  tres  regas.  Argumaniz, 
tres  regas.  Arbuslu,  duas  regas.  Luviano,  duas  regas.  Hurribarri, 
una  rega.  Doipa,  duas  regas.  Sansoheta  una  rega.  Arroiaha  et 
Retia,  una  rega.  Meudivil,  una  rega. 

Harhazua  II. — Betoniu,  duas  regas.  Elhorriaga,  una  rega.  Ar- 
cahia,  una  rega.  Sarricohuri,  una  rega.  Otazu,  una  rega.  Gamiz, 
una  rega.  Borinivar,  una  rega.  Hurribarri,  una  rega.  Haberas- 
luri  et  Huriarte,  Argendonia,  Betriquiz,  Hascarzaha  et  Sancti 
Romani,  tres  regas. 

Malizhaeza. — Abendangu,  una  rega.  Armentehi,  tres  regas. 
Ehari,  una  rega.  Gazaeta,  una  rega.  Berroztegieta,  duas  regas. 
Lasarte,  tres  regas.  Harizaballeta  et  Gardellihi,  tres  regas.  Gaz- 
tellu  et  Meiana,  tres  regas.  Mendiolha,  Hollarruizu  et  Adurzaha, 
tres  regas.  Gastehiz,  tres  regas.  Arriaga,  una  rega. 

Hiruzhaeza. — Igelhegieta,  tres  regas.  Iscona,  tres  regas.  Tro- 
coniz,  duas  regas.  Burgellu  et  Garonna,  duas  regas;  in  alio  anno, 
nna  rega.  Hararihini,  una  rega.  Aialha,  duas  regas.  Larrahara, 
una  rega.  Dullanzi,  una  rega.  Aniu,  una  rega.  Larraza  et  Al- 
bergoieu  in  dúos  anuos,  tres  regas.  Hereinzguhin  et  Habaunza, 
tres  regas. 

Hegiraz. — Hansamio,  una  rega.  líarrahia,  una  rega.  Haiztara, 
una  rega.  Zalduhondo,  duas  regas.  Mizquina,  una  rega.  Pater- 
niana,  una  rega.  Ilagurahin  et  Salurtegui,  una  rega.  Ocariz  et 
Padura  et  Opaucu,  una  rega.  Munniahin,  una  rega.  Pinguu- 
na,  una  rega.  Harrizaballaga,  llegilior  et  Abulanga,  tres  regas 
in  auno. 

Septem  alfoces. — Ilcguiraz  et  Sancti  Romani  et  llurabagin  et 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIGLO  XIV.  221 

Albiniz  et  Hamezaha,  uno  andosco  (1).  Hilardui  et  Arzanhegi  et 
Ibarguren  et  Anduiahin,  Ileinhu,  uno  andosco.  Zornoztegi,  Irros- 
sona,  Horibarri,  Udalha,  uno  andosco. 

Barrandiz. — Galharreta,  una  rcga.  Gordua,  una  rcga,  Arrio- 
Iha,  duas  regas.  Narbaiza,  duas  rcgas.  Larrea,  una  rega.  Ilazpu- 
rua  et  Ilurdgurrenna  et  Zuhazulha,  una  rega.  Ermua,  una  rega. 
Audicaua,  una  rega.  Algio,  una  rega.  Deredia,  una  rega.  An- 
dozqueta,  una  rega.  Kirku,  una  rega.  Helkeguren,  una  rega. 
Zuhazu,  una  rega.  Uhulla,  una  rega.  Erdongana,  una  rega. 

Langrares. — Transponte,  uno  carnero  (2).  Mendil,  una  rega. 
Harrieta,  una  rega  in  anno.  Gurtupiano,  una  rega  in  alio  anno. 
Adanna,  una  rega.  Mendoza,  una  rega.  Eztarrona,  una  rega. 
Otazaha,  una  rega.  Haztegieta,  una  rega.  Gobeio,  una  rega.  Zu- 
hazu, una  rega.  Lermanda,  una  rega.  Margarita,  duas  regas. 
Gomega,  una  rega.  Ariniz,  una  rega.  Zumelzu,  una  rega.  Benea, 
una  rega.  Subillana,  una  rega.  Elhenivilla,  una  rega.  Lupero, 
una  rega.  Quintaniella  de  Sursum  Zaballa,  una  rega.  Billodas, 
tres  regas.  Langrares,  tres  regas. 

Murielles. — Gersalzaha,  una  rega.  Olhabarri,  una  rega.  líuer- 
zas,  una  rega.  Mandaita,  una  rega.  Murielles,  una  rega.  Urbilla- 
ua,  una  rega.  Haizcoeta,  una  rega.  Artazaha,  una  rega.  Barhoa, 
una  rega.  Kinea,  una  rega.  Garcamu,  una  rega.  Frasceneta,  una 
rega. 

Ossinganin. — Pabes,  una  rega.  Arbigano,  una  rega.  Bascon- 
guelas,  una  rega.  Erennua,  una  rega.  Gassicedo,  una  rega.  Cas- 
tellu,  una  rega.  Padul,  una  rega.  Villoria,  una  rega.  Arreio,  una 
rega.  Lagus,  una  rega.  Gassicedo,  una  rega.  Lecingana,  una 
rega.  Gassicedo,  una  rega.  Antepardo,  una  rega.  Moliniella,  una 
rega.  Olibani,  una  rega.  Moscatuero,  una  rega.  Gomungoni,  una 
rega.  Torreciella,  una  rega.  Arcillana,  una  rega.  Villavizana, 
una  rega.  Lunantu,  una  rega.  Ripa,  una  rega.  Torrissu,  una  rega. 
Garasta,  una  rega.  Zuhiabarrutia,  novem  regas.  In  Quartango, 
duodecim  regas.  In  Urca ,  octo  regas.  Revendeca ,  una  rega. 
Olhaerrea,  una  rega.  Bardauri,  una  rega. 


(1)  ¿Res  de  ganado  menor  que  tiene  dos  años? 

(2)  En  labortano  akari.  La  raíz  es  muy  problemática. 


222  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMLA   DE   LA    HISTORLA. 

Alfoce  de  Fornello. —'Evcima,  una  rega.  Anuzquita,  ima  rega. 
Villaluenga,  una  rega.  Lunivilla,  una  rega.  Taiu,  una  rega. 
Sancti  Juliani,  una  rega.  Ripa  Martini,  una  rega.  Lizinganiella, 
una  rega.  Antezana,  una  rega.  Mázanos,  una  rega.  Ripa  Orta, 
una  rega.  Melietes,  una  rega.  Quintaniella,  una  rega.  Igahigi, 
una  rega.  Ripa  Vellosa,  una  rega.  Aramingon,  una  rega.  Ripa 
Acuta,  una  rega.  Logrozana,  una  rega.  Baia,  una  rega. 

Rivo  de  Ivita. — Prango  et  Prango,  duas  ragas.  Armendihi,  una 
rega.  Atazabal,  una  rega.  Betruz,  una  rega.  Argote,  una  rega. 
Sancti  Meiani,  una  rega.  Torre,  una  rega.  Sancti  Martini,  una 
rega.  Galbari,  una  rega.  Cimeutu,  una  rega.  Barolha,  una  rega. 
Loza,  una  rega.  Alma,  una  rega.  Paldu,  una  rega,  Mesanza,  una 
rega,  Sebastian,  una  rega.  Bergilgona,  una  rega.  Langu,  una 
rega.  Guzkiano  de  Yuso,  una  rega.  Bustia,  una  rega.  Gogate, 
una  rega.  Agellu,  una  rega.  Pudio,  una  rega.  Barizahaga,  una 
rega.  Sagassaheta,  una  rega.  Orzalzan,  una  rega.  Uarte,  una 
rega.  Marquina  de  Yuso,  una  rega.  Carrelucca,  una  rega.  Mar- 
quina  de  Suso,  una  rega.  Bassahuri,  una  rega.  Hobbecori,  una 
rega.  Hassarte,  una  rega. 

Ilarrahia. — Sancta  Pia,  duas  regas.  Atahuri  de  Suso,  dúo  re- 
gas.  Atahuri  de  Yuso,  dúo  regas.  Okerruri,  dúo  regas.  Sabando 
de  Suso,  dúo  regas.  Sabando  de  Yuso,  dúo  regas.  Ebisate,  dúo 
regas.  Donnas,  dúo  regas,  Mussitu,  dúo  regas.  Kerriauu,  dúo 
regas.  Haizpilleta,  dúo  regas.  Erroeta,  dúo  regas.  Allegga,  dúo 
regas.  Gekungano,  dúo  regas.  Elhorzahea,  dúo  regas.  Bahaeztu, 
dúo  regas.  Kessalla,  dúo  regas.  In  his  villis  predictis,  ubi  bacca 
occidcrint,  dúo  regas  donant.  Oquina,  una  rega.  Izarza,  una 
rega.  Azazaheta,  una  rega.  Birgara  de  Suso  et  Birgara  de  Yuso, 
dúo  regas.  Apinganiz,  una  rega.  Gesalua,  una  rega.  Bahanezta, 
una  rega.  Bcrrozihavi,  una  rega. 

Divina. — Oto  et  Oto,  tres  regas.  Huribarri  et  Uribaldo,  tres 
regas.  Mandoiana,  una  rega.  Gerenga,  una  rega.  Legarda,  una 
rega.  Artazaha,  dúo  regas.  Apodaca,  dúo  regas.  Mendiguren, 
una  rega.  Arangiz,  una  rega.  Avoggoca,  una  rega.  Ihurre  et 
Lopeggana,  tres  regas.  Audicana  et  Oronda,  tres  regas.  Zuffia  de 
Suso,  tredccim  regaij.  ZufTuí  de  Yuso,  novem  regas.» 

Tracemos  ahora  el  cuadro  comparativo. 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTRniOIl  AL  SIGLO  XIV.  233 

1 .  Narbaiza,  A  rvaxa.  Narvaja.— En  escritura  (Llórente,  49] 
del  año  lOüO  Narbaza;  en  otra  de  1071  (Llor.  55)  Narvaiza; 
y  en  113't  (Llor.  103)  Larhasa.  ¿De  navatzar  (navazo,  navajo)? 

1.  Harriolha,  Harriola,  Arrióla.— Confina  al  O.  con  Nar- 
vaja y  al  S.  con  Górdoa.— //arri  (piedra,  roca)  se  pronnnciaba  con 
aspiración,  qiio  ha  perdido,  lo  mismo  que  olha  (taller,  oficina, 
habitación). 

3.  Gordua,  Cordoua,  Górdoa.— La  final  a  representa  el  ar- 
tículo pospuesto  á  corche  6  gordu,  vocablo  afine  del  lalin  horlus 
(huerto)  y  del  bajo-latín  curtís  (corte,  corral.) 

4.  Pingunna,  Bicuña,  Vicuña.— En  1200  (Llor.  193)  Vicu- 
nia.  ¿Bahildu  (arrebañar)?  La  «junta  ó  concejo  de  personas,» 
que  Larraraendi  llama  hilcuma,  se  dice  en  suletín  hükhurra. 

5.  Sancta  Pia,  Santa  Pia,  Santa  Pia. —  El  monasterio 
con  este  nombre,  dependía  de  San  Veremundo,  abad  de  Irache, 
en  1085  (Llor.  G8). 

G.  Udalha,  Udala,  Udala.— Despoblado  entre  Lnzuriaga  y 
Zuazo.  —  ¿De  udare  (peral,  peredal? 

7.  ¿Langu?  Llano,  ¿Laño? 

8.  Narana,  Arana. — En  1089  (Llor.,  75)  firmó  la  donación  del 
patronato  de  San  Andrés  de  Bolívar  «sennior  Garsia  Beiliz  de 
Arana.»  El  catiilogo  de  1294  puso  Narana  en  vez  de  At-ana,  y 
viceversa  ^ í'uaxa  en  vez  de  Narvaxa.  De  la  ?i,  ya  cadente,  ó  bien 
expletiva,  ya  sustituyendo  á  la  Z,  hay  varios  ejemplos  en  vas- 
cuence, que  demuestran  el  genio  dental  del  idioma.  Arana  (valle) 
quizá  es  vocablo  aune  del  griego  aOxriv ,  con  cuyo  nombre  designó 
Estrabón  (1)  los  valles  pirenaicos  de  la  frontera  francesa  (2). 

9.  ¿Helkeguren?  Helguea,  Elguea. — En  1085  (Llor.  70),  su 
señor  Sancho  Sánchez  dio  á  San  Juan  de  la  Peña  «unum  mo- 
nasterium,  quod  dicitur  sancti  Laurentii  de  Iraza  cum  sua  me- 
dia villa,  que  apellatur  Elkea. »  Significa  elgue ,  lo  que  el  labor- 
tano  elhi  y  guipuzcoano  ele  (ganado,  rebaño),  y  además  ganade- 
ría por  contracción  de  el-egui  (corral  de  ganado)  (3).  En  sule- 


(1)'  111,4,  11. 

(2)  Entre  ellos  el  valle  de  Aran,  que  suena  con  este  nombre  en  documentos  del 
siglo  IX,  y  presenta  en  sus  lápidas  romanas  claros  vestigios  del  vascuence. 

(3)  Diccionario  de  Larramendi,  art.  Ganado. 


224  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

tín  (1)  elgiie  vale  tanto  como  campo  cultivado  ó  pradera.  La  raíz 
es  el  ó  eldu  (ganar).  Guren  es  genitivo  de  gur  (arriba). 

10.  Jaiiregue,  Jáuregui. — Brotó  de  Jau[na]r[en]egui  (casa  del 
señor,  palacio). 

11.  Enguereño,  Guereño. — Confina  con  Jáuregui  y  Ullibarri- 
Jáuregui.  En,  antepuesto  á  Guereño^  me  parece  ser  el  artículo 
castellano  el;  lo  que  explicaría  perfectamente  la  razón  de  N'arana 
(aló  ía  Arana).  Guereño,  en  dialecto  navarro,  vale  tanto  como 
garaño  (garañón)  en  guipuzcoano  y  labortano.  El  vocablo,  con 
significación  de  caballo  bayo,  era  vulgar  en  España  á  fines  del 
siglo  VI,  cuando  escribió  San  Isidoro  (2):  «Cervinus  est  quem 
vulgo  gauranem  dicunt.  Aeranem  idem  vulgus  vocat,  quod  in 
modum  aerei  sit  colorís. »  Sin  embargo,  no  debemos  olvidar  el 
bajo-latín  garaúna  ó  garenna  (dehesa) ,  ni  el  vasco  herengo  (tercio). 

12.  Horivarri,  Hollivarre,  Ullibarri-Jáuregui. — Hori  va 
con  el  vizcaíno  uri  (mansión,  villa),  al  paso  que  en  guipuzcoano, 
navarro  y  labortano  la  primera  vocal  se  hace  menos  oscura:  iri, 
hiri.  Esta  preferencia  de  la  vocal  grave  por  los  dialectos  del 
Oeste,  se  puede  notar  asimismo  en  varri  ó  harri  (nuevo),  verri  y 
herri.  En  el  Duranguesado,  país  intermedio,  hemos  visto  (3)  el 
monasterio  Varria  (el  nuevo),  Echevarría  (la  casa  nueva),  «dom- 
na  Legoutia  Esceherriensis.y) 

13.  Acilu,  Acilu. — ¿De  azi-l[ek]u  (lugar  de  sembradura)? 

14.  Anio,  ^ño,  Hcnayo. — En  1138  (Llor,  \12) '  Annio.  ¿Del 
latín  castro  Annio?  Tiene  ruinas  romanas. 

lo.  Gazaheta,  Gameta,  Gaceta, — ¿De  Sagarzaeta  (manza- 
nar)? Sagassaheta,  del  año  1025,  era  en  1085  (Llor.  79j  Sa- 
garzaeta. Gaza,  no  obstante,  forma  vizcaína  de  gruesa  (dulce)  en 
los  demás  dialectos,  pudo  alternar  con  sagar  (manzana),  emer- 
gente del  latín  saccharum  (azúcar).  La  manzana  misma  es  el  'po- 


(1)  Géze,  Eléments  de  grammaire  lasque,  dialccte  soítlctin,  suivis  d'v.n  vocahulairc 
hasque-franrais  et  franrais-hasqv.e;  Baj-ona,  1873.  El  dialecto  labortano  tiene  además  el 
verbo  alha  (pacer,  pastorear),  del  que  lia  formado  alhapide  (camino  de  pasto).  v?Wí  sig- 
nifica propiamente  «ganado  mayor,»  tal  vez  afine  del  árabe  r"^'  faWfía,  uros  ó  toros 
salvajes). 

(2)  Etymol.,  xii,  1. 

(3)  DoLETÍN,  t.  ni,  pág.  2G2-207, 


EL  VASCUENC1-;   M.AVKS  ANTEIilOH  AL  SICLO  \1V,  ^C"» 

mum  massia^mm  del  que  habla  Plinio;  '^uy.i  raíz  aria  (sánscrito 
tnadlni)  significa  «dulce.» 

16.  Garonna,  Cmrona,  Gaun.— En  el  año  871  Llor.  12) 
Ganna,  y  en  1138  (Llor.  11  Oi  (¡aonna.  ¿Del  latín  ganea  icabaña)? 
La  inserci(3n  de  r  suave  es  característica  de  la  conjugación  nava- 
rra (1)  cuyo  influjo  se  dejó  sentir  en  la  vizcaina  (2).  Durante  el 
espacio  de  mil  años  las  formas  de  un  mismo  vocablo  en  tierra  ala- 
vesa han  dado  las  variantes: 

871.  Ganna  (pronunciando  Gaña?) 
1025.  Garonna. 
1138.  Gaonna. 
1294.  Garona. 
1871.  Gaiina,  Gaun. 

No  hay  pues  necesidad,  si  bien  siento,  de  explicar  con  mu- 
danza de  radical  las  variaciones  dialécticas  que  se  ofrecen  en 
la  conjugación  de  los  auxiliares ,  donde  viéremos  intercalada 
la  r.  Así,  por  ejemplo,  en  vizcaíno  d-cm-t  (lo  he  yo)  pudo  salir 
de  d-aro-at;  pero  también  viceversa,  como  el  castellano  eres  del 
latín  es  pasando  por  la  forma  hipotética  ees  (3'.  Faltan  hoy  por 
hoy  términos  hábiles  para  decidir  tamaña  cuesliíjn,  cuya  trans- 
cendencia nadie  ignora;  mas  entretanto,  el  estudio  de  unos  mis- 
mos vocablos  en  determinada  región  vascongada,  combinado  con 
la  Historia  y  la  Geografía,  podrá  no  mal  esclarecer  los  pasos  de 
la  Crítica,  hasta  que  se  descubran  textos  auténticos  de  la  antigüe- 
dad, en  los  que  resuelle  el, alma  del  idioma,  ó  el  verbo. 

17.  Iscona,  Axona,  Igona. — En  1138  (Lor.  112)  Assono. 

18.  Igelhegieta,  Igueleta,  Eguileta. — La  raíz  fué  tal  vez 
igel  ó  iguel  (ranal,  de  suerte  que  Jgueleta,  traducido  en  latín  se 
habría  dicho  Raneto,  que  aparece  en  e.scritura  (Llor.  24)  del 
año  952.  Hegi,  pronunciada  hegni,  ó  egui,  es  un  sufijo  local,  y 


(1)  Van  Eys,  Etude  sitr  Vorigine  et  la  formatton  (les  'certesauxiliaires  lasquiS,  pági- 
na 38-66;  París,  1875. 

(2)  El  idioma  de  Álava  es  subdialecto  del  vizcaino.  La  influencia  del  navarro  dismi- 
nuyó sin  duda  después  de  la  sentencia  arbitral,  dictada  en  1177  por  Enriviue  II  de  In- 
^rlaterra.  En  Arratia  la  >•,  asi  interpuesta,  es  vocal  como  la  ri  sánscrita. 

(31    Así  también  hemos  sacado  '<liombre»  de  /tor/iiin]e,  «lumbre»  de  {»»¡¡/«>,  etc. 

TOMO  ni.  IG 


226  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORIA. 

á  veces  aumentativo:  andi-egui  (demasiarlo  grande;.  Higelhe- 
gieta  vale  pues  tanto  como  decir  «lugar  de  muchas  ranas.» 

19.  Dullanci,  Dulance,  villa  de  alegría. — En  los  fueros  de 
población  que  le  dio  Alfonso  XI  (20  Octubre,  1337)  dice  el  mo- 
narca: «É  por  que  la  dicha  villa  sea  mejor  poblada...  tenemos  por 
bien  que  haya  nombre  Alegría  de  Dulanci.»  Vinieron  á  formar 
parte  de  su  vecindad  las  aldeas  de  Igueleta,  Heuayo,  Larraza, 
Oiga,  Larrara  y  Ayala.  Su  nombre  debió  de  ser  el  del  montecito, 
próximo  á  su  oriente,  coronado  por  el  castillo  de  Henayo,  donde 
en  1799  se  mostró  la  inscripción  (Hübner,  2939): 

S'SEVER 
TVLLONIO 
V  •  S  •  L  •  Al 

Las  millas  del  Itinerario  Antoniniano  parecen  fijar  algo  más 
lejos,  al  O.  ó  cerca  de  Escarza  el  sitio  de  la  mansión  tvllonio  (1). 
Bien  pudo  referirse  á  Dullanci,  como  término  del  distrito  regio- 
nal á  que  se  extendía  la  ciudad  várdula;  puesto  que  no  raras  ve- 
ces las  mansiones,  ó  paradas,  así  como  las  estaciones  de  nuestros 
caminos  de  hierro,  estíiban  á  cierta  distancia  de  la  población, 
cuyo  nombre  tenían.  Si  fué  Dullanci,  en  realidad  el  várdulo 
TVLLONIO  (ToüXwv/jy  de  Ptolcmeo) ,  la  derivación  indica  otra  forma 
intermedia:  Dullaunci,  que  corresponde  á  la  más  antigua  Tul- 
launci  como  Durango  á  Turanko  (2).  En  vizcaíno  hay  las  dos 
formas  de  un  mismo  adjetivo  aundi  6  andi  (grande);  el  cual  tal 
vez  entró  en  la  composición  de  Dullanci  ó  Dulanci,  como  asimis- 
mo en  la  de  Irunia  (iri-aundia,  la  ciudad  grande),  nombre  vas- 
congado y  común  á  pómpelo  (Pamplona)  y  á  la  despoblada  sves- 
.SATio  (Iruña  de  Álava). 

20.  Harrarahini,  Harrarayn,  Arrarain  (despoblado  en  el 
Ayuntamiento  de  Elburgo). — ¿Sinónimo  del  labortano  harroin 
(pilar)?  El  sufijo  ahini,  forma  alavesa  del  siglo  xi,  es  muy  nota- 


(1)    Véase  Boletín,  iii,  21. 

12]    Idid.  205.-Duranc¡  en  lOTS  (I.Ior.  58). 


VA.  VASCUENCE  AI.AVKS  ANTErUOH   AL  SIGLO  XIV.  •>27 

ble.  Enlaza  el  in  de  Arrarañi,  Andoain,  etc.  del  país  vasco-espa- 
ñol con  el  enía  del  vasco-franccs  en  Bechienia  {\) ,  Mahatse- 
nia  (2),  etc.  Probablemente  dimanó  de  la  partícula  locativa,  que 
significa  lo  mismo  que  la  inglesa  on  (encima,  en  incumbencia  de), 
y  abora  se  dice  en  labortano  gain,  guipuzcoano  gañ  y  vizcaíno 
gan.  Pide  genitivo;  y  así,  harrar-áldni,  que  brotó  de  harriaren- 
gáhi7ii  (encima  de  la  roca)  obedece  á  las  mismas  leyes  de  con- 
tracción que  hemos  visto  en  jáuregui,  formado  dojaimaren-egui. 
Otro  tanto  hace  el  sufijo  labortano  haitan,  contracción  quizá  de 
[g]ai[ne]ia7i,  por  ejemplo:  cataren  haitan  (en  casa  del  padre). 

21.  Larraza ,  Larraza,  Ilarraza.— De  ilharr-aza  (haza  de  ar- 
vejas). En  escritura  del  año  1138  (Llor.  112)  se  presenta  como 
fiador,  «García  Sanz  de  lllarraza.n 

22.  Olga  (despoblado  de  Alegría).— ¿Variante  de  olha  (herre- 
ría)? Olga,  en  1085  (Llor.  69),  se  decía  el  río  que  dio  su  nombre 
á  la  Rioja. 

23.  Hereinzguhin,  Herenchoyn,  Herenchún. — Hereinz 
(tercio?),  va  determinado  por  guhin,  como  en  escritura  del 
año  1027  (3),  Aez  (peña)  lo  estuvo  por  coien,  correspondiente  al 
moderno  goyen.  En  vez  de  Herenchún,  el  dialecto  navarro  habría 
dicho  Irurzün. 

24.  Larrahara,  Laraharra,  ermita  de  Larrar  en  el  término 
de  Alegría. — De  larra[r]-á  (el  prado). 

25.  Aialha,  Ayala^  Ayala. — ¿Sinónimo  del  labortano  y  bajo- 
navarro  eihara  (el  molino)?  La  mudanza  de  eiJir  en  aihl  justifí- 
case así  por  los  derivados  de  iharr-a  (el  valle),  por  ejemplo,  Ayhar 
en  Navarra,  Eyhar,  en  Guipúzcoa,  como  por  otras  localidades, 
expresadas  en  nuestra  lista  del  año  1025:  Hegiraz  (Eguílaz), 
Ehari  (Alí) .  El  mismo  «Álava»  se  ha  pronunciado  Araba. 

26.  Harrieta,  Harrieta,  Arricia. — Significa  pedregal.  En 
composición  la  consonante  de  harri  (piedra)  podía  suavizarse: 
Harrizabállaga  (Arrízala),  Harizabálleta  (Arcc/iavaleta), 
frecuentativos  de  arri-zabal  (piedra  ancha,  lat.  Petralata).  El  acen- 


(1)  Casa  de  Sare,  donde  reside  el  eminente  vascófllo  Mr.  Wentwortli  Webster. 

(2)  Alqüeria  de  Guétary. 

(3)  «In  Aezcoien  (Peralta),  villa  que  dicitur  Abarzuza.»  Llor.  33. 


228  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

to  hacía  doblar  la  I  de  zahal;  y  la  aspiración  de  la  r,  al  perderse^ 
trocaba  en  ch  la  z,  como  lo  demuestran  ambos  ejemplos.  Tan  cier- 
to es  que  el  vascuence  no  ha  de  colocarse  entre  las  lenguas  pu- 
ramente aglutinativas,  y  que  el  cambio,  ó  síntesis  de  sus  letras, 
anda  muy  lejos  de  ser  totalmente  reconocido. 

27.  Guevara,  Guevara. — Es  la  Tí.3áXx  de  Tolomeo  (1).  El  vas- 
cuence tiende  á  transformarla  I  en  r  entre  dos  vocales:  ainguero 
del  latín  «angelo,»  oro  (todo)  del  griego  í'xjí.»  Después  de  TijSxXa. 
vemos  á  TspáXonm  en  la  Vardulia  de  Tolomeo.  Conjeturo  que  el 
tipo  nominal,  indígena  de  la  primera  ciudad  fué  Zahala,  y  el  de 
la  segunda  Zahaleta,  pronunciándose  la  z  inicial  de  la  raíz,  como- 
en  Arec/iavaleta. 

28.  Haiztara  (2),  Heztura,  Etura. — ¿De  aitz-ur  (agua  de  pe- 
ña)? La  mudanza  de  aiz  en  ez  halla  su  intermedia  en  Aezcoien  (3), 
del  año  1027  (Llor.  33),  dialecto  navarro.  La  muy  antigua  aspira- 
ción y  la  z  del  radical  se  han  perdido  en  Etura. 

29.  Maturana,  Maturana,  Maturana  (4).— Concierta  con  el 
sustantivo  latino  villa  (aldea,  quinta,  caserío)  que  se  sobreentien- 
de. Todo  el  país  alavés  eétá  sembrado  de  restos  de  población  ro- 
mana. Crispijana  fCrispimanaJ,  Leciñana  (LicinianaJ,  Paterni- 
na  (Paterniana),  etc. 

30.  Audicana,  Andicana,  Audicana. — Hacia  el  año  104Q 
salió  por  íiador  de  una  donación  (Llor.  35),  al  monasterio  de  San 
Juan  de  la  Peña  «sénior  Sancio  Lopiz  de  Audicana.»  ¿De  al- 
deco  (aldehuela)? 

31.  Andozketa,  Andozqueta,  Andosqueta,  ermita  en  el  lu- 
gar de  Ileredia. — En  1086  (Llor.  71)  Antozketa.  Daedánóeda- 
tú  (beber)  ha  formado  el  vascuence  edoski  (mamar  el  animal)  y 
eredoski  ó  eradoski  (dar  á  mamar,  ordeñar).  Con  esta  raíz  paré- 
cerne  se  aviene  andosko^  res  distinta  del  carnero,  que  pagaba 
el  lugar  de  Trespuentes.  El  diccionario  de  la  Academia  deüne  ac- 
tualmente andosco  «res  de  ganado  menor,  que  tiene  dos  años;» 


(1)  Boletín,  t.  iii,  pñ?.  30. 

(2)  ¿Haiztura  en  el  original?  La  a  de  la  escritura  gótica  es  tan  abierta  que  se  pare- 
ce á  la  u.  En  labortano  :.aitura  es  «cerdo  de  tres  á  doce  meses.» 

(8)    Su  nombre  castellano  es  Peralta,  latino  Petralta  ó  Pet/a  alta. 

(1)    En  escritura  del  año  955  (Llor.  2-5)  leemos  «doinna  Justa  de  Matn.mnd.» 


EL  VASCUENCt:  ALAVÉS  ANTERIOII  AL  SIGLO  XIV.  22!) 

í^ero  la  edición  del  año  1770,  que  faé  la  primera  en  proponer  el 
vocablo,  nos  dice  que  es  ares  lanar  que  lionc  dos  años.»  No  cita  la 
Real  Academia  ninguna  autoridad;  y  es  verosímil  que  no  tuviese 
á  la  vista  otro  documento  que  el  nuestro  del  año  1025,  fijándose 
para  dar  la  definición  en  la  segunda  sílaba  de  andosco.  Tam- 
poco trae  autoridad  en  su  diccionario  el  P.  Estéijun  Terreros, 
para  quien  andosco  es  el  carnero  de  tres  años.  Semejante  sistema 
desdice  del  método  científico.  Andosco,  por  lo  mismo  que  aparece 
•como  contribución  de  pueblos  alaveses,  y  so  ve  entrañado  en  la 
nomenclatura  geográfica  de  este  país,  pudo  tener  origen  del  vas- 
cuence, ó  bien  de  una  palabra  latina,  modificada  en  su  pronun- 
ciación conforme  á  las  leyes  fonológicas  de  aquel  idioma.  Así  de 
villüso  (velloso),  pronunciado  á  la  latina  (vil-loso),  nace  regular- 
mente hildots  ó  hildoch  (cordero  borro,  ó  no  recental).  El  vascuen- 
ce rehuye  en  el  radical  el  choque  de  la  Z,  así  como  el  de  n,  con 
■otra;  y  transforma  la  segunda  en  d:  latín  caballo,  francés  clieval, 
vascuence  zaldi;  latín  mannus ,  catalán  macho,  vascuence  man- 
do; latín  sanus ,  vascuence  sendo  (sano),  pasando  por  senno  del 
francés  sain.  Así  que,  nada  se  opone  á  que  en  teoría  deduzcamos 
andosco  del  bajo-latín  annolio  ó  annoso,  fuente  del  castellano 
<iñojo  (becerro  de  un  año  cumplido).  Obsta,  sin  embargo,  que  el 
vocablo  es  antiquísimo  en  el  tesoro  de  la  euskara,  y  se  repite  con 
sobrada  frecuencia,  en  las  inscripciones  romanas  de  la  Vasconia 
francesa,  como  bien  lo  repara  M.  Luchaire  (1).  Tales  son  los  no- 
minativos  ANDVS,    ANDOSS,    ANDOXVS,   y  loS  CaSOS  ObliCUOS   ANDOS 

TENNO  ANDOSi  ffiUo),  ANDOSso,  ANDOSsic,  nombrcs  propios  de  va- 
rón, que  del  latín  ciertamente  no  se  tomaron.  Si  la  raíz  es  vas- 
congada, el  nombre  pudo  significar  toda  cría  de  ganado  menor  ó 
mayor,  de  lana  ó  de  cerda;  y  al  antojo  del  uso,  supremo  juez  y 
arbitro  de  los  idiomas,  incumbió  el  aplicar  (si  en  realidad  así  fué) 
<xñojo  al  becerro  y  andosco  al  cordero  borro  ó  borrego. 

32.  Argumaniz,  Argomaniz,  Argomániz. — Quizá  de  arku- 
3we,  compuesto  de  ardi-liume  (recental  de  oveja,  cordero). 

33.  .  Quilchano,   despoblado  de   Elburgo.  —  En  el  año  1095 


(1)    Etvdes  sur  les  idiomes  Pyrénéens  de  la  región  franraise,  pág.  67,  "(i,  TT;  Pa- 
rís, 1879. 


230  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Kexana  (Llor.  80],  ¿Del  vizcaíno  g azta i  {queso ,  latín  caseiisj? 

34.  Jlaranchona,  Maranchón,  monte  y  fortaleza  antigua  de  la 
Berrueza. — No  la  nombra  el  primer  documento  por  ser  entonces 
propia  de  Navarra.  En  el  privilegio  de  los  votos  (Llor.  18)  Ma- 
rangone;  en  lOíO  (Llor.  34)  Maragnione;  en  1057  (Llor.  46) 
«monte  de  Maranione.»  El  dialecto  labortano  conserva  herho 
ó  herrho  (brezal,  maraña).  La  m  en  vascuence  reemplaza  á  menu- 
do la  t;  ó  í^  inicial :  wagfiíina,  m.akilla,  del  latín  vagina  (vaina). 
haculus  (bastón);  mentura  (ventura),  merchika  (albérchigo).  Lo 
mismo  hace  el  castellano:  amimbre,  del  latín  vimine.y>  El  radical 
de  Maranchona  debió  de  ser  variedad  eufónica  del  de  Berrueza 
(Berrogi). 

35.  Mendissur,  Mendixiir,  Mendíjur. — En  1060  (Llor.  49) 
Mentisur.  ¿De  mendi-clmri  (monte  blanco]? 

30.  Lángara,  Landares'de  Gamboa,  Nanclares. — En  1071 
(Llor.  54)  Langarica;  en  1075  (Llor.  57)  Langreiz;  en  1113 
(Llor.  89)  Langlares.  La  terminación  es  de  Langlares  provino 
de  Langarica,  que  ya  empezaba  á  contraerse  en  Langreiz. 
La  mudanza  de  la  g  en  c,  de  la  r  en  Z,  y  de  í  en  n  dimanó  de  la 
influencia  castellana.  La  raíz  del  vocablo  ya  se  nos  mostró  en 
Langu  (Laño).  Me  inclino  á  creer  que  fué  romana,  reforzada 
por  el  empeño  de  los  reyes  visigodos  en  llamarse  Flavios.  En 
efecto;  Lain,  Laño,  Lainez,  brotaron  de  Flavino ,  Flaino.  Con 
todo,  la  ibérica  Lancia,  asaz  frecuente  en  todo  el  norte  de  la  Pe- 
nínsula, como  indicio  de  castro,  ó  castillo  fuerte,  antes  que  los 
abatiesen  las  legiones  romanas,  landa  y  otras  reclaman  también 
su  parte.  En  punto  á  etimologías  no  se  puede  andar  con  sobrado 
tiento. 

37.  Molo,  Moio,  Menoyo.— En  1114  (Llor.  91)  se  escribía 
Menoio. 

38.  Zuhazu,  Cuaco,  Zuazo  de  Gamboa.' — De  zuaitz,  que  de- 
nota propiamente  el  roble,  del  que  se  saca  tabla,  ó  madera.  Está 
formado  de  zur-árilza  (roble  de  tabla);  pues  viceversa  se  dice  la 
tabla  de  roble  aritz-zulá.  Posteriormente,  sin  perder  el  primer 
ú  originario  sentido^  ha  significado  «¿írbol  grande  ó  arboleda,» 
como  en  labortano  zuhaitz,  suletín  zuhaütze.  El  roble,  ó  famoso 
árbol  de  Guernica,  es  de  esta  especie.  Cada  junta  de  concejo,  ó 


EL  YASt:LENCH  ALAVIÍS  ANTKIUOR  AL  SIGLO  XIV.  y.]\ 

comunidad  (batzarra)  vascongada,  se  tenía  probablemente  desdo 
la  más  remota  antigüedad  bajo  uno  de  estos  árI)olcs.  Por  ello  son 
tan  frecuentes  en  Álava  los  Zuazos:  y  así  me  explico  la  razón  no- 
minal de  2;v£77ácr/:v  en  Tolomeo,  y  de  svkssatio  en  el  Itinerario 
de  Antonino,  que  también  se  lee  svissatio.  La  mansión  ha  deja- 
do su  nombre  en  Ziiazo,  que  está  entre  Armentia  y  el  gran  des- 
poblado de  Iruña. 

39.  HaQua,  Eania,  Azua.— En  el  año  952  (Llor.  24)  Areze 
en  988  (Llor.  20)  Arce  y  brotaron  del  teutónico  Arcemiro.  En 
Navarra  es  conocido  el  río  y  valle  de  Areso.  ¿Do  arte-su  (en- 
cinar)? 

40.  Orengoin,  Oreñayn^  Orenín. — En  el  año  952  (Llor.  24) 
Orango,  y  en  1085  (Llor.  70]  Aurangi.  De  gora[n]go-in  (en 
lo  alto).  Orenín,  desde  la  cima  del  monte  en  que  se  asienta,  do- 
mina una  extensa  llanura. 

41.  Hurizahar,  Huricar,  Urízar. — De  uri-zar  (villa  vieja). 

42.  Garayo,  Garayo. — En  1087  (Llor.  74)  Garagio,  y  en  1136 
(Llor.  112)  Garachio.  En  1114  (Llor.  91)  cítase  Mejioio  entre  Me- 
nagaray  y  Mnnica.  De  garaiko  (cumbre). 

43.  Mariheta,  Marieta,  Marieta.— En  1095  (Llor.  80)  Mar- 
rieka.  Si  viene  de  madari  (pera),  equivale  á  madariaga  (peral, 
peraleda). 

44.  Otazaha,  Otaga^  Otaza. — De  ote  (argoma). 

45.  Hurribarri,  Hollivarrigamhoa,  Ullibarri  Gamboa. — 
De  uri  harri  (villa  nncva^.  La  r,  sencilla,  de  Hurizahar,  con- 
trapuesta á  la  doble  de  Hurribarri,  me  hace  pensar  que  el  an- 
tiguo vascuence  extendía  á  las  consonantes  la  regla  de  armonía 
vocal,  que  le  ha  valido  en  la  clasificación  de  las  lenguas  un  grado 
notable  de  semejanza  con  los  idiomas  magyar  ó  húngaro,  turco, 
mongólico  y  demás  úralo-altaicos.  Esta  ley,  (jue  podríamos  lla- 
mar de  consonancia  atractiva,  se  ve  también  observada  en  Hi- 
ruzhaeza,  hoy  Iruráiz  (tres  picos). 

46.  Zeriano,  Ciriano,  Ciriano.— En  1200  (Llor.  193)  Ce- 
riano. 

47.  Gernica,  Gernica,  Guernica. — Hoy  despoblada  en  el  tér- 
mino de  Meñano  menor.  La  de  Vizcaya,  Guernika  en  1051 
(Llor.  42).  ¿De  guerri  (lomo,  loma)? 


íS'v'  boletín  de  la  real  aoademlv  de  la  historia. 

48.  Mengano  goien,  Meñano  mayor,  Miñano  menor.  Goien 
significa  propiamente  «superior,»  de  goi  (alto). 

49.  Mengano,  Meñano  menor.  Miñano  menor. — Del  bajo- 
latín  mediano.  En  108U  (Llor.  72|  Mediano;  en  1179  (Llor.  132) 
Mennano. 

50.  Hurribarri,  Hullivarriaraca,  Ullibarri,  despoblado  del 
monte  Aiaca  entre  los  dos  Miñanos. — En  1179  (Llor.  132)  Urri- 
harri  (villa  nueval. 

51.  Mendiguren,  Mendiguren,  Mendigaren. — El  adjetivo 
no  puede  confundirse  con  el  de  Mendixur.  Aquí  es  churri 
(blanco),  allí  guren  (el  más  alto)  que  hemos  visto  en  Helkegu- 
ren;  y  se  verá  en  Monesterioguren. 

52.  Lopeggana,  Lupidana,  Lopidana. — De  Lope-echana 
(casa  de  Lope^ . 

53.  Yhurre,  Yhurre,  Yurre. — De  hi-xir-urren  (inmediato  á 
dos  aguas).  En  1057  (Llor.  4Gi  decíase  Biurco  la  villa  de  Yé- 
cora.  El  Zallas  y  el  Zadorra  bañan  el  término  occidental  de  Yurre. 
De  Yurreta,  lugar  vizcaíno,  hay  memoria  en  1072  (Llor.  56): 
«monasterium  unum  in  confinio  Duranci,  cum  decania  partís 
Vizcahie,  nomine  lurreta,  reliquias  sancli,  Martini  ferens.» 

54.  Letpna,  Letona. — En  871  (Llor,  12)  Letonu;  1093  (Llor,  79) 
Letona,  y  en  1173  (Llor,  149)  también  Letona.  ¿De  Celedonius? 
La  derivación  no  es  imposible;  y  se  nos  hará  menos  extraña  si 
recordamos  que  hace  más  de  mil  años  tuvieron  no  lejos  de  allí  san- 
tuarios los  mártires  Celedonio  y  Emeterio,  y  que  de  sánelo  Eme- 
terio  se  ha  formado  el  nombre  de  la  ciudad  cántabra  Santander. 

55.  Caliitagin,  Záitegui. — De  zain-tegui  (mansión  del  guarda). 
Fueron  alcaides  de  su  famoso  castillo  en  1192  «Furtado  de  Álava» 
y  en  1196  «Enego  Lopiz  de  Mendoza»  (Llor.  180,  188).  En  ambas 
escrituras  suena  Zííiíeí/ui.  Cítalo  D.  Rodrigo  Jiménez  de  Rada  (i), 
entre  las  fortalezas  que  conquistó  Alonso  YIII.  El  códice  tole- 
dano que  sirvió  para  la  edición  de  Lorenzana,  escribe  Zegui' 
tagui,  y  el  Complutense  Zeguitaguin,  aproximándose  á  Cahg- 
tagin,  que  prevaleció  por  lo  visto  á  fines  del  mismo  siglo  xiii. 
La  n  final  ¿representa  la  inserción  de  tegv.i  en  zai-n?  El  nombre 

(1)    De  relius  Hispauiac,  I.  vii,  cap.  '.i2. 


EL  VASGLENCE  ALAVÉS   ANTEHIOlt  AL  Slf.LO  XIV.  '2X\ 

OtOStellaiio  de  Záitegiñ,  esto  es,  La  Guardia,  lo  tenemos  eu  l;i 
Irontera  de  Álava,  guardando  el  paso  del  Ebro. 
50.     Miirua,  Múrua.— Significa  «el  muro.» 

57.  Miiradehe,  Murabe. — Despoblado  vecino  á  Murua.  En  1088 
(Llor.  70)  Moreta.  ¿De  Muruátegui  (aldea  de  Miíma)? 

58.  Larrinoa^  Larrinoa.  — En  vizcaíno  larrañ  significa  «era 
donde  se  trilla,»  y  en  labortano  larrain  «llanura,  valle,»  de  larre 
(llano,  prado).  La  primera  raíz  es  latina:  área  (era),  de  la  que  se 
lormó  el  vocablo  gallego  leyra. 

59.  Gopehegui,  Gopegui. — De  gor-pe-tegui  (casa  debajo  de  lo 
alio). 

60.  Hondategxá^  Ondátegui. — ¿De  ondar  (fondo)?  El  mayor  de 
sus  riachuelos  atraviesa  el  fondo  de  una  peña,  á  la  que  está  ado- 
sada la  población. 

61.  Berricano,  Berrícano. — ¿De  he-erri-gan  (en  tierra  baja)? 

62.  jEc/ia^foj/en,  Echagoyen  (1). — Be  eche-goyeti  (casa  de  arri- 
ba). Opóuese  á  su  colindante  por  el  Oriente,  es  decir,  al  pueblo 
de  Groroztiza,  que  en  1040  (Llor.  35)  se  decia  Eskerecocia,  y 
en  1071  (Llor.  55)  Escherecoza,  y  se  halla  al  ina  del  monte 
Oqueta  con  dos  fuentes  ferruginoí?as.  Cocia  y  coza  hoy  se  di- 
rían gutia  ó  guchia  (el  pequeño). 

63.  Buruaga,  Buruaga.— En  1087  (Llor.  74)  Buruaga.  De 
buru  I  cabeza). 

64.  Hereidehe,  Erive. — La  sílaba  ñnal  he  me  parece  residuo 
de  hehe  (bajo),  como  lo  indica  la  forma  actual  «Erive,»  pues  ya 
se  ha  visto  que  Murabe  lo  es  de  Muradehe.  ¿De  ereiten  (sembrar' 
ó  ereite  (sembradío)? 

65.  Mendarozqueta  ,■  Mendarozqueta.  —  De  mendi  (monte)  y 
arotz  (herrero).  Aunque  no  esté  incluido  en  los  diccionarios,  aroz- 
queta  pudo  significar  «grande  herrería.» 

66.  Echaverre  de  viña,  Echavarri  de  Yiña. —  De  eche-varri 
casa  nueva).  El  territorio  de  Viña  fué  quizá  el  de  los  vennenses, 

ó  vENUEsi,  que  cita  Plinio  (2). 

67.  Elhosu,  Helossua,  Elosu.— El  diccionario  geográfico  por 


(1)  También  se  llama  por  contracción  Echaguen. 

(2)  Véase  Boletín  iii,  pág.  3't. 


234  ÜOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    D-E    LA    HIST0RL4. 

la  Real  Academia  de  la  Historia  quiere  que  eu  el  documento  del 
año  1025,  tantas  veces  citado,  se  puso  Elohosu;  pero  Llórente, 
á  quien  sigo,  Elhosu.  Su  término  septentrional  es  frontera  de 
Vizcaya,  sobre  la  margen  izquierda  del  rio  de  Santa  Engracia,  y 
en  el  centro  del  distrito  de  Villareal,  que  fertilizan,  además  de 
aquel  rio  el  Iharhalz  (corriente  negra)  y  el  Bostihayeta  (cinco 
raudales).  En  1333,  con  las  aldeas  de  Nafarrate,  Urrünaga,  An- 
gelu,  Gojain,  y  Urbina,  fué  agregada  por  Alfonso  XI  á  Villareal 
(((]ue  tenemos  por  bien  de  mandar  poblar  en  el  lugar  que  dicen 
Legutinno  (1'.»  Llámala  el  Rey  en  este  documento  Losu.  Quizá 
se  formó  del  vocablo  vizcaíno  erlaiitz  (colmena),  con  el  sufijo  sii^ 
que  le  da  la  idea  de  «colmenar.» 

68.  Nafarrate,  Nafarrate,  Nafarrate.— En  1179  (Llor.  132} 
Navarrete;  de  nava-erri  ^tierra  de  la  nava,  ó  de  la  vega)  contra- 
puesta á  goi-erri  (tierra  de  la  montaña). 

69.  Hurnaga,  Hurnaga,  Urrünaga. — Sinónimo  de  Urrutia 
(lejana);  de  urrün  (lejos).  En  el  año  052  Diego  Beilaz  dio  al  mo- 
nasterio de  San  Millán  (2)  un  solariego  de  Urrünaga:  «In  Hur- 
na,  Musca  Telluz,»  documento  (Llor.  24)  muy  digno  de  aten- 
ción y  estudio.  Por  él  consta  con  certidumbre  que  los  solariegos 
del  lugar  de  Lekete  (3)  se  apellidaban  «Tellu  Vinquentize,  Beila 
Lequentize,  etc.»  Los  patronímicos  e.stán  compuestos  del  pospo- 
sitivo ze,  primera  sílaba  de  zeme  (hijo)  y  de  los  genitivos  latinos 
de  Vincentius  y  Decentius;  esto  es  Vincenti,  Decenl'iy  pronuncia- 
dos por  boca  vascongada.  Ya  Moret  observó  que  varios  apellidos 
navarros  de  la  primera  época  anadian  íntegro  al  genitivo  latino 
el  nombre  xeme  (hijo),  que  á  su  vez  resulla  de  xemen  (4). 

70.  Angellu,  Nanziello,  Angelu. — ¿Del  latín  angelliis  (reco- 
do), diminutivo  de  angulus?  En  952  (Llor.  24)  Anguellu;  en  117^ 
(Llor.  132)  Anguello,  y  en  1200  (Llor.  193)  Angello.  Al  norte  de  Viz- 
caya, cerca  del  cabo  Ogaño,  está  la  población  marítima  Iharran- 
guélua,  compuesta  de  dos  parroquias  ó  barrios  antiquísimos.  De 


(1)  ¿De  ZeAíí-^íííífl  (lUijar  pequeño,  lu<.'arcillo,? 

l"2)  '<A(1  alrium  ganoti  Einiliani  preshiteri,  qui  est  in  monasterio  nergeijio  » 

(3)  Lehete  en  \0'2U.  Despoblado  de  Ullibarri-Oainboa. 

(4)  Jii/ieiio.  ¿tíe  latín  semen.'' 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOU   AL  SIGLO  XIV.  -^.já 

uno  y  otro  hay  recuerdo  en  las  firmas  del  documento  del  año  Ki.jl , 
cuyo  texto  latino  he  dado  ;t  conocer  (1):  «Acenari  sancoic  de 
ivarra;  Gideri  memez  de  ankelu.r, 

71.  Sarricohuri,  Sarricuñ,  Sarricuri  despoblado  de  Elo- 
rriaga.— En  1338  (Llor.  1121  Sarochio;  pero  antes,  en  1087  (Ll.  75) 
Villa  Porkera.  Basarrico  (porquera)  y/mW  (villa).  Van  Eys  (2) 
no  registra  sino  las  formas  navarra,  labortana  y  guipuzcoana  del 
animal;  es  decir,  cherri,  y  la  guipuzcoana  y  vizcaína  charri.  La 
pronunciación  de  la  ch  radical  es  menos  áspera  en  el  vascuence 
francés.  Antiguamente  se  acercaría  todavía  más  á  la  de  nuestra  s. 
Los  Cerretanos^  limítrofes  del  valle  de  Aran,  eran  célebres  por 
la  cria  (sin  perdón  sea  dicho)  del  cerdo. 

72.  Otazu,  Hotaeu,  Otazu. — Sinónimo  de  otadi  (argomal). 

73.  Haberasturi,  Haberastiiri ,  Aberásturi. — De  aheratz- 
uri  (villa  de  ganado). 

74.  Hurlarte,  Hurtarte,  Uriarte,  despoblado  en  el  término 
do  Aberásturi.— En  1056  (Llor.  45)  Huart,  y  en  1082  Uharthe 
(Llor.  66),  que  es  Ugarte  de  Müjica  en  Vizcaya,  manifestaban 
una  ley  de  flexión,  ó  derivación,  que  impide  identificar  su  pri- 
mera raíz  con  \^  üq  Huriarte  que  en  1114  (Llor.  91)  era  Uliarte.  La 
de  este  vocablo  es  /iwn,  y  unida  al  adjetivo  arte  produce  el  signi- 
ficado de  villa  mediana.  La  de  aquellos  es  wr  (agua),  y  se  unió  al 
sufijo  arte  (entre),  anticuado  harthe;  y  trocando  la  aspiración  en 
g,  produjo  «ligarte»  con  sentido  de  «entre  agua.»  presa  de  moli- 
no, islilla. 

75.  Arcahia,  Arcaya,  Arcaya. — ¿De  arkaitz  (berrocal)  ó  arri- 
gai  (cantera)?  El  sufijo  gai  (de  eguin,  hacer)  indica  habilidad  para 
realizar  lo  que  significa  el  nombre  al  que  se  pospone.  Las  letras 
h,  cí,  g  (suave),  siguiendo  inmediatas  á  la  r  final  de  sílaba,  suelen 
mudarse  en  fuertes.  Por  esta  razón  de  ar[ri]gai  vino  Arcaya,  y 
tal  vez  arkaitz. 

76.  Ollivarri  de  los  olleros,  Ullibarri  de  los  olleros. 

77.  Ollivarri  menor,  UUibarriguchi.  La  reja  de  San  Millán 
coloca  á  Hurribarri  entre  Bolívar  y  Aberásturi,  de  suerte  que 


(1)  Boletín  ni,  302-305. 

(2)  Dictionn.  basco-franjáis,  art.  charri. 


23G  BOLETÍN    DE    LA    REAL    AGADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

corresponde  sin  iluJa  alguna  á  Ollivarri  de  los  Olleros.  El  cambio 
de  Hurri  en  Olli,  tiene  por  base  una  ley  de  transformación,  que 
ya  he  notado  en  el  núm.  12  de  este  Ensayo  analítico,  artículo 
Horivarri  =  //o/¿it'arre.  Merece  además  notarse  cómo  en  boca 
del  pueblo  se  ha  conservado  el  adjetivo  «guchi»  (pequeña),  que  el 
catálogo  de  1294  traduce  por  «menor.» 

78.  Borinivar,  BoUivar,  Bolívar. — Dio  su  nombre  á  un  ape- 
lUdo  sobrado  célebre  en  los  f¿istos  americanos  de  la  presente  cen- 
turia. En  1087  (Llor,  75)  Bonivar.  No  debe  confundirse  con  la 
segunda  parroquia  de  la  vizcaína  Cenarruza,  que  en  1051  (Llor.  42) 
regía  «Ligoarius  molinibarriensis  abba.»  El  vocablo  se  ori- 
ginó de  harri  (nuevo),  aplicado  al  latín  molendino  (molino),  bajo- 
latín  molinio,  y  transformado  sucesivamente  en  molini,  horini, 
honi,  bolli,  huli,  afine  este  último  al  catalán  molí. 

79.  Gamiz,  Gamiz^  Gamiz. — Patronímico,  derivado  como 
Gómez,  Mameiz,  Momeiz,  del  árabe  --ysr-'. 

80.  Meana,  Meana. — Del  bajo-latín  mediana. 

81.  Monesterio  guren.,  Monasterioguren. —  Guren  (superior). 

82.  Luviano,  Luviano,  Luviano. — ¿Del  bajo-latín  liibia  6 
labia  (pórtico,  ándito,  corredor)?  En  ¡Santiago  de  Gompostela  es 
famoso  el  hospital  antiquísimo  de  San  Félix  de  Llovió,  que  hace 
mil  años  hizo  construir  el  obispo  Sisnando  I,  según  lo  refiere  el 
Cronicón  Iriense  (1):  «ct  lovium  ad  susceptionem  pauperum, 
ubi  nunc  est  ecclesia  sancti  Martini.»  Florez  (2),  atendiendo  á 
que  lovio  en  gallego  es  lo  mismo  que  «parra,»  dio  en  decir  que 
por  «alguna  antigua  y  notable»  llamarían  así  á  la  iglesia  de  San 
Félix.  Mas  el  texto  solamente  afirma  que  Sisnando  construyó  el 
hospicio  donde  estaba  tres  siglos  después,  ó  cuando  se  escribió  el 
Cronicón,  la  iglesia  de  San  Félix. 

83.  Elhorriaga,  Ifoliaraga,  Elorriaga. — Significa  «espinar.» 
En  1087  (Llor.  75)  firmó  «sennior  Albaro  Gonsalvez  de  Elhor- 


(1)  España  Sagrada,  xs,G03. 

(2)  Esp.  Sag.,  xix,  lOG.— Suele  explicarse  lovium,  voz  de  origen  teutónico  por  la  idea 
de  follaje  (alemán  laub),  que  t'.aba  en  los  patios  animación  á  semejantes  albergues.  La 
de  «parral  de  poca  altura,»  que  tiene  lobio,  según  el  diccionario  gallego  de  Cuveiro 
Piñijl,  ¿provino  del  idioma  suevo? 


EL  VASCLENCK  ANAVKS  ANTKHIOR   AI.  SIGLO  \IV.  "iS? 

riaga.))  El  nombre  y  su  Imilucción  ascienden  ámás  de  mil  años 
de  antigüedad,  toda  vez  que  en  fi7l  (Llor.  1-2)  se  descril)e  entre 
las  posesiones  otorgadas  al  monasterio  de  Acosta  (Ocoizta)  por 
el  obispo  Yívere  y  su  familia:  «Sancti  Romani  cum  sua  perti- 
nentia,  id  cst,  ubi  iniciat  via,  Zaiiga  (1)  sub  defesa  (2)  Ercihcli 
usque  via  de  Olleros  (3)  et  do  Spino  abbate  (i)  de  Elorriaga.» 

84.  Arcaut,  Arcante.— ¿De  argal-di  (terreno  pobre)? 

85.  Betriquiz,  Betriqnez,  Betriquiz,  despoblado  en  el  Icr- 
mino  de  Arcaute. — En  1138  (Llor.  \\i]  Betriquez.  Patronímico  de 
Pedro  en  vizcaíno  antiguo. 

86.  Hillarrazaba,  llarracaa,  Ilarraza. — La  primera  forma 
añade  claramente  el  artículo  al  sustantivo  lúllar-azaxi  (arvcjal). 
Azau  ya  no  se  usa,  si  no  es  en  sentido  de  «haz  ó  gavilla;»  pero 
en  su  origen  debió  de  significar  «colección.» 

87.  Zerio,  Cerio^  Cerio. — ¿De  azeri  (raposa)?  Arriba  (núme- 
ro 46),  hemos  visto  Zeriano. 

88.  Matauco,  Mataucu,  Matauco. — De  mahats-gokhoac  (ra- 
cimos, viñedo);  ó  tal  vez  de  ana  (población  judiega). 

89.  Ania,  Ania,  Ania,  despoblado  en  el  término  de  Junquitu, 
muy  cerca  del  de  Matauco. — Hoy  sólo  existe  su  ermita  do  San 
Martín. 

90.  Oretio,  Oretia,  Oreitia. — De  orein-di  (sitio  de  ciervosi. 

91.  Arbuslu,  Arhulii,  Arbulo. — ¿De  arri-busti-leku  (lugar 
de  piedra  mojada)? 

92.  Hurribarri,  Ollivarri,  Ullibarride  Arrazua. 

93.  Doipa,  Doypa,  Doipa. — De  Don-ípan  (San  Juan).  La  er- 
mita de  San  Juan  es  lo  único  que  ha  quedado  en  este  lugar, 
arruinado  casi  dos  siglos  há  en  el  término  de  Ullibarri-Arrazua. 
El  uso  de  Don  (latín  doninus)  por  San  aún  está  en  vigor:  Donos- 
lid  (San  Sebastián) ;  y  lo  atestigua  para  el  siglo  xrr  el  códice  de 
Calixto  (5):  «Deum  vocant,  urda;  Dei  genitricem,  andrea  Maria; 


(1)  Záitegui  (Zegititagui,  del  siglo  mu).  :¿Es  la  Qí^r.-y/.'j.  de  Ptolemeo? 

(2)  Dehesa. 

(3)  Ulibarri  de  los  Olleros. 

(4)  Abadía,  monasterio.    ■ 

(5)  Recueráos  de  un  cioje  é  Santiago  de  Galicia,  pág.  58;  Madrid,  1880. 


238  BOLETÍN    DE   LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA   HISTORIA. 

panem,  orgui;  vinum,  ardiim;  carnem.  aragiii;  piscem,  araign: 
domum,  echea;  dominum  domus  iaona;  dominara,  andrea;  eccle- 
siam,  elicera;  presbyterum,  belaterra,  quod  iiiterpretatur  pulcra 
torra;  triticum,  gari;  aquam,  wWcyrcgem,  e?'egfi«a;  saiictum  iaco- 
bum  iaona  DOMNE  iacue.y 

94.  Durana,  Durana,  Durana. — En  1089  (Llor.  77)  firmó 
como  fiador  «Lope  de  Durana.»  Los  pueblos,  con  los  cuales  lin- 
da, salen  nombrados  en  1025  por  el  documento  de  San  Millán: 
Gamarra  maior  (Gamarra  mayor),  Erretana  (Retana), 
Mendivil  (Mendivil)  y  Betoniu  (Betonio).  La  desinencia  pro- 
viene del  latín,  pues  concierta  con  «villa;»  pero  su  tipo  vascon- 
gado sería,  á  lo  que  estimo,  Iturrain  (üiir-raño,  hacia  la  fuente), 
cuyo  nombre  permanece  en  un  despoblado  vecino.  Desde  el  monte 
pintoresco,  donde  se  halla  Durana^  se  ven  24  pueblos.  Su  raíz 
nada  ó  muy  poco  debió  diferir  de  la  de  Durango. 

95-99.  Andicana,  Antecana;  Guerenga,  Guereña;  Man- 
toiana,  Mandoiana  (de  mando,  mulo?);  Le^aroía,  Legarda;  y  Ar- 
tazaha,  Artacaa. 

100.  Apodaca,  Apodaca,  Apodaca. — Sinónimo  de  Apozaga 
en  Guipúzcoa.  La  explicación  de  ambos  nombres  la  encuentro  en 
apoteaga,  colectivo  de  apote  (verraco).  En  1089  (Llor.  77)  firmaron 
como  testigos  «Fortun  Gonsalvez  et  Garsca  Beilaz  de  Apodaca;» 
y  en  1173  (Llor,  149)  persistía  invariable  la  misma  forma. 

101-102.  Oto,  Huelo  de  yuso,  Hueto  de  suso,  Los  Güetos. — 
¿Del  latía  alto?  En  castellano  antiguo  díjose  auter,  autero  (otero), 
también  de  alto. 

103.  üribaldo,  Ilurrialdo,  Urrialdo. — Despoblado  en  la  her- 
mandad de  los  Güetos.  Hoy  queda  su  hermita.  La  b  Üribaldo 
es  eufónica  y  concertada  con  la  r  suave  que  la  precede.  En  Na- 
varra dicen  ürraul.  Raices  uri-aldeco  (villar). 

104.  Huribarri,  Hullibarri  de  viña,  Ullibarride  Viña. — La 
repetición  frecuente  de  este  nombre  permite  apreciar  las  diferen- 
cias locales  de  pronunciación  en  cada  subdialecto. 

105.  Subillana,  Suvijana,  Subijana.— En  1087  (Llor.  74) 
Subillana,  y  en  1113  (Llor.  89)  Suhilana.  De  subi-aldean  (al 
lado  del  puente).  Lo  .tiene  sobre  el  Zadorra,  como  la  otra  Subi- 
jana de  Álava  sobre  el  rio  Bayas.  En  el  documento  de  la  funda- 


EL  VASCL'EN'CE  AL.WÉS  ANTEIUOR  AL  SIGLO  XIV.  2;U> 

ción  del  monasterio  de  Varria,  (jue  di  á  la  luz  pública,  se  indica 
la  situación  del  «pontuní  (¡uod  dicitur  riiarco(:ubi,y>  el  cual  perse- 
vera aún  hoy  día  en  Elorrio  con  el  mismo  nombre,  perpetuando 
la  memoria  de  su  constructor  Marcos.  Zubi  ipuenle),  lo  propio 
que  eüiorri  ¡espino)  pertenece  al  tesoro  antiguo  del  genuino  vas- 
cuence. 

lOG.  Langrares,  Lanclares,  Nanclares  déla  Oca. — En  1113 
(Llor.  89)  firmó  «Lope  Alvarez  de  Laudares. ^^ 

107.  Haztegiata,  Ilazteguieta .,  Asteguieta. — ¿De  astigar 
{tilo)?  En  Guipúzcoa  suenan  Astigarraga,  Astigarrela,  y  en  Viz- 
caya Astigarrivia.  Esta  última  localidad  se  escribía  (Llor.  85)  As- 
tigar ribia  en  1081. 

108.  Otazaha,  Otaraa^  Otaza. — Dcoíe  (argoma).  Con  el  tiem- 
po anduvo  limándose  el  artículo  ha  pospositivo,  que  fácilmente 
pudo  ser  ba  en  Hillarrazaba. 

109.  Zumelzu,  Cumelcu,  Zumelzu. — De  ziim{ar  h]dz  (álamo 
negro,  chopo).  La  construcción  es  menos  fuerte  en  Zumbelz  del 
navarro  valle  de  Yerri;  pero  se  usaba  en  Vizcaya,  puesto  que  en 
1051  y  en  el  subdialecto  durangués  (alameda  de  chopos)  se  lla- 
maba un  arroyo  lindero  de  Echevarría  (1):  «riguum  quod  dicitur 
rumelegui.i)  Este  último  nombre,  frecuentativo  de  zumel-,  es  si- 
nónimo de  zumelz-zu  (alameda  de  chopos).  La  contracción  de  zu- 
mar  en  zum  se  observa  en  composición  con  el  adjetivo  zuri,  ó 
churi  (blanco).  En  labortano  chum-churi  significa  «álamo  blanco," 
ó  simplemente  «álamo.» 

110.  Gomega,  Gumedia,  Gomecha.— Está  en  la  mitad  del 
camino  desde  Armen tia  á  Zumelzu,  y  confina  al  Oeste  con  Ari- 
ñez.— ¿De  Gomeedie  (casa  de  Gómez)? 

111.  Ariniz,  Hareniz,  Ariñez.— En  1106  (Llor.  85)  Harreiz, 
y  en  1151  (Llor.  372)  Ariniz.— Be  arguin  (cantero).  En  su  distrito 
€Stá  el  famoso  Inglesmendi  (monte  del  Inglés),  en  cuyo  recuesto 
y  en  el  año  13G7,  fueron  derrotados  por  las  tropas  del  rey  Don 
Pedro  los  ingleses  y  gascones,  puestos  al  servicio  del  bastardo 
Enrique  de  Trastamara. 


(l)    Boletín- III,  203. 


■240  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HlSTORLi. 

112.  Margarita,  Margarita,  Margarita. — En  1087  (Llor.  73í 
Margarita.  Romano  fué  tal  vez  el  nombre,  y  lo  acredita  la 
bella  inscripción,  empotrada  en  la  capilla  de  su  pila  bautismal 
(Hübner,  2928): 

M.  O  OCTAVIVS 
SABINI  ©  F  O  QJV 
I  R   O   CARICVS 

Marco  Octavio  Cárico,  de  la  tribu  Quirina,  hijo  de  Sabino. 

Sin  embargo,  la  inscripción  pudo  venir  y  extraerse  de  la  cer- 
cana svESSATio  (Iruña);  y  de  consiguiente,  no  demuestra  que  la 
población  de  Margarita  hubiese  existido  durante  la  época  romana. 
En  Galicia  y  en  Cataluña  subsisten  varios  lugares  de  la  misma 
denominación:  Margarita,  Margarit,  Margaride.  El  portugués 
tiene  almargem;  el  inglés,  moor,  y  el  francés,  marais,  rnarécage, 
sinónimo  del  castellano  marjal  ó  almarjal,  oriundo  del  persa  por 
medio  del  árabe  -^j^.  La  raíz  es  aria,  y  se  adapta  perfectamente  á 
los  marjales  que  forma  el  Zadorra  en  torno  áe  Margarita. 

113.  Lermandi  ,  Lermanda,  Lermanda. — ¿La  misma  raíz 
que  en  Armentia?  Los  habitantes  del  país,  según  rae  ha  dicho 
uno  de  ellos,  pronuncian  Laermandia.  Por  lo  menos,  seguro  es 
que  la  i  no  fallaba  el  año  1025. 

ll'i.  Hollarruizu,  Olharizu  en  1258,  Hollavarri,  Ollabarre. 
— Tuijo  linda  al  Sur  con  Ollabarre.  ¿Está  incluido  su  nombre  cu 
Hollarruizu? 

115.  Berroztegieta,  Berrozteguieta ,  Berrosteguieta.  —  En 
vizcaíno  hay  bior  (yegua),  y  en  los  demás  dialectos  higor,  heor. 
hehor.  De  ahí  salió  berrotz  (yegua  de  cría);  como  de  urde  (cerdo), 
ordotz  (verraco).  Es,  pues,  herróztegui,  cuadra  de  yeguas  madres. 
Y  que  así  fué,  bastante  lo  insinúa  un  instrumento  del  año  1105 
(Llor.  85):  «comparavi  uno  solare  cum  sua  divisa  in  villa,  quedi- 
citur  Berrozteguieta,  in  uno  caballo  et  in  uno  mulo.y> 

110.  Armentehi,  Armentia^  Armentia.— En  1776,  al  reedi- 
ficarse su  antigua  ig-esia  episcopal,  fué  descubierto  el  epitafio  ro- 
mano (llübncr,  2938)  consogrado  por  Pompeya  á  los  manes  de  su 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SICLO  XIV.  241 

anciano  esposo  Domicio  Attio.  No  veo  difícil  de  suponer  que,  así 
en  Lermanda  como  en  Armentia,  á  cuyos  pies  corría  la  vía  ro- 
mana que  bajaba  de  Iruña,  se  hubiesen  levantado  montones  de 
piedras  (acervi  lapidum),  arrojadas  por  los  viandantes  en  honor 
de  Mercurio.  Su  nombre  vascongado  ar-mendi,  de  arri-mendi, 
halla  eco  en  Aramendia  de  Navarra  y  en  su  siiKjiiimo  Aramingon 
ó  Armiñón  (montón  de  piedras).  El  sitio  poblado  junto  á  esto 
lugar,  se  habría  dicho  armendi-tegiii,  y  por  contracción  armen - 
tehi.  La  otra  Armentia,  ahora  castellana,  del  ayuntamionlo  do 
Treviño,  se  llamaba  en  1087  (Llor.  73)  Ermendica;  en  1083 
(Llor.  67)  Armendeca,  y  en  1025  (reja  de  San  Millán)  Ar- 
mendihi. 

117.  Gasteiz,  Gaztheta,  primer  recinto  fortificado  ó  «villa  de 
Suso»  en  la  ciudad  de  Vitoria. — En  1089.  (Llor.  77)  Gasteiz. 
Del  latín  castello,  pasando  por  casteldo  y  castelz. 

118.  Eztarrona,  Heztarrona,  Estarrona. — Bq  altzá  (aliso), 
(jue  también  se  dice  ostarro.  No  debe  confundirse  la  raíz  con  la 
de  Heztura  (Etura),  cuya  r  es  dulce. 

119.  Zuhazu,  Cuacu,  Zuazo. — En  1106  (Llor.  85)  Zuazo. 
Retiene  el  nombre,  y  quizá  el  sitio,  de  la  no  lejana  estación 

SVESSATIO. 

120.  Billodas,  FiZíodas,  Villodas. — Del  latín  villa.  En  el  año 
862  (Llor.  9)  existía  dentro  del  valle  de  Losa  la  heredad  «in  loco 
qui  dicitur  Villota  et  Villateca.» 

12Í.  Transponte,  Traspieeníes,  Trespuentes. — TranssGha. 
mudado  en  «Tres»  por  el  intermedio  Tras.  En  rcíilidad  su  primer 
nombre  se  refiere  al  puente  sobre  el  Zadorra,  que  la  separa  de 
Iruña.  Mas  como  la  despoblada  ciudad  se  halla  ceñida  por  el 
gran  río  de  Álava,  á  la  manera  que  lo  está  por  el  Tajo  la  ciudad 
de  Toledo,  no  faltaron  otros  puentes  en  las  inmediaciones,  como 
el  de  Villodas  y  el  que  enlaza  á  Mendoza  con  Margarita.  Así  que 
el  sitio  ha  ido  llamándose  con  toda  propiedad,  primero  Trans- 
ponte, luego  Traspiiejites,  y  ahora  Trespuentes.  Entre  tantas  y 
tan  importantes  inscripciones  de  svessatio  que  en  Iruña  existen, 
ó  se  han  transportado  á  los  pueblos  vecinos,  hay  dos  militares 
(Hübn.,  2926,  2927);  con  lo  cual  fácil  es  argüir  que  tuvo  guarni- 
ción romana. 

TOMO  III.  n 


242  BOLETÍN   DE    LA    REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

122.  Goveio,  Goveyo,  Gobeo. — ¿De  go-hehe  (bajo  el  alto)? 

123.  Crispijana,  Grispijana. — Del  latín  Crispiniana. 

124.  Legartagutia,  Legar taguchia. — Despoblado  en  el  térmi- 
no de  Lermanda.  Pronunciábase  gutia  (la  pequeña)  guzia. 

125.  Quartango,  Cuartango^  Cuartango. — En  el  año  950 
(Llor.  23)  Quartango.  Del  bajo-latín  quartanico.  En  la  merin- 
dad  de  OrduñaliayTertanga,  derivado  quizá  de  «villa  íeríiajiica.» 

120.  Mázanos,  Máncanos,  Manzanos. — La  primera  forma 
confirma  la  derivación  que  se  da  al  castellano  «manzano,»  como 
.sacado  del  latín  massianum. 

127.  Comungoni,  Cumuñon,  Comunión. 

128.  Higahegui^  Ig^y. — ¿De  ibay-tegui?  Está  al  lado  del  río 
Bayas. 

129.  Moliniella,  Moliniella,  Molenilla. 

130.  Cassicedo,  Caycedo  de  yuso,  Caicedo  yuso. — En  1087 
(Llor.  73)  Casicedo. 

131.  Basconguelas,  Vasconietlas,  Basquiñuelas. — ¿Beha- 
sokoguela  (celda  ó  ermita  del  bosque)?  Está  el  pueblo  en  la  falda 
de  un  cerro  alto. 

132.  Erennua,  Ereña,  Hereña. — Del  castellano  herrén,  que 
á  su  vez  desciende  del  latín  farragine. 

133.  Melietes,  Meliedes,  INÍelledes. — Del  latín  medietas.  El 
sinónimo  vascongado  aparece  en  Ertanga  iLlor.  55)  del  año  1075. 

134.  Villavizana,  Fiííauecajia,  Villamezana  ó' Villabezana. 

135.  Villaluenga,  Vülaluenga,  Villaluenga. 

13G.  Antezana,  Antecana,  Antezaua  de  la  Ribera. — ¿Del  la- 
tín ANTISTLVXA? 

137.  Lecingana,  Lezíniana,  Leciñana  de  la  Oca. — Del  latín 
LiciNiANA.  En  1087  (Llor.  73)  Liciniana. 

138.  Frasceneta,  Frezneda,  Fresneda. — Del  latín  fraxi- 
ncto;  sinónimo  del  vascuence  lizarza,  lizarreta,  lizárraga. 

139.  Carcamu,  Cárcamo,  Cárcamo. 

Del  análisis  que  acabo  de  hacer,  infiero  que  hay  sobrade  teme- 
ridad y  ñuta  de  método,  cuando  el  problema  ibérico  se  plantea 
con  las  bases  que  le  han  señalado  Humboldt,  Phillips  y  Astarloa. 
El  vascuence,  vivo  organismo  de  la  palabra,  no  ha  estado  jamás 
inmóvil.  Con  el  tiempo  ha  ido  germinando  y  desechando  formas, 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIOLO  XIV.  243 

que  trascienden  á  ocultar  y  modifícar  la  primitiva  raíz  nominal, 
é  involucrarla  con  sufijos  y  prefijos  gramaticales,  sujetos  á  leyes 
eufónicas;  de  los  cuales  no  pocos,  muertos  ya,  parecen  como  re- 
sucitar del  fondo  de  algún  valle  aislado  ó  del  polvo  de  los  archi- 
vos, para  poner  en  confusión  á  los  sabios.  Con  lodo,  si  bien  se  es- 
tudian, compaginándolos  y  clasificándolos  como  lo  hace  con  los 
sujetos  de  sus  tres  reinos  la  Historia  natural,  no  tardaremos  cu 
conocer  las  verdaderas  fuentes  del  óuskaro;  y  con  ellas  á  la  vista 
sabremos  juzgar  si  conviene  ó  no  aplicarlo  á  la  interpretación  de 
los  caracteres  ibéricos  y  de  las  lenguas  que  hablaron  los  habitan- 
tes indígenas  de  todo  nuestro  suelo  antes  de  la  invasión  céltica  y 
de  la  dominación  romana. 

Al  cerrar  esta  breve  discusión,  pláceme  insistir  acerca  de  un 
punto  de  alta  importancia  histórica ,  que  tocó  en  la'  íiltima  se- 
sión (1)  nuestro  doctísimo  compañero,  el  Sr.  Fernández  y  Gonzá- 
lez, dando  cuenta  de  sus  investigaciones  prolijas  sobre  los  ma- 
nuscritos rabínicos  de  la  Biblioteca  Escurialense.  Casi  todos  los 
ramos  del  saber  en  la  España  de  la  Edad  Media  están  vinculados 
al  progreso  científico  de  los  hijos  de  Israel.  ¿Quién  había  de  ima- 
ginar que  la  marcha  histórica  del  vascuence  no  estaba  excluida 
del  teorema?  Y,  sin  embargo,  del  fondo  geográfico,  sometido  á  la 
sagacidad  rentística  de  D.  Abrahén  Barchilón,  almojarife  mayor 
del  Rey  D.  Sancho  IV,  procede  la  escritura  que  ha  servido  de 
base  á  nuestra  investigación  filológica.  Álava,  Rioja  y  Xavarrn. 
no  menos  que  León  y  Galicia,  abrieron  cauce  hondísimo  á  la  ('fi- 
niente hebrea  (2). 

Fidel  Fita. 

Madrid,  9  Octubre  1883. 


(1)  5  Octubre. 

(2)  «Rex  vero  Aldefonsus  ponit  in  fidelitatem  Nag-araní  castellum  christianorum,  et 
Or  caste lli'jn  jiídeomm,  et  Arneáo  castellum  christianorum  ei  Cellorigo  castellum  ;,"- 
deorum.  Similiter  Saucius,  rex  Navarre  in  hac  fidelitate  ponit  Estellam,  quod  Petrus 
Rode"rici  tenet,  et  castellum  judeorum»  {Llor.  C2.)— ((Monasterio,  quod  dicitur  sancti 
Michaelis  de  Biurco  cum  sua  decania  sancti  Andree  de  monte  de  Maranione,  cum  suos 
molinos  et  cum  sua  casa  de  Biurco,  quod  fiiit  de  illo  iudeo.»  (Llor.  16.)  La  primera  es- 
critura es  del  año  1170,  y  la  segunda  de  1057.  Recuérdese  el  Jiidizniendi  de  Vitoria. 


VARIEDADES. 


III. 

MEMOEIA 

HISTÓRICA,     POLÍTICA    Y     ECONÓMICA     DE     LA     PROVINCIA 
DE    MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS  *. 

(Contimiacion.j 

Deserción   de       102.    Del  fiboiTecimíento  cíue  los  vndios  tienen  a 

lo  5  yndios. 

la  comunidad,  de  la  corta  asistencia  que  tienen  de 
esta,  y  de  las  vejaciones  que  reciven  de  sus  Gorrcxi- 
dores  -  y  Gavildos,  resulta  la  mayor  parte  de  la  discr- 
cion  ^  que  se  experimenta  en  los  pueblos;  la  que  es 
tanta,  que  se  puede  computar  que  en  el  dia  están  fuera 
de  sus  pueblos  *  quando  menos  la  octava  parte  de  los 
naturales  que  existen.  Estos  están  dispersos  en  la  ju- 
risdicion  *  de  Buenos  Ayres,  Montevideo,  Santa  Fee, 
Bajada,  Gualeguay,  Arroyo  de  la  China,  terrenos  de 
Yapeyü,  Corrientes,  y  Paraguay,  cuyos  parajes  ase- 
guran todos  están  llenos  de  yndios  Tapes;  y  muchos 
de  los  prófugos  do  los  pueblos  permanecen  en  esta 
provincia  de  Misiones,  pasados  de  unos  pueblos  a 
otros,  en  los  que  los  tienen  ocultos  en  las  chácaras  ^ 
los  mismos  yndios. 


1  Véase  el  cuaderno  VI  del  tomo  II. 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  los  corregidores. 

3  Asi  en  el  m?.:  en  la  edic.  de  Ángelis:  de  la  deserción. 

*  En  la  e,dic.  de  Ángelis:  está  fuera  de  sus  pueblos. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  en  las  jurisdicciones, 
o  En  la  edic.  de  .\ngelis:  en  sus  chacras. 


MISIONES    Dt:    INDIOS    GUARANÍ».  245 

103.  Los  perjuicios  que  se  ocasionan  de  estas  di-   Perjuicios  que 

,  ,  ,  -     ,  ocasiona    la 

serciones  son  muchos,  y  algunos  de  la  mayor  con-  deserción, 
sideración.  De  los  Reales  tributos  se  hace  imbcriíica- 
ble  la  recaudación;  la  decadencia  de  los  pueblos,  asi 
6n  la  populación,  que  se  disminuye,  como  la  falta  de 
ellos  * ,  y  de  su  posteridad,  como  en  la  de  sus  bienes, 
pribandose  del  trabajo  dolos  desertores,  es  considera- 
ble; pero  lo  mas  doloroso  es  el  daño  espiritual  que  se 
experimenta  en  ellos,  y  que  pide  se  solicite  remedio. 

104.  Los  yndios  que  se  desertan  llevan  general-   üs  causa  de  la 

.        1  j  •  1  ruina  de  mu- 

mente  alguna  yndia  que  no  es  su  muger,  con  la  que  ciias  almas, 
vive  ^  como  si  lo  fuera;  y,  ya  salga  de  la  provincia,  ó 
se  quede  en  ella,  en  todas  partes  pasan  por  casados, 
porque  aquellos  a  que  se  agregan,  sean  yndios  ó  es- 
pañoles, solo  cuidan  de  disfrutar  de  su  trabajo,  sin 
reparar  en  que  vivan  como  christianos,  o  no;  y  asi,  ni 
procuran  que  oygan  Misa,  niel  que  se  confiesen,  ni 
que  exerciten  ningún  acto  de  cristianos;  pues  saven 
que,  si  los  quieren  obligar  a  ello,  se  van  a  ofra  parte 
y  los  dejan:  con  que,  por  no  privarse  del  servicio  que 
les  hacen,  los  dejan  vivir  como  ynfieles. 

105.  Los  que  se  van  solos  abandonando  a  sus  mu- 
geres  y  familias,  y  lo  mismo  las  yndias  que  también 
se  huyen  solas,  en  quales  quiera  parte  que  se  estable- 
cen procuran,  si  pueden,  casarse  luego.  Es  mui  creí- 
ble *  que  este  desorden  haya  sido  mas  frecuente  en  los 
años  anteriores,  por  poco  cuidado  délos  Guras  de  es- 
pañoles en  las  informaciones,  o  por  testigos  falsos  que 
afirman  la  soltura.  En  los  mismos  pueblos  se  havisto 
también  este  desorden.  El  sr.  Malvar  en  su  general 

1  Asi  en  el  ms.:  en  la  edic.  de  Angelis:  de  estas  deserciones. 

2  Asi  en  el  ms.:  más  correcto  en  la  edic.  de  Ángelis:  que  se  dismi- 
nuye con  la  falta  de  ellos. 

3  Asi  .se  lee  también  impreso  en  la  edic.  de  Áng-elis.  Estaría  más  co- 
rrecto de  esta  manera:  con  la  que  viven  como  si  lo  fuera;  y,  ya  salgan 
de  la  provincia,  ó  se  queden  en  ella. 

4  En  la  edic.  de  Angelis:  procuran,  si  pueden,  casarse;  luego  es  muy 
creíble. 


24G      boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

visita  uejó  proveydo  en  forma  de  auto  a  todos  los  Cu- 
ras de  españoles,  no  pudiesen  casar  a  ningún  yndio 
sin  dar  primeramente  parte  a  sus  propios  Curas.  De 
esta  acertada  providencia  se  puede  inferir  que  en  el 
dia  no  seríí  tanto  el  exceso;  pero,  quando  esto  no  su- 
ceda, sucede  el  que  el  yndio  que  se  ausenta,  dejando 
a  su  muger,  o  la  yndia  que  deja  a  su  marido,  el  que 
permanece  en  el  pueblo,  queda  sin  que  jamas  pueda 
tomar  estado,  aunr|uehaya  enviudado;  porque,  como 
se  ignora  donde  se  halla  el  fugitibo,  se  ignora  también 
si  es  vivo  o  muerto,  y  asi  no  pueden  pasar  a  segun- 
das nuncias  ' ;  de  que  resulta  el  vivir  siempre  en  con- 
tinuo amancebamiento,  en  ruina  de  sus  almas  ocasio- 
na de  estas  desordenes  ^. 

Casan  negras  y  106.  Teugo  uoticia  quo  CU  Santa  Fee  y  Corrientes, 
?i"  val  con  y  aun  dcutro  de  los  mismos  pueblos  está  sucediendo 
^"  '°^'  que  los  Curas  han  casado  yndios  con  negras,  y  mula- 

tas esclavas;  y,  como  las  leyes  previenen  que  la  muger 
del  yndio  y  sus  hijos  sean  del  pueblo  de  el,  y  por  otra 
parte  la  esclava  deve  seguir  a  su  amo,  y  los  hijos  son 
esclavos,  no  so  como  pueda  componerse  esto:  al  mismo 
tiempo  el  yndio  abrá  de  seguir  a  la  muger,  y  enton- 
ces se  perjudican  los  Reales  tributos,  y  el  pueblo  con 
su  falta  y  la  de  la  posteridad;  y  me  parece  que  este  es 
un  punto  que  pide  remedio. 

107.     Este  es  el  estado  presente  de  estos  pueblos  en 
lo  general,  y  al  que  viven  reducidos  estos  naturales. 

Lo  que  ?.>iui  se       108.    Ya  que  he  manifestado  a  Vm.  lo  que  han  sido 

refiere  es  re-  ,        .  ,  , 

lativo  al  de-  y  sou  CU  general  estos  pueblos,  y  su  govierno,  quiero 
de  Cande?a-  dccir  algo  CU  particular  de  los  del  departamento  de 
mi  cargo;  con  la  satis facion  de  que  hablo  con  quien 
los  ha  visto,  y  comparado  con  el  resto  de  los  demás 
pueblos  de  esta  provincia,  y  que  puedo  confirmar 

*    Asi  en  el  ms.:  en  la  edic.  de  Angelis:  á  segundas  nupcias. 

-  Asi  en" el  ms.,  menos  correcto  que  la  edic.  de  Angelis:  de  lo  que 
resulta  vivir  siempre  en  continuo  amancebamiento,  con  ruina  de  sus 
almas,  ocasionada.de  estas  deserciones. 


na. 


MISIONES    DK    INDIOS    CUAHANIS.  Í47 

(juanto  digei-e  con  la  autoridad  del  señor  D.  Pedro 
Meló  de  Portugal,  Governador  Yntendenle  y  Capitán 
General  de  la  provincia  del  Paraguay  que  también  las 
visto  ';  cuya  narración  podrá  servir  de  confirmación 
de  quanto  llevo  expuesto  ",  y  de  anticijiacion  para  lo 
que  digere,  quando  trate  de  los  medios  que  me  pare- 
cen oportunos  para  mejorar  el  govierno  de  estos  pue- 
blos, aumento  del  Real  Horario,  y  felicidad  de  estos 
naturales,  a  quienes  les  deseo  ^la  mayor  prosperidad. 

109.  A  medeados  *  del  año  pasado  de  ochenta  y  se  componía 
uno  '  me  encargué  del  mando  de  este  departamento,  bíos!'^°^"^" 
que  se  componía  de  ocho  pueblos,  incluso  el  de  Nues- 
tra de  Candelaria  ^,  que  ahora  se  ha  separado  por  per- 
tenecer al  obispado  del  Paraguay,  y  por  consiguiente 
a  su  Govierno  e  Yntendencia;  quedándome  ahora  los 
de  San  Carlos,  San  Josef,  Apostóles,  Concepción, 
Santos  Mártires,  Santa  Maria  la  Mayor,  y  San  Fran- 
cisco Xavier.  Estos  pueblos  por  su  situación  son  los  son  ios  déme - 

,  .  TI.,  nos  pi-opor- 

de  menos  proporción  para  sus  adelantamientos  :  no  cienes, 
tienen  yervales  silbestres,  campos  parabaquerias,  ni 
como  extraer  maderas;  porque  por  lo  peligroso  del 
Uruguay,  sobre  cuya  costa  están  sus  montes,  nunca 
se  ha  intentado  embiar  a  Buenos  Ayres:  con  que  solo 
la  agricultura,  e  industria  los  han  de  producir  su  sub- 
sistencia. Ademas  desto,  son  todos  ellos  de  muy  corto  Tienen  pocos 

,  .      ,  ,      _      ,  ,  a  yndios. 

numero  de  avitauores:  el  ano  de  ochenta  y  uno  ^  te- 
nían ocho  mil  setecientos  cinquenta  y  dos  almas,  y 


1  En  la  edic.  de  Angelis:  deesa  provincLa  del  Paraguay, que  tain bien 
los  ha  visto. 

2  En  la  edic.  de  Angelis:  de  cuanto  llevo  dicho. 

3  En  la  edic.  de  Angelis:  á  quienes  deseo. 

4  Asi  en  el  ms. 

5  En  la  edic.  de  Angelis:  á  mediados  del  año  de  1781. 

''  Asi  en  el  MS.:  en  la  edic.  de  Angelis:  incluso  el  de  Nuestra  Señora 
de  Candelaria. 

■J  En  la  edic.  de  Angelis:  de  menos  proporciones  para  su  adelanta- 
miento. 

**    En  la  edic.  de  Angelis:  el  año  de  1*81. 


tablecerlos. 


248         BOLETÍN  DE  LA  REAL  AGADEMLA  DE  LA  HISTORIA. 

mil  ocho  cientos  veinte  y  dos  tributarios,  según  los 
padrones  que  formcj  mi  antecesor,  el  Theniente  de  dra- 
gones D.  Juan  Valiente. 

Estubieron  HO-  Por  los  aiios  de setcuta  v  tres  Y  setenta  y  qua- 
muy  pobres.-  ^^.^  i  gst^^jigi-Qn  estos  pueblos  CU  la  ultima  miseria: 
solo  el  pueblo  de  la  Concepción  tenia  algún  ganado 
en  sus  estancias;  en  las  de  los  demás  era  muy  poco  el 
que  havia.  Los'  almacenes  de  todos  estaban  vacios;  el 
chacarero  ■  arruinado,  sin  algodonales  ni  cosa  que  les 

Se  solicitó  res-  pudiera  producir  para  su  subsistencia.  Pero  la  solici- 
tud de  dicho  mi  antecesor  les  proporcionó  el  bolver  a 
poblar  sus  estancias;  hizo  plantar  algodonales,  y  puso 
en  un  regular  estado  todos  los  pueblos  a  el  encomen- 
dados; de  modo  que  a  mi  ingreso  tenian  las  estancias 
de  los  ocho  pueblos  mas  de  cien  mil  cavezas  de  gana- 
do bacuno,  y  de  cavalLar,  y  demás  especies  en  buen 
estado,  y  el  chacarerio  y  algodonales  bastante  adelan- 
tados: vien  es  que  estaban  empeñados  ^  en  mas  de  no- 
venta mil  pesos  de  comercio,  resto  del  importe  de  los 
ganados  acopiados  para  poblar  las  estancias.  En  lo 
demás  estavan  bastante  atrasados:  sus  almacenes  en- 
teramente vacios;  las  casas,  asi  las  principales  nom- 
bradas Colojios,  como  las  particulares  de  los  yndios, 
caldas,  ó  mui  detrioradas;  *  mucha  desnudez,  ningu- 
na civilidad;  en  ñn,  en  sus  costumbres,  y  preocupa- 
ciones convenían  con  los  demás  pueblos,  en  los  tér- 
minos que  queda  dicho. 

111.  Al  principio  apliqué  todo  mi  cuidado  en  gran- 
gearme  la  boluutad,  y  confianza  detodoslos  yndios  del 
departamento,  *  no  tan  solamente  de  los  yndios,  sino 
también  de  los  Guras,  y  Administradores;  y  lo  logré 


'    En  la  edic.  de  Ángelis:  Por  los  años  de  17*3  y  74. 
-    En  la  edic.  de  Ángelis:  el  chacarerio. 
3    En  la  edic.  de  Ángelis:  bien  que  estaban  empeñados. 
*    Asi  en,;l  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  ó  muy  deterioradas. 
^    Asi  en  el  srs  :  más  correcto  en  la  edic.  de  Ángelis:  de  todos  los  in- 
dividuos del  departamento. 


MISIONES    DE    INÜIOS   GUARANIS.  249 

tan  cumplidamente,  que  hasta  el  presente  nadie  m'e 
ha  ocasionado  quebranto  de  consideración:  todos  de- 
sean complacerme,  y  asi  consigo  quanto  deseo. 

112.  Conociendo  que  de  las  enemistades  de  Guras  Sc  ha  logrado 
y  Administradores,  resultava  parte  de  la  ruina  de  los  todos  cu  par' 
pueblos,  o  estorbava  su  adelantamiento,  procuré  ante 

todas  las  cosas  arrancar  de  raiz  el  espíritu  de  discor- 
dia, estableciendo  con  algunos  reglamentos  una  paz 
solida,  que  cada  dia  se  ha  asegurado  mas,  y  mas.  Es 
verdad  que  alguna  u  otra  vez  ha  ávido  algunos  dis- 
gustos entre  Guras  y  Administradores;  pero  estos  han 
sido  de  poca  consideración,  y  que  con  facilidad*  se 
han  disipado,  sin  que  haya  sido  menester  dar  parte  a 
la  superioridad,  a  donde  antes  era  preciso  .acudir  a 
menudo. 

1 13.  Procuré  también  que  a  los  Correxidores  y  Ga-  a  ios  Correxi- 

■  ^  ^  o  11  •  dores  y  Ca- 

viiaos  se  trataran  -  con  aquella  atención  que  encargan  viidos  se  íes 
las  leyes,  y  que  ninguna  persona  de  ninguna  calidad  atención, 
se  atreviese  a  faltar  al  respeto  devido  a  ninguno  de  los 
yndividuos;  haciéndoles  conocer  a  estos  el  modo  con 
que  devian  portarse  para  no  desmerecer  las  honras  y 
distinciones  devidas  a  sus  empleos,  y  que  yo  queria 
se  les  guardasen,  como  lo  manda  Su  Mag**.  ^ 

114.  Establecí  reglas  para  que  entre  el  Cavildo  y  AnéyUseu 

.    ,      .     .  ,  ,         .  .         ,       ,.  ,.  ,  distiibucioii 

Administrador  no  huviesc  motivo  de  discordia  en  la     de  f^nas,  y 

.  modo  de  cas- 

distribuciou  de  las  faenas  de  comunidad,  y  su  verifi-  tigar. 
cacion,  con  otros  varios  puntos,  concernientes  al  buen 
govierno  del  pueblo ;  y  particularmente  para  evitar 
las  vejaciones  que  padecían  los  yndios  por  los  Gorre- 
xidores  y  Gavildos,  que  muchas  veces  los  castigaban 
por  sus  fines  particulares,  aunque  con  protesto  de  otras 
faltas.  Para  remediar  esto  mandé  que  en  el  Gavildo 
haya  un  libro  en  que  se  escriban  todos  los  castigos 


En  laedic.  de  Angrelis:  y  con  facilidad. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  se  les  tratara. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  como  lo  manda  el  Rey. 


250         boletín  de  la  real  academia  de  la  HI3T0RL\. 

que  s6  executan,  en  esta  forma:  «A  fulano  de  tal  se  le 
dieron  tal  dia  tantos  azotes  por  tal  delito,  por  manda- 
do de  tal  Juez  que  entendió  en  su  causa:»  y  al  fin  del 
raes  han  de  firmar,  y  autorizar  todos  los  de  Cavildo  ' 
esta  relación,  y  el  Administrador  ha  de  certificar  a 
continuación  constarle  no  haverse  hecho  mas  casti- 
gos que  los  que  alli  se  refieren,  y  si  se  han  dejado  *  ó 
no  de  castigar  a  otros  que  lo  han  merecido,  con  todo 
lo  demás  que  le  parezca  digno  de  mi  noticia;  y,  sa- 
cando del  libro  una  copia,  me  la  embian  mensualmen- 
te.  Con  esta  providencia  he  atajado,  quando  no  todas, 
mucha  parte  de  las  injusticias  que  hacian,  y  he  dado 
una  regular  forma  al  govierno  económico  de  los  pue- 
blos, y  a  la  buena  armonía  '  que  deve  haver  entre  el 
Correxidor  y  Cavildo  *  y  Administrador  de  cada  esta- 
blecimiento. 

115.  Apliqué  todo  mi  cuidado  ^  a  promover  la 
agricultura  y  la  industria ,  animándolos  con  mis  ex- 
hortaciones, y  consejos;  y,  para  que  se  aplicasen  con 
mas  empeño ,  acrecenté  la  ración  de  carne  que  se  les 
dava  en  un  tercio  mas:  y  asi  he  conseguido  sin  rigor 
el  que  se  apliquen  al  trabajo,  y  el  ver  pagadas  todas 
las  deudas,  y  aumentado  el  ganado  bacuno  en  las  es- 
tancias, que  al  presente  tienen  cerca  de  ochenta  mil 
cavezas  mas  de  las  que  tenian  a  mi  ingreso;  y  a  pro- 
porción es  el  aumento  de  las  boyadas,  yeguas,  potros, 
caballos,  muías  y  ovejas;  no  siendo  menor  la  ventaja 
que  se  conoce  en  el  chacarerio.  Se  han  aumentado  los 
algodonales,  plantado  cañaverales  ,  reparado  los  yer- 
vales,  y  mejorado  todos  los  ramos  de  agricultura: 
también  he  procurado  se  construyan  casas  nuevas  en 
todos  los  pueblos  ,  y  que  se  reparasen  las  que  hayia; 


1  En  la  edic.  de  ADyelis:  lodos  los  del  cabildo. 

5  En  la  edic.  de  Angelis:  y  si  se  ha  dejado. 

5  En  la  edic.  de  Ani,'elis:  y  á  la  armonía. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  entre  el  corregidor,  cabildo. 

*»  En  la  edic.  de  Ang-elis:  todo  mi  conato. 


MISIONES    DE    INDIOS   GUAÜANIS.  251 

como  asi  mismo  las  yglesias  ,  y  casas  principales. 
Aunque  en  esto  no  se  ha  adelantado  tanto  como  yo 
quisiera,  porque  la  falta  de  albañiles  lo  ha  impedido, 
aunque  no  ha  sido  tan  poco  lo  que  se  ha  hecho  '  que 
no  se  conozca  bastante  diferencia  de  aora  a  como  es- 
taban antes.  Pero,  para  haber  conseguido  estos  adelan- 
tamientos, me  ha  sido  preciso  recorrer  a  lo  menos  cada 
dos  meses  todos  los  pueblos,  ver  sus  obrajes ,  y  cha- 
carerio  ^,  mejorar  lo  que  no  estava  según  devia,  esta- 
blecer lo  que  considcrava  útil,  arrimar  '  a  los  yndios^ 
y  no  perdonar  diligencia,  ni  fatiga,  como  la  conside- 
rase oportuna  al  logro  del  adelantamiento.  Hasta  las 
mismas  estancias  he  visitado ,  sin  eml^argo  de  estar 
muy  separadas  de  los  pueblos,  (algunas  distan  mas  de 
quarcnta  leguas);  he  reconocido  todos  sus  terrenos, 
poblaciones,  puestos,  rodeos ,  corrales,  estados  de  sus 
ganados  *,  aperos  de  los  peones;  y,  en  fin,  quanto 
puede  conducir  al  conocimiento  practico  de  ellas  ;  re- 
mediando muchos  abusos  ,  y  otras  faltas  que  encon-  • 
tré ,  dejando  establecido  con  consejo  de  dos  capataces 
ahiles,  y  de  experiencia  quanto  consideré  podia  ser 
útil  al  aumento  y  buen  estado  de  los  ganados  :  y  el 
éxito  ha  correspondido  conforme  a  mis  deseos. 

116.    Viendo  que  una  de  las  principales  cavezas  ^   se  aumenu  la 

.     r,     .  1      -I        •      •  •     •  1  policía  y  ci- 

que  influía  para  el  abatimiento  en  que  vivían  estos     viudad. 
naturales,  era  la  indecencia  y  desaseo  con  que  se  tra- 
taban en  sus  casas,  procure  que  á  los  Gorrexidores  se 
les  dispusieran  avitaciones  decentes,  dándoles  a  en- 


1  En  la  edic.  de  Angelis  está  escrito  este  período  de  una  manera  más 
correcta  :  Aunque  en  esto  no  se  ha  adelantado  tanto  como  yo  quisiera, 
porque  la  falta  de  albañiles  lo  ha  impedido ,  no  lia  sido  tan  poco  lo  que 
se  ha  hecho. 

2  Eq  la  edic.  de  Ángelis:  y  chacarerios. 

3  Así  en  el  ms.,  y  es  fácil  conocer  que  es  errata.  En  la  edic.  de  An- 
gelis: animar. 

■»    En  la  edic.  de  Ángelis:  estado  de  sus  ganados. 
5    Así  en  el  ms.,  y  es  errata.  Én  la  edic.  de  Ángelis:  que  una  de  las 
principales  causas. 


¿o2      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

tender  lo  que  me  agradaría  el  encontrarlos  a  ellos,  y 
a  sus  mugeres  '  con  decencia  siempre  que  yo  los  vi- 
sitase, que  seria  a  menudo.  Después  establecí  que 
cada  año  aseasen  y  reparasen  sus  casas  interior,  y 
csteriormente  todos  los  de  Gavildo;  y  asi  se  van  me- 
jorando los  pueblos,  y  acostumbrando  a  vivir  con 
decencia. 

1 17.  Para  que  al  aseo  de  sus  casas  correspondiese 
el  de  sus  personas,  les  procuré  persuadir  quan  grato 
me  seria  el  ver  que  en  lugar  de  tipoy  de  que  vsaban  sus 
mugeres,  vistiesen  camisas,  polleras,  o  enaguas,  aun- 
que fuesen  *  de  lienzo  de  algodón,  y  corpinos,  o  ajus- 
tadores que  ciñeran  sus  cuerpos  ^  y  ocultaran  los  pe- 
chos; y  que  las  que  se  presentasen  con  mas  aseo  serian 
tratadas  por  mi,  y  haria  lo  fnescn  por  todos  con  mas 
distinción.  En  este  punto  huvo  algo  que  vencer  por 
que,  preocupados  los  yndios  con  la  igualdad  en  que 
los  havian  criado,  no  permitieran  que  la  una  sobre- 
saliese de  la  otra  *;  pero  al  fin  se  les  ha  desinpresio- 
nado  ^  deste  error,  y  el  aseo  se  ha  introducido  con  no 
pequeños  adelantamientos. 

118.  Como  las  cosas  que  se  intentan  no  se  consi- 
guen con  el  éxito  que  se  desea,  si  al  mandarlas  o  per- 
suadirlas no  se  acompañan  con  la  practica  de  algu- 
nos actos,  en  que  por  la  esperiencia  se  conozcan  los 
favorables  efectos,  y  conveniencias  que  se  les  pro- 
pone ",  para  que  desdo  luego  conocieran  estos  natu- 
rales lo  que  se  les  havia  de  seguir  del  aseo,  dispuse 
el  que  en  las  casas  principales,  en  la  del  Gorrexidor, 
o  en  las  do  otros  yndios  principales,  no  se  les  impi- 
diese el  juntarse  a  tener  sus  diversiones   caseras. 


'  En  \n  eriic.  de  Áng-elis:  á  ellos  y  sus  mugieres. 

-  En  la  edic.  de  Ángrelis:  ó  enaguas,  aunque  fueran. 

^  En  la  edic.  de  Ánf^elis:  que  ciñeran  su  cuerpo. 

*  En  l'.i  edic.  de  Áng^elis:  de  las  otras. 

•■'  Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  se  les  ha  desimpresionado. 

^  En  la  edic.  de  Ang-elis:  que  se  le  propone. 


MISIONES    DE    INDIOS    GUAIIANIS.  253 

(|uanclo  huvicra  uii  razonable  motivo,  y  coa  la  decen- 
cia y  orden  regular;  a  las  que  no  pocas  veces  asisto 
yo  '  con  mi  muger,  y  a  mi  ex-cmi)lo  asisten  siempre 
los  Administradores  y  sus  mugeres:  con  lo  que  he 
conseguido  desterrar  la  odiosa  separación  que  havia 
entre  españoles  e  yndios,  estableciendo  el  trato,  y  co- 
municación mutua,  no  tan  solamente  en  estas  ocasio- 
nes, sino  también  en  todos  los  dias  del  año  que  mu- 
tuamente se  visitan  con  los  españoles  y  españolas 
todas  las  familias  en  quien  resplandece  el  aseo:  y  este 
es  un  poderoso  estimulo  para  animarlos  mas  y  mas 
cada  dia,  como  se  va  experimentando. 

119.  Considerando  las  pocas  proporciones  que  tie-  se  íes  propur- 
nen  estos  naturales  para  conseguir  algunos  adelanta-  aLTsurra.- 
mientos,  por  faltarles  los  medios  de  veneñccncia  por  kres!^'^''*^"' 
medio  de  la  venta  los  frutos  que  pueden  adquirir  con 

su  trabajo;  y  que  de  no  proporcionarles  este  benefi- 
cio, serian  inútiles  mis  esfuerzos  y  providencias,  he 
dispuesto  que  todos  los  frutos  que  recojan  en  sus  cha- 
caras  particulares  *,  y  quieran  venderlos  a  la  Comu- 
nidad, se  los  han  de  comprar  precisamente,  pagándo- 
les de  contado  su  balor  en  aquellos  frutos  o  efectos 
que  ellos  quieran,  o  el  pueblo  tenga;  haciéndoles  re- 
servar lo  preciso  para  el  alimento  de  aquel  año.  Así 
mismo  deben  comprarlos  por  su  justo  precio  quales- 
quiera  cosa  que  con  su  industria  hayan  adquirido  ', 
por  los  precios  que  señalé  en  un  aranccel  que  formé 
para  el  efecto. 

120.  Esta    providencia  ha  tenido   tan  favorables 
efectos  *  que  en  solo  dos  años  que  se  practica  han  ad- 


í    En  la  edic.  de  Ángelis:  asistí  yo. 

'-    En  la  edic.  de  Angelis:  en  sus  chacras  particulares. 

3  En  la  edic.  de  .Vng'elis:  cualquiera  íosa  que  con  su  industria  ha- 
yan adquirido. 

■»  Más  correcto  el  jis.  que  la  édic.  de  Angelis,  donde  se  imprimió: 
ha  tenido  favorables  efectos. 


254    BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

quirido  '  muchos  yndios  unas  regulares  convenien- 
cias; sellan  aseado  muchas  familias;  y  ya  aseadas, 
no  se  avergüenzan  de  parecer  delante  de  toda  clase  de 
gentes,  con  cuyo  trato  se  van  haciendo  sociables,  y 
adquiriendo  una  perfecta  avilidad  -,  reynando  en  todos 
la  abundancia,  y  cada  dia  va  a  mas;  pues  el  cxemplo 
de  unos  sirve  de  estimulo  a  otros.  Vm.  lo  ha  visto,  y 
también  lo  ha  visto  el  Sr.  Gobernador  Intendente  de 
esta  provincia;  y  asi  no  me  queda  recelo  de  que  le 
parezca  a  Vra.  encarecimiento  nacido  de  amor 
propio  ^ 
La.iesidiay       1-1-     Auuquc  BU  la  opiuion  coiTiun  son   tenidos 

abandono  de         ,  ,  ,  .  i  i      i 

los  yndios  no  cstos  naturales  por  perezosos,  c  incapaces  de  poderles 
infundir  deseos  de  salir  ^  de  la  miseria,  y  aborreci- 
miento ^  en  que  se  hallan;  pareciendoles  a  los  que 
asi  opinan  que  es  natural  en  ellos  este  abandono.  Yo 
nunca  me  he  podido  persuadir  de  esta  opinión.  No 
negaré  que  el  temperamento  y  alimentos  pueden  in- 
fluir algo  en  la  robustez,  y  disposición  del  cuerpo,  y 
hacerlos  mas  o  menos  *"',  según  sus  cualidades;  y  mu- 
cho mas  puede  influir  en  mi  concepto  la  educación, 
por  la  cual  se  imprimen  en  el  animo  las  ideas  que 
determinan  sus  operaciones;  pero  negaré  siempre  que 
estos  sean  unos  estorbos  incapaces  de  vencerlos,  como 
muchos  piensan.  Convendré  sí  en  que  costar¿'i  tra- 
bajo; pero  no  en  que  es  imposible. 
Los  yndios       122.     Por  reiteradas  csperiencias  tengo  conocido 

Guarnnis  no  ,  i  •        ,-> 

son  perezo-  quc  los  yudios  Guarauís  no  son  tan  perezosos  como 
los  suponen;  ni  aun  se  les  devc  notar  de  perezosos. 


>    Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Áng'elis:  han  adquirldc. 

2  Así  en  el  ms.:  más  correcta  la  edic.  de  .Vng'elis:  una  perfecta  civi- 
lidad. 

'    En  la  edic.  de  .Vngelis:  del  amor  proi)io. 

*    Eq  la  edic.  de  An^-elis:  deseo  de  salir. 

5  Asi  en  el  ms.,  y  es  errata:  más  corréelo  en  la  edic.  de  Angelis:  y 
al)atimier,*-o. 

^  En  la  edic.  de  Angelis:  mas  6  menos  activo,  En  la  copia  mf.  se 
omitió  esta  última  palabra. 


MISIONES   DE    INDIOS   GUARANIS.  255 

Del  pueblo  de  Candelaria  destinó  a  trabajar  al  de 
Santa  Maria  la  Mayor  a  cuatro  indios  aserradores, 
por  no  haver  yndios  de  este  oficio  en  Santa  Maria:  a 
estos  se  les  señaló  de  jornal  a  dos  reales  *  cada  dia, 
el  uno  para  la  comunidad  de  sn  pueblo,  y  el  otro  para 
ellos:  en  dicho  pueblo  trabajaban  de  sol  a  sol  muy 
gustosos  por  el  jornal  que  savian  que  estaban  ga- 
nando. Llegó  el  caso  de  haver  de  despedir  dos  de 
ellos,  por  haver  aprendido  *  ya  a  serrar  otros  de  Santa 
Maria:  ninguno  de  los  cuatro  queria  ser  despedido; 
todos  querían  continuar,  sin  acobardarse  del  fuerte 
trabajo  da  la  sierra,  y  les  causó  mucho  sentimiento 
cuando  los  despidieron.  Lo  mismo  ha  sucedido  con 
los  que  han  trabajado  de  calafates  en  los  barcos  de 
San  Josef;  y,  en  fin,  cuantos  se  emplean  en  estos  tér- 
minos, trabajan  con  gusto  y  empeño. 

123.  Todos  los  españoles  empleados  en  los  pue- 
blos tienen  uno,  ó  mas  yndios  que  los  sirven,  sin 
darles  mas  ¡jornal  que  la  comida,  el  vestido  y  algún 
corto  regalillo:  y  con  solo  esto  son  mui  puntuales,  y 
eficaces  sirvientes,  sin  que  jamas  se  escusen  a  lo  que 
se  les  manda,  aunque  sea  trabajosísima  la  execucion; 
y  el  mayor  castigo  que  puede  dárseles  a  estos  sirvien- 
tes, es  el  despedirlos,  por  que  es  cosa  que  les  cuesta 
mucho  sentimiento. 

124.  A  qualesquiera  yndio  que  se  le  ofrezca  '  un 
corto  interés,  está  pronto  a  todo  cuanto  quieran  man- 
darle, ofreciéndose  ellos  mismos  \  y  procurando  ser 
preferidos  a  los  otros:  con  que  estos  no  son  procedi- 
mientos de  perezosos;  por  que,  sí  lo  fueran,  ningún 
interés  les  moviera  a  trabajar. 

125.  En  todas  partes  en  que  los  yndios  Tapes  los 


'  En  la  edic.  de  Angelis:  de  jornal  dos  reales. 

-  En  la  edic.  de  Angrelis:  por  haber  ya  aprendido. 

^  En  la  edic.  de  Angelis:  Cualquier  indio  á  quien  se  ofrezca. 

■*  En  la  edic.  de  Ángelis:  brindándose  ellos  mismos 


25G      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

ocupan  pagándoles  jornal,  son  muy  buenos  peones; 
como  se  experimenta  en  la  ciudad  de  Buenos  Aires, 
y  en  todas  las  de  españoles,  que  los  prefieren  a  otros 
peones:  conque  al  no  ser  aquí  aplicados  es  por  que 
les  falta  el  estimulo  de  la  paga. 

sonnotadosde  12G.  También  sou  uotados  do  ladroucs:  y  es  ver- 
a  roñes.  ^^^  ^^^^  robau  quanto  pueden;  pero  a  ello  les  obliga 
la  necesidad:  ellos  apetecen  cuanto  ven,  y  mucho  más 
lo  que  no  hay  dentro  de  los  pueblos;  y,  como  lo  de- 
sean y  no  tienen  como  comprarlo;  y,  aunque  tubie- 
ran,  no  hallarían  quien  se  lo  vendiera,  no  cono- 
ciendo otro  modo  de  adquerirlo  \  roban  si  hallan 
ocasión.  Vien  es  que  ya  no  es  tan  general  este  vicio, 
en  el  que  no  conciven  infamia;  pues  tal  vez  al  que 
este  año  lo  castigaron  por  ladrón,  al  siguiente  lo  ha- 
cen alcalde.  Yo  en  este  vicio  descubro  en  los  yndios 
vna  buena  disposición  para  civilizarlos,  y  hacerlos 
laboriosos;  pues  una  vez  que  codician  lo  brillante,  se 
les  proporciona  poderlo  adquerir  "  a  costa  de  su  tra- 
bajo, se  aplican  •''  con  empeño;  lo  que  no  sucedería, 
si  mirasen  las  cosas  con  indiferencia. 

Govierno  par-       127.    Para  Completar  esta  relación,  quiero  referir 

ticularde  ca-  .  ,  .  •       i         i    i  .  ^^  .■ 

.la  pueblo,  aqui  lo  mas  particular  del  govierno  político  y  econó- 
mico de  estos  naturales,  según  la  generalidad  con  que 
k)  practican  en  estos  pueblos*,  para  que  Vm.  venga 
mas  conocimiento  *  de  las  luces,  genio  y  costumbres  * 
de  todos  ellos. 

/"Se  contiiuiai'á.j 


'    En  esta  forma  se  repite  varias  veces  en  la  copia  ms.  En  la  edic. 
de  Angelis:  de  adquirirlo. 
2    En  la  edic.  de  Angelis:  si  se  les  proporciona  poderlo  adquirir. 
^    En  la  edic.  de  Ángelis:  se  aplicarán. 

■*    Así  en  el  sis.  En  la  edic.  de  Ángelis:  venga  mas  en  conocimiento. 
5    En  la  edic.  de  Ángelis:  y  costumbre. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  III.  Noviembre,  1883.  cuaderno  v. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

El  Si-.  Director  ele  ki  Academia  ha  hecho  á  esta  el  donativo  de 
su  notable  obra  en  dos  volúmenes  titulada  El  Solitario,  en  que 
describe  la  vida  y  méritos  literarios  del  Sr.  Estébanez  Calderón. 
Por  la  parte  que  se  refiere  á  la  historia  contemporánea,  sólo  dire- 
mos que  difícilmente  se  encontrará  un  cuadro  de  ella  que  mejor 
dé  á  conocer  su  curso  y  sus  tendencias.  El  Sr.  Cánovas  ha  hecho 
asimismo  el  regalo  de  un  ejemplar  de  su  obra  ;l  cada  uno  de  los 
individuos  de  la  Academia. 


La  Academia  ha  recibido  con  agradecimiento  la  comunicación 
•le  D.  Juan  Ochoa  de  Alaiza,  cura  párroco  dé  Tres  Puentes  (Álava)^ 
en  que  da  noticia  del  estado  actual  del  despoblado  de  Iruña  [Sues- 
^atio)  incluido  dentro  del  término  de  aquella  parroquia.  El  cas- 
tillo que  fué  de  la  orden  de  San  Juan  y  su  próximo  santuario  do 
Dónela,  que  contenía  preciosas  lápidas  romanas,  yacen  en  la 
mayor  desolación;  pero,  gracias  al  celo  inteligente  del  Sr.  Ochoa 
de  Alaiza,  muchos  epígrafes  no  se  han  destruido;  y  de  ellos  en- 
viará improntas  que  rectifiquen  ó  confirmen  los  ya  publicados,  ó 
au mienten  sa  número. 


18 


258  noLETÍN  DI-:  la  rkal  academia  de  la  HISTORLA. 

El  Académico  Sr.  Colmciro  ha  presentado  impreso  el  primer 
volumen  de  su  Introducción  á  las  Cortes  de  los  antigaos  reinos 
de  León  y  de  Castilla.  El  segundo  volumen,  que  la  Academia  ha 
visto  y  aprobado,  se  dará  <á  luz  en  breve  término. 


La  Comisión  que  entiende  en  la  edición  de  las  Cortes  propias 
de  los  estados  de  Aragón  ha  acordado,  con  beneplácito  de  la  Aca- 
demia, dar  el  testo  puro  latino  ó  vulgar  de  las  actas  auténticas, 
sin  traducción  al  castellano,  reservando  para  el  fin  de  cada  volu- 
men y  para  la  introducción  general  los  comentarios  é  ilustraciones 
que  considera  oportunos. 


El  Sr.  Académico  D.  Eduardo  Saavedra  ha  presentado  copia  de 
una  inscripción  romana,  recien  hallada  en  Tarragona  mientras 
se  derribaba  una  casa  en  la  plaza  del  Payo!,  que  ha  sido  recogida 
por  él  Sr.  Fernández  Sanahuja,  conservador  del  Museo  de  aquella 
capital. 

D     •     M 

P  •  COR  •  SECim 

D\SO  •  CORne 

LLA.-BARVCINA 

MARITO    he 

NEMEREN// 

En  Cabeza  del  Griego  [Ilübner  3097)  dedicó  una  lápida  votiv;t 
Cornelia  Bessuca;  y  en  Sahélices  (Hübn.  3130^  apareció  la  memoria 
sepulcral  de  Cecilia  Panfila,  erigida  por  su  esposo  Cecilio  BarsO' 
wis.  Tanto  este  último  nombre  como  el  de  Barucina.  inclinan  el 
ánimo  á  pensar  que  representan  origen  ó  procedencia  de  familia 
oriental  y  de  estirpe  tal  vez  hebrea  ó  siriaca. 


La  Introduccit'iK  que  [)0r  encargo  de  la  Academia  ha  escrito  su 
sabio  individuo  el  Sr.  Colmciro,  sintetiza  con  claro  método  y  adc- 


ACUIiUDOS    Y    DISC.L'SIO.NICS    1)1-;    LA    ACADKMIA.  2")',) 

<-üada  exposiciíjii  tudo  lo  que  encierran  los  cuatro  voliínieiies  do 
Cortes  de  León  y  Castilla  ya  piildicaili)^.  Divúli'se  en  dos  partes. 
La  primera,  o  sea  Historia  de  las  Cortes  de  León  y  Castilla,  llega 
hasta  la  página  108;  la  segunda,  mucho  más  extensa  y  consagra - 
■da  al  Examen  de  los  cuadernos  de  Cortes ,  llega  en  el  primer  vo- 
lumen hasta  el  lin  del  reinado  do  I).  .Juan  II. 


La  x\cademia  oyó  con  sentimiento  la  noticia  de  haber  fallecido 
■en  Bai'celona  el  día  5  de  Octubre  último,  su  doctísimo  correspon- 
diente D.  Andrés  Balaguer  y  Merino. 


Ha  sido  elegido  correspondiente  extranjero  el  sabio  literato 
alemán  Dr.  D.  Godofredo  Baist,  autor  de  muchos  y  muy  notables 
trabajos  críticos. sobre  el  texto  de  los  más  preciados  autores  espa- 
ñoles y  extranjeros  de  la  Edad  Media  que  abrillantaron  el  florido 
vergel  de  nuestra  historia  y  literatura. 


El  Académico  de  número  Sr,  Fernández  y  (ionzález  ha  coii- 
menzado  á  leer,  siendo  escuchado  con  gran  placer  por  este  Cuer- 
po literario,  la  serie  de  sus  notables  ostudios  acerca  de  los  nombre^ 
geográficos  y  memorias  recónditas  del  antiguo  Madrid  y  sus  al- 
rededores. 


El  Sr.  Fabié  en  luminoso  escrito  ha  dado  cuenta  de  los  recientes 
descubrimientos  de  antigüedades  egipcias  que  han  resultado  do 
las  excavaciones  mandadas  practicar  por  la  municipalidad  do 
Eoma  en  el  sitio  donde  estuvo  el  famoso  templo  de  Isis. 


El  Académico  honorario,  D.  Augusto  Pécoul,  ha  encontrado  en 
Paris  y  adquirido  para  nuestra  Biblioteca,  la  voluminosa  obra 
Specimen  Bibliotliecae  Hispano-AIaynnsianae ,  apostillada  de  puño 
V  letra  del  mismo  Mayans. 


260  COLETiX    DE    LA    REAL    ACADENHA    DE    LA    HISTORIA. 

El  Sr.  Barros  Silvelo,  antiguo  correspondiente  de  la  Academia 
en  la  provincia  de  la  Corana,  expuso  verbalraente  en  la  sesión 
del  2G  de  Octubre  el  resultado  de  sus  últimas  investigaciones  ar- 
queológicas sobre  el  terreno  que  ocupan  las  minas  de  San  Martín 
de  Mean.  Presentó  una  hacha  de  cobre,  una  lámpara  romana  con 
la  inscripción 

OFF  • c  • 

y  una  moneda  de  oro  con  el  busto  y  letrero  del  Rey  Egica,  acu- 
ñada en  Gerona  (gervnda  pivs),  la  cual  recuerda  tal  vez  algún 
acto  de  munificencia,  análogo  á  los  de  Recaredo  y  Wamba  en  fa- 
vor de  la  basílica  de  San  Félix  de  aquella  ciudad. 


El  Sr.  Fuentes,  nuestro  corresponsal  en  Murcia,  solicitó  de 
nuestra  Academia  luz  y  apoyo  para  averiguar  el  paradero  de  los 
restos  mortales  del  ínclito  murciano  D.  Diego  de  Saavcdra  Fa- 
jardo, que  es  sabido  fueron  trasladados  desde  el  demolido  con- 
vento de  Recoletos  al  templo  de  San  Isidro  el  Real  de  esta  corte. 


En  29  de  Octubre  lütimo,  monseñor  Isbert,  presidente  de  la 
iglesia  de  San  Isidro,  descubrió  los  restos  de  Saavedra  Fajardo, 
y  el  Sr.  Director  de  la  Academia  se  presentó  inmediatamente  des- 
pués del  hallazgo.  El  Sr.  Marqués  de  Molins  ha  sido  encargado 
para  ilustrar  la  Academia  sobre  este  punto. 


lia  encontrado  D.  Pr(3culo  Garrachón,  rico  propietario  de  Yi- 
llasirga,  un  gran  mosaico  romano  dentro  de  su  heredad,  vecina 
al  trayecto  de  la  vía  romana,  que  pasaba  por  aquella  villa  diri- 
giéndose á  la  próxima  lacorriga  (Carrión  de  los  Condes).  El  mo- 
saico será  probablemente  cedido  en  venta  por  el  Sr.  Garrachón 
al  Museo  anjucológico  nacional. 


INFORMES. 


CARTULARIO  DE  LAS  ABADLAS   DK  LA  COUTURE  Y  DE  SOLKSMES. 


Una  pequeña  colonia  de  monjes  benedictinos  franceses,  expul- 
sados de  su  país  nalal,  ha  venido  á  ocupar  el  célebre  y  abandonado 
monasterio  de  Silos,  cuyo  nombre  suena  siempre  con  gusto  en 
los  oídos  de  todos  los  que  se  dedican  alcultivo.de  la  historia  patria 
y  de  la  literatura.  Conservadores  de  los  restos  del  saber  antiguo, 
cultivadores  de  casi  todos  los  conocimientos  del  saber  humano, 
agricultores  laboriosos  é  inteligentes,  al  par  que  escritores  con- 
cienzudos y  eruditos,  investigadores  infatigables,  críticos  avisa- 
dos y  discretos,  austeros  siu  grosería,  piadosos  ú  la  par  que  cor- 
teses, hospitalarios  y  caballerosos,  Jos  benedictinos  han  llegado 
hasta  nuestros  días  con  cierta  aureola  y  reputación  envidiable  de 
«aber  y  de  virtud,  que  les  ha  proporcionado  el  respeto  y  simpatías 
de  todos  los  sabios,  hasta  el  punto  de  que  para  calificar  un  tra- 
bajo literario  de  paciente  y  laboriosa  investigación,  y  de  erudi- 
ción sólida  y  profunda,  sea  costumbre  el  decir  es  un  trabajo  de 
benediclmos. 

Desde  el  Sileuse,  que  nos  lega  una  de  nuestras  más  antiguas  y 
preciadas  crónicas,  hasta  los  PP.  Sarmiento  y  Feijóo,  y  nuestro 
correspondiente  el  P.  Abad  y  Lasierra,  nuestra  historia  literaria 
€ueñta  con  un  gran  caudal  de  sabios  que  han  ilustrado  la  histo- 
ria, y  los  nombres  de  Berganza,  Sota,  Briz  Martínez,  Pérez,  Saez 
y  otros  que  sería  prolijo  enumerar,  figuran  en  el  ciclo  literario 


•202  ÜOLETIX    DE    LA    BEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

de  nuesta  historia  al  lado  do  los  Mabillon,  Ruiíiart  y  otros  céle- 
bres benedictinos  extranjeros. 

A  pedir  modestamente  una  limosna  de  libros  llegó  á  las  puer- 
tas de  nuestra  Academia,  el  moderno  Prior  de  Silos  Dom  A.  P. 
Guepiu,  procedente  de  la  célebre  abadía  de  Solesmes,  ilustrada  re- 
cientemente con  los  nombres  del  abad  Don  Gueranguer,  carde- 
nal Pitra  y  el  renombrado  obispo  de  Poitiers  Mons'.  Pie.  Y  los  li- 
bros que  pedía,  y  que  la  Academia  con  su  habitual  generosidad  ha 
tenido  á bien  conceder  al  restaurado  monasterio  de  Silos,  no  doi- 
mirán  en  los  estantes  de  su  librería,  como  eu  ciertas  llamadas 
Ijibliotecas  de  asociaciones  civiles,  donde  sólo  sirven  de  adorno, 
sin  que  nadie  se  tome  la  molestia  de  abrirlos,  cuanto  menos  ma- 
nejarlos. La  Academia  puede  tener  la  seguridad  y  convicción  de- 
que sus  libros  no  yacerán  en  Silos  ni  muertos  ni  aun  dormidos^ 
sino  que  tendrán  ese  movimiento,  (¡ue  viene  á  ser  la  vida  de  los 
.seres  inanimados;  y  sobre  todo  de  los  libros  ,  que  con  esa  vitali- 
dad honrosa  adquieren  también  vejez  honrada. 

Mas  no  fué  eso  tan  sólo,  sino  que  el  P.  Guepin,  antes  de  recibir- 
los libros,  tuvo  á  bien  regalar  á  la  Academia  el  precioso  cartulario 
de  las  Abadías  de  San  Pedro  de  la  Gouture  y  de  Solesmes,  que 
motiva  este  informe,  porque  la  Academia  lo  ha  creído  de  tal 
mérito  é  importancia,  que  determinó  nombrar  comisión  que  lo 
examinara  é  informase  acerca  de  él.  Tal- es  el  motivo  que  obliga  á 
los  que  suscriben  á  molestar  por  breves  momentos  la  atención  de 
la  Academia. 

El  cartulario  de  las  Abadías  de  Saint  Pierre  de  la  Gouture  y 
de  Saint  Pierre  de  Solesmes  ha  sido  publicado  en  Mans,  el  año 
de  1881,  por  los  benedictinos  de  Solesmes,  á  expensas  y  bajo  Ios- 
auspicios  de  su  iioIjIc  y  dignísimo  protector  el  duque  de  Ghaulnes, 
cuya  reciente  pérdida  lloran  las  letras  y  las  artes  al  par  del  cato- 
licismo, ilel  cual  era  uno  de  los  más  ilustres  paladines. 

El  cartulario  forma,  un  enorme  tomo  en  folio  de  540  páginas, 
mas  un  pliego  de  foliación  preliminar,  que  podría  dar  unos  ocha 
toinilos  de  nuestra  literatura  de  bolsillo.  De  esta  obra  sólo  se  han 
lirado  300  ejemplares  numerados.  «El  de  la  Academia  lleva  el  nú- 
mero 1)5,  motivo  demás  para  agradecer  el  obsequio. 

Acompañan  al  texto  curiosas  láminas  grabadas  con  vistas  de 


CARTUI-AlUO  D1-;  LAS  AHADIAS  DE  LA  COCTL'HE  Y  DE  SOLESMES.       '2*'wj 

sepulcros,  edilicios,  sellos,  y  lodo  lo  que  constituyo  cu  esta  clase 
de  obras  una  verdadera  ilustración,  á  gusto  do  los  saÍ3Íos  y  de 
las  personas  inteligentes,  que  en  esto  buscan  la  utilidad  y  no  el 
mero  recreo  de  la  vista. 

El  ilustre  Mecenas  deseaba  ilustrar  el  cartulario  con  m¿ignífi- 
fos  grabados  de  exquisito  gusto,  y  decorar  el  libro  con  lindísimas 
fotografías  y  grabados  en  acero,  para  lo  cual  hizo  grandes  gastos 
con  escaso  fruto,  habiendo  llegado  al  extremo  de  hacer  iluminar  la 
iglesia  con  luz  eléctrica,  áfin  de  obtener  fotografías  de  los  bajo-re- 
lieves colocados  en  parajef]  oscuros,  sin  obtener  el  resultado  ape- 
tecido. La  máxima  del  duijue  de  que  para  no  hacer  bien  las  cosas 
valía  más  no  hacerlas,  ha  sido  funesta  en  esta  ocasión  como  en 
otras  muchas.  Nuestro  axioma  dice  con  razón,  que  lo  mejor  es  ;í 
veces  enemigo  de  lo  bueno. 

Ni  aun  quería  reproducir  los  dibujos,  los  sellos  y  otros  objetos 
antiguos  de  San  Pedro  de  la  Gouture,  y  eso  que,  destruido  el  mo- 
nasterio, ya  no  había  más  que  esos  grabados,  y  por  tanto  era  im- 
posible mejorarlos  sin  falsearlos  y  faltar  á  la  verdad  arqueológica. 
Por  imestra  parte  estamos  muy  lejos  de  pensar  así,  y,  entre  esa 
exageración  del  idealismo  estético,  y  la  opuesta  de  la  tosquedad 
de  un  grabado  antiguo,  parece  que  debe  haber,  corao  en  todo,  un 
término  medio  regular  y  prudente. 

Entre  estas  reproducciones  de  los  antiguos  toscos  grabados  de 
San  Pedro  de  la  Gouture  son  notables  la  planta  del  destruido 
monasterio  tomada  á  vista  de  pájaro,  como  otras  muchas  que 
se  ven  en  las  obras  del  siglo  xvii,  tal  como  en  el  Acta  Sanctoriim , 
la  del  sepulcro  del  obispo  Goselin  (Gosselimis)  de  Mans,  que  los 
franceses  convierten  en  Ganzoliéne ,  el  del  Gonde  Ilého ,  la  gran 
plancha  de  bronce  sobre  el  sepulcro  del  obispo  Pascual  de  Huge- 
not,  que  estaba  en  el  coro,  y  otros  varios  de  abades  de  los  si- 
glos XIV  y  w,  hasta  el  de  Miguel  Bureau,  que  murió  en  1518,  y 
cuyo  sepulcro,  de  distinto  género  y  con  estatua  yacente,  marca  ya 
la  transición  del  gótico  al  plateresco.  Doce  son  las  láminas  que 
representan  sepulcros  ó  lápidas  sepulcrales  hasta  esta  fecha: 
cuatro  planos  y  vistas  de  las  Abadías  de  la  Gouture  y  Solesmes, 
y  además  36  sellos  y  escudos  heráldicos  grabados  é  intercalados 
en  el  texto  y  las  portadas. 


26i  boletín   de    la.   real   academia    de    la    HIST0RL4. 

Precede  á  este  medio  centenar  de  grab¿idos,  verdadero  modelo 
de  ilustraciones  arqueológicas  é  historiales,  el  precioso  retrato  en 
acero  del  abad  Don  Gueranguer,  dibujado  y  grabado  por  Faillard 
con  la  mayor  delicadeza,  y  con  tal  propiedad,  que  desde  luego  es 
de  aquellos  de  los  cuales  suele  decirse,  que  no  les  falta  más  que 
hablar.  Muestra  este  precioso  grabado,  distinto  de  todos  los  otros 
por  su  finura,  á  diferencia  de  las  reproducciones  de  los  toscos  gra- 
bados del  siglo  XVI,  lo  que  deseaba  el  duque  de  Ghaulnes,  y  á  lo 
que  a.spiraba  y  no  pudo  alcanzar. 

Tal  es  el  cartulario  de  Solesmes  en  lo  que  podemos  llamar  su 
parte  exterior:  tiempo  es  ya  de  que,  dejando  de  ver  el  monaste- 
rio y  su  libro,  como  quien  dice  por  fuera,  nos  tomemos  la  li- 
bertad de  entrar  por  sus  puertas  y  examuiar  su  interior,  ó  como 
dicen,  su  historia  interna. 

En  las  afueras  de  la  ciudad  de  Mans,  en  latín  Cenomanensis 
urhs,  Cenomanensis  ecclesia,  construyó  el  obispo  D.  Beltrán,  que 
lo  era  de  a(|uella  iglesia,  un  monasterio,  á  fines  del  siglo  vi,  pues 
se  hace  remontar  su  anligüodad  al  año  595,  en  tiempo  del  Rey 
Glptario.  El  cpiscopologio  Genomancnse  le  llama  al  fundador 
Beatus  Bertchranmis,  y  dice  que  rigió  el  obispado  durante  37  años. 

Una  antigua  leyenda  suponía,  que  estando  en  oración  el  obispo 
D.  Beltrán  se  le  apareció  San  Miguel,  mandándole  de  parte  de 
Dios  que  edificase  un  monasterio  en  el  paraje  que  antes  se  lla- 
maba Vivereiis,  al  cual  se  le  había  de  llamar  de  Cultura  Dei,  pues 
cultivo  y  cultura  significa  la  palabra  francesa  couture,  siquiera 
nosotros  al  referir  esta  palabra  á  la  Divinidad  le  demos  más  bien 
el  nombre  de  culto.  Pero  el  testamento  del  obis[io  Beltrán  acre- 
dita, que  en  unión  de  otros  obispos  consagró  la  basílica  de  su  mo- 
nasterio en  honor  de  los  Apóstoles  San  Pedro  y  San  Pablo,  po- 
niendo en  ella  reli(¡uias  de  pilos;  así  que  se  rechaza  la  tradición 
del  mandato  angélico,  como  cosa  legendaria.  El  obispo  D.  Beltrán 
tuvo  culto  en  ella  más  adelante,  y  su  cuerpo  fué  depositado  en  un 
arca  de  plata,  el  año  1512,  colocando  la  ca])cza  en  otro  relicario 
del  mismo  metal. 

El  testamento  de  San  Beltrán  lleva  la  fecha  de  27  de  Marzo  de 
015,  y  exprosa  las  granjas  (cillas)  que  con  dinero  del  Rey  Glotario 
bahía  adijuirido  en  tierra  de  Burdeos,  Elampes  y  Gahors. 


CAUTULARIO  DE  LAS  ABADÍAS  DE  LA  COUTIRE  Y  DE  SOLESMES.       ■265 

Este  documenlo  es  el  segundo  que  exhibe  el  Cartulario  junta- 
mente con  un  fragmento  de  las  actas  ó  gesta  de  los  obispos  de 
Mans,  que  le  precede.  Sigue  como  tercer  documento  otro  frag- 
mento de  un  testamento  del  año  G'r2,  otorgado  á  favor  del  monas- 
terio por  San  lladoindo  (Hadoind).  De  aquí  pasa  al  í^iglo  x,  lo  cual 
manifiesta  que  la  suerte  del  monasterio  no  fué  muy  próspera  en 
los  tristes  siglos  viii,  ix  y  x,  pues  el  quinto  documenlo  del  Car- 
tulario es  una  donación  del  conde  Hugo  de  Mans  á  fines  de  aquel 
siglo  (990). 

Veinte  años  después  aparece  la  fundación  de  la  iglesia  de  San 
Pedro  de  Solesmes,  dada  al  monasterio  de  Cultura,  por  el  conde 
Gofredo  de  Sabol  (Gaufridus  de  Sabolio),  en  que  además  cede 
varios  cortijos  (vicos)  y  alodios,  con  otros  derechos  señoriales  ó 
feudales  que  en  ellos  tenía.  Pero  Solesmes  no  fué  entonces  má? 
que  un  modesto  priorato,  dependiente  de  la  Abadía  benedictina 
de  Cultura,  ó  Couture,  como  otros  muchos. 

Esta  acreció  mucho  en  el  siglo  xii,  no  sólo  de  adquisiciones, 
sino  también  de  privilegios  pontificios  y  reales.  Honorio  III, 
Gregorio  IX  y  otros  pontífices  hasta  Adriano  YI  inclusive,  le 
concedieron  exenciones,  inmunidades  y  derechos  parroquiales, 
juntamente  con  uso' de  pontificales,  báculo,  anillo  y  mitra. 

No  le  fallaron  tampoco  algunas  averías.  En  1180  se  quemó  el 
monasterio:  ardió  otra  vez  en  130G.  En  14-21  le  pegaron  fuego  los 
ingleses,  demoliéndolo  en  gran  parle,  y  finalmente,  en  15G2  lo 
saquearon  los  hugonotes,  profanando  las  reliquias,  violando  los 
sepulcros,  y  destrozando  la  biblioteca,  llena  de  ricos  y  antiquísi- 
mos códices.  Al  saqueo  siguió  el  incendio.  Y  aún  no  fué  eso  lo 
peor,  sino  que  á  estos  males  materiales  siguieron,  en  la  general 
disipación  del  siglo  xvii,  otros  morales,  y  la  relajación  de  la  disci- 
plina monástica,  hasta  el  punto  de  que,  habiendo  traído  el  prín- 
cipe Mauricio  Eugenio  de  Saboya  monjes  de  la  Congregación  de 
San  Mauro  para  la  reforma  del  monasterio,  los  del  monasterio  de 
Cultura  les  cerraron  las  puertas. 

Tenía  el  monasterio  á  su  cargo  100  parroquias,  26  capellanías 
y  50  prioratos,  alguno  de  ellos  en  España.  Cuál  fuera  éste  no  se 
sabe,  pues  un  Buxedo,  que  allí  suena,  parece  ser  Bouessay. 

También  padeció  nuicho  en  el  monasterio  de  Solesmes  la  dis- 


CGG  boletín  de  La  real  academia  de  la  hístorla. 

ciplina  monástic¿i  por  la  rapacidad  y  molicie  de  los  abades  co- 
mcníiatarios,  que  fueron  la  polilla  de  los  monasterios  opulentos 
de  Francia  en  el  siglo  xvir,  como  lo  habian  sido  en  España  en 
el  XVI,  y  causa  funesta  de  la  ruina  de  muchos  y  de  la  decadencia 
de  otros. 

El  priorato,  ahora  Abadía  de  Solesmes,  fundado  á  principios  del 
siglo  XI,  como  queda  dicho,  está  situado  á  la  ribera  del  Sarta,  á 
media  legua  de  !¿abol;  su  iglesia  estaba  dedicada  á  San  Pedro  y 
San  Pablo  como  la  de  Cultura.  El  abad  de  este  monasterio  en- 
vinba  á  Solesmcs  un  prior,  para  regir  el  monasterio  bajóla  regla 
de  San  Benito.  Creció  mucho  en  importancia  el  priorato  desde  fines 
del  siglo  XV.  Distinguióse  en  el  adorno  de  la  fábrica  de  la  iglesia 
Guillermo  Cheminal  que  construyó  el  altar  de  Nuestra  Señora  de 
la  Piedad  y  el  sepulcro  del  Señor,  y  tamliién  un  hermoso  campa- 
nario de  200  pies  de  altura,  que  derribó  un  huracán  el  año  l(i82. 
En  1532  el  maestro  Juan  Bougler  construyó  también  una  mag- 
nífica capilla  colateral,  al  lado  del  Evangelio  en  honor  de  la  San- 
tísima Virgen,  con  cinco  altares  llenos  de  hermosas  figuras  de 
piedra  blanca,  representando  varios  pasajes  de  la  vida  de  aquella, 
que  aun  hoy  día  llaman  mucho  la  atención  do  los  inteligentes  y 
aiin  más  de  las  personas  piadosas;  como  también  las  bellas  vi- 
drieras de  colores  costeadas  por  entonces.  Estas  bellezas  artísti- 
cas eran  las  que  principalmente  quería  reproducir  el  duque  de 
Cbaulnes  en  ricas  láminas  en  acero. 

Consérvase  también  una  espina  de  la  Corona  del  Señor,  que 
trajo  Raúl  ó  Radolfo,  señor  do  Saból,  el  cual  fué  á  la  Cruzada  con 
Gofredo  de  Bullón.  Tuvo  la  suerte  este  monasterio,  el  año  16Gi, 
de  que  Dios  tocase  el  corazón  del  illtimo  abad  comendatario  don 
Gabriel  de  Courses  de  Beauregard  para  que  cediera  el  monasterio 
decadente  á  la  Congregación  de  San  Mauro,  permitiendo  á  los 
monjes  nombrar  prior  libremente,  renunciando  la  encomienda 
prioral,  no  sin  quedarse  con  algunos  gajes. 

No  fué  gran  cosa  lo  que  ganó;  pues  al  enviarle  noticias  á  Ma- 
billon  cu  1702  (pág.  396)  se  le  decía,  que  el  monasterio  se  hallaba 
desolado  y  em[)oI)recido  por  un  falso  hermano  litular  de  él.  Tam- 
poco mejoró  gran  cosa  durante  el  siglo  pasado,  y  la  revolución 
vino  á  poner  término  á  los  abusos  do  aijuella  aristocracia  dege- 


CAflTULARIO  DK   LAS  ABADÍAS  DK   LA   C.OLTI'HE   Y  DE  SOLKSMKS.       2()1 

nerad;i,  que  gastaha  en  orgías  los  liieues  y  rentas  do  ,m;i.n  parlo 
de  los  monasterios  de  Francia. 

Quinientos  son  los  documentos  corrospondientes  ¡I  la  Abadía 
de  Gonture  y  priora'o  de  Solesmes,  (jiio  contieno  este  precioso 
Cartoral.  La  mayor  [¡arte  de  ellos  son  de  la  Abadía  de  Cultura: 
de  Solesmes  apenas  un  medio  ciento.  Los  cuatro  íiltimos  de  este 
siglo  son  muy  notables. 

El  41)7  es  un  decreto  de  Napoleón  dado  en  Wiina  el  año  181?. 
prohibiendo  se  saquen  do  la  iglesia  de  Solesmes  las  estatuas  do 
piedra  que  la  Prefectura  quería  ruttseizar  (1). 
.  Por  el  498  Gregorio  XVI,  en  1337,  erige  el  priorato  de  Solesmes 
en  Abadía,  y  cabeza  de  Congregación.  AI  par  de  este  documento 
y  al  frente  de  la  pág.  402  se  echa  de  ver  la  plantado  la  Abadía  dr- 
Solesmes  después  de  su  restauración.  Por  primer  abad  y  restau- 
rador fue  nombrado  el  célebre  Dom  Luis  Pascual  Gueranguei-, 
solicitándolo  así,  no  solamente  el  obispo  de  Mans,  sino  también 
los  arzobispos  de  Tours  y  de  Pnris. 

Los  dos  últimos  documentos  son  del  Papa  Pió  IX,  dados  en 
1875,  confirmando  por  segundo  abad  de  Solesmes  al  P.  Dom  León 
Bastido,  y  el  último  contiene  un  hermoso  elogio  del  abad  an- 
terior. 

Tal  es  el  curioso  cartulario  que  la  Academia  nos  ha  encai-gado 
revisar,  obra  preciosa,  por  los  documentos,  por  sus  grabados  ó 
ilustraciones  y  por  su  excelente  desempeño,  que  la  hace  modelo 
de  las  de  su  clase,  y  obra  propiamente  de  benedictinos  en  lodo  el 
i'igor  de  la  palabra. 

Madrid,  -22  Junio  188:^. 

Vicente  de  la  Fuente.         Cesáreo  Fernández  Duro. 


(1)  Palabra  no  admitida  en  el  Diccionario,  que  significa  hoy  dia  entre  los  literatos 
la  torpeza  de  destrozar  monumentos  antiguos  para  sacar  objetos  arqueológicos  á  fin 
de  llevarlos  á  los  museos  sin  motivo  racional. 


2G8  liOLETÍ.N    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTURIA. 


II. 


LA  CATEDRAL  DE  MURCIA  EN  1291. 


Señores  Académicos. 

La  carta  original  del  Rey  D.  Sancho  IV,  fechada  en  -26  de  Mayo 
de  1291,  que  nuestro  docto  correspondiente,  D.  Félix  Martínez 
Espinosa,  arcediano  de  Murcia,  ha  encontrado  recientemente  en 
el  archivo  de  aquella  Santa  Iglesia,  dice  así: 

«Don  Sancho,  p[ojr  la  gracia  de  dios  Rey  de  Castiella,  de 
[Toljedo,  de  León,  de  Gallicia,  d[e]  Sevilla,  de  Gordova,  de  Mar- 
[cia],  de  Jahen  e  del  Algarbe,  [a  vo]s  don  Diego,  por  essa  misma 
gracia  Obispo  de  Cartagena,  S[a]lud  commo  a  aquello  que  quiero 
bien  e  en  que  fio. 

í>Vi  vuestras  cartas,  que  me  enviastes  con  Pero  guillem  com- 
pannero  de  vuestra  Eglesia  en  rracon  de  la  translación  de  la  Egle- 
sia  de  Garta[gen]a  a  Murcia,  e  que  deriades  que  el  papa  avia  en- 
viados sos  del[egado]s  alia  sobre  esta  rracon,  e  que  me  pidiades 
mercet  que  lo  toviesse  p[or  bie]n.  Et  pues  el  papa  lo  quiere,  e  yo 
veo  que  es  servicio  de  [dios]  e  mío,  e  pro  e  onrra  daquel  lugar, 
plaze  me  e  [lo  ten]  go  por  bien.  Et  sobresto  escrivo  mi?  cartas  alos 
de  Cartagena  e  alos  de  Murcia,  en  que  les  mando  que  les  plega  e 
lo  tengan  p[or]  bien,  e  que  vos  ayuden  en  todo  lo  que  fuere  y 
mester  en  guisa  que  [es] te  fecho  venga  a  acabamiento.  Empero 
ruego  vos  (¡ue  toda  via  guisedes  commo  tinquen  algunos  com- 
panneros  de  la  Eglesia  en  Cartagena  por  onrra  daquella  Eglesia 
c  del  logar;  e  en  esto  fazer  medes  servicio,  e  yo  gradecer  vos  lo 
e,  et  fazer  vos  e  siempre  Ijien  e  mercet  por  ello. 

«Olrossi,  a  lo  que  me  enviastes  pedir  mercet  con  Pero  Guíllcm 
vuestro  mensagero,  en  que  deciades  que  vuestra  Eglesia  se  derri- 
bava  e  eslava  mal  parada,  e  que  vos  mandasse  fazer  alguna  ayuda 
para  vuestra  [Egjlcsia  de  la  madera  que  acábeselo  en  Guarda- 
mar  e  en  Alicante  e  en  essos  otros  logares,  (jue  la  truxo  la  for- 
tuna de  tierra  de  Valencia,   tengo  por  bien  [q]ue  vos  den  ende 


LA    CATEDRAL    DE    MURCL\    E.\    Vi'M .  ÍO'.) 

(|UÍnieulos  maderos.  Et  sobresto  envió  mi  carta  a  Jolian  sanche/. 
adelantado,  que  vos  la  faga  luego  dar. 

))Dada  en  Burgos  xxvi  dias  dií  Mayo,  Era  de  mili. cr.n.xxix. an- 
uos. Alfonso  peres  la  mando  fazcr  por  mandato  del  Rey.  Yo  Mar- 
tin Alfonso  la  fis  cscrcvir.  Alfonso  peres.  Es[idroj  gonsales. — Vi- 
dit  Garsia  ferrandes.« 

Tres  días  después,  cumpliendo  su  promesa,  escribía  el  Rey  il): 

«Don  Sancbo  por  la  gracia  de  Dios,  Rey  de  Gasliella,  de  Tole- 
do, de  León,  de  Gallicia,  de  Sevilla,  de  Gordova,  de  Murcia,  do 
Jaben  e  del  Algarbe,  al  Goncexo  e  a  los  Alcaldes  e  Algnazil  do 
Murcia  salud  e  gracia. 

«Bien  savedes  en  como  el  Olñspo  c  el  Gabillo  de  Gartagena  tra- 
baxaron  tiempo  lia,  e  Irabaxan  por  mudar  la  Sey  y  en  la  villa  do 
Murcia;  et  esto  tengo  que  es  mío  grande  servicio  e  pro  ct  honrra 
de  todos  vos,  que  por  que  la  villa  sea  mas  lionrada  e  mas  precia- 
da por  ello.  Por  que  vos  ruego  e  vos  mando  que  vos  que  les  aiu- 
dedes  en  quanto  pudieredes  en  ello,  e  que  les  dedes  vuestras  car- 
tas aquellas  que  obieren  menester  sobrestá  razón,  en  guisa  por 
que  este  fecho  venga  en  acabamiento,  e  yo  grasdecer  (2)  vos  lobo 
mucbo,  e  fazervosbe  siempre  bien  e  merced  por  ello.  Dada  en  Bur- 
gos veinte  y  nueve  dias  de  maio,  Era  de  mil  e  trescientos  o  veinte 
e  nueve  años.  Alfonso  peres  lo  mandó  faser  por  mandado  del  Rey. 
Yo  Martin  Alfonso  la  fis  escrevir.  Alfonso  Pérez.  Esidro  Gonza- 
les  (3).  V,'  Garci  Ferrandes.» 

Guánto  tiempo,  por  qué  motivos  y  en  qué  trabajos  anduvieron 
el  Obispo  y  Gabildo  de  Gartagena  con  la  solicitud  que  indica  el 
Rey,  nos  lo  bará  ver  la  bula  de  Nicolao  IV,  fechada  en  Rieli  do 


(1)  A  falta  del  original  que  busqué,  mas  no  encontré,  doy  el  texto  copiado  por  don 
Asensio  de  Morales  en  el  libro  de  Privilegios  reales.  Bulas  y  otros  instrementos  ii/tpor- 
tantes  (fol.  "4  vuelto,  Tó  recto),  compilado  en  1751  para  el  archivo  de  la  Santa  Iglesia  de 
Murcia.  La  fuente  del  trasunto,  hecho  por  Morales,  fué  otra  copia  extendida  en  el  Li- 
hro  autliorizaár.  del  mismo  archivo,  qu3  no  sube  más  allá  del  siglo  xv. 

("2)  Morales,  ó  su  amanuense:  «grasdezoa  vos  lo  he  mucho. >> — La  errata  se  ha  desli- 
zado en  la  impresión  quede  la  carta  ha  hecho  el  Sr.  Fuentes  en  la  página  61  de  las 
Fechas  Murcianas  Murcia.  1882).  No  ha  muchos  días  he  recibido  de  este  docto  escritor 
la  hoja  volante,  impresa,  ([ue  rectifica,  con  arreglo  al  original  recién  descubierto,  la 
primera  edición  (Fechas  Murcianas,  pág.  ."JS  y  59)  de  la  regia  carta  al  Obispo. 

(3)    Morales  «Gomes:»  pero  se  opone  el  original  de  la  carta  anterior. 


"270  boletín  de  i. a  üeai.  academia   de  la  historia. 

Xápoles,  H  13  de  Setiembre  de  lv!89.  La  estimo  inédita,  pues  no  la 
consigna  Potlhast  en  su  preciosa  obra  Regesta  Romanorum  Pon- 
tificum,  continuación  de  la  de  Jalí'é.  Un  traslado  aiUéntico  vino 
directamente  á  la  catedral  de  Murcia  en  1772,  y  lo  he  visto  y  co- 
piado al  pié  de  la  letra: 

(dn  nomine  Domini,  Amen.  Hoc  est  exeinplar  autiienticum  quarumdam 
Litfceranim  apostolicarum  fe!,  rec.  Nicolai  PP.  IV  teuoris  sequentis  vi- 
delicet. 

«Xicolaus  cpiscopus,  servus  scrvorum  Dei,  dilectis  filiis...  (11, 
Abbali  de  Benifacani  Cisterciensis  et...  (2)  Priori  de  Porta  Geli 
Gartusiensis  ordinum  monasteriorum,  Dertusensis  el  Yalentine 
diocesium,  salutcm  et  aposlolicam  benedictionem. 

)i Accedí t-Matris  Ecclesie  sinceris  aíTectibus  ut  íMeles  suos  in 
viam  pacis  dirigat  et  mentis  tranquillitate  custodiat,  curet  ipsos 
a  qaibuslibet  perversitatibus  preservare.  Sane  vcnerabilis  frater 
noster...  p]piscopus  ct  dilecti  íilii  Gapitulum  ecclesie  Carlhaginen- 
sis  nobis  e.vponere  curaverunt  quod,  eis  olim  significantibus  feli- 
€is  recordationis.  Nicolao  papae  IH  Predecessori  nostro  |3i,quod 
civitas  Garthaginensis  in  loco  sita  dinoscitur  propter  mare  medi- 
terraneum  fretum  iníidelium  feritati  vicino,  a  christiano  quoque 
incolatu  semoto,  quod  ipsi  et  cives  Gartliaginenses  Agarenorum 
et  aliorum  etiam,  qui  sub  velamine  tituli  christiani  laxantad  in- 
jurias manus  suas,  vexati  insultibus,  ingressum  et  regressum  ad 
civitafem  ipsam  liberos  non  habentes,  plerumque  gravia  dampna 
in  pcrsonis  et  rebns  incurrunt;  populus  quoque  Garthaginensis 
diócesis  similiter  propter  viarnm  discrimina,  que  ex  inepta  pre- 
l'ali  loci  dispositionc  crebrius  suscita ntur,  nequáquam  iiisi  forsan 
gressu  interdum  clandestino,  vel  cum  ducatu  comitum  competen- 
ti,  adire  civitaiem  eaiidem  prosumunt:  undeex  hiis  et  alus  variis 
incomodorum  arliculis  prediclc  civilatis  habitatio  fidelianí  quieli 
adco  redditur  onerosa,  (]uo<l  ibidem  ])rcvis  habelur  numerus  in- 


(1)  Según  el  catálogo  (jiie  trae  Villamieva  (Viaje  litei-ario,  i\,\G\)  comenzó  é.  ser 
abad  de  Benifaaá  en  1263  Berenguer  de  Concabella,  en  128:j  (iuillem,  en  1"289  Pedro  Vi- 
Inrnau  y  en  12!IJ  Ramón  Bernat.  El  primero  de  los  deleg-ados  i)on,tiflcios,  á  quien  se  re- 
fiere la  carta  del  Uej-,  fué,  de  consiguiente,  Pedro  Vilarnau. 

(3)    ¿Raimundo  de  Bañuts? 

(:i)    Fu»'  coronado  á  '2G  de  Diciemlirc  de  \T,~,  un  mes  desinu'-s  d<-  su  elección. 


LA    CATKDIíaL   1)K    mi  liiWA    V.S    lví?l  .  271 

colaniin,  ot  prediclus  populus  lurbalur  veheineutcr  ct  rcdJilur 
Carlhaginensi  Ecclcsie  indcvotus.  Unde  prefati  EpiscopusetCapi- 
tiilnni  asserenlos  quod  castrum  Murlie,  iii  cadem  diócesi  consti- 
liiluin,  est  locus  honorabilis  et  insigiiis,  ac  aptas  iii  hac  parte  vo- 
lis  popüli  mcmorali,  eidcín  Predecessori  humiliier  supplicarunl 
lít  scdein  Carlliaginensein  adcaslruin  ipsiim  traiisrurtíndi  liheraní 
cis  coiicoderet  facaltalem.  Ídem  vero  PreJecessor,  cupicns  iiislrui 
et  plcniíis  iiiforinari  aii  preniissa  verilale  clarercnt,  an  hujnsmo- 
di  postulatio  Clero  el  po[)ulo  prcfalis  votiva  exislcrct  ac  saluti  ct 
ulililali  expediret  eorum,  el  au  in  chrisliaue  professionis  reduu- 
<laret  honorem,  si  ejus  professorcs  fugereiit  a  facie  inimici,  et  an 
eliain  ex  hoc  Christicolis  illarum  parlium  materia  scandali  pa- 
rarelur,  Venerabili  fralii  nostro...  (1)  Episcopo  Dertuseiisi  ac 
tibi  (2),  fili  abbas,  per  suas  sub  certa  forma  dedil  litteras  iii  man- 
datis  ut  super  hüs  et  alus  circunstantiis,  quas  hujusmodi  ncgolii 
desideraret  condilio,  inijuircretis  diligentias  veiúlatcm,  et  de- 
mum  que  iiiveniretis  per  veslras  litlcras,  cariimdem  litlerarum 
ipsius  Prcdecessoris  seriem  continentes,  sibi  intimare  fideliter 
ruraretis  ut,  veslris  inslructionibus  informatus,  in  eis  proulipso- 
rum  exigeret  qualilas  tute  posset  procedíu'é  ac  consulte. 

«Verum  quia,  sicut  iidem  Episcopus  et  Gapitulum  Carlliagi- 
nenses  nobis  exponere  curaverunt,  dictus  Episcopus  Dertusensis 
et  tu,  Abbas  predicte,  per  ipsius  Prcdecessoris  litteras,  quarum 
¡íucloritas,  re  adhnc  existente  integra,  per  ipsius  obitnm  (3i  expira- 
i'al,  procederé  non  curastis,  iidem  Episcopus  et  CapiLulum  Gailha- 
ginenses  itéralo  ad  Apostolicac  Sedis  providcntiam  recurrerunt. 
Nos  itaque,  prcdictorum  Episcopi  et  Gapiluli  Garthagínensiuin 
supplicationibus  inclinati,  cupientes  eos  optatis  desideriis  conso- 
iari,  discretioni  vcstre,  de  qua  plenam  in  Domino  fiduciam  obli- 
uemus,  cum  prefatus  episcopus  Dertusensis  in  remotis  agat  ad 


(1)  Arnaldo  de  Jardino.  Lo  que  refiere  ¡a  bula  se  debe  ag-rqgar  á  las  breves  noticias 
acerca  de  este  Trelado  que  recoj^ió  Viltanueva.  (  Viaje  Ut.,  v,  ítl,  92.) 

['i)  La  bula,  como  lo  ha  hecho  arriba  tratando  del  obispo  de  Cartagena,  se  fija  inme- 
diatamente en  la  dignidad:  y  por  ésta  en  la  persona  individual,  que  puede  ser  con  el 
tiempo  diversa  ó  sucesiva. 

(:<)    Murió  Nicolao  III  el  dia  "22  de  Agosto  de  12-<i). 


272  boletín    de    la    real    academia    de    la    HISTOnLi. 

presens  il),  per  Apostólica  scripta  niandamus  quatenusiiihujus- 
modi  inquisitionis  negotio  procedatis  juxta  predictarum  ipsius 
Predecessoris  ad  eundem  Episcopam  Dertusensem  ct  te,  predicte 
abbas,  directaram  super  hoc  coiitiiientiam  littoranira,  et  demum 
que  inveneritis  per  vestras  litteras,  harum  seriem  continentes, 
nobis  studeatis  fideliter  intimare.  Non  obstante  indulgentia,  sí 
qiia  vobis  et  ordinibns  vestris  ab  Apostólica  Sededicitur  essecon- 
cessum  quod  non  teneamini  vos  intromittere  de  quibuscumque 
iiegotiis,  que  vobis  a  Sede  committuntur  eadem. 
»Dad.  Reate,  Idibus  Sept.  Pontif,  nostri  Anno  secundo. 

))De9cr¡ptum  et  recognitum  ex  Regesto  Litterarum  Apostolicarum  Nico- 
lai  PP.  IV.  quod  asservatur  in  Archivo  Secreto  apostólico  Vaticano  An.  II 
ep.  o09.  cum  quo  coUatum  concordat.  salvo  etc.  In  quorum  fidem  hic  me 
subscripsi  et  sólito  sigillo  signavi. 

i)Dabíim  ex  Archivo  prefato  Cal.  Febr.  Anno  Domini  1772.  Ind.  V,  Pon- 
tificatus  Sanctissimi  in  Christo  Patris  et  Domini  nostri,  Domini  Clementis 
Divina  providentia  PP.  XIV.  Anno  III. 

D(Lugar  del  sello.)  Joseph  Garansius  Archivo  predicto  Praefectus.» 

Está  este  ejemplar  auténtico  en  tres  pliegos  de  papel,  cosido?^ 
con  hilos  de  seda,  color  verde  y  rosa.  El  ejemplar  de  la  Bula  ori- 
ginal, á  mediados  del  siglo  pasado  existía  en  el  archivo  catedral 
de  Murcia.  Morales,  quien  allí  lo  vio  y  no  sin  erratas  lo  transcri- 
bió (2),  lo  describe  en  esta  manera:  'íEs  original,  escripia  de  letra 
antigua  en  pergamino.  Le  falta  el  sello  que  parece  haver  tenido 
pendiente  de  un  cordoncillo  de  ctiñamo,  que  le  permanece  atado  á 
su  pié  en  la  forma  acostunibrada.y)  Nadie  me  ha  sabido  enterar  de 
su  paradero  \'¿\. 

(1)  No  firmó  entre  los  Prelados  que  asistieron  á  las  Cortes  generales  de  Cataluña 
(25  Diciembre  1291  ^ 23  Marzo  1292;;  pero  si  en  el  concilio  coetáneo  de  Tarragona  (sá- 
bado, lo  Marzo  de  1292). 

(2)  Privilegios,  Bulas,  Donaciones  y  Confirmaciones  j-  otras  escrituras  que  so  liallan 
originales  en  el  Archivo  y  Tumbo  délas  santas  iglesias  de  Murcia,  Cartagena,  Muía  y 
Jumilla;  fol.  713  recto-715  recto.  Códice  ms.  en  la  biV.lioteca  de  la  Real  Academia  de  !n 
W'iatoT'iSi,  esíante'25,  ffrada  ].',  C,  miTa.  12. — Morales  encabezó  su  transcripción  con  el 
titulo  anacrónico  y  relativamente  moderno,  que  probablemente  sacó  del  dorso  del  per- 
gamino original:  «fínla  (leí  Papa  Xicolao  ÍT  sohrcla  translation  de  la  S.^^Iffl.'  ieCart.'"' 
i'r  Murcia.» 

(3)  Se  me  liabló  de  un  rimero  de  bulas  viejas,  que  á  nadie  se  dejan  ver:  especie  ridi- 
cula é  incongruente  á  la  notoria  ilustración  del  Cabildo. 


LA    CATEDnAT-    DR    MURCIA    EN    1-291.  27.3 

La  traslación  déla  Sede  á  Murcia,  si  bien  conservando  el  lílnlo 
de  Cartagena,  debió  de  hacerse  en  1291.  Pruébanlo  en  primer  la- 
gar las  palabras  del  Rey  en  Mayo  de  1291 ,  tanto  de  por  sí,  como 
confrontadas  con  las  de  la  l)ula  que  acabáis  de  oir,  fechada  en 
13  de  Setiembre  de  1?8!).  Los  delegados  apostólicos  tuvieron  su- 
ficiente espacio  para  cumplir  su  comisión  y  dar  lugar  á  la  expre- 
sión favorabledel  asentimiento  de  la  Santa  Sede  que  uolilicó  el 
Obispo  al  Rey,  y  este  consignó  en  su  respuesta:  "é  pues  el  Papa 
lo  quiere,  ct  yo  veo  ques  servicio  de  Dios  ó  mió,  ó  pro  ó  honra  de 
aquel  logar,  6  lo  tengo  por  bien.»  En  segundo  lugar  lo  indican 
las  actas  de  convocación  al  concilio  de  Valladolid,  que  publi- 
qué (1),  en  su  parte  relativa  á  la  escena,  harto  curiosa,  de  que  fué 
teatro  la  catedral  murciana  el  27  de  Febrero  de  1292.  No  estará 
de  más  reproducir  aquí  este  notabilísimo  documento: 

«Veinte  siete  dias  de  febrero,  Era  de  mili  ccc  et  treynta  .iños,  ante  San- 
cho de  LnQano  Arcidiano  de  Cartagena  et  Guillem  Reuion  arcidiano  de 
Lorca  et  Pasqual  Pérez  Cliantre  de  la  Eglesia  de  Cartagena  et  Johau  Pérez 
Canónigo  de  la  dicha  Eglesia,  et  Pedro  Guillem  et  Gun9alo  Pérez  rracionc- 
ros  de  la  dicha  Eglesia,  en  presencia  de  los  Notarios  de  iuso  escriptos,  com- 
parecieron Johan  Perez  et  Pedro  Garcia  clérigos  del  Ar9obispo  de  Toledo 
en  el  choro  de  la  Eglesia  de  Santa  Maria  la  mayor  de  Murcia  con  una  carta 
(íHcripta  en  pergamino  de  cuero  et  seellada  con  el  seello  colgado  de  Don 
Gor9alo  por  la  gracia  de  Dios  Arcobispo  de  Toledo  que  dice  asi :  Gundi- 
salvHS  Dei  gratin,  etc.,  venerabili  io  Christo  patri,  Domino  Didaco  episcopo 
Carthaginensi,  etc.  Data  apud  Alcalam  VIIF  idus  Januarii,  anno  Domini 
millesiino  cc°  nonagésimo  primo. 

))La  qual  carta  el  dicho  Pedro  Garcia  comeiig ó  á  leer;  et  los  dichoa  Arci- 
diano et  Chantre  et  canónigo  et  racioneros  dixieron  que  si  los  dichos  Johan 
Pérez  et  Pedro  Garcia  trayian  alguna  carta  del  obispo  de  Cartliagena  que  ge 
la  oydrian,  mas  otra  carta  nol  consintirian,  nil  dexarian  leer;  ca  non  era 
tiempo  uin  razón,  porque  estaban  diziendo  sus  oras;  et  que  atendiesen  fata 
que  las  oras  fuessen  dichas.  Et  ante  que  las  oras  fuesscn  acabadas,  los  so- 
bredichos Arcidianos  et  Chantre  et  canónigo  et  Racioneros  fuéronse.  Et  los 
dichos  Johan  Pérez  et  Pedro  Garcia  atendieron  fata  que  fueron  dichas  las 
oras,  et  dixieron  que  leerien  la  carta  si  oviessen  a  quien. 


(1)    Actas  íne'ffitns  de  siete  rancilios  espaTio'i:s.  ^celebrados  rJesdr  i-l  aTio  r2fí"2  /ias!a  el  de 
1311.  pág-.  1S3-19:!:  Madrid,  188-2. 

•Ycv.c  i:r.  l'J 


•274  DOLETÍX    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

»Etdesto  que  sobredicho  es,  et  en  como  pasó,  los  diclios  Johan  Pérez  et 
Pedro  García  pidieron  á  Loren9o  García  et  Bondiico  Forés  et  Per  Andrés 
Notarios  públicos  do  Murcia  que  les  diesen  ende  este  instrumento,  signado 
con  sus  signos  en  testimonio.» 

Pruébalo,  en  fin,  la  muy  fidedigna  aseveración  del  obispo  don 
Diego  de  Comontes,  quien  ;1  mediados  del  siglo  xv  dejó  manus- 
crita la  historia  de  sus  predecesores  en  el  libro,  titulado  Funda- 
mentum  ecclesiae  Cartliaginensis  (1).  Bien  es  verdad  que  la  bula 
de  traslación  no  aparece,  aunque  de  un  siglo  á  esta  parte  se  han 
hecho  esfuerzos  repetidas  veces  para  descubrirla  en  el  archivo 
capitular  y  episcopal  de  Murcia,  o  para  recabar  su  copia  auténli- 
ca  del  Vaticano.  Mas  una  larga  experiencia  de  trabajos  críticos  de 
esta  índole  os  ha  demostrado ,  señores ,  que  las  catedrales  de  Es- 
paña han  atravesado,  ya  por  incendios  ú  otros  percances  de  for- 
tuna, ya  por  violentas  ó  descuidadas  miras,  tal  menoscabo  en  sus 
papeles  y  manuscritos  antiguos,  que  de  ninguno  de  ellos,  á  me- 
nos que  se  pruebe  con  evidencia  que  está  completamente  perdido, 
hay  que  desesperar  el  recobro.  La  bula  de  Nicolao  IV,  creando 
nuevos  delegados  para  el  informe  previo  á  la  traslación  de  la  Sede, 
existía  original  en  el  archivo  de  la  catedral  murciana,  como  lo 
testifica  Morales.  ¿Dónde  se  halla  actualmente?  Tal  vez  oculta,  de 
donde  salga  á  lo  mejor  cuando  menos  se  cate,  como  la  bula  de 
traslación.  La  carta  original  del  Rey  D.  Sancho  al  obispo  D.  Die- 
go de  Magaz,  no  la  vio  ni  copió  Morales,  á  quien  le  bastó  el  trans- 
mitirnos la  copia  del  Libro  authorizado;  y,  sin  embargo,  ha  lo- 
grado encontrarla  nuestro  dignísimo  correspondiente  D.  Félix 
Martínez  Espinosa  ;  y  apoyado  y  excitado  por  el  sabio  Cabildo 
de  Murcia  y  del  venerable  Prelado  do  aquella  gloriosa  diócesis, 
nos  ha  hecho  agasajo  de  la  fotografía,  que  veis  ahí,  de  tamaño  na- 
tural, gemela  de  otra  y  otras  destinadas  á  prevenir  los  efectos  de 
luicva  desaparición,  y  á  plantear  ancha  base  de  operaciones  en  la 
contienda  pacífica  del  ingenio.  ¿Qué  más  diré?  Dos  bulas  de  Lio- 
cencio  IV,  originales,  fechadas  respectivamente  en  los  días  5  y  6 
de  Agosto  de  1-250,  que  interesaban  en  altísimo  grado  á  la  Santa 

(l)    Ví'ase  en  el  Informe  siguiente. 


LA    CATEUU.VL    ÜE    MURCIA    EX    1291.  27;') 

Iglesia  (le  Cartagena,  ya  no  comparecen.  La  primera  lleva  el  nú- 
mero JO  y  la  segunda  el  7  en  el  gran  Códice,  titulado:  a  Libro  1,  en 
que  están  compulsadas  las  bulas  y  otros  instrumentos  importan- 
tes, que  se  Judiaron  en  el  archivo  de  la  sancta  Iglesia  Catedral  de 
Cartagena,  el  presente  año  de  1751;  formado  á  pedimento  de  los 
Tilmos,  señores  Dean  y  Cavildo,  al  tiempo  del  reconocimiento  que 
de  orden  del  Reí/  nuestro  Señor  (1)  se  executú  de  él  por  el  S.''  D."  As- 
censio  de  Morales,  del  Concexo  de  su  Mag.^,  su  Oydor  de  la  Real 
Audiencia  de  Sev.",  y  Juez  delegado  para  Rexistro  de  los  Arcliiv.^ 
de  Cast.^  y  Andal.^  (2).»  Potthast  (3),  bajo  el  nüm.  14.032,  cita  la 
segunda  |G  Agosto),  que  publicó  Sbaralea;  mas  la  primera  (5  Agos- 
to), ni  siquiera  la  menciona.  Cierro,  pues,  con  ella  mi  breve  In- 
forme. 

«Innocentius  episcopus,  servus  servorum  Dei,  venerabili  fra- 
tri...  (4)  Episcopo  Carthaginensi  salutcm  et  apostolicam  benedic- 
•tionem. 

«Meritis  tue  devotionis  induciraur  ut  te  speciali  gratia  prose- 
quamur.  Hinc  est  quod  nos,  tuis  supplicationibus  annuentes,  tibi 
-auctoritate  presentium  indulgemus  ut  ad  receptionem  in  Ecclesia 
■Carthaginensi,  seu  provisionem  alicujus  in  pensionibus  vel  be- 
neficiis  ecclesiasticis  per  litteras  apostolice  Sedis,  aut  Legatorum 
-ejus,  de  cetero  compelli  non  possis  nisi  plenaní  et  expressam  de 
•indulgentia  hujusmodi  feceriat  mentionem. 

»Nulli  ergo  omnino  hominum  liceat  hanc  paginara  nostre  con- 
cessionis  infringere,  vel  ei  ausu  temerario  contrarié.  Si  quis  au- 
tem  hoc  atemptare  presumpserit,  indignationem  omnipotentis 
Dei  et  beatorum  Petri  et  Pauli  apostolorum  ejus  senoveritiiicur- 
■surum. 

»Dat.  Lugduni,  nonis  Augusti,  pontificatus  nostri  anuo  oc- 
tavo.» 

Madrid  ,  12  Octubre  1883. 

Fidel  Fita. 


(1)    Fernando  VI. 

(•2)    Folio  mayor  de  1.122  páginas. 

(3)  Regesta  Poiitificuní  Romanonun,  inde  ab  anuo  post  C/rristuiu  nation  mcxcviii  ad 
a.  Mccciv;  Berlin,  1875. 

(4)  Pedro  Gallego. 


276  BOLETÍN'    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HIsTOIUA. 

III. 

BOSQUEJO    HISTÓRICO   DE   LA    SEDE    CARTAGINENSE- 
POR  EL  OBIíPO  D.  DIEGO  DE  COMONTES. 


Es'inédito.  El  ejemplai-  más  precioso,  U\l  vez  autógrafo  del  au- 
tor, era  el  Códice,  que  en  el  suyo  propio  (1)  vio  y  describió  don 
Ascensio  de  Morales:  «Assimisrao  cerlifico  que  en  el  referido  Ar- 
chivo (2)  se  halla  un  libro  antiguo,  el  qual  tiene  por  [ii\i\o  Funda- 
mentum  Ecclesie  Carthaginensis;  el  qual  parece  fue  formado  por 
la  Era  (3)  de  mili  quatrocientos  y  quarenta  y  siete,  por  el  Obispo 
D."  Diego  de  Gommontes,  y  trassumptado  en  forma  jurídica  de 
el  antiguo  por  el  año  de  mil  seiscientos  y  dos,  mediante  á  hallar- 
se el  Original  mui  maltratado;  en  cuio  libro  se  halla  apuulado  el 
origen  de  la  Iglesia  de  Cartagena,  sus  costumbres  y  estarutos  an- 
tiguos, y  al  folio  [18  hasta  el  29  inclusive]  (í)  se  refiere  la  erec- 
ción y  fundación  de  la  Iglesia  por  el  referido  Obispo. «  No,  ha- 
bieudo  encontrado  el  ejemplar  en  la  catedral  de  Muic.ia,  me  de- 
beré contentar  con  el  traslado  que  hizo  Morales,  y-que  obra  en 
nuestra  Biblioteca  (5),  anotándolo  brevísimamente  y  restituyén- 
dolo, cuanto  se  me  alcanzare,  á  su  pureza  nativa  con  arreglo  á  los 
principios  de  una  Crítica  sana  y  sobria.  Da  gozo  ver  cómo  desde 
San  Isidoro  y  el  Biclarense,  los  Prelados  españoles  han  escrito  y 
recogido  páginas  que  sirven  al  historiador  de  modelo  y  de  espejo 
constante  á  la  Historia.  Hace  un  siglo,  la  obra  del  sucesor  de  don 
Pablo  de  Cartagena  se  citaba  con  harta  ligereza  y  como  perdi- 

(1)  Real  Academia  de  !a  Historia.  Colección  de  privileg-ios  y  escrituras  de  las  igle- 
sias de  España,  lomo  xii  (est.  2.",  grada  1.*,  C\  Ibl.  'Adl  recto. 

(2)  Catedral  de  Murcia. 

(3)  Entiéndase  año  de  la  era  cristiana,  quinto  del  episcopado  del  autor. 
(1)    Morales  dejó  en  blanco  el  número  del  folio. 

ir.)    Cod.cit,M.~:\-2T.-~\\r. 


BOSQUEJO    HISTÚltlCO    DK   L.V   SEDK    CAIíTAGINENSE.  277 

'da  (!'.  De  hoy  en  aJel.iutc  no  se  le  ha  de  negar,  así  lo  ospei'o,  el 
pucslo  que  le  corresponde  en  la  Hispania  illnstrata. 

«Didacus  de  Conionlos,  niiscralione  divina  episcopnsGarthagi- 
iiensis,  universis  et  singulis  libelli  praesentis  seriem  inspecturis 
iitriusque  hominis  sospitatem  et  paccm. 

Quia  de  singulis  dubitare  non  est  inutile  secundum  Aristote- 
Icm,  ut  nolat  gloss;i,  inlalione  Nenio,  capite  de  suvima  Trini- 
tate  (2),  etiamsi  de  iis  supor  (|uibus  dubilatnr  aliqualis  habeatur 
notio;  naní,  nt  dicit  Lex  (."))  «nihil  inter  homincs  tam  indnbitaturn 
€St  qnin  rccipiat  quamdaní  sollicitam  dubilationeni,»  in  aulhcii- 
tica  de  Tabellionibus  circa  médium,  colialiono  iin,  ut  eliam  no- 
latur  de  ea  constitutione,  inlationc  i,  in  glossa«eí  ita  qnoque-.i) 

ITinc  ergo  est  quod  Nos,  quamquam  antea  dum  in  ea  maioris 
Archidiaconalus  fungeremur  ofñcio  de  substantia  Ecclesiae  Gar- 
thaginensis  aliqualem  haberemus  notionem,  ex  quo  lamen  ad 
illius  pontificalis  dignitatis  apicem  gratia  su  [Tragante  divina  fui- 
mus  assumpti,  dubitare  neo  immerito  coepimus  et  mente  gerere 
quae  qualis  et  quanta  Erxlesia  ipsa  Garthaginensis  esset,  cui 
praeeramus,  undeque  et  a  quo  orlum  habeat  et  progressum,  ac 
quae  ratio  causave  fuerit  quod  illius  Sedes,  apud  tam  nobilem  et 
famosam  tamque  adeo  insignem  civitalem,  ut  est  Murcia,  locata, 
•Garthaginensis  nuncupetur  et  non  potius  Murciensis,  Guias  du-. 
bitalionis  tollendae  causa,  dum  intra  Gothorum  gesta  et  ipsius 
Hispaniae,  cui  praerant,  veteres  studiose  legeremus  anuales, 
scriplum  reperimus  quod  tempore  illo,  quo  Vandali  eamdem  Ilis- 
paniam  obtinobanl,  civitas  nosira  Garthaginensis,  tune  Garthago 
vSpartarea  nuncupata,  quae  ut  cernitur  ad  meridianum  latus  ip- 
sius Hispaniae  supra  meditei-raneum  mare  sita  est,  supra  alias 
eiusdem  climatis  pro  tunn  eminens,  valde  celebris  habebatur  et 


(1)  «D.  Diego  Comentes  era  Obispo  de  Cartagena  año  143S.  Este,  dice  Marieta,  que 
escrivió  una  historia  de  los  Obispos  de  Cartagena  sus  antecesores:  gozó  de  la  Silla 
Episcopal  21  aüos,  haviendo  sido,  seis,  Obispo  de  Badajoz.  Murió  en  Murcia;  y  su 
cuerpo  fue  depositado  en  su  Capilla,  que  oy  llaman  de  los  Capellanes  de  Numero. >> 
■Cáscales,  Discursos  Jiistóricos  de  la  ciudad  de  Marcia; '2J*  impresión,  Murcia,  1773;  pá- 
gina 519. 

(2)  Códice  de  Justiniano,  1. 1,  tít.  i,  4. 

(3)  Novelas  ó  auténticas  constituciones,  (loXzció'a.  IX,  tít.  xxiii,  1. 


278  boletín  de  la  t.eal  academia  de  la  HISTOIíLA. 

famosa.  Apud  quam  proptcrca,  vcrisimiliter  creditur  quod  eo 
tempore  esset  Ecclesia  cathedralis,  sicut  erat  sedes  regia  (1);  licet 
¡jostea  Sedes  ipsa,  destriicta  Carlhagiiie  a  Gunderico  (2),  ab  inde 
sicut  legitur  translata  exstilit  ad  Toletum.  Sed  heu,  proh  dolor! 
post  haec  Gothoram  témpora,  videlicet  regis  Roderici  et  perver- 
sissimi  comitis  Juliani,  peccatis  exigenlibus,  si(;ut  historia  nostra 
lamentabililer  refert,  ipsa  fere  Híspanla  tota,  quam  praetnlimus, 
a  perfidis  Agarenis,  Christi  nominis  inimicis  occupatafuitethos- 
tiliter  vastafa  ac  sectae  spurcissimi  Mahoraeti  miserabiliter  su- 
bacta,  eliminatis  ab  inde  ómnibus  Christi  ecclesiis;  inter  quas^ 
•sicuti  credimus,  non  minorem  locum  tenere  debeat  Ecclesia  ipsa 
Garthaginensis;  quae  tamen,  aut  qualis,  aut  quanta,  aut  si  Me- 
tropolitica,  vel  cathedralis,  pro  I  une  erat,  et  (si  talis)  quae  digni- 
tates  et  beneficia  ibi  inerant,  scriptum  minime  reperitur.  Unde 
jam  de  iis  vesligia  aliqualia  apparent,  quorum  causa  fuisse  cre- 
ditur diuturnitas  tam  longa  temporis  (3),  quo  subsequenter  eadem 
Hispania  ab  ipsis  Agarenis  detenta  et  miserabiliter  conculcata 
exstitit,  ut  praefertur.  Diuturnitas  enim  tanti  temporis  omnia 
vastavit,  et  quae  memoria  digna  erant  oblivioni  commisit;  nec 
Jam  quicquara  de  iis  quae  inquirimus  invenitur  nisi  quod,  Deo 
gralias,  moderna  nobis  témpora  protulerunL 

Post  has  namque  vastitates  hostiles,  quas  ulterius  enarrare 
longum  csset,  succedcntibus  tempoiibus  bonis  ut  permisit  Altis- 
simus,  cxpiatis  piaculis  ob  quae  tanta  mala  evenerunt,  jam  His- 
pania ipsa  a  Christi  hostibus  liberata  est.  Placuit  enim  divinae 
maiestati,  et  ita  scriptum  authentice  reperitur,  quod  post  tanto- 
rum  curricula  temporum  victoriosissimi  Principes  cssent  qui  reg- 
num  acquisierunt  Murciae  et  dotarunt  ecclesiam.  Et  dominus 
Domnus  Alfonsus,  clarae  memoriae,  Domni  Fernandi  Castellao 
et  Legionis  regis  tune  regnantis  et  dominae  reginac  Beatricis 


(1)  Capital  de  provincia  romana. 

(2)  La  copia  de  Morales  pone  «Cipione;»  pero  tamaña  incongruencia  sobre  la  trasla- 
ción á  Toledo  de  la  Sede  metropolitana  desdice  del  pensamiento  del  autor,  á  quien  era 
conocido  el  texto  de  la  historia  Vandálica  pnr  Pan  Isidoro:  «Deinde,  Cartilágine  Spar- 
taria  eversa,  cum  ómnibus  Vandalis  ad  Baeticam  (Gundericus)  transit.» 

(:})  Délos  cuales  vestigios,  para  que  á  tanta  escasez  Ueg-asen,  créese  que  la  causa 
fué  una  extensión  de  tiempo  tan  prolongada. 


iíOsouE.10  in3T<')R)r.o  ijE  la  SED1-:  gautaginknsií:.  279 

eiiis  consorLis  filias  primogenitu.s,  et  habcns  ciini  Del  adiulorio 
■Ínter  alia  totum  rogiium  Murciae,  iii  quo  civitas  ipsa  nosti-aCar- 
Ihagincnsis  sita  consistit,  amanibus  Sarracenorumpracdictoruin 
polenter  eripuit.  Et  eo  sic  orccto,  apud  dictain  civitatorn  Garllia- 
gincnsem  c  novo  ecclesiain  cathedralem  ad  Dei  laudein  gioriam 
et  lionorem  sub  vocabulo  suae  gloriosae  geaitricis  et  virgiiiis  Ma- 
riae  erigi,  ac  lili  sic  erectae,  bonae  mcmoriae  dominuní  fratrem 
Petrum  Gallaccum,  ordinis  fratram  Miiiorum  professorem,  iii 
episcopum  et  pastorem  praefici  procuravít  (1)  ct  fecit  per  Domi- 
iium  Papam  Innocentium  IV;  qui  etiain  apud  Lugduiiimi  cum 
sua  curia  moram  teneos  cumdem  episcopum  consecravit  pridie 
kalendas  Augusli  era  m.gc.lxxxv.iii.,  lioc  est,  auno  Domini  m"  ce" 
(¡uinquagesimo,  ad  petitionem  Principis  memorati  (2). 

Q)ui  postea,  post  mortem  videlicet  pjatris,  rex  eflectus  eam  do- 
tavit  locis  hic-scriptis  ecclesiam;  ac  illi  pro  territorio  Garthagi- 
iiensis  episcopatus  in  términos  dedit  ea  quae  sequuntur  (3).  Et 
primo,  la  villa  de  Alicante  con  su  término,  assi  como  parte  con  la 
tierra  del  señor  Rey  de  Aragón;  é  mas  Petrel,  Saix,  é  Villena,  é 
la  tierra  de  Don  Juan  Manuel  su  hermano  como  imrte  con  la  tier- 
ra del  diclio  señor  Rey  de  Aragón;  é  mas  la  valle  de  Ayora  fasta 
Confluentes^  como  otrossi  j^urte  con  la  tierra  Aragón.  ítem  mas, 
Jorquera  con  su  termino  é  con  la  tierra  de  Goncalo  Roiz  de  Atien- 
za;  é  mas  Chinchilla  con  su  termino  con  las  Quexolas;  é  otrossi  las 
Peñas  de  Sant  Pedro  con  su  termino,  é  Letur,  Calasparra  é  Cara- 
vaca  con  sus  términos;  Celia  é  horca  con  sus  términos,  Ogalte  con 
los  otros  castillos  [de  Don  Juan  García  con  sus  términos,  é  los 


(1)  Las  cinco  bulas  de  Inocencio  IV,  concernientes  á  esta  materia  (Pottliast,  13.144- 
13.148),  tales  como  Wadingo  las  dio  á  luz,  carecen  desgraciadamente  de  nota  cronoló- 
grica,  mas  no  de  indicación  de  lug-ar,  que  demuestra  que  no  son  anteriores  al  mes  de 
Diciembre  de  1244. 

(2)  31  Julio  1250.  Con  este  dato  podemos  ya  circunscribir  el  tiempo  de  la  bula  13.148, 
que  mal  coloca  Potthast  entre  los  años  1247  y  1248,  y  describe  así:  «Decano  et  Capitulo 
Cartbaginensibus  intimat  se  fratrem  P(etrura)  Carthag-inensi  ecclesiae  providisse  in 
pastorem,  eique  munus  consecrationis  manPjus  proprüs  impendisse.  Hortatur  eos  ut 
istius  mandatis  efficaciter  impendant.» 

(3)  Expidióse  el  instrumento  en  Sevilla  á  11  de  Diciembre  de  1266,  otorgando  al 
Obispo  y  Cabildo  de  Cartagena  «que  baya  este  Obispado  sobredicho  estos  términos, 
assí  como  los  havie  antes  que  la  guerra  de  los  moros  comenzasse,  que  movió  contra 
nos  el  rey  de  fTranada.>> 


280  150LETIN    DE    LA   REAL    AGADEMLA.    DE   LA    Í'ISTORIA. 

castillos  (1)]  de  Don  Ferrant  Pérez  de  Pina  fasta  Penáguila  con 
ms  términos  é  con  toda  la  otra  tierra  que  se  encierra  en  estos  lii-  ' 
yares  susodiclios.  Los  guales  lugares  é  los  nombres  de  los  seño- 
res Je  ellos  nombramos  é  designamos  aguí,  como  los  f¿ülamos 
nombrados  é  designados  en  la  letra  real  de  la  asignación  é  limi- 
tación por  estonces  fecha;  en  posesión  de  lo  qual  todo  fallamos  de 
estonces  acá  ser  estada  continué  fasta  agora  é  estar  la  dicha  Egle- 
sia  de  Cartagena  sin  contradicion  alguna,  de  qua  nohis  constet. 

Fallamos  mas  como,  después  de  assí  fecha  la  dicha  limitación 
de  términos  del  dicho  nuevo  Obispado,  el  rey  Don  Sancho  (2)  fijo 
e  sucesor  del  dicho  rey  Don  x\lonso,  dio  á  la  dicha  Eglesia  de  Gar- 
Ihagena,  para  acrescentamienlo  del  dicho  su  Obispado,  los  luga- 
res de  Oria  y  Gantoria,  Mojácar  é  la  val  de  Porcheua,  ó  los  Veli- 
ces, que  eran  é  son  aun  agora  de  Moros,  para  que  los  oviese  é  aya 
en  propiedad,  cuando  Dios  quisiere  que  sean  de  christianos,  assi 
como  las  aguas  que  vierten  de  la  sierra  de  Segura,  según  los  so- 
lian  aver  otro  tiempo,  según  dís  se  cuenta  en  la.  Concordia  vieja  (3i, 
La  letra  é  provisión  del  qual  acresccntamiento,  según  que  aquí 
se  contiene  fué  dado  en  Yalladolid,  qiiarta  mensis  Octobris,  era 
M.ccc.xxxi,  hoc  est,  anuo  Domini  m.cc.xciii.  Según  lo  cual  todo, 
é  según  testifica  el  dicho  rey  Don  Sancho  contenerse  en  la  dicha 
Concordia  vieja,  tiene  el  orden  de  Sanctiago,  ó  tiene  la  Eglesia  de 
Garthagená  por  indubitado  ser  infra  los  términos  del  dicho  su 
Obispado  toda  la  valle  de  Segura  é  los  lugares  dé  aquella,  ó  la 
villa  de  Huesca  con  sus  aldeas  é  términos  de  ellas.  Enpossessibu 
de  las  quales,  assí  como  lugares  de  su  Obispado,  ha  seido  á  está 
la  dicha  Eglesia  después  acá  que  son  de  christianos.  Et  ita  repe- 
rit^r. 

Per  praedicta  ergo  apparet  undc  et  a  quo  habuit  ortum  eccle- 
sia  Carlhaginensis;  et  quis  eam  erexit  in  calhcdralem;  quam  sic 
erectam  ct  dotatam  praefatus  dominus,  frater  Petrus  Gallaccus, 
eius  novus  episcopus  poslca  orJinavit,  ad  instar  seu  iuxta  formam 


(1)  Omitido  en  la  copia  de  Morales. 

(2)  La  copia  de  este  privilegio  rodado,  que  existia  original  en  el  arcliivo  de  la  cate- 
dral de  Murcia,  se  halla  integra  en  Morales  (fol.  591  recto-59t  verso).  A  la  fecha  añade: 
«en  el  a'io  qat  el  sobredicho  /•«,/  Don  Sancho  heredó  Molina.» 

(3)  Con  la  Orden  de  Santiago. 


nosni;i;,io  histórico  di-:  la  skde  caiítaginexsk.  281 

el  modiiin  digiiilatiun  et  lieueficiorum,  quo  or.liiiala  fiicral  occle- 
sia  Coi'dabeiisis;  (juamvis  ordinalio  ipsa  iiniovata  seu  malata  fue- 
rit  peí"  domimiin  opiscopum  Joliauíiem  eius  suocessorem,  ut  iu- 
fra  dicetur. 

Post  quaní  quidein  ei'cctionem ,  seu  Ecclesiac  ordinalionein, 
lempore  iii  meliiis  siiccedenlc,  cum  super  eudeni  Ecclesia  inter 
dóminos  Tolctaniim  et  Tarraconoiisem  archicpiscopos  de  et  supcr 
jure  suae  primatiae,  cui  videlicot  eorum  Ecclesia  ipsa  jure  metro- 
politico  subjici  deberct  lis  et  dissenssionis  malitiaesset  exoi-ta  (1)^ 
pvaefatus  dominus  lunocentius  quartus,  ul  sic  lites  et  disseiisio- 
«es  hujusmodi  amputaret,  ecclcsiam  ipsam  Carlhagiaenscm  sibi 
et  Sedi  Apostolicae  reservando  subjocit;  et  sic  eam  exemptam  fe- 
cit  per  suas  patentes  litteras  apostólicas,  tcnoroin  qui  scqnilurte- 
nentes. 

Innocentius  episcopus.  servus  servorum  Dei,  vencrabili  fratri 
episcopo  Garthagiuensi  salutem  el  apostolicam  bencdiclionem. 

Novella  planlatio  Garthaginensis  ecclesiae,  quam  pietas  Gon- 
<litoris  ad  sui  nominis  gloriara  eripuit  de  manibus  paganoruní, 
aposlolicae  rore  gratiae  est  opporlunis  irriganda  temporibus; 
quod  el  vigore  proficiat,  el  in  fructuuní  prOduclione  votiva  Dco 
et  horainibus  grata  et  amabilis  habeatur.  Gum  itaque  super sub- 
iectione.  ipsius  Ecclesiae  inter  vicinos  metropolitanos  confcntiq 
multiplex  sit  exorta,  de  qua  sibi  grave  potest  imminere  dispon^ 
dium,  nisi  conservationis  optatac  sibi  proveniat  fulcimentum. 
Nos  circa  dictara  Ecclesiam  aíFectum  paternae  bcnevolentiae  di- 
rigentes, ipsam  sub  beati  Pelri  et  nostra  protectione  suscipimiis, 
et  praesentisscripti  patrocinio  communimus,statuenles  nteadem 
Ecclesia  nulli  tamquam  mefroiiolilano,  seu  primati,  practerquam' 
Romano  Pontiñci  responderé  de  aliijuo  teneatur,  quousque  prae- 
dicta  contentio  penilus  sopita  fuerit,  et  liquide  pateat  cui  saepe- 
dicta  Ecclesia  de  jure  debeat  esse  subiecta. 

Xulli  ergo   omnino.  horainum   liceat  .hanc  paginara  nostrao 


(1)  Fué  muy  corto  el  tiempo  que  medió  rlcsde  la  dotación  (1.°  Marzo  i'2dO)  y  restau- 
racióu  de  la  Sede  con  la  consagracii'm  del  Obispo  (31  Julio  1250)  hasta  la  decisión  emer- 
gente de  la  Sede  apostólica  (6  Agosto  del  mismo  año).  La  constitución  que  dio  á  su 
iglesia  D.  Pedro  Gallego,  no  parece  fuese  anterior,  sino  posterior  al  acto  de  la  exención 
que  obtuvo  de  Inocencio  IV. ' 


•28-3  boletín  de  la  real  academla  de  la  historla. 

protectionis  et  constitulionis  infringerc,  vel  ei  ausu  temerario 
contrarié.  Si  quis  autem  hoc  attemptare  praesumpserit,  indigua- 
tionem  omnipotentis  Dei  et  beatorum  Petri  et  Pauli  apostolorum- 
eius  se  noverit  incursurura.  Dat.  Lugduni  octavo  idus  Augusti, 
pontificatus  nostri  anno  octavo.» 

Guiíismodi  exemplionis  ídem  dominus  Innocentius  daré  vo- 
luit  exeijuutores,  seu  conservatores  cum  plenissima  potestate,  do- 
minos  Astoricensem  et  Zamorensem  ac  Salamanticensem  episco- 
pos,  ut  etiam  apparet  per  alias  suas  patentes  lilteras  sub  eadeni 
data  consertas  (1).  A  quo  tempore  citra  usque  in  praeseus  non 
constaf,  ñeque  reperilur,  nec  etiam  auditur  quod  reservatio  seu 
exemptio  huiusmodi  in  aliquo  infracta  fuerit,  vel  impugnata,  aut 
perturbata,  seu  quod  ecclesia  ipsa  Garthaginensis  usa  non  fuerit 
privilegia  et  gratiam  praemissae  suae  cxemptionis;  semper  enim 
ab  ea,  ut  ab^exempta,  et  soli  Sedi  Apostolicae  immediate  subiecta, 
ad  eamdem  Sedem  solum  consuevit  appellari;  etinhacpossessio- 
ne  exemptionis  eam  fuise  et  esse  hactenus  reperimus,  et  conti- 
nuare conservare  et  defenderé  intendimus,  Domino  conceden  te. 

Praemissa  omnia  comperimus  in  esse  fuisse  deducta  tempore 
praefati  domini  fratris  Petri  Gallaeci,  primi  episcopi  Garthagi- 
nensis. Qui  vixit  in  episcopatu  xvii  annis  (2);  et  tándem,  cum 
esset  jam  septuagenarius  et  ultra  ^3),  die  Mercurii  quae  compu- 
tabatur  xvi*  mensis  Novembris  arripuit  eum  febris,  et  die  Sab- 


(1)  Según  Morales,  quien  la  copió  (fol.  SOS),  existía  original  en  el  archivo  catedral  de 
Murcia,  y  como  quiera  que  Potthast  no  la  disting-ue  de  la  precedente,  ó  confunde  las 
dos  en  un  mismo  número,  razón  será  exhibir  su  parte  peculiar  y  propia: 

«Innocentius  episcopus,  servus  servorum  Dei  venerabililus  fratribus  Astoricensi, 
Zamorensi  et  Salamanticensi  episcopis  salutem  et  apostolicam  benedictionem.  Novella 
plantatio  etc.,  debeat  esse  suliiecta.  Quocirca,  Fraternitati  vestrae  per  apostólica  scrip- 
ta  mandamus  quatenus  dictam  ecclesiam  non  permittatis,  super  liiis  contra  protectio- 
nis et  constitutionis  nostre  tenorera  ab  aliquibus  indebite  molestari;  molestatores 
huiusmodi  auctoritate  nostra,  appellationc  postposita,  compescendo.  Non  obstante 
constitutione  de  duabus  dietis,  edita  in  concilio  generali.  Quod  si  non  omnes  hiis  exse- 
quendis  potueritis  interesse,  dúo  vestrum  ea  nihilominus  exsequantur.  Dat.  Lugdu- 
ni, VIH  idus  Augusti,  pontiflcatus  nostri  anno  octavo.» 

La  constitución  del  concilio  Lateranense  IV,  dednalus  f?¿aeW5,  está  registrada  por  las 
Decretales  de  Gregorio  IX,  1. 1,  tít.  iii,  c.  2S. 

(2)  Desde  el  31  de  Julio'de  1250. 

(3;    Nació,  de  consiguiente,  á  fines  del  siglo  xii. 


BOSOL'IvIO    HlSTüIiir.O    DE    I-A    SEDE    CAnXAGINKNSE.  OS:? 

])ati  sequcnli,  de  mane,  suum  Domino  traJidit  spiritum  (1)  er;i 
millesima  tricentésima  quinta,  hoc  est  anno  Domini  m.cc.lx.vh. 
Requiescit  scpultus  Murciae,  in  Ecclesia  maiori,  in  capella  claiis- 
tri  ad  manum  dextcram  altaris,  ad  quam  fuit  translatus. 

[2  (2).]  Post  istias  3)  obilum  fuit  electus  in  cpiscopum  G-ir- 
thaginensem  dominas  Garda  Martini,  dccanus  eiusdem  Eccle- 
siae  (4'i;  non  tamen  fuit  consecratus  morle  praeventus.  Et  quia 
non  fuit  consecratus,  inter  episcopos  non  numeratur. 

[3  (5).]  Gui  inmediate  successil  in  episcopatu  dominus  Dida- 
cus  de  Magas,  qui  fuit  secundus  (G)  episcopus  Garthaginensis. 
Guius  tempore  cum,  exeuntibus  ct  redeuntibus  de  Murcia,  Orio- 
la,  Lorca  et  alus  locis  dioecesis  ad  civitatcm  Garthaginensem, 
ubi  pro  tune  Sedes  episcopalis  localiter  erat,  mulli  periclitaren- 
tur,  mullique  captivarentur  a  Sarracenis  in  via,  quae  ducit  illuc 
per  Cíimpum  (Ti,  ad  bis  et  alus  periculis  obviandum,  procurante 
domino  rege  Sancio  supradicti  domini  Alfonsi  regis  filio,  ad  sup- 
IDlicem  instantiam  eiusdem  domini  Didaci  episcopi  Í8)  et  eius  ca- 
pituli  ac  cleri  ct  populi  Murciae  et  aliorum  locorum  praedicto- 
rum,  auctoritate  Apostólica,  ecclesia  ipsa  Garthaginensis,  ut  est 
collectio  episcopi,  decani  et  capituli,  seu  personarum  capitula- 
rium  ad  unum  tendentium,  qui  ecclesiam  ipsam  vivam  faciunt, 
ab  eadem  civitate  Garthaginensi  realiter  translata  fuit  ad  praedic- 
tam  civitatcm  Murciae.  suae  dioecesis.  Ubi  ex  tune  in  antea  (9) 


(1)  En  Sábado,  IS)  de  Noviembre  de  1267.  Obstan,  no  obstante,  dos  documentos  (Me- 
morial hnt&ñco  espa7iol\  Madrid,  1851, 1. 1,  p5g.  210  y  244)  fechados  respectivamente  en 
viernes  27  Enero  y  lunes  .30  Julio  1268,  donde  firma  (¿error  de  copia?)  el  Obispo  Fray 
Pedro. 

(2)  Moral.  3. 

(3)  Morales  añade  «Martini»)  con  evidente  anacronismo. 

(4)  Tenia  esta  dignidad  en  1.°  de  Ahril  de  12(5?.  Sus  memorias,  con  el  titulo  de  «deán 
é  electo  de  Cartagena.»  alcanzan  desde  el  18  Abril  1272  liasta  el  8  Agosto  1278  en  el 
Memorial  histórico  español,  1. 1,  pág.  27.3-329. 

(5)  Moral.  5. 

^6)    Moral.  c<quartus.>) 

(7)  Vega  de  Murcia. 

(8)  La  primera  instancia  se  hizo,  mientras  ocupaba  la  Silla  apostólica  Nicolao  III 
(2G-Diciembre  1277-22  Agosto  1280).  La  Sede  Cartaginense  vacaba  el  día  11  de  Noviem- 
bre de  1279:  mas  ya  la  poseia  Don  Diego  de  Magaz  en  15  de  Diciembre  del  mismo  año, 
según  aparece  del  Mehiorial  histórico  espa'i.ol,  tomo  ii,  pág.  10  y  14. 

(9)  De  allí  en  adelante. 


284  BOLETÍN    U1-;    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Ídem  dominas  episcopus.  decanus  et  capilulum,  sic  translati  el 
ecclesiam  cathedralera  Garthagiaeiiscm  facicntes,  apud  ecclosiain 
bealac  Mariac  maiorem  ipsias  civitatis  Murciae  capitulariter  lo- 
cati  et  localiter  cathedrati,  rematiserant  et  pcrmaiicnt  de  praesen- 
ti,  vocem  et  nomen  scmper  retinentes  ecclesiae  Garthaginensis. 
Qiiam  translaliouem  faclam  esse  reperimus  cum  huiusinodi  vo- 
cabuli  reteiitioiie  anuo  Domini  m.cc.xci.  Post  qune  (1),  idem  do- 
miiuis  Didacus  inibi  defiinctus  exstitit  (21;  et  apud  eandem  e'ccle- 
siam  maiorem  Murciae  sepultus  in  medio  planae  quae  est  inter 
chorum  et  altare  maius  ecclesiae  eiusdem. 

[4  (3).]  Cui  succcssit  immediate  dominus  Martiiius  qui  fuit 
tertius  (4)  episcopus  Garthaginensis.  Ilic  fuit  vir  strenuus;  cuius 
tcmpore,  vigente  guerra  Sarracenorum  (5),  ipse  Dei  et  cleri  sui 
adiutorio  íronlariam  istam  regni  Granatae  ingressus,  castrum  de 
Lubrin  manu  forti  comperimus  et  a  manibus  paganorum  eri- 
puisse  (6).  Loco  cuius  postmodum  (7)  data  fuerunt  ecclesiae  Gar- 
thaginénsi  loca  de  Alguazas  et  de  Alcantarilla  con  el  Real  de 
Monte  Agudo,  é  las  casas  de  Murcia  que  son  agora  obispales,  con 


(1)  Morales,  ineptamente  «postquam.»  El  original  diría  «post  q.» 

(2)  Sábado,  23  de  Febrero  de  1292,  hallándose  en  Orihuela  protestó  la  convocatoria 
del  Arzobispo  de  Toledo.  Lo  demostré  en  las  Actas  inéditas  de  siete  concilios  esjia'ioks, 
pág-.  189.  En  la  Colección  dijilómatica  del  Rey  D.  Fernando  IV,  arreglada  y  anotada  por 
el  Sr.  Benavides  (Madrid,  1860),  está  la  demostración  de  que  D.  Diego  de  Magaz  seguía 
rigiendo  la  diócesis  de  Cartagena  el  día  5  de  .lulio  de  ISH. 

(3)  Morales,  2. 

(4)  Morales  «3ecundus.^> 

(5)  Guerra  de  Granada,  emprendida  por  los  Rej'es  de  Castilla  y  de  Aragón  en  1300. 
(G)    Por  ello  le  felicitó  D.  Jaime  II,  Rey  de  Aragón,  prometiéndole  (Sál)ado,  2  Agosto 

1309)  que  al  día  siguiente  saldrían  sus  tropas  de  desembarque,  y  llegarían  á  Lorca  el 
Miércoles  próximo  para  socorrer  la  fortaleza.  No  le  nombra  equivocadamente  «Pedro 
Martínez»  como  algunos  pretenden;  toda  vez  que,  sin  duda  alguna,  la  inscripción  de 
la  carta,  que  vició  el  copista,  estaba  concebida  en  estos  términos:  «Jacobus  etc.  vene-, 
rabili  in  Christo  patri  Martino,  divina  providentla  Carthaginensi  episnopo.»  Por  su_ 
parte  el  Rey  de  Castilla,  que  estaba  sobre  la  cerca  de  Algeciras,  le  escribió  (3  Agosto): 
«Por  facer  bien  é  merced  á  vos,  don  Martino  obispo  de  Cartagena,  é  por  mucho  servi- 
cio que  me  ficiesles,  é  facedes  señaladamientre  en  la  guerra  que  he  contra  el  rey  de 
Granada,  en  que  tomástedes  el  castiello  que  los  moros  dicen  Lobrar,  á  que  vos  pusiés- 
tedfs  nombre  Sant  Pedro,  el  qual  castiello  es  entre  Vera  é  Almería;  do  vos  este  cas- 
tiello con  su  villa  é  con  todas  .§us  pertenencias,  etc.» 

(~j  Toda  la  documentació.-.  relativa  á  este  asunto,  el  cual  se  terminó  á  28  de  Diciem- 
bre de  1321,  puede  verse  en  el  Códice  de  Morales,  fol  611-G'2. 


IIOSQUKJO    lIISTÓniCO    DE    I.A    SKDE    CARTAGINENSE.  28.") 

el  Baño,  el  Real,  ó  cosas  otras  que  atjora  possee  aquí  en  paz  la  di- 
cha Eglesia.  Islc  vixit  glorióse  (i;;  el  tándem  defiuictus  est,  et  ut 
audiviaius  reípiiescit  sepultas  ¿i[)iid  Tadohitn  de  Xavarra. 

15  (2).]  Gui  successisse  repei-itur  domiiius  Joaunes;  et  fuit 
(juartus  (3)  episcopus  Garthagineiisis.  Iliciimovavitordiiialionem 
dictae  Ecclesiae,  sicut  per  praefatam  dominara  fratrem  Petrum, 
primum  episcopum,  faciam;  volens  ct  statuens  quod  de  caetero 
essent  in  ipsa  ccclesia  Garthagincnsi  sex  dignitates,  et  octo  cano- 
nicatus  scu  canonici,  et  dnodccim  portionarii,  prout  habetar  in 
eadein  ordinatioue,  (]aao  fuit  acta  Oriolae  eir.sdom  dioece^is,  idi- 
bus  Madii  anno  Domini  m.ccc.xv;  licet  postea  por  dominam 
episcopum  Xicolaum  immutata  fuerit,  ut  infra  suo  loco  dicetnr. 
Post  quae  tandera  viam  cxstitit  uuivcrsae  carnis  iugressus  (i),  et 
sepultus  apud  Galagut-ram,  et  ibi  corpas  eius  requiescit  (5). 

[6  (6).]  Quo  qaidem  defuncto,  illico  eífectus  exstitit  episcopus 
Garthaginensis  dominas  Petras  Barrosas,  quintus  (7)  in  ordinc. 
Hic  fuit  postea  Gardinalis  (8).  Qui  tándem,  defunctus  in  Curia 
romana,  sepultus  est  Avinione,  in  ecclesia  Dominae  Nostrao,  do- 
mas quae  est  cathedralis  ubi  requiescit. 

'7.]  Cui  subsequenter  successit  dominas  Potras  de  Penna- 
randa;  et  fuit  episcopus  sextus  in  numero.  Fuerat  antea  thesau- 
rarius  regias  (9);  et  eífectus  episcopus  fecit  ecclesiam  maiorem 

(1)  De  la  Coleccivii  diplOMÚtica,  ilustrada  por  el  Sr.  Benavides,  resulta  que  la  Sede 
Cartaginesa,  que  se  dice  vacante  los  días  11  de  Enero  y  15  de  Jlayo  de  1303,  estaba  eu 
poder  de  D.  Martin  á  G  de  Febrero  de  1301.  Las  últimas  memorias  de  su  episcopado 
llegan  hasta  el  2.t  de  Mayo  de  1311. 

(•2)    Morales,  6. 

(3)    Mor.  «quintus.» 

^1)  La  Sede  vacaba  por  muerte  de  D.  Martía  en  17  de  Mayo  de  1312;  masen  20  de 
Abril  del  mismo  aóo  ya  era  Gb'spo  D.  Juan.  Los  diplomas  regios  que  transcribe  Mora- 
les (fol.  613-673  ,  y  otro  fOLxxvii)  que  ha  recopilado  el  Sr.  Benavides,  evidencian  que 
en  28  de  Julio  de  132G  ceñía  todavía  D.  Juan  la  mitra  de  Cartagena. 

(5)  Trasladado  á  Calahorra,  falleció  el  día  21  de  Enero  de  1316. 

(6)  Morales,  4. 

(7)  Mor.  «tertius.>.> 

(8)  Con  el  título  de  Santa  Práxedes  en  12  de  Diciembre  de  1327.  Hasta  el  8  de  Julio 
de  1333,  varios  diplomas  atestiguan  su  permanencia  en  el  nombre  y  honor  de  la  Sede 
de  Cartagena,  que  dejó  pira  recibir  el  de  Cardenal  obispo  de  Sabina,  con  cuyo  título 
falleció  á  II  de  Julio  de  131^.. 

,9)    «:;tra  provisión  del  mismo  señor  Rey  (AU'jnso  aI)  en  que  manda  á  los  alcaldes 


280  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

Murciae,  et  chorum  (ubi  iiunc  Capitiilum ,  hactenus  mezquita), 
•cum  antea  mezquitam  pro  ecclesia  haberent  (1).  Fecit  eliam  cam- 
paiiile  et  claustrum  ecclesiae  eiusdem  cum  capella  capitulad;  in 
qua  postea  duas  capellanias  instituit  et  dotavit  sub  invocalione 
beati  Johannis  apostoli  et  evangelistae ;  licet  una  earuní  dicatur 
inslituta  per  eius  nepotem.  Fertur  etiam  quod  fecerit  turrim  de 
las  Alguazas  usque  ad  médium,  et  unam  aliam  turrim  in  campo 
de  Lorcu  versus  Sarracenos,  aliaque  multa  bona  fecit  Ecclesiae. 
Et  tándem  plenus  dierum  defunctus  est  (2);  et  in  dicta  Ecclesia 
sepultas  jacet  in  dicto  choro  coram  cathedra  episcopali. 

[8.]  liuic  successit  dominus  Alfonsus  de  Vargas;  et  fuit  epis- 
copus  seplimus.  Qui  demum,  impletus  dicbus  sui  incolatus,  de^ 
íunctus  est  et  sepultus  [postquamexstitit  (3)],  in  civitale  Abulensi 
et  ab  inde  postmodum  translatus  ad  Gordubam,  ubi  requiescit. 

[9.]  Gui  quidem  domino  Alfonso  episcopo  successit  dominus 
Nicolaus  de  Aguilar  (4);  et  f uit  episcopus  octavus.  Hic  innovavit 
ordinationem  Ecclesiae  antea,  ut  praemiltitur,  factam  per  supra- 
dictum  dominum  cpiscopum  Joliannem;  volens  et  ordinans  (5) 
quod  in  eadem  ecclesia  Carthaginensi  cssent  supra  expressae  sex 
dignitates,  velpersonatus,  scilitetdecanatus,  archidiaconatusGar- 


y  alguaciles  de  Murcia,  á  instancia  de  Don  Pedro  electo  de  Cartagena,  notario  mayor 
del  reino  de  Toledo  ^  chanciller  mayor  de  la  reina  D.*  Constanza  su  mujer  (en  primeros 
desposorios)  no  impidan  al  vicario  de  este  el  uso  de  su  jurisdicción,  como  le  hablan 
tisado  los  demás  vicarios  antecesores.  En  Sevilla,  á  8  <?<?  Mayo,  era  de  1375,  que  corres- 
ponde al  año  i;{37.»  Morales,  fol.  47,  vuelto. 

(1)  El  sentido,  un  tanto  embrollado,  se  reduce  á  decir:  que  la  mezquita  purificada  y 
convertida  en  iglesia  mayor,  la  trocó  en  coro  el  Obispo  que  hizo  labrar  la  nueva  ca- 
tedral. Este  coro  servia  de  capitulo  en  tiempo  del  autor,  ó  mientras  trazaba  estos  apun- 
tes históricos  D.  Diego  de  Comontes. 

(2)  Antes  del  l.j  de  Febrero  de  1353,  en  cuyo  dia  (Morales,  fol.  49)  atendió  el  Rej- 
D.  Pedro  á  la  queja  del  Obispo  I).  .-Vlfonso  de  Vargas. 

(3)  Palabras  omitidas  por  Morales  y  reclamadas  por  el  sentido  general  de  la  frase.  A 
Córdoba  fué  trasladado  en  D  de  Abril  de  1373.  El  episcopologio  de  Ávila,  trazado  por 
el  P.  Gams,  asienta  un  Alfonso  II  de  duración  incierta  hacia  136Í).  Por  otro  lado  Cásca- 
les (pág.  150)  exhibe  un  diploma  regio,  dirigido  á  Don  Xicolás  obispo  de  Cartagena  en 
29  de  Abril  de  13(J7. 

(4)  Según  aparece  del  cuerpo  de  la  ordenación  que  luego  se  cita,  era  hijo  de  D.  Fer- 
nando Yauez  y  de  Dona  .luana  Gutiérrez;  y  sobrino  del  Arzobispo  de  Toledo  (1310-13'2I . 
ü.  Gonzalo  Gutiérrez. 

(5)  La  ordenación  se  hizo  de  común  acuerdo  del  Obispo  y  del  Cabildo.  Tráela  Mora- 
les, fol.  718  vuelto-732  recto,  tomándola  del  Lihen  finidamenli. 


nosQi'i'jo  msTímicü  de  la  sede  c.vui'aginense.  287 

thagincnsis,  el  archidiaconalus  Lorcensis,  ac  cantoria,  thesaura- 
ria  el  scholastria  (1),  quac  omiics  ad  collatioiiem  domini  episcopi 
Carthagiiiensis,  pro  tcmpore  exisleiilis,  iu  solidum  pertincrc  de- 
bcreiit,  practcr  decaiiatum  ad  (juem  quis  nonnisi  per  communem 
«lectionem  eiusdem  domini  Episcopi  el  Gapituli  Garlhaginensis 
simul  faeiendam  debet  assumi.  Esscnt  quoque  practer  haec  inibi 
ocio  canonicatus  el  tolideiii  praebendae,  necnoii  ocio  integrae  el 
octo  dimidiae  portiones,  ac  uuus  diacoaatus  el  unus  subdiacona- 
tus.  Quorum  quidem  canonicatuum  el  praebendarum  ac  portio- 
íium,  necnoii  diaconatus  et  subdiaconatus  huiusmodi  collationes 
ad  eorumdem  duorum,  Episcopi  ac — Dccani  et  Gapituli, — Gartha- 
g"inenpium  coniunctim  pertinorent;  prouthaec  et  alia,  formam  et 
subsfantiam  eiusmodi  Gapituli  et  Ecclesiae  conceruentia,  latius 
contineutur  in  Gonstitutionc  ipsius  domini  Nicolai  episcopi  super 
inde  edita  (2);  cui  statur,  el  quae,  ul  comperimus,  ex  tune  in  an- 
tea inconcusse  obsérvala  exstitit  omni  tempore. 

Mic  etiam,  accersitis  sibi  dominis  Decano  et  Gapitulo,  voca- 
tisque  ad  id  vicariis  suis  ruralibus  et  clero,  necnon  de  Segura, 
•de  Veas,  de  Yeste,  de  Ferres,  de  Socovo,  de  Garavaca  et  de  Ri- 
cote  et  alus  universis  et  singulis  praeceptoribus  villarum  castro- 
rum  et  locorum  aliorum  ordinum  militariuní  infradioecesin  Gar- 
4.liaginensem  consistentium,  et  de  corum  omninm  volúntate  et 
iissensu  per  certos  ad  id  deputatos  taxari  fecit  et  taxavit  episco- 
palem  et  capitularen!  mensas,  necnon  dictas  de  Segura,  de  Veas, 
-de  Yeste,  de  Ferez,  de  Socovos,  de  Garavaca  et  alias  praeceptorias 
ac  beneficia  alia  omnia,  clericis  saecularibus  assignari  consueta 
.totius  Garthaginensis  dioecesis.  Quo  pronunciante  et  decernente 
ut  inde  secundum  taxationem  huiusmodi  in  ómnibus  et  singulis 
subsidiis  tam  principalibus  (3)  quam  alus,  in  quibus  tales  perso- 


(1)  No  es  para  olvidado  en  la  historia  de  la  cultura  literaria  en  España  el  párrafo 
del  instrumento  acerca  de  la  obligación  que  incumbía  á  la  Dignidad  de  Maestrescuela 
(fol.  719,  recto):  «Debet  etiam  Scholasticus  tenere  magistrum  sufflcientem  in  gramma- 
ticalibus  et  ¡ogicis  artibus,  qui  pueros  et  juvenes  ecclesiae  et  pojiiili  instruat  in 
■eisdem.» 

(2)  En  el  dia  1."  de  Febrero  de  1360. 

(3)  Subsidios  que  se  reparten  y  piden  por  el  Principe.,  ó  Rej',  á  las  iglesias  y  al  esta- 
do eclesiástico. 


288  liOLETÍN    DE    LA    l'.EAL    ACADEMIA    DE    LA    IIISTÜRLA. 

nae  ratione  praeceptoriarum  otbeneficiorum  eoruní,  infra  dictam 
dioecesin  cousistentium,  contribuere  deberent  ac  realilcr  exsol- 
vere tenereníur:  hanc  taxarionem  nediim  clerici  saeculares,  sed 
et  omnes  praeceptores  dictarum  praeceptoriarum,  tamquam  prae- 
c'optores  infra  Gartagineosem  dioecesin  conslituti,  humiliter  re- 
ceperunt:  ct  seciindum  eamin  sollicitudinibiissabsidiorum  prin- 
cipalium  cum  Episcopo  et  Capitulo  Carthaginensibus  ac  benefi- 
ciatis  eiusdem  dioecesis.  ex  tune  in  antea,  hactenus  contribuerunl 
usque  in  praesens. 

Postque  tándem,  sic  debituní  n.alurae  solvens  dominas  Nico- 
laus  episcopus,  defunclus  est ,  apud  dictam  maiorem  ecclesiam 
Murciae  sepultus,  ubi  jacet  in  capella  capilnlari  clauslri  ad  ma- 
num  sinistram  altaris  (1), 

[10.]  Gui  successisse  comperitur  in  ipsa  Garthaginensi  eccle- 
sia  dominus  Gnillermus  de  Simel,  gallicus;  et  fuit  episcopus  no- 
nus.  Qui  vocatus  ad  Gnriam  Romanam,  tune  Avinionc  consisten- 
tem,  cum  exspectaret  capellum  Gardinalatus,  ibi  Avinione  de- 
functus  est,  et  sepultus  in  domo  fratrum  Minorum. 

[11.]  Gui  etiam  illico  dominus  Fernandas  de  Pedresa  Gordu- 
bensis  ^2),  famosas  in  sacra  nagina  magister:  et  fuit  episcopus 
decimus.  Ilic,  nt  comperimns,  inchoavit  opus  novum  aulae  ip- 
sius  ecclesiae  maioris  IVIurciae,  qnae  de  novo  ad  latas  antiquae 
miro  opere  lapídeo,  ut  cernitur,  fabricatur.  In  quo,  at  fertur, 
appositus  fuit  priams  lapis  die  vigésima  secunda  Januarii,  auno 
Bomini  m°.gcc°.xciiii°  (3).  Ilic  vixit  inultissime  Iribulatus  propter 


(1)  En  la  sobredicha  constitución  del  1."  Febrero  13t]G  le  prometieron  los  canónigo» 
celebrar  por  él,  cuamiu  fuese  difunto,  todos  los  viernes  un  aniversario,  yendo  proce- 
sionalmente  á  su  sepulcro  <■•/»  capella  saucti  Joamiis  enaitgelistae,  vbi  Capitiiluní  celebra- 
tur,  juxta  altare  ad  manuní  sinisíra/ii  cum  intratur.»  Citan  á  este  propósito  un  rescripto 
que  le  hubia  ding'ido  el  romano  Pontífice  Martin  V  (13ij'2-lb~0).  D.  ííicolás  era,  pues, 
(Jbispo  en  13(:.5.  Éralo  también  á  12  de  Setiembre  de  lo~l,  fecha  de  un  diploma  ijue  ob- 
tuvo en  las  Cortes  de  Toro  (Morales,  fol.  OSO),  otras  escrituras  (Morales,  fol.  .')•!)  le  dan 
sucesor  en  7).  Oiíillen  desde  el  l;i  Setiembre  VA^O  hasta  2:1  Diciembre  138:1.  Con  D.  Gui- 
llen, frailee.'^,  se  relaciona  el  artículo  2i;  en  el  ordenamiento  de  las  Cortes  de  Burgos- 
de  i:n9. 

{2)  Una  constitución,  fechada  en  Murcia  á  1  de  Febrero  de  ]'.]^ó,  hizo  con  su  Cabildo 
sobre  las  distribuciones  y  modo  de  servir  de  los  capellanes  (Morales,  fol.  £5,  recto). 

(D  Morales  «scviii.x— La  verdadera  fecha,  y«eroí,  22  de  Enero  de  i:ini,  resulta  de 
tres  comprobantes:  el  día  de  la  semann,  el  reinado  di;  Enrique  III  (]3í)í!.-ll(.6)  y  el  pon- 


BOSQUEJO    lUSTÓniCO    DE    LA    SEDE    CARTAGINENSE.  289 

bandositates  (1)  pro  tune  urgentes,  quibus  se  immiscere  voluil, 
ambulans  extra  Ecclesiam  per  témpora  multa  rjuasi  exul.  Et  tán- 
dem íq  suo  regressu  dcfunctus  est  et  sepultus  hic  Murciae  in 
dicto  opere  novo,  in  capaila  quam  in  capite  ipsius  operis,  sub  in- 
vocatione  beati  Hieronymi,  incoepcrat,  et  semistructam  relique- 
rat.  Ubi,  in  térra  plana,  jacet  hnmiliter  tumulatus. 

[12.]  Post  cuius  obitum,  ad  supplicationem  serenissimi  do- 
mini  regis  Henrici  eílectus  fuit  episcopus  Garthaginensis  domi- 
nus  Paulus  de  sancta  Maria,  natione  Burgensis  (2);  et  fuit  in 
ordiue  undecimus.  Hic,  tempore  suo,  de  etsuper  jurisdictioneac 
cura  et  jure  episcopali,  quam  et  quod  ecclesia  Garthaginensis  in 
praeceptoriis  et  tota  valle  de  Segura  habet,  diutius  in  Romana 
curia  litigans,  unam  pro  se  adiudicatoriam  et  ^ontra  Priorem  de 
Ucles  ordinis  Militiae  sancti  Jacobi  de  Spatha  sententiam  repor- 
lavit,  quae  etiam  in  rem  transivit  judicatam.  Hic  etiam  de  novo 
creavit  in  dicta  Ecclesia  qualuor  dimidias  portiones  sacerdotales; 
et  eas  octo  alus  dimidiis  portionibus  primaevis,  quae  ibi  erant, 
associavit.  Quorum  praetextu  et  ne  propterea  mensa  Gapitularis 
gravaretur,  summam  ducentorum  florenorum  de  Aragonia,  de 
praestimoniis  officialatus  Murciae,  eidem  mensae  quoad  potuit 
univit;  licet  unió  ipsa  nondum  sortita  fuerit  eíFectum.  Qui  post 
ea,  successu  temporis,  ab  ipsa  Garthaginensi  ecclesia  ad  Burgen- 
sem  translatus  exstitit  (3),  it  inibi  defunctus;  ac  tándem  apud 
ecclesiam  sancti  Pauli,  ordinis  Praedicatorum^  quam  de  novo 
construí  feceral,  sepultus;  ubi  honoriñce  requiescit. 

[13.]  Post  quam  quidem  translationem  sic  de  persona  ipsius 
domini  Pauli  factam  ad  Burgensem  ecclesiam,  illico  et  immedia- 


tificado  del  nntipapa  Clemente  VII  (1378-26  Setiembre  1394);  los  cuales  especifica  la 
cláusula  del  Libro  autorizado  (Morales,  fol.  373,  vuelto¡:  «Feria  quarta,  in  festo  sancti 
Vincentii  martyris,  in  die  vicésima  secunda  mensis  Januarii,  anno  a  Nativitate  Domini 
nostri  Jesu  Christi  millesimo  trecentesimo  octogésimo  octavo  'corr.  nonagésimo  quar- 
to.]»  Los  números  LXXXXIIII  ó  XCIIIl  del  más  antiguo  original  fueron,  sin  reparar 
en  el  anacronismo,  sucesivamente  transformados  en  LXXXVIIIy  XCVIII. 

(1)  De  Fajardos  y  Manueles.  Dirigiósele  un  despacho  real  (Morales,  fol.  56)  del  30  de 
Setiembre  de  139S. 

(2)  «En  el  año  de  1402,  en  que  D.  Pablo  contaba  el  52  de  su  edad.^j  España  Sagrada, 
t.  XXVI,  377. 

(3)  En  1415.  Falleció  veinte  años  después,  el  día  29  de  Agosto. 

TOMO  ni.  20 


290  boletín  de  la  keal  academia  de  la  historia. 

te  eíFectus  fuit  cpiscopus  Gartliaginensis ,  seu  de  ecclesia  Paceiisi 
Cüi  tune  praeeral  (1)  translatus,  reverendissimus  iii  Ghristo  pa- 
ter,  dominus  frater  Didacus  de  Mayorga ,  nalivus  patruus  iios- 
ter  (2)  carissimus;  et  fuit  Garthaginensis  episcopus  iii  ordine  duo- 
decimus.  Homo  magnae  scientiae  et  virtutis  per  cuius  industriam 
circumspectam  opus  novum  praedictae  ecclesiae  Jjealae  Mariae 
maioris  Murciae ,  ut  ipsa  nostra  Garthaginensis  ecclesia  sicut 
praemittitur  translata  consistit,  multimodum  recepisse  dignosci- 
tur  incrementum.  Gum  enim  tune,  temporc  videlicet  adventus 
ipsius  domini  Episcopi  (3),  ecclesia  ipsa  in  redditibus  fabricae  dc- 
putatis  paenes  nihil  haberet  pro  illius  tam  sumptuosa  construc- 
tione  praeter  unum  per  unum  terlioliim  (4)  sicut  habebat  unaquae- 
que  parochialis  ecclesia  eiusdem  civitatis,  et  sic  opus  ipsum  tam 
magnum  vix  assurgi  poterat  a  fundamentis,  ipse  Dominus,  de- 
fectui  tanti  operis  providens,  de  consilio  volúntate  et  assensu  do- 
minorum  Decani  et  Gapituli  ac  cleri  universi  suae  dioecesis  syno- 
daliter  congregati^  pie  statuit  et  ordinavit  ut  annis  singulis  ex 
fructibus  decimalibus,  ecclesiae  et  dioecesis  Garthaginensis  ad 
eosdem  dóminos  Episcopum,  Decauum  et  Gapitulum  ac  clerum 
et  ecclesias  suas  parochiales  spectantibus  videlicet  pro  qualibet 
parochia  ipsius  dioecesis,  omnes  fructus  decimales  quinti  deci- 
matoris,  seu  quos  quolibet  anuo  quintus  decimator  illius  paro- 
chiae  daré  deberet,  integre  habeat;  sicut  hahet  fabrica  ipsius 
ecclesiae  Gathedralis  perpetuo  pro  illius  constructione  et  alus  ne- 
cessitatibus  suis.  Qua  ex  causa,  ex  tune  iu  antea  dictumopus  con- 
tinuatum  exstitit;  ac  votivum,  ut  supra  meminimus,  habuit  in- 
crementum. In  quo  etiam  idein  Dominus  capellam  unam,  sanc- 
torum  Francisci  et  Antonii  de  Padua  invocationibus  inslituit 
et  dotavit. 

Ilic  etiam  tempore  suo  consuetam^  sive  regulam  divinorum 


(1)  Le  sucedió  en  la  mitra  de  Badajoz  Fraj-  Juan  de  Morales. 

(2)  Nuestro  tío  carnal.— Kra  franciscano.  Suelea  llamarle  los  historiadores  Fray 
Diegro  de  Bedán,  probablemente  en  razón  de  su  apellido;  pero  el  nombre  de  su  patria 
seria,  por  lo  visto,  Mayorga  de  Campos,  villa  no  muy  distante  de  Valencia  de  Dou 
Juan,  en  cuyo  distrito  está  la  dehesa  y  solar  de  Conwntes. 

(:J)    En  lim. 

(4;    Uno  iior  uno,  ó  un  tercio  de  la  décima  por  cada  parroquiano. 


BOSQUEJO  msTÓiur.o  dh  la  seüií  cartaginense.  291 

officiorum  iii  eadcni  Ecclesia  reperlam  iiiuovavit,  et  quasi  e  novo 
edidit;  et  juxta  illam  novuin  missalo,  complelum  oíiicium  conü- 
nens  quale  antea  secundum  regulam  istam  Garthagiiieiisem  coiis- 
«riptum  non  fncrat,  e  novo  romposuit  et  Ecclesiae  legenduiu 
dedil. 

Quo  tándem  post  multa  (I)  ila  ad  decrepitalomdeducto  nt  jani. 
in  lecticulo  suo  coalinue  jaceiis,  quicquid  de  bis  quae  pontifica- 
lis  officii  sunt  exercere  nequirel,  dominus  papa  Eugenias  IV,  vo- 
iens  indemnitati  ipsius  Ecclesiae  praecavere,  eum  a  vinculo  quo 
ipsi  Garthaginensi  ecclesiae  tenebatur  absolvens,  ipsum  ab  ea  ad 
ecclesiam  Gaesariensem  transtulit;  ac  de  persona  nostra  eidem 
Cartbaginensi  ecclesiae,  sic  per  huiusmodi  absolutionem  vacanti, 
providit;  nosque  ipsum  illi,  Deo  gratias,  in  episcopum  praeficere 
voluit  et  pastorem. 

Post  quam  translationem,  paucis  cvolutis  diebus,  idem  domi- 
nus frater  Didacus,  sic  archiepiscopus  eífectus,  apud  jam  dictam 
civita,tem  Murciae,  die  Martis,  quaecomputabatur  xxii  Maii,  anni 
Domini  millcsimi  quadringentesimi  quadragesimi  secundi  (2)  in 
nocte  obiit;  et  requiescit  sepultus  ad  praesens  in  praedicta  eccle- 
sia beatae  Mariae  maiore,  quam  ibi  fecerat  ut  praefertur. 

[14.]  Unde  Nos  Didacus  de  Gomontes,  Garthaginensis  epis- 
copus  jam  dictus,  per  justam  viam  translationis  (3)  successisse 
dignoscimur  eidem  patruo  nostro;  et  per  consequens  ómnibus 
alus  Carthaginensibus  episcopis  praedecessoribus  suis;  qui,  ut 
praemisimus,  in  eadem  successive  fuerant  usque  ad  eum.  Qui 
omnes  et  singuli  suis  temporibus  usque  in  praesens  omnia  et 
singula  villas  et  loca  supra  designata  eum  suis  territoriis,  quae 


[\)  Morales  (fol.  682  recto-684)  inserta  una  bula  de  Eugenio  IV,  expedida  el  11  de 
Marzo  de  1431,  año  primero  de  su  pontificado,  por  la  que  delega  al  Oficial,  ó  Vicario 
del  Obispo  de  Cuenca,  para  que  proceda,  previa  información,  á  la  ejecución  de  la  vo- 
luntad de  Martino  V  (7  Marzo  1428)  en  favor  del  Obispo  de  Cartagena  Fray  Diego  y  de 
su  Cabildo  contra  los  servidores  de  la  Catedral  que  obtenían  ó  pretextaban  dispensas 
de  residencia  sin  notificarlas  en  sazón  oportuna. 

(2)  Morales  «quadringentesimo  séptimo»  cjn  error  evidente.  Murió  Fray  Diego  du- 
rante el  pontificado  de  Ev.genio  I V,  pocos  días  después  de  su  traslación  á  la  silla  metro- 
politana de  Cesárea.  Esta  circunstancia  y  la  de  ser  martes  el  22  de  Mayo  de  1442,  fijan 
la  corrección  por  hacer. 

(3)  De  su  tío  al  arzobispado  de  Cesárea. 


292  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

pro  terminis  episcopatus  ecclesiae  Garthaginensis  a  principio  sibi 
data  et  assignata  fuerant  ut  scripsimus  supra,  ac  civitates,  villas, 
castra,  térras  et  loca  alia,  quae  intra  illa  claaduntur,  seu  ab  ipsis 
designatis  circumcincta  consistunt,  eteoruní  territoriahabuerunt 
tenuerunt  et  possederant  paciñce  et  quiete  terminis  et  territorio 
ipsius  episcopatus;  et  in  hac  possessione  eamdem  Gartaginensem 
ecclesiam  per  eos  hactenus  fuisse  et  esse  reperimus,  nec  est  qui 
contrarium  viderit  umquam.  Quam  quidem  dioecesin,  sive  epis- 
copatum,  etsi  unum,  distinctum  fuisse  et  esse  comperimus  per 
membra.  Sicut  esse  conspicimus  in  Ecclesia  universali  quae,  11- 
cet  sit  una,  est  tamen  in  plura  singularia  membra  per  orbem  ter- 
rarum  diíl'usa,  ad  instar  cuius  etiam  ipsa  membra  per  submera- 
bra  quamplura  subdistincta  sunt  et  ordinata;  ita  etiam  apparet 
in  hac  ipsa  nostra  ecclesia  Garthaginensi  et  eius  jam  dicto  epis- 
copatu.  Qui,  quamquam  sit  unus  ut  praemisiinus,  est  tamen  dis- 
tinctus  in  plura  membra;  in  plure^í  videlicet  officialatus  atque  ar- 
cliipresbyteratus  et  vicariatus,  qui  ut  comperimus  noscuntur  esse 
sequéntes,  scilicet,  etc.» 

Hasta  aquí  la  copia  de  Morales.  Omite  el  cuadro  estadístico  de- 
toda  la  diócesis  que  oportunamente  daba  remate  al  histórico^ 
Merece  la  obra  de  D.  Diego  de  Comontes  un  estudio  crítico,  mu- 
cho más  detenido  que  el  que  acabo  de  hacer,  limitándome  á  cum- 
plir los  deseos  expresados  por  el  doctísimo  P.  Gams  (1)  y  por 
nuestro  sabio  compañero  el  Sr.  La  Fuente  (2)  ó  á  restituir  la  serie 
de  los  Obispos  de  Gartagena  á  la  realidad  cronológica,  no  sin 
devolver  á  su  lugar  los  períodos  del  Bosquejo  dislocados  por 
mano,  cuando  no  temeraria,  incauta.  El  sabio  y  prudente  autor 
alcanzo  los  azarosos  días  del  cisma  de  Basilea,  que  acarreó  el  es- 
trago y  pérdida  do  Gonslantinopla;  y  fué  mantenido  en  sus  dere- 
chos por  Eugenio  IV  y  Nicolao  V  contra  his  pretensiones  del  Rey 
de  Aragón  Alfonso  V,  y  las  de  aquella  turbulenta  Asamblea  con- 
vertida en  conciliábulo,  que  se  propasaron  nada  menos  que  á  eri- 
gir la  iglesia  de  Orihuela  en  catedral  independiente  de  la  de 


(1)  S'ci-ies  episcopofum  EcclesUe  CathoUcae;  Ratisbona,  187U,  pág:.  25. 

(2)  Historia  eclesiástica  de  España^  2.*  edición,  Madrid,  18'3;  tomo  iv,  pág.  487. 


BOSQUEJO    HISTÓRICO    DE    LA    SEDE    CARTAGINENSE.  293 

Murcia.  La  bula  Exposcit  desuper,  de  Nicolao  V,  copiada  por  Mo- 
rales (1),  fechada  eu  14  de  Julio  de  1451,  cerró  el  debate;  y  en- 
tonces, á  mi  ver,  libre  ya  de  carga  tan  molesta  como  absorbente, 
se  aplicó  D.  Diego  á  perfeccionar  su  trabajo  histórico.  Murió,  di- 
cen, á  G  de  Marzo  de  1458.  El  fin  de  su  episcopado  viene  señalado 
por  una  carta  de  Enrique  IV,  que  notifica  la  promoción  del  sucesor 
y  que  Morales  (fol.  132  vuelto)  describe  así:  ^(Carta  del  mismo 
jS."''  Rey  D."  Enrique  en  que  da  cuenta  como  Su  Santidad  lia  pro- 
visto de  este  Obispado  á  D.°  Lope  de  Rivas^  Prior  de  Osma^  Oydor 
del  Consejo  de  S.  M.  y  Capellán  Mayor  de  la  Reina^  la  qual  [pro- 
visión Su  Santidad]  ha  executado  á  petición  de  Sus  Magestades. 
[Fecha  en]  Soria,  16  Mayo  Í45y.» 


Madrid,  12  Octubre,  1883. 


Fidel  Fita. 


IV. 

'COMPENDIO  DE  LA  HISTORIA  DE  BURGOS ,  POR  D.   ANTONIO   BUITRAGO. 


En  cumplimiento  del  encargo  que  se  ha  servido  darle  el  señor 
Director  de  la  Academia  para  informarla  acerca  de  la  obra  de  don 
Antonio  Buitrago  y  Romero,  titulada  Compendio  de  la  Historia 
-de  Burgos,  remitida  por  la  Dirección  general  de  Instrucción  pú- 
blica para  los  efectos  del  Real  decreto  de  J 2  de  Marzo  de  1875,  el 
que  suscribe  entiende  que  dicha  obra  no  se  encuentra  compren- 
dida con  todo  rigor  en  el  caso  del  art.  3."  de  aquella  disposición, 
el  cual  exige  la  condición  de  relevante  mérito  para  su  propia  y 
estricta  aplicación;  pues  aunque  revele  en  su  autor  buenas  con- 
diciones de  estudio  y  conocimientos  bastantemente  bien  aprove- 

(1)    Folio  681  vuelto-692  recto. 


29i  BOLETÍN    DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

chados  de  nuestros  historiadores  modernos  y  de  las  crónicas  cas- 
tellanas por  ellos  publicadas,  no  es  el  resultado  de  prolijas  inves- 
tigaciones sobre  los  documentos  originales. 

Escrito,  como  confiesa  paladinamente  su  autor,  sin  ánimo  de 
emprender  la  ardua  tarea  de  formar  una  verdadera  Historia  de 
Burgos,  la  cual  sintetizase  y  compilase  lo  mucho  que  se  ha  im- 
preso en  tal  materia,  porque  ni  su  suficiencia,  como  dice  con  lau- 
dable modestia,  podría  atreverse  coa  obra  tan  superior  á  ella,  ni 
las  condiciones  del  certamen  á  que  se  presentaba,  convocado  por 
aquel  Ayuntamiento,  hacían  presumir  que  fuera  ésto  su  deseo; 
es  el  trabajo  de  que  se  trata,  un  compendio  para  uso  de  las  es- 
cuelas, dividido  en  capítulos  y  lecciones  arregladas  al  tenor  de 
los  primeros  en  la  forma  de  preguntas  y  respuestas  para  la  en- 
señanza de  los  niños,  disposición  adecuada  á  su  objeto,  pero  que 
demuestran  cuáles  fueron  las  primeras  pretensiones ,  cuyo  éxito 
favorable  ha  alentado  después  otras  más  elevadas. 

No  es  tampoco  haber  heclio  una  historia  lata,  para  luego  com- 
pendiarla, como  se  necesitaría  indudablemente,  si  se  quiere  darle 
el  carácter  de  originalidad  que  también  exige  el  artículo  citado, 
sino  haber  extractado  los  sucesos  principales  en  que  funda  su 
gloria  aquella  nobilísima  ciudad,  lo  que  declara  haberse  propues- 
to el  Sr.  Buitrago  y  exponerlos  en  un  lenguaje  comprensible  para 
los  niños,  dando  cuenta  de  los  conocidos  por  la  generalidad,  con 
tal  de  hallarse  comprobados  por  documentos  y  autgres  de  reco- 
nocido crédito.  En  el  desempeño  de  este  propósito  ha  llenado  cum- 
plidamente, en  mi  juicio,  los  loables  anhelos  de  la  indicada  Cor- 
poración municipal  y  las  condiciones  del  certamen  celebrada 
bajo  los  auspicios  de  ésta  en  aquella  ciudad,  al  que  ganoso  de 
honra  acudió  entonces  el  propio  señor,  viendo  justamente  lau- 
reada su  obra  con  el  primer  premio,  regalo  de  S.  M.  el  Rey;  pero 
por  lo  mismo  ha  sido  suficientemente  recompensado  en  el  verda- 
dero y  determinado  punto  á  que  limitaba  sus  legítimas  aspira- 
ciones. 

Ahora  las  extiende  á  recibir  nuevo  galardón,  solicitando  la  pro- 
tección y  auxilio  del  Gobierno  con  la  compra  de  ejemplares  que 
se  destinen  á  las  Bibliotecas  píiblicas;  para  lo  cual,  téngase  en 
cuenta  que  el  níimero  de  las  oficiales  de  esta  clase  no  llega  á  30 


COMPEiNDIO    DE    LA    HISTORIA    DE    BURGOS.  -295 

en  todií  la  Península,  y  mejor  que  en  ellas  podrá  prestar  utilidad 
en  las  llamadas  Bibliotecas  populares  la  obra  en  cue5li(3n,  [iorquc 
su  interés  no  os  el  de  los  trabajos  de  crítica  especial,  y  como  resu- 
raen  está  localizado  en  la  ciudad  á  que  se  refiero,  no  alcanzando 
alas  otras,  sino  con  relación  á  los  sucesos  generales  consignados 
en  las  demás  historias  y  compendios  de  la  do  España. 

En  atención  á  ello,  el  informante  cree  de  su  deber  manifestar 
que  el  caso  no  es  en  su  concepto  el  de  la  aplicación  delart.  3.",  sino 
sólo  del  1.°  del  Real  decreto  mencionado,  bastando  á  satisfacer  el 
mérito  ya  ciertamente  premiado  sin  usura  en  este  libro,  y  el  fin 
de  que  se  distribuya  entre  varias  Bibliotecas,  la  compra  de40  ejem- 
plares, que  al  precio  de  G  pesetas  no  excede  de  las  250  señaladas 
por  dicho  art,  1." 

La  Academia,  no  obstante,  resolverá,  como  siempre,  lo  más 
acertado. 

Madrid  25  de  Mayo  de  1883. 

Manuel  Oliver  y  íIurtado. 


V. 


MONUMENTOS  ANTIGUOS  DE  LA  IGLESIA  COMPOSTELANA. 


Por  encargo  de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  he  examinado 
con  atención  la  obra  intitulada  Monumentos  antiguos  de  la  Igle- 
sia Compostelana.  Sus  autores,  D.  Antonio  López  Ferreiro  y  el 
R.  P.  Fidel  Fita,  S.  J.  (individuos  los  dos  de  esta  Academia,  el 
primero  en  la  clase  de  correspondientes  y  el  segundo  en  la  de 
numerarios),  gozan  ya  bien  ganada  fama  de  investigadores  histó- 
ricos en  las  cuestiones  relativas  á  Santiago  y  su  Iglesia,  y  el 
presente  libro  viene  á  acrecentarla  y  confirmarla. 

Cualquiera  que  sea  la  opinión  que  se  forme  acerca  de  los  mo- 


290  boletín  de  la  real  agademl^  de  la  historla. 

demos  descubrimientos  relativos  á  la  sepultura  del  Apóstol,  siem- 
pre teudrá  que  reconocerse  que  han  sido  de  influencia  eficacísi- 
ma en  el  desarrollo  de  la  historiografía  corapostelana,  como  lo 
acreditan,  entre  otros  documento?,  el  viaje  arqueológico  de  los  se- 
ñores Fernández  Guerra  y  Fita,  los  numerosos  escritos  del  Sr.  Fe- 
rreiro,  y  el  libro  á  cuya  recomendación  más  que  censura  van  di- 
rigidas estas  líneas. 

Gompónese  de  varias  monografías,  cuyos  asuntos  son  muy  di- 
versos, y  aun  independientes,  algunos,  de  la  Iglesia  de  Santiago, 
aunque  convengan  todas  ellas  en  estar  fundadas  en  documentos 
de  aquel  archivo.  Las  recorreremos  rápidamente,  fijándonos  con 
especial  ahinco  en  las  noticias  nuevas  que  contienen. 

Dase  noticia  en  el  primer  artículo  de  un  solitario  códice  del 
Palacio  arzobispal  dQ  Compostela,  que  los  g-uardaba  antes  precio- 
sísimos. Este  códice  es  un  Tumbo  del  siglo  xv  en  vitela,  copia  de 
otro  que  los  Canónigos  de  Santiago  presentaron  eu  1457  al  Arzo- 
bispo D.  Rodrigo  de  Luna.  Este  Tumbo,  escrito  en'gallego,  pre- 
senta especial  interés  lingüístico,  topográfico,  y  aun  de  costum- 
bres, pudiendo  recogerse  en  sus  páginas  desconocidas  enseñan- 
zas sobre  el  estado  de  la  propiedad  rural  en  Galicia,  en  los  tiem- 
pos en  que  se  hizo  este  apeo  y  deslinde  por  encargo  del  cabildo 
iriense.  De  Juan  Rodríguez  del  Padrón  y  de  su  hacienda,  encuén- 
trase en  este  códice,  mención,  no  inútil  para  concordar  los  datos 
de  su  vida,  que  va  poniendo  en  claro  el  P.  Fita.  Encierra  además 
este  artículo,  un  texto  del  Fuero  del  Padrón,  que  sería  bien  cote- 
jar con  el  impreso;  y  una  escritura  deD.  Diego  Gelmirez,  de  rui- 
dosa memoria,  en  la  cual,  aquel  prelado  hace  referencia  á  las  in- 
vasiones de  los  normandos,  y  á  sus  tentativas  de  profanación  del 
lugar  apostólico,  explicando  luego,  á  su  modo,  cómo  para  salvar 
el  cuerpo  del  Apóstol,  hubo  de  impetrar  el  Rey  de  León  por  me- 
dio de  sus  embajadores  en  la  curia  romana,  la  traslación  de  la 
sede  iriense  á  Compostela.  Lo  más  curioso  que  este  documento 
(artificioso  y  amañado  como  todas  las  cosas  de  Gelmirez),  contie- 
ne, es,  sin  duda,  la  memoria  de  las  concesiones  hechas  por  el 
obispo  Sisnando  á  la  gente  de  guerra  para  defender  el  país  de  la 
invasión  de  los  normandos,  y  las  donaciones  sucesivas  del  obispo 
Crescónio  al  cabildo  de  Iria,  para  resarcirle  de  las  pérdidas  á  que 


MONUMENTOS    ANTIGUOS    DE    LA    IGLESIA  COMPOSTELANA.         207 

la  liberalidad  de  su  antecesor  le  había  expuesto.  Todo  esto  parece 
de  autoridad  histórica  no  controvertible  y  viene  á  derramar  ines- 
perada luz  sobre  la  restauración  de  la  canónica  iriense  hecha  por 
Gelmirez  en  1134,  y  tan  de  mala  fe  embrollada  por  los  autores 
de  la  Historia  Compostelana.  Con  este  motivo  se  aclaran  muy  cu- 
riosos particulares  geográficos  respecto  de  los  puntos  de  Galicia 
terriblemente  visitados  por  los  normandos. 

Si  es  lícito  poner  algún  reparo  á  trabajo  tan  bien  concebido 
como  lo  es  esta  primera  monografía,  quizá  podrá  notar  alguien 
que,  encariñados  los  autores  con  el  esplendor  de  la  Iglesia  com- 
postelana, lleguen  á  insinuar,  aunque  de  pasada,  indicaciones  fa- 
vorables al  llamado  Voto  de  Santiago,  dando  así  fuerza  al  espíri- 
tu de  reacción  que  hoy  se  despierta  en  nuestros  historiógrafos 
locales,  y  que  á  la  larga  puede  llevarnos  á  consecuencias  aún  más 
funestas  que  las  del  espíritu  escéptico.  Y  tampoco  se  ha  de  omi- 
tir que  quizá  los  autores  conceden  demasiada  importancia  al  con- 
cilio compostelano  de  987,  y  á  la  elección  que,  fundados  no  sabe- 
mos en  qué  ley  canónica,  hicieron  aquellos  prelados  de  arzobispo 
de  Tarragona  á  favor  del  abad  Cesáreo,  que  ahincadamente  lo  co- 
licitaba. Pues  aunque  este  hecho  sirva  para  demostrar  el  gran 
crédito  de  que  en  toda  España  gozaba  la  sede  de  Gompostela,  hasta 
el  punto  de  que  los  ambiciosos  hiciesen  servir  la  sombra  de  su 
autoridad  para  sus  entremetimientos;  también  lo  es  que  el  Papa 
anuló  semejante  elección,  viniendo  á  negar  implícitamente  la  au- 
toridad de  los  prelados  gallegos  y  leoneses  que  la  hicieron. 

En  la  segunda  monografía  se  da  cuenta  de  las  iglesias  que  per- 
tenecieron á  la  sede  iriense  antes  del  año  631,  conforme  á  un  có- 
dice del  archivo  capitular  de  Santiago,  que  lleva  por  título  Con- 
cordias con  esta  ciudad,  privilegios  y  constituciones.  Este  manus- 
crito, que  como  se  ve,  consta  todo  de  copias,  abarca  el  texto  del 
Concilio  de  Lugo  de  569,  ya  publicado  por  el  P.  Risco,  é  ilustra- 
do por  nuestros  autores  con  enmiendas  útiles,  y  unos  apunta- 
mientos inéditos  de  gran  interés  para  la  geografía  gallega.  Pa- 
recen fragmentos  de  algunas  actas  conciliares. 

En  el  tercer  artículo  reconoce  lealmente  el  P.  Fita,  con  la  since- 
ridad propia  del  verdadero  mérito,  que  seis  de  los  concilios  pu- 
blicados por  él  como  inéditos  en  1882,  estaban  ya  impresos  en  el 


■208  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMLl    DE   LA    HISTORLA. 

Último  apéndice  de  la  colección  del  Sr.  Tejada;  y  tomando  pié  de 
aquí,  procede  á  la  publicación  de  otras  actas  realmente  nuevas,  es 
ú  saber:  las  de  los  tres  concilios  de  Santiago  de  17  de  Agosto  de 
1289,  27  de  Mayo  de  1309  y  3  de  Setiembre  de  1313,  dando,  ante 
todo,  erudita  noticia  de  sus  fnentes,  que  son  varios  códices,  to- 
dos del  archivo  de  la  Iglesia  compostelana. 

En  la  memoria  núm.  4  se  describe  un  nuevo  Tumbo  compos- 
telano,  marcado  con  la  letra  A  é  ilnstrado  con  retratos  curiosísi- 
mos, de  que  ya  se  dio  alguna  muestra  en  el  viaje  de  los  Sres.  Fer- 
nández Guerra  y  Fita. 

¡Lástima  que  hayan  perecido  los  demás  códices  compañeros  de 
este  Tumbo,  que  debieron  ser  cinco  por  lo  menos,  y  formar  en 
conjunto  una  serie  diplomática  curiosísima,  ordenada  por  el  ar- 
chivero D.  Bernardo,  en  tiempo  del  Emperador  Alfonso  VII! 

De  los  28  obispos  santos  sepultados  en  la  Iglesia  de  Iria  se  da 
razón  en  el  capítulo  5.°,  con  motivo  de  una  frase  del  Arzobispo 
Gelmirez  en  el  acta  de  restauración  de  la  canónica  iriense.  Los  se- 
ñores Ferreiro  y  Fita  apuntan,  no  más  que  como  conjetura,  que 
algunos  de  estos  obispos  pudieron  padecer  martirio  en  alguna 
persecución  suscitada  por  los  reyes  suevos  contra  el  catolicismo. 

Sobre  el  códice  calixtino  de  celebridad  tan  notoria,  y  cuya  ín- 
tegra publicación  deberán  pronto  los  doctos  al  celo  de  esta  Aca- 
demia ,  versa  la  monografía  sexta ,  donde  el  P.  Fita  reproduce  y  co- 
menta de  nuevo  el  prólogo  que  Arnaldo  del  Monte,  monje  de 
Ripoll,  puso  al  frente  de  sus  extractos  de  aquel  famoso  y  contro- 
vertido monumento.  Tan  á  continuación  el  himno  de  Aimerico 
Picaud  y  el  de  los  Peregrinos  flamencos,  que,  interesante  como 
poesía,  lo  será  todavía  más  como  música,  cuando  los  doctos  ati- 
nen con  la  clave  de  sus  signos  arcanos ,  y  acierten  á  leerlos. 

Completan  este  volumen  varios  documentos  relativos  á  la  so- 
lemnidad de  la  Inmaculada  Concepción ,  y  al  modo  de  celebrarla 
en  Santiago  durante  el  siglo  siv  í  por  donde  se  ve  que  aquella  Igle- 
sia se  adelantó  á  la  misma  de  Cantorbery,  cuyo  decreto  de  1329 
se  citaba  hasta  ahora  como  el  más  antiguo  de  los  que  ordenaron 
aquella  solemnidad).  Todavía  ilustran  más  esta  materia  un  rezo 
antiguo  de  la  Inmaculada  transcrito  ala  letra  y  lleno  de  fragmen- 
tos poéticos  curiosos,  la  misa  y  el  rezo  de  la  fiesta  de  la  Santifica- 


MONUMKNTOS    ANTIGi  OS    DK    L.V    IGLESIA  COMPOSTELANA.         209 

(ñóii  de  Nuestra  Señora,  tal  como  se  celebraba  eu  Gerona  en  1330, 
muy  diverso  del  que  publicaron  los  PP.  Merino  y  La  Canal  en 
el  tomo  XLiv  de  la  España  Sagrada,  cuyo  texto  enmienda  el 
P.  Fita  con  presencia  de  un  hermoso  misal  del  archivo  gerun- 
dense,  y  finalmente  el  bellísimo  oficio  de  la  Virgen,  compuesto  á 
ruegos  de  Alfonso  el  Sabio,  por  Egidio  ó  Gil  de  Zamora,  pieza  la 
más  curiosa  para  el  estudio  do  la  poesía  himuologica,  entre  todas 
las  coleccionadas  por  el  P.  Fita,  el  cual  narra  además  con  exqui- 
sita novedad  las  vicisitudes  de  la  fiesta  de  la  Santificación  hasta 
la  época  del  Concilio  de  Basilea,  y  trata  de  restaurar  la  verdadera 
lección  del  oficio  compostelano,  con  ayuda  délos  de  Toledo,  León, 
Badajoz  y  Braga. 

No  basta  tan  sumario  extracto  para  dar  idea  de  todos  los  des- 
cubrimientos paleográficos  y  arqueológicos  contenidos  en  estas 
190  páginas.  La  Academia  dará,  sin  duda,  la  estimación  debida 
á  esta  obra  que  no  es  de  las  que  pueden  esperar  el  aplauso  del 
vulgo,  pero  sí  de  las  que  el  juicio  de  los  doctos  debe  proteger  y 
galardonar,  facilitando  y  estimulando  así  las  laboriosas  pesqui- 
sas de  sus  autores. 

La  Academia  resolverá,  como  siempre,  16  más  oportuno. 

Madrid,  Octubre  de  1883. 

Marcelino  Menéndez  y  Pelayo. 


VL 

MALAGA  MUSULMANA,  POR  D.  FRANCISCO  GUILLEN  Y  ROBLES. 


Excmo.  Sr.:  Culto  á  la  verdad,  amor  á  la  patria,  son  los  lemas 
que  ha  estampado  nuestro  correspondiente  D.  Francisco  Guillen 
y  Robles  al  frente  del  libro ,  lleno  de  erudición  y  dotado  de  vivo 
interés,  que  se  tiliúa,  Málaga  Musulmana.  Más  que  en  parte  al- 


300  BOLETÍX   DE    LA    REAL    ACADEMLA.    DE    LA    HIST0RL4. 

guna  necesita  la  historia  salir  cu  España  del  angosto  cauce  de  los 
moldes  convencioaales  en  que  la  tenía  encerrada  la  tradición  de 
las  escuelas  retóricas,  más  dadas  á  considerarla  como  campo 
donde  lucir  las  galas  del  ingenio,  que  como  asunto  de  pacientes 
pesquisas  y  serias  meditaciones;  y  para  alcanzar  tan  indispensa- 
ble resultado,  no  hay  otro  camino  que  multiplicar  los  estudios 
parciales  y  las  monografías  ó  historias  particulares,  y  llegar, 
por  la  suma  y  comparación  de  las  partes,  A  la  creación  ordenada 
y  sólida  del  conjunto  á  que  aspira  la  crítica  moderna. 

Málaga  Musulmana  es  obra  de  aquel  género;  pues  se  concreta, 
no  sólo  ú  la  historia  de  una  ciudad,  sino  á  limitado  período  his- 
tórico, el  de  la  dominación  árabe,  tan  menospreciado  por  nues- 
tros clásicos  como  exageradamente  encomiado  por  los  primeros 
renovadores  de  estos  estudios,  y  que  hoy  empieza  á  verse  con 
aspecto  de  verdad  y  medida  de  justicia,  gracias  á  las  numero- 
sas publicaciones  de  textos  bien  compulsados. 

La  consumada  pericia  del  autor  en  letras  orientales  le  ha  per- 
mitido aumentar  con  rico  caudal  lo  que  hasta  ahora  se  sabía  de 
aquellos  revueltos  tiempos,  y  su  lozana  imaginación  andaluza  da 
á  la  verdad  de  los  hechos  tan  vivo  colorido ,  que  impide  dejar  el 
libro  de  las  manos,  una  vez  empezada  la  lectura  de  cualquier  ca- 
pítulo. De  los  más  importantes,  por  su  extensión  y  novedad,  son 
los  que  contienen  la  larga  historia  de  la  dinastía  hamudí,  pre- 
ciada de  nobilísima  ascendencia,  tenaz  en  su  empeño  de  ocupar 
en  Córdoba  un  trono  que  hubo  al  fin  de  asentar  en  Málaga.  El 
verdadero  concepto  de  las  costumbres  de  aquellas  edades  resulta 
bien  claro  cuando  trae  á  la  vista  la  caballeresca  bizarría  de  la  fa- 
milia de  Esquirol  ó  Escallola,  de  pura  sangre  indígena,  como 
tantas  otras,  procedentes  de  la  gran  masa  de  españoles  islamiza- 
dos y  progenitura  ésta,  por  línea  femenina,  de  la  brillante  casa 
real,  en  cuyas  manos  acabó  el  poder  musulmán  en  España.  Con 
la  justa  severidad  propia  de  quien  ejerce  el  augusto  ministerio 
de  la  historia,  lanza  el  Sr.  Guillen  merecida  censura ,  aun  á  costa 
de  aminorar  en  mucho  su  tradicional  aureola,  sobre  aquella  gente 
nazarita,  cuyas  pasiones  raheces  precipitaron  la  catástrofe  que 
lloran  todavía  los  nieíos  de  los  desterrados.  Preparación  y  anun- 
cio de  este  último  paso  de  la  épica  reconquista  fué  el  asedio  y  ex- 


MÁLAGA    MUSULMANA.  301 

pugnación  de  Málaga;  ocasión  de  insignes  proezas  y  crueles  des- 
venturas, campó  donde  la  codicia  de  unos  y  la  flaqueza  de  otros 
empañaron  el  lustro  que  por  igual  alcanzaran  para  todos  el  ho- 
nor, el  ardimiento,  la  obstinación  y  el  amor  de  la  patria.  La  con- 
quista de  Málaga  fué  de  las  últimas  en  que,  conforme  á  las  cos- 
tumbres antiguas,  una  población  entera,  desposeída  de  todos  sus 
bienes,  muebles  y  alhajas,  era  arrancada  de  cuajo  do  sus  hogares 
y  condenada  á  la  servidumbre  ó  al  destierro;  y  el  corazón  gene- 
roso del  autor,  movido  por  tanta  lástima,  marca  con  duro  estigma 
la  crueldad  de  los  vencedores  al  cargar  de  cadenas  al  constante  y 
valeroso  Zegrí,  indomable  caudillo  de  la  defensa,  no  menos  que 
su  avaricia,  no  saciada  con  cuantas  ropas,  joyas  y  dineros  poseía 
la  mísera  y  extenuada  población  civil,  obligada  á  mendigar  sin 
fruto  en  Granada  el  complemento  de  un  rescate,  que  en  tiempos 
más  felices  recibieran  todos  los  cautivos  muslimes  de  la  pródiga 
mano  de  los  malagueños. 
No  basta  hoy  la  investigación  atenta  de  los  sucesos  políticos  y 
*  militares  para  dar  por  acabado  un  trabajo  histórico;  el  lector 
entendido  quiere  conocer  la  sociedad  en  su  vida  interna,  con  sus 
costumbres,  sus  obras,  sus  instituciones  y  sus  ideales.  Persua- 
dido de  esto  nuestro  docto  correspondiente,  dedica  la  mitad  del 
volumen  á  cuanto  saberse  puede  acercado  arqueología  y  letras  de 
la  Edad  Media.  Una  de  las  cosas  en  que  ha  puesto  mayor  diligen- 
cia es  en  estudiar  la  topografía  de  la  ciudad  y  sus  contornos,  y 
consultando  relaciones  antiguas,  noticias  geográficas,  mapas  y 
planos,  inéditos  muchos,  y  sobre  todo,  estudiando  y  comparando 
vestigios  que  quedan  aún  en  algunos  parajes,  levanta  de  nuevo  á 
los  ojos  del  lector  atento  la  activa  cuanto  estrecha  factoría  fenicia, 
el  ostentoso  municipio  romano  y  la  rica,  populosa  é  inquieta  ciu- 
dad árabe,  transformada,  por  obra  de  las  armas,  en  colonia  de 
caballeros  cristianos  procedentes  de  todos  los  reinos  de  la  penín- 
sula. La  cerámica,  la  indumentaria,  la  arquitectura,  y  muy  espe- 
cialmente la  numismática,  nada  dejan  que- desear  en  este  libro, 
donde  el  número  de  láminas,  de  grabados  y  hasta  de  trozos  de 
difícil  composición  en  caracteres  arábigos,  demuestra  que  no  so 
ha  perdonado  dispendio  ni  fatiga  para  llegar  dignamente  al  fin 
deseado. 


,")02  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Xo  menos  atención  que  á  las  obras  de  manos  se  dedica  en  esta 
monografía  á  las  del  ingenio,  dando  á  conocer  la  vida  y  escritos 
de  los  literatos  malagueños,  especialmente  desde  el  tiempo  en  que 
la  disolución  del  califato  llevó  ¿i  la  hermosa  ciudad  del  Medite- 
rráneo un  centro  político  importante.  Entre  multitud  de  teólogos 
y  poetas  descuella  la  simpática  figura  del  infortunado  filósofo  y 
poeta  hebreo  Aben  Chebirol,  con  la  despreciable  del  desatentado 
cortesano  de  D.  Juan  I  de  Castilla,  Garci-Fernández  de  Gerena, 
cristiano  y  moro,  casado  y  ermitaño,  renegado  y  penitente;  ocu- 
pan digno  puesto  las  memorias  del  docto  naturalista  Ebn  Albéi- 
tar,  cuyas  obras  se  pueden  ya  disfrutar  por  la  perseverante  labo- 
liosidad  de  la  erudición  alemana;  y  sobre  este  campo  de  atildados 
prosistas,  sutiles  jurisconsultos,  delicados  rimadores  y  sabios 
austeros,  brillan  como  luciente  constelación  dos  poetisas  insig- 
ues, cuyas  composiciones  hacen  ¡jensar  que,  si  las  españolas  ma- 
nejaron la  pluma  con  mayor  frecuencia  relativa  que  las  demás 
mahometanas,  consiste  en  que  la  mujer  mantuvo  en  nuestra  tie- 
rra la  dignidad  del  puesto  á  que  la  había  levantado  la  ley  evan- 
gélica, con  lo  cual  se  ve  cómo  la  buena  semilla  ,  si  ha  arraigado 
con  vigor  y  lozanía,  no  se  deja  extirpar  del  todo  por  la  cizaña. 

Las  consideraciones  precedentes,  en  que  la  afición  á  los  estu- 
dios orientales  no  ha  sido  parte  para  exagerar  por  estilo  alguno 
el  mérito  del  nuevo  libro,  muestran  sobradamente  que  es  acree- 
dor, como  pocos,  á  la  protección  del  Gobierno,  y  que  merece  una 
declaración  explícita  de  hallarse  comprendido  en  la  letra  y  en  el 
espíritu  del  Real  decreto  de  12  de  Marzo  de  1875. 

La  Academia  resolverá,  como  siempre,  lo  más  acertado. 

Madrid,  27  Abril  ISSIJ. 

Eduardo  Saavedra. 


VARIEDADES 


EL  MUSEO  ARQUEOLÓGICO  DE  CONSTANTINOPLA. 


Gonslruida  por  Coiifitautino  el  Grande,  en  los  principios  de  la 
€uarta  centuria;  arruinada  después  por  un  incendio  en  tiempo  do 
Justiniano;  reedificada  por  este  Emperador;  destruida  de  nuevo 
por  un  terremoto  en  el  siglo  viir,  y  levantada  otra  vez  por  León 
ísáurico,  la  iglesia  de  Santa  Irene  en  Gonstantinopla,  parece  ha- 
J)er  conservado  su  primitiva  planta  después  de  tantas  vicisitudes, 
aunque  se  sospecha  con  fundamento  que  la  primera,  edificada 
por  Constantino,  fué  más  pequeña.  No  es  la  actual  la  única  igle- 
sia que  hubo  en  Gonstantinopla  dedicada  á  Santa  Irene:  Mai-cia- 
no  levantó  otra  á  la  entrada  del  Cuerno  de  Oro  ^  y  otra  había  en 
un  paraje  llamado  Sw'a  (higuera) ;  pero  de  todas  ellas,  la  más  im- 
portante fué  la  que  ahora  estudiamos,  dentro  de  cuyas  naves  tuvo 
lugar  un  concilio  célebre.  Esta  iglesia  se  encuentra  cerca  de  la 
coca  real  ó  casa  de  moneda,  y  se  halla  convertida  en  armería,  y 
sus  edificaciones  adjuntas  en  Museo  arqueológico. 

Por  rara  excepción ,  la  iglesia  cristiana  de  Santa  Irene  nunca 
■estuvo  convertida  en  mezquita,  sirviendo,  desde  hace  mucho 
tiempo,  para  el  uso  á  que  está  destinada,  de  parque  ó  depósito  de 
íirmas. 

La  planta  de  esta  notable  iglesia  bizantina  es  un  rectángulo 
prolongado,  con  orientación  de  Ocaso  á  Oriente,  dividido  el  inte- 
rior en  nave  central  y  laterales  mucho  más  bajas,  todas  ellas  ce- 
rradas con  bóveda  y  sostenidas  por  pilares  de  planta  rectangular. 


304  boletín  de  la  real  academlv  de  la  historla. 

Tiene  dos  cúpulas  de  14,50  m.  de  diámetro;  pero  la  que  podernos 
llamar  principal  ó  de  crucero,  es  circular,  y  oblonga  la  que  se 
halla  hacia  los  pies  de  la  iglesia,  en  la  misma  nave  central,  sepa- 
rándolas un  gran  arco,  así  como  otro  de  más  anchura  continúa 
la  nave  hasta  la  capilla  mayor;  de  modo,  que  la  nave  central  está 
formada,  después  del  narteh^  primero  por  una  cúpula  elíptica,  que 
tiene  su  eje  mayor  en  el  sentido  de  la  anchura  de  la  nave ,  des- 
pués por  un  gran  arco,  que  apoya  sobre  gruesos  pilares,  luego 
por  la  gran  cúpula  circular,  mucho  más  elevada  que  la  anterior^ 
y  después  por  otro  gran  arco,  tras  del  cual  se  encuentra  el  casca- 
rón del  ábside  ó  capilla  mayor.  La  gran  cúpula  se  levanta  sobre 
un  tambor  circular,  y  aparece  completamente  diáfana,  con  20  ven- 
tanas de  arco  semicircular,  ventanas  cuyos  pilares  ó  macizos  van 
reforzados  á  la  parle  exterior  por  contrafuertes,  que  llegan  hasta 
el  arranque  de  sus  arcos.  Sobre  las  bajas  naves  laterales  se  levan- 
tan las  tribunas  del  gineceo  ó  sitio  destinado  á  las  mujeres.  Los 
lados  Sur  y  Norte  del  rectángulo  general  que  forma  la  planta, 
están  formados  por  dos  grandes  arcos,  unidos  mejor  que  cerrados 
por  muros,  pues  estos  se  presentan  casi  diáfanos,  abiertos  en  tres 
(jrdenes  de  ventanas,  disposición  que  explica  el  origen  de  análogo 
cerramiento  en  los  templos  ojivales.  En  la  actualidad,  y  temiendo 
acaso  por  la  conservación  del  edificio^  gran  parte  de  estas  venta- 
nas están  cerradas;  pero  puede  formarse  idea  del  aspecto  de  atre- 
vimiento y  ligereza  que  tendría  esta  iglesia,  en  la  q-ue  aparecen 
suprimidos  los  muros  continuos,  sustituyéndolos  con  órdenes  de 
ventanas  sobrepuestas.  La  construcción  de  los  muros  exteriores 
es  de  hiladas  de  mármol  y  ladrillo  alternadas,  y  ofrece  la  parti- 
cularidad de  que  las  uniones  ó  lecho  de  la  argamasa,  principal- 
mente en  las  de  ladrillo,  tienen  un  espesor  de  4  á  5  centímetro?, 
y  llevan  un  relieve  moldeado  en  forma,  ya  de  greca  angulosa  ó  ya 
de  meandro.  Las  cubiertas  están  resguardadas  con  plomo  y  los 
frontones  con  tejas. 

El  interior  de  este  templo,  en  su  decorado,  es  tan  sencillo  como 
majestuoso.  Solamente  le  adornan  algunas  molduras  de  mármol 
blanco  fuertemente  perfiladas,  y  las  bóvedas  conservan  todavía, 
en  parte,  la  rica  decoración  de  mosaicos  á  la  manera  bizantina,  que 
las  enriquecían.  Los  antepechos  del  gineceo  faltan  hoy,  y  no  puc- 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    CONSTANTIXOPLA.  305 

Je  conjeturarse  cómo  estarían  formaJos.  El  narteh  (vápír^j,  ó  ves- 
tíbulo, tiene  también  su  piso  superior  á  la  misma  línea  que  las 
tribunas  del  gincceo,  piso  terminado,  en  los  extremos  laterales, 
por  un  arco,  cuyo  vano  lo  constituye  una  ventana  con  un  zócalo, 
sobre  el.  que  se  levantan  dos  columnas  sosteniendo  un  friso,  y  en- 
cima otras  dos  columnas  más  pequeñas,  cuyos  capiteles  tocan  al 
arco,  composición  que  también  explica  los  orígenes  de  los  grandes 
ventanales  del  estilo  ojival. 

El  vestíbulo  conduce  á  una  construcción  más  reciente,  donde  se 
ha  establecido  el  Museo  arqueológico,  de  que  en  breve  hablare- 
mos, y  el  interior  de  la  iglesia  está  lleno  completamente  de  armas 
modernas  simétricamente  colocadas,  y  que  nada  ofrecen  de  par- 
ticular al  viajero,  sino  el  triste  convencimiento  de  que  lo  único 
que  se  encuentra  siempre  más  adelantado  en  todos  los  pueblos, 
es  cuanto  se  refiere  á  los  medios  de  destrucción  y  de  destrozarse 
la  humanidad  en  fratricidas  é  inútiles  luchas,  que  cada  vez  la 
apartan  más  y  más  de  su  anhelado  perfeccionamiento.  ¡Cuándo 
llegará  el  día  en  que  el  hombre  comprenda  que  el  único  medio  de 
realizar  su  misión  en  la  tierra,  es  enlazarse. con  sus  semejantes 
por  el  amor  fraternal  de  su  común  origen,  y  acercarse  á  Dios  por 
las  conquistas  siempre  fecundas  de  la  inteligencia! 

En  el  fondo  del  ábside  encuéntranse  también  armas  que  ofre- 
cen recuerdos  históricos.  Allí  está  el  temido  alfanje  de  Maho- 
met  II,  un  brazal  de  Tamerlán,  cascos  circasianos,  estandartes 
rojos  y  verdes,  de  los  cuales  uno,  llamado  la  bandera  de  Alí,  lleva 
en  el  centro  tres  espadas  sobre  fondo  rojo;  cotas  de  malla,  llaves 
de  muchas  ciudades  conquistadas,  y  otros  objetos  análogos,  de 
interés  para  los  turcos,  por  recordarles  sus  pasadas  glorias.  En  el 
vestíbulo  encuéntranse  también  los  timbales  y  las  célebres  mar- 
mitas de  los  genízaros,  grupos  de  antiguas  alabardas ,  un  arco  de 
metal,  persa,  antiguos  cañones  y  culebrinas,  y  formando  extraño 
contraste  con  tan  bélico  aparato,  la  antigua  campana  de  Santa 
Sofía. 

En  la  parte  alta  ó  galería  del  vestíbulo  hallábase  colocado ,  cuan- 
do nosotros  visitamos  aquella  artística  iglesia,  el  célebre  Museo  de 
los  genízaros  ó  Elbicél-Ateka,  frase  que,  lileralmenle  traducida, 
quiere  decir  trajes  antiguos;  museo  interesante  hoy,  que  van  es- 

TOMO  III.  21 


306  BOLETÍN'    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

tos  desapareciendo,  viéndose  sustituidos  por  el  uniforme  nizan. 
En  aquella  colección  indumentaria,  de  más  de  300  maniquís,  se 
encuentran  los  principales  funcionarios  de  los  antiguos  Sultanes, 
desde  el  visir  y  los  ministros  superiores,  hasta  los  eunucos  negros 
y  blancos,  y  los  oficiales  y  soldados  de  los  genízaros,  trajes  todos 
llenos  de  variedad,  y  cuya  descripción  necesitaría  un  extenso  vo- 
lumen. 

El  Museo  de  antigüedades  á  que  hace  poco  nos  referimos,  pue- 
de considerarse  todavía  en  formación,  á  pesar  de  los  esfuerzos  de 
su  director,  Garabella  Effendi,  con  cuya  amistad  me  honro,  y  en 
cuya  compañía  pasé  no  pocas  horas  estudiando  aquellos  restos  de 
las  pasadas  edades.  Se  fundó  este  Museo  en  1869,  siendo  gran  vi- 
sir Alí  Pacha,  y  es  digno  de  ser  conocido  el  breve,  pero  bien  pen- 
sado reglamento  que  para  ello  se  dio,  pues  habla  muy  alto  en  fa- 
vor de  la  cultura  de  ciertos  personajes  turcos,  demostrcándonos 
hasta  dónde  podrían  llegar  en  el  camino  de  los  modernos  adelan- 
tos, si  no  tuvieran  que  luchar  á  cada  instante  con  la  remora  de 
los  tradicionalistas,  que  no  se  toman  ni  el  trabajo  de  estudiar  lo 
moderno,  sólo  porque  lo  es. 

Dice  así  el  preámbulo  de  este  notable  documento: 

«Xadie  ignora  la  alta  importancia  que  tienen  las  colecciones 
de  objetos  antiguos,  tanto  bajo  el  punto  de  vista  de  los  conoci- 
mientos históricos,  como  respecto  á  las  ventajas  especiales  que  pro- 
ducen; siendo  estos  los  móviles  que  han  decidido  á  casi  todos  los 
países  á  fundar  esos  espléndidos  Museos,  donde  semejantes  obje- 
tos, expuestos  convenientemente,  atraen  con  justo  motivo  la  ad- 
miración de  los  conocedores  en  tales  materias. 

»Así,  el  Gobierno  del  Sultán,  considerando  á  su  vez  la  utilidad 
de  tal  institución,  particularmente  en  las  vastas  posesiones  oto- 
manas, conocidas  por  su  riqueza  en  antigüedades,  como  lo  de- 
muestran preciosos  descubrimientos  hechos  en  el  país,  había, 
hace  tiempo,  concebido  el  proyecto  de  fundar  en  Constantinopla 
un  Museo,  adoptando,  entre  otras  medidas  encaminadas  al  pro- 
pósito, la  de  imponer  á  los  que  buscan  antigüedades,  la  obliga- 
ción de  ceder  al  Estado,  siempre  que  descubriesen  dos  ejemplares 
de  un  mismo  objeto^  uno  de  ellos.  La  experiencia ,  sin  embargo, 
ha  demostrado  cuan  raro  es  encontrar  más  de  una  pieza  de  un 


EL    NÍCSEO    AlinUEOLÓr.ICO    DE    CONSTANTINOPLA.  307 

mismo  ohjelo  antiguo,  y  lo  poco  que  se  de.scul)ría  ora- además  fá- 
cilmente sustraído  á  la  vigilancia  de  la  Administración.  Portales 
causas,  todas  las  medidas  adoptadas  no  han  respondido  al  objeto 
propuesto,  y  el  Musco  en  cuestiíjn  quedaba  siempre  cu  estado  de 
proyecto.  El  Gobierno  de  S.  M.  I.,  no  queriendo  continúe  así  por 
más  tiempo  obra  de  tal  importancia,  ha  encargado,  por  medio  de 
un  Iradé  Imperial  al  ministro  de  Instrucción  publica,  la  redac- 
ción de  un  reglamento  más  completo  para  la  búsqueda  de  anti- 
güedades, y  proceder  al  mismo  tiempo  á  la  formación  del  Museo 
antedicho.  Conforme  á  esta  orden  imperial,  aquel  depirtamenlo 
tiene  el  encargo  de  ocuparse  en  lodo  lo  que  se  refiera,  así  á  la 
clasificación,  como  á  la  conservación  de  las  antigüedades  reuni- 
das ó  por  reunir  en  este  Museo,  y  á  subvenir  á  sus  gastos  me- 
diante un  capítulo  especial  de  su  presupuesto.» 

Véanse  ahora  sus  artículos: 

«Artículo  1.°  Toda  petición  de  autorización  para  hacer  exca- 
vaciones en  los  Estados  de  S.  M.  I.  el  Sultán,  debe  ser  previa- 
mente dirigida  al  Ministerio  de  Instrucción  pública,  y  en  parte 
alguna  podrán  llevarse  á  cabo  sin  autorización  oficial. 

»Art.  2.°  Queda  expresamente  prohibido,  á  las  personas  que 
hagan  excavaciones  en  el  Imperio  con  autorización  del  Gobierno, 
en  los  parajes  donde  no  existan  inconvenientes  para  ello,  expor- 
tar al  extranjero  los  objetos  antiguos  que  puedan  descubrir.  Pue- 
den, sin  embargo,  venderlos  dentro  del  Imperio,  ya  sea  á  parti- 
culares, ya  al  Estado  si  los  pidiese. 

»Art.  3.°  Todo  objeto  antiguo  descubierto  en  projíiedad  parti- 
cular, corresponde  al  dueño  del  terreno. 

»Art.  4.°  Las  monedas  antiguas,  de  toda  especie,  están  excep- 
tuadas de  la  prohibición  de  exportación,  prescrita  por  el  artícu- 
lo 2.° 

»Art.  5.°  Toda  autorización  para  hacer  excavaciones,  se  en- 
tiende que  es  para  los  objetos  que  puedan  existir  bajo  el  suelo. 
No  será  permitido  á  nadie,  fuere  quien  fuere,  tocar  ni  causar  des- 
perfectos en  los  monumentos  antiguos  de  cualquiera  clase  que 
sean,  y  lo  mismo  en  sus  accesorios  que  estén  sobre  la  superficie 
de  la  tierra.  Los  contraventores  á  esta  regla  serán  castigados  con 
arreglo  á  la  lev. 


308  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    IIISTORLA. 

«Art.  8."  La  resolución  acerca  de  las  peticiones  que,  en  mate- 
ria de  anligüedades,  dirijan  las  potencias  extranjeras,  será  objeto- 
de  un  Iradé  Imperial  especialmente  dado,  á  propósito  de  la  pe- 
tición. 

»Art.  7.°  Las  personas  que  posean  conocimientos  especiales 
para  la  investigación  y  descubrimiento  de  antigüedades,  podrán 
demostrarlo  en  el  departamento  de  Instrucción  pública,  y  ser  en- 
cargadas de  hacer  excavaciones  por  cuenta  del  Estado,  obtenien- 
do con  tal  objeto  misiones  especiales  del  Gobierno  imperial.  Los 
que  se  encuentren  en  tal  caso  están,  por  lo  tanto,  invitados  á  di- 
rigirse al  Ministerio  de  Instrucción  pública.» 

No  son  muy  abundantes  todavía  los  objetos  que  encierra  aquel 
Museo,  ni  están  organizados,  como  nosotros  deseáramos,  en  un 
orden  científico,  á  pesar  de  tener  todos  ellos  su  numeración  co- 
rrespondiente, y  de  haber  publicado  el  ya  citado  Sr.  Garabellaun 
ensayo  de  Catálogo  con  algunos  de  los  objetos  que  juzgó  más  imr 
portantes,  impreso  en  Gonstantinopla  poco  después  de  haber  re- 
gresado de  mi  viaje,  parte  de  cuyos  trabajos  tuvo  la  lleudad  de- 
enseñarme  antes  de  que  viesen  la  luz  pública,  haciéndome  el  ho- 
nor de  preguntarme  mi  opinión  acerca  de  ellos  y  sobre  algunos 
puntos  que  consideraba  dudosos  en  determinados  monumentos. 
La  mayor  parte  pertenecen  al  arte  escultural ,  y  hay  también  al- 
gunos de  artes  industriales  y  mixtas;  y  precisamente  el  más  no- 
table de  todos  los  objetos  que  el  Museo  de  Gonstantinopla  encie- 
rra, pertenece  á  las  últimas,  siendo  por  su  antigüedad,  por  su 
simbolismo,  por  la  civilización  y  el  pueblo  que  representa  y  por 
sus  condiciones  técnicas,  monumento  de  inestimable  valor,  y  que 
puede  asegurarse  es,  en  su  género,  ilnico  en  los  Museos  de 
Europa. 

Gonsiste  en  un  gran  disco  ó  medallón  de  plata  pura,  que  mido 
un  diámetro  de  44  centímetros,  y  (juc  tiene  representada  en  su 
centro,  en  relieve  de  una  alturade  0,25  m.,  á  la  diosa  de  la  teogonia 
fenicia,  Astarté.  Lleva  collar  de  oro,  tocado  de  lo  mismo,  con  dos 
cuernos  de  2  centímetros  y  3  milímetros  de  altura,  armillas  ó  bra- 
zaletes del  mismo  metal  en  los  brazos  y  en  las  muñecas,  manto 
también  de  oro,  suJGto  al  hombro  izquierdo,  cubierto  de  estrellas, 
y  sandalias  del  mismo  metal.  Aparece  graciosamente  sentada  so- 


EL    MUSEO    AIIQI.EOLÓGICO    DE    CONSTANTINOPLA.  309 

brc  áureo  sitial,  sostenido  por  cuatro  colmillos  de  elefante  cruza- 
<Ios;  y  tiene  ;í  un  lado  el  loro  mitológico  de  la  India  y  al  otro  el  ave 
mítica  de  Shinyala  ó  Geylan  fGallus  ecaicdatus  de  Temminck, 
Stridliio  Casuarius  de  Linneo),  y  debajo  del  x)lauoeuque  descan- 
san los  pies  de  la  divinidad,  dos  Métoros,  vestidos  y  tocados  tam- 
Í3ica  de  oro  como  la  diosa,  sostienen  con  cuerdas  doradas  un  ti- 
gre y  un  leopardo.  El  diámetro  del  cíiculo  en  el  cual  está  sentada 
Astarté,  es  de  3G  centímetros;  y  está  inscrito  en  otro  de  40,  divi- 
diéndose la  zona  comprendida  entre  ambos  por  cuatro  medallones 
de  oro  de  0,1  m.  de  diámetro,  llevando  un  pequeño  busto  de  ¿Ado- 
nis? y  todo  lo  demás  cubierto  de  menuda  labor,  en  cada  una  de 
las  cuatro  secciones  diferentes,  formando  digno  marco  para  tan 
notable  composición.  El  tocado  de  la  divinidad  lo  forma  una  espe- 
cie de  turbante,  sobre  el  que  sobresalen  ios  cuernos  simbólicos, 
yol  cabello  cae  en  bucles  de  diferente,  pero  simétrica  longitud, 
iiasta  los  hombros,  formando  una  línea  mucho  más  corta  sobre 
la  frente.  En  la  mano  izquierda  lleva  el  arco,  y  tiene  la  diestra 
levantada  mostrando  la  palma,  en  actitud  hierática.  Las  carnes 
todas,  excepción  hecha  de  una  pequeña  parte- del  antebrazo  iz- 
•quierdo  en  que  falta,  están  formadas  de  esmalte  verde.  A  los  la- 
dos del  trono  ó  asiento  de  la  diosa,  se  ven  dos  ¿leonas?  también 
■de  oro,  con  collares. 

Para  comprender  esta  notable  obra  de  la  orfebrería  fenicia,  cuya 
exacta  copia,  debida  al  inteligente  pincel  del  Sr.  Velázquez,  hecha 
directamente  del  original  por  vez  primera,  he  publicado  en  mi 
Viaje  á  OWeníe,  lícito  ha  de  sernos  recordar  algunas  nociones 
de  la  teogonia  india,  de  la  cual  derivaron,  modificándose  en  su 
marcha  bacia  el  Occidente,  todas  las  del  Asia  central,  de  la  Feni- 
cia, del  Egipto,  del  África,  de  la  Grecia  y  de  la  Europa,  así  sep- 
tentrional, como  central  y  meridional. 

En  el  origen  de  aquella  teogonia  encontramos  el  gran  principio 
de  la  unidad;  aunque  desgraciadamente  y  como  resultado  de  en- 
carnaciones alegóricas  y  sucesivas,  debidas  á  la  intencionada  fan- 
tasía de  la  casta  sacerdotal,  cayó  bien  pronto  en  las  nebulosida- 
des de  la  Triada. 

En  el  principio,  Brahma,  ser  eterno  y  necesario,  era  el  único 
dios  conocido  y  adorado  por  el  indio;  pero  después  de  mil  años, 


310  BOLETÍX   DE    LA    REAL   ACADEMIA    DE   LA   IIISTORLV. 

según  l¿x  leyenda  religiosa ,  una  encarnación  engendró  á  Siva ,  y 
produjo  la  adoración  del  lingam.  Nueva  encarnación  produjo  en 
seguida  á  Vichnu,  y  del  acuerdo  de  estas  tres  divinidades  provino 
la  trimurti  de  Brahma,  Vichnu  y  Siva. 

Pero  esta  triada  masculina  estaba  incompleta  sin  otra  triada  fe- 
menina, y  bien  pronto  la  formaron  Parasacti  ó  Sarasvati,  mujer 
de  Brahma,  Parvati  de  Siva,  y  Lacmi,  ó  la  hermosa,  de  Vichnu. 

Emblema  de  la  producción,  llevaba  ésta  en  la  frente  el  Lingam, 
y  nacida  de  la  espuma  del  mar,  dio  vida  á  Varas,  que  como  el 
Eros  griego  y  el  Cupido  romano,  montó  sobre  un  león,  llevando 
el  arco  en  la  mano  y  á  la  espalda  un  carcax  con  cinco  flechas,  en 
número  ignal  á  los  sentidos  corporales.  Su  madre  le  acompañó 
llevada  por  un  loro,  como  la  Venus  griega,  de  ella  derivada,  era 
conducida  por  palomas. 

Esta  última  personificación  de  la  triada  femenina,  aparece  en 
Fenicia  al  lado  de  Melkarte,  el  gran  dios  de  los  descubrimientos 
y  de  la  fuerza  humana,  el  Hércules  de  las  tradiciones  fenicias,  y 
toma  el  nombre  de  Astaroth  ó  Astarté. 

Siguiendo  en  su  fantástico,  pero  profundo  simbolismo,  la  le- 
yenda sacerdotal  dice  que  la  diosa,  deseando  recorrer  la  tierra,  se 
puso  una  cabeza  de  toro  á  fin  de  no  ser  reconocida,  y  consagró  en 
Tiro  una  estrella  caida  del  cielo,  mito  astronómico  como  todos  los 
déla  religión  védica,  que  indica  la  conjunción  del  planeta  Ve- 
nus con  la  luna  en  el  signo  de  Taurus. 

Astarté  amó  á  Adonis  (Adón,  Adod ,  Adad,  el  Señor);  pero  ca- 
zando éste  en  el  Líbano,  fue  muerto  por  un  jabalí,  y  sus  servido- 
res, con  los  ciervos  y  animales  monteses  que  su  dueño  había  do- 
mado, y  con  sus  fieles  perros,  buscaron  á  la  diosa  en  su  templo 
de  Byblos  y  la  noticiaron  el  triste  fin  de  su  infortunado  amante. 

Cuando  en  los  primei'os  días  de  Junio  el  río  Adonis  (hoy  Ibra- 
him  Nehr,  Sandjiak  de  Trípoli),  corría,  como  corre  ahora  y  co- 
rrer;! siempre,  mientras  tenga  ácido  de  hierro  en  su  cauce,  de  co- 
lor rojizo,  decíase  (jue  iba  enrojecido  por  la  sangre  de  Adonis,  y 
ofrecíanse  en  su  honor  sacrificios  fúnebres,  que  dieron  origen  á 
festividades  religiosas,  convertidas  bien  pronto  en  verdaderas  or- 
gías y  escenas  de  lúbrica  prostitución.  Este  culto  pasó  á  Antio- 
quía,  á  Chipre,  á  Atenas,  á  Argos,  á  todos  los  pueblos  de  la  anti- 


EL    MUSEO    AnQUEOLÓGir.O    DE    CONSTANTIN'OPLA.  311 

güedad,  que  sigaicrou  en  diversos  desenvolviiniciitos  la  religión 
védica,  y  duró  hasta  el  siglo  iv  después  de  Jesucristo. 

Los  cuernos  que  lleva  en  el  artístico  medallón  que  nos  ocupa 
la  figura  do  Astartc,  así  se  refieren  al  Lingam,  como  también  á 
la  caza,  pues  parecen  de  ciervo,  caza  de  que  era  protectora  aque- 
lla divinidad,  tanto  por  sus  amores  con  Adonis,  como  por  repre- 
sentar también  á  la  diosa,  que  después  llamaron  los  romanos, 
Diana  cazadora.  A  lo  mismo  aluden  las  fieras  que  sujetan  los  Me- 
teros, fieras  que  simbolizan  al  mismo  tiempo  los  viajes  victorio- 
sos del  Dionisios  indio,  ó  sea  la  lucha  del  hombre  con  la  natura- 
leza, y  el  triunfo  del  primero.  El  ave  mítica  de  Shingala  al  lado 
de  Astarté,  aparece  como  emblema  de  la  producción  y  de  la  fe- 
cundidad. 

Anterior  probablemente  al  monumento  que  acabamos  de  des- 
cribir, hállase  otro,  producto  también  de  un  arte  oriental,  el  asi- 
rlo, monumento  que  consiste  en  un  trozo  rectangular  de  mármol, 
de  0,71  m.  de  alto  por  0,47  m.  de  ancho,  dividido  en  dos  com- 
partimientos, superior  é  inferior.  Esta  antigüedad  babilónica,  do 
procedencia,  por  desgracia,  desconocida,  está  muy  bien  conser- 
vada, y  en  la  parte  superior  se  ve  á  un  rey  asirlo  sentado  sobre 
su  trono,  con  la  espada  desnuda  en  la  mano  derecha,  y  ante  él  un 
hombre  y  una  mujer  en  actitud  suplicante;  escena  que  así  puede 
representar  una  petición  dirigida  al  soberano,  como  una  imposi- 
ción de  pena  hecha  por  el  mismo.  En  el  compartimiento  inferior 
se  hallan  sentados  una  mujer  y  un  hombre,  ante  los  cuales  otro 
se  inclina  en  ademán  de  ruego.  En  el  marco  de  este  curioso  már- 
mol se  encuentran  inscripciones  en  caracteres  cuneiformes,  cuya 
traducción  no  estaba  hecha,  ni  nos  permitían  hacer  nuestros  es- 
casos estudios  en  la  materia,  aun  siéndonos  conocidos  los  admi- 
rables trabajos  de  Grotefend  y  de  Burnouf.  Estando  hoy,  gracias 
á  las  investigaciones  de  estos  sabios  orientalistas,  claramente  de- 
mostrado que  en  la  escritura  cuneiforme  hay  tres  sistemas  diver- 
sos, empleados  casi  siempre  á  la  vez  en  los  monumentos,  el  babi- 
lónico ó  asirlo,  el  medo,  y  el  persa,  siendo  este  último  el  menos 
antiguo  y  más  sencillo,  sistema  que  emplea  casi  en  iguales  pro- 
porciones los  trazos  verticales  y  los  horizontales,  mientras  en  el 
medo,  los  trazos  verticales  son  más  raros  y  el  uso  del  ángulo  mu- 


312  boletín  de  la  eeal  academlv  de  la  historia. 

dio  más  frecuente,  y  el  babilónico  se  distingue  por  su  mayor 
complicación,  y  los  trazos  con  inclinaciones  varias  y  aun  cruzán- 
dose los  unos  con  los  otros;  y  en  cuanto  al  idioma  á  que  respon- 
den aquellos  caracteres,  hallándose  también  marcadas  diferencias, 
pues  mientras  las  inscripciones  persas  se  refieren  á  una  lengua 
derivada  del  Zendico,  que  se  hablaba  en  Persia  cinco  siglos  antes 
de  Jesucristo,  la  lengua  asirio-babilónica  se  cree  relacionada  y 
formando  parte  de  la  misma  familia  del  hebreo,  el  siriaco  y  el 
árabe,  es  decir,  de  las  lenguas  semíticas,  es  indispensable  un  es- 
tudio profundo  y  especial  de  tan  complicado  ramo  de  la  arqueo- 
logía, para  poder  atreverse  á  intentar  siquiera  la  interpretación 
de  cualquier  epígrafe  cuneiforme,  por  sencillo  que  parezca. 

Además  de  estos  importantísimos  monumentos,  encuéntranse 
en  el  Museo  de  Constantinopla  estatuas  y  bajo-relieves  arcaicos 
y  de  la  mejor  época  griega.  Pertenecen  al  primer  grupo  dos  esta- 
tuas de  mujer  casi  completas,  pues  están  rotas  por  debajo  de  las 
rodillas,  que  recuerdan  por  su  estilo  la  estela  que  se  conserva 
en  el  templo  de  Teseo  en  Atenas,  conocida  con  el  nombre  de  Sol- 
dado de  Maratón^  estela  que  he  dado  á  conocer  extensamente  en 
la  citada  obra  y  que  ilustró  con  doctísima  monografía  en  el  Mu- 
seo Español  de  Antigüedades,  nuestro  sabio  y  respetado  amigo 
D.  Pedro  de  Madrazo.  Las  dos  estatuas  visten  una  simple  túnica 
muy  amplia,  adornan  el  cuello  de  cada  una  de  ellas  cuatro  colla- 
res, y  su  cabeza  un  tocado  especial,  á  manera  de  los,que  se  en- 
cuentran en  figuras  chipriotas,  con  las  cuales  tienen  estas  esta- 
tuas muchos  puntos  de  contacto,  sin  embargo  de  haber  sido  en- 
contradas en  Rodosto  (Rumelia),  así  como  otras  dos  cabezas,  una 
de  hombre  y  otra  de  mujer,  con  los  mismos  caracteres  artísticos, 
estando  unas  y  oirás  esculpidas,  no  en  mármol,  sino  en  una  cal- 
cárea fácil  de  labrar,  lo  mismo  que  las  de  Chipre;  y  ofreciendo 
también  grandes  analogías  con  las  del  Cerro  de  los  Sanios,  en 
nuestra  patria. 

Entre  las  esculturas  griegas  del  siglo  de  oro  de  aquel  gran  pue- 
blo ocupa  preferente  lugar  en  el  Museo  de  Constantinopla  un  bajo- 
relieve,  procedente  de  Budrün,  en  Halicarnaso,  encontrado  cerca 
de  las  ruinas  de  Mausoleo,  y  que  representa  una  joven  que  re- 
cuerda la   fál)ula  do  las  amazonas,  pues  aparece  en  actitud  de 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    CONSTANTINOPLA.  313 

correr,  sujetándose  con  la  izquierda  mano  los  últimos  pliegues 
de  su  traje  flotante,  y  levantando  sobre  su  cabeza  con  la  derecha 
un  hacha,  en  actitud  de  combatir.  Tan  hermosa  escultura,  que 
mide  0,55  m.  de  altura  por  0,'íO  m.  de  anchura,  encuéntrase 
desgraciadamente  cubierta  por  una  especie  de  patina  verde  con 
que  la  humedad  constante  del  sitio  en  que  estuvo  soterrada  du- 
rante muchos  siglos,  ha  sustituido  al  hermoso  color  del  mármol 
en  que  está  esculpida. 

Otra  de  las  notables  obras  de  la  antigüedad  griega  que  allí  se 
conservan,  es  un  relieve  sobre  fondo  circular  rebajado  en  la  forma 
llamada  en  términos  de  arquitecnología  cartucho  ,  abierto  en 
la  superficie  de  un  fragmento  arquitectcjnico  de  mármol  que 
mide  0,54  m.  de  altura  por  0,48  m.  de  ancho,  cuyo  relieve  repre- 
senta á  Cleómenes,  rey  de  Esparta,  que  vivió  520  años  antes  de 
Jesucristo;  objeto  de  gran  valor  que  se  halla  en  perfecto  estado 
de  conservación,  y  que,  encontrado  en  Gyzico  (Bal-Kis)^  fué  lle- 
vado al  Museo  Imperial  por  su  conservador  M.  Goold  en  18G9. 

También  pertenece  al  mismo  brillante  período  del  arte  antiguo 
una  estatua  de  mármol,  representando  á  Hestia,  divinidad  de 
donde  provino  la  Vesta  romana.  Esta  estatua,  de  la  misma  pro- 
cedencia que  el  anterior  relieve,  mide  0,8G  m.  de  altura,  y  es  no- 
table ijor  el  estudio  de  pliegues  que  en  el  traje  de  la  diosa  se  en- 
cuentra. 

No  menos  importante  es  otra  estatua,  también  de  mármol, 
de  1,7  m.  de  altura,  hallada  en  Mytilene  (MidillíJ,  y  que  representa 
á  una  hermosa  joven  de  Lesbos,  apoyado  el  brazo  derecho  en  un 
pedestal  y  el  izquierdo  sobre  la  cadera.  El  admirable  estudio  del 
natural  que  acusa,  así  en  el  desnudo  como  en  los  paños,  la  finura 
de  ejecución,  la  sobriedad  y  firmeza  al  mismo  tiempo  del  dibujo, 
están  revelando  en  esta  notable  estatua  uno  de  los  mejores  perío- 
dos del  arte  antiguo,  al  que  también  pertenecen  algunas  otras 
obras  esculturales  que  allí  se  conservan,  y  de  las  que  no  creemos 
inoportuno  dar  noticia  á  nuestros  lectores. 

Un  fragmento  de  bajo-relieve  en  mármol  de  Frigia  (1)  (Syn- 


(1)    Tuvo  entre  los  antiguos  gran  celebridad  el  mármol  de  Sjnnada,  capital  de  la  an- 
tigua Phrygia  Salutañs,  llamada  en  más  remota  época  Mygdonia,  de  donde  fué  desig- 


314      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORL\. 

nada  Mygdonienses,  Eski  Kara  Hisar),  de  0,87  m.  de  altura 
por  0,54  m.  de  longitud,  de  procedencia  desconocida,  represen- 
tando la  muerte  de  Alcibiades. 

Cabeza  en  mármol  con  corona  mural,  simbolizando  en  una 
hermosa  doncella  la  ciudad  de  Heraclea,  situada  en  la  costa  asi¿i- 
tica  del  mar  Negro. 

Fragmento  marmóreo  de  relieve,  representando  el  combate  de 
Teseo  contra  los  Lápitas,  según  la  tradición  legendaria  griega, 
monumento  de  procedencia  desconocida,  pero  de  remota  anti- 
güedad. 

Otro  fragmento,  también  de  mármol,  en  que  se  ve  á  Eros  ó  el 
Amor,  llevando  al  hombro  la  maciza  clava  de  Hércules,  símbolo 
de  la  fuerza  vencida  por  el  amor.  Procede  de  Heracha  en  el  mar 
de  Mármara,  la  antigua  Perintho. 

Hermosa  tabla  de  mármol  de  0,60  m.  de  longitud  por  0,50  m, 
de  altura  representando  en  relieve  muy  bajo,  indicio  seguro  de  su 


nada  con  el  nombre  de  Synnada  Migdoniensis.  En  la  época  romana  hicieron  tan  fre- 
cuente uso  de  él  los  ricos  patricios  de  la  ciudad  del  Tiber,  que  los  poetas  citaron  el 
mármol  frigio  como  emblema  del  lujo  y  de  la  riqueza  (Horacio,  lib.  ni,  od.  2.— Ovidio,, 
epístola  XV.— Tibulo,  elegía  3,  libro  xiii.)  De  este  mármol  está  fabricado  en  Roma  el 
Panteón  de  Agripa,  yerno  de  Augusto,  primer  emperador  romano.  Del  mismo  son  tam- 
bién las  hermosas  columnas  de  la  basílica  de  San  Pablo, /;íon /««rt,  que  estuvieron 
antes  en  la  tumba  de  Adriano. 

Pablo  el  silencioso,  secretario  de  Justiniano  I,  en  su  historia  de  Santa  Sofía,  dice  que 
la  tinta  general  de  este  mármol  era  un  blanco  lúcido,  con  manchas  casi  circulares  de 
color  rosa  y  violeta. 

Según  entraba  ( Ac;t!u.iov  )  una  variedad  de  esta  roca,  da,  en  cantidad  considerable, 
mármol  de  un  blanco  amarillento  de  grano  fino  y  muy  cristalizado,  que  sin  embargo  no 
ofrece  resistencia  á  la  labra,  respondiendo  á  todas  las  necesidades  que  se  exigen  para  el 
mármol  de  construcción.  Este  mármol  blanco  generalmente  se  encuentra  en  la  super- 
ficie de  la  cantera,  y  al  penetrar  en  sus  capas  interiores  se  le  halla  veteado  ó  manchado 
de  azul,  lila  y  violeta.  En  Europa  apenas  es  conocida  esta  calcárea  compacta  sacaroide 
que  lleva  grandes  ventajas  á  muchos  de  los  mármoles  estatuarios  y  de  construcción 
más  renombrados. 

En  la  antigüedad,  según  el  testimonio  de  Pausanias  (Ática,  lib.  i  cap.  18),  se  empleaba 
frecuentemente  este  hermoso  mármol  para  las  estatuas  policromas. 

La  pequeña  aldea  Seid-el-ar  (antigua  Docimia)  está  situada  en  la  entrada  de  estas  can- 
teras á  distancia  de  2  kilómetros  de  Eski  Kara-Hissar. 

Destruidos  los  antiguos  caminos  en  el  Asia  Menor  es  muy  difícil  designar  el  punto 
de  la  costa  donde  se  embarcarían  los  prodigiosos  monolitos  que  de  aquellas  canteras  se 
sacaban  para  fustes  de  columnas,  y  aquellas  tablas  de  tan  sorprendente  belleza  y  di- 
mensiones, y  que  tanto  admiraban  á  Strabon  (xii,  p.  577). 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    CONSTANTINOPLA.  315 

antigüedad,  a  Asclepios  o  Esculapio,  sentado,  teniendo  á  su  de- 
recha igualmente  sentada  á  Hygia,  que  con  una  copa  en  la  mano 
presenta  un  brebaje  á  una  serpiente.  Asclepios  so  apoya  en  una 
rama  de  árbol. 

Aunque  ya  de  la  época  romana,  pero  de  cincel  griego,  atrae  po- 
derosamente la  atención  del  viajero  y  del  artista,  en  aquel  na- 
ciente Museo,  otro  bajo-relieve  igualmente  de  mármol,  de  1,80  m. 
de  altura,  que  formaba  parte  de  un  grupo  perlenecieate  al  anti- 
guo arco  de  triunfo  elevado  por  Augusto  en  Tesalónica,  en  uno 
de  cuyos  lados  el  escultor  había  representado  la  genealogía  de 
Julio  César,  descendiente  de  Ascanio,  hijo  de  Eneas,  hijo  de  Ve- 
nus, al  decir  de  Virgilio  (JEneid,  i,  28G--288): 

Nascetur  pulclira  Trojanus  origine  Caesar. 
Imperium  Océano,  famam  qui  terrainet  a:ítris 
JuliuSj  a  Magno  demissum  nomen  Julo. 

Y  en  Otro  paraje  (Mn.  i,  267,  268): 

At  puer  Ascanius,  cui  nunc  cognomen  lulo 
Additur  (Ilns  erat,  dum  res  stetit  Ilia  regno.) 

Pasajes  por  donde  se  ve,  que  Ascanio  llevó  también  el  sobre- 
nombre de  Julo  llamándose  lio,  cuando  Ilion  y  su  gloria  fueron, 
de  cuyo  nombre  tomó  César  el  suyo,  como  nacido  de  la  sangre 
más  ilustre  de  los  troyanos. 

Este  Julo,  que  fué  considerado  como  el  fundador  de  Alba  Lon- 
ga,  el  padre  de  la  raza  romana,  el  antecesor  de  Rómulo,  el  tronco 
de  la  Gens  Julia,  de  donde  nació  Julio  César,  es  el  que,  en  los  ri- 
sueños años  de  su  adolescencia,  está  representado  en  el  hermoso 
relieve  de  puro  estilo  griego  que  nos  ocupa. 

El  joven  troyano,  todavía  imberbe,  está  de  pie,  desnudo,  la  ca- 
beza de  perfil,  vuelta  á  la  derecha,  y  el  cuerpo  más  vuelto  hacia 
adelante,  tres  cuartos  de  frente,  revelando  en  el  trazo  delicado  de 
sus  contornos  graciosos  y  simétricos  aquel  conjunto  de  finura, 
facilidad  y  energía,  cuyo  secreto  monopolizó  el  arte  griego  en  la 
antigüedad.  De  fisonomía  dulce  y  tranquila,  cubierta  la  cabeza 


316  nOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA.. 

con  el  sencillo  y  verdadero  gorro  frigio,  lleva  una  ligera  clámide 
echada  descuidadamente  sobre  el  hombro  izquierdo,  cuyo  brazo 
cae  á  lo  largo  del  torso,  sosteniendo  una  javelina,  que  apoya  en 
tierra  por  la  parte  del  hierro,  y  deja  ver  la  extremidad  de  un  aci- 
naces  dentro  de  su  vaina,  mientras  la  mano  derecha  se  apoya 
sobre  un  ovalado  escudo.  Nada  más  sencillo  que  esta  figura;  pero 
pocas  obras  del  arte  antiguo  reunirán  á  tanta  sencillez  mayor 
encanto. 

También  es  digno  de  especial  mención  un  relieve  marmóreo  de 
ios  llamados  hí^rj  (heróon) ,  ó  monumento  funerario,  enferma 
de  pequeño  templo  ó  xdicula,  que  lleva  un  cuadro  compuesto  de 
un  hombre  vestido,  una  mujer  con  velo  y  un  niño,  los  tres  de 
muy  poco  relieve.  Sobre  un  triclinium  ó  canapé  de  los  usados  por 
griegos  y  romanos  para  las  comidas,  está  recostado  el  primero, 
elevando  el  brazo  derecho  en  señal  de  invocación  ó  dedicatoria  al 
difunto,  en  cuyo  honor  se  celebra  el  banquete  fúnebre.  Sobre  un 
taburete  de  tres  pies  está  sentada  la  mujer,  envuelta  en  su  velo, 
demostrando  en  su  actitud  profundo  dolor,  y  en  una  mesa  tripo- 
diana  que  se  levanta  en  el  centro  se  ven  varios  platos,  algunos 
con  frutas,  á  las  cuales  tiende  la  mano  el  niño,  indiferente  al 
dolor  de  sus  padres. 

Los  monumentos  de  esta  clase  tuvieron  sn  origen  entre  los 
griegos,  y  sólo  se  labraron  en  un  principio  en  honor  de  sus  hé- 
roes deificados;  pero  después  se  usaron  también  por  lt)s  particu- 
lares, como  puede  deducirse  de  la  abundancia  con  que  se  encuen- 
tran tales  escenas,  no  sólo  en  los  monumentos  funerarios,  sino 
también  en  los  vasos  pintados. 

A  la  época  greco-romana  corresponde  una  notable  y  colosal  es- 
tatua de  marmol,  de  2,81  m.,  representando  á  Quinto  Cecilio  Mé- 
telo, llamado  CVeíjcus,  aquel  cónsul  romano  que  en  calidad  de  pro- 
cónsul clavó  las  enseñas  del  Lacio  por  vez  primera  en  la  tierra 
hasta  entonces  libre  é  independiente  de  Greta,  la  antigua  Aeria, 
así  llamada  tal  vez  por  los  Pelasgos  ó  Filisteos  de  raza  arya,  que 
la  poblaron.  Corría  el  año  686  de  la  fundación  de  Roma,  68  antes 
(juc  Jesucristo,  cuando  acudió  Mételo  á  vengarla  derrota  y  muerte 
del  pretor  Marco  Anlo-iio,  que  en  vano  intentó  impedir  que  los 
cretenses  ayudasen  con  sus  escuadras  á  los  piratas  que  infestaban 


EL    MUSEO    ARQUlíOLüGICO    DE    COXSTAN'TINOPLA.  317 

los  mares,  aniquilaban  el  comercio,  y  llevaban  la  desolación  y  l;i 
muerte  á  las  costas  de  Italia,  de  Sicilia  y  de  Egipto. 

Las  principales  poblaciones  de  Greta,  tales  como  Gortyna,  Knos- 
sos  y  Kydonia,  quisieron  oponerse  al  paso  del  inflexivc  descen- 
diente de  aquellos  Mételos  que  habían  conquistado  la  Sicilia  y 
vencido  á  los  cartagineses,  sojuzgado  la  Macedonia  y  sometido  .í 
Yugurta;  pero  batidos  completamente,  tomadas  sus  ciudades  una 
tras  otra,  á  pesar  de  la  heroica  resistencia  de  sus  defensores,  vie- 
ron por  último  caer  también,  al  empuje  do  las  invencibles  legio- 
nes romanas,  el  último  baluarte  de  su  independencia,  la  plaza 
fuerte  de  Hiérapytna,  en  el  centro  de  cuya  plaza  fué  erigida  la 
estatua  altiva  del  vencedor,  como  perenne  recuerdo  de  su  triunfo 
y  amenaza  permanente  de  la  nación  triunfante.  Esta  estatua  es  la 
misma  que  se  conserva  en  el  Museo  deConstantinopla,  habiendo 
sido  enviada  á  aquel  notable  depósito  arqueológico  por  Costaki 
Pacha  Adossides,  Mutessarif  de  Lassythi  en  la  isla  de  Greta,  un 
año  escaso  antes  de  nuestro  viaje. 

Encuéntrase  en  muy  buen  estado  de  conservación,  faltándole 
sólo  el  brazo  derecho,  que  probablemente  sostendría,  apoyándose 
en  ella,  á  juzgar  por  el  movimiento  general  de  la  figura,  una 
lanza.  Llévala  cabeza  ceñida  con  la  corona  de  laurel  y  la  fálera 
en  su  centro,  distinción  obtenida  por  su  importante  victoria,  que 
le  valió  el  renombre  de  Creticus.  Viste  el  guerrero  traje  de  su 
época,  sin  que  falte  ninguna  de  sus  piezas,  el  tJwracomachiim,  el 
pectoral,  enriquecido  con  figuras  que  representan  victorias  aladas 
coronando  á  Roma,  sostenida  por  la  loba  legendaria  de  Rómulo 
y  Remo,  y  la  lamina  aenea,  siendo  notables  los  ricos  y  adorna- 
dos coturnos  de  guerra  que  calzan  sus  pies,  bajo  uno  de  los  cuales 
tiene  sujeto  á  un  joven  cretense.  Esta  estatua,  para  mayor  igno- 
minia de  los  vencidos,  fué  costeada  por  ellos  mismos,  cumpliendo 
la  orden  ineludible  del  vencedor. 

Monumento  también  de  estilo  greco-romano,  aunque  de  la  época 
que  pudiéramos  llamar  del  renacimiento  del  arte  en  Roma,  el  pe- 
ríodo de  los  Antoninos,  consérvase  también  en  el  Musco  que  nos 
ocupa  un  sarcófago  con  altos  relieves,  á  cuya  composición  sirvo 
de  asunto  la  historia  de  Fcdra  y  de  Hipólito.  El  espacio  ocupado 
por  las  figuras  está  dividido  en  dos  compartimientos,  viéndose  en 


318  boletíx  de  la  real  academia  de  la  historla. 

uno  de  ellos  á  una  mujer  hermosa  sentada,  que  se  vuelve  hacia 
una  joven  colocada  detrás  de  ella;  en  un  ara  se  ve  á  Afrodita  con 
un  genio  alado.  Eros  ó  el  Amor  apunta  con  su  arco  á  Fedra,  mien- 
tras habla  con  olra  tercera  mujer;  y  en  el  otro  compartimiento  de 
la  derecha  hay  un  joven  sentado,  con  la  lanza  en  la  mano,  que 
mira  á  una  esclava,  la  cual  se  ocupa  en  colgar  en  un  templo  las 
astas  de  un  ciervo.  Todavía  se  ven  otra  figura  de  un  esclavo  con 
un  jabalí,  y  un  caballo  bebiendo  en  una  pila  cerca  de  un  i'iltimo 
personaje  desnudo.  Por  cima  de  toda  esta  composición  corre  una 
cornisa  jónica  sostenida  por  dos  cariátides,  que  se  apoyan  en  dos 
pedestales  con  un  perro  y  una  liebre.  En  el  otro  frente  del  sarcó- 
fago se  ve  á  una  mujer  dormida  y  un  héroe  en  el  acto  de  embar- 
carse, representando  acaso  á  Teseo  y  Ariadna,  y  en  los  laterales 
un  águila  y  una  esfinge. 

Algunas  otras  esculturas  de  bronce  consérvanse  también  en 
aquel  Museo  dignas  d3  estimación,  entre  las  cuales  figura  sobre 
todas  la  célebre  cabeza  de  la  Columna  Serpentina,  que  adornaba  el 
renombrado  Hipódromo;  una  estatua  de  bronce  (0,31  m.  de  altura) 
representando  á  Mermes,  el  Mercurio  de  los  romanos,  en  el  mo- 
mento de  lanzarse  al  espacio  con  un  pie  sobre  un  globo,  el  cadu- 
ceo en  la  mano  y  la  antorcha,  actitud  en  que  también  se  conser- 
van figuras  de  la  misma  divinidad  en  otros  museos;  otra  muy  no- 
table (altura  0,72  m.)  de  Hércules,  con  la  piel  del  león  Ñemeo  en 
el  brazo  izquierdo  y  la  clava  en  la  diestra,  procedentes  ambas  es- 
tatuas de  Monastir,  y  varias  figuras  grotescas  representando  á  Si- 
leno,  ó  bien  sátiros  y  faunos. 

De  artes  industriales  y  mixtas  hállanse  pocos  objetos;  la  cerá- 
mica está  representada  por  algunos  vasos  chipriotas,  iguales  á 
los  que  después  adquirí  en  Lernaca,  y  otros  griegos  pintados  de 
figuras  rojas  sobre  fondo  negro,  que  aunque  importantes,  como 
todos  los  de  su  clase,  no  ofrecen  motivo  de  especial  descripción. 

Consérvanse  también,  de  la  época  griega,  un  sello  de  bronce  y 
fragmentos  de  otros,  tan  sencillos  en  su  adorno  como  de  buen 
gusto;  espejos  lisos;  fragmentos  de  hojas  de  oro,  que  en  su  mayor 
parte  de])ieron  servir  para  diademas  ó  adornos  de  cabeza,  todos 
con  dibujos  y  aun  co',i  figuras  de  escaso  relieve,  repujadas;  y  cu- 
Ijiertas  de  urnas  cinerarias  de  bronce,  algún  tiempo  dorado. 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    COXSTANTINOPLA.  319 

Entre  los  objetos  arqueológicos  y  artísticos  que  en  aquel  Mu- 
«eo  se  coascrvan  de  la  época  bizantina,  son  notables,  un  busto  de 
hombre;  el  monumento  del  célebre  actor  Porfirios,  que  algún 
tiempo  estuvo  en  el  Hipódromo,  cuya  escultura,  de  tiempo  de 
Justino  II,  lleva  en  sus  cuatros  frentes  el  retrato  del  afortunado 
artista,  y  la  representación  de  la  salida  de  las  cuadrigas,  de  la 
carrera  y  del  triunfo  del  auriga  vencedor,  todo  lo  cual,  aunque 
ejecutado  de  una  manera  verdaderamente  bárbara  y  con  total 
olvido  de  las  buenas  tradiciones  artísticas^  es  importante  en  lo 
concerniente  á  su  relación  arqueológica,  pues  reproduce  fiel- 
mente cuadros  de  una  de  las  costumbres  más  características  de  la 
•época  á  que  se  refiere,  lo  mismo  que  otro  bajo  relieve  represen- 
tando juegos  del  circo,  de  peor  dibujo  todavía  que  el  anterior 
monumento  ,  conservado  también  en  aquel  depósito  de  anti- 
güedades; y  un  hajo  relieve  que  se  cree  representa  á  Cons- 
tante II,  en  el  que  se  ve  con  efecto  á  un  personaje  que  recuerda 
los  bustos  y  las  figuras  que  se  hallan  en  las  monedas  de  aquel 
■emperador. 

Del  mismo  estilo  bizantino  consérvanse  en  aquel  Museo,  dos 
grandes  sarcófagos  de  pórfido,  uno  de  ellos  completo  y  otro  más 
pequeño,  de  verde  cmtico;  otro  sarcófago  completo  de  pórfido;  dos 
■de  la  misma  materia,  sin  sus  respectivas  cubiertas;  una  de  estas 
•sola  sin  su  correspondiente  sarcófago;  un  fragmento  esculpido  de 
■otro,  en  el  que  se  ven  representados  genios  celebrando  las  ven- 
dimias sagradas;  y  un  obelisco  también  de  pórfido.  Excepción 
hecha  de  éste,  todos  los  demás  llevan,  por  solo  adorno,  una  ó 
muchas  cruces  bizantinas,  estrecha  y  sencilla  bordura,  y  el 
monograma  de  Cristo.  El  uno  de  ellos  es  de  forma  oval  y  los 
otros  rectangulares,  midiendo  más  de  2  m.  de  largo  por  IX  de 
alto;  y  las  cubiertas  en  sus  dos  caras  laterales,  y  por  lo  tanto  más 
estrechas,  figuran  frontones  de  templos  dóricos. 

Estos  monumentos,  de  gran  valor  por  la  materia  en  que  están 
labrados,  proceden  de  la  iglesia  de  los  Santos  Apóstoles,  fundada 
por  Constantino  el  Grande  para  panteón  imperial,  en  el  mismo 
«itio  que  ocupa  actualmente  la  mezquita  de  Mahomet  II,  y  se 
cree  sirvieron  de  sepulcros  á  Constantino  1,  y  Constancio  II, 
Juliano  el  Apóstata,  Teodosio  el  Grande,  Arcadio ,  Marciano  y 


320  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORLA. 

Pulquería,  y  que  el  obelisco  perteneció  á  la  tumba  de  Constantino 
el  Grande. 

Además  de  los  monumentos  y  objetos  citados,  hay  en  el  grupo 
bizantino  varias  inscripciones  y  epitafios  cristianos,  ya  griegos, 
ya  latinos,  y  abundantes  y  curiosos  ladrillos,  con  monogramas 
de  los  emperadores  reinantes  en  la  época  de  su  fabricación. 

Por  la  noticia  que  hemos  dado  de  los  objetos  m;is  notables  del 
Museo  de  Constantinopla,  se  ve,  que  si  bien  no  m.uy  considera- 
bles en  número,  los  hay  en  ól  de  la  mayor  importancia  para  la 
historia  de  la  antigüedad,  y  algunos  que  pueden  interesar  al  es- 
tudio histórico  del  arte  de  Bizauzio  en  España.  ¡Ojalá  se  cumplie- 
ran los  deseos  de  M.  Dumont,  y  se  quitase  de  Santa  Irene  el  de- 
pósito de  armas  que  ocupa  la  iglesia,  estableciendo  en  su  lugar 
un  verdadero  Museo  científicamente  organizado!  Ningún  edificio 
convendría  mejor  para  ello  que  aquel  templo,  único  resto  de  la 
antigua  y  opulenta  residencia  imperial  que  coronaba  en  mejores 
días  la  primera  colina  de  la  nueva  Roma,  y  una  de  las  obras  más 
perfectas  y  mejor  conservadas  del  prinútivo  arte  bizantino. 

J.  DE  Dios  de  la  Rada  y  Delgado. 


boletín 


DE   LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  iii.  Diciembre,  1883.  cuaderno  vi. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

En  la  catedral  de  Murcia,  nuestro  sabio  correspondiente,  Don 
Félix  Martínez  Espinosa,  ha  encontrado  la  bula  original  de  Ni- 
colao IV,  fechada  en  Rieti  á  13  de  Setiembre  de  1289,  cuyo 
traslado  auténtico,  del  año  1772,  procedente  del  archivo  del 
Vaticano  ha  visto  la  luz  pública  en  el  número  anterior  de  este 
Boletín  (1). 


D.  Javier  Fuentes  y  Ponte  ha  enviado  á  nuestra  Academia,  de 
la  que  es  correspondiente,  el  folleto  que  acaba  de  publicar  titulado 
Sumario  del  descubrimiento  de  los  restos  de  D.  Diego  Saavedra 
Fajardo.  En  este  opúsculo  se  hace  constar  que  el  hallazgo  tuvo 
lugar  el  27  (no  29)  de  Octubre  último;  y  que  fué  debido  princi- 
palmente á  la  actividad  y  buena  fortuna  del  autor. 


En  la  sesión  del  2  de  Noviembre  se  leyó  la  solicitud  que  las 
autoridades  de  la  diócesis,  provincia  y  ciudad  de  Murcia  hablan 
dirigido  al  Excmo.  Sr.  Director  de  la  Academia: 

«Excmo  Sr.:  Los  que  abajo  firman,  por  sí  y  en  representación 


(1)    Páginas  270-272. 

TOMO  111.  22 


322  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

de  la  diócesis  y  su  cabildo,  de  la  provincia  y  municipio  de 
Murcia,  con  motivo  del  hallazgo  de  los  restos  del  insigne  mur- 
ciano D.  Diego  Saavedra  Fajardo,  acuden  atentamente  á  esa  Real 
Academia  de  la  Historia,  manifestando  que  si  á  ella,  en  183(1,  se 
debió  que  se  salvasen  entonces  algunos  de  aquellos,  cuyo  lugav^ 
de  reposo  en  la  Real  Iglesia  de  San  Isidro,  de  esa  corte,  se  ha 
venido  ignorando  hasta  el  día  27  del  actual,  y  á  ella  se  debe 
también  su  identificación;  haría  ese  alto  é  ilustrado  Cuerpo  un 
honor  á  este  antiguo  reino,  cuna  de  aquel  distinguido  hombre  de 
Estado,  si  de  nuevo,  encargándose  de  los  predichos  restos,  inter- 
pusiera su  poderoso  valimiento  cerca  de  la  superioridad,  íi  ñn  de 
que  ésta  concediese  su  licencia  para  que  fuesen  trasladados  al 
templo  catedral  de  Murcia. 

Esta  es  la  súplica  que  se  permiten  dirigir  á  V.  E.,  sin  que 
duden  del  éxito  favorable,  por  lo  que  tributan  anticipadamente 
á  ese  alto  é  ilustrado  Cuerpo  el  testimonio  de  su  gratitud. —  Dios 
guarde  á  V.  E.  muchos  años. —  Murcia  31  de  Octubre  de  1883. — 
Diego  Mariano,  Obispo  de  Cartagena. — José  María  Díaz,  Gober- 
nador civil. — Andrés  Barrio,  Dean. — José  Esteve,  Presidente 
de  la  Exorna.  Diputación  provincial. — Eduardo  Riquelme,  Alcalde 
constitucional  de  Murcia. — Javier  Fuentes  y  Ponte,  iniciador 
del  centenario  y  de  la  traslación  de  los  restos.» 


El  Sr.  Marqués  de  Molins  ha  presentado  y  leido  con  gran 
satisfacción  de  la  Academia  el  extenso  informe  que  por  encargo 
de  la  misma  ha  hecho  acerca  de  lo  que  piden  las  autoridades 
de  Murcia. 


El  Sr.  Fuentes  y  Ponte  ha  puesto  á  disposición  de  la  Academia, 
para  que  se  conserven  en  su  archivo,  dos  documentos  originales 
manuscritos  de  alta  importancia  histórica.  Uno  es  la  memoria 
escrita  por  el  conde  de  Florida-blanca  con  este  encabezamiento 
autógrafo:  Puntos  principales  sobre  mi  conducta  ministerial.  El 
otro  documento  es  la  fe  de  mortuorio  de  aquel  gran  repúblico, 
único  ejemplar  que  queda  do  los  dos  que  se  hicieron,  ó  acta 


ACUERDOS    Y    DISCUSIONES    DE    LA   ACADEMIA.  32.'} 

duplicada  de  la  exposición  de  su  cadáver,  extendida  por  el  escri- 
bano público  de  Sevilla  D.  Antonio  Hermoso  Míguez  y  legalizada 
en  forma. 


,  La  Academia  ha  visto  con  agrado  dos  dibujos  del  mosaico  de 
Villasirga  que  mide  16  pies  en  cuadro  y  ofrece  muchos  puntos 
de  semejanza  con  el  que  fué  encontrado  debajo  del  altar  mayor 
de  la  catedral  compostelana  y  cuyo  diseño  han  publicado  los 
Sres.  Fita  y  Fernández-Guerra  en  su  libro  intitulado  fíecwercíos  de 
un  viaje  á  Santiago  de  Galicia,  pág.  71.  Uno  de  los  dibujos  sen- 
cillo y  exacto  ha  sido  ejecutado  por  la  Srta.  Doña  Guadalupe 
Martínez;  el  otro  iluminado  y  bellísimo,  lo  ha  remitido  el  pro- 
pietario del  mosaico  D.  Próculo  Garrachón. 


El  Diario  de  Tarragona  en  su  número  del  18  de  Noviembre  da 
la  noticia  de  haberse  encontrado  algunos  días  antes  la  lápida 
romana  de  mármol  jaspeado  del  país  que  lleva  el  número  4408 
en  la  colección  de  Hübner.  Esta  lápida  que  se  halla  en  ^1  mejor 
estado  de  conservación  se  trasladó  inmediatamente  al  Museo 
Arqueológico. 


Han  sido  remitidas  á  la  Academia  copias  de  nuevas  lápidas 
encontradas  en  el  despoblado  de  Iruña  y  copiadas  por  el  ilustrado 
párroco  de  Trespuentes  D.  Juan  Ochoa  de  Alaiza.  Asimismo  se 
han  enviado  por  sus  respectivos  autores  dos  folletos  interesantes 
á  la  historia  y  literatura  de  Galicia  y  de  las  Provincias  Vascon- 
gadas: Las  tradiciones  populares  acerca  del  sepulcro  del  apóstol 
Santiago,  por  D.  Antonio  López  Ferreiro;  Ensayo  acerca  de  las 
leyes  fonéticas  de  la  lengua  euskara^  por  D.  Arturo  Campión. 


Han  sido  nombrados  socios  honorarios  por  voto  unánime  de  la 
Academia  los  eminentes  filólogos  el  Príncipe  Luis  Luciano  Bona- 
parte  M.  Antoine  d'Abbadie,  miembro  del  Instituto  de  Francia, 
y  el  Dr.  A.  H.  Sayce,  catedrático  de  la  Universidad  de  Oxford. 


INFORMES. 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA. 


Acaso  en  el  largo  tiempo  que  pesa  sobre  mí  el  cargo  de  Anti- 
cuario de  esta  Real  Academia,  no  he  sentido  la  impresión  penosa 
que  ahora  me  causa  el  tener  qne  hablar  de  una  nueva  pérdida  y 
ruina  en  el  caudal  de  los  monumentos  arquitectónicos  que  otras 
edades  nos  legaron,  unidos  á  gloriosos  recuerdos.  No  pueden 
menos  de  entristecer  el  ánimo  los  documentos  sobre  que  el  se- 
ñor Director  se  ha  servido  pedirme  informe. 

Los  esenciales  son:  Exposición  del  Ayuntamiento  de  la  ciudad 
de  Zamora,  remitida  por  conducto  del  Gobernador  de  la  provin- 
cia, encareciendo  la  conveniencia  de  continuar  el  derribo  de  la 
puerta  de  Santa  Clara  y  del  cubo  á  ella  contiguo,  é  Informe  de 
la  Comisión  de  monumentos  históricos  y  artísticos  de  la  misma 
provincia  con  notas  y  diseños.  Y  á  reserva  de  pesar  las  razones 
de  cada  uno,  citando  oportunamente  los  de  ajena  procedencia 
que  á  la  comprobación  y  juicio  me  sirvan,  en  resumen  dicen  lo 
que  apunto: 

Para  dar  mayor  facilidad  al  tráfico,  y  doble  paso  álos  carruajes 
por  la  calle  de  Santa  Clara,  que  es  de  las  principales  de  la  ciudad, 
acordó  el  Ayuntamiento  el  derribo  de  la  puerta  de  la  muralla  con 
el  lienzo  de  esta  y  cubo  ó  torreón  contiguo,  publicando  subasta  y 
señalando  día  para  empezar  la  demolición,  en  la  inteligencia  de 
obrar  con  arreglo  á  las  atribuciones  de  la  ley  municipal.  Se  reu- 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.        325 

nió  con  este  motivo  la  Gomisióa  de  monumentos  presidida  por  el 
Gobernador,  acordó  á  su  vez  poner  el  caso  en  conocimiento  de 
las  Academias  de  la  Historia  y  de  San  Fernando ,  como  su  re- 
glamento preceptúa,  y  lo  comunicó  á  la  Corporación  concejil 
rogando  que  suspendiera  el  derribo  en  tanto  recaía  i-esolución  su- 
perior; pero  por  contestación  expuso  el  Ayuntamiento,  que  no  tra- 
tándose de  edificio  artístico  ó  histórico,  no  reconocía  en  la  Comi- 
sión competencia  para  mediar  en  el  asunto.  Reiteró  ésta  la  ges- 
tión con  sensatas  razones  en  pro  de  una  demora  que  no  prejuz- 
gaba en  modo  alguno  la  cuestión  de  atribuciones  ni  tenía  otro 
fin  que  el  de  consultar  á  las  Corporaciones  académicas,  cuya  de- 
claración creía  convenir  al  buen  concepto  de  la  ciudad;  y  como 
sirviera  este  acto  de  móvil  para  acelerar  la  obra  de  destrucción 
ya  comenzada,  la  Comisión  repitió  el  aviso  por  telégrafo  á  las 
Academias,  y  como  tuviese  en  cuenta  ser  época  de  vacaciones,  dio 
también  parte  al  Sr.  Director  de  Instrucción  pública,  el  cual  ce- 
losamente ordenó  la  suspensión. 

Entonces  redactó  el  Ayuntamiento  la  exposición  referida  con 
explicaciones  de  lo  ocurrido  y  defensa  de  su  acuerdo,  que  rogaba 
se  le  consintiera  ejecutar.  Procedió  esta  Academia  á  la  tramita- 
ción del  expediente,  encargando  á  la  Comisión  provincial  que  re- 
mitiese fotografías,  y  en  su  defecto  dibujos  y  planos,  acompaña- 
dos de  las  explicaciones  necesarias.  Pero  entre  tanto,  sin  esperar 
el  resultado  de  la  repetida  exposición ,  sin  que  orden  superior, 
que  conste,  revocara  la  existente,  el  Ayuntamiento  por  sí  dispuso 
continuar  el  derribo  del  torreón,  para  lo  que  esta  vez  se  emplea- 
ron barrenos  de  pólvora  como  medio  más  rápido,  según  nos  dice 
la  Comisión  de  monumentos.  , 

Hace  al  propio  tiempo  la  Comisión  una  advertencia  que  es  de 
consignar  aquí,  á  saber:  que  ni  en  la  presente  ocasión  ni  en  otra 
alguna,  se  ha  opuesto  por  sistema  á  mejoras  locales  que  no  afec- 
ten á  edificios  de  carácter  verdaderamente  monumental;  y  no  ha 
hecho  ahora  objeción  al  derribo  de  la  puerta  y  muralla  de 
Santa  Clara  en  la  extensión  que  se  considerara  necesaria  á  la 
amplitud  de  la  vía  pública ,  y  sí  sólo  al  del  torreón  que  sin  in- 
conveniente alguno  podía  conservarse  como  recuerdo  el  más 
digno  de  respeto. 


326  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

Consultando  antecedentes  históricos,  encuentra  que  desde  la 
remota  fecha  en  que  Zamora  fué  blanco  en  el  deseo  de  moros  y 
cristianos,  como  paso  obligado  del  Duero;  desde  que  Alfonso  III 
logró  fijar  la  frontera  en  este  río ,  se  debieron  levantar  y  se  le- 
vantaron sin  duda  fortificaciones  en  el  lugar  que  ocupa  el  torreón, 
Tínico  sitio  de  acceso  llano  y  fácil  al  que  sirve  de  asiento  á  la  ciu- 
dad, y  padecieron  las  obras  defensivas  las  vicisitudes  consiguien- 
tes á  las  acometidas  y  triunfos  alternativamente  conseguidos.  La 
trasformación  última  del  llamado  cubo  de  Santa  Clara,  según  los 
que  informan,  data  del  tiempo  en  que  se  llevaron  á  cabo  las 
obras  de  restauración  general  emprendidas  por  D.  Fernando  el 
Magno  en  la  postrera  mitad  del  siglo  xi ;  y  esto  se  acredita  por 
no  haber  en  los  recintos  sucesivos,  flanqueados  por  gran  número 
de  torreones  de  planta  cuadrada  ó  circular,  más  que  dos  de  espe- 
cial fábrica,  notablemente  distintos  en  su  forma,  en  su  altura  y 
aun  en  la  disposición  de  los  sillares:  el  uno,  ya  modificado,  que 
se  halla  en  la  extremidad  meridional  de  la  ciudad ,  dentro  de  la 
cindadela  ó  castillo;  el  otro,  en  la  opuesta  del  Norte,  que  es  el  de 
que  se  trata  y  que  por  mantenerse  intacto,  por  único  en  la  belleza 
artística,  unida  al  venerando  recuerdo  de  tan  codiciado  baluarte 
de  la  cristiandad,  amparaba  la  Comisión  en  sus  recomendaciones 
al  Ayuntamiento. 

No  es  menester  tan  extenso  resumen  para  que  la  idea  que  im- 
pulsó á  la  Corporación  municipal  sea  conocida;  "basta  el  siguiente 
párrafo  de  su  exposición : 

«Todo  el  mundo  sabe  que  en  España  no  hay  restos  de  castillo, 
de  torre  ni  de  muro,  que  no  represente  los  heroicos  esfuerzos  de 
nuestros  padres  durante  la  gloriosa  época  de  la  reconquista;  y 
sin  embargo,  aquellos  monumentos  han  desaparecido,  no  por 
incuria  ni  por  afán  de  destruir,  sino  porque  lo  han  exigido  las 
necesidades  de  los  pueblos,  que  para  extenderse  han  tenido  que 
ocupar  los  solares  de  los  castillos  y  de  las  fortalezas;  y  porque  los 
hechos  gloriosos  que  unos  y  otros  representaban,  consignados 
están  en  la  historia,  que  es  un  recuerdo  vivo  é  imperecedero, 
bastante  por  sí  solo  para  mantener  inextinguible  el  fuego  sagrado 
del  orgullo  nacional...  ¿Qué  queda  de  los  castillos  de  Peñausende 
de  Caslrotorafe,  de  Fermoselle,  de  Torrefrades  y  otros  cien  pun- 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.        327 

tos  de  esta  provincia?  Grandes  montones  de  piedra  que  los  veci- 
nos de  los  pueblos  inmediatos  utilizan  para  construir  sus  vivien- 
das, sin  que  por  eso  se  olviden,  porque  la  historia  se  lo  enseña, 
que  fueron  un  día  la  linea  de  defensa  de  las  fronteras  del  reino 
de  León,  y  que  en  ellos  se  estrell(3  más  de  una  vez  el  furor  de  las 
huestes  agarenas.»  * 

Por  otro  lado,  opina  que  «si  las  murallas,  en  tesis  general,  aho- 
gan á  las  poblaciones,  las  de  la  puerta  de  Santa  Clara  con  el 
cubo,  supuesta  fábrica  de  Fernando  el  Magno,  cuando  en  reali- 
dad es  construcción  de  principios  del  siglo  xviii,  cortando  las 
corrientes  del  aire  del  Norte  y  de  Levante,  reconocidas  como  las 
más  puras,  son  perjudiciales  al  saneamiento  de  los  edificios  habi- 
tados; y  el  Ayuntamiento  puede  economizarse  la  molestia  de 
justificar  una  medida  higiénica  y  de  salubridad  general  del 
pueblo...» 

Es  de  advertir  que  tanto  la  Corporación  popular  como  la  Co- 
misión de  monumentos,  cada  cual  apoya  sus  opiniones  encontra- 
das, en  datos  ó  deducciones  de  la  obra  que  recientemente  ha  pu- 
blicado nuestro  diligente  y  sabio  colega  el  Sr.  D.  Cesáreo  Fer- 
nández Duro  con  el  título  de  Memorias  históricas  de  Zamora,  y 
la  disparidad  me  ha  obligado  á  repasarla  antes  de  emitir  juicio 
propio. 

El  historiador  zamorano  recoge  en  las  antiguas  crónicas  cuanto 
se  sabe  de  los  sucesos  concernientes  á  la  reconquista.  A  partir  de 
la  destrucción  de  la  ciudad  por  Almanzor,  cuenta  cómo  empezó 
á  restaurarla  Alfonso  V;  el  incremento  que  á  la  edificación  dio 
Fernando  I;  y  cómo  después  de  conquistada  Toledo,  ensancha- 
das las  fronteras  del  reino  y  necesitada  de  expansión  la  gente, 
crecieron  las  pueblas  exteriores  de  Zamora,  viniendo  á  ser  el 
reinado  del  emperador  Alfonso  VII  el  más  fecundo  en  beneficios 
materiales,  como  ni  más  ni  menos  el  de  Alfonso  IX,  príncipe 
que  nacido  en  esta  ciudad,  las^aumentó,  y  cuya  época  debe 
considerarse  como  término  del  período  monumental  zamorano. 
Con  patente  amor  al  pueblo  que  le  dio  cuna  va  el  Sr.  Fernández 
Duro  señalando  la  época  y  el  mérito  de  los  edificios  notables,  y 
advierte  que  ya  D.  José  Caveda,  de  grata  y  respetada  memoria 
para  la  Academia ,  calificó  los  muros  de  Zamora  en  el  Ensayo 


328  BOLETÍN   DE    LA.   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

sobre  los  diversos  géneros  de  arquitectura  de  España,  como  de  las 
construcciones  del  estilo  romano-bizantino  más  estimables  del 
siglo  XI.  No  aventura  nuestro  compañero  opinión  que  no  tenga 
apoyo  en  documentos  de  los  muchos  inéditos  é  interesantes  que 
ha  conseguido  reunir,  y  no  faltan  en  su  colección  algunos  que 
ofrezcan  indicios  claros  de  la  antiquísima  existencia  del  Torreón 
de  Santa  Clara.  Abarcando  el  sitio  que  ocupa,  se  extendieron  por 
un  lado,  la  puebla  del  Valle,  con  fuero  especial  que  confirmó  el 
conde  D.  Ramón  ó  Raimundo  el  año  1094;  por  otro,  la  puebla  de 
San  Torcaz,  de  cuyo  concejo,  también  independiente,  y  del  mo- 
nasterio del  mismo  nombre  se  trata  en  donaciones  del  año  1139. 
Entre  los  términos  de  ambas  pueblas  ó  burgos,  avanzado  centi- 
nela de  ellas,  se  alza  precisamente  aquella  histórica  fortaleza, 
muy  de  cuenta  en  su  tiempo. 

El  correspondiente  de  nuestra  Academia  D,  Tomás  María  Gar- 
nacho,  defendiendo  las  murallas  contra  arremetidas  anteriores, 
de  estas  modernas,  más  destructoras  que  las  cavas  de  D.  Sancho 
el  Fuerte,  indicó  en  su  libro  la  hermosura  del  soberbio  torreón 
almenado  de  la  puerta  de  Santa  Clara,  entre  los  restos  de  anti- 
güedades notables  que  Zamora  posee,  como  excepción  recomen- 
dada al  implacable  ejercicio  de  la  piqueta;  y  discurrió  con  razo- 
nable criterio  sobre  lo  que  sería  aquel  pueblo  si,  dejando  al  des- 
cubierto el  pobre  caserío,  se  echaran  por  tierra  además  las  nobles 
edificaciones  interiores,  á  cuya  contemplación  acuden  todavía  los 
amantes  de  las  bellas  artes. 

Los  excelentes  dibujos  enviados  por  la  Comisión  de  monumen- 
tos completan  la  ilustración  de  los  antecedentes. 

El  torreón  que  motivó  el  informe,  se  representa  mirado  desde 
el  norte,  ó  sea  desde  la  parte  exterior  de  la  muralla,  que  es  desde 
donde  se  descubren  en  toda  la  altura  sus  bellas  proporciones.  La 
planta  es  un  octógono  regular,  y  forman  las  caras  del  prisma  si- 
llares bien  labrados,  en  perfecta,  conservación  por  aquella  parte  y 
no  tan  bien  en  la  opuesta,  batida  por  las  aguas  y  vientos  predo- 
minantes en  el  invierno.  Atraviesa  al  torreón,  de  lado  á  lado,  una 
galería  con  bóveda  de  arco  ligeramente  apuntado,  como  el  de  las 
•dos  puertas  en  que  termina  (ejemplar  que  se  repite  en  otra  torre 
-antigua  de  las  de  Zamora) ,  y  remata,  ó  más  bien  remataba  hasta 


PUERTA  Y  CUCO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.       329 


Torreón  y  puerta  de  Santa  Clara  en  Zamora. 


330  BOLETÍN    DE   LA    REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

ahora,  en  lo  alto,  con  almenas  puntiagudas,  sin  labor  ó  adorno  de 
ninguna  especie.  Reúne  la  fábrica  las  condiciones  de  fortaleza, 
severidad  y  elegancia  que  tan  hábilmente  supieron  armonizar 
los  alarifes  mudejares  toledanos,  cuya  presencia  en  la  restaura- 
ción de  Zamora  comprueban  las  investigaciones  de  los  académi- 
cos, nuestros  compañeros,  Sres.  Fernández  y  González,  Codera  y 
Fernández  Duro;  bien  que  sin  ellas  parezca  descubrirse  la  mano 
de  aquellos  operarios,  en  la  sección  poligonal  del  edificio,  seme- 
jante á  la  de  la  torre  del  Oro  de  Sevilla,  en  el  arco  de  la  galería  y 
en  el  poético  almenaje,  que  marcan  la  obra  con  el  sello  peculiar 
de  aquella  arquitectura.  Los  límites  de  la  erección  pueden  conje- 
turarse entre  mediados  del  siglo  xi  y  mediados  del  siguiente,  por 
el  dato  importante  que  suministra  el  restablecimiento  de  la  Sede 
zamorana.  Sabido  es  que  el  primer  obispo ,  D.  Bernardo,  trajo 
de  Claraval  con  los  monjes  y  los  macones  franceses  un  gusto 
nuevo,  y  echó  á  un  lado  las  tradiciones  del  arte  con  los  mode- 
los á  que  se  ajustaron  la  Catedral,  la  Magdalena  y  otros  edificios 
no  menos  conocidos,  desde  el  año  11-24  en  que  empezó  su  pon- 
tificado. 

He  tenido  á  la  vista  el  plano  de  la  ciudad  y  sus  alrededores, 
donde  el  torreón  de  Santa  Clara  ocupa  el  vértice  de  un  ángulo 
próximamente  recto  que  forman  la  calle  principal  del  mismo 
nombre  y  la  ronda  ó  carretera  exterior;  de  manera  que  ni  para 
el  ensanche  de  la  entrada,  ni  para  la  prolongación  de  la  vía,  ni 
para  la  edificación  en  cualquier  sentido  ofrecía  obstáculo,  y  por 
el  contrario  se  había  de  apreciar  por  ornato  no  común.  Este  co- 
nocimiento me  obliga,  bien  á  pesar  mío,  á  deducir  que  el  Ayun- 
tamiento de  Zamora,  deliberada  y  caprichosamente ,  ha  desoido 
las  atinadas  indicaciones  que  á  tiempo  se  le  hicieron  por  quien 
podía  y  debía  presentarlas;  ha  infringido  el  Real  decreto  vigente 
de  16  de  Diciembre  de  1873;  y  ha  menospreciado  la  orden  que  re- 
cibió do  suspender  los  trabajos  de  demolición,  al  derribar  un  mo- 
numento estimable  así  en  el  concepto  artístico  como  en  el  his- 
tórico. 

¿Tanta  era  la  urgencia  del  caso  que  no  consentía  prolongar 
algunos  meses  la  exi.itcncia  secular  de  la  torre?  ¿Tan  ligera  pa- 
recía á  los  concejales  la  responsabilidad  en  que  habían  de  incu- 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.        33 1 

rrir  no  llenando  los  trámites  y  requisitos  legales  para  dar  Ijuena 
cuenta  de  los  intereses  que  administran? 

La  singular  afirmación  de  bastar  las  páginas  de  la  historia  á 
mantener  vivo  el  recuerdo  de  nuestras  glorias,  responde,  expli- 
cando de  paso  por  qué  no  existen  ya  en  la  provincia  los  castillos 
que  se  mencionan,  los  monasterios  y  otros  edificios  que  se  dejan 
de  mencionar,  y  que  generaciones  sensatas  se  habrían  apresu- 
rado á  conservar  costase  lo  que  costase. 

Páginas  vivas  de  la  historia  son  esas,  despreciadas  por  la  igno» 
rancia  ó  falta  de  patriotismo,  obras  de  otras  generaciones,  que 
dicen  á  los  sentidos  y  al  alma  lo  que  en  ausencia  suya  no  ex- 
presarán nunca  las  páginas  escritas;  hojas  en  que  leen  el  igno- 
rante y  el  sabio;  que  engrandecen  el  espíritu  popular;  que  inspi- 
ran y  completan  la  lección  del  romance  y  el  drama;  que  herma- 
nan las  sublimes  concepciones  de  las  artes  bellas;  que  ofrecen, 
en  fin,  demostración  evidente  de  la  cultura  de  los  pueblos  no 
atenidos  á  la  grosera  materialidad.  Que  haya  quien  no  las  com- 
prenda ni  las  estime  ¿quién  lo  duda?  Para  los  ciegos  no  alumbra 
el  sol.  Hablando  ásu  alcance,  habría  que  explicarles  que  los  mo- 
numentos son  en  ciertas  poblaciones  lo  que  los  grabados  en  el 
libro  impreso  en  lengua  desconocida:  si  el  volumen  cae  en  manos 
de  niño  travieso  y  mal  educado  que  arranca  las  láminas ,  el  libro 
es  inútil. 

Dura  es  la  necesidad  de  hacer  notoria  la  censura  que  merece 
el  Ayuntamiento  de  Zamora;  pero  ante  el  riesgo  que  corren 
otras  antigüedades,  con  vista  de  la  repetición  frecuente  de  haza- 
ñas semejantes,  en  otras  poblaciones,  alentados  por  la  indiferencia 
y  la  impunidad  los  que  tal  hacen,  y  guiados  á  veces  por  miras  bas- 
tardas, cumple  á  mi  juicio  que  la  Academia  deje  oir  su  voz  au- 
torizada y  denuncie  al  Gobierno  de  S.  M.  el  peligro  que  amaga 
al  concepto  nacional,  y  pida  como  corrección  y  ejemplar  prove- 
choso que  se  cumplan  sin  contemplación  ni  miramiento  ninguno 
las  prescripciones  del  citado  Real  decreto  de  16  de  Diciembre 
de  1873.  Y  que  en  virtud  de  él,  se  proceda  desde  luego  á  restaurar 
el  torreón  de  Santa  Clara  hasta  dejarlo  en  el  estado  y  forma  que 
tenía,  con  arreglo  al  exacto  dibujo  con  tanta  previsión  formado 
por  la  Comisión  provincial  de  Monumentos. 


o'3'2  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Pienso  que  al  propio  fin  ejemplar  y  al  del  general  interés,  con- 
vendrá que  se  publique  lo  ocurrido  en  Zamora,  y  se  acompañe 
grabado  de  la  torre.  Adoptada  que  sea  esta  resolución  urgente, 
la  Academia  debiera  meditar  si  es  llegada  la  oportunidad  de  ins- 
tar por  un  proyecto  de  ley  que,  á  semejanza  de  la  que  adoptó  el 
Senado  y  Pueblo  romano  y  de  las  que  otras  naciones  tienen, 
afiance  la  conservación  de  los  monumentos  artísticos  é  históri- 
cos. También  la  Academia  verá  si  importa  manifestar  al  Go- 
bierno la  conveniencia  de  vulgarizar  una  cartilla  ó  prontuario 
arqueológicos,  destinados  á  formar  en  los  Institutos,  en  los  Semi- 
narios y  demás  centros  de  pública  enseñanza  el  gusto  de  la  ju- 
ventud y  á  infundirle  el  respeto  á  los  monumentos ,  que  son  or- 
namento, lustre  y  realce  de  la  patria. 

En  algún  modo  suaviza  lo  desagradable  del  encargo  que  des- 
empeño, el  justo  reconocimiento  que  se  debe  á  la  prudencia, 
ilustración  y  celo  con  que  la  Comisión  provincial  de  Monumen- 
tos de  Zamora,  para  honra  suya  y  de  la  ciudad  en  que  reside,  ha 
procedido.  Mucho  me  complace  reconocerlos,  al  someter  mis  ob- 
servaciones á  la  sabiduría  de  la  Academia. 

Madrid  2  de  Octubre  de  1883. 

AURELIANO    FeRNÁNDEZ-GuERRA. 


II. 

LA  C.^.LAVERA  DEL  CONDE  DE  TENDILLA. 


Cuentan  en  el  Escorial,  que  cuando  estuvo  allí  M.  Thiers  y 
subió  al  cimborrio,  para  dominar  desde  aquel  paraje,  no  sola- 
mente el  conjunto  del  edificio,  sino  también  el  panorama  que  des- 
de allí  se  descubre,  hi:bo  de  lanzar  alguna  frase  de  vilipendio  sobre 
la  incuria  de  España,  al  observar  las  ruinas  de  la  casa  de  la  ba- 


LA  CALAVERA  DEL  CONDE  DE  TENDILLA.  333 

llestería  y  otras  de  las  que  rodean  el  edificio.  El  ciego  Cornelio, 
que  le  servía  de  Cicerone,  como  á  casi  todos  los  viajeros  y  tou- 
ristas,  le  dijo  con  tono  socarrón: — «Esas  son  las  gangas  que  nos 
dejaron  por  aquí  los  soldados  de  Napoleón,  paisanos  de  V.»  No 
sé  hasta  qué  punto  será  cierta  la  anecdo lilla,  que  en  letras  de 
molde  la  he  leido:  si  non  é  vero,  e  ben  trovato. 

Y  en  efecto ,  como  decía  en  aquella  misma  iglesia  el  respetable 
P.  Guadalupe,  cuando  con  su  habitual  parsimonia  enseñaba  las 
reliquias,  «los  franceses  (omito  un  adjetivo)  nos  llevaron  el  oro  y 
la  plata,  pero  afortunadamente  nos  dejaron  el  hierro  de  la  parrilla 
en  que  fué  martirizado  el  bendito  San  Lorenzo.» 

No  en  todas  las  iglesias  se  podría  decir  lo  mismo,  ü  otro  tanto, 
pues  profanaron  muchas  reliquias  y  destruyeron  no  pocas:  ade- 
más, lo  que  no  era  plata  ú  oro  lo  destrozaban,  y,  no  contentos  con 
asesinar  vivos,  se  dieron  á  maltratar  muertos.  Se  comprende  que 
tuvieran  ojeriza  al  antipapa  Pedro  de  Luna,  á  quien  los  mayores 
de  ellos  hicieron  Papa ,  y  luego  persiguieron  cuando  le  hallaron 
poco  dócil  á  sus  insinuaciones;  y  que,  al  llegar  al  castillo  feudal 
de  Yllueca,  propiedad  de  la  casa  de  Luna  y  condes  de  Morata,  y 
hallar  allí  su  momia  íntegra  y  bien  conservada,  la  tirasen  por 
un  balcón,  la  arrastraran  por  las  calles  y  le  cortasen  la  cabeza  á 
cercén,  cabeza  que  hoy  se  conserva  en  el  palacio  de  los  condes  de 
Argillo  en  Sabiñán.  Compréndese  también  que  tuviesen  ojeriza 
al  duque  de  Alba,  que  dio  también  malos  ratos  á  los  antiguos 
guerreros  franceses;  y,  que,  por  tanto,  le  desenterrasen  de  su 
sepulcro  en  la  gran  iglesia  de  de  San  Esteban  de  Salamanca  y 
destrozasen  sus  restos,  robaran  su  espada,  y  arrastrasen  su  ca- 
dáver y  el  del  cardenal  Toledo ,  fundador  de  la  iglesia  y  los  de 
otros  personajes  de  la  familia,  que,  si  [dieron  que  hacer  en  vida 
á  los  franceses,  allí  reposaban  pacíficamente. 

Y  no  seguiré  enumerando  el  largo  catálogo  de  otras  iguales 
profanaciones  de  restos  mortales  de  personajes  célebres,  santos 
obispos,  guerreros  célebres,  incluso  el  Cid,  políticos  discretos  y 
afamados ,  sino  que  me  concretaré  al  del  célebre  D.  Iñigo  López 
de  Mendoza,  primer  conde  de  Tendilla,  uno  de  los  más  ilustres 
personajes  que  intervinieron  en  la  conquista  de  Granada. 

Al  otorgar  testamento,  mandó  este  buen  conde,  el  primero  de 


334  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

SU  título,  que  se  trajesen  sus  restos  mortales  á  su  monasterio  de 
Santa  Ana,  patronato  suyo  y  de  su  casa  por  fundación  y  dotación. 
Con  su  manto  de  caballero  de  Santiago  se  le  enterró  en  rico  y 
fuerte  ataúd,  en  una  alhacena  al  lado  del  Evangelio  junto  al 
altar  mayor.  Cerraban  la  alhacena  fuertes  puertas  y  tenían  las 
dos  llaves  de  ellas  y  del  ataúd  los  condes,  sus  descendientes  y 
el  prior  del  monasterio  de  Jerónimos.  Allí  se  colocaron  además, 
las  estatuas  yacentes  de  él  y  de  su  mujer,  sobre  ricos  túmulos 
góticos,  teniendo  él  á  sus  pies  un  paje  que  parecía  velar  su  sueño 
eterno,  y  ella  una  dueña  en  actitud  doliente. 

Guando  á  fines  del  siglo  pasado  vino  á  Tendilla  el  marqués 
de  Bélgida,  su  descendiente  y  sucesor  en  los  títulos,  vínculos  y 
derechos  del  condado  de  Tendilla,  se  procedió,  reunidas  las  dos 
llaves,  á  la  apertura  de  la  alhacena,  y  sacando  el  ataúd  con  re- 
ligioso aparato  se  le  colocó  en  medio  de  la  iglesia,  donde  le 
pudo  ver  despacio  todo  el  pueblo,  observando  todavía  sus  fac- 
ciones acartonadas  ó  momificadas ,  y  viendo  el  esqueleto  con  el 
manto  de  caballero  de  Santiago,  el  cual  conservaba  sus  cordo- 
nes y  borlas,  distinguiéndose  aún  las  franjas  y  bordados  de  su 
vestido. 

Pocos  años  después  en  la  noche  del  15  de  Enero  de  1809,  inva- 
dieron el  pueblo  las  tropas  francesas,  saquearon  el  monasterio  y 
la  iglesia  y  violentaron  las  puertas  de  la  alhacena,  creyendo  quiz;í 
encontrar  algún  tesoro;  mas  hallando  solo  el  ataúd,  lo  rompieron, 
destrozaron  el  cadáver,  y,  poniendo  en  la  calavera  un  cabo  de 
vela,  hicieron  con  ella  una  ridicula  procesión,  remedando  los 
cánticos  fúnebres  de  la  iglesia  ,  que  oía  con  indignación  mal 
comprimida  el  aterrado  y  maltratado  vecindario  de  Tendilla, 
cuyas  casas  habían  saqueado  á  mansalva,  pues  ninguna  resisten- 
cia se  les  había  hecho. 

Y  como  si  no  fueran  bastantes  tanta  impiedad  y  tan  feroz  y  sal- 
vaje profanación  de  los  invasores,  siguió  á  ella  la  habitual  incu- 
ria de  los  españoles,  y,  ni  la  casa  de  Bélgida,  ni  los  monjes  se 
cuidaron  de  recoger  y  conservar  los  restos  en  un  ataúd,  por 
modesto  que  fuese,  ni  volverlos  á  la  alhacena,  y  á  reponer  las 
llaves,  sino  que,  cogjendo  la  calavera  y  los  restos  que  por  allí  se 
hallaron,  los  pusieron  debajo  de  la  mesa  del  altar  mayor,  donde 


LA    CALAVERA    DEL    GONCE   DE    TENDILLA.  335 

no  debían  estar  según  las  reglas  litúrgicas,  no  siendo  reliquias 
de  ningún  santo. 

Los  que  utilizaban  las  rentas  que  él  les  dejara,  ¿no  podían  entre 
todos  reunir  la  enorme  cantidad  de  unos  cien  reales  para  hacer 
una  caja  de  pino  con  dos  cerraduras,  y  arreglar  las  puertas  de  la 
alhacena,  y  volver  á  su  sitio  los  restos  mortales  del  honrado  y 
generoso  primer  conde  de  Tendilla?  La  impp,rcialidad  exige  que 
al  censurar  la  brutalidad  de  los  invasores,  acusemos  también 
acerbamente  la  incuria  de  los  nuestros. 

No  se  diga  que  estas  cosas  se  debeu  callar:  no  se  diga  que  se 
tenga  compasión  con  la  memoria  de  los  que  no  lo  hicieron,  bus- 
cando atenuaciones  en  la  penuria,  en  la  inadvertencia,  y  en  la 
urgencia  de  mayores  apuros.  Ese  olvido,  ese  descuido,  esa  inad- 
vertencia, esa  nueva  profanación,  son  actos  de  ingratitud,  y,  como 
de  ingratitud,  vituperables  y  punibles.  Para  esos  castigos  sirve  la 
Historia,  la  cual,  semejante  al  tribunal  de  Minos  que  fingió  la  fá- 
bula, tiene  la  misión  de  residenciar  á  los  muertos,  y  no  como 
quiera  á  los  individuos,  sino  á  las  colectividades,  cualesquiera 
que  sean,  y,  al  flagelar  con  su  crítica  imparcial,  pero  inexorable, 
los  vicios,  la  incuria,  los  errores,  las  profanaciones,  las  ingrati- 
tudes de  los  pueblos  y  de  las  corporaciones ,  como  también  las  de 
los  individuos  que  ya  dieron  cuenta  particular  á  Dios  verdadero 
ante  su  tribunal  eterno,  omnipotente  y  justo,  enseña  á  los  vivos 
y  á  las  corporaciones  y  á  los  pueblos  y  á  los  gobiernos,  lo  que  les 
aguarda  para  en  su  día ,  y  lo  que  se  hará  con  ellos  acusándolos 
ante  las  generaciones  venideras,  cuando  la  historiado  entonces 
venga  á  decir  lo  que  ahora  quizá ,  ó  se  calla  por  respeto,  ó  no  se 
puede  acusar  sin  lastimar  altas  consideraciones. 

Y  en  efecto,  aun  con  relación  á  la  malparada,  abandonada  y  ol- 
vidada calavera  del  conde  de  Tendilla  se  vino  á  descubrir  su 
paradero,  cuando  menos  se  podría  esperar.  Los  monjes,  que  ha- 
bían vuelto  á  Tendilla  en  1814,  fueron  expulsados  en  1822.  Vol- 
vieron en  18:25  y  fueron  otra  vez  expulsados  en  1835.  En  este  si- 
glo duran  las  cosas  en  España  diez  años  á  todo  rabiar,  y  es  muy 
oportuna  la  frase,  pues  se  pasan  entre  tanto  algunas  temporadas 
rabiando ,  aunque  sin  hidrofobia,  por  misericordia  especial. 

Diez  años  después,  en  1845,  la  Comisión  de  Monumentos  de 


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Guadalajara,  cumpliendo  con  su  deber,  quiso  averiguar  el  para- 
dero de  los  restos  mortales  de  D.  íñigo  López  de  Mendoza,  uno 
de  los  opulentos  magnates  de  aquella  célebre. casa,  cuyas  glorias 
van  estrechamente  unidas  á  las  de  la  ciudad  y  aun  á  las  de  la 
provincia  en  gran  parte. 

A  fines  de  Octubre  de  dicho  año  pasó  á  Tendilla  el  secretario 
de  la  Comisión  de  Monumentos  de  aquella  provincia,  D.  Fernando 
Ahumada,  por  encargo  y  comisión  de  la  misma,  á  investigar  el 
paradero  de  los  restos  mortales  de  aquel  personaje  y  el  estado  de 
su  sepulcro.  El  convento  se  había  vendido,  la  iglesia  estaba  sin 
culto:  el  secretario  hubo  de  impetrar  permiso  del  dueño  del  con- 
vento para  entrar  en  la  iglesia  á  cumplir  su  cometido.  Allí  no 
había  ya  ni  altares,  ni  epitafios,  ni  vestigios  de  tal  cosa:  una  fá- 
brica de  mampostería  indicaba  solamente  donde  había  estado  el 
altar  mayor. 

El  dueño  del  convento,  D.  Pedro  Díaz  de  Yela,  abogado  de 
Tendilla,  proporcionó  tres  trabajadores  para  que  se  hicieran  ex- 
cavaciones donde  fuera  necesario.  Los  ancianos  que  acompañaban 
al  Sr.  Ahumada  recordaban,  no  solamente  el  paraje  donde  había 
sido  enterrado,  sino  también  el  estado  del  cadáver  cuando  se  le 
expuso  al  público  á  fines  del  siglo  pasado,  y  las  horribles  escenas 
de  la  funesta  noche  del  15  de  Enero  de  1809.  Se  cavó  en  varios 
parajes  del  presbiterio,  se  picó  en  las  paredes  contiguas,  pero  nada 
se  pudo  hallar.  Por  algún  indicio  que  sé  tenía  de  que  se  habían 
metido  algunos  restos  del  cadáver  debajo  del  altar  mayor,  se  hizo 
que  uno  de  los  trabajadores  entrase  allí  para  reconocer  lo  que 
hubiese.  «A  corto  tiempo  de  entrar  y  tantear,  dice  la  declaración 
«que  se  tomó  ante  el  Alcalde  y  Escribano,  manifestó  que  tocaba 
»una  calavera,  la  cual  extrajo,  y  examinada  por  dicho  Sr.  Secre- 
starlo y  Sr.  D.  Pedro  y  los  declarantes,  vieron  tener  algunas 
^cuchilladas  en  la  parte  alta  y  posterior  del  cráneo,  y  notando  que 
«sonaba  dentro  alguna  cosa,  se  sacó,  y  era  un  cabito  de  vela  de 
»cera.  Después  entró  con  mucho  trabajo  el  mismo  Sr.  Secretario 
»con  una  luz  en  el  hueco  mencionado,  é  indicándole  desde  fuera 
«el  A.  (el  trabajador)  el  sitio  donde  había  estado  la  calavera,  los 
«declarantes  vieron  ser  un  nicho  pequeñito  formado  en  el  rincón 
»que  resultaba  de  la  mesa  del  altar  y  un  tabique  que  se  conocía 


LA  CALAVERA  DEL  CONDE  DE  TENDILLA.  337 

»había  para  dividir  esta  por  la  mitad.  El  dicho  Sr.  Secretario 
«extrajo  del  nicho,  según  vieron  los  que  declaran,  algunos  huesos 
«como  de  manos  y  pies,  otro  del  pecho  y  canillas,  todo  de  perso- 
»na  humana,  que  con  el  mayor  esmero  hizo  el  referido  Sr.  Se- 
«cretario  que  condujesen  los  declarantes.» 

Entre  las  declaraciones  que  se  tomaron  es  la  más  curiosa  la  del 
licenciado  D.  Casimiro  José  Olivera,  de  edad  de  70  años,  que  dice 
así:  «Que  le  consta,  lá  no  dudarlo,  que  D.  Iñigo  López  de  Mendoza, 
«Conde  de  Tendilla,  Fundador  del  convento  de  Jerónimos  de  Santa 
«Ana,  extra-muros  de  esta  villa  (de  Tendilla),  estaba  enterrado 
»en  una  caja  con  dos  llaves,  que  una  tenía  el  Sr.  Conde,  y  otra 
«el  Prior  del  enunciado  Monasterio,  y  colocada  en  un  nicho  al 
j)lado  del  Evangelio  de  la  iglesia  del  dicho  Monasterio,  debajo  del 
«sepulcro  artístico  que  hay  en  su  pared,  y  el  nicho  estaba  cerrado 
«con  dos  puertas,  y  encima  de  ellas  el  epltaño  de  su  cadáver  (1), 
«el  cual  estaba  embalsamado,  cubierto  con  el  hábito  de  la  orden 
»de  Santiago;  lo  que  sabe  el  declarante  por  haberlo  visto  en  oca- 
«sión  de  haber  venido  el  Sr.  Conde  (2j,  á  fines  del  siglo  pasado, 
«haberse  sacado  la  caja  al  cuerpo  de  la  iglesia^  y  abierto  para  la 
«exposición  pública,  y  advirtió  también  que  el  cadáver  se  hallaba 
«acartonado.» 

«Que  asimismo  le  consta,  que  en  la  noche  del  quince  de  Enero 
»de  mil  ochocientos  nueve,  se  alojaron  en  el  Monasterio  unas 
«compañías  de  tropas  francesas,  quebrantaron  las  puertas  y  caja, 
«sacando  el  cuerpo  acartonado,  le  destrozaron  y  anduvieron  con 
«sus  huesos  por  el  Monasterio,  cantando  entre  otras  cosas  la  Le- 
» tañía,  pues  se  oía  en  el  pueblo.  Que  luego  que  marcharon  las 
«tropas,  subió  el  testigo,  y  vio  el  destrozo  del  cadáver,  hallando 
«huesos  por  la  iglesia,  los  claustros  y  el  corral,  y  lo  que  había 
«sido  carne  se  hallaba  convertido  en  un  polvo  como  de  tabaco  y 


(1)  Así  dice. 

(2)  El  Presbítero  D.  Raymundo  Olivera,  hermano  ó  pariente  del  declaraníe,  y  de  edad 
de- 67  años,  dice  que  vio  el  cadáver  con  motivo  de  encontrarse  en  esta  villa  el  Excelen- 
tísimo Sr.  Marqués  de  Bélgida,  Conde  de  este  pueblo,  que  estaba  (el  cadáver)  cubierto 
con  hábito  blanco,  como  de  seda,  con  franjas  y  cordones  dorados,  al  parecer  de  caba- 
llero de  algunas  órdenes  militares. 

TOMO  ni,  23 


338  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

«serrín,  y  además  se  veían  algunas  partes  de  piel  cuartonada.  Que 
»los  huesos  que  vio  y  más  le  llamaron  la  atención  fueron  los  de 
«las  piernas  y  brazos,  y  habiendo  visto  en  la  noche  del  diez  y 
»ocho  del  que  concluye,  los  que  de  aquellas  partes  recogió  el  se- 
«ñor  secretario  de  la  Comisión,  le  parece  son  los  mismos;  tanto 
»más  forma  este  juicio  y  presuncióu  quanto  que  después  que  los 
nmouges  colocaron  los  huesos,  oyó  decir  lo  habían  hecho  en  el 
«Altar  Mayor,  que  comunmente  se  llama  el  presbiterio,  que  es 
«donde  se  han  hallado.  Por  todo  lo  cual  cree,  si  no  por  una  evi- 
«dencia  física,  al  menos  moral,  que  los  referidos  huesos  son  del 
»Sr.  Conde  de  Tendilla  D.  Iñigo  López  de  Mendoza;  corrobo- 
»rando  este  juicio  por  la  señal  que  tiene  la  calavera  de  haberla 
j)dado  un  golpe  con  sable,  ú  otro  instrumento  cortante,  en  la 
«occipital,  con  el  ñn  tal  vez  de  destrozarla,  como  lo  hicieron 
«las  tropas  francesas  con  las  demás  partes  del  cuerpo  de  dicho 
«Señor.» 

El  presbítero  Olivera  añade,  que  oyó  á  diferentes  gentes  de  esta 
población,  que  en  la  referida  noche  las  tropas  francesas  llevaban 
en  procesión  la  calavera  del  Sr.  Conde,  con  una  luz  dentro  de  ella, 
cantando  lo  que  no  entendían.  Lo  mismo  dice  otro  vecino  de 
edad  de  75  años. 

Añade  el  clérigo  que  «le  consta  que  los  monjes  recogieron  la 
calavera  y  huesos  que  quedaron  de  aquel  cadáver,  que  noticiaron 
lo  ocurrido  al  Excmo.  Sr.  Marqués  de  Bélgida,  quien  les  mandó 
los  depositaran  en  su  iglesia,  pero  que  ignora  el  declarante  el  si- 
tio en  que  los  pusieron,  aunque  infiere  sería  en  lugar  distinguido 
é  inmediato  adonde  estuvo  colocado.» 

Omitimos  la  descripción  de  los  preciosos  mausoleos  de  mármol 
con  las  estatuas  yacentes  del  buen  Conde  y  su  esposa  Doña  El- 
vira, que  fueron  trasladados  de  Tendilla  á  Guadalajara,  y  se  ha- 
llan colocados  en  la  antigua  iglesia  de  Santo  Domingo,  actual 
parroquia  de  San  Ginés,  los  cuales  pueden  verse  á  la  página  liv 
del  tomo  ii  de  la  magnífica  obra  de  nuestro  compañero  D,  Va- 
lentín Carderera,  titulada  Iconografía  Española,  y  una  precio- 
sa lámina  en  que  se  hallan  exactamente  dibujados  ambos  se- 
pulcros. 

El  Sr.  Carderera  tributa  con  ese  motivo  un  merecido  elogio  á  la 


LA   CALAVERA    DEL    CONDE   DE    TENDILLA.  339 

Comisión  de  Monumentos,  y  lo  merece  igualmente  la  Diputación, 
que  costeó  la  traslación  y  restauración  de  aquellos  monumentos, 
los  cuales  hoy  honran  la  capital  de  la  Alcarria. 

Madrid,  Febrero  de  1S81. 

Vicente  de  la  Fuente. 


IIL 


ASSILAH  DE  ABEN  PASCUAL  (1). 


n. 


Al  terminar  la  reseña  que  del  contenido  del  segundo  cuaderno 
de  la  Assilah  de  Aben  Pascual,  tuve  el  honor  de  leer  ante  la 
Academia,  adelanté  la  idea  de  que  en  las  primeras  páginas  del 
tercer  cuaderno  se  resolvía  una  cuestión  cronológica,  que  me 
proponía  tratar  cuando  hubiera  de  dar  noticia  de  la  última 
parte  del  primer  volumen  de  dicha  obra. 

La  historia  de  Córdoba  en  el  decenio  comprendido  entre  los 
años  480  y  470  de  la  hégiraes  tan  obscura  por  los  pocos  y  contra- 
dictorios datos  encontrados  hasta  ahora  en  los  autores  árabes, 
que  nuestro  sabio  correspondiente  M.  Dozy,  después  de  prolijas 
investigaciones,  sólo  pudo  fijar  de  un  modo  aproximado  las  fe- 
chas de  la  toma  de  esta  ciudad,  primero  por  Almotamid  de  Sevi- 
lla,—  después  por  Aben  Occaxah,  partidario  de  Almamun  de  To- 
ledo, —  y  nuevamente  por  Almotamid,  que  la  arranca  del  poder 
de  Aben  Occaxah. 


(1)    Véase  Boletín,  t.  ii,  pág.  1G4. 


340  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

Las  fechas  respectivas  de  estos  sucesos,  son,  según  la  opinión 
de  M.  Dozy  hacia  fines  de  462,  467  y  471  (1). 

Con  el  testimonio  de  monedas  perfectamente  conservadas,  creo 
haber  probado  (2)  que  la  proclamación  de  Almotamid  en  Córdoba, 
después  de  haber  auxiliado  á  Abdelmélic  ben  Ghawar  contra  Al- 
mamun  de  Toledo,  se  llevó  á  cabo  en  el  año  461  como  dice  Aben 
Aljathib,  no  en  462  como  creyó  M.  Dozy  siguiendo  á  Aben 
Bassam. 

De  la  fecha  de  la  toma  de  Córdoba  por  Aben  Occaxali  nada 
pude  decir  en  virtud  de  monumentos  numismáticos,  pues  enton- 
ces no  conocía  monedas  acuñadas  en  Córdoba  por  Almamun  de 
Toledo. 

Respecto  á  la  fecha  en  que  Almotamid  pudo  recobrar  la  antigua 
capital  del  Califato,  entre  las  dos  fechas ,  469  que  nos  da  Aben 
Aljathib,  y  la  de  471  que  se  encuentra  en  Abdelwahid,  y  que  seguía 
M.  Dozy,  hubimos  de  aceptar  laprimera,  en  virtud  de  haber  visto  un 
diñar  acuñado  en  Córdoba  en  el  año  469,  con  los  nombres  de  Al- 
motamid y  do  su  hijo  Adhido-d-Daulah,  que  á  la  muerte  de  su 
hermano  Abbad  fliracho-d-Daulah,  vino  á  ocupar  el  lugar  de 
Príncipe  heredero,  y  por  ende  á  figurar  lo  mismo  en  las  mone- 
das acuñadas  por  su  padre  en  Sevilla,  que  en  las  acuñadas  en< 
Córdoba:  con  esta  moneda,  si  se  probaba  que  no  era  exacta  la 
fecha  471  que  nos  da  Abdelwahid,  no  se  probaba  que  fuese  ver- 
dadera la  versión  de  Aben  Aljathib,  aunque  se  acercase  más  á  la 
verdad:  nosotros  aceptamos  sin  reserva  esta  última,  si  bien  en  ri- 
gor debiéramos  haber  advertido  que  solo  la  aceptábamos  provi- 
sionalmente. 

En  dos  pasajes  de  Ahen  Pascual  (páginas  G7y  184)  encontramos 
indicado  el  hecho  de  que  Almamun  de  Toledo  era  rey  de  Córdoba 
en  el  año  467;  pero  en  ninguno  de  ellos  encontramos  menciona- 
do el  mes. 

En  468  era  rey  de  Córdoba  Almotamid  de  Sevilla,  pues  Aben 


(1)  Ilistoire  des  mvsulmans  d'Esjjagnejusqn'ci  la  conqucte  de  l'Aiidalousie  par  ler 
almorávides  par  R.  Dozy,  Leyde,  1861,  tomo  IV,  pág.  156  y  sig. 

(2)  Estudio  histor ico-crítico  sobre  las  monedas  de  los  Ahhadies  de  Sevilla,  publicada 
en  el  Museo  espaTiol  de  Anügiiedades,  tomo  VI,  pág.  115  á  \Z^i— Cecas  arábijo  esjjañolaSf 
pág.  10. 


ASSILAH    DE   ABEN   PASCUAL.  341    ■ 

Pascual,  hablando  de  Obaid-Allah  ben  Moliammad  ben  Adliam, 
dice  (pág.  298)  que  Alniotamid-ála-AUah  Mohammad  ben  Abbadle 
nombró  kadhí  de  la  aljamah  de  Córdoba  el  jueves,  cinco  (noches) 
faltando  del  mes  de  safar  del  año  4G8. 

Combinado  este  texto  de  Aben  Pascual  con  lo  que  dice  Abdel- 
wahid  (1)  «que  el  apoderarse  Almotamid  de  Córdoba  y  el  hacer 
salir  de  ella  á  Aben  Occaxah  fué  en  martes,  siete  (noches)  faltando 
del  mes  de  safar  del  año  471»,  nos  induce  á  suponer  que  este  tex- 
to sería  exacto  sustituyendo  la  fecha  471  por  468;  pues  el  22  de 
safar  del  año  471  no  era  martes  sino  lunes;  de  los  años  inmediatos, 
sólo  en  el  468  se  da  la  circunstancia  de  que  el  22  de  safar  sea  mar- 
tes; como  Almotamid  nombró  kadhí  de  la  aljamah  á  Obaid- 
Allah  ben  Mohammad  ben  Adham  el  24,  jueves  del  mismo  mes, 
podemos  suponer  que  efectivamente  se  había  apoderado  de  Córdo- 
ba dos  dias  antes  y  que  Abdelwahid  equivocó  el  año,  como  equi- 
vocó el  nombre  del  Príncipe,  á  quien  Almotamid  dio  el  mando  de 
Córdoba  al  regresar  á  Sevilla;  pues  le  llama  Abbad  Almamun, 
siendo  así  que  Abbad  (Qiracho-d-Daulah)  había  sido  muerto  por 
Aben  Occaxah  al  apoderarse  de  Córdoba  en  467,  y  el  hijo  de  Almo- 
tamid, que  después  tomó  el  título  sultánico  Almamun  y  quedó 
de  gobernador  de  Córdoba,  se  llamaba  Alfatah  (2). 

A  la  cronología  que  con  estos  datos  establecemos,  pudiera  opo- 
nerse que  Aben  Pascual,  pocas  páginas  después,  cita  á  Aben  Occa- 
xah como  alcaide  de  Calatrava  cerca  del  año  480,  lo  cual  no  pare- 
ce convenir  con  lo  expuesto;  pues  es  sabido  que  fué  muerto  al 
ser  recobrada  Córdoba  por  Almotamid  ;  pero  la  palabra  ce^xa  es 
tan  vaga,  que  lo  mismo  puede  ser  verdad  con  aplicación  al  año 
468  que  al  480. 

Pasando  ya  á  dar  un  resumen  general  del  contenido  del  tercer 
cuaderno  de  Aben  Pascual,  diremos  que  van  impresas  408  pági- 
nas, en  las  que  se  comprenden  888  biografías,  de  las  cuales  al  ter- 
cer cuaderno  corresponden  283. 


(U  T/ie  hislonj  of  the  almohades...  by  Abdo-1-Waliid  Al-Marrekoshi...  edited  by 
E.  Dozy,  second  edition,  Leyden,  1881,  pág-.  90. 

(2)  Véase  nuestro  folleto,  Títulos  y  notnWes propios  en  las  monedas  arábigo-españo- 
las, pág-.  44. 


342  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

De  estas  biografías,  93  pertenecen  á  personajes  de  Córdoba;  3! 
son  de  Toledo,  18  de  Sevilla,  11  de  Zaragoza,  7  de  Almería,  6  de 
Játiva,  Guadalajara  y  Murcia,  5  de  Badajoz,  4  de  Málaga,  Valen- 
cia y  Baena,  3  de  Talavera,  2  deEvora,  MallorcayRayyah,y  una 
de  cada  una  de  las  poblaciones  siguientes,  Denia,  Tudela,  Saltis, 
Riela,  Algeciras,  Alpuente,  Uclés,  Balagiier,  Tortosa,  Madrid, 
Xomontan,  Sidonia,  Daroca,  Segura,  Medinaceli,  Osuna,  y  El- 
vira, aparte  de  algunos  personajes  de  cuyo  pueblo  natal  no  da 
noticias  el  autor  ó  no  es  fácil  determinar. 

El  catálogo  de  los  escritores  árabes  españoles  se  aumenta  con- 
siderablemente, pues  Aben  Pascual  cita  34  escritores  que  no  cons- 
tan en  el  Diccionario  hibliográfico  de  Hachi  Jalifa^  siendo  solo  7 
los  citados  por  ambos  autores. 

El  número  de  los  que  hicieron  la  peregrinación  á  la  Meca,  as- 
ciende á  29,  y  á  34  el  de  los  que  viajaron  por  Oriente;  con  la  par- 
ticularidad de  que  el  autor  dice  de  algunos  que  viajaron  por 
Oriente,  sin  decir  que  hicieran  la  peregrinación,  como  á  su  vez 
no  considera  como  viajeros  á  los  que  se  limitaban  á  cumplir  con 
el  precepto  koránico. 

Son  tantas  las  noticias  de  carácter  administrativo  que  como  de 
paso  se  encuentran  en  Aben  Pascual,  que  ellas  solas  debieran 
dar  lugar  á  un  concienzudo  estudio  sobre  la  administración  de 
los  árabes  españoles:  me  limitaré  aquí  á  traducir  casi  literalmente 
lo  que  dice  de  algunos  personajes  que  ejercieron  cargos,  que  me 
parecen  nuevos. 

Hablando  de  Abderrahman  ben  Ahmed  ben  Obaid-Allah,  el 
Roainí,  natural  de  Córdoba,  dice  entre  otras  cosas  «mandó  el  Con- 
sejo en  tiempo  del  kadhí  Abu  Bequer  ben  Zarab,  y  Aben  Abu 
Amir  (Almanzor)  le  encargó  de  los  juicios  de  la  guardia  (ó  poli- 
cía) y  la  inspección  de  los  contratos  (ó  registros  notariales)  del 
sultán,  dándole  al  mismo  tiempo  el  cadiazgo  de  Ecija,  Osuna, 
Carmona,  Morón  y  Tecorona,  todos  juntos:  después  le  trasladó 
de  ellos,  y  le  dio  el  mando  de  los  juicios  de  contabilidad,  que  en- 
tre nosotros  se  llama  waliazgo  del  mercado :  luego  fue  kadhí  de 
Jaén,  y  después  de  Valencia  y  sus  distritos;  el  mismo  Almanzor 
le  invistió  del  cargt  de  ordenar  la  historia  de  su  tiempo,  en  cuyo 
cargo  reunió  su  admirable  libro,  que  hizo  perecer  el  saqueo  en 


ASSILAH    DE    ABEN    PASCUAL.  343 

la  desgracia  de  la  familia  do  Abu  Amir  (Almaiizor),  intei-rumpicu- 
düse  su  institución  y  desapareciendo  su  propósito  (pág.  301): 
aquí  tenemos  mencionada  la  institución  del  oficio  de  cronista,  que 
desapareció  al  poco  tiempo  á  consecuencia  de  las  turbulencias 
que  siguieron  á  la  muerte  de  Almanzor. 

En  las  biografías  correspondientes  á  los  números  786  y  805  se 
hace  mención  de  un  cargo  que  conferia  el  kadhí  de  Córdoba: 
Abdel-Aziz  ben  Macud,  el  de  Evora  y  Abdclsámid  ben  Alfatah  el 
Abdarí  estuvieron  encargados  de  anotar  ó  registrar  los  fallos 
dictados  por  el  kadhí,  cuyo  cargo  parece  era  compatible  con  el 
de  ¿Abogado  ó  Consultor  de  número  en  Córdoba?,  pues  de  Abdel- 
Aziz  dice  el  autor  á  continuación  que  «estaba  en  el  número  do 
los  consultados  (M.  Dozy  da  á,  esta  palabra  la  acepción  de  juris- 
consulto á  quien  se  pide  decisiones  y  las  da)  en  Córdoba:  de  otras 
muchas  particularidades  referentes  á  cargos  administrativos  pu- 
diera tratar,  pero  las  omito  en  gracia  á  la  brevedad. 

He  hablado  alguna  vez  de  musulmanes  españoles  colectores  de 
libros:  en  la  biografía  núm.  679  se  trata  de  Abderrahman  ben 
Mohammad  ben  lea  ben  Fothais,  natural  de  Córdoba,  cuya  manía 
bibliófila  era  tal,  que  en  cuanto  tenía  noticia  de  algún  libro  bue- 
no que  él  no  tuviera,  proponía  á  su  dueño  la  venta,  y  si  no  podía 
adquirirlo,  lo  copiaba  y  devolvía:  sin  duda  no  hacían  todos  lo 
mismo;  pues  con  referencia  á  un  nieto  suyo  dice  nuestro  autor  que 
Abderrahman  bajo  ningún  pretexto  dejaba  sus  libros,  si  bien, 
cuando  alguien  se  los  pedía  con  insistencia,  los  daba  á  uno  de  sus 
copistas,  quien  lo  copiaba,  y  después  de  cotejar  la  copia,  la  entre- 
gaba al  postulante,  y  si  la  devolvía,  (bien),  y  si  no,  le  dejaba  (en 
paz):  el  número  de  los  libros  que  llegó  á  reunir  fué  tan  conside- 
rable, que  según  contaron  al  autor  varios  de  la  familia  de  Abde- 
rrahman, la  gente  de  Córdoba  acudió  á  la  venta  de  los  libros  que 
se  efectuaba  en  su  mezquita  (en  la  mezquita  de  su  ¿parroquia?),  du- 
rante un  año  entero,  y  de  su  precio  se  reunieron  40000  dinares 
kacemies,  suma  que  por  su  valor  intrínseco  equivalía  á  más  de 
100.000  duros  de  nuestra  moneda:  los  cargos  que  ejerció  y  los  li- 
bros que  escribió  fueron  muchos,  y  de  ellos  da  noticia  Aben  Pas- 
cual y  también  le  menciona  Hachí  Jalifa  en  su  gran  Diccionario 
bibliográfico. 


344  BOLETÍN   DE    LA.   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

Discípulo  del  anterior  fué  Ornar  ben  Obaid-Allah  ben  luQuf , 
natural  también  de  Córdoba,  gran  colector  de  libros,  á  quien  los 
bereberes  robaron  8  cargas  de  estos  que  había  encerrado  en  su 
casa  en  el  arrabal  occidental,  con  objeto  de  llevarlos  á  otra  parte. 

Habiendo  entre  los  árabes  españoles  tantos  bibliófilos,  natural- 
mente debía  haber  muchos  y  buenos  copistas;  así,  de  Abde- 
r-Rahmau  ben  Mohammad  ben  Fothais,  mencionado  antes, 
dice  el  autor,  que  tenía  seis  libreros  (ó  copistas),  y  que  por  no 
prestar  los  originales,  hacía  sacar  copias  para  poderlas  prestar: 
de  muchos  de  los  literatos  dice  que  tenían  buena  forma  de  letra, 
y  es  notable  lo  que  asegura  (pág.  324)  de  Abderrahman  ben  Mo- 
hammad ben  Abbac  ben  Ghauxac,  natural  de  Toledo,  quien  en 
un  día  copiaba  y  cotejaba  la  obra  titulada  Mojtasar  de  Aben  Obaid 
y  sin  tomar  tinta  escribía  15  líneas. 

Muchos  eran  los  entierros  á  los  cuales  asistía  un  gran  acompa- 
ñamiento: á  mitad  de  xaában  del  año  422  de  la  hégira  moría  en 
Córdoba  Abde-r-Rahman  ben  Ahmed...  ben  García  (pcág.  321), 
kadhí  que  había  sido  de  la  aljama  durante  el  califato  de  los  Ham- 
mudies  en  Córdoba,  y  que  depuesto  á  fines  de  419  por  Hixem  III, 
que  le  odiaba,  éste  asistió  á  su  entierro,  manifestándose  en  su  cara 
la  alegría;  pero  corto  fué  el  fruto  que  de  esto  sacó  en  esta  vida 
después  de  él,  añade  el  autor,  y  efectivamente  no  debió  durarle 
mucho  la  alegría,  pues  á  los  pocos  meses  fué  destronado,  y  gra- 
cias que  pudo  evadirse  del  castillo  en  que  le  tuvieron  detenido  y 
refugiarse  en  Lérida,  donde  murió  algunos  años  después  casi 
completamente  ignorado. 

De  otro  entierro  presidido  también  por  un  Sultán  (así  le  llama), 
y  no  con  tan  malas  disposiciones,  nos  da  noticia  Aben  Pascual: 
á  mitad  del  mes  de  xawal  del  año  444  moría  en  Denia  Otsman 
ben  Qalá,  natural  de  Córdoba,  gran  viajero  y  escritor:  en  su  entie- 
rro y  delante  del  cadáver  iba  á  pie  el  Sultán,  de  quien  no  dice  el 
autor  cómo  se  llamaba,  aunque  no  hubiera  estado  demás,  pues 
ni  entonces,  ni  ahora  tendrían  todos  á  mano  un  libro  donde  poder 
averiguar  que  el  rey  de  Donia  en  este  año  se  llamaba  Alí  Ikba- 
lo-d-Daulah. 

Pocas  veces  menciona  Aben  Pascual  á  los  príncipes  españoles; 
pues  de  ordinario  solo  se  acuerda  de  ellos  cuando  asisten  á  algún 


ASSH.AII    DE    AÜEN    PASCUAL.  345 

enlierro  ó  coiiíiercn  algún  cargo;  pero  en  esle  cuaderno  los  men- 
ciona varias  veces  para  reprocharles  por  sus  iniquidades:  ya 
hemos  vislo  la  poco  lisonjera  mención  de  Hixem  III:  á  Almota- 
dhid  de  Sevilla  le  menciona  al  hablar  de  Ornar  bcn  Alhacan  ben 
Ornar  el  Hanzani,  á  quien  aquel  dio  muerte  en  el  alcázar  de  Sevi- 
lla, enterrándole  dentro  del  mismo  alcázar  con  sus  vestidos,  en  la 
noche  del  sábado  á  15  de  rebia  postrero  del  año  460,  sin  lavar  su 
cadáver  y  sin  oración;  «Allah  le  haya  perdonado»:  añade  el  autor, 
Allah  es  el  que  pedirá  cuenta  de  su  sangre,  pues  no  hay  Dios  sino 
él  (pág.  394):  en  la  página  siguiente  menciona  también  la  muerte 
dada  en  Almodóbar  á  Ornar  ben  llayyan  hen  Jálaf  ben  ííayyan 
por  un  nieto  de  Almotadhid,  llamado  Almamun  Alfatah,  hijo  de 
Almotamid:  de  esta  muerte  sólo  añade  «que  se  hizo  proverbial.» 

En  la  pág.  3G0,  el  autor  da  la  biografía  de  su  padre  Abdel-Me- 
lic  ben  Macñd  ben  Muca  ben  Pascual,  y  entre  otras  cosas  dice, 
que  leia  el  Coran  día  y  noche,  y  en  verdad  que  no  se  necesitaba 
menos  para  leerlo  todo  en  un  dia  como  asegura:  de  Ali  ben  Muca 
hen  Ibrahim,  natural  deTalavera,  dice  (pag.405)  que  lo  leía  todo 
en  tres  noches;  de  otros  asegura  respecto  al  número  de  veces  que 
leyeron  esta  ó  la  otra  obra  piadosa  ó  literaria,  cosas  que  nos  pare- 
cerían imposibles,  si  no  tuviéramos  en  cuéntala  paciencia  verda- 
daderamente  admirable  de  que  dan  pruebas  los  semitas. 

Entre  las  mezquitas  y  cementerios  nuevos,  sólo  haremos  men- 
ción de  la  mezquita  de  Yucuf  hen  Bacil^  situada  en  la  plaza  de 
Aben  Dirhamain'  (el  hijo  de  los  dos  dirhemes):  es  probable  que  la 
mezquita  tomase  el  nombre  del  fundador,  que  parece  ser  el  hijo 
de  un  renegado:  quizá  el  Bacil  que  ñgura  en  monedas  de  Abde-r- 
Rahman  II,  y  Yucuf  ben  Badl  será  el  que  ñgura  como  prefecto 
á  la  muerte  del  mismo  Abde-Rahman. 

Pudieran  citarse  casos  curiosos  de  personajes  nombrados  para 
cargos  importantes,  que  no  hubo  medio  dehacerles  aceptar,  y  otras 
muchas  particularidades;  pero  esto  me  llevaría  muy  lejos  y  no 
quiero  molestar  por  más  tiempo  la  atención  délos  Sres.  Académi- 
cos, tanto  menos  cuanto  estas  reseñas  deberán  repetirse  con  fre- 
cuencia, gracias  á  la  rapidez  con  que  llevan  á  cabo  la  composición 
del  texto  árabe  los  alumnos  que  me  ayudan  en  esta  enojosa  tarea. 

Madrid,  3  de  Abril  de  1883. 


346      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


III. 


Creo  que  la  Academia  oirá  con  satisfacción  que  el  texto  de  la 
Assilah  de  Aben  Pascual  está  ya  impreso  todo,  y  que  pronto  po- 
drán los  eruditos  aprovechar  las  muchas  noticias  que  en  dicha 
obra  se  hallan  esparcidas. 

Mil  cuatrocientas  cuarenta  son  las  biografías  contenidas  en  esta 
obra;  los  tres  primeros  cuadernos,  como  tuve  ocasión  de  infor- 
mar á  la  Academia,  comprenden  las  887  primeras:  cúmpleme 
ahora  decir  algo  de  lo  contenido  en  los  cuadernos  iv  y  v. 

De  las  553  biografías  incluidas  en  ellos,  como  siempre,  obtie- 
nen la  supremacía  los  individuos  de  Córdoba ,  patria  del  autor, 
quien,  como  es  consiguiente,  conocía  mejor  á  sus  paisanos  que  á 
los  naturales  de  otras  poblaciones,  siquiera  las  hubiera  visitado. 
Ciento  treinta  y  nueve  son  los  individuos  de  esta  ciudad,  cuyas 
biografías  pueden  leerse  en  los  dos  últimos  cuadernos  de  Aben 
Pascual:  Toledo  figura  con  54  ,  Sevilla  con  3?  ,  Almería  y  Zara- 
goza con  17,  Granada  con  10,  Badajoz  y  Xátiva  con  9,  Murcia, 
Málaga  y  Guadalajara  con  8,  con  7  Huesca  y  Jaén,  con  6  Denia 
y  Pechina,  con  5  Talavera,  con  -4  Medinaceli,  Tudela  y  Mallorca, 
con  3  Valencia  y  Madrid  y  con  1  ó  2  Tortosa,  Lebla,  Elvira,  Uclés, 
Vélez,  Calatrava,  Castalia,  Santarén,  Béjar,  Osuna,  Zurita,  Al- 
puente,  Quesada,  Santamaría  de  Algarbe,  Santamaría  (de  Aben 
Bazin?),  Silves,  Cuenca,  Maqueda,  Écija,  Orihuela,  Cádiz,  Si- 
donia,  Baeza,  Alcira,  Lisboa  ,  Onda,  Calatayud  y  Barbastro,  y 
cuatro  ó  seis  poblaciones  más,  cuya  correspondencia  no  es  fácil 
determinar. 

El  contingente  de  autores  españoles  no  citados  por  Hachi  Jalifa 
en  su  gran  Diccionario  bibliográfico ,  se  aumenta  con  treinta 
nombres  nuevos,  siendo  sólo  cinco  los  que  citados  por  Aben  Pas- 
cual aparecen  también  en  aquél. 

Sólo  por  seguir  la  marcha  iniciada  al  dar  cuenta  de  los  cuader- 
nos anteriores,  diré  que  95  de  los  personajes  biografiados  hicie- 
ron largos  viajes,  generalmente  á  Oriente,  y  para  cumplir  el  pre- 
cepto koránico  de  la  peregrinación,  si  bien  sólo  de  45  dice  de  un 
modo  expreso  que  lo  hicieran. 


ASSILAH    DE    ABEN    PASCUAL.  347 

Noticias  curiosas  consignadas  por  Aben  Pascual  en  estas  bio- 
grafías podrían  indicarse  muchas,  pero  sólo  haré  mención  de 
algunas  que  tienen  interés  cronológico  ú  ofrecen  mayor  novedad. 

En  la  biografía  1190,  hablando  de  Abu  Bequer  Mohammad 
ben  lea  ben  Zauba,  kadhí  de  Ceuta,  su  patria ,  nombrado  por  Al- 
muthaíTar,  hijo  de  Almanzor,  dice  que  cuando  Aben  Hammud 
(Alí  ben  Hammud)  llamó  á  la  rebelión  contra  los  Omeyyahs,  le 
mató  en  401  ó  402,  por  sospechas  en  favor  de  ellos:  esta  noticia, 
que  parece  de  poca  importancia  ,  puede  aclarar  un  punto  oscuro 
de  nuestra  historia :  Alí  ben  Hammud  y  su  hermano  Alkáccm 
fueron  nombrados  gobernadores  de  Ceuta  y  Algeciras  el  primero, 
y  de  Tánger  el  segundo  por  Quleimán  Almoctain:  por  las  pocas 
noticias  que  en  los  autores  encontramos,  parecía  inferirse  que 
este  nombramiento  fué  posterior  al  año  403,  fecha  del  segundo 
reinado  del  intruso  Quleimán,  y  de  la  desaparición  de  Hixem  II. 
Por  la  existencia  de  una  moneda  del  año  402,  acuñada  por  Alí  en 
Ceuta  á  nombre  de  (^uleimán ,  di  por  hecho  que  el  nombramiento 
de  Alí  para  gobernador  de  Ceuta  debió  de  tener  lugar  en  el  año 
400,  en  el  primer  reinado  de  ^Aileimán  (1).  Hubo  de  tratar  de 
nuevo  de  esta  cuestión  el  Sr.  Guillen  Robles  en  su  Málaga  Mu- 
sulmana, y  no  pareciéndole  prueba  bastante  para  alterar  la  cro- 
nología recibida  la  existencia  de  una  moneda,  que  yo  confesaba 
no  haber  visto,  me  propuso  la  sospechado  si  en  el  original  diría 
«-jj^  y  no  (.r:>'^1-  Examinada  de  nuevo  la  lámina  de  donde  yo 
h¿ibia  tomado  el  dato,  me  pareció  casi  seguro  que  el  grabador 
había  alterado  algún  tanto  los  trazos  ,  tomando  uno  por  otro,  y 
como  el  Sr.  Guillen  había  tenido  la  suerte  de  adquirir  una  mo- 
neda igual  del  año  405,  dio  por  sentado  que  no  existía  tal  dato,  y 
por  tanto  que  no  había  motivo  para  alterar  la  cronología:  así  lo 
creí  yo  también;  pero  en  virtud  de  lo  que  dice  Aben  Pascual, 
hay  que  abrir  de  nuevo  el  proceso.  Al  llamar  Alí  ben  Hammud  á 
la  rebelión,  ¿contra  quién  se  rebelaba?  Si  el  llamamiento  tenía 
lugar  en  el  año  401 ,  ó  402,  como  dice  ó  indica  Aben  Pascual,  se 
rebelaba  contra  Hixem  II ,  y  lo  hacía  probablemente  en  apoyo  de 


(1)    Estudio  crítico  solre  la  historia  y  monedas  de  los  Hammudtes  de  Málaga  y  Al- 
geciras: publicada  en  el  Museo  Español  de  Antigüedades,  tomo  vm. 


348  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

las  pretensiones  de  Culeimán,  que  trataba  de  destronar  de  nuevo 
al  legítimo  Califa  Hixem  II.  ¿Habrá  equivocado  Aben  Pascual  las 
fechas,  diciendo  que  Aben  Hammud  se  rebeló  contra  los  Omey- 
yahs  en  401  ó  402,  en  vez  de  decir  404  ó  405,  en  cuya  fecha  es  se- 
guro que  se  rebeló  contra  su  protector  (Culeimán,  tan  Omeyyah 
como  Hixem,  como  nietos  ambos  de  Abde-r-Rahman  III?  Podrá 
ser,  pues  no  le  creemos  infalible;  pero  en  buena  crítica  no  creo 
que  pueda  admitirse  una  equivocación  en  un  autor ,  sólo  porque 
su  aserto  no  se  aviene  con  la  inteligencia  que  se  ha  dado  á  otros 
textos  ,  ni  abundantes  ni  explícitos. 

Posteriormente  á  la  publicación  de  la  memoria  sobre  los  Ham- 
mudies  de  Málaga  y  Algeciras  y  aun  á  la  publicación  de  la  Mála- 
laga  Musulmana  de  nuestro  correspondiente  Sr.  Guillen  Robles, 
he  visto,  ya  que  no  la  moneda  en  cuestión,  una  impronta  sacada 
al  parecer  por  el  Sr.  D.  Antonio  Delgado.  Hállase  entre  los  Estu- 
dios inéditos  ])ara  la  obra  sobre  las  monedas  arábigo-hispanas, 
paquete  núm.  1,  papeles  existentes  en  nuestra  Biblioteca:  de  la 
impronta  retocada  con  tinta  por  el  Sr.  Delgado,  resulta  que  la 
moneda  no  estaba  bien  conservada:  el  Sr.  Delgado  leía  año  ^--^j'í 
(dos),  y  así  hay  que  leer,  á  no  admitir  que  vio  cosa  muy  dife- 
rente de  la  que  había  :  por  tanto  con  el  dato  que  nos  suministra 
la  moneda  que  posee  el  Sr.  Guillen,  resultaría  que  Alí  ben  Ham- 
mud acuñó,  reconociendo  á  Culeimán,  desde  402  á  405  y  que  en 
este  año,  y  no  antes,  se  rebeló  contra  el  misiuo  Omeyyah  á  quien 
había  ayudado  en  su  rebelión  contra  el  legítimo  Califa  Hixem  II: 
y  como  Alí  ben  Hammud  llamó  á  la  rebelión  contra  Hixem  en 
401  ó  402,  debe  inferirse  que  nombrado  por  (Culeimán  en  el  año 
400,  al  ser  destronado  éste  por  Mohammad  Almahdi  ,  ó  al  ser 
reslablecido  en  el  trono  Hixem  II,  Alí,  gobernador  de  Ceuta,  puso 
esta  ciudad  bajo  la  obediencia  del  segundo  usurpador,  ó  más  bien 
bajo  la  del  legítimo  Califa. 

Por  otra  parte,  la  misma  existencia  de  las  monedas  en  que  Alí 
ben  Hammud  reconoce  á  (^luleimán  antes  de  que  aparezcan  las 
que  dan  testimonio  de  su  rebelión  contra  éste,  aun  admitiendo 
que  las  dos  conocidas  fuesen  del  año  405,  no  probarían  que  Alí 
era  algo  más  que  un  simple  ivali  recien  nombrado  después  del 
nuevo  triunfo  del  usurpador?  Nótese  que  entre  las  muchas  va- 


ASSILAH    DK    AHEN    PASCUAL.  349 

piedades  de  monedas  acuñadas  por  Culeimán,  S(31o  estas  tienen  el 
nombre  de  la  caca  de  nn  modo  concreto,  pues  en  las  otras  se 
lee  ^*JjJ^lj  (e7i  Alcmdahis). 

La  moneda  que  ha  motivado  esta  digresión  hist(5rica,perteneci(), 
según  las  notas  del  Sr.  Delgado,  al  Sr.  Brigadier  Piñeiro,  y  antes 
al  Duque  de  la  Victoria. 

Entre  los  reyes  independientes  de  Toledo  se  cita  como  el  prime- 
ro ;í  Yaíx.ben  Mohammad  ben  Yaíx,  de  cuyo  reinado  se  sabe  tan 
poco,  que  M.  Dozy  le  supone  desde  100  ?  á  427.  Aben  Pascual  nos 
da  su  biografía,  pero  con  tan  pocos  datos  bajo  el  punto  do  vista 
que  hoy  más  nos  interesaría,  que  sólo  dice,  después  de  hablar  de 
sus  estudios,  «desempeñó  el  cargo  de  los  juicios  en  su  país;  des- 
pués llegó  á  él  la  administración  del  principado  en  él,  con  lo  cual 
Allah  aprovechó  á  la  gente  de  Toledo,  de  donde  fué  echado  luego, 
marchándose  á  Galatayud,  donde  murió  en  el  año  418;  así  lo  dice 
Aben  Mothahir;  pero  Aben  Hayyan  dice  que  murió  en  el  mes  de 
safar  del  año  19»:  de  modo  que  según  esto,  el  reinado  de  Icmail, 
sucesor  de  Yaíx,  debió  de  comenzar  lo  menos  diez  años  antes  de 
lo  que  se  había  creido,  terminando  también  bastante  después  de 
la  fecha  429  que  indica  Aben  Jaldun ;  pues  reinó  hasta  el  435 
según  resulta  de  Aben  Al-Atsir  (1)  y  Annowairí. 

Si  por  el  estudio  de  las  monedas  acuñadas  en  Córdoba  (2)  por 
Almotamid  de  Sevilla  no  hubiéramos  podido  rectificar  la  fecha 
en  que  se  apoderó  de  Córdoba,  echando  pérfidamente  de  ella  á  su 
protegido  Abdel-Melicben  Mohammadben  Ghahwar,  podría  creer- 
se que  en  la  biografía  de  su  padre  íbamos  á  encontrar  resuelta  la 
cuestión  con  todos  sus  detalles;  pero  nada,  más  lejos  de  la  mente 
de  Aben  Pascual;  nada  nos  dice  de  la  vida  política  del  que  llama 
Arráez  de  Córdoba,  y  gracias  si  al  indicarnos  su  muerte,  nos  dice 
que  murió  en  Xaltis,  desterrado  por  Almotamid:  por  casualidad 
en  la  biografía  anterior,  al  dar  noticia  de  la  muerte  de  Moham- 
med  ben  Atab,  acaecida  á  19  del  mes  de  safar  del  462 ,  nos  dice 


(1)  M.  Dozy  nos  indicó  esta  corrección  á  la  cronologia  que  liabiamos  seguido  en 
nuestro  Tratado  de  Numismática  Arábigo-española.  Apéndice  xi. 

(2)  Estudio  historico-critico  sobre  las  monedas  de  los  Alhadies  de  Sevilla,  tomo  vi 
del  Museo  Español  de  Anligüedades,  pág.  128. 


350  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

que  Almotamid  presidió  el  entierro  á  pié,  de  donde  resultaría,  si 
ya  lio  lo  supiéramos,  que  se  apodero  de  esta  ciudad  antes  de  ñn 
de  año  como  creyó  M.  Dozy ,  bien  que  las  monedas  nos  le  mues- 
tran en  Córdoba  ya  en  461;  por  la  asistencia  á  otro  entierro  re- 
sulta casi  lo  mismo,  aunque  no  dice  el  mes,  pág.  67. 

Muchos  son  los  ejemplos  que  cita  Aben  Pascual  de  personajes 
que  rehusaron  aceptar  los  cargos  más  distinguidos:  de  varios  que 
pudieran  aquí  citarse,  anotaré  sólo  el  de  Muza  ben  Iludzail,  na- 
tural de  Córdoba,  á  quien  siendo  ¿asesor  ?  en  los  juicios,  quiso 
nombrar  khadí  de  Córdoba  Mohammed  ben  Ghahwar  :  Muza 
pidió  ocho  días  de  plazo  para  pedir  á  Allali  (el  acierto) :  concedido 
como  era  de  esperar,  quedó  ciego  en  estos  días,  y  la  gente  creyó 
que  él  mismo  había  pedido  esto. 

Y  no  es  extraño  que  el  pueblo  creyera  que  Muza  ben  Hudzail 
había  conseguido  lo  que  había  pedido  por  verse  libre  de  un  cargo, 
que  sin  duda  aborrecía;  pues  Aben  Pascual  dice  de  muchos  de 
sus  biografiados ,  quo  su  intercesión  ú  oración  en  provecho  de 
otros  era  muy  atendida  ?_ai_01  w^'-f^  ^^^.  Véanse  las  biografías 
1262,  1285  y  1384. 

Algún  ejemplo  he  citado  en  trabajos  anteriores  de  prodigiosa 
memoria  deque  ofrecen  muchos  ejemplos  los  pueblos  semitas:  sin 
contar  los  muchos  que  sabían  de  memoria  el  Koran,  pues  parece 
que  eso  al  menos  se  necesitaba  para  que  uno  llevara  el  título 
de  iiiU.  (hafiUi)  y  lo  llevaban  muchos,  Aben  Pascual  nos  dice 
de  Mohammad  el  Haximi,  natural  do  Zaragoza,  que  sabía  de 
memoria  la  Almowatha,  el  libido  de  Albojarí,  y  otros,  entre  los 
cuales  naturalmente  debe  comprenderse  el  Koran:  de  Farech  el 
Yahsobi,  natural  de  Toledo,  dice  que  sabía  muy  bien  ImAlmoclaj- 
rachah  grande:  y  téngase  en  cuenta,  que  si  siempre  prueba  mu- 
cha memoria  el  saber  retener  un  libro  tal  como  estií  escrito,  si 
este  es  de  tradiciones  árabes,  la  prueba  es  mucho  mayor,  por  el 
desorden  é  inconexión  que  al  menos  para  nosotros  presentan  ta- 
les libros;  tanto  ó  menos  valdría  aprenderse  de  memoria  uno  de 
nuestros  Diccionarios;  bien  que  la  paciencia  de  los  árabes  es  tal, 
que  cita  quién  había  leido  la  Sahih  de  Albojarí  700  veces,  como 
de  üalib  el  Maharabi  asegura  Aben  Pascual,  ó  leía  todo  los  días 
todo  el  Koráii,  como  dice  de  alguno,  aunque  parece  imposible: 


ASSILAH    DE    ABEN    PASCUAL.  351 

también  necesitaba  paciencia  quien,  como  Abdallah  ben  Mo- 
hammad  ben  lea  ben  Walid  (vid.  pág.  255),  leía  el  libro  de  Qi- 
bawaihi  (1)  cada  quince  días. 

Varias  veces  dice  Aben  Pascual  que  éste  ó  el  otro  personaje 
fué  enterrado  en  el  sepulcro  de  sus  antepasados  ó  con  su  familia: 
á  este  espíritu  obedecei'ía  sin  duda  el  hecho  de  que  varios  indivi- 
duos fuesen  trasladados  á  enterrar  de  un  punto  á  otro  no  poco 
distante,  como  de  Córdoba  ó  Marruecos  á  Sevilla,  ó  de  Valencia  á 
Murcia,  cuyos  hechos  se  consignan  en  las  biografías  1143,  llGl 
y  1140. 

Entre  muslimes,  como  entre  cristianos,  era  frecuente  dedicarse 
como  ejercicio  piadoso  á  la  guerra  contra  cristianos  ó  muslimes 
respectivamente,  haciendo  profesión  de  establecerse  en  alguna 
fortaleza  fronteriza:  al  castillo  de  Alfamín  en  tierra  de  Toledo  es 
adonde  con  preferencia  se  dirigían  los  piadosos  muslimes:  va- 
rias veces  se  le  cita  con  este  motivo ;  así  del  hachch  Hixem  beu 
Mohammad  el  Keici,  después  de  indicar  los  muchos  maestros  á 
quienes  oyó  en  España  ó  trató  en  su  peregrinación,  dice  que  ayu- 
naba el  mes  de  ramadhán  en  Alfamín,  celebrando  allí  la  fiesta  de 
la  ruptura  del  ayuno,  dando  una  abundante  comida  á  la  gente  del 
castillo  y  á  cuantos  fronteros  se  encontraban  allí,  gastando  en 
esto  sus  muchas  riquezas,  mientras  él,  vestido  toscamente,  estaba 
dedicado  á  la  guerra  de  las  fronteras. 

Si  de  muchos  de  los  biografiados,  dice  Aben  Pascual  que  te- 
nían buena  letra,  ó  que  su  conducta,  siendo  kadhíes  había  sido 
alabada,  no  faltan  casos  en  que  diga  lo  contrario,  como  de  Mo- 
hammad ben  Culeiman  el  Nafazabí,  cuya  letra  era  mala,  ó  de 
Mohammad  ben  Ibrahim  el  Gacaní,  quien  después  de  haber  sido 
consejero  en  Almería,  fué  nombrado  kadhi  de  Murcia,  en  cuya 
población  no  sabemos  si  su  conducta  fué  mala,  sólo  sí,  que  no 
fué  alabada. 

Innumerables  son  los  casos  citados  por  Aben  Pascual  de  nom- 


(1)  Nuestro  amigo,  el  sabio  orientalista,  Mr.  Hartwig  Derenbourg,  profesor  de 
árabe  ea  la  Escuela  especial  de  Lenguas  orientales  de  París,  está  publicaudo  esta  inte- 
resante y  voluminosa  obra,  conforme  á  los  manuscritos  del  Cairo,  del  Escorial,  de  Ox- 
ford, de  Paris  y  de  Viena.' 


352  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

bramientos  para  cargos  administrativos;  he  indicado  y  creo  fir- 
memente que  merecen  un  estudio  especial,  en  el  que  se  fijase  la 
naturaleza  de  los  diferentes  cargos  en  cuanto  pudiera  hacerse; 
cuáles  eran  compatibles,  cuáles  de  más  categoría;  quiénes  hacían 
los  nombramientos,  si  era  limitado  ó  no  su  número,  etc.,  apro- 
vechando cuantas  indicaciones  nos  ofrece  Aben  Pascual;  indica- 
ciones que  de  seguro  completarán  más  ó  menos  los  autores  que 
nos  proponemos  publicar:  así,  respecto  al  número  de  los  mufhíes, 
si  era  indefinido,  ó  de  ejercicio  libre,  como  parece  ser  por  ejemplo 
el  de  notarios,  encontramos  la  indicación  de  que  Yahya  ben  Ha- 
cam  el  Amili,  natural  de  Córdoba,  era  del  número  de  los  mufhíes 
en  esta  ciudad  por  nombramiento  de  Aben  Zarbi  (el  kadhi?):  si  el 
número  no  era  limitado,  al  menos  no  era  profesión  libre,  pues 
se  necesitaba  nombramiento. 

Son  tantas  las  cosas  que  pudieran  anotarse  de  las  noticias  que 
da  nuestro  autor,  y  que  de  seguro,  si  no  aprovechaban  á  unos, 
aprovecharían  á  otros,  que  sería  interminable  si  hubiera  de  hacer 
uso  de  las  papeletas  que  había  separado  para  redactar  esta  noticia 
de  lo  contenido  en  los  cuadernos  iv  y  v  del  texto;  pero  reconozco 
mi  impericia  para  hacerlo  sin  molestar  mucho  á  los  Sres.  Acadé- 
micos, de  cuya  benevolencia  he  abusado  ya  bastante  y  por  tanto 
doy  por  terminado  mi  propósito. 

Madrid  ItJ  de  Noviembre  1883. 

Francisco  Codera. 


LA   REJA   DE   SAN   MILLÁN.  353 


TV. 


LA  REJA  DE  SAN  MILLAN. 


El  texto  de  la  Reja  de  San  Millán,  que  reproduje  en  nuestro 
Boletín  (1)  toraíüidolo  de  Llórente,  ha  sido  al  fin  cotejado  por  el 
docto  P.  Minguella  con  las  fuentes  más  antiguas,  si  no  primeras, 
que  todavía  subsisten  en  la  biblioteca  del  célebre  ex-monasterio 
Emilianense,  y  son  el  Becerro  gótico  (fol.  61)  y  el  galicano  (folios 
189  y  190).  Anotaré  las  pocas  variantes  ó  erratas  que  arroja  este 
último,  no  desatendibles;  y  en  punto  á  las  de  Llórente,  prevengo 
una  vez  por  todas,  que  omitió  las  sumas  de  las  rejas  correspon- 
dientes á  cada  uno  de  los  diez  y  seis  distritos  (2). 

«In  era  millesima  sesagesima  tertia  decano  sancti  Emiliani, 
sicut  colligebat  ferro  per  Álava,  ita  describimus  (3). 

Ubarrundia  xviii  reggas. 

Gamarra  maior  duas  reggas.  Gamarra  (4)  minor  una  regga. 
Erretana  una  reg.  Hamarita  una  rg.  Mengano  i*  rg.  H[ur]riba- 
ri  (5)  I*  rg.  Menganogoien  una  reg.  Gernica  i  rg.  Zeriano  i  rg. 
Betellogaha  ii"«  rgs.  Nafarrate  et  Elhossu  (6)  i  rg.  Hurnaga  i  rg. 
Urbina  et  Angellu  i  rg.  Lucu  et  Arzamendi  i  rg.  Goiahen  i  rg. 
Bagoeta  i  rg. 


(1)  Tomo  III,  pág.  219-222. 

(2)  El  encabezamiento  «De  ferro  de  Álava.  Ubarrundia»  no  existe  en  el  Becerro 
fótico. 

.  (3J  Gal.,  Llor.  «scribimus.» 

(4)  Llor.  «Hamarra.» 

(5)  Gal.  «Hurriuari«;  Llor.  «Hurribarri.» 

(6)  Llor.  «Elhosu.» 

TOMO  III.  21 


354  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 


Camhoa  (1)  xx  rgs. 

Lehete  i  rg.  Essavarri  Argillana  et  Arina  (2)  iii  rgs.  Lángara 
et  Moio  III  rgs.  Aroma  (3)  i  rg.  Mariaeta  (4)  i  rg.  Hazua  ii  rgs. 
Hurizahar  et  Orengohin  (5)  i  rg.  Menisur  (6)  i  rg.  Maturana 
III  rgs.,  uno  (7)  de  cubito  in  longo  et  dúos  (8)  minores.  Essa- 
varri I  rg. 

Harhazua  xxvii  rgs. 

Durana  ii  rgs.  Arzubiana  (9)  i  rg.  Zurbano  ii  rgs.  Hillarra- 
zaha  II  rgs.  Zerio  i  rg.  Oretia  et  Matauco  iii  rgs.  Ania  et  Jungi- 
tu  (10)  III  rgs.  Argumaniz  iii  rgs.  Arbuslu  ii  rgs.  Lubiano  (11) 
II  rgs.  Huribarri  (12)  i  rg.  Doipa  ii  rgs.  Sansoheta  i  rg.  Arroiaha 
etRetia(13)  i  rg.  Mendivil  i  rg. 

Harhazua  xii  rgs.  (14) 

Betonia  ii  rgs^.  Elgorriaga  (15)  i  rg.  Arcaia(16)  i  rg.  Sarricohuri 
I  rg.  Otazu  I  rg.  Gamiz  i  rg.  Borinibar  (17)  i  rg.  Huribarri  (18)  i  rg. 


(1)  Llor.  «Gamboa.» 

(2)  GaL  «Aroma.» 

(3)  Gal.,  Llor.  «Azoma.» 

(4)  Llor.  «Mariheta.» 

(5)  Llor.  «Oreugoin.» 

<6)  Gal.,  Llor.  «Meudissur.» 

<~)  Llor.  c<una.» 

(8)  Llor.  «duas.»    ' 

(9)  Gal.,  Llor.  «Arzubiaga.» 
<10)  Gal.,  Llor.  «Junguitu.» 

(11)  Gal.,  Llor.  «Luviano.» 

(12)  Gal.,  Llor.  «Hurribarri.» 

(13)  Gal.  «Reztia.» 

(14)  Gal.,  no  sin  error,  xxii  rg-s. 

(15)  Gal.,  Llor.  «Slhorriaga.» 

(16)  Gal.,  Llor.  «Arcahia.» 

(17)  Gal.,  Llor.  «Borinivar!» 
<jl8}  Llor.  <^Hurribarri.» 


LA    REJA    DE    SAN    MILLAN.  ,<0.t 

iraberasluri  et  Iluriarte,  Argeudonia  Betrikiz  ( 1 )  Ascarzaha  el 
eancli  Roiiiani  iii  rg¿. 

Maliszhaeza  (2)  xxii  rgs. 

Abeiidagu  (3)  i  rg.  Ai-inenli  (4)  i  rg.  (5).  Echari  (6)  i  r^. 
Gazaheta  i  rg.  Berroztegieta  ii  rgs.  Lassarte  (7)  iii  rgs^  Hariza- 
iaalleta  et  Gardellihi  iii  rgs.  Gaztellu  et  Meiana  iii  rgs.  Meii- 
diolha  HollarruizLi  et  Adurzaha  in  rgs.  Gastehiz  ni  rgs.  Arria- 
•ga  I  rg. 

Hiraszaeza  (  8  )  xxii  rgs. 

Gelegieta  (0)  iii  rgs.  Iscona  iii  rgs.  Troconiz  ir  rg?.  Burgelki 
■et  Garonna  ii  rgs.  Hararihin  (10)  i  rg.  Aíalha  ii  i-gs".  Larrahara 
i  rg.  Dullanzi  ii  (1 1)  rgs.  Aniu  i  rg.  Larraza  et  Arbelgoien  (12)  in 
■dúos  anuos  iii  rgs.  Hereinzguin  (13)  et  Abaunza  (14)  iii  rgs. 

Regir az  xiin  rgs. 

Hamamio(15)  i  rg.  Harhaia  (16)  i  rg.  Haktara  i  rg.  Zalduoa- 
do  (17)  II  rgs.  Mizkina  i  rg.  Paterniana  i  rg.  Hagurahin  et  Salur- 


(1)  Gal.,  Llor.  «Betriquiz.» 

(2)  Gal.,  Llor.  «Malizhaeza.» 

(3)  Gal.,  Llor.  «Abendangu.i> 

(4)  Gal.  «Armentei»;  Llor.  í<Arraentelii.>> 

(5)  Gal.,  Llor.  otres  regas.» 

(0)  Gal.,  Llor.  «Ehari.» 

(1)  Gal.,  Llor.  «Lasarte. >> 
(8)  Llor.  <<Hirnzhaeza.» 

19)  Gal.  «Gelliegieta»;  Llor.  «Igelliegieta.» 

(10)  Gal.,  Llor.  «Hararihini.» 

(11)  Llor.  «I»;  pero  hay  que  mantener  el  «ii»  textual  si  se  computan  bien  las  rejas 
■de  Arbelgoihen. 

(12)  Gal.,  Lor.  «Albergoihen.» 

(13)  Gal.,  Llor.  «Hereinzguhin.» 

(14)  Gal.,  Llor.  «Habaunza.» 

(15)  Gal.,  Llor.  «Hansamio.» 

(16)  Gal.  «Harhahia»;  Llor.  «Harrahia.>> 

(17)  Gal.,  Llor.  «Zalduhondo.» 


356  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    H[STORL\. 

tegiz  (1)  I  rg.  Munniahin  i  rg.  Pingunna  i  rg.  Ocariz  et  Padura 
et  Opaucu  i  rg.  Harrizavallaga  (2)  Heguilior  (3)  et  Abulanga 
III  rgs.  (4). 


Septem  Alfoces. 

Hegiraz  (5)  et  sanctí  Romani  et  Hurabagin  et  Halbiniz  (6)  et 
Hamezaba  uno  andosco.  Hillardui  (7)  et  Arzanhegi,  Ibargureii 
Antuiahin  et  Heinhu  (8)  uno  andosco.  Zonotegi  (9)  Irossona  (10) 
Horibarri  (11)  et  (12)  Udalha  uno  andosco. 

Barrundiz  (13)  xxii  (14)  rgs. 

Galharreta  i  rg.  Gordoua  (15)  i  rg.  Harriolha  ii  rgs.  Narbaiza 
II  rgs.  Larrea  i  rg.  Hazpurba  (16)  Hurigurenna  (17)  et  Zuhazulba 
i  rg.  Ermua  i  rg.  Audicana  i  rg.  Algio  i  rg.  Deredia  i  rg.  Andoz- 
keta  i  rg.  Kircu  (18)  i  rg.  Helkeguren  i  rg.  Zuazu  (19)  i  rg.  Uhu- 
11a  II  (20)  rgs.  Erdongana  i  rg. 


(1)  Gal,  «Salurtegi»;  Llor.  f-Salurtegui.» 

(2)  GaL,  Llor.  «Harrizaballaga  » 

(3)  Gal.,  Llor.  «Hegilior.» 

(4)  Gal.,  Llor.  añaden  «in  anno.» 
(ü)  Gal.,  Llor.  «Heguiraz.y 

(6)  Gal,,  Llor.  «Albiniz.» 

Ci)  Gal.,  Llor.  «Hilarrlui.» 

(8)  Gal.,  Llor.  «et  Ibarg-uren  et  Anduiahin,  Heinbu.» 

(9)  Gal.,  Llor.  «Zornoztegi.» 

(10)  Llor.  «Irrossona.» 

(11)  Gal,  «Horiuarri.» 

(12)  Gal,,  Llor.  omiten  «et.» 

(13)  Gal.,  Llor.  «Barrandiz.» 

(14)  Gal.  «xx\.v  Computando  por  una  reja  cada  andosco  de  los  siete  alfoct'S.  se  llena 
efectivamente  el  número  xxii,  que  el  Becerro  g-ótico  exhibe. 

(15)  Llor.  «Gordua.» 

(16)  Gal.,  Llor.  «Hazpurua.» 
(H)  Llor.  «Hurrigurrena.» 

(18)  Llor.  «Kirku.» 

(19)  Gal.,  Llor.  «Zuhazu'.» 
(20J  Llor.  «una.» 


LA   REJA   DE   SAN   MILLÁN.  357 


Langrares  xxiv  rgs.    (1). 

Transponte  uno.  carnero  Mendihil  (2)  i  rg.  Harrieta  i  rg.  (3). 
Eurtupiana  (4)  i  rg,  (5).  Adanna  i  rg.  Mendoza  r  rg.  Eztarro- 
na  I  rg.  Otazaha  i  rg.  Ilaztcgieta  i  rg.  Gobeio  i  rg.  Zuahaza  (6) 
I  rg.  Lernianda  i  rg.  Margarita  ii  rgs.  Gomegga  (7)  i  rg.  Ari- 
niz  I  rg.  Zumelzu  i  rg.  Benea  i  rg.  Suvillana  (8)  r  rg.  Elheni 
villa  (9)  I  rg.  Luperho  (10)  i  rg.  Quintaniella  de  sursiim  Zaballa 
I  rg.  Billodas  iii  rgs.  Langrares  iii  rgs. 

De  (11)  Murilles  (12)  xiii  y-gs. 

Gersalzaha  i  rg.  Olhabarri  (13)  i  rg.  Huerzas  i  rg.  Mandaita 
I  rg.  Subillana  (14)  i  rg.  Murielles  i  rg.  Urbillana  (15)  i  rg.  Haiz- 
coeta  I  rg.  Artazaha  i  rg.  Baroha  i  rg.  Kincia  (16)  i  rg.  Garcamu 
I  rg.  Frasceueta  i  rg. 

Ossingani  (17)  xxii  (18)  rgs. 
Pavés  I  rg.  Arbigano  i  rg.  Basconguelas  i  rg.  Erenna  (19)  i  rg. 

(1)  Gal.  añade  «van  alfoces.^ — La  suma  total  es  de  xxvii,  que  fácilmente  se  defor- 
mó en  xxiiii. 

(2)  Llor.c<Mendil.» 

(3)  Gal.,  Llor.  añaden  <<in  anno.>> 
(i)    Llor.  <'Curtupiano.>> 

(5)  Gal.  añade  c<in  auno  alio^;  Llor.  «in  alio  anno.v  < 

(6)  Gal.,  Llor.  «Zuhazu.» 

(7)  Llor.  «Gomegra.» 
l8)  Llor.  «Subillana.» 

(9)  Gal.,  Llor.  «Ellienivilla.» 

(10)  Llor.  «Lupero.>> 

(U)  Suprimida  en  Llórente. 

^12)  Gal.,  Llor.  «Murielles. w 

(13)  Gal.  «Olhauarri.» 

(14)  Gal.  «Suvillana.» 

(15)  Gal.  «Urvillana.» 

(16)  Llor.  «Kinea.» 

(17)  Llor.  «Ossiuganin.» 

(18)  La  suma  en  realidad  es  lii.  No  corrige  el  Becerro  galicano  la  equivocación,  pues 
pone  XXV,  sin  duda  por  tener  en  cuenta  las  rejas,  de  que  no  hace  mención  el  gótico. 

(19)  Llor.  «Erennua.»    ■ 


358      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

Cassicedo  i  rg.  (1).  Licingana  (2)  i  rg.  Gassicedo  i  rg.  AntepardO' 
I  rg-.  Moliniella  i  rg.  Olivani  (3)  una  regga.  Gomungoni  (4)  i  rg. 
Torreciella  i  rg.  Arcillaría  i  rg.  Villavizana  i  rg.  Lunantu  i  rg, 
Garasta  i  rg.  Ripa  i  rg.  Torissu  (5)  i  rg.  (6).  Zuhiabarrueta  (7) 
novem  rgs.  in  Quartango  duodecim  rgs.  in  Urca  octo  rgs.  Bo- 
cara  i  rg.  Irzu  i  rg.  (8).  Revendeca  i  rg.  Olhaerrera  (9)  i  rg, 
Bardahurri  (10)  i  rg. 


Alfoce  de  Fornello  xx  rgs.  (11). 

Erenna  i  rg.  Anuzquita  i  rg.  Villaluenga(12)  i  rg.  Forniello  (13) 
I  rg.  Luni  villa  (14)  irg.  Tui'u  i  rg.  Sancti  Juliani  i  rg.  Rivamar- 
Lin(15)  i  rg.  Licinganiella  (16)  i  rg.  Antezana  i  rg.  Mazanes  (17) 
i  rg.  Ripaota(18)  i  rg.  Mclietes  i  rg.  (19).  Ripacuta  (20)  i  rg.  Logra- 
zona  (21)  I  rg.  Baia  i  rg. 


(1)  Desde  el  primer  Caicedo  hasta  Leciñana,  el  Becerro  galicano  intercala:  «Caste- 
Uu  unarega.  Padul  una  rega.  Billoriaunarega.  Arreio  una  rega.  Lagus  una  rega.  Cas- 
sicedo una  rega.»  Debió  de  pertenecer  al  texto  primitivo,  anterior  al  del  Becerro  gó- 
tico; y  la  omisión  fácilmente  se  explica  en  razón  de  haberse  distraído  y  ofuscado  el  ojo 
del  copiante,  confundiendo  el  primer  «Cassicedo»  con  el  segundo. 

(2)  Llor.  «Lecingana.» 

(3)  Gal.,  Llor.  «Olibani.» 

(4)  Gal.  «Moscatuero  una  rega.  Conmungoni.» 

(5)  Llor.  «Torrissu.» 

(6)  Gal.,  Llor.  trasladan  &  este  punto  «Carasta.» 

(7)  Gal.,  Llor.  «Zuhiabarrutia.» 

(8)  En  Llor.  no  comparecen  Socara  é  Irzu. 

(9)  Gal.,  Llor.  'lOlhaerrea.» 

(10)  Gal. ,  Llor.  «Bardauri.» 

(11)  En  efecto,  eran  veinte;  pero  el  Becerro  gótico  se  dejó  en  el  tintero  cuatro. 
(r2)    Gal.  «Billa  luenga.» 

(13)  No  lo  nombra  Llórente. 

(14)  Gal.,  Llor.  «Lunivilla.» 

(15)  Gal.,  Llor:  «Ripa  Marlini.» 

(16)  Gal.,  Llor.  «Lizinganiella.» 

(17)  Gal.,  Llor.  «Mázanos.» 

(18)  Gal.,  Llor.  «Ripa  Orta.» 

(19)  Gal.,  Llor.  añaden:  «Quintaniella  una  rega.  Igahigi  una  rega.  Ripavellosa  una 
rega.  Aramingon  una  rega.» 

(20)  Gal.,  Llor.  «Ripa  Acu.'a.» 

(21)  Gal.  «Logrozona»;  Llor.  «Logrozana.» 


LA  REJA   DE   SAN   iMILLÁN.  359 


Rivo  de  Ibita  (1)  xxxii  rgs.  (2). 

Prango  et  Praiigo  ii  rgs.  Armendihi  i  rg.  Artazabal  (3)  i  rg. 
Betruz  i  rg.  Argote  i  rg.  Sancti  Meiano  (4)  i  rg.  Torro  i  rg.  Sancti 
Martini  i  rg.  Gabbari  (5)  i  rg.  Gimcntu  i  rg.  Barola  (6)  i  rg. 
Loza  I  rg.  Alma  i  rg.  Paldu  i  rg.  Mcsanza  i  rg.  Sebastian  ( 7 ) 
I  rg.  Bergilgona  i  rg.  Langu  i  rg.    Guzquiano  ( 8 )  i  rg.  Bustia 

I  rg.  Gogate  i  rg.  Agellu  i  rg.  Pudio  i  rg.  Barizahaga  i  rg.  Saga- 
saheta  (9)  i  rg.  Orzalzan  i  rg.  Uarte  i  rg.  Marquina  de  iuso  i  rg. 
Carrelucea  i  rg.  Marquina  de  suso  i  rg.  Basahuri  (10)  i  rg.  Ho- 
becori  (11)  i  rg.  Hasarte  (12)  i  rg. 

Harrahia  siii  rgs.  (13). 

Sancta  Pia  ii  rgs.  Atahuri  de  suso  ii  rgs.  Atahuri  de  iuso  ii  rgs. 
Okerhuri  (14)  ii  rgs.  Sabando  de  suso  ii  rgs.  Sabando  de  iuso 

II  rgs.  Ebissate  (15)  ii  rgs.  Donnas  ii  rgs.  Mussitu  ii  rgs.  Kerria- 
nu  II  rgs.  Haizpilleta  ii  rgs.  Erroheta  (16)  ii  rgs.  Allegga  ii  rgs. 
Zekungau  (17)  ii  rgs.  Elhorzahea  ii  rgs.  Bahaeztu  ii  rgs.  Kessalla 
II  rgs.  In  his  villis  predictis  obi  (18)  bacca  occiderint  duas  reggas 


(1)  Gal.,  Llor.  «Mta.» 

(2)  Gal.  «XXX  reg.»  en  vez  xxxv,  que  estimo  ser  el  número  verdadero. 

(3)  Gal.  «Atazaval»;  Llor.  «Atazabal.» 

(4)  Llor.  «Meiani.» 

(5)  Gal.,  Llor.  «Galbari.» 

(6)  Gal.,  Llor.  «Barolha.» 

H)  Gal.  «Sevastian»;  Llor.  «Sabastian.>> 

(8)  Gal.  «Guzliiano  i  rg.  Guzkiano  de  Suso  i  r'g.»;  Llor.  «Guzkiano  de  Yuso  una 
rega.» 

(9)  Gal.,  Llor.  «Sagassaheta.» 

(10)  Gal,,  Llor.  «Bassaliuri.»> 

(11)  Llor.  «Hobbecori.» 

(12)  Gal.,  Llor.  «Hassarte.» 

(13)  En  realidad  son  xLiii,  que  marcaba  el  rabillo  de  la  x  original. 

(14)  Llor.  «Okerrhuri.» 

(15)  Gal.,  Llor.  «Ebisate.» 

(16)  Llor.  «Erroeta.» 

(17)  «Gal.  Cekungau»;  Llor.  «Cekungano. 

(18)  Gal.,  Llor.  «ubi.»— 0¿¿  indica  el  tránsito  al  antiguo  castellano  é  italiano  ove^ 
francés  ou. 


360  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

donant.  Okina  (1)  i  vg.  Izarza  i  rg.  Azazaheta  i  rg.  Sirgara  de 
suso  et  Birgara  de  iuso  ii  rgs.  Apiíigaiiiz  i  rg.  Gessalba  (2)  i  rg. 
Bahanezta  i  rg.  Beerrocihabi  (3)  i  rg. 


Divina  xxii  rgs.  (4). 

Oto  et  Oto  iii  rgs.  Huribarri  (5)  et  Urrialdo  (6)  iii  rgs.  Maii- 
doiana  i  rg.  Gerenga  i  Fg.  (7).  Aboggako  (8)  i  rg.  Ihurre  et  Lo- 
peggana  iii  rgs.  Apodaka  ii  rgs.  Mendiguen  i  rg.  Arangiz  i  rg. 
Andiggaua  (9)  et  Oronda  iii  rgs.  Quina  (10)  de  suso  et  Quífia  de 
iuso  novem  reggas.» 


Anda  extraviado,  si  por  desdicha  no  pareció,  el  instrumento 
original  de  la  Reja  de  San  Ilillán,  escrito  en  1025.  Sirvió,  no 
mucho  después,  de  tipo  ejemplar  al  Becerro  gótico,  y  algo  más 
tarde  al  galicano.  Este  códice  acertó  á  suplir  varias  omisiones  en 
que  aquel  incurrió;  pero  tampoco  se  halla  exento  de  errores,  que 
importa  rectificar,  en  atención  á  que  el  documento  es  fundamen- 
tal, como  lingüístico  y  como  geográfico,  de  amplios  y  trascenden- 
tales estudios. 

Igual  desgracia  han  sufrido  no  pocas  lápidas  romanas  que, 
arrancadas  de  Iruña,  perecieron,  sin  valerles  el  celo  protector  de 


(1)    Gal.,  Llor.  «Oquina.» 

12)    GaL  «Gessalua»;  Llor.  «Gesalua.» 

(3)    Gal.,  Llor.  «Berroziliavi.» 

(i)  La  suma  efectiva  asciende  á  28,  que  originalmente  se  notaría  xxiix,  ó  tal  vez 
á30  (xxx),  yendo  comprendidas  las  poblaciones  de  Legarda  y  Artaza,  que  el  códice 
galicano  expresa. 

(5)    Gal.  «Huriuarri.» 

(G)    Llor.  «Uribaldo.» 

O)  Gal.,  Llor.  interponen  aqui:  «Legarda  una  rega.  Artazaha  dúo  regas.  Apodaca 
dúo  regas.  Mendiguren  una  rega.  Arangiz  una  rega.>.> 

(8)  Gal.,  Llor.  «Avoggoco.» 

(9)  Gal.  «.\ndigana»;  Llor,  «Audicana.» 
<10)    GaL,  Llor.  «Zuffla.» 


LA   REJA   DE    SAN    MILLÁN.  361 

sociedad  benemérita.  Una  de  ellas  (Ilübner,  2929)  ofrecía  el  Upo 
éuiico  de  los  Eushaldúnac  y  el  radical  de  la  Euskara: 

Al  •  P  o  R  C  I  V  S 
A  V  S  C  I  •  F 
Q_  V  I  R  .  T  O  N  I 
VS  •  AN  •  LXXV 
H    •    S    •    E 

Marco  Poncio  Toqío,  hijo  de  Auscio,  de  la  tribu  Quirina,  de  15  años  de  edad,  aquí  yace. 
Madrid,  7  Noviembre,  1883. 

Fidel  Fita. 


LOS    SAAVEDRAS. 

Preclarísimo  linaje  y  glorioso  nombre  es  el  de  Saavedra  para 
la  honra  de  España;  él  aparece  una  y  otra  y  otra  vez  brillando  en 
nuestra  historia  literaria  é  irradia  su  fulgor  en  épocas  y  genera- 
ciones diversas. 

Séame  permitida  ó  perdonada  á  lo  menos  esta  enunciación  que 
me  asaltó  al  evacuar  el  informe  con  cuyo  encargo  me  honró  el  Pre- 
sidente de  nuestra  Academia,  referente  al  insigne  escritor  Saave- 
dra Fíijardo.  Ni  creo  que  sean  estas  noticias  de  familia  impertinen- 
tes al  asunto,  ni  impropias  de  la  Academia  de  la  Historia.  Porque 
¿qué  cosa  es  la  historia  de  un  país  sino  la  narración  exacta  de 
los  hechos  realizados  por  el  pueblo  que  lo  habita?  Y  ¿qué  es  pue- 
blo en  este  sentido  sino  el  conjunto  de  gentes  ó  razas  que  viven 
en  un  territorio?  Y  ¿qué  es,  en  ñn,  raza  sino  una  agiomeracióu 
de  familias  de  un  mismo  origea  más  ó  menos  remoto? 

Y  siendo  esto  así,  séame  de  nuevo  lícito  admirarme  y  llamar 


3G2      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMLA  DE  LA  HISTORIA. 

vuestra  atenci(5n  hacia  esta  familia  de  Saavedra,  que  eu  épocas 
distintas  ha  dado  tan  esplendente  brillo  á  nuestra  fama  literaria, 
y  que  aún  hoy  día  nos  envía  un  valeroso  combatiente  á  este  pa- 
lenque de  nuestras  glorias  históricas. 

Los  Saavedras,  oriundos  del  reino  de  Galicia  y  ricos-hombres 
de  tiempo  inmemorial,  bajan  con  los  Reyes  Conquistadores,  to- 
mando gloriosa  parte  en  la  restauración  de  nuestro  territorio. 

D.  Alonso  Fernández  de  Saavedra,  vigésimo  primero  Señor  de 
esta  Gasa  y  Gaballero  de  Santiago,  Comendador  de  Aledo  y  Ade- 
lantado de  Murcia  por  D.  Alfonso  XI  en  1330  (1),  asistió  á  la  sen- 
tencia arbitral  que  dio  D.  Dionís  de  Portugal  sobre  las  fronteras 
de  los  reinos  do  Valencia  y  Murcia. 

En  este  caballero,  dejando  aparte  el  antiguo  y  primitivo  patri- 
monio de  Galicia,  que  heredó  su  hijo  D.  Gonzalo,  se  dividieron 
otras  dos  ramas,  la  andaluza  y  la  murciana. 

En  la  primera  encontramos  á  Juan  García  de  Saavedra,  vigé- 
simo segundo  Señor  de  la  Gasa  de  Saavedra,  que  toma  parte  eu 
la  batalla  del  Salado  ^a). 

A  su  hijo  Fernán  Yañez  de  Saavedra,  doncel  del  Rey  D.  Pedro, 
luego  fiel  partidario  de  Enrique  II  y  camarero  de  Enrique  III  (h). 

Al  hijo  de  éste,  Fernán  Arias  de  Saavedra,  llamado  el  Bueno  [c], 
primer  Señor  del  Castellar  y  del  Viso  de  Alcor,  que  se  distinguió 
en  la  conquista  de  la  primera  de  estas  villas. 

Y,  en  ñn,  á  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  segundo  Señor  del 
Castellar  (d). 

Este  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  segundo  Señor  del  Castellar 
y  del  Viso,  justamente  llamado  el  Famoso,  allá  por  los  tiempos 
de  D.  Juan  II,  tuvo  en  su  mujer  Doña  Juana  de  Abellaneda, 
entre  otros  hijos,  á  dos  que  nos  conviene  nombrar.  Doña  Juana 
de  Saavedra  y  D.  Hernando  Arias  de  Saavedra  (2). 

(1)  Cáscales,  discurso  19,— Pellicer,  Memorial  de  la  Casa  de  á'aavedra,  núm.  xxi,  pá- 
gina 35  vuelta. 

{a)  PeWicer  y  Toxar,  Mei>iO)-ial  de  la  Casa  ¡/ servicios  de  D.  José f  de  Saavedra,  f."  45, 
número  xxii. 

(i)    ídem  id.,  núm.  xxni,  f.°  48 -vuelto. 

(c)    ídem  id.,  núm.  xxiv,  pág.  51. 

(rf)    ídem  id.,  núm.  xxv,  ^ág.  55. 

(•2)    Navarrete,  Vida  de  Cervantes,  documentos,  pág.  2:37. 


LOS    SAAVEDRAS.  3G3 

La  Doña  Juana  casó  con  Diego  de  Cervantes,  Comendador  de 
la  Orden  de  Santiago,  y  los  descendientes  de  este  matrimonio 
juntaron  en  uno  los  dos  apellidos,  llamándose  desde  entonces 
Cervantes  Saavedra.  Hijo  de  ambos  fué  Jnau  de  Cervantes  Saa- 
vedra,  Corregidor  de  Osuna,  que  tuvo  á  Rodrigo  de  Cervantes, 
casado  con  Doña  Leonor  de  Cortinas,  dichosísimos  padres  del  in- 
mortal autor  del  Quijote. 

Volvamos  ahora  á  a(jucl  Alfonso  Fernández  de  Saavedra,  rico- 
hombre de  D.  Alfonso  Xí,  cuantiosamente  heredado  en  las  tierras 
de  Andalucía,  pero  Comendador  de  Aledo  en  Murcia  y  Adelan- 
tado de  aquella  frontera. 

De  él  descienden  á  la  vez,  como  prueba  Cáscales,  y  como  refie- 
ren en  la  parte  que  les  concierne  los  nobiliarios  andakices,  las 
dos  ramas,  la  una  murciana,  que  pasando  por  D.  Gonzalo  de  Saa- 
vedra, Comendador  de  Calasparra  en  la  Orden  de  San  Juan,  fundó 
la  capilla  de  los  Saavedras  en  la  parroquia  de  San  Pedro  de  Mur- 
cia, y  que  fué  heredada  en  aquella  fértilísima  vega,  con  casa  en 
la  ciudad,  hoy  poseída  á  lo  que  creo,  ó  si  acaso  recientemente  ena- 
jenada por  los  Barones  de  Albalat,  Condes  de  Alcudia,  con  una 
granja  además  en  la  vecina  villa  de  iVljezares;  familia  que  estaba 
representada  á  fines  del  siglo  xvr  por  D.  Pedro  de  Saavedra,  es- 
poso de  Doña  Fabiana  Fajardo,  la  cual  en  la  humilde  villa  citada 
dio  á  luz  en  6  de  Mayo  de  1584  al  tercero  de  sus  hijos  varones,  á 
quien  por  el  nombre  mismo  del  respetable  sacerdote  que  le  bau- 
tizó se  puso  por  nombre  Diego  (a). 

La  rama  andaluza  necesitaba  aún  más  tiempo  para  crecer  y 
producir  su  mejor  fruto. 

Retrocediendo,  pues,  á  aquel  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  se- 
gundo Señor  del  Castellar  y  del  Viso  de  Alcor,  hallamos  el  otro 
hijo  llamado  D.  Hernando  (6),  tercero  de  este  título,  que  le  cambió 
en  condado  en  favor  de  su  hijo  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  cuarto 
Señor  y  primer  Conde  del  Castellar  en  tiempo  del  Emperador 
Carlos  V. 

A  la  quinta  generación,  D.  José  Ramírez  de  Saavedra  y  Ulloa, 


{a)     Pellicer,  Memorial,  f.°  11  vuelto. 

(l>)    ídem  id.,  núm.  xxviipág.  59  vuelta. 


364  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl^. 

segundo  de  su  Gasa,  dejando  al  primero  D.  Fernando  el  condado 
del  Castellar,  que  hoy  ha  ingresado  en  la  Gasa  de  Medinaceli, 
obtuvo  de  Felipe  IV  en  1637  el  título  de  Marqués  de  Rivas. 

Otras  cinco  generaciones  más  adelante  este  marquesado  fué  ele- 
vado á  la  dignidad  ducal  y  á  la  grandeza  de  España  en  favor  de 
D.  Juan  Martín  Pérez  de  Saavedra,  sexto  Marqués  y  primer 
Duque  de  Rivas,  padre  del  insigne  escritor  D.  Ángel,  predecesor 
nuestro  en  esta  Real  Academia,  y  cien  veces  justamente  laureado 
autor  de  D.  Alvaro^  del  Moro  Expósito^  de  los  romances  y  leyen- 
das históricas,  y  de  la  Historia  de  la  sublevación  de  Másamelo. 

¡No  os  parece,  señores,  coincidencia  notable  que  pertenezcan 
estos  tres  grandes  ingenios  á  una  misma  familia  como  (sin  pre- 
tenderlo) lo  prueban  Züñiga  y  Argote,  Cáscales,  Pellicer  y  Na- 
varrete!  De  mi  sé  decir  que  me  ha  llamado  la  atención  ver  usar 
del  mismo  apellido  al  sin  par  ingenio  que  desterró  los  libros  de 
caballería  que  influían  dañosamente  en  la  literatura,  en  las  cos- 
tumbres y  hasta  en  la  política  de  nuestros  antepasados;  al  cris- 
tiano erudito  y  profundo  filósofo  que  supo  reducir  á  pictóricas 
empresas  y  eruditísimos  artículos  los  preceptos  del  difícil  oficio 
de  reinar,  y  en  fin,  al  insigne  dramaturgo  que  en  nuestros  días 
hizo  revivir  la  escena  española  desmayada  ó  adormecida  por  los 
preceptistas  franceses,  y  volverla  á  la  vigorosa  vida  de  Rojas  y  de 
Calderón,  elevando  al  mismo  tiempo  un  diqueque  nos  preservase 
del  descabellado  romanticismo  y  del  vulgar  naturalismo  que  de 
allende  el  Pirineo  nos  invade:  inspirado  y  patriótico  poeta  ade- 
más que  con  populares  romances  dio  á  un  tiempo  vigor  á  tradi- 
ciones gloriosas,  y  al  género  de  poesía  pura  y  exclusivamente  es- 
pañola. 

Ni  se  limita  al  nombre  la  analogía  que  existe  entre  estos  dos 
varones  insignes.  Hijos  ambos  de  muy  ilustre  familia,  pero  no 
llamados  por  las  leyes  de  vinculación  á  heredar  sus  riquezas,  son 
uno  y  oti'o  nobles  segundones;  los  mayorazgos  de  Murcia  los  ha- 
bía de  heredar  D.  Pedro  de  Saavedra,  los  de  Córdoba  tocaban  á 
D.  Juan  Remigio.  Sin  embargo,  ni  D.  Diego,  ni  D.  Ángel  se  re- 
signan ;í  vivir  ociosos  á  expensas  de  una  pensión  alimenticia,  ni 
á  l)uscar  una  rica  heredera  que  les  dore  el  escudo  de  armas.  As- 
piran ambos  á  ilustrar  con  sus  propios  hechos  el  nombre  de  sus 


LOS    SAAVEDRAS.  365 

mayores;  así  que  si  el  satírico  Quevedo  huhicra  querido  censurar 
á  su  contemporáneo  D.  Diego  de  Saavedra  no  hubiese  dicho: 

¿  Qué  cosa  es  ver  a  iin  infanzón  de  España 
abreviado  en  la  silla  á  la  jineta, 
y  gastar  un  caballo  en  una  caña? 

Y  eso  que  en  verdad  la  nobleza  murciana  y  más  aún  la  gente 
popular  de  Aljezares  se  precia  de  caballista  y  gusta  de  aventuras, 
quizá  más  de  lo  necesario  y  plausible.  El  Sr.  de  la  Torro  de  Juan 
Abad  hubiese  hallado  al  caballero  murciano  en  las  aulas  de  Sala- 
manca ó  en  empleos  de  harta  ciencia  y  no  poco  trabajo.  Siglos 
adelante  el  gran  patricio  Jovellanos  exclamaba  criticando  los  vi- 
cios de  los  nobles  de  su  tiempo: 

¿Y  es  esta  la  nobleza  de  Castilla? 
¿Es  este  el  brazo  un  día  tan  temido 
en  quien  libraba  el  castellano  pueblo 
su  libertad  ? - 

¡Ah!  vuelve  fiero,  berberisco  vuelve, 
y  otra  vez  corre  desde  Calpe  al  Deba 
que  ya  Pelayos  no  hallarás  ni  Alfonsos, 
que  te  resistan. 

Pero  tampoco  estas  bellísimas  apostrofes  podrán  dirigirse  al 
denodado  y  entusiasta  D.  Ángel  de  Saavedra,  á  quien  casi  en  aque- 
llos mismos  días,  sino  el  fiero  berberisco,  el  invasor  francés ,  de- 
jaba exangüe  en  los  campos  de  Ocaña. 

Con  once  heridas  mortales 
hech'a  pedazos  la  espada, 
su  caballo  medio  muerto 
y  perdida  la  batalla. 

Con  el  estudio  de  los  cánones  y  leyes  D.  Diego,  con  el  manejo 
de  las  armas  D.  Ángel,  procuraban  defender  los  derechos  de  la 
patria,  hacerse  dignos  del  apellido  heredado,  y  que  el  hábito  de 
Santiago  que  llevaba  el  uno  y  el  de  San  Juan  que  vestía  el  otro, 
fuesen  tan  honrados  en  sus  pechos  como  en  los  de  Lope  ó  Cal- 
derón. 

Sin  embargo,  ni  el  clero  ni  la  milicia  eran  la  verdadera  voca- 


3G6  boletín  de  la  real  academia  de  la  HISTORLí^. 

ción  de  uno  y  otro  Saavedra:  el  espíritu  observador,  el  genio  ame- 
no, la  natural  elocuencia  de  uno  y  otro  los  llamaban  por  otros 
senderos,  y  así  ambos,  dejada  la  primera  carrera,  brillaron  luego 
en  la  diplomacia,  en  las  embajadas,  en  los  Congresos.  Los  proto- 
colos de  Munster  en  el  siglo  xvii,  y  los  de  Gaeta  en  el  nuestro 
guardan  elocuente  testimonio  de  su  habilidad  y  de  su  patriotismo. 
Guando,  más  que  la  edad,  los  trabajos,  los  rindieron,  ambos  vi- 
nieron á  ilustrar  con  las  laces  do  su  experiencia  los  consejos  de  la 
corona. 

En  el  primer  período  uno  y  otro  habían  cumplido  como  buenos 
y  pagado  generosamente  la  deuda  que  tenían  con  su  propio  lina- 
je, D.  Diego  llegó  joven  aún  al  interior  de  dos  cónclaves,  D.  Án- 
gel esmaltó  con  su  sangre  su  nobleza  en  los  campos  de  batalla, 
¿qué  más  pudieran  pedirles  sus  insignes  antepasados? 

En  el  segundo  período  de  su  vida  uno  y  otro  por  el  propio  rum- 
bo hicieron  altísimos  servicios  al  Rey  y  ala  patria,  los  cuales, 
bien  ó  mal  pagados,  fueron  públicamente  reconocidos  y  procla- 
mados. 

Pero  donde  adquirieron  indadablemente  mayor  gloria  y  más 
duradera  fama  es,  sin  duda,  en  la  carrera  literaria:  la  pluma  era, 
á  no  dudarlo,  el  poderoso  instrumento  de  ambos:  ni  el  murciano 
ni  el  cordobés  la  dejaron  de  la  mano,  ni  en  los  estudios  y  pasio- 
nes de  la  juventud,  ni  en  medio  de  sus  largos  y  trabajosos  viajes, 
ni  en  la  final  elevación  de  altísimos  empleos. 

Por  ella  más  que  por  cosa  alguna  vivirán  admirados  en  las 
generaciones  venideras. 

Demos  una  ligera  ojeada  á  las  obras  de  cada  uno  en  tales  pe- 
ríodos. 

La  República  literaria  es  el  primer  parto  del  ingenio  de  Saave- 
dra Fajardo,  según  él  mismo  escribe  en  su  dedicatoria  al  hijo 
natural  del  Conde  Duque ,  y  aunque  así  no  lo  declarase,  bien  lo 
dan  á  entender  de  una  parte  el  desenfado  juvenil  con  que  está 
escrito,  y  de  otra  el  respeto  imitativo  á  libros  que  en  aquel  pe- 
ríodo corrían  en  gran  voga,  como  El  viaje  al  Parnaso  de  Cervan- 
tes, El  Laurel  de  Apolo  de  Lope,  y  otros  extranjeros. 

Joven  era  también  I}.  Ángel  cuando  dio  á  la  estampa  la  Oda 
á  la  batalla  de  Bailen,  El  Paso  hom^oso,  Florinda  y  Laniiza^  y 


LOS    SAAVEDRAS.  367 

¿quién  no  ve  entre  aquellos  clásicos  versos  el  fogoso  patriotismo 
del  joven  oficial  y  la  respetuosa  imitación  del  admirador  de 
Quintana  y  Gallego? 

Pero  siendo  esta  exuberancia  juvenil  en  el  estilo,  este  español 
patriotismo  en  el  pensamiento,  y  este  respeto  á  los  modelos  en  el 
gusto,  cualidades  comunes  á  ambos  escritos  ¡cómo  se  marca  ya 
la  diferencia  entre  los  autores!  ¡cómo  se  percibe  la  profundidad 
filosófica  del  canonista  murciano  y  el  brillante  pincel  del  oficial 
andaluz! 

El  servicio  del  Rey  llevó  pronto  al  tonsurado  D.  Diego  á  la 
corle  y  á  Roma,  allí,  ve,  estudia,  medita  y  más  independiente  y 
más  espontáneo  y  profundo,  escribe  las  Introducciones  á  la  Polí- 
tica, y  Razón  de  Estado  del  Rey  Católico  D.  Fernando. 

También  las  vicisitudes  políticas  y  no  ya  el  servicio  sino  la 
sentencia  del  Rey  sacan  á  D.  Ángel  del  hogar  amado  y  lo  llevan 
lejos  de  España;  y  asimismo  más  independiente,  más  resuelto, 
más  Él^  escribe  ya  el  Faro  de  Malta.,  y  comienza  aquella  serie  de 
romances  históricos,  una  de  las  obras  que  más  le  caracterizan  y 
una  de  las  más  preciíidas  joyas  del  parnaso  español, 

Pero  sigamos  en  su  marcha  á  estos  dos  ingenios  que  á  pesar 
del  vasto  espacio  á  que  se  extienden  en  sus  escritos  y  del  largo 
transcurso  de  dos  siglos,  no  se  encuentran  nunca;  pero  que  como 
dos  líneas  paralelas,  siguen  la  misma  dirección  y  como  que  se 
encaminan  al  mismo  norte...  y  así  es  en  verdad;  al  norte  del  bien 
moral  y  al  engrandecimiento  de  su  patria. 

Saavedra  Fajardo  dejada  Italia  y  tomando  á  su  cargo  las  múlti- 
ples negociaciones  de  Alemania,  como  embajador  ora  cerca  del 
Duque  de  Baviera,  ora  en  el  Círculo  de  Borgoña,  en  la  dieta 
de  Ratisbona,  en  la  Confederación  Helvética,  en  Paris,  en  Yiena 
trata  íntimamente  con  los  profundos  pensadores  de  aquellas  na- 
ciones con  los  hábiles  estadistas  y  grandes  capitanes  de  aquella 
época,  bien  que  puesto  siempre  el  corazón  en  su  amada  patria  y 
fijo  su  pensamiento,  no  tanto  en  Felipe  IV,  perezoso  en  el  oficio 
de  Rey  y  entregado  á  sus  validos,  cuanto  en  el  joven  D,  Balta- 
sar Garlos  objeto  del  público  amor  y  fundamento  (presto  malo- 
grado) de  grandes  esperanzas.  No  emplea  su  ingenio  en  novelas 
picarescas  ó  viajes  más  ó  menos  ciertos  y  entretenidos.  «Sino  que 


368  BOLETÍN   DE    LA    REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

»en  la  ociosidad  (así  la  llama),  de  sus  continuos  viajes  por  Ale- 
T)mania  y  por  otras  provincias,  piensa  en  las  cien  empresas  que 
»forman  la  idea  de  un  Príncipe  cristiano,  y  escribiendo  en  las 
«posadas  lo  que  entre  sí  había  discurrido  por  el  camino,»  remata 
aquella  admirable  obra  traducida  en  vida  de  su  autor  á  todas  las 
lenguas,  código  ingenioso  y  elocuente  de  moral,  de  justicia,  de 
religiosidad  y  á  veces  de  administración  y  de  milicia,  de  cuanto 
en  ñn  constituye  lo  que  él  llama  la  ciencia  de  reinar. 

Vicisitudes  políticas  también  sacan  á  D.  Ángel  del  hospitalario 
suelo  de  Malta,  cruza  con  fruto  por  Inglaterra,  llega  á  Francia, 
se  establece  en  Tours,  visita  frecuentemente  á  Paris,  y  así  como  la 
culta  sociedad  inglesa  le  había  inspirado  el  amorá  Shakespeare  y 
á  Byron,  en  la  Francia  del  año  treinta  se  pone  al  tanto  del  mo- 
vimiento que  Lamartine,  Hugo,  Nodier,  Delavigno,  Mériméc, 
Dumas  y  otros  muchos  habían  impreso  á  todo  género  de  litera- 
tura; madura  él  más  y  más  el  pensamiento  que  ya  tenía  de  dar 
á  semejante  evolución  intelectual,  el  carácter  castizamente  espa- 
ñol, emancipando  las  letras  patrias  del  falso  clasicismo  francés  y 
restaurando  en  ellas  el  espíritu  de  nuestros  antiguos  romanceros 
y  autores  dramáticos. 

El  Moro  expósito  que  tenía  muy  adelantado  desde  Malta,  es 
continuado  con  calor  y  rematado  con  éxito;  D.  Alvaro  concebido 
allá  donde  se  hablaba  la  lengua  de  Byron,  es  discutido  larga- 
mente con  su  amigo  Galiano  y  puesto  en.  fácil  prosa  y  armonio- 
sos versos,  en  las  márgenes  del  Loire. 

Admirable  colección  de  caracteres,  galería  perfectísima  de  cua- 
dros de  costumbres,  de  personajes,  de  sucesos  españoles  todos, 
pero  que  afectan,  retratan  y  enseñan  á  la  humanidad  entera  sin 
que  su  estilo  peque  en  el  conceptismo  de  los  autores  antiguos  ni 
llegue  al  realismo  que  afectan  los  modernos. 

En  el  Moj'o  expósito  hay  trozos  tan  grandilocuentes  como  en 
las  Naves  de  Cortés  y  como  en  los  mejores  cantos  del  Bernardo-^ 
parajes  tan  fáciles  y  llanos  como  en  la  Gatoniaquia. 

En  cuanto  al  drama,  diremos  que  mientras  Moratín  y  el  mismo 
D.  Ramón  de  la  Cruz  no  desdeñarían  las  escenas  del  Mesón  de 
JIornachnelos  y  el  carácter  de  Fr.  Melitón:  Calderón  y  Rojas 
suscribirían  las  décimas  de  D.  Alvaro  ó  el  proyecto  de  fuga  con 


LOS    SAAVEDRAS.  369 

SU  amada  Leonor:  obras  son  ambas  admirables  que  enseñan 
también  la  ciencia  de  reinar  en  la  epopeya  y  en  el  drama. 

Otras  dos  escribieron  los  Saavedras  que  nos  reclaman  mayor 
atención,  La  Corona  Gótica  del  uno  y  La  Sublevación  de  Ñapóles 
del  otro.  Ambas  caen  más  directamente  bajo  la  jurisdicción  de  la 
Academia  por  ser  historiales;  pero  eso  mismo  me  impide  hablar 
de  ellas  dado  que  esta  sabia  Corporación  ha  colocado  á  Saavedra 
Fajardo  al  lado  de  los  Melos  y  Moneadas  y  que  dio  alto  asiento  al 
Duque  de  Rivas  encargándole  llevar  la  voz  de  la  Academia  para 
laurear  á  sus  premiados.  Pero  no  puedo  ni  debo  dejar  de  tomar 
en  cuenta  la  semejanza  entre  ambos  autores,  que  llegados  al  pos- 
trer escalón  de  su  carrera  diplomática,  embajadores  arabos, 
emplean  su  pluma  en  trabajos  históricos  y  desde  remotas  tierras, 
entre  extranjeras  gentes,  vuelven  la  vista  á  la  amada  patria  y 
ponen  la  pluma  en  asuntos  que  conciernen  á  su  historia  y  á  sus 
Clerechos. 

¿  Son  estas  dos  obras  las  más  importantes  de  los  insignes  escri- 
tores? Hay  quien  así  lo  piensa. 

La  fama  popular  no  lo  sanciona  cuando  llama  al  uno  el  autor 
de  las  Empresas  Políticas  y  al  otro  el  autor  de  Don  Alvaro. 

En  mi  humflde  opinión  y  según  escribe  el  autor  antiguo  y  oí 
yo  mismo  decir  al  poeta  contemporáneo  no  son  estas  las  que  con 
mayor  trabajo  y  diligencia  compusieron. 

Otras  no  tan  aplaudidas  son  sin  duda  las  que  acreditan  mayo- 
res tareas,  más  concienzudos  estudios  históricos  y  más  sostenida 
inspiración  á  saber:  El  Moro  expósito  de  D.  Ángel  y  La  Corona 
Gótica  de  D.  Diego. 

Propusiéronse  además  los  autores  fines  trascendentales  y  en 
cierto  modo  parecidos, 

D.  Ángel  eligió  un  asunto  de  la  historia  de  España  de  los  siglos 
medios^  y  sus  héroes,  leyes,  ritos  y  costumbres  están  tratados  con 
tan  bizarro  y  animado  estilo,  con  tan  varia  versificación  y  por  tan 
libre  manera,  que  el  lector  no  sólo  halla  entero  conocimiento  de 
todo  sino  también  practicadas  máximas  literarias  apropiadas  á 
nuestra  época. 

D.  Diego  intentó  reducir  en  breve  volumen  las  historias  de  los 
Reyes  Godos  de  tal  suerte  dispuestas,  que  no  solo  hallase  el  Prín~ 

TOMO  III.  25 


370  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

cipe  (D.  Baltasar  Carlos)  entero  conocimiento  de  ellas,  sino  tam- 
bién advertidas  máximas  políticas,  pero  con  inoderación;  porque 
el  oficio  de  historiador  no  es  de  enseñar  refiriendo  sino  de  referir 
enseñando. 

Notables  diferencias  median  entre  ambos  libros  ó  por  mejor 
decir  en  las  condiciones  y  circunstancias  en  que  sus  respectivos 
autores  se  encontraban.  Las  fechas  de  sus  dedicatorias  bastan  á 
explicarlas. 

La  de  El  Moro  expósito  dice  así:  A.  Mr.  John  H.  Frere. — Paris. 
1."  Diciembre  1833.  Es  decir  cuan  lo  el  autor  contaba  cuarenta 
años,  lo  había  pues  escrito  reposadamente  en  la  flor  de  su  vida,  en 
el  mayor  vigor  de  su  ingenio  en  las  risueñas  márgenes  del  Loire 
(Tours,  Mayo  1833)  y  estaba  rodeado  de  su  familia  que  le  idola- 
traba, de  amigos  (como  Galiano)  que  le  hacían  justicia,  lo  rema- 
taba y  daba  á  la  estampa  en  el  brillante  y  bullicioso  Paris,  cuando 
le  estaban  tras  larga  emigración  abiertas  las  puertas  de  la  patria, 
cuando  ya  amanecía  en  ella  una  aurora  de  libertad  y  ventura  con 
el  reinado  de  Isabel  II  y  la  regencia  de  María  Cristina,  cuando 
en  fin  su  esposa  y  sus  hijos  precursores  de  su  regreso  le  anuncia- 
ban desde  Madrid  cariñosos  abrazos  y  populares  triunfos. 

Del  todo  opuestas  eran  las  circunstancias  que  rodeaban  al 
embajador  Saavedra  Fajardo  y  que  se  compendian  en  la  cabeza  y 
pié  de  su  dedicatoria  de  La  Corona  Gótica  que  dice: 

Al  Príncipe  Nuestro  Señor. — Munster  8  de  Setiembre  1645. 
En  efecto,  no  contaba  ya  cuarenta  años  como  el  autor  de  El  Moro 
expósito,  sino  que  tenía  bien  cumplidos  sesenta  y  uno,  no  depar- 
tía como  aquel  con  su  familia  y  sus  amigos  por  las  verdes  colinas 
de  la  Turena  ó  por  los  alegres  boulevares  de  Paris,  sino  que  con- 
finado por  su  oficio  en  las  heladas  llanuras  de  Westfalia  cubierto 
por  las  nieblas  otoñales  con  que  el  mezquino  Aa  envuelve  los 
monótonos  campos  de  Munster,  solitario  allí  y  preso  además  por 
la  convalecencia  de  una  enfermedad  que  en  Bruselas  le  había 
puesto  á  las  puertas  de  la  muerte;  más  afligido  aún  moralmente 
por  lo  que  le  escribían  de  la  corte  y  porque  su  experiencia  de  las 
cosas  internacionales  le  hacían  preveer  claramente  el  triste  desen- 
lace que  tuvieron  las  negociaciones  que  seguía  y  la  decadencia 
de  la  monarquía  que  era  su  ídolo.  Inquieto,  atormentado  en  fin 


LOS    SAAVEDRAS.  371 

por  las  dificultados  y  dilaciones  que  hallaba  ¿1  tratado  de  la  paz 
universal,  negocio  tan  grande,  dice,  de  que  pende  el  remedio  de 
los  mayores  peligros  y  calamidades  que  jamás  ha  padecido  la 
cristiandad. 

¿Qué  mucho  que  mientras  el  desterrado,  iluminado  por  la 
aurora  de  sus  esperanzas  componía  un  poema  por  todo  extremo 
deleitable,  el  embajador,  al  triste  anochecer  de  sus  desengaños 
escribiese  la  grave  y  severa  historia  dedicada  al  primogénito  del 
distraído  ó  imprudente  Felipe  IV  y  termine  así  su  libro: 

«Lo  que  conviene,  es  que  la  virtud,  la  prudencia  y  la  atención 
»do  los  Reyes  hagan  durables  sus  reinos,  porque  si  bien  son 
«inmutables  los  decretos  de  la  divina  Providencia  en  las  mudan- 
Bzas  de  las  coronas...  es  verdad  infalible  que  la  duración  de  los 
))Ceptros  es  premio  de  la  virtud  y  que  por  el  vicio,  la  impruden- 
»cia,  el  engaño  y  la  injusticia  muda  Dios  los  reinos  de  unas  gen- 
» tes  en  otras.» 

Hemos  dicho  que  la  obra  fué  dedicada  por  el  negociador  de 
Munster  al  Principe  del  Reino  en  8  de  Setiembre  de  1645. 

Parece  fatalidad:  el  Príncipe  D.  Baltasar  Garlos  murió  poco 
después;  el  negociador  no  vio  la  conclusión  de  su  tratado;  y  el  día 
mismo  en  que  escribía  su  dedicatoria  (como  en  presagio)  moría 
en  España  el  escritor  político  de  más  nota  de  nuestra  patria, 
•Quevedo. 

Volvamos  al  paralelo  de  los  dos  Saavedras.  Ambos  terminaron 
su  carrera  pública  en  los  Consejos  supremos. 

D.  Diego  en  la  Cámara  del  de  Indias,  D.  Ángel  en  la  Presidencia 
del  de  Estado;  pero  ni  los  vaivenes  de  la  política,  ni  los  achaques 
de  la  ancianidad,  ni  los  desengaños  de  la  vida  los  respetaron  allí. 

Ambos  buscaron  el  refugio  que  á  cada  cual  consentían  los 
tiempos:  nuestro  procer  cordobés  en  los  cuidados  y  cariño  de 
su  numerosa  familia,  de  su  primogénito  á  quien  legaba  con  la 
dignidad  nobiliaria  su  lira  más  bella  y  gloriosa  todavía:  viendo 
asi  acercarse  su  fin  en  la  casa  que  la  habían  legado  sus  antepasa- 
dos, y  junto  al  templo  mismo  de  la  Concepción  Jerónima  en  que 
aquellos  reposaban.  Guando  el  22  de  Junio  de  1805  sonó  la  hora 
de  su  eterno  sueño  á  los  74  años  de  su  edad,  fué  sepultado  en 
el  convento  de  Rivas  de  su  patronato. 


372  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA   HISTORIA. 

El  historiador  murciano  que  no  tenía  hijos  hizo  de  la  familia 
agustiniana  la  suya  propia,  construyó  una  celda  en  el  convento 
de  Recoletos  cerca  de  donde  hoy  está  la  fábrica  de  moneda,  y 
preparó  allí  su  postrer  descanso  que  logró  el  24  de  Agosto  de  1648 
á  los  64  años  de  su  edad.  Aquella  comunidad  amiga  y  respetuosa 
en  vida,  y  agradecida  en  muerte  le  erigió  digno  sepulcro  en  la 
capilla  inmediata  al  coro  y  le  dedicó  sufragios  hasta  la  época  de 
su  extinción. 

He  terminado  este  impertinente  paralelo,  no  por  encargo  vues- 
tro, sino  por  espontánea  y  quizá  senil  inclinación  mía  escrito,  é 
inspirado  por  un  nombre  cuatro  veces  respetado  ó  querido  en  esta 
Academia. 

El  primero  que  he  nombrado,  nacido  en  el  siglo  xvi,  de  las 
glorias  militares  y  de  las  tiránicas  demasías,  sentó  plaza  de  sol- 
dado y  se  vio  cautivo. 

El  segundo,  tloreciendo  en  el  siglo  en  que  las  guerras  i-eligio- 
sas  producían  su  amargo  fruto  y  España  confiaba  á  la  diplomacia 
la  defensa  de  su  poder  espirante,  fué  clérigo  y  diplomático. 

El  tercero,  que  alcanzó  la  epopeya  de  nuestra  independencia  y 
el  renacimiento  de  nuestras  Cortes,  fué  guerrero  y  orador  parla- 
mentario. 

El  que  felizmente  nos  acompaña,  perteneciente  ala  edad  en  que 
el  ferrocarril  horada  las  montañas  y  allana  los  valles,  en  que  la 
electricidad  comunica  los  hemisferios  y  la  industria  junta  los  ma- 
res, es  ingeniero. 

Las  cenizas  del  primero,  Cervantes  Saavedra,  no  se  han  hallado 
ni  so  pueden  hallar;  tan  modesta  fué  su  sepultura;  pero  aún  están 
en  pie  los  muros  que  le  guardan,  y  aiín  resuenan  las  oraciones 
que  le  bendicen. 

Al  revés  acontece  con  los  restos  del  segundo,  Saavedra  Fajardo; 
se  ha  perdido  el  magnífico  epitafio,  derribado  el  templo,  allanada 
y  desfigurado  el  terreno  en  que  descansaron. 

Pero  ellos  se  han  salvado  merced  á  la  Academia,  y  aún  ha  po- 
dido en  nuestros  días  el  hombre  de  ciencia  tomar  en  su  niano  el 
cráneo,  sede  otro  tiempo  de  tan  profundos  pensamientos,  y  aún 
podrá  el  sacerdote  rociar  con  el  agua  santa  los  huesos  del  que  fué 
tan  piadoso  como  elocuente. 


LOS    SAAVEDRAS.  373 

Del  tercero  todo  ha  sido  hasta  ahora  respetado,  sus.  despojos  y 
su  sepulcro;  aüu  sejuntau  alrededor  de  su  tumba,  bajo  la  bóveda 
consagrada,  sus  hijos  y  sus  admiradores. 

El  cuarto,  felizmente,  vive;  nos  edifica  con  su  laboriosidad,  y, 
gracias  á  Dios,  esperamos  que  largo  tiempo  nos  instruya  y  honre 
con  sus  trabajos. 

Porque  es  lo  cierto  que  todos  cuatro,  en  el  trascurso  de  otros 
tantos  siglos,  han  comprendido  que  la  religión  y  la  patria  deben 
ser  el  primer  objeto  de  nuestro  amor,  y  que  las  obras  intelectua- 
les son  el  mejor  medio  de  prestarles  defensa  y  culto. 

Pido  de  nuevo  humildemente  perdón  por  este  escrito,  por  de- 
cirlo así,  intruso  y  advenedizo,  y  paso  á  cumplir  más  concreta- 
mente el  encargo  de  la  Academia. 


LOS   RESTOS    DE    SAAVEDRA    FAJARDO. 

En  los  primeros  meses  del  año  1836  vivía  en  Madrid  el  sabio 
académico  D.  José  Musso  y  Valiente,  varón  de  vastísima  y  general 
erudición,  contrariado  por  tan  gran  modestia  que  apenas  ha  de- 
jado público  testimonio  de  su  saber  sino  en  las  actas  académicas; 
de  piedad  cristiana  tierna  y  ferviente,  lo  cual  le  ponía  en  aquellas 
circunstancias  en  íntimo  contacto  con  dignos  eclesiásticos  regu- 
lares, perseguidos  á  la  sazón;  de  patriotismo  además  tan  sincero 
y  cordial,  que  confundía  en  un  mismo  amor  las  épocas  todas  de 
nuestras  glorias  nacionales,  y  que  extendía  el  cariño  que  profe- 
saba á  su  familia  á  toda  la  provincia  de  Murcia,  en  que  de  ilustre 
y  antiguo  linaje  había  nacido,  como  si  toda  aquella  fértilísima 
comarca  fuera  su  hogar  y  todos  aquellos  moradores,  grandes  y 
pequeños,  antiguos  y  contemporáneos,  fuesen  sus  padres,  sus 
hermanos  ó  sus  hijos. 

Debo  añadir  (para  dar  autoridad  á  lo  que  he  de  referir)  que 
tenía  conmigo  algunas  relaciones  de  parentesco,  y  más  aún  de 
amistad  que  pudiera  llamar  paternal,  si  su  edad  ya  entonces  ma- 
dura y  su  vastísimo  saber  no  le  dieran  para  mí  autoridad  y  ca- 
rácter de  padre  y  de  maestro. 

Lecciones  eran  y  muy  sabrosas  é  instructivas  los  paseos  que 


374  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

casi  todos  los  días  dábamos  juntos:  recuerdo  que  uno,  justamente 
el  de  su  santo,  discurriendo  por  la  entonces  estrecha  alameda  de 
Recoletos,  y  contemplando  la  elegante  puerta  ó  arco  de  triunfo 
que  aún  llevaba  tal  nombre ,  comenzamos  á  razonar  sobre  los 
derribos  que  entonces  airadamente  se  hacían,  algunas  veces  con 
daño  de  las  artes  y  otras  con  ofensa  de  gloriosos  recuerdos.  «Jus- 
«tamente,  dijo  Musso,  ahora  ando  yo  á  caza  de  los  huesos  de  nues- 
»tro  Saavedra  Fajardo,  que  aún  han  de  estar  ahí  (y  se  paró,  se- 
«ñalando  lo  que  era  á  la  sazón  taller  de  coches  de  D.  Mariano 
«Garsi,  y  Galería  topográfica  pintoresca);  pero  en  donde  se  con- 
»servaba,  hacia  la  derecha  de  la  abandonada  iglesia  y  al  extremo 
«del  edificio  del  convento,  una  especie  de  pabellón  de  arquitectura 
«diversa,  que  remataba  en  lo  alto  en  una  galería  ó  soleadero  coa 
«cinco  arcos  al  Mediodía. — Aquella  (añadió  Musso),  era  la  celda 
«que  para  su  retiro,  hizo  fabricar  nuestro  autor,  ni  más  ni  menos 
«que  Floridabhmca,  en  el  convento  de  San  Francisco  de  Murcia. 
«Su  sepulcro  está  en  la  capilla  de  junto  al  coro  y  su  epitafio 
dice...»  y  me  lo  recitó  entero,  mostrando  aquella  prodigiosa  me- 
moria que  celebraba  Lista  por  lo  extensa  y  que  Gallego,  por  lo 
pronta  en  retener,  llamaba  memoria  á  lo  Stanhop. 

Roguéle  que  me  pusiese  al  corriente  de  lo  que  en  el  particular 
averiguase  ó  consiguiese,  y  me  dijo  que  había  el  día  antes  hecho 
conversación  de  todo  en  la  Academia  de  la  Historia  (a)  para  que 
tomase  parte  en  el  asunto;  que  la  Academia,  sin  que  constase  nada 
en  actas  para  no  sufrir  desaire  ó  desengaño,  había  acordado  diri- 
girse confidencial  y  verbalmente  al  Gobernador  civil  para  ver  de 
salvar  los  restos  del  insigne  escritor,  y  que  en  efecto  había  tomado 
este  encargo  el  Sr.  Baranda,  que  como  eclesiástico  y  como  íntimo 
amigo  de  Olózaga  podía  satisfactoriamente  desempeñarlo. 

Y  acertó  en  la  elección  la  Academia;  porque  en  el  acta  del 
viernes  25  de  Marzo  de  1836,  (es  decir  en  la  sesión  siguiente), 
leemos:  «El  Sr.  Baranda  manifestó  que  había  conferenciado  con 
»el  Sr.  Gobernador  civil  sobre  la  conservación  de  los  restos  mor- 


ía) En  la  sesión  de  18  de  Marzo,  á  la  cual,  como  á  otras  de  que  lueg'o  hago  men- 
ción, asistió  D.  Juan  Roca  lie  Togores,  mi  padre  político,  que  vivía  conmigo,  y  que 
me  refirió  muchos  detalles. 


LOS    SAAVEDRAS.  375 

» tales  del  célebre  D.  Diego  de  Saavedra  Fajardo  que  se  hallaban 
«hace  poco  tiempo  en  el  convento  de  Recoletos;  y  que  aquella 
«autoridad  se  había  mostrado  pronta  y  dispuesta  á  coadyuvar  á 
»ello ;  pareciéndole  al  Sr.  Baranda  sería  oportuno  que  por  parte 
»de  la  Academia  se  le  hiciese  alguna  recomendación  sobre  el  mis- 
»mo  objeto.»  Así  lo  acordó  laAcademia. 

A  lo  que  vagamente  recuerdo  y  no  aseguro,  el  Gobernador  so- 
lícito en  complacer  á  la  Academia ,  como  aquel  que  desea  con- 
traer méritos,  aprovechó  la  próxima  semana  santa  y  sin  aguardar 
la  comunicación  escrita  comenzó  á  dar  pasos  en  el  asunto. 

Lo  que  sí  sé  de  cierto  es  que  llamó  con  urgencia  ásu  despacho 
al  último  prior  y  aun  á  otros  religiosos  del  extinguido  convento, 
causándoles  no  leve  susto;  porque  el  Sr.  Olózaga,  no  tenía  fama 
de  llamar  á  los  frailes  para  convidarlos  á  chocolate  ó  para  darles 
limosnas  de  misas.  El  hecho  es  que  los  infelices  poco  enterados  ó 
poco  tranquilos,  no  acertaron  á  decir  sino  que  en  efecto  «D.  Diego 
había  sido  sepultado  en  la  iglesia,  que  se  habían  cumplido  sus 
píos  legados  hasta  la  exclaustración,  que  el  sepulcro  estaba  en  la 
capilla  próxima  al  coro  y  que  había  sido  violado  en  tiempo  de  los 
franceses.» 

Bastaron  estas  noticias  para  que  el  activo  Gobernador  enviase 
allá  agentes  y  operarios  y  mandase  sacar  de  la  sepultura  y  traer 
al  Gobierno  civil  los  deseados  huesos.  ¡  Cuál  fué  su  sorpresa 
cuando  vio  que  sobraban  algunos  y  faltaban  otros,  entre  ellos 
nada  menos  que  el  cráneo! 

Algo  se  trasluce  de  esto  en  el  siguiente  párrafo  del  acta  del 
viernes  15  de  Abril  de  1836. 

«Di  cuenta  asimismo  de  un  oficio  del  Gobernador  civil  de  esta 
«provincia  de  13  del  corriente,  en  el  cual  manifiesta  que  á  conse- 
«cuencia  del  que  se  le  dirigió  con  fecha  del  7,  había  practicado 
»las  oportunas  diligencias  para  averiguar  el  paradero  de  los  restos 
«mortalesde  D.  Diego  de  Saavedra  Fajardo  y  conseguido  tenerles 
»á  su  disposición.  Pero  que  como  han  sido  trasladados  del  sitio 
«varias  veces  desde  su  extracción  del  sepulcro  en  la  guerra  de  la 
«Independencia,  que  para  afianzar  más  su  identidad,  sería  indis- 
wpensable  continuar  la  indagación  de  lo  ocurrido  y  recoger  todas 
«las  noticias  que  los  moradores  de  aquel  convento  ú  otras  perso- 


376      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORLA. 

«ñas  pudieran  suministrar :  que  si  la  Academia  era  del  mismo 
«parecer,  podía  servirse  nombrar  una  comisión  de  su  seno,  que 
«entendiese  en  ello  por  sí  misma  ó  en  unión  con  dicho  Goberna- 
«dor  civil  en  la  seguridad  de  que  emplearía  para  llevar  á  su  tér- 
«minoeste  negocio,  cuantos  medios  pendiesen  de  su  autoridad. 
»La  Academia  en  vista  de  esta  apreciable  indicación,  acordó  nom- 
«brar  á  los  Sres.  Musso  y  Baraoda,  para  que  en  unión  con  dicho 
«Gobernador  civil  entiendan  en  este  negocio,  hasta  terminarlo 
«debidamente.» 

Los  comisionados  siguieron  otro  método  que  el  Gobernador.  Vi- 
sitaron amistosamente  á  los  exclaustrados;  tranquilizándolos  so- 
bre el  asunto  de  que  se  trataba,  y  confidencialmente  averiguaron 
que  en  efecto  no  sabían  más  que  lo  que  habían  dicho  á  Olózaga; 
pero  por  su  medio  entablaron  relaciones  con  cierto  fraile  lego 
que  había  entrado  de  monaguillo  en  el  convento  á  fines  del  siglo 
pasado ,  y  que,  profeso  ya,  era  sacristán  cuando  la  invasión 
francesa. 

¿Era  este  uno  de  ios  moradores  de  aquel  convento  á  quienes 
aludía  Olózaga  en  su  oficio?  Lo  ignoramos. 

En  todo  caso  por  él  supieron  que  los  gabachos  creyendo  que  la 
comunidad  habría  escondido  sus  alhajas  y  las  de  sus  bienhecho- 
res en  los  sepulcros,  los  profanaron  todos,  entre  ellos  el  de  Saa- 
vedra,  rompieron  ó  se  llevaron  la  lápida,  sacaron  el  ataúd,  aún 
estaba  el  cuerpo  entero ,  y  tenía  pedazos  del  manto  de  Santiago; 
pero  no  hallando  los  gabachos  (siempre  los  nombraba  así),  tesoro 
ni  alhajas  ni  siquiera  espada  ó  venera  lo  dejaron  todo  tirado.  El 
piadoso  lego  volvió  á  meter  como  pudo  el  ataúd  en  el  sepulcro 
pero  no  la  lápida  que  había  desaparecido. 

Al  regreso  de  la  camunidad  sn  prior  quiso  examinar  lo  ocurri- 
do y  al  abrir  de  nuevo  el  ataúd  se  encontró  el  esqueleto  deshe- 
cho y  mezclados  confusamente  los  huesos. 

O  por  esta  causa,  ó  por  que  se  hubiesen  de  hacer  reparaciones 
en  la  capilla,  ó  por  otra  razón,  tales  huesos  reunidos  en  una 
arquilla  preciosa,  se  depositaron  en  un  armario  de  la  sacristía. 

Estando  allí  acaeció  un  suceso  que  merece  referirse;  vino  á 
Madrid,  según  relación  del  lego  un  lord  inglés.  (En  concepto  del 
pueblo  todo  viajero  es  inglés,  y  lodo  inglés  es  lord) ;  sin  embar- 


LOS    SAAVIÍDRAS.  377 

go,  no  sería  raro  en  aquella  época  que  fuese  exacta  la  relación, 
y  aún  puede  convenir  al  célebre  Lord  llolland  ó  á  su  hermano 
el  general  Fox,  que  viajaba  á  la  sazón  por  España  en  compañía 
de  su  hijo  y  que  era  gran  conocedor  de  nuestra  literatura:  pues 
bien,  diz  que  este  lord,  ponieudo  en  las  manos  de  su  hijo  la  cala- 
vera de  Saavedra,  dicen  que  dijo:  «Toma,  para  que  digas  que  has 
«tocado  con  tus  propias  manos  el  cnuieo  del  primer  político  de 
»esta  nación  y  de  uno  de  los  mayores  ingenios  de  su  siglo.» 

Copio  estas  palabras  del  artículo  que  yo  mismo  escribí  en  aque- 
llos días  casi  al  dictado  de  Musso,  y  que  se  publicó  eu  el  núm.  G 
del  Semanario  jñntoresco  de  8  de  Mayo  de  1836,  pág.  55.  Y  una 
vez  citado  aquel  articulejo  humorístico,  pero  veraz,  (|ue  recuerda 
hechos  que  ya  había  olvidado,  séame  lícito  reproducir  algunos 
renglones  más  que  precisan  otros. 

«El  dicho  de  aquel  inglés  hubo  de  dar  en  qué  pensar  al  pre- 
lado, que  entonces  había  en  el  monasterio,  averigua  que  su  ante- 
cesor había  confundido  las  reliquias  de  un  sabio  con  las  de  los 
santos,  y  quiere  enderezar  el  entuerto.» 

Su  proceder  no  sólo  era  ortodoxo  sino  asimismo  razonable:  ve- 
remos ahora  documeutalmente  los  resultados. 

En  el  expediente  que  sobre  este  negocio  existe  en  la  Academia 
y  en  la  minuta  del  oficio  que  ya  hemos  dicho  se  pasó  al  Goberna- 
dor civil,  se  encuentra  esta  noticia  importante.  «...  que  V.  S.  (dice) 
«tómelas  disposiciones  más  oportunas  pai-a  que  se  averigüe  el 
p paradero  de  los  enunciados  despojos  que  recientemente,  esto  es, 
«poco  tiempo  antes  de  la  supresión  de  dicha  comunidad  se  halla- 
shan  en  una  arquita  en  la  celda  del  P.  Provincial,  etc.» 

Esto  consta  por  una  parte,  por  otra  hemos  visto  consignar  que 
el  Gobernador  civil  no  se  atrevía  á  reconocer  por  sí  solo  la  iden- 
tidad de  aquellos  despojos,  y  en  efecto,  cuando  los  comisionados 
de  la  Academia  los  vieron,  la  arquita  preciosa  había  desaparecido, 
los  huesos  estaban  en  un  cajón  mezclados  con  otros  muchos,  en- 
tre ellos  cuatro  tibias  y  ningún  cráneo.  Merced,  pues,  á  la  dili- 
gente habilidad  de  Musso  y  Baranda,  se  pudo  averiguar,  por  con- 
fesión del  mismo  lego,  que  desde  niño  los  había  (por  decirlo  así) 
seguido,  que  él  siendo  sacristán  había  obtenido  del  prelado  que 
el  bello  cráneo  (hasta  en  las  calaveras  hay  estética)  y  los  fémures 


378  BOLETÍN    DE    LA    REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

se  extrajesen  de  la  citada  arquita  cada  vez  que  hubiera  de  cele- 
brarse algún  funeral,  para  coronar  el  túmulo  mortuorio. 

Confesó  más  el  buen  lego,  que  á  la  supresión  y  venta  del  con- 
vento, él  había  prestado  ó  cedido  aquel  fúnebre  y  precioso  adorno 
al  dueño  de  la  llamada  Galería  Topográfica  y  Pintoresca,  para 
colocar  la  calavera  en  la  mano  de  una  Magdalena,  que  más  ó  me- 
nos vestida,  acompañaba  á  una  Venus  del  todo  desnuda,  y  al  fa- 
moso torero  Montes  con  su  traje,  su  espada  y  su  muleta. 

Cierto  que  al  ver  tales  despojos  de  tal  varón  y  en  tal  empleo  es 
forzoso  repetir  el  lema  de  su  última  empresa: 

LUDIBRIA    MOR  TI  S. 

De  esos  ludibrios  procuraron  sacarlo  nuestros  mayores,  y  lo  lo- 
graron por  el  tacto  y  diligencia  de  los  Sres.  Musso  y  Baranda  que 
lo  participaron,  no  por  escrito  sino  verbalmente  (é  hicieron  bien) 
á  la  Academia  en  sesión  del  viernes  22  de  Abril  de  1836,  cuya  acta 
dice: 

«Los  Sres.  Musso  y  Baranda  participaron  ala  Academia,  que  en 
desempeño  de  la  comisión  que  se  había  servido  confiarles  habían 
concurrido  con  el  Secretario  del  Gobierno  civil  de  esta  provincia 
á  practicar  las  diligencias  oportunas  para  asegurarse  de  la  iden- 
tidad de  los  restos  mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajardo  que 
habían  estado  depositados  en  el  convento  de  Agustinos  Recoletos 
de  esta  capital,  de  cuyas  diligencias  sólo  había  resultado  hasta 
ahora  el  recoger  la  calavera  y  fémures  que  indudablemente  fueron 
del  dicho  D.  Diego  Saavedra;  pero  que  aún  se  continuaban  las 
indagaciones  en  busca  del  resto  del  cadáver. )> 

Tales  indagaciones  no  produjeron  resultado  alguno  por  las  cau- 
sas que  quedan  apuntadas;  y  aunque  las  actas  de  nuestras  juntas 
no  vuelven  á  hacer  mención  de  este  asunto,  bien  claro  lo  demues- 
tra el  señor  director  D.  Martín  Navarrete  en  su  discurso  leido  en 
junta  de  24  de  Noviembre  de  1837,  donde  dice  en  su  párrafo  20, 
página  36,  que  la  Academia  noticiosa  de  que  en  el  convento  de 
Agustinos  Recoletos  estaban  á  punto  de  perecer  los  pocos  huesos 
(que  en  la  guerra  de  la  Independencia  lograron  salvarse)  del  dis- 
tinguido literato  y  profundo  político  D.  Diego  de  Saavedra  Fajar- 


LOS    SAAVEDRAS.  379 

do,  acudió  al  señor  Gobernador  civil  y  comisionó  á  los  Sres.  Musso 
y  Baranda,  que  puestos  de  acuerdo  con  S.  S.  recogieron  su  ca- 
lavera y  ambos  fémures,  y  los  depositaron  en  la  Iglesia  de  San 
Isidro. 

Allí  en  la  capilla  de  la  Virgen  del  Buen  Gousejoon  un  compar- 
timiento de  la  cajonería  de  una  sacristía,  mas  como  utensilio  de 
culto  que  como  restos  de  un  varón  insigne  permanecían ,  de  mu- 
chos desconocidos;  para  otros  pasando  falsamente  por  ser  de  Cer- 
vantes; engañados  por  el  apellido  de  Sabedha,  que  mal  escrito  de 
letra  quizá  del  lego  de  Recoletos  se  lee  en  la  calavera;  por  los  más 
en  fin  ignorados  á  pesar  de  lo  que  dice  y  explica  Mesonero  en  su 
Antiguo  Madrid,  hasta  que  poco  hace,  el  activo  académico  corres- 
pondiente y  vecino  de  Murcia  D.  Javier  Fuentes  y  Ponte  ha  in- 
tentado trasladarlos  á  aquella  catedral  con  ocasión  del  centenario 
del  natalicio  del  insigne  escritor,  y  con  este  fin  y  en  unión  con 
el  Reverendo  Obispo  y  demás  autoridades  de  aquella  provincia, 
solicitan  de  la  Academia  que  sea  su  mediadora  para  que  el  Gobier- 
no de  S.  M.  obtempere  con  sus  deseos  y  permita  la  traslación  de 
los  restos  mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajardo  á  la  ciudad  que 
fué,  por  decirlo  así,  su  cuna. 

¿Debe  ó  no  nuestra  Academia  condescender  con  esta  súplica? 

En  mi  entender  no,  si  los  restos  se  hallasen  en  el  sitio  y  sepul- 
cro que  Saavedra  eligió,  encomendado  á  la  memoria  y  oraciones 
de  aquellos  que  designó  por  guardadores  desús  cenizas.  Pero  esto 
no  sucede. 

Sería  todavía  dudoso  si  hubiese  siquiera  remota  probabilidad 
de  que  se  le  dedicase  monumento  digno...  pero  la  verdad  es  que 
están  sus  despojos  desconocidos  y  colocados  menos  dignamente 
que  otros  que  allí  yacen,  como  los  de  Laíilez,  Rivadeneyra,  Nie- 
remberg  y  Esquilache,  y  aun  los  modernos  Melendez,  Moratín  y 
Valdegamas,  los  cuales  al  menos  no  están  manoseados  por  la  cu- 
riosidad de  los  viajeros  ó  la  travesura  de  los  infantillos 

LUDIBRIA   MORTIS. 

En  el  caso  presente,  y  en  la  realidad  de  los  hechos,  mi  opinión 
es  que  Saavedra  (si  me  es  lícito  hablar  así)  ganará  mucho;  que  la 


380  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

corte  no  perderá  nada  y  que  la  Academia,  accediendo  á  los  deseos 
de  los  demandantes,  concluirá  la  piadosa  obra  de  reparación  y 
patriotismo  que  comenzó  en  1837.  Si  así  lo  estima,  pienso  yo  que 
no  sólo  debe  recomendar  al  Gobierno  de  S.  M.  la  solicitud  de  las 
autoridades  de  Murcia,  sino  que  fuera  bien  nombrar  una  comisión 
que  autorizase  la  entrega  de  los  restos  que  ella  salvó  hace  cua- 
renta y  seis  años  y  presenciase  su  colocación  definitiva  en  el  templo 
mismo  en  que  yacen  en  monumental  capilla  los  Fajardos,  ante- 
pasados del  iasigne  escritor;  para  que,  como  escribe  el  mismo 
(Empresa  ci) ,  en  la  contemplación  del  sepulcro  halle  el  alma  el 
verdadero  tesoro  de  la  quietud  eterna. 

Si  así  lo  acordase  la  Academia,  podría  dirigir  al  Gobierno  una 
solicitud  que  poco  más  ó  menos  dijese: 

«Excmo.  Sr.:  Los  restos  mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajar- 
do, el  célebre  autor  de  las  Empresas  politicas,  de  la  Corona  gótica 
y  de  la  República  literaria^  que  yacían  en  la  iglesia  de  Padres 
Agustinos  Recoletos  desde  1648,  fueron  en  1836  recogidos  por  esta 
Real  Academia  y  depositados  de  orden  del  Gobierno  en  la  Real 
iglesia  de  San  Isidro. 

«Allí  estaban  arrinconados,  quizá  desconocidos,  y  tal  vez  pronto 
hubieran  sido,  como  otros,  perdidos;  porque  la  Academia  al  recla- 
marlos no  se  propuso  erigirles  monumento  digno  y  vistoso,  em- 
presa que  si  con  todos  los  que  se  hallan  en  el  caso  del  ilustre  es- 
critor se  hubiera  de  llevar  á  cabo,  excedería  con  mucho  á  los  es- 
casos recursos  de  esta  Corporación.  Atendió  en  1836  sólo  á  lo  que 
se  consiguió,  á  saber:  salvar  de  la  profanación  y  del  olvido  tan 
preciosos  despojos. 

»A1  presente,  noticioso  de  lo  referido  el  celoso  corresponsal  de 
esta  Academia  D.  Javier  Fuentes  y  Ponte,  sabedores  del  caso  el 
prelado  y  las  autoridades  de  Murcia,  se  han  propuesto  trasladar 
á  aquella  ciudad  y  depositar  en  su  catedral,  en  monumento  digno, 
los  restos  del  que  fué  gloria  de  aquella  provincia,  honra  de  España, 
sujeto  respetado  en  naciones  extrañas  y  aun  enemigas,  y  aman- 
lísimo  servidor  de  su  Rey  y  de  su  patria. 

»Gon  semejante  intento  se  han  dirigido  á  esta  Academia  pi- 
diéndola que  sea  su  medianera  con  el  Gobierno  de  S.  M.  para  la 
consecución  de  tan  piadoso  como  patriótico  propósito. 


LOS    SAAVEDRAS.  381 

«Siesta  Corporación  creyese  posible  elevar  en  la  capital  de  Es- 
paña monumentos  á  los  varones  ilustres  que  en  ella  están  sepul- 
tados, vacilaría  en  prohijar  el  proyecto  de  los  patricios  de  Murcia, 
porque  no  está  resuelto  si  es  ó  no  conveniente  esa  centralización 
absoluta  aún  de  los  recuerdos  gloriosos,  Pero  lo  ocioso  de  tal 
cuestión  y  lo  irrealizable  de  semejantes  monumentos  se  demues- 
tra con  sólo  decir  que  en  las  mismas  bóvedas  de  San  Isidro,  aun 
descontando  los  Laínez,  Rivadeneyras  y  Nieremberg,  yacen 
arrinconados  Esquiladle,  Melcndez  Valdós,  Moratín  y  Valdc- 
gamas. 

»Ni  hay  tampoco  en  el  intento  de  los  murcianos  el  menor  asomo 
de  egoismo  provincial  ó  do  demostración  ruidosa  de  espíritu  de 
localidad,  sino  el  piadoso  deseo  de  honrar  la  memoria  y  salvar 
las  cenizas  de  quien  fué  ejemplo  de  buenos  ciudadanos  como  de 
clásicos  escritores,  y  estimular  así  el  estudio  y  la  imitación  de  los 
venideros, 

>)Por  estas  causas  la  Academia  espera  que  el  Gobierno  do  S.  M. 
accederá  á  la  súplica  de  esta  Corporación,  y  que,  de  acuerdo  con 
la  autoridad  eclesiástica,  dispondrá  le  sean  devueltos  los  restos 
mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajardo,  que  la  misma  Academia 
depositó  en  1836  en  la  Real  iglesia  de  San  Isidro^  autorizando  á 
la  misma  Academia  á  que  los  entregue  á  las  autoridades  de  Murcia 
para  ser  allí  honrosa  y  definitivamente  sepultados.» 

La  Academia,  en  vista  de  todo,  resolverá,  como  siempre,  lo 
más  acertado. 

Madrid  16  de  Noviembre  de  1883. 

El  Marqués  de  Molins. 


BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 


VI. 


LÁPIDAS  ROMANAS  DE  IRUNA  Y  LEÓN, 


D.  Juan  Ochoa  de  Alayza,  digno  é  ilustrado  párroco  de  Tres- 
puentes,  contestando  á  mi  solicitud  acerca  de  los  epígrafes  roma- 
nos que  se  han  descubierto  recientemente  en  Iruña,  me  dice  que 
en  la  primera  mitad  del  año  pasado,  como  arase  un  labrador  en 
el  campo  contiguo  á  la  puerta  casi  derruida  de  la  que  fué  muralla 
del  Norte,  sacó  á  flor  de  tierra  cinco  lápidas,  cuyo  rápido  bosquejo 
me  envía,  y  son  las  siguientes: 

1)  ELANVSV 

R  A  E  S  A  M  I 
F  I  C  S  I 
TEST 

Elanus  Uraesamif(iliusj  ic  sitfusj  esl. 
Elano,  hijo  de  Urésamo,  aquí  j-ace. 

Ilustra  esta  inscripción  las  de  Valladolid  (H.  2726)  y  Contrasta 
(2956),  donde  suenan  Uraesamu  Cantabri  ffiliusj  y  Saeliá  Elani 
mater. 

La  segunda  letra  de  la  línea  segunda  tiene  la  forma  ibérica  de 
la  sílaba  ka  (A),  según  el  sistema  del  Sr.  Zóbel  (1);  y  si  se  le  da 
este  valor,  resultaría  que  el  padre  de  Elano  se  llamó  Urkaesamo. 
Corroboran  esta  interpretación  dos  razones.  En  primer  lugar, 
porque  dentro  de  la  misma  línea  y  en  la  anterior,  es  diferente  la 
forma  indubitable  de  la  A,  dispuesta  en  ángulo  recto  y  sin  tra- 
vesano; en  segundo  lugar,  porque,  fuera  de  la  inscripción  de 
Contrasta,  cuyo  tipo  exacto  no  conocemos,  todos  los  demás  ejem- 
plos de  la  raíz  de  ese  nombre  indígena  incluyen  la  gutural  con 

(i)    Estudio  histórico  de  la  moneda  antijua  española^  i.  i,  pág:.  179;  Madrid,  ISIO. 


LÁPIDAS   ROMANAS    DE    IRUÑA    Y    LEÓN.  383 

aspiración  ó  sin  ella.  Tales  son  (11.  2057,  2087,  2800,  2818,  2967): 
Urcestar  Tascasecéris,  Urcliail  A  ti  tía,  Urcaliociis,  Urcico,  Ur- 
chatetellus.  La  raíz  puede  aproximarse  del  latín  ursus,  griego 
oíipKToi;,  címrico  a7-Ui,  vascuence  arcaico  Jiarsus  (oso),  origen  de  ape- 
llidos vascongados,  como  lo  ha  demostrado  M.  Liychaire  (1).  Tam- 
poco será  inútil  conjeturar,  que  el  segundo  factor  de  JJrkaesamus, 
ó  Uraesamiis,  estoes,  samiís,  corresponde  al  moderno  éuscaro  seme 
ó  semen  (hijo),  que  ha  producido  los  apellidos  patronímicos  ter- 
minados en  z,  como  Ximenez,  conforme  nos  lo  ha  mostrado  el  es- 
tudio comparativo  de  la  degradación  por  apócope  en  el  antiquísi- 
mo vascuence  (2). 

Elanus  sonaba  Elonus  (3)  al  otro  lado  de  la  frontera  francesa, 
y  demuestra  que  no  es  forzada  la  asonancia  que  establecí  entre 
Dullanci  (Alegría)  y  Tullonio. 

2)  S  I  L  A  N 

F  VS  C VS 
E  V  I  L  I  F 


Silamis  Fuscus  Evili  ffiliusj. 


Evili  está  por  Avili,  genitivo  de  Avilius  ^  y  se  amolda  á  una  re- 
gla, por  lo  visto  muy  antigua,  de  la  fonética  vascongada,  que  ex- 
pone D.  Arturo  Gampión  en  la  preciosa  Monografía  (4)  que  en  su 
nombre  os  presento. 


3)  

A  N  L  X    V  I  I 

H  o   S   O   E 

An(noriimj  LX  Vil  hficj  sfitusj  efstj. 


(1)  Eludes  sur  les  idiomes  Pyrcnéens,  pág.  84,  85;  París,  18~P. 

(2)  Véase  Boletín,  t.  ni,  pá;?,  234. 

(3)  Barry,  Inscriptions  inéditos  des  Pyre'ne'es,  18G3;  pág.  21. 

(4)  Ensayo  acerca  de  las  ley  es  fonéticas  de  la  lengua  eiiskara:  Sau  Selastián,  1883,  pá- 
rina  27. 


384  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

Completa  este  fragmento  el  sentido  del  anterior;  si  bien  care- 
ciendo de  calcos  y  datos  suficientes,  no  me  atrevo  á  decidir  que 
fuesen  los  dos  de  una  misma  lápida. 


4) 


V  I 

N  I   V  S 

I  I  T  I  L  I  V  S 

SANNXXXV 

H     I  I     S 


Vinius  Etilitis  s(enusj  annCorumj  XXXV  JificJ  efstj  s(itusj. 
Aquí  yace  Vinio  Etilio,  siervo,  de  edad  de  35  años. 


Esta  inscripción  es  importantísima.  Gomo  algunas  cantábricas, 
que  ha  examinado  y  descifrado  el  Sr.  Fernández-Guerra,  ofrece 
la  especialidad  de  estar  escrita  de  abajo  arriba,  y  las  líneas  en 
dirección  de  izquierda  á  derecha.  En  Etiliusse  reproduce  la  apli- 
cación de  la  ley  fonética  del  vascuence,  que  hemos  visto  en 
Evilius.  Vinius  quizá  dimanó  de  un  nombre  geográfico  poco  le- 
jano; por  ejemplo,  el  de  los  Vennenses,  que  cita  Plinio,  y  parece 
traslucirse  en  Bénea,  que  la  Reja  de  San  Millán  atribuye  á  la  co- 
marca septentrional  de  Iruña,  donde  se  alzan  Ullibarri  de  Viña 
y  Echavarri  de  Viña. 

La  íiltima,  ó  5.'  inscripción  que  se  ha  descubierto,,  es  aún  más 
importante: 

T  V  T  3.  A  E 

S  A  C 

—    •    V  a  L  E  K    '    E  D 

FLAMDIVIAV 

P 

Tiitelae  sac(rumj  [?  va]lerfiíisj  eáfilisj fiam.{enj  divi  Aiti'gusHJ pfQsriitJ. 

Consagrado  á  la  diosa  Tutela.  Púsolo  (Cayo?)  Valerio  edil,  flamea  del  divo  Augusto. 

Es,  en  efecto,  esta  lápida,  la  primera  y  única  de  Iruña  que  nos 
brinda  el  nombre  de  una  deidad,  y  la  única  y  primera  también 


LÁPIDAS    ROMANAS    DE    IRüÑA    Y   LEÓN.  385 

que  nos  hace  reconocer  que  allí  existió  municipio  romano  con  sus 
ediles  y  ílámines  del  divo  Augusto. 

La  inscripción  se  ha  trasladado  al  Musco  provincial  de  Vitoria. 

No  se  ha  contentado  el  digno  párroco  de  Trespuentes  con  ha- 
ber buscado  y  recogido  estos  monumentos.  Coi\  la  lista  en  la 
mano  de  los  que  no  dice  Hübner  que  hayan  salido  de  Irnña  y  de 
su  comarca,  me  certifica  que  faltan  los  que  el  doctor  alemán  re- 
seña con  los  números  2927,  2032,  2935  y  2937.  Los  demás  perma- 
necen sin  haberse  movido  del  sitio  exactamente  indicado  por  el 
Corpus  inscriptionwn  latinarían.  Una  rectificación,  que  afecta  al 
sentido,  hay  que  hacer  en  la  inscripción  293G,  que  existe  en  Tres- 
puentes  «en  el  quicio  de  la  puerta  de  entrada  á  la  casa  de  D.  Juan 
López.»  Jjéese  claramente  con  todas  sus  letras  y  con  su  forma 
arcaica : 

RHODANVS 
AÍLI'   F    •   SERVO. S 

A  N     •      í. 

TICHIA'VXOR 

í'ZZVNA'SOCRA 

I     •     E 

BhndaniíS  A  HUffilUi-tj  sercos  anf'norum)  L  TyrJria  vrmr  \  JU?'  vva  .fncra.  TfcJ  fístj. 
Aqui  j'aee  Ródano,  siervo,  hijo  de  Atilio,  de  50  años  de  edad.  Pusiéronle  esta  memo- 
ria su  mujer  Tiquia  y  su  suegra  Illuna. 

Padre  de  Ródano  fué  probablemente  Vinio  Atilio,  cuya  lápida 
sepulcral  se  nos  ha  descubierto.  Fácil  se  hace  suponer  que  la  raíz 
de  Tichia  sea  rv^-n  (fortuna).  Desgraciadamente  están  cortadas  por 
la  mitad  inferior  las  tres  primeras  letras  del  nombre  que  encabeza 
la  última  línea,  pudiéndose  leer  iil  ó  ill,  y  resultando  el  nombre 
Eluna,  ó  mejor  Illuna,  cuyo  radical  aparece  con  frecuencia  en 
inscripciones  de  la  región  pirenaica  (1):  Iluni  deo,  Herculi  Ilunno 
Andose,  Uriaxe  Ilunnosi  filia,  Astoiliinno  deo.  ¿Sería  el  adjetivo 
éuscaro,  correspondiente  al  latín  fitscíís,  que  cabalmente  en  viz- 

(I)    Luchaire,  Op.  cit.,  pág-,  50,  55,  58. 

TOMO  III.  "26 


386  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

caino  y  guipuzcoauo  se  dice  illún  y  en  labortano  y  hajo-navarro 
ilhún?  Así  lo  pienso;  tanto  más,  cuanto  que  en  Iruña  fué  sepul- 
tado «Silanus  Fuscus  Evili  filius.»  Socra,  finalmente,  está  por 
socrus,  demostrando  no  ser  poco  antigua  la  forma  romanceada, 
de  laque  ha  salido  inmediatamente  la  castellana  suegra.  Ni  de- 
jaré de  observar,  que  así  como  el  vascuence  se  acerca  por  su 
artz  (oso)  del  griego  ¿px-s?,  así  también  del  griego  ixvfí,  pare- 
ce haber  sacado  guiarrá  (suegra) ;  confirmándose  de  esta  manera 
la  conocida  expresión  de  San  Jerónimo  (1):  «Máxime  quum  Aqui- 
tania  graeca  se  jactet  origine;  et  Galatae,  non  de  illa  parte  terra- 
rum,  sed  de  ferocioribus  Gallis  sint  profecti.» 

Las  relaciones  de  España  con  el  Oriente  durante  la  Edad  Ro- 
mana y  las  influencias  del  griego  en  nuestro  romance,  se  dejarán 
más  y  más  apreciar  conforme  vaya  creciendo  el  estadio  de  la 
Epigrafía,  Ya  lo  hice  ver,  al  imprimir  y  comentar  ampliamente 
la  inscripción  del  ara  leonesa  de  Tito  Vitrasio  Pollón  en  el  tomo  ii 
de  la  revista  La  Academia  (2)  y  en  el  tomo  xi  del  Museo  españ  ol 
de  antigüedades  (3).  A  este  último  estudio  mío,  cuyas  ideas 
é  investigaciones  se  apropia  nuestro  aprovechado  correspon- 
diente el  Sr.  Gaslrillón  {\),  sólo  añade  que  el  ara  es  de  mármol 
blanco,  simulando  una  pilastra  con  plinto,  cornisa  y  frontón,  y 
midiendo  1,29  m.  de  alto  por  0,54  ra.  de  ancho  y  0,49  m.  de  grue- 
so; y  que  hallada  en  la  escalera  que  conducía  al  sótano  de  la  casa 
número  4  de  la  calle  de  la  Escalerilla,  contigua  al  lienzo  meridio- 
nal de  la  antigua  muralla  de  la  ciudad,  ha  sido  cedida  por  el  pro- 
pietario, D,  José  Lorenzana,  al  Museo  arqueológico  provincial, 
sito  en  los  claustros  del  monumonfal  edificio  de  San  Marcos. 

Fidel  Fita. 


(1 )    Comentarios  á  la  epístola  de  San  Pablo  á  los  Gálatas,  lib.  n,  prólogo. 

{2J  Pá?.  G6;  Madrid,  1877.— De  aqui  pasó,  con  sucinto  comentario  de  Hiibner,  á  la 
EpJtenieris  epigraphira,  vol.  iv,  pág.  17;  Herlin,  1^7'^. 

(í!)    Pág.  3^8-nílO. 

(1)  Rfvista  de  Arr/nvos,  fíihliotecas  y  3/í'.?ío.<í  (segunda  época,  ano  ix,  núm.  11);  Ma- 
drid, ms;j;|,ág.  3!)S-101. 


índice  del  tomo  III. 


Acuerdos  y  discusiones  de  la  Academia.  (  Noticias) 5 

informes: 

I.     Escritura  hierática  de  la  Ainérica  Central. — E.  Saavedra, 

A.  Fabié,  F.  Fita - 

II.     Biografía  de  tres  ilustres  misioneros  en  América  y  África. — 

A.  Fabié 9 

III.     Rudimentos  de  árahe  vulgar. — F.  Fernández  y  González. ...        13 
IV.    El  río  Salom  de  la  Crónica  del  moro  Rasis. — F,  Fernández 

y  González 17 

V.     Objetos  romanos  ¡j  árabes  hallados  cerca  de  la  ciudad  de  Mur- 
cia.— A.  Fernández-Guerra 20 

VI.     Geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava. — A.  Fernández- 
Guerra. 22 

VIL     Correspondencia  autógrafa  de  Carlos  VI  de  Austria. — P.  de 

Gayangos 33 

VIII.     Cartas  de  Carlos  VI  de  Austria  al  Barón  de  Freisheim. — 

J.  de  la  Pezuela 36 

IX.     Tratado  elemental  de  derecho  internacional  marítimo. -Iñ..  Col- 

meiro 37 

X.     Historia  eclesiástica  y  civil  de   Nueva  Granada. — V.  de  la 

Fuente 41 

XI.     Inscripción  arábiga  de  Castellón  de   la  Plana. —  P.  de  Ga- 
yangos         48 

■  XI.     Declaración  de  una  coluna  del  Emperador  Adriano,  Obra  (re- 
impresa) del  Dr.  D.  Agustín  Sales. — F.  Fita 51 


-188  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

Paps. 


Noticias c .  c 65 

informes: 

I,    Monedas  inéditas  de  tipo  ibérico. — C.  Pujol  y  Camps 67 

II.    Historia  de  Valladolid. — F.  Fernández  y  González 77 

III.  Última  campaña  del  Marqués  del  Duero. — J.  Gómez  de 

Arteche 83 

IV.  La  catedral  del  Pmj  y  la  de  Gerona. — V.  de  la  Fuente. ...  87 
V.     Historia  de  la  instrucción  pública  en  Portugal. — V.  de  la 

Fuente 97 

VI.     Templo  de  Sérapis  en  Ampurias. — F.  Fita 124 

VIL     Inscripciones  romanas  de  los  valles  de  Saii  Millán  y  de  Aran. 

— F.  Fita 1 30 


Noticias 1 37 

informes: 

I.     Altahiskarco  Cantuá. — Wentwoith  Webster 1 39 

II.     Antigüedades  prehistóricas  del  partido  de  Molina  de  Aragón, 

— R.  Andrés  de  la  Pastora 154 

III.     Expedición  científica  y  artística  á  la  Sierra  de  Francia.,  pro- 
vincia de  Salamanca^  en  el  mes  de  Julio  de  1857. — V.  de 

la  Fuente 1 59 

variedades: 

Discursos  pronunciados  por  el  Sr.  Rada  y  Delgado  en  el  último  Con- 
greso de  americanistas  de  Copenhague 190 

Escrituras  inéditas  de  los  siglos  xi  y  xiv. — F.  Fita 202 


Noticias 209 

informes: 

I.     Santiago^  Jerusalén,  liorna. — F.  de  Cárdenas 21 1 

II.     El  vascuence  alavés  anterior  al  siglo  xiv. — F.  Fita 215 

variedades: 

Misiones  de  indios  guaranis.  (Continuación) . .  244 


Noticias 257 

informes: 

I.     Cartulario  de  las  abadías  de  la  Couturey  de  Solesmes. — V.  de 

la  Fuente,  C.  Fernández  Duro 26 1 


ÍNDICE.  389 

PáffS. 

ir.     La  Catedral  de  Murcia  en  1 29 1 .— F.  Fita 268 

III.    Bosquejo  histórico  de  la  Sede  Cartaginense. — F.  Fita 276 

IV.     Compendio  de  la  historia  de  Burgos. — M.  Oliver  y  Hurtado.  293 
V.     Monumentos  antiguos  de  la  Iglesia  Comjwstelana. — M.  Menen- 

dez  Pelay o 295 

VI.    Málaga  musulmana. — E.  Saavedra 299 

VAIUEDADES: 

El  Museo  Arqueológico  de  Constantinopla. — J.  de  la  Rada 303 


Noticias 321 

INFORMES  : 

I.     Puerta  y  cubo  de  Santa  Clara  de  Zamora. — A.  Fernández- 
Guerra 324 

II.     La  calavera  del  Conde  de  Tendilla. — V.  de  la  Fuente 332 

III.     Assilah  de  Aben  Pascual. — F.  Codera 339 

IV.     La  reja  de  San  3lillún.— F.  Fita, 353 

V.     Los  Saavedras. — El  Marqués  de  Molina 361 

VI.     Lápidas  romanas  de  Iruña  y  León. — F.  Fita 382 


ÍNDICE  DE  LOS  GRABADOS  CONTENIDOS  EN  ESTE  VOLUMEN. 


Pñffs. 

Inscripción  arábiga  de  Castellón  de  la  Plana 49 

Monedas  ibéricas  (lámina  \.^) 68 

—                 —      2.")  [\) 76 

Inscripción  de  Sérapis  en  Ampurias  (tamaño  natural) 127 

Inscripción  vasco-romana  del  valle  de  Aran 1 36 

Facsímile  de  escritura  cursiva  hebreo-toledana  (siglo  xiv) 208 

Torreón  y  puerta  de  Santa  Clara  (Zamora) 329 


(1)    Se  distribuirá  en  el  próximo  número  del  Boletín. 


EI^I^J^T^S. 


PÁGINA. 

LÍNEA. 

DICK. 

DEBE  DECIR. 

134 

2 

OBIONESIS 

OEFONES 

» 

29 

tierra   yerma  ó  de 

páramo 

Tilla  (le  Herramel  ó  Villa-Ramiel 

204 

18 

sánete 

sancti 

» 

2Í» 

ankeJo 

ankelv- 

i> 

30 

Sanri 

Sancio 

205 

Última. 

11 

1.  ni 

206 

5 

Durango 

Duranco 

» 

13 

aptus 

ausus 

239 

9 

Haztegiata 

Haztegiata 

» 

31 

recuesto 

1 

í  recuesto,  al  decir  de  Madoz  (Dic- 
\      cionario,  art.  ariñkz) 

260 

19 

29 

27 

LAM  ?  II 


frl^'^íis 


^^-^  17 


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\C  ;. 


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'V. 


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18 


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boletín 


REAL    ACA.DEMIA    DE    LA    HISTORIA 


í 


BOLETÍN 


DE  LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA 


TOMO    IV 


MADRID 

IMTEENTA   DE   FORTANET 

CALLE  DE  LA  LIBERTAD ,  NÚM.  23 
■1  8  8  '¿^ 


«En  las  obras  que  la  Academia  adopte  y  publio^ue ,  cada  autor  será  responsable  de 
sus  asertos  y  opiniones ;  el  Cuerpo  lo  será  solamente  de  que  las  obras  sean  acreedoras 
;í  la  luz  p'''i'Vi 

Eatot'i'o  XXV. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO  IV.  Enero,  1884.  cuaderno  i. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

En  la  sesión  del  14  de  Diciembre  fueron  reelegidos  Censor  y 
Tesorero  los  Sres.  Golmeiro  y  Saavedra,  y  elegido  Bibliotecario 
perpetuo  el  Sr.  Oliver  Hurtado. 


En  la  misma  sesión  dio  parte  ú  la  Academia  el  Sr.  Rada  y  Del- 
gado de  haberse  comenzado  á  proceder,  por  acuerdo  municipal, 
al  derribo  de  la  muralla  pelásgica  de  Tarragona.  La  Academia,  re- 
cordando un  hecho  análogo  acontecido  recientemente  en  la  ciudad 
de  Zamora  (1),  no  pudo  menos  de  lamentar  tamaños  excesos;  y 
dictó  las  medidas  convenientes  á  impedir  que  desaparezca  un 
monumento  tan  glorioso  para  España.  Es  nacional;  no  pudo  ni 
puede  estar  á  disposición  del  Municipio;  y  es  además  de  no  escasa 
valía  para  la  historia  universal  del  linaje  humano. 


En  la  sesión  del  21  de  Diciembre  expuso  á  la  Academia  su  be- 
nemériio  Director  el  feliz  éxito  de  las  diligencias  que  en  nombre 
de  la  misma  había  practicado  cerca  del  Gobierno  de  S.  M.,  de 
suerte  que  no  hay  temor  pase  adelante  el  derribo  de  la  muralla 

(I)    Véase  Boletín,  t.  iii,-  pág"-  *24-33-2. 


G  BOLETÍN    DE    LA    P.EAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL'i. 

pelásgica.  Propuso  y  se  acordó  un  oñcio  de  gracias  al  Excelentí- 
simo Sr.  Marqués  de  Sardoal  Ministro  de  Fomento  y  al  señor 
Director  de  Instrucción  pública,  por  el  ilustrado  interés  y  expe- 
ditiva eficacia  con  que  habían  acogido  al  momento  las  represen- 
taciones de  la  Academia. 


Los  Sres.  Fabié,  Balaguer  y  Fernández-Duro,  han  sido  nom- 
brados para  formar  la  Comisión  que  fije  el  precio,  procure  la  ex- 
pendición  y  entienda  en  todo  lo  referente  al  curso  de  los  libros 
que  publique  este  centro. 


Los  Sres.  Académicos  Excmo.  Sr.  Marqués  de  Molinséllustrí- 
simo  Sr.  Rada  y  Delgado,  son  designados  para  representarla  en 
el  acto  solemne  de  trasladar  á  Murcia  los  restos  mortales  del  exi- 
mio D.  Diego  Saavedra  Fajardo. 


La  Academia  vio  con  satisfacción  tres  lujosos  tomos  de  la  His- 
toria general  de  España,  escrita  por  Lafuente  (D.  Emilio)  y  con- 
tinuada por  D.  Juan  Valera  hasta  nuestros  días.  Sobre  ellos  la 
Academia  dará  dictamen  á  propuesta  de  la  Dirección  de  Instruc- 
ción pública. 


El  Académico  Sr.  Arteche  ha  de  informar  acerca  del  libro  Gue- 
rra de  anexión  de  Portugal,  escrito  por  nuestro  correspondiente 
el  Sr.  Suarez  Incláu.  A  cargo  del  Sr.  Fita  corren  los  informes  so- 
bre las  obras  de  los  Sres.  D.  Antonio  López  Ferreiro  y  D.  Arturo 
Gampión,  que  anunciamos  en  otro  número  (1). 


El  Sr.  Fernández  Duro  presentó  una  Memoria,  escrita  por  don 
Saturnino  .limenez,  sobre  las  ruinas  del  municipio  romano   Vo- 


(l)    Torno  iii,  pág.  ;K3. 


ACUERDOS  Y   DISCUSIONES    DE   LA   ACADEMIA.  7 

luhilianum,  que  se  encuentran  al  Norte  de  Mequinez  en  el  im- 
perio de  Marruecos.  Los  diseños  de  los  monumentos  arquitectó- 
nicos y  la  copia  de  varios  fragmentos  epigráficos,  uno  de  ellos  con 
el  nombre  del  municipio,  realzan  el  valor  de  esta  Memoria. 


En  el  Boletín  de  la  Institución  libre  de  enseñanza ,  número  del 
15  de  Diciembre,  ha  comenzado  á  ver  la  luz  el  trabajo  crítico  que 
nuestro  sabio  correspondiente,  el  Dr.  Wentworth  Webster,  ha 
hecho  acerca  de  la  Influencia  de  los  Fueros  pirenaicos  en  la  Cons- 
titución inglesa. 


Ha  dado  parte  á  la  Academia  el  Sr.  Fita  de  haber  encontrado  y 
copiado  el  texto  de  las  Cortes  celebradas  en  Barcelona  por  D.  Ra- 
món Berenguer  III,  conformándose  á  lo  dispuesto  por  el  Papa 
en  el  concilio  de  Glermont  (1130),  Las  apunta  nuestro  Catálogo  (1) 
bajo  el  año  1125.  El  texto,  inédito  aún,  es  el  mismo  que  vio  Dia- 
go  (2),  sobre  cuya  autoridad  descansa  la  de  Feliu  (3).  Se  escribió 
durante  la  primera  mitad  del  siglo  xiii,  alterando  la  fecha  de  las 
Cortes  que,  en  sentir  de  dicho  Sr.  Académico,  es  la  de  10  de 
Marzo  de  1131. 


Han  sido  muy  considerables  los  donativos  de  objetos  arqueo- 
lógicos y  de  obras  impresas  y  manuscritas  que  varios  señores 
correspondientes  acaban  de  poner  á  disposición  de  la  Academia. 
Veráse  esto  por  el  catálogo  de  obras  y  objetos  recibidos,  que  sal- 
drá en  el  Boletín  de  Febrero. 


fl)    Colección  de  Cortes  délos  antiguos  veinos  de  EspaTm,  por  Jo  lieol  Academia  de  f-a 
Historia.  Catálogo.  Madrid,  1855;  pág.  131. 

(2)  Anales  de  Cataluña,  1.  x,  c.  12. 

(3)  Historia  de  los victoriosissimos  Condes  de  Bflrrelona:'Bí\rco\on».  Ifi03.  fol.  l"<o. 


INFORMES. 


ANTIGÜEDADES  SORIANAS  POR  D.  ANTONIO  PÉREZ  KIOJA. 


Excmo.  Sr.:  Terminada  con  la  unificación  de  la  monarquía  la 
inquieta  actividad  municipal  de  nuestras  antiguas  ciudades  en  la 
Edad  Media,  casi  todas  buscaron  refugio  en  el  recuerdo  de  pasa- 
das glorias  para  distraer  la  acompasada  regularidad  de  su  nueva 
vida;  y  fija  la  atención  en  los  ideales  propios  de  la  época,  no  sa- 
lieron del  círculo  de  la  historia  romana,  ya  que  de  la  posterior 
no  apreciaron  otra  cosa  que  las  relaciones  de  la  Leyenda  sa- 
grada, ó  la  tradición  que  de  sus  santos  é  imágenes  conservaba 
cada  localidad  piadosamente.  No  valió  á  Soria  para  escapar  á  la 
regla  común  el  significativo  mote  de  sus  armas ,  que  por  ser  ca- 
pital de  comarca  fronteriza,  así  de  moros  como  de  aragoneses,  la 
llama  cabeza  de  Extremadura  ^  ni  despertó  la  curiosidad  de  sus 
cronistas  la  multitud  de  hermosos  edificios  románicos  que  cubren 
su  suelo,  entre  los  cuales  descuellan,  al  lado  de  la  Colegiata  de 
San  Pedro,  con  la  magnífica  arquería  de  su  claustro,  los  bien 
conservados  ingresos  á  la  Sala  Capitular  primitiva  y  tal  cual  resto 
de  viejas  pinturas,  la  iglesia  medio  arruinada  y  singularísima  de 
San  Juan  de  Duero,  análoga  algún  tanto  á  la  Magdalena  do  Za- 
mora ,  y  las  parroquias  de  Santo  Tomé ,  de  San  Juan  y  de  San 
Nicolás,  sin  contar  no  pocos  templos  de  Agreda,  Almazán,  Garray, 
Huerta  y  otros  muchos  pueblos  de  la  provincia. 

Siguiendo  tal  criterio,  los  antiguos  escritores  sorianos  no  re- 


ANTIGÜEDADES   SORIANAS.  O 

putabaii  como  cosas  memorables  siiio  el  íloro  lieiuismo  de  Xa- 
maiicia  ó  el  dulce  y  celestial  heroísmo  de  San  Saturio.  Si  por 
acaso  descendían  á  tratar  de  tiempos  más  cercanos,  era  para  bus- 
car origen  y  fundamento  á  los  piivilcgios  del  estado  noble,  i-e- 
parlido  en  los  Doce  Linajes,  sin  pararse  á  apuntar  hechos  tan 
famosos  como  la  convocatoria  de  las  huestes  de  Alfonso  VII  en 
Almazán  para  combatir  íi  su  padre  político,  ó  el  campo  que  asentó 
en  Galtojar  Don  Alvaro  de  Luna  después  de  haber  rechazado  sin 
lidia  á  los  reyes  de  Aragón  y  de  Navarra  confederados,  ó  el  real 
de  Don  Juan  II  en  Velamazán ,  donde  prendió  y  aseguró  en  su 
propio  alfaneque  al  Duque  de  Arjona.  Gompláceuse  muchas  veces 
en  describir  menudamente  las  tradicionales  fiestas  de  San  Juan, 
sin  ver  en  ellas  viva  todavía  la  organización  militar  y  política  del 
estado  llano  de  la  villa  y  tierra;  y  si  ponderan  la  pasada  prospe- 
ridad de  las  cabanas  de  ganado  merino ,  no  advierten  que  ya  las 
señaló  en  sus  versos  el  festivo  Arcipreste  de  Hita. 

No  cabe  negar  que  Loperraez  dio  notable  impulso  al  estudio  de 
las  antigüedades  romanas  y  de  la  historia  eclesiástica  de  una 
parte  considerable  de  la  provincia,  y  que  varias  de  sus  tradicio- 
nes se  han  vulgarizado  embellecidas  por  la  pluma  de  un  poeta 
tan  dado  á  todo  lo  que  sabía  á  romántico  como  Gustavo  Adolfo 
Becquer.  Pero  el  cuadro  completo  de  los  recuerdos  de  pasadas 
edades  que  el  suelo  soriano  encierra,  aprovechando  los  numero- 
sos datos  que  suministran,  por  una  parte  los  campos  y  los  mo- 
numentos y  por  otra  los  documentos  y  los  libros,  todo  examinado 
y  discutido  conforme  á  las  exigencias  de  la  crítica  moderna,  es- 
taba todavía  por  hacer,  y  es  la  tarea  que  ha  emprendido  Don 
Antonio  Pérez  Rioja,  ya  conocido  en  la  reptiblica  de  las  letras  por 
su  Romancero  de  Numancia  y  su  Crónica  de  la  provincia  de  Soria. 

El  libro  cuya  publicación  emprende  ahora  se  titula  Antigüeda- 
des Sorianas,  y  de  él  nos  ha  remitido  el  Gobierno  los  ocho  pri- 
meros pliegos  para  pedirnos  parecer  sobre  su  contenido,  á  causa 
de  la  solicitud  de  auxilio  que  su  autor  ha  elevado  al  Ministerio  de 
Fomento.  En  estos  pliegos  hay  una  descripción  de  los  principales 
rnonumentos  arquitectóni